"Historias que con el lento paso del tiempo se convierten en leyendas."
4. Lita toma clases de violín
Sus constantes dolores de cabeza la llevaron a repentinos desmayos, luego vino esa falta de energía y ahora se veía tan agotada que parecía alguien le robaba la vida. Oyó los fuertes gritos de su madre reclamándole por la ropa que no recogió pero estaba tan cansada que ni siquiera tuvo fuerzas para levantarse y atender a sus quejas.
- ¡Qué haces todo el día! – gritó y aventó al piso la pizza congelada – te pedí un favor y…
- Sí – contestó Amy anhelando terminara la conversación
Se quedaba dormida en clases. Ese mes había sacado un nueve por primera vez en toda su vida. Pero ni siquiera competir contra Kio la animaba a seguir estudiando. Llegaba a casa y jugaba diez minutos con Henok hasta que se dormía. Esa mañana decidió no ir a la escuela ni al trabajo, dejaría que la vida siguiera curso sin ella corriendo tras el tiempo… tras mil deberes…
-¡Eh! – gritó Mitche en la puerta – caramba qué desastre de casa – miraba todos lados fijándose en el terrible desorden
- Mami no… ¡Amy! – gritaba el niño corriendo a la habitación de su hermana
-¡Eh! – gritó el hombre despertándola de su bello sueño – son las tres de la tarde y sigues en cama y con pijama ¿Estás enferma?
- Tal vez me resfrié – cerró los ojos buscando regresar a los brazos de Morfeo
-¿Y si vemos a un doctor?
- En realidad estoy cansada
- Bien, vamos mi poderoso guerrero Henok hoy es día de luchar contra la mugre y el desorden
-¡Voy! – gritó arrastrando la escoba
Ya no podía seguir así su vida. Llamó a Melissa para pedir la noche, necesitaba descansar. Ella le contestó que se tomara la semana pues podía dejar a Kio a cargo mientras ella se tomaba un merecido descanso. No le importó ya, que se quedara con todo, que le robara sus premios y si quería también su nombre. Ella anhelaba dormir.
-¡Amy! – gritó su madre. El reloj marcaba las seis de la mañana
- No tengo clases – mustió regresando a la cama
-¡No compraste la despensa! ¡No bañaste a Henok! ¿Hace cuanto no te bañas? Apestas a… – y de verdad que el niño olía mal
- Sí, hoy voy por el mandado… Es mi día libre
- Me voy… No olvides llevar al niño y…
Ya no escuchó. Se volvió a dormir hasta cerca de las cuatro y media cuando el llanto del pequeño la despertó. Se levantó con parsimonia. El niño estaba en brazos de Melissa, ella lo arrullaba pero algo le apreció estaba haciendo antes que notara su presencia. Como si le estuviera absorbiendo su energía. Frunció el ceño
-¿Cómo entraste?
- Él me abrió – señaló al niño – dijo que dormías y que podía sentarme y esperar a que despertaras
-¿Por qué lloras Henok?
- Golpeé cabeza – señaló la pequeña herida de su frente
- Ten cuidado hermoso
-¿Te sientes bien? Te oías muy mal por teléfono
- No es nada… he trabajado mucho – clavó su mirada sobre ella
¿Y si pretendía robar la energía de su hermano? Sí, estaba segura vio un pequeño destello que emanaba del cuerpo del niño y se posaba en la mano de la mujer. Melissa rió inquieta por su intensa mirada de recelo y para Amy eso fue suficiente, se delató sola.
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La mejor maestra de violín conocida en el Japón: Kimiro Yang. Una mujer seria, respetable y bastante recatada, demasiado para poder soportar a su nuevos alumnos. Serena abrió grandes los ojos antes de taparse la boca para no reír a carcajadas. La mujer se vestía demasiado anticuada. Usaba faldas oscuras largas y blusas de cuello alto manga larga. Rei levantó la ceja divertida, era más anciana de lo que espero pero Lita brincó de emoción.
