°°°In memorie°°°
Capitulo I. Elliot
Bajaba por el camino de siempre, el sol a medio despertar anunciaban un dia nevado de invierno, los pies seguros vigilaban cada paso hacia el destino predeterminado. El cabello rubio bailaba con el viento helado que al tiempo quitaba el ligero rubor de las suaves mejillas. Las manos cómodamente en los bolsillos de un pantalón negro, que delineaba las ágiles piernas, arremolinaban en la espalda un gabán café oscuro, largo casi hasta el piso, dejando al descubierto la camisa beige que ocultaba placidamente la figura debajo de esta.
Todo sugería una nevada
Respiraba hondo, dejando el aire en forma de vapor flotando como un objeto mas del paisaje. La sonrisa acompañaba los ahora pálidos labios, había algo especial en ese tres de octubre, la luz promiscua del sol brillaba en los dorados ojos haciendo que todo intento de frió alrededor de él languideciera.
Se dirigía al hospital, su ex novia trabajaba ahí como enfermera, ex novia por que ahora era su esposa y pese al estado de embarazo tan avanzado en el que ella se encontraba no quiso dejar de trabajar, razón por la cual el tomaba el mismo camino casi todas las mañanas para recogerla, llevarla a casa y hacerla descansar mientras preparaba una buena cantidad de chocolate caliente.
Compraron una casita, casi a las afueras del poblado en el que vivían cuando se casaron. Ellos se conocieron, dos año atrás, en condiciones no favorables y mucho menos lindas, pero lo justo para permitir que ambas almas se acercaran y no les quedara lugar a dudas: sin importar lo que sucediera ellos iban a estar siempre el uno para el otro.
En el hospital se encontró con que su mujer estaba en la sala de maternidad, a ella siempre le gustó estar rondando por ahí desde que se casó soñando con la idea de darle un hijo a su esposo, siempre con la misma rutina que parecía cada dia hacerlos mas felices. La bella enfermera pese al blanco reinante, mantenía una cálida sonrisa y ni la ventisca más fría lograba desaparecer el tímido rubor de las mejillas de la mujer, su tez blanca estaba enmarcada por el cabello castaño, liso, mas hermoso que su esposo juraba jamás haber visto. Los ojos límpidos y joviales, del color de las almendras mezclado con toques de verde natural y rayos de sol, sonreían cuando el alma se sentía tan cerca del hombre al cual juro amar eternamente. El camino era largo pero nunca tedioso, se cubrían mutuamente con un abraso cómodo, reían de buena gana con las cosas que los clientes le contaban a él mientras reparaba las cosas que le traían y de vez en cuando se dedicaban deliciosos besos cargados del azúcar que da el hecho de saber que hay algo en común. Amor...
Isabel Arcenaux, era el nombre de esta amable y afortunada mujer, encontró a este apuesto joven luego de una extraña explosión en las cercanías, ella había escuchado todo el revuelo que el suceso había provocado dos años atrás y decidió ayudar voluntariamente, en ese momento decidió que hiba a ser enfermera. Muchas cosas pasaron ese dia pero lo mas importante fue el hallazgo del joven herido, totalmente magullado, sobre todo el torso, por el metal destrozado de sus prótesis mecánicas. No sabia nada de si mismo, no recordaba nada en su pasado, absolutamente nada, solo alquimia y como ser un buen ejemplar de humano, por esto la enfermera resolvió llamarlo Elliot. Luego de un buen tiempo, casi ocho meses, de estar en observación y en recuperación, los médicos decidieron darle de alta y fue entonces cuando le pidió matrimonio a Isabel. Así fue como finalmente Elliot e Isabel Arcenaux contrajeron nupcias en medio de las festividades del pueblo, añadiendo al ambiente festivo el feliz acontecimiento de dos almas que se habían perdido en el cosmos y ahora se unían por fin. Elliot no era del tipo convencional de hombres, al parecer de la enfermera. Desde que lo conoció él mostró una incasable motivación a recuperarse y casarse con ella, siempre estaba haciendo algo, investigando, haciendo preguntas, observando y de vez en cuando escuchando.
