"Historias que con el lento paso del tiempo se convierten en leyendas."
3. Visita al circo
Cerró los ojos escuchando las plegarias de los mortales, sonreía al oír algunas que se pedían con fervor y el corazón, otras tantas que solamente eran caprichos de humanos. Y escuchó la voz de Michiru pidiendo por ella, porque siempre fuera feliz y los dioses la cuidaran. Escuchó otra oración, Artemis esta vez que con fervor pedía porque esa fea y horrible señora se divorciara del doctor Tomoe. No pudo evitar soltar una gran carcajada pues el gato hasta para pedir favores a los dioses era un poco torpe y tonto. Una oración más, Henok que pedía inconsolable por recordar los números que Mitche le enseño, porque su mamita regresara y salvara a su hermana. De un salto Haruka dejó la silla, marcó a emergencias para pedir una ambulancia a los edificios donde vivía la jovencita. Tomó las llaves y salió presurosa.
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Una carrera más y se coronaba campeona como tantas noches atrás. Se quitó el casco mientras su cabello se movía con el viento. Frunció el ceño observando al niño que la esperaba. Con una mueca de desprecio lo saludo mientras él sonreía como un verdadero tonto. Kared se encogió de hombros para volver a reír qué podía hacer si la quería tanto
- No sabía supieras correr motos Lind
- No mucho, es para principiantes y lo hago bien – lo tomó de la mano temerosa de perderlo
- He venido a decirte que lamento mucho lo que pasó con lo de tu dibujo…
- ¿Ya averiguaste que no fue mío?
- No del todo… Pero igual me parece que somos amigos y la amistad implica…
- ¿Credibilidad? ¿Amor? ¿Honestidad? ¿Lealtad? ¡Qué tal preguntar primero y luego agredir!
- ¡Lo lamento! Soy tonto
- Eso no cabe duda – rió animadamente
- Quiero ocupar el puesto de mi padre… Y quiero hacerlo bien
- Ah qué bueno tengas expectativas
- Es en serio… Michiru dijo que estaba bien. No le interesa nada de él y yo, quiero algo más para mí… para Serena… ¿Te parece es tonto?
- No – rió animadamente – No es tan fácil. Supongo quieres ayuda
- No exactamente…
Lindsay haría cualquier cosa por él. Así que no creyó hubiera tanto problema si decidía apoyarlo pero la reacción de Melissa la asombro. Estaba satisfecha, parecía encantada con la idea y hasta pensó que ya lo esperaba. Frunció el ceño, no había para ella nadie más desagradable que una persona manipuladora. Era una lástima que su amigo confiara ciegamente en las personas.
- ¿Te paso algo? – le preguntó Michiru cuando dejó de tocar – erraste más de la mitad de la pieza
- No me puedo concentrar ¿Y es cierto no volverás a tocar?
- Sí… eso se terminó para mí
- ¿Se terminan los sueños?
- Cambian – desvió su vista evitando esa mirada de reproche
- No siempre, a veces solamente uno los puede dejar pendientes para un mejor momento – apretó su mano para brindarle apoyo – no desistas nunca Michiru
- ¿Y qué te tiene tan mal?
- Nada – rió animadamente Lindsay – ¿y cuánto me cobrarías por un retrato? Quiero me dibujes
- Ya no lo hago – frunció la nariz en un gesto gracioso que denotaba enfado – ahora que no te lo pido accedes… Eso es muy…
- Muy Lindsay – terminó la frase – ¿Y si hago méritos? – atrajo la atención de Michiru – podemos salir… Digo algo parecido a una cita…
- ¿Cita?
- Cita – rió nerviosamente
- No, eso es aburrido – contestó usando ese acento sensual y seductor que tanto la enloquecía – Hasta mañana Lindsay – la besó en la mejilla con coquetería
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Amy había pedido la conciencia golpeándose con fuerza la cabeza con la esquina de una mesa. Estaba solamente con su hermanito y él asustado por la sangre no pudo recordar los números del móvil de Mitche, sin embargo milagrosamente la ambulancia llegó. Darien miró a Haruka escuchándola decir que tal vez una vecina escuchó los sollozos del niño o… ¡Y al final nada explicaba qué hacía ella en casa de Amy a esas horas!
