"Historias que con el lento paso del tiempo se convierten en leyendas."

La hermana de Mina

Nunca Andrómeda tuvo una mejor idea. Podía sustituir a la princesa, mandar a alguien en su lugar a pelear por el trono. Es cierto que ya tenía Scouts que la protegían pero cuando Dios ascendiera a su trono ella misma con su poderoso y resplandeciente cristal debía ir y afrontarlo ¿Quién podría ser lo suficientemente ingenua y amarla tanto como para dar su vida por ella?

- Rei necesitamos platicar

- Claro, pasa Orión

Amaba como a nadie a Serena, sería capaz de dar su vida sin preguntar. No le costó mucho convencerla de su idea, tal parecía que la propia jovencita ya tenía un plan bien diseñado para salvar a la princesa y de paso al mundo.

- Cuidaré del cristal de plata… Hasta que esto termine

- Y llegado el momento deberás afrontar por Serena al Heredero… es decir a Michiru Kaioh

- Sí, aunque no entiendo por qué estás tan seguro será ella quien ascienda al torno

- Porque la necesitan, es el Heredero por derecho de nacimiento y para robarle su título de Dios necesitar primero sea uno

- Ya veo

Sí, las respuestas para entenderlas debían llegar en su momento adecuado. Ahora solamente restaba hablar con Serena, hacerla ver que era lo mejor para todos y…

-¿Me quieren dejar fuera de esto? – musitó la niña aterrada al escuchar que debía dar su cristal de plata

- Yo no estoy de acuerdo – musitó Lita enfada

- Lo estamos – intervino Ismael – es lo mejor Lita, así protegeremos a Serena y sabemos que no correrá riesgo

-¡No soy una inútil! Puedo cuidarme y defenderme

-¿Y al cristal? ¿Puedes defender también al cristal?

- Sí – gimoteó

- Que sea a votación – propuso Luna

- A votación nada – gimió Serena reaccionando con fiereza – no sé que se proponen, no entiendo por qué pretenden sacarme y aunque anhelo con todo el corazón que se terminen los enemigos sé cuál es mi deber y esto no está a votación ¡Yo decidiré! Yo soy Sailor Moon y es mi deber cuidar del Cristal de Plata

- Entiende cabeza dura – gritó Rei – no puedes con ello, no nos podemos dar el lujo de que lo pierdas en esta batalla

-¡Nunca lo he perdido! Y no lo daré a nadie en custodia – salió corriendo

-¡Espera! ¡Serena!

- Te dije no era buena idea – refunfuñó Luna

- No podemos seguir dejando que ella peligre de esa forma

- No arriesgará a otros por ella y nunca te dará el cristal sin una buena razón

Amy estaba muy molesta con su madre, ni siquiera quería dirigirle la palabra. No tenía ningún derecho a decidir por ella. De mala gana empacó sus cosas para marcharse a casa de su padre. Él vivía en Osaka.

- No me dejaste despedirme de mis amigas

- Será unos días y punto

- Perderé mi trabajo y la escuela

- Ya lo arreglaré yo

Esa misma noche llegó a casa de su padre. Él la recibió contento al igual que al pequeño Henok. Era la primera vez que veía a su nuevo hijo. Hacía unos años se le ocurrió ir a Tokio para visitar a su esposa pero entre copas y los recuerdos su noche terminó en más que una cena cordial. Nunca supo estuvo embarazada y cuando lo descubrió pelearon fuertemente. Él prometió no volver a su vida y ella dejó de buscarlo. No fue sino hacía unos meses que volvió a saber de Clarissa.

- Tu madre está muy preocupada por ti… está angustiada por tu cambio de carácter… Cree que se trata de ese muchacho que te pretende

-¿Mitche? ¡Es lo único bueno en mi vida!

- Es que cuando estamos enamorados creemos eso… el amor es ciego sabes

-¡Qué sabes de eso! Nos largaste durante tantos años que hoy no importa lo que opines

- Lo sé y solamente quiero ser tu amigo

-¡Déjame sola!

