bueno, bueno, he aqui el segundo capitulo de esta rosa historia... va especialmente dedicado a mi unico review (TmT arigatoooo) ArehFullFreak... pero solo una cosa te advierto Areh.. las cosas no van a ser tan rosadas por siempre...
seh, esta historia la verdad no cansara demasiado... buajajaja
ap! otra cosa que se me olvido el anteerior capi y por lo cual casi me lanzo un zapato.. EJEM!
Disclaimer: Fullmetal Alchemist es propiedad de Himoru Arakawa sensei... la historia aqui escrita no tiene animo de lucro ni enriquecimiento ilicito, no se violan los derechos de autor salvo en algunos casos de extrema urgencia, solo hechos para continuar la historia y darle un poco de sentido, si en algun caso los lectores sienten que mis acciones y/o palabras son inapropiadas estan en su libre derecho de demandar, pero cualquier tipo de atentado de palabra u omision contra mi persona (incluyendo enajenacion mental) sera duramente castigado por la justicia competente, en el anterior concepto se incluyen cualquier tipo de correspondencia que tenga incluida una bomba, armas biologicas (incluyendo las no menos mortales medias de deportista), canciones de los 80´s, videos de barney o de los teletubbies, objetos decorativos con los susodichos programas grabados, brocoli, perejil y/o un abogado.
gracias por la atencion recibida.
ahora continuen por favor... ¡y por lo k mas quieran, dejen un review!
Capítulo II: Tringham
-¡mami!-- unas manitas se movían en el aire queriendo acercar al ser querido lo más pronto posible.
-Vamos Al!-- dijo animado el padre del pequeño. Al, le parecía tan hermosamente familiar llamar a su hijo de esa manera. Lo hacía con un tono cariñoso, que no pertenecía a un hijo sino a un hermano, y se preguntaba porque, pero al llamar así a su hijo, inmediatamente una imagen de unos ojos avellana se le venía a la mente, unos ojos cálidos y una sonrisa tierna, parecida a la de su hijo, pero que no era la de su hijo. Él lo sabía, y se preguntaba porque, pero decidió negar el asunto, negarlo mil veces. Olvidarlo… pero estaba tan arraigado a su corazón.
-Mami! Mami!-- la voz del niño jugueteaba con esa primera palabra. Alphonse Arcenaux iba a cumplir cinco años, cinco grandiosos años.
-Aquí están mis dos hombres-- dijo sonriendo la enfermera acercándose a su esposo y a su hijo.
-cariño, te extrañamos muchísimo-- saludo Elliot sonriéndole a su mujer.
-yo también los extrañe-- respondió Isabel, bajando al pequeño jinete de los hombros de su padre.
-mami! En la escuela vimos unas mariposas grandes.
-No te dio miedo?
-No porque yo voy a ser Alquimista Nacional. No puedo tener miedo
-Es todo un héroe, no lo crees amor?-- dijo divertido el rubio a su esposa.
-Si…-- la respuesta de la enfermera fue más como un susurro inevitable.
-Sucede algo?-- Elliot se preocupo de inmediato al notar que su esposa no estaba muy feliz que digamos.
-Es que… -- respondió esta mirando a los ojos a su esposo, esos ojos dorados y profundos-- bueno que más da, me trasladaron a central. Tengo que estar ahí en un mes.
-y… eso es lo que te tiene tan mal?-- respondió el hombre dejando escapar una sonrisa de alivio.
-bueno, hemos estado aquí… y trasladarnos… ¡a Central!
- vamos querida, no es tan malo, tendremos mejores cosas, además… eso podría ser muy bueno para Alphonse. Ahí hay muchas buenas escuelas.
-Si mami!, además ahí están los Alquimistas Nacionales. Y el Fhurer!
-el Fhurer… en serio quieres conocerlo hijo?-- pregunto la madre.
-si…-- respondió el niño con un ligero rubor en sus mejillas.
-vamos querida, el nuevo Fhurer es el mejor, ha evitado muchas guerras y además si ve a nuestro Al quizás le de alguna beca para estudios de alquimia-- bromeo Elliot
-si!-- respondió, esta vez animado, el chico
-que bueno que les haya gustado. Estaba preocupada por lo que fueran a decir.