- Mami – agitó sus manitas desesperado cuando vio a la doctora
- ¿Cómo estas? ¿Y mi hija?
- Sigue en observación, aún no recupera la consciencia – explicó el hombre – Fabela Mitche – extendió la mano
- Ya te conozco – lo desairó de la manera más prepotente que podía ser la mujer
- Así es – le musitó Mina – pero todas las suegras son así – Mitche sonrió y Rei la pellizcó por su inoportuno comentario.
Recobró la consciencia cerca de las once de la mañana del día siguiente. Apenas pudo preguntar por el pequeño niño, su madre enseguida entró para verificar recibía la atención adecuada. Se quedaría en observación otras horas más y de seguir estable la mandarían a casa para en la tarde. Clarissa la miró con preocupación, acarició su mejilla y le dijo que descansara
- No fue nada
Haruka seguía allí en la sala de espera con los ojos cerrados escuchando todas las plegarias de aquellos humanos. Era un hospital, rezaban con tanto fervor y ella sentía su sufrimiento, el pesar de sus corazones. Escuchó la oración de su sirena por Amy, por la batalla que se aproximaba, por su Dios… ¿Por su Dios? Abrió los ojos, algo perpleja por tal petición pero quizá oyó mal o ella erró la frase. No, ella sabía la escuchaba.
- Estará bien – informó Lita
Amy fue dada de alta antes, no había nadie que la recogiera pero no le importó, caminaría o tomaría un taxi, para qué molestar a alguien.
- Eh Mizuno a dónde – gritó a todo pulmón su querido Mitche
- A fuera, me gusta ser médico no paciente
- Te llevo y no recibo un no por respuesta – la cargó haciéndola gritar – cállate es un hospital… gritona
- ¡Bájame!
- Ni maíz. Te llevaré a casa y allí me quedaré hasta ver que alguien adulto y responsable se quede contigo, así que tus amigas NO CUENTAN
- Bájame – reía encantada de la vida
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Orión la observó con cierto recelo, le parecía se estaba arreglando demasiado para recibir a Haruka Tenoh pero a él no le importaba como había dicho Luna además que quería hablar con la joven. Lita se estaba probando su nuevo vestido, se veía realmente hermosa pero ella no parecía muy satisfecha. Ahora intentó con un peinado diferente que termino siendo la misma coleta con un moño del mismo tono de verde que su ropa.
- No quiero inoportunes a Haruka… Ha sufrido mucho para que tú estés con esas cosas raras del Heredero
- Pero ella debe saber qué piensa Michiru o si se ha portado distinto, de hecho su energía es tan normal que me parece algo anda mal. Tal vez debimos seguir vigilando a la mocosa esa
- No me interesa – musitó hastiada – no quiero arruines la comida
- ¿Cómo?
- ¡Por favor! – suplicó a gritos – solamente dame esta tarde, yo misma veré qué sucede y hasta te prometo vigilar a Michiru así ustedes se encargan de Lindsay
- ¿De verdad? – qué cosas tan extrañas lograba el amor. Si lo pensaba bien Lita le convenía más así de singular que cuando deliraba por Ismael – ¿Te gusta Haruka?
- No – gritó sonrojándose – ella es mujer… Yo… yo… me gustaría ayudarla mucho porque ella nos ha ayudado y…
Qué excusa, la misma del doctor Tomoe para brindar protección a Setsuna. Ahora que lo recordaba le pareció la otra noche se besaron ¿Le importaba? No mientras eso no significara peligro para su princesa.
- ¡Ya llegó! – corrió a la puerta
- Qué bien – se recostó en la cama
- ¡Vete!
- Ya qué – se salió por la ventana
Respiró profundamente. Abrió la puerta y su sonrisa encantadora se borró de su rostro. Se trataba de Mina, traía un muy interesante artículo sobre ella y el teniente. Lita a empujones la sacó de la casa recordándole quedó de pasar tiempo a solas con su gato todo ese día. Entre gritos Mina le llamó mala amiga. Y la joven le cerró la puerta.
- ¡Que te vayas! – abrió la puerta diez minutos después
- ¿Me voy? – musitó Haruka un poco desconcertada
- ¡Lo siento! Creí eras… No importa… Es que Mina… Pasa – se sonrojó intensamente
- Traje vino tinto… Espero vaya con la comida…
- No te hubieras molestado – le invitó a tomar asiento – te ves mejor – tartamudeaba – me da gusto… es bueno verte de pie y haciendo algo…algo… ¿Y qué has hecho?
