"Historias que con el lento paso del tiempo se convierten en leyendas."

30. Preludio al fin

Dios despertó, levantó la mirada buscando esa persona que tanto conocía pero ella se había ido. Corrió a la azotea, observó con parsimonia la tormenta eléctrica. Cerró los ojos dejando que el viento le susurrara. Él se lo decía, en un murmullo al oído le musitaba el equilibrio sería restaurado, pronto el mundo sería testigo de una de las más cruentas guerras desatadas: la guerra de sucesión. Sí, estaba solo, no había ya nadie como él. Sintió el aire rozando su rostro, las gotas de agua bañando su cuerpo. No quería abrir los ojos quería quedarse con esa imagen, la del hermoso ángel que despedazó su corazón. Se paró en el borde del edificio repitiendo cuánto lo lamentaba. Comenzó a dejarse ir hacia delante en un loco afán por un vil suicidio pero alguien lo sujetó con fuerza de la camisa impidiendo sucediera. Sus ojos miraron tristemente los de su opresor, los de aquel que lo encadenó eternamente a ese mundo para errar perpetuamente…

- Supuse estarías aquí – sonrió la mujer llamándolo de nuevo de ese ensueño

- Estoy cansado… Es tiempo del cambio – emitió un fuerte suspiro – demasiado cansado para desear hacer algo más que estar aquí – miró el vacío pero sabía la mujer no lo soltaría.

-¿Te sientes bien? – y su tono de verdad sonaba preocupado

- Creo demasiado cansado… es todo – por fin se puso a salvo y ella lo soltó

-¿Estás bien? – repitió asustada por esa ausencia de vida en su mirada

-¿Cómo fue el nacimiento de Michiru?

- No sé – sonrió Melissa algo contrariada – como todos… Un día me embaracé, nueve meses después nació… Y era un lindo bebé. Tenía las mejillas rosaditas, el cabello aguamarino y unos enormes ojos, preciosos… eso sí, nunca le gustó yo estuviera cerca de ella… Lloraba mucho cuando la cargaba o si quiera la tocaba

-¿Te aterraron sus ojos?

- No. ¿Te sucede algo? – por qué siempre preguntaba por ello

- Pensaba ¿Y Kared?

- Él fue un caos – reía encantada de la vida – Nació antes de tiempo, era un día lluvioso y la verdad… ¿Por qué me lo preguntas? Tú estuviste allí – renegó la dama

- No puedo recordarlo, es todo – se alejó de ella. Inhaló profundamente llenando sus pulmones de es aire celestial

-¿Qué te sucede?

- Nada – esquivó su mirada

- Pretendías saltar del edifico ¿Eso es nada?

- Y qué más da… Nunca me amaste. El tiempo ha llegado mi bello ángel y debemos cumplir nuestro destino

- Haré cualquier cosa por cambiarlo… Aún si eso implica muerte

- La venganza… dulce venganza

Sus ojos cambiaron a un azul intenso, de un colosal salto se paró en el borde del edifico. Extendió las manos y se dejó ir hacia atrás aún mirando los ojos sorprendidos de su esposa. La caída fue tan lenta como si fuera una imagen que se ve con calma, sentía el aire sacudiendo su cuerpo, acariciando cada poro de su piel y la muerte lo besó para desearle buenas noches. Abrió los ojos para encontrar el piso y el fin de su mortalidad.

-¡Isaac! – gritó Melissa observándolo muerto desde lo alto del edificio.

Y el cuerpo desapareció. Grandes cantidades de energía comenzaron a desprenderse. La tierra clamaba por venganza, quería beber la sangre del Heredero no la de su Dios. El cielo retumbó y le abrió paso a su único señor: Isaac se había convertido en Dios. Debajo de la tierra el Templo temblaba, nueve sellos fueron rotos y los ojos de las nueve estatuas adquirieron vida. La tumba comenzó a abrirse y una de las paredes se desquebrajó dejando ver esa historia que se repetiría eternamente: el Ángel Negro, el ángel caído contra su Dios mientras en el trono otro de los Dioses contemplaba extasiado aquella batalla.