-y qué opinas tu Isabel-- dijo Elliot. El llamaba muy pocas veces a su esposa por su nombre, generalmente usaba palabras cariñosas para referirse a ella. Pero cuando el nombre de la enfermera era dicho significaba que iba en serio.
-yo opino que es una excelente oportunidad para todos. En Central las cosas son más fáciles de conseguir, y además son de mejor calidad, y el trabajo abunda y tiene mejor paga. Y…
-y no te gusta la idea de dejar el pueblo—agregó, serio, el hombre-- Isabel. Si no quieres no lo hagas.
-es una oportunidad única cariño!-- respondió esta suplicante.-- tenemos que aprovecharla, yo no me quiero quedar aquí para siempre... tu si?
-no, no quiero si tu no quieres cariño-- respondió este sonriendo cálidamente, abrazando a su mujer. Isabel no lo quería admitir pero presentía que algo iba a suceder en Central. Era un anuncio nefasto, pero lo ignoró. Reemplazo su preocupación por una dulce mirada a su hijo y a su esposo que la estaban viendo al momento en el que los tres salían del hospital. Isabel era feliz, y nada se lo podría arrebatar… ni siquiera las miradas envidiosas de las otras enfermeras, no la envidiaban por el nuevo cargo, por el ascenso o por que se iba a Central. La envidiaban por su esposo. Isabel lo sabía, Elliot lo sabía, Alphonse no lo sabía… pero de todas maneras los tres opinaban que la envidia era mejor despertarla que sentirla.
-adiós abuelita-- dijo el pequeño niño abrazando fervorosamente a la Señora Brodie.
-adiós mi pequeño consentido-- respondió esta abrazando también al niño-- pórtate bien, hazle caso a tu mama y a tu papa. Y escríbeme de vez en cuando.
-si, vendremos a visitarlos a menudo-- respondió el niño sonriendo.
-hasta pronto Abuela-- se despidió Elliot abrazando también a la amable señora-- hasta pronto…
-iré a visitarlos yo también-- susurro la Abuela abrazando al ojidorado. Este se tuvo que inclinar para que la ancianita lograra depositarle en una de sus mejillas un beso de hasta luego.
-por favor escriban a menudo-- agrego Marie Brodie que estaba con ellos también
-claro que si Marie querida-- respondió Isabel con lagrimas en sus ojos. A ella nunca le gustaron las despedidas-- escribiremos tan a menudo que ustedes nos pedirán que ya no lo hagamos más-- bromeo un poco para quitarse el dolor del corazón.
-les hice algunos pastelillos-- agrego la joven Brodie-- espero que les gusten
-seria un pecado decir que no nos gustan Marie-- dijo con una sonrisa el hombre de cabello rubio acercándose a la joven.
-si ya lo imagino-- rió Marie-- por favor cuídense-- agrego abrazando a Elliot, por segunda vez él tuvo que inclinarse para recibir el abrazo y el beso de despedida.
-siempre has sido una hermana para nosotros Marie-- agrego Elliot-- y nos duele muchísimo no poder estar en tu boda. Así que te daremos un regalo por adelantado-- una gran sonrisa apareció en el rostro de los que se iban, Isabel se acerco con un gran sobre en la mano y se los entrego a la joven que con asombro los recibió.
-es un pequeño detalle. Te mereces mucho mas mi querida hermana, pero es todo lo que podemos hacer por ahora-- dijo Isabel sonriendo y conteniendo algunas lagrimas que se le escapaban por el rostro.
-qué es?-- pregunto la joven.
-ábrelo! Es algo bonito-- dijo el niño impaciente.
-vamos cariño, no lo pienses tanto-- sugirió el prometido de Marie, riéndose de la indecisión de su futura esposa.
-esta bien-- dijo la mujer abriendo el sobre y sacando unas escrituras-- no… no puede ser!
-así es-- respondió Elliot, las risas de emoción y los abrazos no se hicieron esperar. Luego los Arcenaux subieron al carro que los llevaría a Xenotime, para poder coger un tren que los llevara a Central.
Se despidieron y desaparecieron en la distancia.
-Marie querida… soy demasiado vieja o solo muy lenta pero que te dieron?-- pregunto un poco avergonzada la anciana mujer con una gran sonrisa en el rostro.
