bueeeeno.
el mesmo disclaimer de la otra vezzz, lo escribo antes de lanzarme algo
Disclaimer: Fullmetal Alchemist es propiedad de Himoru Arakawa sensei... la historia aqui escrita no tiene animo de lucro ni enriquecimiento ilicito, no se violan los derechos de autor salvo en algunos casos de extrema urgencia, solo hechos para continuar la historia y darle un poco de sentido, si en algun caso los lectores sienten que mis acciones y/o palabras son inapropiadas estan en su libre derecho de demandar, pero cualquier tipo de atentado de palabra u omision contra mi persona (incluyendo enajenacion mental) sera duramente castigado por la justicia competente, en el anterior concepto se incluyen cualquier tipo de correspondencia que tenga incluida una bomba, armas biologicas (incluyendo las no menos mortales medias de deportista), canciones de los 80´s, videos de barney o de los teletubbies, objetos decorativos con los susodichos programas grabados, brocoli, perejil y/o un abogado.
ArehFullFreak, arigatooo, y dejame decirte que es por tus reviews que actualizo la historia, al menos se que a alguien en este mundo le gusta esta vaina XD
AREH ESTE CAPI Y TODOS LOS QUE SIGAN VAN PARA TIIII arigato TmT
Capitulo III: Seis Años.
Desde que llegaron a Ciudad Central, un año atrás, Elliot no había hecho más que evitar a los militares a toda costa, estos solo le decían que se parecía mucho a Edward Elric, pero con el tiempo aprendió a negar, y a negarse a si mismo, esa existencia.
Isabel estaba siempre pendiente de lo que pudiera suceder en caso de que alguien reconociera a su esposo como un familiar perdido. Desgraciadamente no se enteraba de los comentarios que los militares hacían a cerca de su esposo.
Alphonse Arcenaux había entrado a una escuela muy prestigiosa, gracias a su ingenio e inteligencia propia, era considerado por sus maestros como un niño genio.
Los hermanos Tringham se hicieron parte de la familia, iban frecuentemente a Central, para presentar sus informes al Fhurer y se hospedaban en la casa de los Arcenaux, ya que ellos no dejaban que se quedaran en otro sitio. Nunca revelaron sus sospechas a alguien distinto a ellos mismos.
Lunes. Inicio de semana, Alphonse Arcenaux estaba callado mientras su padre lo llevaba a clases, pensaba en su plan. Los hermanos Tringham estaban en casa, lo que significaba que treinta minutos mas tarde pasaran frente a su escuela directo a los cuarteles generales. A Elliot no le agradaba estar cerca a ese sitio, decía que había muchos militares, o cosas por el estilo, siempre eran excusas tontas. Pero Alphonse estaba decidido. Iba a entrar y a conocer al famoso Fhurer.
-En qué piensas hijo- pregunto repentinamente Elliot al notar la inusual seriedad que rodeaba a su hijo.
-En nada papi… es solo que mañana cumpliré seis años, es una importante edad, según mis profesores.
-¿A si?- el padre no pudo evitar sonreír ante la situación.
-Si, dicen que a partir de los seis años mi concentración y mi habilidad se harán mejores- dijo el niño, repitiendo las palabras de sus profesores.
-Bueno… entonces serás mucho mejor de lo que ya eres- respondió el hombre de ojos dorados.
-Si, supongo- murmuro el niño, haciendo su plan de escape mientras caminaba.
Finalmente llegaron al sitio. Todos los niños entraban como era costumbre, la profesora principal siempre alerta en el umbral de la puerta, revisando que todos entraran. Alphonse no fue la excepción. Se despidió de su padre y entro normalmente.
Elliot saludo con un pequeño gesto a la maestra y camino hacia su trabajo.
-Es hora- murmuro el niño, ya dentro del instituto, giro a la derecha y camino hacia unos enormes ventanales, estaban muy altos al parecer del niño, pero era algo a lo cual tenia que arriesgarse.