- Y bien ¿Quiénes quieren tomar clases? – sonó su gruesa y severa voz
Gozaba de un prestigio si igual. Figuraba entre las mejores violinista del mundo y muchos de su alumnos se habían convertido en famosos músicos. Ella elegía a quienes serían candidatos a recibir su enseñanza, su manera elitista de ser había causado gran controversia en el conservatorio por muchos años hasta que ella tomó como alumna a una niña con intelecto debajo del promedio y sorda: Lindsay
- No es solo talento lo que se requiere
-¿No? – Serena ya no estaba entendiendo
- Es decisión, responsabilidad, entrega, pasión, fortaleza, persistencia…
Un corazón de guerrero y mucho amor a la música. Sin duda el concepto del conservatorio hacia la mujer cambió, convirtió a Lindsay Castelo en una verdadera eminencia… la niña torpe demostró más entereza que ninguno de sus alumnos.
- Estarán a prueba dos semanas…
-¿De qué te ríes Rei? – cuchicheaba Serena
-¿Oíste lo que te pidió para darte clases: Responsabilidad, entrega, persistencia…? ¡Eres una holgazana!
-¡Silencio! – con fuerza golpeó la mesa
- Lo sentimos señorita Yang – musitaron las chiquillas
- Nunca dejo a nadie a prueba pero por un favor especial haré excepción con ustedes pero escuchen bien: a la primera falla o infrinjan las normas ¡Se van definitivamente! ¡Lindsay! – le gritó la mujer y la chiquilla regresó a su postura recta
- Me duelen las piernas – musitaba la niña de coletas
- Es todo por hoy
-¡Hurra! – y antes que la regañaran por perder la posición salió huyendo
- Esa es nuestra Serena
Michiru Kaioh la admiraba mucho, más de una vez le pidió ser su alumna pero ella siempre la rechazaba argumentando mil excusas. Se recargó en la pared observando cómo la mujer terminaba de guardar su instrumento. Hubiera dado cualquier cosa por una oportunidad como la que hoy tenía Lita, se hubiera esmerado como nadie en este mundo…
- Kaioh – saludó Yang – ¿Y es cierto el rumor?
-¿Dejar la música? Sí – desvió la mirada
- Qué rápido desistió – miró su brazo enyesado – qué lástima
-¿Por qué? No creo fuera buena, nunca me quiso como su alumna
-¡Lindsay! Qué estás comiendo niña
- Nada – escondió las manos
-¡Dame eso! – le quitó el chocolate – no quiero comas tantos dulces… sigue la dieta ¡Oíste niña!
- Sí – su mirada se quedó triste observando a su chocolate irse con la mujer – qué mal – sacó otro cuando estuvo lejos de su vista
- Dame eso – ese lo arrebató Michiru – ya te dijeron que no puedes comer dulces
- No sabes que lo prohibido sabe mejor… Como sea – se limpió las manos embarradas en la falda – ¿Iremos a comer?
- No… yo no voy contigo así – miró su falda con manchas de chocolate
- Es mi impresión o me evitas – y con un movimiento sensual acomodó su cabello
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Setsuna no lograba recordar mucho de su vida, su último recuerdo era un hermoso café en donde platicaba con alguien más, podía recordar el aroma de la otra persona pero no el rostro. Se sentía muy sola y sin encontrar un sitio que le fuera familiar. Agradecía a Haruka por brindarle un poco de tiempo, mostrarle esos lugares donde estuvieron y contarle sobre su vida… esa que se esfumó. Se sentía tranquila en ese hermoso acuario
-¿Y exactamente qué hago en las puertas del tiempo?
