..:: Las Chicas de la Lista ::..

II

Noviembre llegó envuelto en el característico clima inglés, dejando un blanco manto de nieve en los terrenos de Hogwarts. Habían pasado ya casi dos semanas desde la visita a Hogsmeade y ninguna de las chicas había vuelto mencionar nada relacionado con la lista. Ni siquiera cuando Lily entró en la Sala Común y Potter volvió a acosarla exigiéndole una disculpa por haberle maldecido (hecho que le costó otra maldición más)... Ni cuando al día siguiente Sophie tuvo que transplantar las últimas adquisiciones de la Profesora Sprout junto con Lupin... Ni cuando a Alyssa volvieron a preguntarle cómo fue su momento con Black... Ni cuando Amanda, cansada cinco días después, dejó a Matt en medio del Gran Comedor. Bueno, en esta última escena en realidad sí que comentaron algo sobre ir a la caza del hombre perfecto ahora que volvían a estar todas disponibles a la vez.

Y es que ni en sus mejores años, es decir, cuando estaban en quinto curso, se habían sentido tan satisfechas con ellas mismas. Las cuatro estaban al acecho de cualquier posible candidato que cumpliera, no ya con los requisitos de la lista, si no más bien que pasara la prueba del "fin de semana". Pero durante el tiempo que intentaron seguir adelante con sus vidas sentimentales tuvieron que sortear unos cuantos obstáculos. En realidad, tres de ellas sortearon los obstáculos mientras que Amanda, cegada por una nueva sensación de libertad, disfrutaba paseándose por los pasillos del colegio.

Obviamente Lily siguió enfrascada en su particular guerra con Potter, quién desenfundaba su varita cuando algún chico posaba sus ojos en la pelirroja. Alyssa también se encontraba en medio de una guerra, aunque una no tan pública como la Evans vs Potter. O por lo menos resultaba muy sospechoso que todo aquél que la invitaba a salir terminara por cancelar la cita por exceso de deberes: sin duda, Black era más sutil que su amigo. Sophie, por su parte, no sabía lo que hacía. Despertaba por las mañanas con la misma fuerza y vitalidad que Amanda, pero en cuanto intentaba dar algún paso con alguien, Lupin aparecía en su campo de visión, haciéndola sentir culpable por algo que ni siquiera había hecho. Y aunque el chico nunca dijo nada ni se acercó a Sophie en ningún momento, tan sólo sentir su mirada bastaba para que la chica perdiera las fuerzas con las que se había levantado.

.- ¡La madre que te parió!

Los pocos rezagados que aún quedaban en la Sala Común de Gryffindor miraron con curiosidad hacía el ala de los dormitorios de las chicas. Un torbellino moreno bajaba corriendo las escaleras, huyendo, sin duda, de los gritos que muchos adivinaron como los de la Prefecta Evans.

.- ¡Buenos días! – Saludó Alyssa con una sonrisa a los curiosos de la Sala Común para desaparecer tras el retrato de la Dama Gorda. Y aunque sabía que en el pasillo su vida no corría peligro (al menos de momento), siguió corriendo hasta llegar a los restos del desayuno en el Gran Comedor.

Puede que se hubiera pasado un poco con la pelirroja... ¡No! ¡Mentira! Además, ella se lo había buscado, por andar haciendo bromas con temas delicados. Si a la pelirroja no le gustaban que nombraran a Potter en su presencia, pues que ella tampoco hiciera alusión a los enemigos de sus amigas. Las consecuencias se traducían en la pelea que seguramente Lily estaría librando con la manguera de la ducha.

.- ¿No te has olvidado de alguien? – le preguntaron Sophie y Amanda cuando se cruzaron en la entrada del Gran Comedor.

.- No, que va – contestó la joven mientras miraba con gula los restos del desayuno.

.- ¿Seguro? – Preguntaron con desconfianza.

.- Seguro... ¡Nos vemos en clase!

Y mientras Alyssa se las ingeniaba para colocar cantidades ingentes de comida en sus brazos, las dos Ravenclaws se dirigieron tranquilamente al aula de Historia de la Magia.

.- Cómo me alegro de que ninguna de las dos seamos Gryffindors... – murmuró Sophie – Nuestra relación sería demasiado estresante...