Saltó desde uno de los ventanales y espero pacientemente entre los arbustos de la entrada, cuidando que nadie lo viera. Tal y como lo había esperado, media hora después, aparecieron los hermanos Tringham, riendo y bromeando de lo que le dirían al Fhurer, ninguno se percato de la pequeña presencia que los seguía.
Entrar a los cuarteles Generales no fue muy difícil, los militares estaban todos bien entrenados, pero no para evitar que un pequeño y escurridizo niño se les colara dentro de las instalaciones, y usando cada rincón que pudo encontrar, llego hasta unas puertas imponentes tras las cuales se encontraban las oficinas de quien había venido a buscar.
Entro en silencio, se sorprendió encontrarse con una gran habitación en la cual habían cuatro mesas, llenas de papeles, una frente a otra, y una mas grande al fondo, ordenada y sin un solo papel sobre el escritorio. A lado derecho estaba la puerta que conducía a las oficinas del Fhurer, abrió con sigilo y con temor… nadie.
Tan vacía como la primera habitación, solo que esta tenia muchos libros y un escritorio sorprendente y pulido… con muchos papeles por firmar.
El pequeño Alphonse estaba por dejar la oficina, cuando escucho un ladrido, giro sobre sus talones sorprendido y se encontró con un perro de color negro y blanco, justo tras él. El niño tuvo miedo, aunque el animal no se veía muy amenazante, parecía adiestrado, el pequeño decidió no arriesgarse a que el can lo atacara, así que se sentó sobre la lujosa alfombra, sin moverse un centímetro. Recogió sus piernitas y se quedo viendo al vacio. Esperando a que el animal se distrajera para salir de ahí.
°-°-°-°-°-°-°-°-°-°
-¿Señor Arcenaux?- una mujer de mediana edad se acercaba al hombre con preocupación, Elliot la reconoció inmediatamente como la maestra principal de su hijo.
-En que puedo ayudarla- pregunto él un poco turbado por la actitud de la mujer que ahora estaba justo frente a él.
-Temo que su hijo se ha perdido- aquí la expresión de Elliot fue de un espanto indescriptible- no se a que horas, pero no lo encontramos en ningún sitio. Temo que salió del instituto, temprano en la mañana mientras los otros estudiantes entraban y… lo siento señor Arcenaux.
-Esta bien- Elliot mantenía un increíble autocontrol, increíble porque al principio parecía que iba a explotar- muchas gracias por avisarme. Lo buscare inmediatamente…
-He llamado a algunos militares, ellos me dijeron que conocen al pequeño Alphonse y que ayudaran a buscarlo…- dijo indecisa la mujer.
-Muy bien, me parece estupendo- respondió Elliot con una sonrisa serena en el rostro, clamando los nervios de la pobre dama- entonces, ¿podría usted hacerme un ultimo favor?- la mujer asintió con a cabeza- lleve a mi esposa a la casa y pídale que espere ahí.
-Claro. Yo esperare también.
-Muchas gracias, es usted muy atenta y amable.
la mujer se despidió ya un poco mas tranquila y salió del sitio directo al hospital donde trabajaba la Señora Arcenaux. Elliot comunico de su salida tan repentina a su jefe, él, que había escuchado toda la conversación anterior, no se opuso y dejo que el hombre de ojos dorados saliera a toda prisa.
°-°-°-°-°-°-°-°-°-°
Ya habían pasado tres horas desde que llegara a aquella oficina, el perro no se movía y él tampoco, ahora estaba tumbado en la alfombra mirando el decorado techo.
Una puerta que se abría llamó la atención del niño que se incorporo preocupado, el perro no se movía, varias voces inundaron la otra habitación y parecían acercarse a la puerta que dirigía al sitio donde él se encontraba. Le perro no se movía, Alphonse tampoco, la puerta si…
-BlackHayatte van aquí- llamo una voz femenina, de una militar sin duda pues era autoritaria, pero indudablemente hermosa, solo en ese momento el perro se movió de nuevo, pero solo para ladrar, llamando la atención de la mujer que lo llamaba.