-me dieron su casa, madre-- respondió la joven también sonriendo, pero con algo que opacaba sus ojos.
-entonces… no piensan regresar…
-no madre querida, al parecer no…
-ya llegamos-- dijo Elliot con voz ausente al momento que el carro paraba su marcha junto a la estación de Xenotime, Isabel suspiro. Ese lugar le traía muchos recuerdos, unos agradables, otros no tanto. El pequeño Alphonse solo se limitó a asomar un poco la vista. Jamás había visto trenes tan de cerca.
-Cariño, que te parece si Al y tu buscan algunas meriendas para el viaje?-- sugirió el rubio a su esposa
-Pero las maletas…
-No te preocupes. Mira que la estación esta justo aquí. Además no me perdonaría jamás que ustedes carguen con cosas mas pesadas que unos ricos pies y algunas manzanas-- respondió sonriendo
-Vamos mami, mira que hay cosas ricas!
-Está bien-- suspiro la mujer-- está bien… pero
-Pero nada, ahora vallan… traigan algo delicioso, esta bien?-- les sugirió Elliot mientras su esposa y su hijo se alejaban.
-Si papa, será algo rico!... y también manzanas!
-Si… manzanas-- repitió Elliot sonriendo y agitanado la mano. Ambos estaban ya cruzando la esquina cuando se dispuso a pagarle al chofer y a bajar las maletas… que a propósito eran muchas.
-Y eso que la mayor parte del equipaje ya lo mandamos a central-- dijo a si mismo.
El chofer amablemente se ofreció a ayudarle con lo que quedaba del equipaje hasta entrarlo en la estación. Luego Elliot se sentó sobre la pila de maletas esperando… el cielo era azul y tan grande, grande como solo puede ser la libertad.
Era todo tan perfecto y pacifico. Tan lleno de cosas que le hacían suspirar… y temer.
-E… disculpe… señor-- una voz joven distrajo a Elliot de sus aparentes pensamientos.
-¿Si en que le puedo ayudar?-- respondió este girando un poco para ver a su interlocutor.
-Es, de casualidad es usted familiar de Edward Elric?
-No…-- respondió pensativo el hombre de ojos doraros-- no lo siento
-A… siento haberlo molestado señor…
-Elliot Arcenaux mucho gusto-- respondió rápidamente levantándose y ofreciendo su mano con una sonrisa.
-Mucho gusto señor Arcenaux, soy Fletcher Tringham-- saludo el joven sonriendo igualmente pero dudando de la veracidad de las palabras del hombre al cual le estaba hablando—disculpe—agregó-- ¿donde se hizo eso?-- pregunto mirando el brazo de metal de su interlocutor.
-Humm. Supongo que en un accidente, la verdad no recuerdo-- respondió éste ambiguamente.
-Lo siento señor Arcenaux, he sido demasiado entrometido, es solo que… bueno Ed fue un viejo amigo que desapareció hace ya un tiempo y sinceramente usted se parece muchísimo a el.
-No se preocupe-- respondió el hombre de cabello rubio con una sonrisa amplia, mostrando todos los dientes-- Edward Elric es ese niño genio?, ese que era Alquimista Estatal.
-¡Si! ese mismo, ¿sabe algo de él?
-No en verdad, es mi hijo el que se sabe la vida completa de ese Edward. Es su héroe, quiere llegar a ser Alquimista Estatal como él.
-¿En serio?-- respondió interesado el joven-- eso es motivador. Y… puedo preguntarle cómo se llama su hijo?
-Se llama Alphonse, cumplió cinco años en octubre.
-Así que Alphonse…-- respondió pensativo el joven de ojos azules.
-Si, ¿sucede algo?
-No!, es solo que ese es un nombre muy escaso por estos lugares.
-A… ya, bueno y…-- Elliot fue interrumpido por el anuncio del tren que estaba arribando-- ese es mi tren. Tengo que subir las maletas.
-Por favor déjeme ayudarle señor Arcenaux, es lo mínimo que puedo hacer por usted.
-No por favor no se preocupe…
-Insisto.
-En ese caso-- respondió el hombre--¿podría ayudarme con estas por favor?