- Nada – rió animadamente – todavía no vuelvo al trabajo pero Michiru ya me habla así que eso es ventaja – cruzó los brazos detrás de su cabeza – huele muy bien… Me fascina cómo cocinas
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Casi se muere al saberlo. Se molestó por ser el último en enterarse. Hasta que una mirada colérica de Hotaru le hizo darse cuenta que su amiguita Mina sufría mucho. Se rascó la cabeza, inquieto sin saber qué decirle. Si se marchaba de Tokio era por amor, buscaba a toda costa olvidar e iniciar una nueva vida lejos, donde las heridas pudieran sanar y sobretodo no viera a Rei en brazos de otras personas
- Quiero sea feliz, Artemis – musitó con tristeza – pero no quiero verlo… Es decir… ¿Soy egoísta por eso?
- No – contestó el gato – es muy difícil hacernos a la idea que no podemos tener el amor
- Sí, supongo… Pero no importa sabes, porque después de todo Natalie la hace muy feliz
- ¿Y de verdad crees se amen?
- No sé – echó la cabeza hacia atrás – y prefiero no saberlo
- Mucha suerte Mina – comenzó a gimotear presa de todos esos sentimientos que causan un adiós
- Todavía no me voy tonto… Y si quieres puedes ir conmigo – ansiaba dijera sí
- No puedo… mi deber es proteger a Hotaru…
También lo fue protegerla a ella. No quería crecer, lo necesitaba. Hubiera dado cualquier cosa por detener el tiempo, seguir siendo una niña para tener siempre con ella a su precioso gato. Todas las noches se preguntaba dónde dormía, si comía bien, si Hotaru lo cuidaba, si sabría qué hacer cuando tuviera una pesadilla o se le atorara un caramelo ¡Y si se volvía a caer a una alcantarilla! ¿Quién lo cuidaría? Hotaru lo hacía. Mucho mejor que ella.
- Es cierto… y eres feliz con ella… ¿Verdad? Porque si no lo eres sabes que en mí tienes a una amiga… yo puedo… bien como sea… Hotaru te ama
- Y yo a ella – se rascó la nariz – Andrómeda – saludó a la gatita blanca
- Qué tal – se contoneó coqueta – vine a invitarlos a una exposición gatuna… Mi ama me llevó esta mañana… hay tantas cosas por ver
- ¿Vamos Artemis? – invitó Mina – con Hotaru… Yo llevaré a Andrómeda como mi gato… ¡Será divertido!
- Sí – y tal vez la última vez que hicieran algo juntos
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Se quedó impactada de ver por qué la urgencia de acompañarla. Sus ojos azules se abrieron desmesuradamente hasta que se soltó a reír como desquiciada. Lita Kino quería convertirse en una violinista. Ese era el gran favor que le pediría a la dama de las profanidades marinas. Dejó de reír cuando se dio cuenta iba muy en serio. Levantó su inquieta manita
- También yo
- ¿Y por qué creen soy maestra de violín? – interrogó Michiru
- Quizá porque tocas muy bien y tienes algo así como cierta paciencia – musitó Kared comiéndose la naranja de Serena
- ¡No te la comas! – chilló la niña bajando la mano para pelar su fruta – me la regaló Haruka
- Y qué… Dame la mitad
- ¡No quiero!
- ¿Y de verdad esperan les de clases?
- ¡Por favor! – gritaron los tres al unísono
- No – punto final
Serena se sintió muy mal por Lita, ella lo pidió viendo una oportunidad para aprender un poco de arte. Orión hablaba tanto sobre conocimientos y prepararse para ser princesa que le pareció le gustaría la idea al gato y más que otra cosa el hecho de pasar tiempo con Kared. Lo arruinó para su amiguita. La dejó en la parada de autobús, debía suplicarle a Michiru…
- Para Lita, ella lo desea de verdad
- No
- ¡Por favor! Ella se empeña mucho y sé será muy buena alumna
- No
- ¡Te lo suplico!
