Estuve pensándolo durante varios días, había llegado la hora de decirle a Serena mis verdaderos sentimientos, había estado reprimiéndolos durante seis años, seis duros años en los que había tenido que estar junto a ella como su mejor amigo, en los que había tenido que fingir quererla solamente como amiga.

Habíamos estado juntos durante la secundaria y la preparatoria, y ahora habíamos entrado a la universidad, y ya no aguantaba más, debía decirle que la amaba como nunca ame a nadie, antes de que alguien más pudiera ganarme la posibilidad de besar sus labios.

Pero una llamada lo cambio todo.

Mientras daba vueltas a mi habitación pensando en las palabras que le diría al estar frente a ella, escuche como sonó el teléfono, por lo nervioso que me encontraba corrí hasta el teléfono, sintiendo miedo de que fuera ella y no tuviera palabras que decirle, descolgué el teléfono y escuche la voz de Darien.

-¡Diamante!-dijo emocionado. No se escuchaba muy bien.

-¿Darien?, ¡que sorpresa!, ¿de donde me llamas?

-Estoy en el aeropuerto, amigo, mañana mismo estaré por allá, por la noche.

-¿Hablas enserio, Darien?, ¡no puedo creer que vayas a regresar!, ¡después de seis años!

-Lo sé, yo tampoco lo puedo creer aun, pero ya lo he decido, no quiero ser alejado de mi familia y amigos, estudiare la carrera allá, ¿me recogerás, cierto?

-Por supuesto, estaré ahí para cuando llegues, ¡estaré ansioso!

-Te veo mañana, Diamante, muy pronto.

Colgué el teléfono y una sonrisa se había dibujado en mi rostro, mi mejor amigo de la infancia, Darien, volvería a la ciudad, después de haberse ido seis años atrás debido a que sus padres lo habían enviado a estudiar a unas escuelas en EUA, nos conocíamos desde que estábamos en pañales, habíamos vivido el uno junto al otro desde siempre y siempre habíamos estado juntos, cuando Darien tuvo que marcharse al extranjero me había quedado completamente solo, hasta que Serena llego a mi vida y lo cambio todo, había llenado el espacio vacío de Darien.

Debía correr a decírselo a Serena, ella debía ser la primera en saberlo, tome mi saco y las llaves de mi coche y salí de mi departamento.

Mientras manejaba no podía dejar de pensar en lo feliz que sería al tener a mi mejor amigo de nuevo junto a el, y mucho mas aun a Serena, al día siguiente por fin le confesaría mi amor, el amor que le estuve ocultando por seis años, mañana, en el día de su cumpleaños numero diecinueve.

Me estacione y cerré el coche con llave para después cruzar la calle y entrar al café en el que trabajaba Serena. Cuando entre solo pude observar lo bonita que lucía Serena con el uniforme y con el cabello recogido en una coleta, no pude ver a nadie más que no fuera ella.

-¡Diamante!-dijo Serena desde el otro lado de la caja registradora.- ¿Qué haces por aquí?, pensé que nos veríamos hasta que terminara mi turno.-dijo sonriendo.

-Lo sé, pero no pude aguantar para venir a contarte algo.

-Te serviré un café, siéntate y cuando te lo lleve me dices que sucede.

Después de varios minutos Serena se acerco a mí para traerme el café, se sentó por unos momentos para escuchar lo que tenía que contarle.

-Ahora si, dime que sucede.

-¡Estoy tan feliz, Serena!, ¿recuerdas a Darien?, de quien siempre te hablo.

-Por supuesto que lo recuerdo, siempre lo mencionas.-dijo riendo.

-Pues regresa, Serena, ¡mañana regresara!

-¿De verdad?, oh, Diamante, me siento bien por ti, por fin lo tendrás junto a ti de nuevo.

-Lo sé, lo único que me preocupa es que tendré que ir por el al aeropuerto y…

-No importa, Diamante, ve por el, ¿Por qué no lo traes a la fiesta?, será agradable conocerlo, además así estarás conmigo en un día tan importante.

-¡Gracias, Serena!, se que te agradara mucho, estoy seguro, seré tan feliz con el aquí, y contigo…-dije posando mi mano sobre la de ella.

Me percate de lo que había hecho e inmediatamente la aparte, ruborizándome.

-Me agrada que te sientas feliz, ¿quieres esperarme?, salgo en media hora.

-Aquí estaré.-sonreí.

Durante la media hora que estuve esperándola solo podía pensar en el siguiente día, sería un día perfecto, mi mejor amigo volvía y por fin le confesaría a Serena mis sentimientos, nada podía salir mal.