.- Yo también te quiero – fue la respuesta de Amanda mientras se fundían en un efusivo abrazo. A continuación, estallaron en carcajadas.

Por su parte, Alyssa había optado por una rápida evasión del Gran Comedor: cuanto más estuviera en movimiento, más tardaría Lily en cazarla. Así, la Gryffindor había seguido los pasos de sus dos amigas diez minutos después. Sabía que llegaba tarde, pero no le importaba puesto que el Profesor Binns nunca se enfadaba con sus alumnos. Por el contrario, Lily era de las que pensaba que llegar tarde a una clase supondría una gran mancha en su intachable expediente, aunque el profesor de dicha clase tuviera todo el tiempo del mundo (ventajas de estar de muerto).

.- ¡Tú! – Bramó una voz a la espalda de Alyssa.

Lentamente, para darle dramatismo a la escena más que nada, la aludida se giró encarándose con la furiosa pelirroja. Manteniendo los ojos fijos en su amiga, Alyssa estudiaba sus opciones de fuga: la clase de Historia de la Magia estaba relativamente cerca, le sacaba ventaja a Lily y siempre había sido más rápida que ella. Por lo que con la idea de posponer el intento de asesinato que su compañera Gryffindor buscaba, salió corriendo hacia el aula. Cuando alcanzó la clase, ni siquiera llamó a la puerta antes de entrar y, por supuesto, ni siquiera esperó a que la pelirroja se pusiera a su altura.

.- Perdón – se disculpó cuando fue consciente de que había interrumpido la clase – Mi despertador se ha roto – Consciente también era el gesto de sujetar el pomo de la puerta mientras Lily intentaba abrirla desde fuera.

.- Está bien, Señorita Byron, pero que no vuelva a repetirse – Y girándose de nuevo a la clase, el Profesor Binns se dispuso a continuar con la lección, hecho que habría logrado si, cuando al soltar Alyssa el pomo para sentarse, Lily no hubiera abierto la puerta con gran ímpetu.

.- Lo siento – se disculpó esta vez la pelirroja.

.- ¿El despertador también? – preguntó el profesor – No me molesta que lleguen tarde a clase, Señorita Evans, pero por lo menos no lo hagan de uno en uno.

Y volviendo a disculparse, Lily se sentó junto a Alyssa en sus habituales sitios, al final de la clase y detrás de Sophie y Amanda.

.- Yo que tú dormiría con un ojo abierto esta noche – amenazó la pelirroja a su compañera de cuarto mientras vigilaba a Binns. Sophie y Amanda las escuchaban con disimulo.

.- Pero si tengo un ojo abierto, entonces no estaría durmiendo – razonó Alyssa. La gélida mirada de Lily, junto con la risa reprimida de las Ravenclaws, le indicó que ya había tentado demasiado la suerte en lo que a su amiga se refería. Por los menos durante ese día...

...sss...SSS...sss...

Incomprensiblemente, Alyssa consiguió aplacar la furia de la pelirroja durante las dos horas siguientes. No obstante, gran parte del mérito se la llevaban la cantidad de hormonadas compañeras de estudios, que andaban por los pasillos más revolucionadas que nunca.

.- ¿Qué demonios pasa hoy con todo el mundo? – Preguntó Lily de mal humor cuando un grupo de Hufflepuffs estalló en agudas risitas a su lado. Dos pasos mas adelante, esta vez unas Ravenclaws de quinto volvían a reír sujetando una revista de llamativos tonos rosados.

.- Creo que tiene algo que ver con la revista esa – razonó Amanda detenidamente - ¿No es esa del "Corazón de no sé qué"?

La pregunta quedó en el aire. La verdad es que ninguna de ellas leía publicaciones dónde la noticia bomba fuera el último triángulo amoroso del equipo de Quidditch que lideraba la liga, por lo que despidiéndose hasta la comida, las cuatro se separaron para continuar cada una con su propio horario.