- No
-¿Y si consigues un maestro para ellos? – intervino Haruka con su costalito de naranjas en manos – así las ayudas sin afectarte
- Veré que puedo hacer Serena
- ¡Gracias! – la besó en las mejillas al igual que a la rubia
- Esa efusividad mata – reía la corredora pues casi la tira del escritorio y sus frutas terminaron regadas en el piso
-¿Por qué a todos les gusta de repente lo que yo hago?
- No sé… Quizá porque extrañamos una pieza bien interpretada o un cuadro… O que seas feliz… No sé… cosas raras de la vida, sucede cuando amas a otra persona
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Mina quería llorar pero las lágrimas se habían terminando hacía tanto tiempo que solamente se quedó allí en espera de consuelo. Lita la abrazó sabiendo sufría. Sus ojos azules observaron con sosiego a Rei divirtiéndose, riéndose y abrazando a Natalie, se quedó atrapada en esa emoción que no podía explotar. Como si estuviera en un sueño se despidió de Lita para caminar a casa. Iba totalmente ausente de vida, se movía por un mecanismo interno pero su alma seguía en ese momento en que Rei la rechazó, en el instante que la besó y después se acobardó.
- Mina – gritaba Lita siguiéndola – Vamos de compras
- No gracias – contestaba autómata – tengo pendientes
Llegó a casa sin deseos de entrar así que siguió de largo en espera de encontrar a dónde anhelaba ir, pasó los videojuegos y siguió así por horas hasta que estaba ya en plena carretera. Quería rehacer ese momento, sentir su corazón regresar a la vida aunque fuera para llorar. No sentía nada, dejó de existir sin una aparente razón. Se quedó inmóvil en medio de la nada pensando a dónde iba, sus pies estaban muy cansados, tenía ya ampollas y su mecanismo autónomo había cesado. El viento acarició su rostro, regresó a ese preciso instante pero esta vez no tuvo miedo, ni esa sensación de sentirse llena de ansiedad por la muerte. Lo observaba como en una película de la que nunca fue partícipe.
- ¡Mina! – el gritó la regresó a la realidad
Rei apenas logró rescatarla a tiempo antes que el trailer se la llevara consigo. Se quedaron tendidas en el suelo, la joven rubia sintió el latido constante y acelerado del corazón de la morena. Vio la sangre que emanaba de su mano y su rodilla.
- Con un demonio reacciona ya – y sin más le propinó una fuerte bofetada a la jovencita
Mina comenzó a llorar, en un brutal empujón quitó a la morena de encima suyo para echar a correr. Unos metros adelante cayó de rodillas llorando desesperada, por fin ese sentimiento se escapó para verter las lágrimas que creyó perdidas. Maldijo, lloró y gritó. Estuvo allí por largo rato el suficiente para que sus ojos terminaran hinchados y rojos. Ahora solamente emitía pequeños sollozos como los de un niño regañado.
- No es justo – y la verdad ya no sabía exactamente por cual de todos sus motivos seguía sollozando
Rei se sentó a un lado suyo contemplando el atardecer. Le dio unas palmaditas en la espalda y ella la miró con súplica. Bajó la cabeza, no era tan fácil como creía Mina.
- Siento te lastimaras por mi culpa
- Casi te atropellan boba – sonrió Rei – una cosa es… Natalie y otra te mate un trailer aunque como son las cosas capaz nada más lo abollas y te imaginas el gasto, no acabas en toda tu vida de pagar el camión
- Lo haré… seré famosa
- Pues no si sigues caminado toda sonámbula… ¿Cuándo has visto una modelo desfigurada o con la piernas chuecas?
-¿Por lo menos me estimas?
- Sí – sonrió la morena – Tomemos el autobús a casa… de verdad eres una boba – comentaba mientras caminaban a la parada – eres peor que Serena, por lo menos ella no se tomó tan a mal lo de Darien
- Es diferente – bromeaba – él regresará – afirmó con demasiada seguridad
- ¿Por qué lo dices?