Al terminar el turno de Serena salimos tomados del brazo y caminos por la calle hasta mi auto, me sentía tan bien al tenerla a mi lado que nada podía explicar la felicidad que sentía, ni la impaciencia por la llegada de Darien. Llegamos a mi departamento y Serena se recostó en el sofá mientras yo escogía la película que veríamos.

Me senté en el sofá junto a ella y Serena recostó su cabeza en mi pecho, reprimí el impulso de decirle allí mismo que la amaba con locura, me conforme con aspirar el olor que emanaba de su cabello rubio, le rodee los hombros con mi brazo haciendo que se acercara mas a mi, no podía explicar lo que sentía cada vez que la tenía así de cerca, mi corazón latía desenfrenadamente, vimos la película tranquilamente, disfrutando del silencio y de la comodidad, definitivamente al siguiente día le diría que fuera mi novia enseguida.

Al siguiente día desperté temprano para ir en busca del regalo de Serena, ya estaba todo preparado, solo necesitaba recogerlo. Pase a la tienda y me entregaron el regalo de Serena finamente envuelto, lo que me gusto, pues sabía lo mucho que a Serena le gustaban esas clase de detalles.

Lo abrí para verificar que todo estuviera bien, y ahí estaba, una luna de plata con algunos diamantes alrededor, se encontraba en una cadena de plata para que pudiera colocársela, yo sabía lo mucho que a Serena le gustaban las lunas, y los diamantes eran para representarme a mi, era algo simbólico.

Lo guardo en el bolsillo y salí de la tienda, debía ir a casa de Serena para ayudarla a preparar algunas cosas que faltaban para la fiesta de la noche, así que maneje rápidamente hasta su casa.

Al llegar toque la puerta y la señora Tsukino me abrió, al verme sonrió y me dio un abrazo.

-Diamante que bueno que estas aquí, Serena te espera arriba.

-Gracias, señora, la veo enseguida.

Subí las escaleras y di dos golpes a su puerta, era una señal de que había llegado. Serena abrió la puerta y se encontraba en pijama todavía, lo que me pareció muy lindo, pues me encantaba ver como lucía en pijama, se veía tan natural y hermosa que provocaba que todos los vellos de mi piel se erizaran de tan solo mirarla…

-¡Feliz cumpleaños!-dije tomándola en brazos y girando sobre mí alzándola por el aire.

Sin dudarlo le di varias veces en ambas mejillas, quise darle un beso en los labios, pero aun no le hablaba sobre lo que sentía, así que me detuve y la coloque de nuevo en el suelo.

-Que gusto verte a ti primero que a nadie.-dijo tomándome la mano.

-Solo pase para poder darte tu regalo, quería dártela donde nadie nos viera, donde nadie nos molestara.

Saque la cajita de mi bolsillo y la coloque frente a sus ojos. Serena la tomo y la abrió con cuidado, y cuando vio lo que contenía abrió sus ojos como platos.

-¡Diamante!-dijo sorprendida.

Saco el collar de la cajita y lo observo detenidamente.

-Se lo mucho que te gustan las lunas, sabía que te gustaría mucho.

-¡Me encanta!, es quizá el regalo mas bonito que he recibido, y además, los diamantes que colocaste alrededor…

-Es simbólico, la luna te representa a ti, y los diamantes a mí.

-No debiste de haber gastado tanto dinero en esto.

-No fue un gasto, mucho menos si se trata de ti.-dije quitándole el collar.-Déjame ponértelo.

Serena aparto su cabello para despejar el cuello y se giro, le coloque el collar abrochándoselo cuidadosamente. Se volteo y el collar lucía demasiado bien en su piel fina.

-Es muy bonito, Diamante, muchas gracias, siempre lo llevare conmigo.

Serena se acerco a mi y me dio un fuerte abrazo, recargo su cabeza en mi pecho y yo no pude mas que apretarla mas contra mi, no quería separarme de ella, simplemente adoraba sentirla tan cerca.

-Es tarde, Serena, debo hacer algunas cosas y después ir por Darien al aeropuerto, nos veremos en la noche.

-De acuerdo, te espero ahí.-dijo sonriendo.

Salí de casa de Serena y me dirigí a realizar los asuntos pendientes que tenía, ansiaba que llegara la noche para ver a Darien y poder por in decirle a Serena lo que sentía, ya no aguantaba más.