-Cállate perrito- susurro el niño cuando la puerta se abría cada vez mas, dejando ver a los militares que estaban en la otra habitación.
-Que sucede BlackHayatte- la voz esta vez era de un hombre, de aquel que entraba a la gran oficina del Fhurer…
El niño se quedo como de piedra, era el Fhurer, el mismo Fhurer el que estaba entrando ahora, y el sin poder moverse porque de seguro el perro le saltaba encima… estaba asustado, estaba tiritando, pero se dijo a si mismo que eso era lo que había venido a buscar, entonces con una mirada de determinación decidió a afrontar las consecuencias solo.
-BlackHayatte deja ya de hacer tanto…- el hombre que ahora estaba en el umbral de la gran puerta se interrumpió al encontrar al niño en el suelo con una expresión muy seria en los ojos que le era tan familiar- veo que tengo visita- susurró él sonriendo de medio lado acercándose al niño.
-Señor, ¿sucede algo?- la voz de la mujer se materializo esta vez en una hermosa rubia con un arma lista para ser disparada, al ver al niño solo pudo quedarse donde estaba, guardando su arma automáticamente.
-Bueno, tengo visitas inesperadas- bromeo el hombre de cabello negro.
-Es… ¿es usted el Fhurer Mustang?- pregunto el niño, sin moverse de su sitio, sin quitar la expresión de su rostro.
-Si, soy yo, mucho gusto, tu eres…
-Alphonse Arcenaux.- respondió el niño inmediatamente, sin mostrar un solo atisbo de vergüenza o de temor.
-Así que Alphonse… y como se llama tu padre- volvió a preguntar el Fhurer.
-El nombre de mi padre no le dará un culpable, si eso es lo que busca, la decisión de venir aquí fue solo mia- el niño seguía respondiendo sin cambiar la expresión. Los militares de la otra habitación se reunieron curiosos a ver que era lo que pasaba.
-No… busco…- el moreno no salía de su sorpresa, ese niño era definitivamente un genio.
-Nadie ha dicho tal cosa- dijo la mujer desde atrás- mucho gusto pequeño Alphonse, mi nombre es Riza Mustang
-Mucho gusto… señora Mustang- ahora el pequeño si dudaba de sus palabras. Así que era cierto que la esposa del Fhurer trabajaba con el mismo Fhurer.
-Y entonces responderás por el nombre de tu padre?- la mujer le dio confianza al niño quien asintió con la cabeza.
-El nombre de mi padre es Elliot Arcenaux, trabaja en una empresa de medicamentos, y mi madre es Isabel Arcenaux, ella es la enfermera jefe del hospital militar.
-La señora Isabel es tu madre?- una voz masculina hizo presencia en la conversación. Casi al momento apareció un joven que al pequeño Alphonse se le hizo muy parecido a…
-Tu… eres…- el niño giro la cabeza extrañado, juraba haber visto ese rostro en algún sitio.
-Mi nombre es Alphonse Elric…
-¡Elric!- grito el niño efusivamente, muy distante de la actitud fría de un principio- entonces debiste conocer a Edward Elric!
-S..si, es mi hermano…
-¡eres el Alquimista de las Almas!- el niño sujeto cómicamente su cabeza por la sorpresa- ¡Alphonse!- volvió a gritar- esto es grandioso- se dijo a si mismo tomando una actitud y una postura que a todos parecía familiar.
-Y tu conoces a Edward Elric?- pregunto otro de los oficiales que tenia un cigarro en la boca
-No… quisiera pero no. Quiero llegar a ser un Alquimista Nacional como él… y romper la marca ¡seré alquimista a los 10 años!- dijo el niño muy seguro de si mismo
-Y has venido hasta aquí por…- el Fhurer no se cansaba de ver al niño que tenia tantas expresiones que él extrañaba, solo le hacia falta ser un poco mas altanero con él y eso seria todo.