- No sé – se encogió de hombros – no eres una mujer de muchas palabras
- Desde hoy hablaré más con la gente…
- No te apures – sonrió abrazándola – siempre nos tendrás a nosotros aunque no nos quieras… Nosotros te amamos Set
Volvieron a casa tarde. La acompañó hasta la puerta de la casa y se despidió con esa calidez y sinceridad de un verdadero amigo. Entonces Setsuna se sintió mejor. Había algo en ella que la inspiraba a creerle y confiar. Cerró la puerta
- Buenas noches – dijo la niña y Tomoe
- Buenas noches – respondió la mujer
-¿Cómo estuvo la cita? – preguntó Hotaru emocionada
- No era una cita – rió – solamente salimos al acuario… y tomamos un café
- Quería mostrarte algunos datos para tus trabajos… – comenzó a decir Tomoe
Pretextos, quería compañía, no sentirse tan solo y en el abandono como ella se sentía entre esa humanidad. Platicaron de todo y nada, el tiempo se desvaneció y ellos ni siquiera sintieron hasta que vieron ya el reloj del doctor marcaba las cuatro de la mañana. Rieron pues era la primera vez que conversaba con alguien de su especie tanto tiempo sin que éstos fueran asuntos de trabajo…
- Descansa
Por qué Tomoe se casó con esa mujer, quizá le pesó la soledad y no había mejor esposa, tenía hijos, cuidaría de Hotaru, era seca y no pedía mucho, le daba igual cuánto pasara en casa o el dinero que pudiera darle, ella quería esa gloria que tenía el apellido Tomoe. Setsuna no podía creer cómo los humanos terminaban juntos por esas pequeñas estupideces, por cosas tan banales pero a veces esas insignificancias los llevaban a las puertas del paraíso y entonces de ellos dependería abrirlas o seguir de largo en busca de esa mitad que se pedió…
- Haruka y Michiru
Musitó antes de quedarse profundamente dormida. Su amor fue tan puro y noble que no existió una razón banal para continuar juntas. Las apuestas siempre estuvieron en contra suya, el mundo entero se empeñó en destrozarlas y ellas le dieron la espalda dejando de lado la trivialidad. Vive y deja vivir. Ansiaba amar así, soñar despierta por un amor que aparece y crece hasta el punto de enloquecer, de estallar y tocar el cielo…
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Se sentía muy cansada, pero no quería preocupar a Haruka, no después que estuvo tres días en el hospital por un simple desmayo. Había ido a la oficina de Isaac y de repente se desvaneció, su último recuerdo era esa mirada asustada y después despertó en la clínica. Rió al ver cómo su viento componía un motor: de una patada. Su risa atrajo esa mirada celestial.
- A veces con unos golpecitos funciona
- Si tú dices – reía encantada de su técnica especial
-¿Te sientes bien?
-¡De maravilla! ¿Y a dónde saldremos? – sentía que perdería la consciencia de un momento a otro. Esperaba eligiera un lugar apacible…
- A patinar
- Ah – mala suerte, necesitaba un poco de buena suerte para no desmayarse
Estaba tan agotada que se durmió todo el camino a la pista de hielo. Entreabrió los ojos cuando sintió que la velocidad del auto descendía. Habían llegado a un pequeño restaurante.
- Comeremos y te llevaré a casa
-¿Ya no quieres salir conmigo?
- Te ves mal
- Y qué… Quiero estar contigo
- Podemos estarlo en un lugar donde puedas descansar – le abrió la puerta del restaurante – lo discutiremos con el estómago lleno
- En realidad, no tengo hambre – se mordió el labio sabiendo que desató la tormenta
- Dijeron te faltaba comer mejor, estás más que anémica. Olvídate de mi ternura y lindura, mano dura y si no te dejas – la abrazó por detrás – te doy una patada como al cacharro
- Mala – rió animadamente
- Ya no me comeré la comida que no quieres o no te comes… Así que como yo haré un gran sacrificio tú corresponderás con uno igual comiendo…
- Lo pensaré – rió animadamente
La obligó a llevarla a la pista de hielo, no quería siguiera pensando se sentía mal o debía protegerla como a una muñequita de cristal. A regañadientes Haruka cumplió sus caprichos no sin antes amenazar que si veía algo extraño en ella se regresarían a casa de inmediato
- Hace mucho no patinamos juntas
- Eh… creo me gustaría quedarme aquí – señaló el piso seguro de la pista
- Ah sí – rió recordando lo mal patinadora que era. Cada invierno desgastaba horas y horas en enseñarle para que ella al siguiente año lo olvidara todo – No es tan difícil solamente es cuestión de recordar
- Es como la natación… No me gusta y punto… Disfruto más mis autos
- Qué raro – reía encantada de sus gestos – sujétate bien a mí – la abrazó – Niega que es divertido – mordió su oreja provocándole un fuerte escalofrío
- Este año – se separó con torpeza y Michiru apenas pudo sujetarla evitando se cayera
- Aún no estamos en la pista – reía deteniéndola
- Este año quiero cambiar de instructor
-¡Escoge! – señaló la enorme pista llena de niños y adolescentes un tanto feos
-¡Haruka, Michiru! – gritaron las jovencitas al unísono
- Bellezas – le susurró a su compañera
- Como quieras – esta vez la soltó
Y la pobre rubia se fue de bruces
-¡Estás bien! – corrió en su auxilio Lita – Dios qué golpazo te diste
- No es nada – su mirada fulminó a su burlona compañera
- Te veo en la pista – saltó al hielo – Adiós – agitó la mano mientras sonreía con burla
- No es nada – miraba a su dulce y traicionera sirena – ¿Sabes patinar Cabeza de bombón?