-¡Dios! – gritó Melissa

Sus ojos verdes adquirieron un color intenso esmeralda jamás visto en un humano. De su espalda surgieron dos alas negras y su cuerpo comenzó a mutar. Grandes gritos de agonía sacudieron la faz del plantea. Dios se regocijaba con su dolor. Y ahora los dos grandes amantes que se convirtieron en enemigos estaban frente a frente: Dios y el Ángel.

- No subirá al trono – masculló – no puedes cambiar el destino

- Ya no soy la misma mi querido Dios… ¡Es hora que aprendas lo que la mortalidad puede hacer contra tu divinidad! – e invocó al guardián del tiempo cronos – ¡Grito mortal! – y de sus manos se desprendieron varios listones negros que pretendían atrapar al hombre

- No me vengas con tonterías… Alguien como tú jamás podrá hacerme daño – levantó la mano invocando a las tormentas eléctricas

En verdad era una pelea desigual ¿Tendría Dios razón en su furia? Después de todo era su propia creación quien se revelaba contra él buscando libertad, albedrío y una oportunidad de cambio. Pero la transformación trae consigo un nuevo orden, el mismo que él como Dios, quería seguir gobernando. De un golpe dejó al ángel en el piso del edificio. Riendo a carcajadas se preparó para aniquilarlo

-¡No te lo permitiré padre! – gritó Kared desde lo alto de la Estrella Negra

-¿Kared? – masculló aterrado observando que uno de sus guardianes ya le rendía lealtad – Ven acá guardián saturno

- Lo siento – susurró la enorme bestia – él es mi nuevo Señor… Es hora del cambio Dios

-¡No lo permitiré! – y sus ojos brillaron de un rojo intenso – morirás

El Heredero maldito, aquel que nació entre la guerra y la pasión, del desamor y el reencuentro de un amor perdido. El chico se elevó por los cielos esquivando el ataque. Cerró los ojos y un brillo celestial lo amparó, ese mismo destello que de bebé generó y salvó a su madre. De su espalda surgieron dos hermosas alas blancas y sus ojos se iluminaron de un precioso azul intenso, el color de los Dioses.

- Soy Dios – musitó Kared – tanto como lo eres tú

-¡Eres el Heredero Maldito!

- Hay tantas historias escondidas en ese palacio tuyo… Ya he bajado a verlo padre… ¡Tú maldeciste al ángel! Es hora que liberes a mi madre… ¡Y te liberes a ti!

- No puedes entenderlo, no puedo dejar que mis creaciones salgan de su control… aunque – miró esta vez la tierra – esta vez son las propias creaciones humanas las que los exterminarán

-¿De qué hablas?

- El equilibrio regresará con el sacrificio de uno de los Dioses… Cuando los ojos de ese ángel se cierren para siempre en un acto de amor… De perdón…

-¡En español! ¿Qué quieres decir? Sé lo del otro Dios… Sé también lo de la bestia… Y lo que mi destino me depara – con las manos dibujó una línea recta que se formó de luz dejando ver una espada

Dios también expulsó su espada y sin miramientos atacó al muchacho. A pesar que el Ángel de vez en cuando se entrometía para dar ventaja a su hijo era imposible ganaran. La habilidad de Dios llevaba consigo milenios de sabiduría y conocimiento. Por fin el ataque ceso. Kared sangraba y respirando con dificultad contemplando a ese ser absoluto que alguna vez llamó padre. Pero Melissa se lo dijo, cuando perdiera su mortalidad él no sería más Isaac, ese hombre amoroso sino el Dios perverso.

-¿Te rindes Heredero?

- Mamá – musitó observando a la criatura celestial en el piso.