Lily giró en uno de los múltiples pasillos del Castillo, en dirección a su clase de Encantamientos avanzada. La verdad es que le encantada esa clase, no sólo porque se le diera bien, si no porque en ella hacía lo que más o menos se imaginaba que era la magia antes de saber que ella misma era una bruja. Y mientras andaba con el libro de hechizos en las manos, estudiando brevemente la lección que se iba a impartir en clase ese día, se vio rodeada por el grupo de los Merodeadores. ¿Cómo era posible que ahora estuvieran delante de ella cuando habían salido detrás y del mismo aula?

.- ¡Lily! – fue el tono alegre en la voz de James Potter lo que hizo que la aludida frunciera el ceño - ¡Qué casualidad!

.- De casualidad ninguna, Potter – Lily intentó pasar por un lado, pero el chico fue más rápido – ¿Quieres dejarme de una vez? Esto que haces se llama acoso y es delito, ¿sabes?

.- Prongs, nosotros nos vamos – Remus agarró a Sirius del brazo para tirar de él.

.- Nos vemos en clase.

Y desapareciendo por el mismo pasillo por el que había llegado la pelirroja, los dos amigos se dirigieron a sus respectivas clases.

.- Vamos, Lily – James volvía a la carga – Sal conmigo… sólo una vez.

.- ¡No!

.- Pelirroja… - si había algo de admirar en el joven era su infinita paciencia, por lo menos en lo que a la Gryffindor se refería - ¿Es por lo de Charles? Pero si ese chico no te conviene.

.- ¿Enserio? – la chica empezaba a cansarse – Y según tu criterio, ¿quién me conviene? No, espera, déjame adivinar – interrumpió la joven al ver que James se disponía a contestar - ¡Tú! ¡Tú eres mi príncipe azul!

.- Bueno, no sé si azul, pero desde luego sí que puedo ser tu príncipe.

Lily reprimió los instintos de cruzarle la cara con el enorme libro de Encantamientos que repasaba hacía un momento.

.- Olvídame, Potter – dijo mientras le sobrepasaba dirección al aula – Nunca comprenderás los verdaderos motivos del por qué no salgo contigo.

Lily estaba punto de desaparecer por la esquina, feliz de haberse librado una vez más del Gryffindor, cuando fue él mismo quién la llamó:

.- Pues entonces déjame averiguarlos – puede que fuera por el tono cansado con el que el joven pronunció esas palabras, pero consiguió que Lily le mirara – Y te demostraré que no soy la insufrible persona que crees que soy…

En todas las veces que James le había pedido una cita, siempre había habido una sonrisa pícara en sus labios. Pero por primera vez Lily se replanteaba el hecho de que el chico no estuviera de broma: ¿y si lo que sentía por ella no era sólo una cuestión de conquista? ¿Y si todos estos años de desplante hacia el Gryffindor le habían dolido de verdad?

.- ¿Y qué propones?

Resultaba increíble cómo sólo una pregunta podía volver a sacar al Potter de siempre. Pero es que esa simple pregunta suponía para James una luz al final de un túnel bastante negro.

.- Puedo demostrarte que poseo todas las cualidades de la lista.

Las palabras resonaron por la cabeza de Lily. La lista. ¿Su lista? ¿La que elaboraron ella y sus amigas bajo los efectos del calor de Las Tres Escobas, una cerveza de mantequilla y un momentáneo y reprimido odio hacia el género masculino en general? Imposible. Él no podía saber eso. Ni siquiera estaba en la taberna.

.- ¿Lista? – preguntó con temor a la respuesta - ¿Qué lista?

.- Debí suponer que tú no leerías esas cosas… - murmuró James – La famosa lista de "El hombre perfecto" que publica esa revista rosa… ¿Cómo se llama? – el chico cerró los ojos haciendo memoria - ¡Corazón de bruja! Una cursilada, pero la mayoría de la población femenina de Hogwarts anda revolucionada por ese artículo y toda la población masculina cabreada por el mismo.

Puede que, después del pequeño paso hacia delante que James había conseguido en su relación con Lily, esperara algo más por parte de ella, sobre todo cuando se estaba jugando la tan ansiada cita con la chica. Pero en aquellos momentos, la pelirroja tan sólo acertó a decir con los ojos muy abiertos:

.- ¿Qué?