-Porque quiero pedirle el favor de que me deje presentar los exámenes de Alquimista Nacional cuando cumpla los 10. Me he entrenado muy, muy duro. Estudio todas las noches y repaso los fines de semana con mi padre, que es también muy bueno con la alquimia…
-Y porque tu padre no se presenta, así tu tendrías mas oportunidad de realizar tu sueño- intervino repentinamente Riza.
-Bueno… es que papi tiene, bueno, él no quiere… pero me dará el permiso?
-Es algo complicado… no lo se…
-Por favor… yo estudiare mucho, y entrenare aun mas fuerte…
-Mira lo que sucede es que…
-Cuando tenga 10 seré tan bueno como cualquiera que se llegue a presentar a esos exámenes…
-No lo dudo pequeño Alphonse pero eso no depende solo de mi, también esta el parlamento…
-Yo puedo, confíe en mi se lo pido- esos ojos, suplicantes, llenos de ilusión, no hicieron mas que hacer que Roy diera media vuelta e hiciera lo mismo con Riza, pero suplicaban que lo ayuden… él no se podía negar.
-Si puedes convencer al parlamento, quizás lo consideremos- respondió la mujer sin dejar de ver a su esposo. Los ojos del niño se llenaron de alegría y acepto la propuesta gustoso.
-Y entonces tus padres donde están?- pregunto otro de los oficiales que se asomaban por la puerta, este era robusto pero parecía amable.
-Mis padres… si tengo suerte aun no se enteran, creo que puedo llegar a casa antes que ellos…
-Escapaste de tu casa solo para venir a verme?- el Fhurer estaba sorprendido.
-No escape de casa, me fui de clases porque sabia que en la tarde es imposible conseguirlo… ya lo he intentado- dijo el niño sonrojándose un poco.
-Te llevaremos a casa- se ofreció Riza inmediatamente, todos la voltearon a ver, eso de "llevaremos " les sonó a manada, pero la mujer les lanzo una mirada que hizo que todos asintieran aprobando la idea.
°-°-°-°-°-°-°-°-°-°
Isabel miraba nerviosa por la ventana, el medio día había quedado atrás hace no mucho tiempo, su esposo seguía afuera, buscando. Ella no tuvo mas opción que quedarse a esperar… cosa que odiaba profundamente.
Preparo mucho te para tranquilizarse, demasiado en verdad. se disponía a tomar el primer sorbo de la infusión cuando alguien toco el timbre, sin meditarlo Isabel prácticamente arrojo la tasa por los aires, haciendo estruendo en la cocina, corrió y abrió la puerta, al momento no vio quien estaba, solo tuvo ojos para el hijo que se habia perdido y que ahora regresaba a casa sano y salvo.
-Hijo mío!- dijo la mujer arrodillándose besando y abrazando al niño efusivamente
-Mama… no frente al Fhurer- dijo el niño intentando apartarse, haciendo caer en cuenta a la mujer de la importante compañía que ostentaba el pequeño Alphonse.
-Se.. señor- ahora Isabel se incorporaba poco a poco sin creer lo que sus ojos veían, estaba el mismo Fhurer junto a sus escoltas- muchas gracias… por favor pase.
-Gracias señora Arcenaux- agradeció Mustang entrando en la estancia.
-Ustedes también pasen, por favor- ofreció la enfermera a los escoltas que quedaban afuera.
-Muchas gracias señora Arcenaux- volvieron a agradecer en coro los visitantes.
-Por favor, llámenme Isabel. Tomen asiento, puedo ofrecerles algo?
-Es usted muy atenta, pero solo queríamos regresarle a su hijo, no queremos molestarla- dijo el mas joven del grupo, uno que a Isabel le pareció curiosamente parecido a su a…
-No es molestia, por el contrario, no tengo como pagarles lo que acaban de hacer, así que acepten este pequeño ofrecimiento.