- Nunca me agradó tu arrogancia – apareció Haruka detrás de él – a veces eres tan irritante – lo sujetó con fuerza y la espada cayó al piso haciendo temblar a la tierra

-¡No es tu pelea niña! Si te entrometes desatarás la furia de los dioses

-¿Cuáles? – rió con gran ánimo – solo existimos nosotros… Y ninguno está de tu lado a… Michiru, Kared, Yo… el propio ángel… ¿Qué se siente llegar al final y saber que pisoteaste a tanta gente por nada? ¿Qué se siente saberse solo y en el abandono?

- Estás equivocada niña…

- No lo creo ¡Kared la espada!

Isaac se preparó para exterminarla pero nunca contó con lo que siguió. Apenas iba a darse la vuelta para atacarla cuando ella le clavó la misma daga que usó contra su padre. El hombre la soltó lentamente mientras por su boca corría su sangre. Miró sus ojos aterrado de haber encontrado el final. Extendió las manos y Haruka lo soltó dejándolo caer. Dios había perecido. Las más poderosas tormentas se desataron sobre la tierra. La naturaleza gritaba anhelando por más mientras la tierra reclamaba por venganza… Quería beber la sangre del Heredero… ¡lealtad a Dios!

- No te metas más niño… Será Michiru quien ascienda al trono…

-¡Tengo derecho a defender lo que amo!

- También yo – limpió la daga llena de sangre.

Un nuevo rayo cayó iluminando esa imagen aterradora. Dos seres celestiales, uno contra otro. Y en la tierra el cuerpo inerte de un Dios milenario. La sangre corría como ríos saciando a los condenados y enfureciendo a los dioses.

Serena lloraba inconsolable. Apenas ayer Kared desapreció pero ya temía lo peor ¿Y si regresaba como Hotaru? No importaba cómo lo hiciera solo lo quería de vuelta. Se limpió las lágrimas y su mirada se llenó de asombro. Corrió para abrazarlo. Se sujetó a él y entre llantos le rogaba por nunca más volverla a dejar.

- Lo siento Serenita – besó sus labios – es que no fue tan fácil…

-¿Dónde estuviste?

- No lo recuerdo – musitó esquivando su mirada – lo importante es que estamos juntos… Aunque no será por mucho tiempo sabes

-¿Por qué?

- La guerra de sucesión ha sido iniciada… Ahora debo irme… Cuídate mucho y no permitas que nadie te robe tu inocencia ni sueños… Nos veremos pronto, en cuanto el universo se reacomode

-¡No te vayas! – suplicó sujetando su mano

Soltó su mano lentamente deseosa de gritar porque se quedara con ella pero esos ojos esmeraldas la dejaron anonadada sin poder reaccionar. Y Melissa la miró con ese toque de desdén y arrogancia pues hoy Serena era una simple princesa sin trono y ella el Dios artista heredero de un fabuloso imperio. La rubia ya no supo qué más hacer o decir sino solamente verlo partir con su madre. Se quedó la imagen clavada en lo profundo de su alma, Kared llorando lágrimas de pena y profunda tristeza por el que se ha ido. Se veía confundido y hasta creyó que se atrevería a retar a su madre quedándose con ella.

- Serena – le sacó de ese hechizo

- Rei – musitó volviendo a la realidad – Nada es lo que parece… Y se va… se va con ella

- Serena – dijo con pesar – Ya no podemos hacer nada… Lo sabíamos hace mucho

-¡Tú lo sabías! – gritó enfurecida – Todos lo saben menos la tonta y estúpida Serena… ¡Ella se lo llevó!

-¡Porque subirá al trono para convertirse en Dios! Y entonces – temió decirlo

-¿Seremos enemigos?

Retrocedió aterrada observando los ojos negros de su amiga. Su llanto estalló y ella corrió buscando escapar a ese mundo perfecto donde el amor existía. Solo ellos. Escuchó a Rei gritando para que se detuviera pero el dolor le daba el impulso suficiente para continuar en su huída. Unas cuadras más adelante, Serena sintió un fuerte jalón que la detuvo en su locura. Gritó, pataleó y con toda su energía intentó liberarse de su opresor hasta que el brío salvaje se terminó y el llanto llegó.