Y así había sido. Cuando Potter volvió a repetirle lo de La Lista (aunque el chico ni siquiera llegó a terminar la historia), Lily salió corriendo al aula de Encantamientos con la esperanza de encontrarse por el camino a uno de esos ruidosos grupitos que tanto la irritaban minutos antes. Pero como la Ley de Murphy así lo dicta, no fue hasta que entró en el mismo aula de Encantamientos que encontró lo que buscaba.

.- ¡Confiscada! – exclamó a la vez que realizaba un Accio no – verbal. Inmediatamente, la revista voló hasta sus manos.

.- ¡Eh! – el grupo de las siete Hufflepuff que leían en círculo se giró contra ella – ¿Con qué acusación te quedas la revista? – preguntó la que parecía ser la líder.

.- Por la de contaminación acústica – Lily se impacientaba cada vez más por descubrir que la famosa lista no era más que una graciosa casualidad – ¿No sabéis que vuestras risas rebasan el umbral de de lo que un ser humano puede soportar?

Con expresión de ofendidas el grupo se disolvió para ocupar sus asientos. La proclamada líder siguió comentando en murmullos lo que haría si Evans no fuese Prefecta y Premio Anual. Ajena a todo esto, la misma Evans se dejaba caer en la silla, tirando su mochila al suelo y abriendo la revista. Un rápido vistazo le bastó para sacar la conclusión de todo.

.- Mierda.

sss…SSS…sss…

Aunque pudiera sonar a fanatismo, DCAO era la asignatura favorita de Alyssa. Siempre desde una perspectiva de curiosidad por saber y morbosidad por las cosas que se podían hacer, la Gryffindor era posiblemente de las mejores de su clase. Y esta afirmación cobraba aún más mérito cuando prácticamente el resto de tus compañeros son Slytherins pseudos – mortis. Los únicos que se salvaban eran Remus Lupin y un Ravenclaw obsesionado por destacar incluso por encima de sus propios compañeros de casa.

Y debido a esta falta de opciones a la hora de la formación de equipos, Alyssa se había quedado rezagada junto a Lupin ultimando los detalles para el próximo trabajo juntos (el Ravenclaw había pedido expresamente trabajar solo, se encontraba capacitado). Este fue el error, permanecer demasiado tiempo junto a un Merodeador.

.- Hola, Alyssa.

Sirius Black pareció emerger por detrás de su amigo. En un imperceptible gesto, Remus entornó los ojos mientras la chica le miraba brevemente antes de volver a lo suyo.

.- Entonces, Remus, después de la cena en la Biblioteca… Hasta luego.

Mientras la Gryffindor se iba, Remus se dispuso a hacer lo propio con su compañero, pero Sirius fue más rápido.

.- Alyssa… por favor…

.- Para ti soy Byron, Black – Alyssa se giró para encararse con el chico: ante un Merodeador no se podía mostrar miedo – Guardemos las distancias, ¿eh? Al fin y al cabo, es lo que haces con todas las que han pasado por tu cama, ¿verdad?

El rostro de Sirius encajó el certero golpe mientras la chica desaparecía por el pasillo. Aún así pudo oír como Remus comentaba:

.- Te lo mereces. Te comportaste como un auténtico cabrón.

Lo que ya no pudo oír fue la respuesta de Sirius.

.- Sí, lo sé… soy un gilipollas integral.

Y eso mismo iba pensando Alyssa, que Sirius era un gilipollas con el que había tonteado bastante en serio hasta que uno de los ex – rollos de él los había pillado. Y aunque dicho ex – rollo no vio más que "los preliminares", la versión que al día siguiente corría por los pasillos del colegio era bastante más pornográfica. El enfado de Alyssa se derivaba de algunos comentarios jocosos que el propio Sirius había añadido ante la mayoría de los alumnos (chicos todos ellos) de su propio curso. Desde entonces, el joven Gryffindor siempre bajaba la cabeza en presencia de Alyssa, como un cachorro al que regañan.

.- Tenemos un problema – Lily se interpuso en su camino, frente a la entrada del Gran Comedor.

.- ¿Ahora? – preguntó con un estudiado tono mimoso – Pero es que tengo hambre.

Sophie y Amanda, situadas a los lados de la pelirroja, negaron con la cabeza en señal de no entender nada.

.- Ahora – confirmó Lily. Y el tono empleado fue suficiente como para que las tres chicas entendieran que se trataba de algo grave y debían seguirla sin protestar.