- Porque Rini nacerá…serán el príncipe Endimio y la princesa Serenity
- ¿Y si no? – volvió a sonreír – te encanta ganar eso es todo
- Me hubiera encantado ganarme tu amor… o mejor dicho no perderlo – musitó con melancolía
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Investigó mucho a Kio al punto de hasta perseguirlo. No podía negar era muy guapo, hasta figuraba dentro de los más brillantes estudiantes de medicina y tenía cierto aire intelectual que le gustaba pero ella afirmaba lo perseguía por cuestiones de negocios. Nadie, y menos un jovencito como ese, le robaría su lugar. Y fue en ese punto que Melissa preguntó ¿Cuál lugar? Porque realmente no le quedaba muy claro qué pelaba la jovencita
- Mi lugar…
- Bien – rió la mujer sabiendo entonces que solamente se trataba de una absurda rivalidad – como sea déjalo en paz es uno de mis becados y…
- A eso me refiero – masculló entre dientes – es una competencia, él tiene la misma puntuación que yo en los exámenes, tiene una beca, pretende robar mi negocio y es deportista
- Bien – sonrió
Si Melissa contrató a otra persona para su perfecto plan significaba que ella no era suficiente. Kio podía hacerles daño a sus amigas, y al final, se trataba de ser la primera en la escuela. Era para lo único que servía. Miró los ojos de la mujer intentando adivinar el por qué de sus acciones pero solamente observó ese vacío que de vez en cuando se llenaba de pasiones encontradas, un chispazo increíble con el que volvía a la vida.
- ¿Y si trabajan juntos estarás más feliz?
- Me da igual – tomó sus notas para marcharse
El próximo mes vendrían las pruebas nacionales. Cargó su montón de libros segura que volvería a ocupar el primer sitio, muy por encima del muchacho. Iba caminando sin fijarse, sintió un libro se caía pero éste nunca llegó al piso.
- ¿Y ahora? – reía animadamente Mitche – mucho estudio para una niña tan burrita
- ¿Por qué me dices así?
- Porque olvidaste recoger a Henok – y Amy asomó la cabeza por encima de la pila de libros observando al enojado niñito
- ¡Olvidaste! Yo maque a Mit ¡olvidaste!
- Qué mala hermana – reía tomando parte de la pila para ayudarla – nah, ni así recuperarás las neuronas muertas por el golpe de ayer
Amy se sonrojó y ya fuera de control todos los libros cayeron al piso. Cómo odiaba cuando él reía, cómo odiaba la llevara al punto de perder su ecuanimidad… cómo odiaba no poder odiarlo de verdad.
- Lo siento Henok, pero te compensaré… deja ver – y de verdad no tenía tiempo – el próximo mes
-¡! – abrió la boca mostrando asombro, lanzó muy lejos el libro de química y se siguió de largo a casa
- Necesita amigos, no que le prometas salidas hasta dentro de un mes cuando te sepas de memoria todos estos libritos – hojeó uno de ellos – te puedo ayudar a estudiar para que tengas tiempo y lo lleves al circo
- Lo pensaré – tartamudeaba nerviosa
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Ir al circo era para él su tarde perfecta. Pero no esta vez, se habían encontrado con Darien y ahora la pequeña salida con Serena se convirtió en un compartirla con el indeseable rival. Era celoso y apenas se daba cuenta. Haciendo rabieta se salió para comprar las palomitas de la jovencita. Se quedó afuera pensando en qué mala era su vida y cuánto anhelaba irse a casa… sin importar que aún no hubiera visto a los salvajes tigres de bengala o dejara a su princesa con otro.
- ¿Y ahora? Tienes cara de enojón – le golpeó Lindsay
- ¿Viniste al circo? ¡Cómo odio me pasen estas cosas! – la jaló llevándola al lugar exacto donde se podía ver la escena de su desdicha
- Ah ya veo, qué mal… Pero Darien no viene solo
- ¡Y qué! ¿Con quién viniste? – la niña le respondió encogiéndose de hombros – ¿Sola?
- Es igual – sonrió – te regalaré un algodón de azúcar… para que te alegre el corazón y quites esa cara
- ¡No tengo otra! – le sacó la lengua jugueteando
Kared regresó a su lugar, vio alejarse a su amiguita y pensó que le encantaría correr a la salida. Le entregó a su novia sus palomitas y extendió el brazo para abrazarla, aun cuando ella ni siquiera le prestaba atención alguna
- Me da mucho gusto esté mejor Michiru – comentó el joven
- Sí, y muy pronto tomaremos clases… ¡Te imaginas a Lita tocando el violín! Ya nos dio el nombre de un excelente maestro… Y Haruka también se ve mejor
- Es muy difícil perder a una persona amada…
- Sí – bajó la niña de coletas su mirada
-¡Exacto! – tronó los dedos el chiquillo – ese es el punto interesante de esto – Serena se rascó la cabeza pues creía otra vez su nuevo novio intervenía sin tener conocimiento alguno del tema – Mi hermana perdió un ser que amaba mucho pero hay gente que va por allí haciendo miserables a las personas… Es más difícil seguir viendo a quien perdiste y saber que nuca te amará
-¿Y qué puede saber del amor un niño como tú?