-¿Si es no nos enseñarás? – se adelantó Mina a preguntar
- Eh no lo creo – tomó asiento quitándose los patines – tengo hambre
-¡Qué casualidad también yo! – se colgó de su brazo. Al instante se cayó de la banca por el peso y su mal equilibrio con los patines puestos. Mina quedó encima de ella y de inmediato los gritos y risas estallaron
-¡Casi la matas! – le ayudaba la joven de cabello castaño – eres muy bruta Mina…
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Sudaba y su corazón palpitaba fuera de control. Buscó en todo el parque con ayuda de su computadora por esa energía poderosa que se emanaba. De pronto la máquina se apagó y ella desconcertada levantó la mirada encontrando solamente paz. Siguió buscando hasta que vio frente a ella a Lindsay y Kared
-¡Rapsodia Acuática de Mercurio!
-¡Cuidado! – gritó Kared pues él alcanzó a escuchar el grito de guerra de la joven – qué loca – apenas escabulleron el impacto
-¿Le dijiste algo a Serena sobre lo que vimos Kared?
- Define decir algo
-¡Lo hiciste!
- No, bueno no del todo – tartamudeo
- Burbujas de Mercurio ¡Estallen! ¡No podrás huir de mí!
- Has algo, eres el Heredero – chilló el chico
- Algo como qué
Demasiado tarde para planes, Mercury acaba de encontrarlos. Su poderoso ataque de agua rozó la oreja de la jovencita. Kared se escabulló entre la confusión y buscó con desesperación marcar a Serena.
- Creo hay una confusión… Y podemos aclararla si lo hablamos…
-¡Morirás! – invocó de nuevo a su poder
- No lo creo – sus ojos resplandecieron tomando un intenso color verde cristalino – Escudo – musitó
-¡No es posible! – su ataque acaba de rebotar
La joven Sailor echó a correr. El poder del Heredero hacía mucho había despertado ¿Qué estaba entonces esperando Lindsay para ascender al trono? No, no eran Haruka y Michiru quienes debían preocuparles… ¿O sí? Perdió su transformación unas cuadras antes de llegar al templo.
- Rei – jadeaba
-¿Está todo bien Amy?
- Sí – tartamudeó
Sudaba y estaba segura que alguien la siguió. Tenía alucinaciones y ya no podía pensar con claridad. Su amiga le ofreció un té.
-¿Te encuentras bien?
-¡Dije que sí! – gritó encolerizada – lo siento… ¿Has tenido alguna premonición?
- No – sonrió con dulzura
-¿Crees que Michiru y Haruka sean el enemigo?
- Por qué debían serlo – rió – Si te refieres a eso de quién es el Heredero creo que no nos será posible saberlo hasta ese día… Cuando la tumba se abra porque me supongo él también permanece en un letargo… Como Dios. Sin uno el otro no existe… ¿no crees que por eso han ocurrido cosas extrañas? Intentan que ambos despierten
-¿Y la bestia? Esa horrible bestia…
- No sé. Pero no te angusties tanto ¡Sailor Marts salvará el día! – le guiñó el ojo – somos amigas y juntas podremos derrotar a cualquiera
- Sí
Su mirada recorría con terror cada espacio de esa habitación. Estaba segura que las sombras se movían de forma maliciosa. Sí, debía ser la bestia, estaba tras ella y de un momento a otro la tomaría por sorpresa matándola. Sólo con su sangre pagaría por la traición.
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Se recargó en la barda observando a las jóvenes inners. Lita patinaba muy bien estaba segura que si se lo pedía le enseñaría y no armaría una revuelta con el tema como las demás. Mina seguía divertida con el joven que llegó, tenía la impresión de haberlo visto antes sólo que no recordaba dónde. Serena seguía cayendo al suelo mientras la jovencita alta reía intentando mostrarle la manera correcta de hacerlo. Así debía verse ella. Emitió un largo suspiro.