- Lo siento – la abrazaba a su pecho Darien en espera que ella se calmara

- No puedo – gritó – No lo entienden… no lo entienden

-¿Entender?

La tumba de Dios se sacudía fuertemente. En unos momentos retumbaba y en otros sus paredes parecían colapsar. El ritual comenzó. La pierda negra fue puesta en su sitio mientras afuera la Estrella Negra se posaba sobre los edificios de las compañía de la familia Kaioh. La tierra se sacudió de nuevo. Truenos y relámpagos que con fuerza cruzaban por el cielo. El fuego emergió de entre las paredes de la tumba para destruir la historia que se escribió hacía tanto tiempo, hoy se dictaría una nueva Leyenda donde sus personajes volvería a tener una segunda oportunidad para reescribir sus finales. El sarcófago se abrió mostrando las energías de Isaac. Melissa no pudo evitar llorar, se acercó para con una oración rendirle honor pues al final reconocía él fue más que un amor pasajero.

- Hasta pronto mi querido Isaac

Lentamente se cerró el sarcófago mientras de él emanaba extrañas energías que se acumulaban en la piedra negra. Otras escaparon al cielo para perderse en la nada. Pero algo estaba mal, las energías que se generaban de ambos sarcófagos parecían luchar entre ellas. El techo se abrió y todas fueron expulsadas afuera.

- No puede ser – se transformó en el Ángel Negro para ir a detener semejante locura

Los cristales resplandecían como nunca. Orión observaba el que él tenía en su poder. Uno rojo que resplandeciendo causaba pequeñas llamas hasta que se desvaneció. Artemis por su parte gritaba como loco observando al cristal levitar, chilló peor cuando vio se desvanecía. Haruka tuvo que soltar los suyos pues la energía generada estaban destrozándola por dentro. Su mirada se llenó de asombro al verlos desaparecer. Miró por la venta el cielo pensando si Michiru había dado inicio a la sucesión por error. Los restantes cristales se encontraban en el interior de la nave, también brillaron intensamente para acudir al llamado. Pero falta uno… Cristal "Vida y Muerte"

-¡Espera! – gritaba el Ángel dándose cuenta del fatal error

- Mami – corría contento por el parque el pequeño Henok

- Ya vamos a casa precioso, es tarde y parece lloverá – observaba Clarissa el cielo nublado

- Mira Ángel viene por Amy

-¿Ángel? ¿Cuál…? – se quedó pasmada observando a la criatura descender

-¡Cuidado!

Demasiado tarde. El rayo se impactó contra el pequeño. La tierra se desprendió a lo que siguió una fuerte explosión. Una enorme cantidad de energía fue liberada del cuerpo del pequeño. Entre gritos y llantos Henok perdió la consciencia.

-¡No lo permitiré! – gritaba Marts invocando a su elemento

Pero ya nada valía… el niño estaba en brazos de Clarissa. La mujer lloraba amargamente pidiendo por ayuda.

-¡Mamá! – llegaba Amy aterrada – ¿Qué sucedió? – miró al Ángel Negro

- Lo siento – musitaba

-¡Prometiste no hacerle daño!

- Fue un error – gimió el ser

-¡Es tu culpa! – gritó Clarissa – algo en mi corazón me lo decía… No te detuve cuando te fuiste con ese muchacho porque sabía que terminarías haciéndole daño a mi niño

- No es así mamita… yo lo amo – lloraba la jovencita – lo único que he intentado es salvarlo… déjame ayudarlos

-¡Lárgate! ¡Lárgate! – gritaba protegiendo a su pequeño – no queremos interfieras más en nuestras vidas

- Lo siento – repetía Amy llorando

Pero de nada valían las disculpas, ella traicionó, se condenó cuando vendió su alma y también condenó a los suyos. Escuchó la ambulancia. Rei intentó consolarla pero ella solamente anhelaba venganza. De un empujón se quitó a su amiga para huir.