-Pero señora, seguro que su esposo no se molestara?- esta vez fue Riza la que intervino, deseaba saber mas sobre el hombre de la casa.
-Por el contrario, estará dichoso… claro si estuviera aquí. Resulta que aun esta buscando al pequeño Al, pero cuando llegue estoy mas que segura que se pondrá feliz- la joven mujer no paraba de sonreír, esa expresión cálida y sencilla invito a todos a acceder a la petición de la mujer.
-En ese caso… esta bien- Roy no pudo evitar sonreír. Hace mucho que no era tratado con tanta sencillez como ahora, y ese agrado fue notado por Isabel.
-Bueno, que desean. Tengo chocolate caliente, acabo de hacer pastelillos y pie de manzana, hay algo de torta de frutas en la nevera, también tengo té, aunque es relajante, pero delicioso, y me acuerdo que en el horno se están terminando de hacer rollitos de canela.- los invitados parecían sorprendidos, jamás imaginaron que hubieran tantas cosas en la casa de alguien, pero ciertamente todo el aire dentro del hogar era dulce.
-Eso parece delicioso… no se si soy solo yo, pero se me hace difícil elegir- dijo Breda rascándose la cabeza.
-Bueno, lo que pasa es que cuando estoy en casa me gusta hacer cosas dulces. Así los días parecen mejores… ¡tengo una mejor idea!- dijo Isabel repentinamente y salió de la sala con el pequeño Alphonse atrás. Los militares en la sala se quedaron en silencio y empezaron a ver alrededor por algún indicio que les indicara que las sospechas que todos tenían eran ciertas. Pero nada había, todos los retratos eran del pequeño hijo, ninguna pista que les rebelara la identidad del padre. Pasaron algunos minutos mas, durante ese tiempo el olor a muchas cosas dulces y provocativas se intensifico, haciendo que todos en la sala desearan probar al menos un bocado de lo que había en la cocina.
-Em… disculpen por favor- dijo el pequeño Alphonse, entrando con algunas sillas de madera. Las puso a los lados de la mesa larga en medio de la sala y la transmuto en otra mas amplia, luego, sin voltear a ver salió de la sala, ocultando su rostro entre los mechones de su castaño cabello. Pasaron algunos minutos y regreso junto a su madre, con bandejas donde estaban todos los exquisitos postres, el chocolate, el té y café, por si alguien quería. También puso una jarra que se diferenciaba claramente de las demás.
-Curioso recipiente- comento Jean, mirando detenidamente el objeto.
-Bueno, es que a mi esposo no le gusta la leche, así que uso esta jarra para que no se equivoque. Reacciona de la misma manera que cuando le mencionaba algo de su estatura, cuando nos conocimos- Isabel solo lo dijo como comentario, pero esto claramente despertó la curiosidad de todos los presentes.
-Y que dice ahora de la estatura?- pregunto el Fhurer intentando contener la risa que le causaba imaginarlo, aun bajito, al lado de la mujer que era mas o menos de la misma estatura que su esposa.
-De eso ya no se preocupa- respondió la mujer, sirviendo amablemente un pedazo de pie a Breda.
-A no?- esta pregunta la hicieron casi en coro todos los militares presentes.
-No- volvió a decir la enfermera sin prestar atención a la forma como se formulo la anterior pregunta, manteniendo la sonrisa, sirviendo a sus invitados.
-Papá es muy alto- dijo el niño, llevándose un pedazo de torta de chocolate a la boca. Todos se quedaron en silencio.
-Y, que tan alto es- pregunto Alphonse al niño que tenia su mismo nombre.
-Bueno, es mucho, muy alto… aunque lo seria mas si no tuviera esas prótesis
-Hijo mío, esas cosas no se usan como charla durante la hora de la merienda- le reprendió su madre. Ninguno de los dos noto que los militares no se movieron y solo los veían.