-¿Y no patinarás? – reía Michiru
- No
- Tú escogiste el sitio – refunfuñó
- Sí porque creí sería divertido – y al contemplar esa sonrisa burlona agregó – para las dos
- Te prometo ya no reírme – extendió la mano invitándola a tomarla
- Eh no – la jaló hacia sí para besarla pero se detuvo en el intento al ver a Lita acercarse – mejor no, me da miedo caerme
- Te cuidaré – levantó la mano – palabra de explorador
-¿Se quedarán allí? – reía la niña de cabellos castaños
- Eres muy buena – comentó Michiru – así que solamente nos quedaremos disfrutando de tu talento
Lita se sonrojó cohibida y Haruka abrió grandes los ojos sin entender la razón del comentario de su amante.
-¿Quieres vayamos a un mejor sitio?
- No – sonrió la rubia – no te detengas en tu diversión por mí
- No es divertido así… sola – musitó con coquetería
- Bien – bajó al mirada apenada – supongo podemos hacer otra cosa
Se fueron al acuario. La rubia se encontró a uno de sus colegas, estaban platicando y Michiru se había quedado un poco atrás. La joven comenzó a marearse, a penas logró sujetarse de una jardinera para no caer. Haruka corrió de inmediato en su auxilio
- Tu novia se ve muy mal – musitó el chico
- Iremos al hospital
- No – de recordar la última visita forzosa sentía temor – estoy bien
- Te ves pálida
- Esta vez no Michiru, iremos a un médico
Hubiera seguido discutiéndolo pero un fuerte escalofrío la hizo estremecerse. Despertó en un hospital y con un intenso dolor en su cuerpo a causa de los medicamentos. Maldijo su suerte.
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Lita se paró derecha. Había practicado su postura todo el fin de semana. La señorita Yang se veía muy satisfecha de su trabajo, se esforzaba como ninguno de sus latosos alumnos. Serena no lograba recordar qué pie dijo iba adelante, se movía graciosamente mientras Kared reía creyendo que parecía un muñequito. La mujer llamó al orden con unas palmadas.
- No es posible – chilló desde la ventana Orión
- No tiene madera de princesa – reía Andrómeda
- No te metas… pasas tanto tiempo con el artebobo que has perdido el derecho a opinar
- Qué miedo – se burlaba de él – ¿Estás celoso? Tú tienes a Luna
- No estoy celoso, si te casaras con tintín lo sentiría mucho porque eres mi amiga pero tú serás quien viva con él y tenga hijos estúpidos
- Eres malo – y soltó una gran carcajada viendo como la princesa en su intento por guardar el equilibrio se llevaba consigo a Lita y a Kared – necesitas un sustituto de princesa – se destornillaba de la risa
-¿Cómo? – la miró emocionado
- Sí, alguien un poco mejor… Tú sabes no siempre el rey es quien dirige la nación… para eso están los otros…
- Es la primera idea sensata que dices en este día
-¡A dónde vas! ¿Qué idea? ¡Espera! – echó a correr detrás de él
Serena no podía ser más torpe pero qué podía hacer si el corazón la amaba con tanta pasión. Extendió la mano ayudándola a incorporarse. La señorita Yang la reprendió y con una advertencia dio por terminada la clase
- No más juegos
- Lo siento – lloraba la rubia
- Puntual y lista – saludó Lindsay
- Señorita Yang quería ver la posibilidad de tomar clases particulares, creo puedo avanzar más si soy su única alumna
- Así que te estorba Kared y Serena – buscaba zaherirla la niña
- No es eso – musitó con hastío – me esfuerzo mucho y puedo superar a cualquiera – Lindsay abrió la boca lista para decir otro comentario burlón pero su maestra le indicó con un gesto guardara silencio
- Está bien. Ven mañana temprano y practica mucho
- Qué horror con esa niña – rió
- Compórtate Castelo… Hoy la práctica terminará temprano, quiero visitar a Kaioh
-¿A Kaioh? ¿Y como para qué?
-¿Debe el maestro rendir cuentas al alumno? – sonrió despectivamente – eres una muchachita muy irrespetuosa… ¡Cuida tus modales!
Lindsay se alineó al grito. Erguida con esa elegancia y encanto sin igual dedicó una mirada burlona a Lita. La joven apretó los dientes sintiendo la rabia correr por sus venas, pero pronto vería lo equivocada que estaba, se convertiría en un rival digno de cualquiera en ese conservatorio
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Michiru frunció el ceño al verla entrar con Kimiro. Emitió un suspiro, debía estar desahuciada para tener tan magnífico honor. La invitó a sentarse, agradeció su visita. Era una mujer de pocas palabras, estaba preocupada por su salud y decepcionada por su deserción, esperaba en estos días de reposo recapacitara. La joven rió, nada en ese mundo la convencería de volver a tocar.