La ciudad entera convulsionaba presa de extraños fenómenos. Si bien el clima hacía mucho se volvió caótico ahora se agregaron las energías que clamaban piedad, venganza y un pedazo de ese mundo en que habitan los mortales. Sin duda el universo gritaba por un nuevo orden, por ese nuevo Dios que debía reclamar su lugar… el trono. Haruka levantó su vista sabiendo que ya era tiempo, si permitía que Michiru siguiera titubeando corría el riesgo de perderlo todo. Se estiró perezosamente y se levantó llevando consigo su cofre de tesoros. Fue toda una proeza detener a la Estrella Negra. Se rió animadamente pues casi sabía quién había sido el torpe que activó el sistema. Auque la nave hizo todo el trabajo seguía faltándole dos cristales: "Vida y Muerte" y el que le pertenecía a Michiru. Llamaron a la puerta.

- Voy – silencio – ¿Amy?

Allí frente a ella la poderosa Sailor Mercury. Su primera reacción fue la defensiva, sabía que irían a impedirle ascender al trono pero no creyó tan pronto se dieran cuenta estaba tras aquel caos. Retrocedió mientras se preparaba a invocar sus poderes. Amy entró cerrando la puerta con furia detrás de sí. La rubia apretó los puños lista para la batalla pero lo que vino fue aún más asombroso y contradictorio. La mirada de la jovencita era realmente escalofriante, en ella se leía el ansia de poder, el deseo de pasión y el amor que se pierde en el aire, anhelaba venganza. Su rodilla derecha cayó al piso e inclinó su cabeza en una muestra de respeto y lealtad

- Necesito tu favor Dios – suplicó la jovencita con la mirada fija en el piso

-¿De qué hablas?

- Tú subirás al trono y te convertirás en uno de los dioses… Te ofrezco mi lealtad, necesito de ti… Puedo ayudarte… Puedo hacer por ti lo que desees…

Haruka tomó el mentón de la chica para levantar su rostro y poder así contemplar sus ojos. Sí, allí estaba esa mirada penetrante y ese arrebato de pasiones. Levantó una ceja divertida sin entender por qué acudía a ella

-¿Puedo saber a qué viene tu sumisión? – con un movimiento de su mano le indicó se levantara, era muy embarazosos que estuviera así

- Ella atacó a mi hermano

-¿Ella?

- El Ángel Negro… Melissa

-¿No es más fácil rendirle lealtad y recupera tu libertad?

- No… Quiero verla arrodillarse ante ti y pedir por la misma clemencia que él pidió… ¡Quiero hagas algo! ¡Dame mi liberta! No quiero seguir así, dame el poder que ella me pretende arrebatar – y extendió la mano mostrando el cristal que le faltaba a la joven – no puedes ascender al trono sin esto

-¿No temes te lo quite?

- Te conozco

Suplicó tantas veces para que ella lo dejara fuera de sus tratos, le imploró por su bienestar y tranquilidad y si Melissa violó su pacto Amy no se detendría ante nada para destruirla…

Acabó de vestirse. Se vio al espejo sin poder dar cabida a la hermosura que irradiaba, se sabía muy hermosa, y hasta le daba cierto crédito a las palabras de su amante cuando la llamaba vanidosa pero hoy aceptaba había algo especial y maravilloso en su ser. Se observó fijamente encontrando ese destello mágico y hechizante en su mirada. No podía creer a dónde la llevó el destino pues ella no pretendió llegar a este punto. Sus sueños eran un poco más mundanos y simples, anheló ser una gran violinista y poder estar siempre con Haruka. Ella era su único sueño, lo único que de verdad amaba sin otra clase de sentimientos mezclados ¡La amaba! Al punto de hoy seguirla ciegamente en su juego. No, podía ser sincera, aunque fuera solamente consigo. La seguía por beneficio propio. El dolor se volvió insoportable y la vida difícil de ser llevada. Se miró de nuevo y ahora vio cómo el destello de sus ojos se marcaba un fulgor pasional indescriptible. El amor mata, envenena el alma…