-Claro!-- respondió el joven de ojos azules con una amplia sonrisa. Había algo en el hombre al cual ahora ayudaba que no encajaba en las características de su amigo perdido, empezando por que este hombre era realmente alto, y tenia una sonrisa relajada todo el tiempo. Pero esos ojos… esos ojos no podían ser de cualquier persona, estaba dudando, demasiado, y eso no le agradaba.
-Fletcher!-- otra voz. Era de un hombre, pero no parecía muy mayor.
-¡Aquí estoy!-- respondió el aludido agitando la mano mientras ayudaba a subir una maleta en los vagones del tren.
-Disculpa pero, quien es él?-- pregunto intrigado Elliot
-Es mi hermano mayor. Olvide que estaba haciéndole un favor…
-Lo siento, fue culpa mia, yo hice que olvidaras tus prioridades-- se disculpo sonriendo ampliamente otra vez. Ahí estaba, esa sonrisa. Esa sonrisa.
-Fletcher donde diablos esta…-- el hombre venia en una carrera furiosa gritando desde lejos el discurso preparado para esta clase de ocasiones pero se interrumpió al instante al ver a la persona a la cual su hermano estaba ayudando.
-Em… bueno veo que en serio me parezco a aquel amigo que se les perdió-- comento el hombre, aun sonriendo, pero desviando la mirada hacia cualquier sitio.
-Mira hermano-- intervino el otro inmediatamente-- él es el señor Elliot Arcenaux. Tiene un hijo que admira mucho a Edward Elric.
-Y… entonces… tu… cielos.-- el hombre que llegó no podía concretar ninguna frase. Estaba en shock.
-Lo siento no me he presentado apropiadamente.-- dijo Elliot bajándose del vagón, quitándose los guantes, para luego pasarle la mano derecha al hombre que acababa de llagar, dejando al descubierto el automail-- Elliot Arcenaux.- -concluyo, al estar de pie frente al hombre comprobó él que era un poco mas alto que el que ahora saludaba, y de una inexplicable manera se sintió increíblemente feliz, triunfante y animado. Pero no quería admitir esos sentimientos tan infantiles en alguien que ya estaba casado hace más de cinco años.
-A… mucho gusto-- respondió el recién llegado dudando un poco de si era verdad lo que el otro le decía, pasando la mano al automail-- soy Rusell Tringham. Un placer conocerlo
-El placer es todo mío. Me disculpo por haberle quitado a su hermano. Es solo que estas maletas son muy pesadas y le pedí que por favor me ayudara-- una sonrisa avergonzada apareció en el rostro del hombre de ojos dorados. Que terrible coincidencia, si es que la era, por que este hombre realmente se parecía a aquel que se había perdido hace un poco menos de ocho años.
-Entonces-- agrego el mayor de los Tringham-- déjeme ayudarlo a mi también. Esas cosas realmente se ven pesadas.
-Si así es-- respondió riendo pausadamente Elliot-- es que viajo con mi esposa y con mi hijo. Se fueron a buscar algo para el viaje.
- ¡Pues están en el sitio indicado!, aquí tenemos cosas deliciosas, ¿no es cierto hermano?-- comentó el mas joven de los Tringham.
- Si… si vuelven por aquí los llevaremos a un sitio de lujo.
-¡Papi!-- el grito de un niño en plena carrera se agrego a la conversación de un momento a otro-- ¡papi mira lo que conseguimos!-- dijo el niño cuando estuvo mas cerca indicando un gran pie de manzana que se veía delicioso.
- ¡Eso se ve fantástico!-- respondió el aludido bajando rápidamente del vagón para saludar a su familia.
- Hola cariño-- saludo Isabel sonriendo plácidamente cargando una gran bolsa con toda clase de golosinas y frutas.
-Valla veo que consiguieron un gran botín-- rio Elliot acercándose a su mujer quitándole el paquete-- lo llevare a nuestros puestos-- agregó
- No, yo puedo cariño, no me quebrare por eso.
-A propósito, he sido muy descortés últimamente. Isabel querida, Al, ellos son los hermanos Fletcher Tringham y Rusell Tringham. Se han ofrecido amablemente a ayudarme.
-Mucho gusto señores-- dijo la enfermera inclinándose un poco.
-El gusto en nuestro-- respondieron los dos a coro.
-Son…-- dijo el pequeño niño dudando un poco de sus palabras-- son, Alquimistas Nacionales no es cierto?- finalmente soltó Alphonse con increíble rapidez.