Cuando las siete de la noche por fin llegaron me dirigí al aeropuerto y espere a que el avión de Darien llegara, después de media hora de espera anunciaron que el vuelo había llegado, me puse de pie y me dirigí hasta la Terminal por la que Darien llegaría.

Cuando las puertas se abrieron muchas personas con sus maletas salieron de ahí, hasta que pude divisar a Darien entre la multitud, llevaba una chaqueta roja y en cuanto me vio corrió a abrazarme.

-¡Diamante!, ¡ha pasado tanto tiempo!

-¡Estoy tan contento!-dije mientras le miraba el rostro.-Realmente has cambiado.

-Tu también, amigo, eres todo un hombre, y muy guapo, debes tener a montones de chicas tras de ti.-dijo revolviéndome el cabello.

-Y que lo digas, pienso lo mismo de ti.

Los reímos mientras nos dirigíamos a mi coche, al llegar al coche le hable sobre la fiesta de Serena.

-Darien, ¿recuerdas a Serena?

-¿La chica de la que siempre hablabas por teléfono?, por supuesto, ¿Qué hay con ella?

-Hoy es su cumpleaños, ¿importa si vamos a su fiesta?

-Claro que no, amigo, después de todo lo que me haz hablado sobre ella ansió conocerla.-dijo riendo.

Cuando llegamos a la fiesta estacione mi coche y subimos hasta el departamento de Mina, al entrar todos nos miraron, al parecer les parecía extraño que Darien estuviera allí, pues no lo conocían.

-Diamante, por fin llegaste, ¿Quién es tu amigo?-dijo Mina sonriendo.

-Hola, Mina, el es Darien.

Darien extendió la mano y estrecho la de Mina.

-¿Sabes donde esta Serena?

-Si, esta por allá.-dijo apuntando en dirección oeste.

Caminamos a través de la gente y algunas veces me detuve para saludar a algunas personas, Darien miraba extrañado a su alrededor, todos le parecían desconocidos.

Al llegar frente a Serena se levanto de su asiento y corrió a darme un abrazo, lucía completamente hermosa con ese vestido negro brillante que le llegaba hasta las rodillas, su cabello le caía como cascada por la espalda y llevaba el collar que le había regalado.

-Serena…luces…hermosa.-le dije al oído.

-¿No vas a presentarnos?-dijo Darien detrás de mi.

Comencé a ponerme nervioso, pues no sabía que hacer en ese momento.

-Serena, el es Darien, de quien tanto te he hablado.

Serena y Darien se miraron durante un largo rato y después se estrecharon las manos.

-Serena Tsukino, ¿cierto?, he escuchado tanto de ti que siento que ya te conozco.-dijo Darien con una enorme sonrisa en su rostro.

-Siento lo mismo.

Serena lucía extraña, jamás la había visto actuar de aquella manera.

-Me siento feliz de que por fin se conozcan.-dije tomando el brazo de Serena, Serena parecía no prestarme atención, por alguna razón ella y Darien no se quitaban los ojos de encima.

-Serena…debo hablar contigo…-dije inseguro.

En ese momento llego Mina a mi lado y me pidió que la ayudara con algunas cosas, por lo que tuve que dejarlos solos, y por alguna razón sentí una opresión en el pecho, como si me pesara dejarlos solos.

Tarde aproximadamente media hora ayudando a Mina y cuando regrese con Serena y Darien se encontraban sentados el uno junto al otro, demasiado cerca, me pareció, o no se si solo fueron los celos, pero ellos reían, como si realmente se conocieran, Darien le acarició el cabello y por alguna razón sentí que alguien me golpeaba muy fuerte el estómago, Serena lo miraba fijamente, me acerque a ellos, tratando de captar su atención, pero estaban demasiado concentrados en ellos mismos para notarme.

Me uní a su platica pero aun así note que ninguno de los dos me prestaba mucha atención, jamás había visto a Serena actuar de aquella manera, reía de los comentarios de Darien y hacía movimientos con su cabello llamando la atención de el. Cuando la música comenzó Darien se puso de pie y le pidió a Serena que bailara con el.

Solo pude ver como se alejaban tomados de la mano y fue como clavarme una estaca en el corazón, los dos sonreían mientras bailaban al ritmo de la música, Darien pasaba sus manos por su cintura y Serena le acariciaba el cabello, no pude mas y me dirigí a servirme un trago, no quise mirarlos, descarte la idea de decirle lo que sentía a Serena, no pude soportar mirar que disfrutaban de estar juntos.

Tome trago tras trago, rogando por que fuera un mal sueño, pero mire de nuevo y seguían bailando, así que tome otro trago.