Pocas veces visitó a su pequeña Amy. Se casaron muy jóvenes, Clarissa todavía estudiaba y estaba tan obsesionada con ello que pronto su marido dejó de tener algún valor para ella, en cambio Juret era más romántico y emprendedor tuvo varios romances fortuitos hasta que un día cansado de esperar por el amor que su esposa le negó se marchó para recorrer el mundo

- No he sido el mejor padre

- Siento haberte gritado – se sentó a cenar – estoy muy tensa y cansada, creo es bueno para Henok estemos aquí

-¿Lo será? Ese niño me tiene tanto recelo como tu madre – reía animadamente observando su mirada colérica

- Eres un extraño usurpador, es todo

Se quedó sola. Estaba un tanto triste y entre poder explicar a sus amigas su salida presurosa de Tokio y entender a su madre se quedó perdida observando las estrellas.

- Eres difícil – musitó Mitche – me alegra verte afuera

- Bueno – rió con cierta pena – es que ya no me siento tan paranoica aquí… donde no hay nada que me pueda lastimar

- Me da gusto estés tranquila

- Mi madre no tenía derecho

- Lo hizo porque está muy asustada, te has portado tan extraña que pensó un cambio de ciudad te haría bien

- O ver a mi padre… Tenía cuatro años de no verlo… Es raro mi madre le pida ayuda… Siempre fuimos ella y yo en nuestra aventura por el mundo y después fui solo yo hasta que Henok llegó y… Ahora ya no tengo ni idea a dónde voy

- No vayas a ningún sitio – se sentó junto a ella – quédate conmigo… Quédate conmigo y ámame

-¿Amarte? – se sonrojó notablemente intentando evitar su mirada penetrante

- Sí, ámame – se acercó peligrosamente a sus labios – ¿O crees que juego? – estaba a milímetros de besarla – dime a qué sabe un beso

- No… no… no sé – tartamudeó

Él rió. Bajó la mirada y se quedó así sabiendo que no era momento para ello. Sintió la mano de Amy deslizándose por su mejilla hasta llegar a su mentón. Lo levantó ligeramente buscando con ansias que sus miradas quedaran encontradas

- Dime a qué sabe un beso Fabela

- A…

La joven cerró los ojos dejándose llevar por el momento. Acercó sus labios a los del joven y con esa desbordante pasión que guardó para ese primer y único amor lo besó. Pareció durar una eternidad. Amy rió separándose de él mientras esa comezón espantosa se desvanecía por fin de su ser. Se rascó el brazo y Mitche la sujetó de las manos para volverla a besar. Entre risas se separaron

-¿Y a qué supo un beso Mizuno?

- A gloria… a ti…

- Bien – masculló nervioso – creo debo irme antes que tu padre me vea, tengo mala fama y no creo le guste verme cerca de su preciosa hija

- Sí, mi madre dijo que era tu culpa me estuviera volviendo loca

- Ojala fuera eso – tomó su mentón – por desgracia lo que te tiene tan mal te seguirás empeñando en guardarlo sólo para ti

- Lo siento – esquivó su mirada

- No te preocupes… Yo puedo esperar por ti… sabes que no hay nada que quiera más que verte sonreír… Te amo – musitó a su oído

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Serena lloraba en los brazos de Kared, quería entender cómo podían sus amigas verla como alguien tan inútil pero el jovencito le explicó que simplemente intentaban protegerla y buscaban lo mejor para ella.

- Rei es tu mejor amiga, es quien más te quiere y solamente intenta cuidar de ti

- No soy tan inútil

- Eso lo saben todas pero temen te pase algo… ¿Por qué no haces algo mejor como un plan en que puedan todas ayudar?

-¿Y como qué puedo planear?

- La verdad no sé – rió animadamente – yo para eso soy malo… ¿y si hablas con Rei? O mejor aun finge demencia, eso hace mi padre cuando hace algo malo, se hace el que no sabe o lo olvidó

- Buena idea – rió más animada – Kared ¿Me amas?

- Como a nadie mi princesita… Eres mi vida entera – la besó en la frente

- Niños – llegaba Isaac a casa – ¿No se les hace tarde para su clase de violín?

-¡Es cierto! – gritaron al unísono

Llegaban con diez minutos de retrazo ahora sí tendrían problemas. Pero por suerte Lita aún no salía de la clase. Serena respiró tranquila. Entró a la sala justo a media discusión…

- No quiero más clases – decía Lita

- Solamente tienes un mes conmigo… eres una persona dedicada pero últimamente haces lo que quieres

- Es por eso que no quiero más clases, usted no me deja desarrollarme libremente

- Como quieras entonces

- Bien, pues gracias

-¡Lita dejarás el violín!