- Nada – esquivó su mirada – también eso es interesante
La plática concluyó. El comunicador de Serena sonaba. Hora de cumplir su misión. Se levantó de su asiento y Darien la siguió de cerca
- Quiero ir – la alcanzó Kared
- No por favor – suplicó la niña – esto es peligroso y no quiero nada te pase
-¡Y crees me quedo tranquilo viendo a esas cosas persiguiéndote! No ¡Vamos los dos! Nos cuidamos mutuamente – sonrió ampliamente anhelando convencerla
- No irás – musitó Darien – es muy peligroso para una apersona como tú
-¡Como yo! ¡Qué tienen las personas como yo de malo!
- Corres peligro es todo – masculló molesto
- Si él va yo voy
- No otra vez – contestó entre dientes la joven
Pero las calamidades apenas empezaban. El pequeño demonio era de medio metro muy parecido a un dragón. Corría enloquecido sin control alguno ni Marts o Júpiter podían capturarlo. Orión mató con la mirada a la jovencita observando de nuevo trajo a su novio
-¡Soy Sailor Moon…!
-¡Atrápalo! – y por debajo de sus piernas se escabulló – No tiene grandes poderes pero qué difícil es…
-¿Y si lo acorralamos en el estacionamiento? – sugirió Sailor Júpiter
Por fin lo tenían contra la pared. Estaban muy cansadas. Sailor Marts fue la primera en abalanzarse contra la criatura y resultó que tenía alas. Sailor Moon se quedó boquiabierta observándolo volar por encima de su cabeza
-¡No puede ser! – gemía la dama del fuego en el piso
-¡Lo tengo! – un salto digno de alabanza y Kared ahora lo sujetaba de sus patitas
-¡Sí! – gritaba emocionada Sailor Moon – Bien ¡Luz de las estrellas de las Sailor Scouts!
El pequeño demonio se esfumó entre un remolino de agua. El chiquillo cayó pesadamente al piso junto con el dibujo que quedó de su enemigo. Sailor Moon corrió a auxiliarlo mientras Darien revisaba el pedazo de papel.
- Se parece al otro que nos mostró Orión… El que encontró Artemis – observó Rei
-¿Todos vendrán de donde mismo?
- Mi brazo – hizo un mueca de dolor
- Por eso te decía que no vinieras – lo abrazó – No quiero te pase nada – sollozaba
-¿Quién es nuestro enemigo? – musitó Tuxedo Mask angustiado. En ese momento el papel resplandeció y se desvaneció de sus manos
Unos segundos después. Muy cerca del circo Lindsay sostenía el mismo dibujo. Lo contempló con cierto desinterés, lo soltó lentamente mientras éste levitaba para ir a las manos de su verdadero dueño: una mano enyesada
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Pateó las piedras mientras Serena le explicaba el por qué no podía seguir arriesgando su vida. Kared anhelaba tener poderes como ella, no como Tuxedo ni su traje le gustaba, además que creía estaba tan bien armado como él ¿Rosas? Quién podía defender algo con rosas… A menos que tuvieran veneno… ¿Qué tenía de grandioso el tal Tuxedo? Frunció el ceño. Su mirada se volvió aún más colérica.
- Auch – acaba Serena de chocar con él – ¿Por qué te detienes?
-¡No vino sola! – gimió pateando cuanto halló a su alrededor – ¡Qué soy juguete de todos!
-¿De qué hablas?
Y su mirada buscó esa imagen que lo disgustaba tanto. Helo allí: Lindsay y Michiru. La niña sostenía entre sus manos una foto que veía una y otra vez para reír mientras Michiru intentaba arrebatársela. Serena lo miró extrañada ¿Celos?
