Estaba devastado, para no herir por error a Serena, o para no ofenderla decidí que debíamos dejar de vernos por algunos días, sabía que se enojaría mucho conmigo, o tal vez estaría muy ocupada como para percatarse de que no estaba cerca.

Sentía una impotencia, una terrible impotencia dentro, de haber podido hubiera arrancado mi corazón con mis propias manos, lo hubiera desangrado hasta dejarlo sin una sola gota de sangre, hubiera arrancado mi cerebro y lo hubiera destruido, neurona por neurona, para no sentir, para no pensar, mi último recurso.

Lo único que pude hacer fue golpear la pared con los puños, descargando todo mi coraje, los golpee tan fuerte como mi coraje me lo permitió, pero mis puños comenzaron a sangrar, y fue entonces cuando deje de golpear.

Me tumbe sobre el suelo, decepcionado, mas de mi mismo, por no haber aprovechado todo el tiempo que tuve, por no haberle dicho que la quería para mi cada día que pase con ella, por no haberla tomado entre mis brazos, por no haberla besado. Y ahora otro le daría todo eso y quizá mas, quizá ella había esperado todos esos años por algo como eso, y yo por timidez jamás lo hice, quizá se canso de esperar, quizá nunca ha pensado en mi como algo mas que su mejor amigo.

Los días estaban contados, los días se acababan, en cualquier momento la noticia llegaría a mis oídos, ya lo esperaba, lo había estado esperando desde que supe que se habían gustado.

Desee tener un reloj con el cual adelantar el tiempo, o mejor aun, atrasarlo, regresar a uno de los muchísimos momentos que pase con ella a solas, uno de esos momentos en los que solo existíamos ella y yo, en donde reíamos, nos recostábamos en el sofá solo para ver películas durante todo el día mientras comíamos palomitas sin cesar, como extrañé aquellos momentos en los que me sonreía solo por que le habían dado ganas de hacerlo, y entonces me regalaba su sonrisa, era toda mía, de nadie mas, su sonrisa me pertenecía, y era precisamente en esos momentos cuando me daban ganas de gritarle a todo el mundo que la amaba, pero también era en esos momentos cuando el corazón se me encogía, mi estómago se revolvía y mis nervios se alteraban sin saber que hacer, y no podía articular palabra alguna.

¿Por qué nosotros los humanos debemos hacer todo al revés?, desee ser cualquier criatura diferente, pero no un humano, preferí ser una criatura ajena a estos dolores, no un humano lleno de errores.

Y pensar que habían transcurrido tan solo unas horas desde la última vez que tuve contacto con ella, y ya la extrañaba, ya la deseaba tener junto a mí, mi corazón ardía de ganas de escuchar su melodiosa voz, tome mi teléfono celular y marque su número sin pensarlo dos veces, me encontraba inmerso mis pensamientos, tan solo unos instantes olvide todo, y espere.

Entonces escuche su voz, ¿cómo era posible que el sonido de su voz me hipnotizara y me hiciera caer en un trance del cual no podía escapar tan fácilmente?

Mi respiración se había vuelto entrecortada y colgué sin siquiera detenerme a pensar en ello, había prometido no tener contacto con ella, mas por mi bien que por el de ella, sabía que no podía frenar mis celos inacabables y no podría evitar hacer un comentario estúpido.

No era mi culpa quererla tanto, no era mi culpa quererla desde lo más profundo de mi mismo, era como si ella hubiera llegado a esclavizar mi alma, como si me la hubiera robado, a excepción de que ella no tenía idea de saber que se había apropiado de mí.

No era mi culpa amarla.

Varios días pasaron y ni un solo día hable con Serena, Zafiro me despertó por la mañana, me había quedado toda la noche dándole vueltas al asunto, no había podido conciliar el sueño.

-Vamos, Diamante, levántate, llegaras tarde.-gritó desde el pasillo.

Me levante con un tremendo dolor de cabeza y me dirigí directo al baño.