- No es eso Serena – musitó la jovencita con alegría – ya sé todo lo que puedo aprender y es hora que sea yo la que decida

- No entendí

Y tenía la leve impresión que nadie se lo explicaría.

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A Melissa le sorprendió mucho el cambio tan brutal que tuvo su hija. De buenas a primeras parecía un poco más arrogante, más irónica y hasta con cierta prepotencia un tanto envolvente y a la vez irritante. Supuso que mucho de ello se debía a lo sucedido en los últimos meses, a que tuvo que volverse fuerte y aprender a sobrellevar las peores tragedias del mundo.

- Madre – se sentó frente a ella – me encantaría me ayudaras con un negocio… Un préstamo… He decidido qué quiero ser ahora que ya no tocaré más el violín

-¿Y esa decisión tiene algo que ver con que desaparezcas todas las tardes?

- Sí, voy a emprender un negocio. Tengo algo de dinero ahorrado y otro poco que Haruka pondrá y me encantaría me ayudaras

- Bien de cuánto hablamos

- En realidad quiero me prestes atención

-¿Cómo? – eso sólo lo pedía Kared y eso por ser un niño tan mimado

- Quiero que hagas la próxima junta en mi restaurante. Eso hará que tus socios lo conozcan y pueda tener más clientes

-¿Pondrás un restaurante? Cada día estás más rara… Como quieras, no me molesta con que no los envenenes

- Qué raro, eso mismo dijo mi padre

-¿Isaac?

- Sí – sonrió alegremente

-¿De cuándo acá le dices padre?

- No sé – se levantó para marcharse – espero verte en la inauguración – y sí ya se lo que piensas mientras no te envenene – reía divertida

Ojala alguien le explicara qué le sucedía. Tal vez dejó a su esposo emplear un poco de su poder de Vida y Muerte y logró dar paz a su alma. O tal vez aprendió de la manera ruda superar las derrotas que ofrece la vida. Miró por la ventana el hermoso paisaje, la nieve estaba derritiéndose ya indicando que pronto llegaría la primavera. Se sentía contenta, era su época favorita del año.

-¡Mamá! – gimió Kared

- Y ahora qué ¡Quién demonios te pegó!

- Me pegué yo solito – dijo con orgullo – estaba intentando aprender a andar en moto y mi cabeza se estrelló contra algo duro

-¡No te subas en esas cosas! ¡Eres un peligro andante! ¡Michiru! – gritó enfadada la mujer – debo llevar a este mocoso a emergencias así que te irás sola a terapia

- Bien

-¡Quiero vayas! – sentenció

- Iré

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Se quedó quieta sin saber qué decir. Intentó salir del asombro y lo único que hizo fue balbucear incoherencias. Lita un tanto inquieta por su reacción la tomó de la mano llevándola hasta el sillón

- Anda Mina saluda – le decía intentando sacarla del asombro

- Ángela – musitaba sin dar crédito a lo que veía

- Las dejaré solas – y tomando la bufanda se fue a la calle

Mina no sabía que decir. Habían pasado tantos años que la había olvidado por completo. Se rascó la barbilla un tanto nerviosa y otro tanto buscando un tema de qué conversar. Los ojos azules de Ángela la miraron con cierta ternura.

- Eres ya toda una señorita – sonrió la mujer – la última vez que nos vimos apenas tenías trece años

- Sí

- Vine a Tokio por cuestiones de trabajo… aún estoy en la INTERPOL

- Ack – hizo una mueca de espanto – eso es terrible

- Para mí no – rió alegremente – a mí me encanta mi trabajo, de hecho ya soy jefa de división y me he convertido en la más joven en ocupar ese puesto así como la única mujer… Es difícil sabes

- Sí ya lo creo… He sabido de tus logros, no necesitas contármelos

-¿Por qué no me visitaste ahora que estuviste en Inglaterra? La tía Marian está convencida que somos la misma persona – reía encantada – la vi en el centro y me confundió contigo

- Eres más vieja que yo – miró su rostro blanco y esos cabellos de oro tan hermosos – y fea también

- Eres muy graciosa Mina ¿Qué haces en Japón? Mi madre cree estás aún en Inglaterra

-¿Le dirás estoy aquí?

- No, es asunto tuyo

- Gracias… Estoy intentando encontrar mi destino, pero ya pronto me iré en cuanto haya un vuelo libre… Es que he tenido problemas para juntar el dinero

-¿Y si vienes conmigo?