-¿Estás enamorado de Lindsay? – lo preguntó sin rodeos
- No – gritó enfadado – nunca… ella es como mi hermana, pero una hermana un poco más real que Michiru ¡Alguien como yo!
-¿No estás a gusto conmigo?
- No es eso – volvió a la calma – últimamente estoy muy enojado… Y lo siento – la cargó intempestivamente – te amo Serenita ¡Te amo! – la besó en las mejillas con efusividad – discúlpame mucho. Tienes razón, no volveré a meterme en tus asuntos… después de todo yo solo soy yo: Kared Sinclair
Llegó a casa tarde. Su madre estaba trabajando y él se sentó a un lado en espera lo viera, claro que conociéndola nunca sucedería. Golpeó la mesa con insistencia hasta que ella levantó la mirada algo irritada por sus niñerías
- Quiero el trono de Dios
-¿Cómo? – casi se cae de la silla de la impresión
- Quiero el trono… Michiru no lo quiere y papá dijo que no lo puedo tener pero sí puedo ¡Soy un muchacho inteligente y responsable! ¿Confías en mí?
- Kared
-¡Confías en que lo puedo hacer!
- Sí – volvió sobre sus notas – pero no creo lo quieras de verdad… Cuando estés menos enojado lo platicamos
-¡Quiero ser alguien más!
-¿Cómo quién?
- No sé… Alguien más… Olvídalo
Se fue a la cama pensando en ello. Hasta que sus recuerdos lo llevaron a Serena. Si alguien lo amaba por ser él era esa hermosa niña. Nunca se sintió más orgulloso de ser Kared Sinclair cuando descubrió que ella lo amaba ¿Y entonces? Sí, su madre tenía razón, no quería ser alguien más buscaba competir contra un verdadero titán al que sabía nunca derrotaría… ni era rival: Darien. El teléfono sonó
- Diga – contestó el niño
- Te amo – musitó la dulce voz de Serena
- Y yo a ti princesa…
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Llegó tarde a casa. Haruka estaba profundamente dormida. Le gustaba fuera a visitarla y sabía la amaba demasiado pues seguía cumpliendo su capricho y entraba por la ventana. Acarició su cabello cenizo y ella susurró algo inaudible. Sonrió para recostarse muy cerca de su pecho, donde escuchaba a su acelerado corazón latiendo con fuerza y desesperación. Recordó todavía tenía en el bolsillo el dibujo de Lindsay. Se levantó y lo dejó en uno de los cajones
Eres muy simpático amiguito – y en el cajón se quedó el pequeño dragón que esa tarde tantos problemas causó a las Scouts
Se recostó otra vez, mientras con una pluma se rascaba el brazo enyesado. Estaba algo desesperada y apunto de aceptar la ayuda de su padre. Se volvió a rascar con fuerza sin poder llegar a ese sitio recóndito donde surgía su comezón. Haruka la tomó de la mano impidiéndole siguiera haciéndolo
- No te rasques
- Quiero quitarme esto
- Sé buena y déjatelo en paz – musitó aún con los ojos cerrados
- Odio este yeso… me da mucha comezón
- Pues resígnate hasta dentro de dos mese te lo quitarán
- Qué comezón
- A ver – por fin despertó completamente. Se sentó y tomó el brazo de la chica – te vas a lastimar con eso
- No me importa, prefiero el dolor a la terrible comezón
- Espera un poco – musitó
Un pequeño destello de luz surgió de su dedo índice y pulgar. El destello apenas rozó el yeso y Michiru quitó la mano furiosa como nunca.
- No hagas eso… No dejé a Isaac curarme menos a ti
-¿Menos a mí? Dijiste que querías te quitara la comezón
- No quiero lo sanes
- Te quité la comezón – musitó hastiada de su actitud – haz lo que quieras, yo dormiré
- Lo siento – besó su mejilla
Silencio. Sus ojos verdes se habían acostumbrado a la oscuridad. Memorizaba cada sitio de esa habitación, cada gesto de ese bello rostro.
- Funciona – rió alegremente – se me quitó la comezón
- La próxima vez ráscate con un cuchillo
- No soy tan torpe – frunció el ceño molesta
- No es por torpeza… te gusta martirizarte – se recostó boca abajo – duerme ya, es muy noche…
- Gracias – besó sus labios