-Tiene prótesis- dijo Falman descuidando su pastel de frutas
-Bueno… si- ahora Isabel reparo en la reacción de los invitados. No era para tanto.
-Lo siento Señora Arcenaux- dijo Riza regresando a tierra- es solo que nos parece sorprendente su hijo, y quisiéramos saber mas de su familia… si no es molestia- casi al instante de haber terminado de pronunciar su argumento, Riza se regaño por decir semejante estupidez.
-Claro- respondió Isabel, sonriendo- pero que hizo mi hijo, es decir, donde lo encontraron…
-Fue a mi oficina a hablar de un asunto muy importante- intervino Roy para evitar que su esperanza lo llevara a la locura.
-Para ser Alquimista Nacional mami- dijo el niño que ya casi acababa su torta.
-Me lo suponía… bueno, Alphonse cariño, ahora que estas aquí iras a casa de Scarlett y le pedirás que te ayude con lo de hoy, te has atrasado por cumplir tu misión.
-Pero mami…
-Sin peros querido mío, ve ahora. Cuando regreses quiero esos apuntes completos, te tomare la lección después de la cena.
-Si mami- el niño fue a la cocina y dejo sus platos sucios, luego fue por su mochila y salió de la casa resignado, por el otro lado a los militares les pareció una versión muy amable de Riza, ambas tenían sus modos de controlar, tenían una voluntad férrea e implacable y también la forma perfecta de hacer que los demás trabajaran.
-Es un niño muy inteligente- dijo Falman bebiendo el té.
-Así es. Los maestros dicen que es un genio- dijo la mujer, pero aun inocente- concluyo mirándolos a todos, desapareciendo la sonrisa de su rostro, mostrándose terriblemente seria… ahora si parecía la copia de la rubia esposa del Fhurer.
-Sucede algo señora Arcenaux?- pregunto con temor Alphonse.
-Hay cosas que me dan miedo, el mundo es malvado. Por favor, mi hijo es un chico hiperactivo aunque no lo parezca, así que adivino que de ahora en adelante estará tras ustedes mucho tiempo, si eso sucede por favor perdónenlo… es aun un niño
-No se preocupe señora Arcenaux- dijo Roy sonriendo para calmar los nervios de la anfitriona- es mas, le iba a sugerir que luego de clases, el pequeño Alphonse fuera a mi oficina para sus estudios de alquimia, hoy parecía muy entretenido en mi biblioteca…
-Es cierto, creo que es una muy buena idea- apoyo Riza casi sonriendo. El resto asintió satisfecho, era un deseo unánime.
-Bueno, acepto que perdonen las decisiones impulsivas de mi hijo… pero no se si puedo aceptar eso, es… demasiado.
-Ahora somos nosotros los que se lo pedimos como favor- dijo suplicante Jean.
-Bueno…
-Sera un placer para nosotros- dijo el Fhurer.
-En ese caso acepto la propuesta, bueno sé que mi esposo estará de acuerdo- dijo Isabel sonriendo satisfecha.
°-°-°-°-°-°-°-°-°-°
Cuando Elliot regreso a casa se encontró con su esposa totalmente relajada en el sillón grande de la sala, a un lado de ella estaba una gran cantidad de cuadernos abiertos y en la mesa, que aun estaba transmutada, habían dos platitos con restos de pastel de chocolate.
-Te tardaste cariño- dijo la mujer invitando al recién llegado a sentarse junto a ella.
-Veo que el pequeño prófugo regreso a casa- respondió Elliot sonriendo aliviado y accediendo a la invitación.
-Y no te imaginaras como…
-Cuéntamelo todo- dijo el hombre dejándose caer en los brazos de su mujer.
-Justo después del medio día, me puse a hacer rollos de canela y té relajante. Entonces sonó la puerta y apareció nuestro pequeño Al… y adivina con quien.