- Lo pensaré… ¿Y qué trabajo importante te trae a Tokio?

- Estamos averiguando sobre un peligroso narcotraficante, ha mantenido a Inglaterra al filo de la tensión es Nicolai Sorvakov un ruso muy escurridizo; pertenecía al mafia rusa pero pronto cambió de rumbos y ahora es un verdadero Haudini

- Sí – el nombre le sonaba solamente que no lograba recordar por qué

Se quedaron en silencio. Mina pensaba en Ángela, en sus años de niñas, su familia y… ¡Lo recordó! Nicolai Sorvakov era el criminal que tanto ansiaba encontrar William. Supuestamente se había infiltrado a una banda que trabajaba en Japón para él y estaba seguro que muy pronto lo capturaría ¿Sería cierto que William era un agente en cubierto? Siempre creyó que se trataba de un pésimo ladrón que fanfarroneaba con tal de poder conseguir citas.

-¿Y hay gente en cubierto trabajando en eso?

- Supongo… Muchas agencias internacionales lo buscan… Hemos estado participando juntos para su captura pero en realidad yo he venido para asuntos más diplomáticos con el gobierno japonés… es difícil de explicar Mina

- Sí, cierto la tonta Mina no comprenderá de política o cuestiones tan complejas como esa

- No quise decir eso

- No importa… es cierto, no te entendería de todos modos

Haruka se presentó puntual como siempre. Le gustaba acompañarla para apoyarla y darle fortaleza. Seguía creyendo que le gustaba martirizarse de esa forma cruel pero si eso la hacía feliz estaba bien para ella. Tal vez se sentía culpable por perder al bebé ¿Y pudieron haberlo evitado?

- Me duele – gimió la violinista

- Quizá necesites otra operación – dijo el terapeuta – te mandaré a hacer algunos estudios para ver si es necesario

- No quiero otra operación

Ya le habían quitado el yeso y ahora necesitaba acudir cada tercer día a la clínica de especialidades para recobrar el movimiento completamente. Era una terapia física muy dolorosa y angustiante pero Michiru siempre fue una persona fuerte y decidida, hoy más que nunca la admiraba. Besó su frente y recibió del doctor la orden para los estudios

- No quiero otra operación – repitió afuera del hospital

- Bien no la tomes – sonrió abriéndole la puerta

-¿Eso que significa?

- Bueno que tienes dos opciones… tres: operarte, dejarme hacer algo por ti y aliviar tu sufrimiento de una buena vez o no operarte y perder el brazo

- No perderé el brazo

- Bueno apostarás a eso

- Esta bien que me partan en mil cachitos no me importa y parece tampoco a ti

- Me interesas pero es tu decisión y yo te voy a apoyar claro que si quieres mi sincera opinión deja yo te sane y acabamos con esta basura

- No

Hubiera dado todo por entrar en su mente y saber las razones para seguir empeñada en sufrir. Por lo menos le había vuelto el apetito, uno tan feroz que era capaz de comerse tres platillos en una sola comida. Volvió a besarla. Ya con los resultados en manos tomarían una decisión, tal vez solamente necesitaba más ejercicios.

-¿Y qué haremos para tu cumpleaños?

- Nuestro – corrigió la violinista – Me hiciste posponer la celebración del tuyo… ¿Recuerdas dijiste celebraríamos juntos nuestros cumpleaños?

- Es un año especial… es nuestro cumpleaños número veintiuno y eso no pasa todos los años

- Bien pues dime qué piensas hacer

- Quería hacer una fiesta, recuerda que también esta año recibiré mi herencia y mi padre pronto será declarado legalmente incapacitado y también recibiré esa parte de dinero

- No entiendo bien por qué tienes tu herencia dividida

- Mi madre nunca confió mucho en su buen ojo financiero y me creó una cuenta especial de banco que heredaría cumplidos los veintiún años. Imagina cuánto hay en esa cuenta son más de veinte años de inversión

-¿Algún día me dejarás acompañarte a ver a tu padre?

- No lo creo – arrancó el automóvil – pero haré algo mejor, te llevaré a mi casa… A donde crecí y viví toda mi infancia… bueno parte de ella – sonrió alegremente

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Rei estuvo tentada a ir con ella pero Lita se lo impidió. Había estado tan triste después de la extraña visita que era mejor dejarla sola, hasta que ella quisiera hablar. La morena se mordió el labio nunca fue buena esperando. Se soltó de su amiga y se encaminó hacia el puerto donde la jovencita se encontraba sentada observando el paisaje

- Mina – la saludó con ánimo – pensé que ya habías superado lo nuestro

- Nunca, aún te amo – rió alegremente – pero no es eso… De hecho no te he visto con la plaga copiona ¿Qué le pasó?