Su vida pudo ser feliz pero el destino le arrebató la oportunidad así que decidió emplear ese viejo lema campal para los destinados a la fatalidad. Si la vida te da limones pues haz limonada… Solamente que hasta sus limones eran agrios. Sin embargo no podía decir que todo estuvo perdido, conoció el amor de su vida y ¿quién puede jactarse de tal logro? No, eran de esas raras oportunidades que se dan a aquellos tocados por la divinidad. Amó y ese perfecto ángel la amó ¿Podía pedir más? Y entonces recordó esa noche fatal en que decidió hacer suyo el destino, en que las decisiones fueron tomadas y buenas o malas hoy viviría su consecuencia. No importaban sus razones para los demás sino para ella misma. Su padre le robó su lugar, su felicidad y ella solamente la recuperó. Es tan difícil pues todos usan máscaras y se esconden siendo quienes no son, viviendo entre mentiras… Se colocó su antifaz, dejando las preguntas para un después pues su fiesta estaba por iniciar.

El baile de máscaras ya había comenzado. A la fiesta acudieron grandes personalidades y algunas personas que Haruka ansiaba vieran su ascenso al trono. Serena fue una de las invitadas al igual que sus amigas. Pero ellas aun no llegaban a la fiesta. Todas estaban reunidas en casa de Rei preparando el plan perfecto pues entre averiguar quién era el enemigo el por qué Haruka las invito a al fiesta se sentían un tanto perdidas

- Yo digo que vayamos – propuso Lita apenas recién recuperada del ataque de la nave – después de todo créele al gato tonto ese nunca fue buena idea

- Es cierto – secundó Mina – nunca fue bueno con nosotras

- Ah pero tú no vas – sentenció Rei – estás todavía muy delicada, te dieron un balazo niña

- Y qué ya sacaron la bala eso no me vuelve una inútil

- Yo no sé… pero creo debemos hablar con ellas y con Orión

-¡Él le dio ese prendedor a Lita! Su intención siempre fue buscar que su energía cargara el otro cristal – chilló Luna – lo siento tanto chicas… yo les pedí confiaran en él

- No te apures Luna, todos los enamorados hacemos tonterías – le guiñó el ojo la rubia

- Como sea creo debemos ir a la fiesta… además – se miró a sí misma y a las demás – ya estamos vestidas para la ocasión

- Buenas noches

-¡Amy! – gritaron al unísono las jovencitas

- Creímos no vendrías más – musitó Lita – ¿Cómo sigue tu hermano?

- Mal – bajó la mirada y una lágrima se le escapó – pero eso no importa ahora, debemos detener esto antes que alguien más de nuestros seres queridos salga lastimado

-¡Muy bien! El equipo vuelve estar reunido – gritó Mina con la poca energía que le restaba

- No te desanimes Serena, encontraremos a Kared y lo convenceremos de unirse a las chicas buenas y hermosas ¡Juntos lucharán! Porque

- Soy Sailor Moon y te castigaré en el nombre de la Luna Hurra, hurra – decía con tan poco entusiasmo que ya no hallaba Rei qué más hacer

Se fueron a la fiesta en el auto de Rei. La morena sentía cierta suspicacia por el repentino cambio de Amy, se veía un tanto mal pero su mirada se veía llena de odio, no creía estuviera triste por su hermano sino ansiado una venganza. Ojala Mina pudiera ir con ellas, así se sentiría mejor.