-No me gustan las adivinanzas…- respondió él con pereza.
-Con una comitiva militar interesante- cuando Isabel pronuncio estas palabras Elliot se incorporo casi de inmediato muy sorprendido- entre ellos estaban los principales subordinados del Fhure, la General Riza Mustang, ¡y también estaba Alphonse Elric, el Alquimista de las Almas!
-Valla…- musito Elliot realmente sorprendido- si hubiese llegado el Fhurer tendríamos al cuartel completo
-De hecho… él también estuvo aquí
Solo en ese entonces Elliot se sintió sin saber que decir realmente, tenia la boca abierta y los ojos como platos, a Isabel le hizo mucha gracia esta expresión de su esposo, una que no se conocía.
-Y nos ofrecieron ayudar a Alphonse para sus estudios de alquimia- complemento la enfermera llevándose los platos sucios a la cocina.
-Entonces… increíble. ¿y como es el Fhurer?- pregunto Elliot caminando tras Isabel, luego de regresar la mesa a su estado original, regresando las sillas a su correspondiente sitio.
-Muy amable a decir verdad, es increíble que sea tan sencillo.
-Si… me hubiese gustado verlo y agradecerle personalmente.
-Tu no lo hubieras hecho, siempre evitas a los militares
-Pero este es un caso especial- respondió él con una sonrisa.
En ese instante alguien toco la puerta y Elliot fue a abrir. Eran los hermanos Tringham que llegaban de sus labores en Central.
-Esta vez si se demoraron bastante- dijo Isabel calentado té para los que permanecían despiertos en esa casa.
-Nos encargaron una misión extra antes de salir- dijo Fletcher tomando asiento. Rusell ayudo a Elliot a poner la mesa.
-Y que será eso- dijo el de ojos dorados realmente interesado, aunque sin dejar de sonreír.
-Nos informaron que alguien se había infiltrado hasta las oficinas del Fhurer, por supuesto que investigamos y descubrimos que era un niño… exactamente uno de apellido Arcenaux- dijo divertido Fletcher, los demás en la cocina sonrieron como si fueran cómplices de la travesura- por supuesto que esta información fue extremadamente difícil de conseguir.
-Fue el General de Brigada Armstrong quien nos dijo- comento Rusell riendo con ganas.
-Cuando el Fhurer regresó a los cuarteles generales, nos pidió un favor especial: entrenar al pequeño Alphonse Arcenaux- dijo el mayor Tringham tomando su té caliente.
-Eso significa que ustedes se quedaran en Central- pregunto la enfermera tratando que su alegría no se notara tanto.
-Estaremos aquí mas a menudo, casi siempre- dijo Fletcher tomando un rollito de canela.
-Saben que no me agrada mucho el "casi siempre"?- dijo Elliot aparentemente serio- preferiría un "siempre" sin el "casi"
Todos siguieron bromeando con esas palabras, deseando en el fondo ser una familia de verdad, siguieron con la cena improvisada y luego fueron a dormir. Los hermanos Tringham ocupaban la habitación de visitas, pero Isabel pensó que lo mejor seria que ellos tuvieran una habitación propia, ya que iban a estar mas a menudo en Central.
-Creo que tenemos que mudarnos- dijo la enfermera a su esposo, una vez los dos estuvieron en la cama- necesitamos una casa con mas habitaciones…
-Esta vez te has demorado en leerme el pensamiento- dijo Elliot como única respuesta, Isabel se quedo con la duda. Él no respondería a nada, estaba exhausto.
°-°-°-°-°-°-°-°-°-°
proximo capi.
yo pense que ya nunca volveria a sentir esperanza
pero entonces llega el invierno
y entre su blanco transparente
descubre lo que mantenia oculto.
y ahora estoy llorando, aun cuando me sienta tan feliz,
porque no se si reir sea apropiado
cuando estas en un cementerio...