- Está ocupada con la escuela – rió animadamente – dicen que polos similares se repelen… si vieras cuánto se parecen

- No es cierto

-¿Y entonces qué te pasa? ¿Quieres platicar conmigo?

- No, no es nada… pensaba y es todo… ¿Crees que William de verdad sea de la INTERPOL?

- Mina ese cuento ni tú te lo tragaste, es sólo un muchacho mentiroso al cual amas con locura

- Sí, lo amo… pero no como a ti celosita

-¡No estoy celosa!

- Lo primero que dice un celoso es que no lo es

-¡Mina! Eres insoportable. Pero hoy no me enfadaré por eso ¿Por qué me preguntas por él? ¡Él te hizo sufrir!

- No, no te pongas así – reía nerviosamente – pensaba en él… si sería verdad y yo nunca le creí porque siempre nos dejamos llevar por las apariencias y… a veces las personas no son lo que parecen

-¿Quién es esa mujer que te fue a ver?

- Mi hermana – comentó en un susurro

Ángela era su hermana mayor. Tenía diez años cuando ella nació. La diferencia de edades tan grande nunca les permitió verse como hermanas. Para Mina ella era como su segunda madre, le gustaba mandarla y regañarla por todo, era tan perfecta y ordenada que la exasperaba aún cuando era tan sólo un bebé. Ángela por su parte siempre fue una niña privilegiada, todo lo que hacía lo hacia bien, nunca falló en la escuela y cuando terminó la preparatoria se fue becada a Inglaterra a estudiar. Se volvieron a ver cuando Mina tenía trece años solamente para seguir peleando. La niña quería libertad, dejar de ser medida en comparación con esa aura de perfección e inteligencia mientras que la jovencita pedía a gritos madurara, ya era tiempo encontrara su lugar en la familia Aino.

- Me parezco mucho a mi padre sabes

- Me parece te ves más como tu madre

- No en lo físico – reía animadamente – en lo torpe… mi padre nunca fue bueno para nada, tiene un trabajo mediocre y es tan malo en todo que a veces da lástima en cambio mi madre fue modelo y cada cosa que emprendió fue brillante… Creo se casó con mi padre por pena… Yo soy como él

-¿A qué te refieres?

- Nunca haré nada bueno y eso es triste porque es difícil intentar ser siquiera la sombra de Ángela… Es por eso que no nos vemos mucho, peleamos por casi todo y la verdad no la tolero mucho, ni ella a mí… Me ofreció irme con ella

- Y no quieres

- Esta vez es diferente porque no creo que pueda ir mi vida más mal… Escapé de tía Marian, dejé la universidad, no tengo nada más que un montón de sueños y las ilusiones marchitas… Estoy cansada Rei… muy cansada

- Quédate un mes más con nosotros, yo puedo pagarte el avión a Londres

- Quién te entiende Rei Hino primero ansias que me vaya y luego que no ¡Ponte de acuerdo! – rió estrepitosamente

-¡Yo lo decía para que te sintieras mejor! Pero por mí vete cuando quieras – y Mina soltó una gran carcajada observando esa furia incontenible en los ojos negros de su amiga

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Serena y Haruka se quedaron atónitas al escuchar a Lita tocar. De verdad que la señorita Yang era excelente maestra. La corredora no pudo borrar su expresión de asombro, tocaba tan bien como Michiru. Pero Lindsay no parecía muy feliz con ello. Hizo una mueca de desdén y tomó su instrumento para repetir la misma pieza pero en su forma correcta. Y así se volvió una verdadera pelea de poderes. Lita interpretaba una nueva tonada y Lindsay la repetía mostrándole el verdadero significado de perfección. La joven alta enfurecida por su arrogancia seleccionaba otra pieza aún más compleja… Los aplausos acudían con la misma intensidad a amabas.