- Todo estará bien – la animó Amy

- Gracias – sonrió la niña de coletas

- Allá nos verá Darien – anunció Lita colgando su móvil

- Pues manos a la obra

Acaba de llegar. Era un verdadero palacio. Se asombraba mucho de nunca haberlo visto, la dama del fuego conocía todas las grandes mansiones de Tokio. Quizás se debiera que por muchos años estuvo abandonado, después de la muerte de Ummy Tenoh la casa se cerró y no se permitió a nadie su entrada hasta hoy que Haruka Tenoh volvía abrir sus puertas con el afán de mostrar el poderío de la familia.

- Buenas noches – las recibió el mayordomo

- Qué linda fiesta – suspiró Serena – Todos usan máscaras

- Es de máscaras niña tonta – le reprendió Rei

- No me regañes. Oye ¿crees que esté Kared aquí?

-¿Lo dudas? – sonrió perversamente Amy

La multitud guardó silencio y dejó de bailar, la orquesta cesó pues su instinto natural les advertía algo muy malo ocurría. Sus miradas se clavaron en ella. Unos leves murmullos apenas fueron percibidos, preguntaban quién era. Y la respuesta no tenía muchas palabras. Haruka Tenoh el dueño de aquella impresionante residencia, ese perfecto palacio en que hoy celebraban una de las mejores y más lujosas fiestas dadas en todo Japón. Recordaban la época de dinastías y reyes. Hasta ella se veía como un príncipe. Se movió entre la gente buscándola. Su mirada reconoció esos ojos y con un ademán la invitó a la pista. El tiempo había llegado. La orquesta había vuelto a tocar pero las demás personas seguían embelezadas observando la majestuosidad de un príncipe moderno y la divinidad de un ángel caído del cielo.

-¡Son ellas! – gritó Lita – es Haruka, la reconocería en cualquier lado

- Bien, encárgate de vigilarlas, veré si puedo encontrar al muchacho ese

- Sí

-¿Dónde se fue Serena y Amy?

- No te apures solamente salieron a tomar un poco de aire Rei

-¡A dónde se fueron!

- Por allá – y Lita no entendió por qué la jovencita estaba tan nerviosa, Serena estaba segura con Amy ¿o no?

- Buenas noches – saludó Haruka

-¡Hola! – tartamudeó nerviosa

-¿Bailamos preciosa?

El reloj marcó las once de la noche. El momento había llegado por fin. Haruka se despidió de Lita, debía atender a sus invitados y comenzar el fin del mundo. Así se lo dijo pero la jovencita tan embelezada estaba que no se dio cuenta de la confesión. La observó irse mientras su corazón palpitaba de amor.

- No encuentro a Serena – chillaba la morena sacándola de su encanto

- Está con Amy

- Algo anda mal, ayúdame a buscarla

Y de verdad que algo estaba muy mal. Amy tenía una mirada diferente, algo aterradores que empezaba a causar un temor indescriptible en la joven de coletitas. Ya era la quinta vez que le pedía regresaran a la fiesta, con Rei. Amy seguía con la mirada calvada en el balcón observando a esa nada en que su alma se desvaneció.

- Serena… Ya no queda nada para nosotras

-¿A qué te refieres Amy?

- A que debemos elegir estar con los ganadores… Necesito el cristal de Plata

-¿Cómo?

La joven se dejó ir sobre ella. La tomó del brazo forcejeando hasta que la acorraló contra el balcón. Serena sentía que se caería pero ni así soltaría su cetro Lunar donde estaba el cristal. Amy le dio una fuerte patada en el abdomen y la niña cayó de rodillas.

-¡Detente Amy! – gritó Rei

- No te acerques – levantó a la muchacha del cuello y protegiéndose con ella le hizo frente a sus amigas – es hora del cambio… Haruka subirá al trono y yo estaré allí para ayudarla

- No puedes hacernos esto – chilló la morena

- Ya lo hice – masculló molesta – ahora retírense

-¡No lo permitiremos! – gritó Lita – Haruka nunca te pediría que lastimaras a Serena

Amy sonrió de forma cruel. Llevó el brazo de Serena a su espalda en un movimiento salvaje. Ahora tenía en sus manos el cristal, ya no necesitaba más. Se acercó al balcón y soltó a la princesa para de un salto trasformarse en Sailor Mercury

- Burbujas de Mercurio ¡Estallen!