El aula que solían escoger cuando necesitaban hablar con urgencia tenía una ubicación perfecta, no por nada había pasado medio año buscando (y otro medio preparándola para no sufrir una reacción alérgica al polvo, todo ello a escondidas de Filch). Así, a medio camino entre la Sala Común de Gryffindor, la Sala Común de Ravenclaw y las cocinas, se encontraba "La Celda", nombre sugerido como broma de mal gusto, más que nada.

.- Bien, ¿cuál es la catástrofe?

Por respuesta, Lily le lanzó la revista de Corazón de Bruja a Amanda mientras le sugería que leyera en voz alta el artículo de la primera página.

Una vez, un buen amigo me dijo que si se sabía observar con atención aprenderíamos muchas cosas de aquellos que nos rodean. Pude comprobar la veracidad de esta afirmación durante mi última visita a Hogsmeade, mientras me documentaba para otro artículo. Resultó que ese mismo día coincidía con la visita de los alumnos del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Me encontraba refugiada de los primeros copos de nieve de mediados de Octubre en Las Tres Escobas, la taberna más famosa del lugar, cuando los comentarios de unas jóvenes brujas, estudiantes del colegio, llamó poderosamente mi atención.

Su conversación giraba en torno a los chicos, nada fuera de lo normal para unas adolescentes. Lo que ya no resultaba tan común era que los comentarios no estuvieran destinados a elogiar a algunos compañeros o desprestigiar a otros: en fin, todos en su día nos dejamos arrastrar por las hormonas. Más allá de eso, las osadas estudiantes, de quienes desconozco su casa en Hogwarts al no llevar el uniforme, se atrevieron a dar un paso más elaborando una lista con aquellas cualidades que consideraban importantes, tal y como se detalla a continuación:

Y detalles sí que se daban a continuación. Más incluso de los que las propias protagonistas de la lista podían recordar. Y es que la tal Rita Skeeter no se había dedicado tan sólo a calcar la lista, sino que además había reproducido casi en su totalidad la conversación que las chicas mantuvieron durante la misma. "Casi en su totalidad" por los retoques que, obviamente, la periodista le había hecho: en su favor, en ningún momento se daban nombres completos que pudieran identificarlas a ellas o a compañeros del colegio, tan sólo las nombraba como las señoritas A, B, C y D. En su contra, también se habían eliminado algunas de las frases que pudieran identificar La Lista como lo que verdaderamente era, una broma entre unas amigas.

.- ¡Pero esto está totalmente sacado de contexto! – Exclamó Amanda con los ojos desorbitados.

.- Ya lo sé – replicó Lily – Lo he leído cuando les he quitado la revista a las Hufflepuff.

Es, sin duda, la reflexión de un grupo de adolescentes hastiadas del género masculino en general. Si bien ahora debemos preguntarnos, ¿son estas chicas culpables de la elaboración de semejante lista o, por el contrario, aún sin ser mayores de edad han conseguido dar forma a los pensamientos de todas las mujeres? Lo que no deja de ser chocante en que unas jóvenes brujas, futuro de nuestra sociedad mágica, necesiten destacar cualidades tan superficiales. Señoras, juzguen ustedes mismas.

Tras un breve cruce de miradas, ninguna se atrevió a hablar. Tan sólo Alyssa hizo un comentario que le pareció gracioso.

.- Por lo menos podía habernos pagado por derechos de autor. Esto es apropiación indebida de la propiedad intelectual.

.- No es gracioso, Lyss – Lily le recriminó.

.- ¿Y qué esperas que diga? – preguntó – "¡Vaya zorra por robarnos la idea!"

.- ¡No lo sé! ¡Pero no te pongas a hacer chistes con esto! – Lily intentaba hacerle entender lo que ella había comprendido en cuanto acabó de leer el artículo – Las últimas líneas son un llamamiento a la opinión pública femenina, y en una sociedad tan machista como la mágica, ¿te haces una idea de lo que puede llegar a pasar?

.- ¿Tú crees? – los padres de Amanda eran magos y, a decir verdad, un tanto tradicionales. Si descubrían que uno de los comentario más picantes lo había dicho ella, ya se podía considerar casada y con hijos.