Maneje tan rápido como pude hasta la facultad, me estacione en el lugar de siempre, tome mis cuadernos y baje del carro cerrándolo rápidamente, corrí hasta el salón en donde me tocaba la clase.

La clase duró aproximadamente una hora y media, era la única clase que tenía ese día, por lo que al salir decidí comprar algo de comer y lo lleve a las mesas del jardín junto a la biblioteca, ahí estaba mas tranquilo. Al terminar de comer recogí toda la basura y la lleve al bote, en donde la deseche, mientras caminaba hacía mi carro pude notar que Serena se acercaba rápidamente hacía mi, quise apresurar el paso y evitarla, pero no pude resistir.

-¡Oh Diamante!-dijo lanzando a mis brazos, feliz.

Me pareció extraño todo aquello, pues la había evitado por varios días y supuse que estaría muy enojada.

No pude evitar rodearla con mis brazos y aspirar el delicioso olor de su cabello mientras colocaba mi mentón sobre su cabeza, olvide todo por unos momentos.

-¡Estoy tan feliz!, ¡soy tan feliz, Diamante!, ¡Darien y yo al fin somos novios!

"Darien y yo al fin somos novios", las palabras retumbaban en mi oído, como un eco, sentí como llegaban hasta mi cerebro, y de ahí viajaron hasta mi corazón, y entonces fue como si una daga se estuviera enterrando cada vez mas profundo dentro de mi, sentía claramente como se introducía hasta rasgarme el corazón.

Mi rostro se torno sombrío, la solté, ella me miro extrañada, yo no pude siquiera articular palabra alguna, sentí como mi corazón se consumía, sentía que un fuego lo quemaba lentamente, para que me doliera mas. Sentí como se quebraba pedacito a pedacito, sentí como de pronto la sangre se me helaba, quise desmayarme ahí mismo, me esperaba la noticia, sabía que los días estaban contados, pero no creí que fuera tan doloroso a la hora de enterarme, quise morir, quise huir, quise desaparecer.

Quise desaparecer.

Sentí como si alguien de pronto me hubiera dado un balazo justo en el pecho, sentí que de pronto iba a morir de impotencia y desesperación. Mire a Serena, ella estudiaba mi rostro, estaba confundida, no tenía idea de me estaba muriendo por dentro. Temí que fuera un muy mal sueño, lo desee, para poder despertar y encontrar todo como antes, y poder correr a brazos de Serena y decirle la verdad de todo, pero me di cuenta de que todo realmente estaba sucediendo al escuchar la voz de Darien a mis espaldas.

-Diamante, Serena.-dijo con tono contento.

Vi como Serena dibujaba una sonrisa de oreja a oreja y luego corría a brazos de Darien, me gire, para verlos, vi como se abrazaban, vi como sus brazos rodeaban la cintura de Serena, vi como Serena se acercaba mas a el y le daba un ligero beso en los labios, y entonces sentí que ya estaba muerto, que habían acabado conmigo.

-¿Ya te dio la noticia?-dijo Darien sonriendo mientras colocaba sus manos en la cintura de Serena, lo cual provoco que me diera algo de vértigo.

No pude soportar ver como la tomaba, como si fuera toda suya, como si fuera su propiedad, no pude soportarlo, quería huir de allí.

-Yo…yo…ya me dijo…

-¿Te sientes bien, amigo?-preguntó Darien.

-La verdad es que…mi cabeza…debo ir a casa.-dije dándoles la espalda.

No me atreví a mirarlos de nuevo, camine hasta mi coche como si fuera un robot, maneje al departamento sin pensar en nada, mi mente estaba en blanco, era como si hubiera olvidado todo, como si nunca hubiera existido nada en mi mente.

Me encerré en mi habitación, caí al suelo de rodillas, y luego una lágrima resbalo por mi mejilla, luego otra, y otra…

Había estado evitando llorar, pero en mi soledad me fue difícil evitarlo, no pude contener el llanto, mucho menos ocultar el profundo dolor que sentía, quise morir, quise que alguien me hiciera el favor de enterrarme un cuchillo.

Había perdido a la mujer que amaba para siempre.