- Ya basta ¿No crees? Debes entender niña arrogante que cualquiera puede superarte…

- Yo sé que cualquiera puede interpretar una melodía pero pocos tiene talento y chispa, tú eres una simple muchachita con suerte y punto

-¿Crees que debemos darte un trato especial por ser sorda? Lo cierto es que no hay nada de desventaja, se trata de empeño y tú eres de esas personas de poco carácter

- No pido me trates especial y si hablamos de carácter abandonar la clase de Yang no te deja muy bien parada

- Ella te prefiere, por eso sigues allí, te deja hacer lo que quieras y con ese trato especial retiene a sus brillantes alumnos… No eres mas que basura, una sombra más amparada bajo el brillo de verdaderos talentos como Michiru o Yang

-¿Y tú? Yo que sepa no estás en la orquesta presumida, o ya te llamaron para un concierto y hablo de uno de verdad no para tocar para tus bobas amigas o la cuadra de tarados en donde vives

- Vivirás en una mejor zona que yo pero eres una persona pésima… Y hasta donde sé nadie te tiene un poco de estima… Dime Lindsay de qué sirve todo tu talento cuando hasta tu propia madre te odia…

-¡Cállate!

- O me dirás que las palizas son por lo mucho que te ama

-¡Que te calles!

- Te abandonaron en un maldito orfanato y harían cualquier cosa por deshacerse de ti… Ahora dime quién es la perdedora

Y antes de poder terminar la niña la sujetó con fuerza del cuello. Sus energías comenzaron a incrementarse y sus manos comenzaron a descargar aquella ráfaga de furia sobre el cuello de Lita. El pequeño crucifijo comenzó a resplandecer. Haruka y Serena habían observado la escena atónitas pues no esperaban aquella pequeña competencia pudiera ir tan lejos. La rubia corredora se apresuró a alejar a la niña de Lita.

-¡Ya basta!

- Defiéndela… anda hazlo – golpeó con furia la pared – no soy mas que un objeto para ti o para cualquiera en este planeta – el piso comenzó a vibrar con fiereza

-¡Detente ya!

- O qué – y sin más Haruka la abofeteó con furia

- Déjate de niñerías… Pídele una disculpa a Lita, eres una malcriada… – pero esta vez no cumpliría sus caprichos. Se marchó

-¿Estás bien Lita?

- Sí – sonrió sintiendo aún esa extraña energía corriendo sobre su cuerpo – siento lo que le dije… me enfadé… lo lamento

- No te preocupes – sonrió Haruka – esa niña saca de sus casillas a cualquiera

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Esa noche fuertes tormentas de nieve se desataron sobre la ciudad. Haruka y Michiru se esperaron para buscar a Lindsay pues la niña tal parecía o se dio cuenta que el crucifijo las guiaba o por otra extraña razón se lo quitó. Lo hallaron en la habitación de Kared. El niño también se unió en la búsqueda, su amiga había estado tan extraña que estaba seguro algo malo le pasó

- Ve acá – lo tomo Michiru de la oreja – quiero que me expliques qué es eso de que su madre la maltrata

- Esa mujer es una persona mala y yo no sé si la sigue maltratando, hace mucho que Lindsay dejó de hablar de ello

- Debes darte cuenta

- Yo no sé – bajó al mirada – a veces ya no la entiendo… y ella ya no quiere hablar conmigo

- Debes decirme estamos muy preocupados y creo que sabes más de lo que aparentas

Ni siquiera Melissa lograba localizarla. A su casa nunca llegó y por la actitud de su madre poco o nada le importaba si volvía. Natalie tampoco estaba pero dudaban estuviera con ella. André estaba fuera de la ciudad y eso dejaba a Kared como la única persona en quien Lindsay confiaba. Por fin el chiquillo bajó la mirada temblando

- Yo le dije que se quitara el crucifijo

-¡Qué! ¿Por qué hiciste eso?

- Porque ya no quiero que llore por ti – clavó su mirada en el piso – escapó, ahora debe estar en un tren a un lugar lejos de Tokio

-¡Qué tren!

-¡No sé! Con lo tonto que soy podía delatarla así que le pedí no me dijera y le di todos mis ahorros

-¡Dejaste que se fuera sola! Puede pasarle algo

-¡Peor que estar aquí! No lo creo – rió animadamente – a donde quiera que vaya estará mejor

-¡Maldita sea! – lo soltó – Haruka – encendió su comunicador – escapó de la ciudad y creo lleva suficiente dinero para salir del país

-¡Maldita sea con esa mocosa! Dile a tu madre que se movilice, llamen a la policía