.- Aún así sigo pensando que dramatizas – Alyssa se sentó en una de las mesas de la habitación – Ni siquiera dice nuestros nombres.

.- Porque no puede – Sophie habló por primera vez desde que entraron en la habitación – No porque no los sepa.

.- ¿Qué quieres decir?

.- Que no hemos hecho nada ilegal, por tanto, no puede citarnos en ningún medio sin nuestro consentimiento. Podemos demandarla y meterla en un buen lío si lo hace – explicó Sophie, aunque ninguna sabía de dónde había sacado tantos conocimientos legales – En este momento, el anonimato es nuestra mejor carta.

Tras esa breve introducción al ámbito jurídico, Lily se quedó más tranquila. Aún así quedaba una pregunta sin resolver.

.- ¿Hacemos algo? ¿O lo dejamos correr?

.- Yo voto por dejarlo correr – Alyssa levantó la mano – Cuanta más munición le demos a la "periodista" esa, más oiremos hablar del tema.

.- ¿Y si le escribimos una carta? – Amanda habló tímidamente – Y le decimos que no siga con nada relacionado con La Lista, que podría causarnos problemas personales.

Sophie, Lily y la propia Amanda se giraron hacia Alyssa. A fin de cuentas, era ella la que tenía dudas, y ninguna pensaba hacer nada sin el consentimiento de las otras tres: estaban juntas en esto y si caía una, caían todas.

.- Vale – se rindió – Pero sólo una carta para pedirle que lo deje, y si continúa, la ignoramos.

sss…SSS…sss…

Estimada señorita Skeeter:

Nos sorprendió encontrar en su revista la lista que nosotras cuatro, amigas desde que comenzamos Hogwarts, elaboramos de broma una aburrida tarde de fin de semana. Igualmente, nos encontramos molestas puesto que, al leer el artículo, observamos consternadas como usted había manipulado deliberadamente nuestra conversación (privada, por cierto), dando lugar a confusiones innecesarias. Por eso mismo, le pedimos que no continúe con nada relacionado con La Lista, puesto que consideramos que puede causarnos problemas tanto a nivel educativo como personal.

Sinceramente, las señoritas A, B, C y D

Rita tiró la carta a la chimenea encendida de su casa: no podía dejarlo ahora. Desde la publicación del artículo, las lechuzas no habían dejado de sobrevolar la redacción de Corazón de Bruja, y su jefe, emocionado por el éxito, le había pedido que averiguara el nombre de esas cuatro chicas y las convenciera para una entrevista en exclusiva, antes de que otro medio se adelantara sólo por la revolución mediática que el artículo había tenido.

Y aunque esa carta no hacía más que confirmar sus sospechas de que una entrevista con ellas iba a resultar prácticamente imposible, el primer paso era averiguar quiénes eran. Pero colarse en el colegio tampoco iba a ser fácil, por lo menos no mientras siguiera siendo Rita Skeeter. Así que desempolvando el libro de Transformaciones Humanas que arrinconó cuando empezó a trabajar en la redacción, decidió que debía retomar sus estudios de animagia particulares… ¿En qué clase de animal se transformaría para poder pasear por Hogwarts a sus anchas?

sss…SSS…sss…

Parece imposible, pero sigo viva. Sé que hay mucha diferencia entre la publicación de un capítulo y otro, pero esto de escribir únicamente lo hago para sentirme bien conmigo misma. Y aunque reconozco que en mi cabeza toda la historia está montada y acabada, escribirla es otra cosa. Soy una maniática escrupulosa del orden y la limpieza, he repasado el capitulo mil veces antes de publicarlo, por lo que si os encontráis algún error lo siento, no lo he visto.

Pasando a otra cosa, muchas gracias a Boggart Girls, Vics23js, mimig2, Melissa Black de Potter, Ginna Isabella Ryddle y fascinating melody por molestarse en dejar un comentario: siempre se agradece.

No voy a predecir una fecha de publicación para el tercer capítulo, tan sólo aseguro que antes o después lo haré. Aunque últimamente viajar en tren me inspira demasiado (o me aburre, como se mire), pero Febrero está a la vuelta de la esquina y Junio tampoco queda tan lejos. ¡Bye!