- Si… así es-- respondieron otra vez a coro los dos jóvenes sonriendo.
- En serio!, y… y que son. Como hacen!
-Yo soy el Alquimista del Bosque-- dijo el mas joven-- obtuve mi licencia apenas este año.
-Yo soy el Alquimista del Agua Roja-- respondió el mayor manteniendo una sonrisa-- ya llevo un poco mas de dos años con el título.
En serio… wow-- dijo Alphonse con un brillo en sus ojos-- y por que así?
-¿Así?-- repitió el mayor.
-Si… los nombres.
-A, esos los pone el Fhurer.
-¡¿ustedes conocen al Fhurer?!-- los ojos del niño se iluminaron de una manera que les resulto familiar a los dos jóvenes que ahora se miraban extrañados.
- si, todo Alquimista Nacional lo conoce, ya que es él, y no el parlamento, el que da las licencias-- explico el menor con la mayor sencillez posible.
-entiendo-- dijo el pequeño de ojos avellana, pensativo, con una manita sosteniendo su mentón-- y, entonces, ¿me podrían enseñar algo de alquimia cuando regrese a Xenotime?
- ¡por supuesto que si!-- dijo el mayor.
-la próxima semana vamos a viajar a Central, quizás nos encontremos-- recordó Fletcher
-bueno, en ese caso, pueden pasar por nuestra casa-- invito Isabel, buscando un papel y algo con que escribir, anoto una dirección y se la entrego a los dos jóvenes alquimistas-- esperamos que para ese entonces ya esté un poco más presentable-- dijo riendo la enfermera.
- muchas gracias Señora Arcenaux, estaremos impacientes-- dijo el mayor, mientras que el menor hacia una pequeña venia de despedida.
- un placer conocerlos-- dijo Elliot al final subiendo a los vagones del tren que ya anunciaba su partida--los estaremos esperando.
El tren empezó su marcha, lenta al principio, con mucho ruido, y finalmente se alejo de los andenes dejando atrás a un par de jóvenes que miraban indecisos el aire que los rodeaba, llevando en su mente el recuerdo de esos ojos amarillos.
-Hermano… -- dijo el menor al mayor
-Así es-- respondió aun sin dejar de ver el horizonte-- no hay duda.
Ambos se dieron media vuelta para regresar a sus asuntos… ya nada era distinto de lo que estaban pensando. Mientras tanto en el tren que conducía a Central, una joven mujer de cabello castaño miraba a su esposo con detenimiento. Ella había escuchado toda la charla que se refería a "Edward Elric" con aquel joven.
-Hijo-- pregunto repentinamente Isabel-- ¿sabes de qué me entere?
-¿De que mami?-- la pregunta inocente en los ojos del niño hizo que por un momento Isabel reflexionara en lo que iba a decir, así también pensó en quedarse en silencio cuando la sonrisa de su esposo se cruzo en su mirada. No quería pero si todo lo que sospechaba era cierto entonces tenía que hacerlo.
-Me enteré de que hay un Alquimista Nacional en Central, es el Alquimista de las Almas. Y a que no adivinaras nunca como se llama-- esto lo dijo con una chispa fingida en los ojos, para que no se notara tanto hacia donde ella quería llegar.
-Se llama… déjame ver-- esta vez fue Elliot el que hizo una mueca graciosa para animar a su esposa a que dijera de una vez por todas como se llamaba su descubrimiento.
-Bueno, se llama Alphonse-- dijo Isabel, los ojos del niño se hicieron grandes por la sorpresa-- Alphonse Elric-- finalizo la enfermera con una sonrisa.
-¡Alphonse Elric!-- repitió el niño con un cómico gesto atribuido a la sorpresa
-Así que, el famoso Edward tenía un hermano-- comento en un murmullo Elliot, como si se estuviera obligando a recordar algo.
final capitulo 2
tan.. tan?
no se pierdan el proximo capitulo de este loko loko fic. estara lleno de mas relatos de absurda felicidad, con mas fresas rosadas en el aire...
si claro ¬¬°
en verdad cada capitulo nos acerca mas al verdadero motivo de esta cosa. Espero que la curiosidad los mate y se atrevan a incursionar en los peligrosos parajes de mi fic... buahahaha