Desde que lo vio en el hospital por primera vez Isabel se sintió atraída por él pero nunca se lo dijo, fue el mismo Elliot el que dio el primer paso en esa relación. Era algo extraño al principio, no tanto por la diferencia de edades sino por las estaturas: Isabel era mas alta que su hombre misterioso, pero eso se arreglo con el tiempo. Ahora era el rubio mas alto que ella, también se veía un poco mayor, eso si que no lo sabría precisar con perfección la enfermera ya que no lo conocía de antes, no sabia su edad exacta, pero si se veía mucha madurez en esos ojos dorados. Tan extrañamente dorados… tan amadamente dorados…
Pero siempre fue una obsesión para ella saber quien era en verdad ese Elliot
Elliot fue el nombre del hermano mayor de Isabel que murió en un penoso accidente en una mina, en Xenotime, y el apellido de la familia quedo como Arcenaux, ya que no valía la pena ponerse mas nombres falsos.
Por su parte Elliot adoraba a Isabel por haberle dado esperanza cuando de había olvidado del significado de esa palabra, por brindarle una sonrisa junto con el sol, por haberle recordado la felicidad y por haberle enseñado el amor y sus intrincados e íntimos secretos. Ambos compartían el misterio de una familia que por alguna razón debió desaparecer para finalmente encontrar la calma al otro lado de la tormenta.
Al llegar a casa Elliot hizo que Isabel se recostara en el sillón de la sala, como siempre solía hacerlo ya que Isabel se negaba a ir a descansar en la cama, mientras la dulce cotidianidad le demandaba preparar el chocolate.
Tranquilo en la cocina, encendió el fuego, puso la leche a hervir y dispuso sus pensamientos en la tormenta de invierno que acababa de empezar cuando un grito desde la sala interrumpió la meditación del rubio obligándolo a salir corriendo.
Elliot! Elliot ven pronto!- Isabel nunca había gritado con tal urgencia
Amor, que pasa! Porqu...- las palabras se interrumpieron al ver a Isabel respirando hondo y con un quejido sofocado causado por las contracciones.
Elliot… creo... creo que ya es hora!- apenas logro decir la pobre mujer mientras otra contracción la obligaba a apretar los labios
Llamare a un doctor, esta bien? Respira tranquila, vendré en un minuto!- en el fondo no quería separarse de ella, pero no podía permitir tampoco que diera a luz sola, al menos el no sabia nada de partos, a pesar de que la situación en la que se encontraba ahora le parecía de algún modo familiar. Desgraciadamente afuera la tormenta no dejaba dar ni un solo paso y el solo hecho de haberse asomado ya era un suplicio para sus prótesis que se congelaban con solo imaginarlo. Pensó en usar la alquimia, y lo iba a hacer cuando en ese momento diviso a la Señora Brodie, la única vecina que tenían metros a la redonda, era la única esperanza. De todas maneras era una vieja sabia.
Señora Brodie!- grito Elliot con todas sus fuerzas para evitar que la tormenta se llevara sus palabras. -¡SEÑORA BRODIE!.
OH! Elliot- la anciana giro la cabeza y camino hacia el desesperado hombre que la evocaba como si fuera un ángel salvador, y de verdad que en esos momentos lo era- que pasa muchacho?- pregunto una vez estuvo mas cerca.
Ayúdeme- suplico Elliot, jadeante por el esfuerzo de llamar a su vecina y por mantenerse caliente aun cuando sus partes mecánicas se lo impedían, luego reparando en el frió que seguramente sentía la solicita anciana agregó una invitación a pasar a la casa.
Que pasa Elliot!- insistió la señora Brodie mientras se dirigían trabajosamente a la casa Arcenaux
Es Isabel, mi esposa, esta dando a luz y yo...