- No veo nada ¡Serena!

-¡Aquí Rei! – lloraba la niña

- No te muevas – la besó en la frente – no puede estar lejos

- Se llevó el cristal de plata

- Eso no importa… sino que tú estés bien

Y el cielo entero se quedó asombrado pues la espera había terminado: Dos nuevos Dioses subían al trono. Esa noche con su manto de estrellas y la luna asomándose lista recibían con gloria al todopoderoso. El paraíso y el infierno, la luz y la oscuridad, el día y la noche. Una lágrima por el Dios que pereció. Gitanos soñadores que vuelan lejos pues esto es cosa de mortales y para los nuevos dioses solamente hay música hecha adrede para llamar a las pasiones y enamorar al mismo infinito… deseo y el único sueño que perduró fue ella… Sus ojos azules contemplaban su hermosura y majestuosidad, se irguió y con paso firme avanzó para ocupar su lugar en el universo. Y ella con su mirada triste y profunda observó a su compañera rubia en espera de lo que el corazón dictara. El lamento de los condenados llegó a sus oíos. La luna iluminó sus rostros dándoles un toque angelical y hechizante. Cerraron los ojos buscando sus manos, en unos minutos más se separarían. Michiru acudiría al edificio Kaioh para ocupar su lugar en el trono y Haruka se elevaría hasta lo alto de lo que fuera la antigua residencia Tenoh donde tomaría posesión de su herencia. Ésta era la noche, la que todos esperaron tanto y ahora el viento susurraba la calma, la marea se elevaba omnipotente mientras sus cuerpos se quedaban ausentes de mortalidad.

- El cristal – musitó Sailor Mercury apareciendo cuando vio que Michiru se había desvanecido

- Es hora del cambio – abrió sus ojos – no permitas que nadie interfiera…

- Sí

Se desvaneció entre pétalos de rosas para posarse en lo alto de la residencia Tenoh. El cielo retumbaba presa de sus constantes arrebatos pues imploraba por paz, por el Dios que se esfumó. Detrás de Haruka se encontraba el pilar mayor. La fortaleza de todo el Palacio de Dios. Allí había atado a Lindsay para que cumpliera su destino

- No puedes decir que no te he dado un poco de felicidad –acarició su rostro lleno de sangre

-¡No lo permitiré!

-¿Qué harás Lind? Éste siempre fue tu destino… Tú naciste para ocupar mi lugar… para con tu sangre calmar la furia de los dioses… He dejado que escuches para que puedas oír el mismo lamento que yo oigo cada noche. Tal vez así entiendas por qué naciste sorda… Sabes, mi madre te hizo un gran favor

-¡Todos ustedes están locos! – le escupió llena de rabia y la rubia la abofeteó

- Te arrepentirás

Invocó a los despiadados Dioses, hoy tenía su tributo, la tierra bebería la sangre del Heredero, de uno de los hijos de los dioses. El mar perdió su calma y embravecido devoraba a la tierra, la tormenta se intensificó y la tierra colapsaba a cada segundo. Un pequeño remolino de pétalos se formó frente a Haruka. La joven frunció el ceño sin entender por qué Michiru regresó

- Deberías estar en el trono

- Quería ver qué hacías – rió con cierta mueca de desprecio – ¿Por qué ataste a Lindsay al Pilar?

- Necesito vayas al edifico Kaioh y te prepares para abrir la tumba

- Suéltala, ella va conmigo

- No puedo dejarla ir preciosa – la tomó entre sus brazos – es hora del cambio… elige entre su vida o la mía

- Nadie ascenderá al trono hasta que no la liberes – se separó de ella

- Me has pedido la verdad tanto tiempo y es hora la conozcas…