- Lindsay, platicaré a solas con la señorita Kaioh
- Qué mal – salió de la habitación
- Niña qué te puedo enseñar yo, tienes un talento único que en toda mi vida nunca vi, eres más que un prodigio ¿para qué tomarte como mi alumna cuando ya no hay nada que te pueda enseñar?
- Hay tantas cosas, es usted tan talentosa…
- No niña, tu talento no tiene comparación, amas la música y en tus interpretaciones hay más que buenos acordes… Si he venido es para pedir tu ayuda
-¿La mía?
- Sí – sonrió observando el asombro de la joven – ya soy vieja y no tengo la misma energía de antaño… Me encantaría me ayudaras con mis alumnos, en especial Lindsay, ya no hay nada que pueda enseñarle. Pensaba terminar las clases con ella este mes pero la niña está incontrolable. Ella necesita de una mano amiga, no un maestro… y tú necesitas alguien que te devuelva un poco de esa chispa que se apagó en tus ojos
- No puedo – esquivó su mirada
- Piénsalo
No pensaba dar clases, no se retiró de la música por vejez sino porque dejó de interesarle, lo que significaba que no quería ni siquiera pararse en un conservatorio o asistir a una ópera. Su padre hacía ese ruido molesto con la lengua. Ya no pudo seguir pensando. Isaac estaba demasiado contento esa mañana pues Melissa lo dejó a cargo de la casa mientras ella estaba fuera. Su primera orden como señor absoluto fue obligarla a bajar a desayunar. Su idea de la familia primero a veces superaba la idolatría. Kared se sentó vistiendo aún su mandil, se le hacía tarde para la escuela.
- No, hoy todos van con papá al trabajo – y los dos jóvenes se miraron entre sí – ¿No les da gusto? En lugar de la escuela verán a papá ganándose el sustento… ¡Les dejaré sentarse en mi sillón! ¡El sillón!
- Ah – contestaron a una misma voz
Y el día pintaba entre mal a peor. Los llevó hasta su oficina y acomodó un lugar para cada uno. Kared ocupó el escritorio principal y Michiru la mesita de café. Ahora les repartía crayolas y unas hojas, iría a ver algunos asuntos mientras ellos dibujaban y después les tenía un recorrido por la empresa como otras lindas y divertidas actividades
- Alguien debería decirle ya no tenemos cinco años
- Es mejor que la escuela – coloreaba su hoja – ¿Has pensado qué serás cuando seas grande? Me refiero a que serías violinista pero ahora que no tocarás más ¿Qué harás?
- No sé – sonrió – ¿Te quedas o te vas conmigo?
-¿Harás algo más divertido que colorear? – y la mirada se lo dijo todo – bien papá está un poco mal de la cabeza – se levantó del sillón
Paseaban por el centro de la ciudad. Ella pensaba en Lindsay y Kared en comida. Acabaron en un pequeño y elegante café.
- ¿Qué hace Lind en la calle? – se quedó mirando la ventana
-¿Cómo? – y al mirar se dio cuenta que la niña estaba pasando frente al sitio
- Vaya qué cosas, eso de ir a una escuela técnica deja mucho tiempo libre ¿Crees mamá me deje entrar al instituto con Lindsay?
-¿No entró a la secundaria? – preguntó asombrada
- No quiso, dijo que no era lugar para ella… ¿Qué hará a estas horas en la calle?
-¿Quieres averiguarlo? – sonrió Michiru con picardía
-¡A la orden!
Y ambos salieron corriendo para alcanzarla. La distancia que les llevaba era muy corta así que pronto estuvieron lo bastante cerca de ella. Lindsay iba con la mirada baja y un tanto ausente para notar ese par la seguía. Kared reía encantado de no haberse quedado coloreando, sin duda su hermana siempre tenía maneras más divertidas de pasar el día. Entre risitas se escondieron detrás de un anuncio al ver que la niña se detenía.
- Qué feo lugar para pasear – observaba las desoladas calles de la zona baja de Tokio
- Sabes Kared, necesitas salir más seguido…
-¡Mira! – la interrumpió – entró en ese feo lugar ¿Qué es?
- Parece una tienda de frutas y verduras…
-¿Tendrá hambre? ¿Y si la acompañamos a comer? – y un codazo a su abdomen fue la respuesta