En serio!- interrumpió la anciana- pobres muchachos... vamos rápido, RÁPIDO! No hay tiempo que perder!- la anciana increíblemente arrastro al preocupado hombre. Cuando por fin entraron la señora Brodie rápidamente se quito el abrigo, se sacudió la nieve restante y le dicto una lista de cosas al solicito Elliot. Luego de unas angustiosas horas el nuevo bebe conoció la luz del hogar y fue nombrado Alphonse. Alphonse por que Elliot no podía pensar en otro nombre para este bebe de cabello rubio oscuro, casi castaño, y ojos como los de su madre. Se le dispuso el apellido Arcenaux. Alphonse Arcenaux nació junto con la tormenta de invierno mas fuerte que hubiera azotado el humilde poblado, obligando a la señora Brodie, ahora llamada Abuela Brodie, a quedarse junto con la joven familia.
En los ojos de Elliot solo había orgullo y amor paternal, su hijo, ¡SU HIJO! Él iba a ser la nueva razón de su existencia. Por él y por su esposa iba a sortear todo tipo de obstáculos, solo por verlos felices. Isabel, ella si estaba agotada, el cuerpo níveo había soportado el dolor mas tremendo que la naturaleza creadora poseía, pues este hijo que estuvo creciendo en ella durante nueve meses resulto ser un robusto y saludable bebe. Todas las fuerzas contenidas en el acto supremo de dar a luz se desvanecieron con el primer llanto de vida emitido por la criatura. Isabel tenia un espíritu fuerte, pero ahora solo quería dormir, en el mundo no hay nada como traer vida, puede que sea algo feliz pero es también agotador.
La Abuela Brodie ayudaba en lo que podía para poner a la mujer mas cómoda, ella no era la madre de ninguno de los dos nuevos padres pero se comportaba como tal ya que, hasta donde se sabia, ninguno de los dos tenia familia. Los padres de Isabel murieron de una enfermedad poco antes que el hermano mayor en el mismo Xenotime, ya iban a ser casi ocho años, Isabel no se encontraba con su familia, estaba estudiando en el poblado en el cual ahora vivía junto con la Señora Brodie y con Marie, la única hija de la amable señora.
Cuando Isabel se durmió Elliot la llevo suavemente escaleras arriba, hasta la cama de dos plazas, atrás la Señora Brodie cargaba al bebe Alphonse, el cual también descansaba, el mundo es un lugar muy complejo y se necesitan muchas energías para seguir descubriendo, y una vez ubicada la dulce imagen de la madre con su hijo en brazos, Elliot dispuso una habitación contigua para la Abuela. Acomodó las cobijas y proporciono mullidos almohadones a la anciana, pese a todo ella no durmió, miraba la pared que daba a la habitación donde dormía ahora Isabel, como si de alguna manera podría llegar a traspasarla. Luego de unas horas se envolvió en las múltiples cobijas y se dirigió a la habitación contigua. Ahí encontró al joven de cabello dorado sumido en el mas tierno sueño, abrazando fervorosamente con su única mano humana la cansada cabeza de su esposa y con su brazo de automail rodeando a ambos, la cabeza apoyada en el hombro izquierdo sugería el prolongado tiempo que había invertido en la contemplación de su hijo... su hijo. La Señora Brodie se quedo un rato en silencio admirando la escena desde el umbral de la puerta, luego, levantando su inconsciente maternal, cubrió con una de las múltiples cobijas en las que se había envuelto a Elliot, protegiéndolo del frío. Acerco una silla y vigilo el sueño de los tres hasta el amanecer y el final de la tormenta...
Pasarían seis años antes de que la verdadera tormenta se desatara.
bien, si me quieren linchar entonces al menos esperen hasta la segunda entrega del fic (XD) ahi decidiran si es necesario que gasten sus energias en acabar con mi existencia o si es tan malo como para dejarme vivir porque la verdad no vale la pena..
jejeje, cualquier duda, comentario, critica, chiste, receta, bomba, antrax, vacuna, perro, gato, perico, chocolate, veneno, etc, etc por favor a reviews
¡gracias!
