Se que esta historia esta triste (: lo siento, pero ya dara un giro, y entonces volverá el Diamante que todas conocemos, ese Diamante malvado y arrogante.
No supe cuanto tiempo dure tirado en el suelo, solo sentí los rayos del sol bañando mi piel blanca, reaccione ante el sonido de los golpes que mi hermano le daba a la puerta, estire mis huesos y luego me puse de pie, abrí la puerta y mi hermano me observo detenidamente.
Mi aspecto debía ser horrible por la expresión que mostró.
-Supongo que ya te enteraste.
-Si vienes a hablarme sobre eso yo…
-Mejor duerme, creo que lo necesitas.
Zafiro me dio la espalda y yo me tumbe sobre la cama, tenía razón, tenía toda la noche sin dormir, tan solo pensando y pensando en la barbaridad de haber perdido a Serena, de haber perdido la posibilidad de hacerla mía.
Dormí hasta muy entrada la tarde, al despertar mi mente estaba más despejada, no puedo decir que me sentía mejor, solamente pude pensar mejor las cosas, tendría que aceptarlo y ser fuerte, y entonces tome la decisión más difícil de mi vida.
La olvidaría, olvidaría a Serena Tsukino, no me importaban los métodos que utilizaría, debía olvidarla como fuera posible, pero debía arrancarla de mi corazón.
Mientras tomaba un baño aproveche para derramar mas lágrimas, así el agua se las llevaría, aunque el dolor se quedaba dentro de mi como al principio.
Zafiro había salido en una cita con Mina, me alegraba que al menos a el le fuera bien, me recosté en el sofá, y entonces pensé en ella de nuevo, pues solo me recostaba en ese sofá cuando ella estaba conmigo, y veíamos películas durante todo el día, sacudí la cabeza como para despejar mis pensamientos, tome el control y me dedique a cambiarle de canal hasta encontrar alguno que me satisficiera.
Paso aproximadamente una hora hasta que sonó el teléfono, lo descolgué y contesté.
-¿Diga?
-Diamante, soy yo…te note extraño ayer que nos encontramos.
-Ah, Serena…eres tu.-dije sin perder el control de mi voz.
-¿Podemos vernos el lunes?, se que no estas bien, quisiera que me contaras que sucede.
-No es nada importante, tengo algunos problemas, es todo.
-No te portes así conmigo, siempre me cuentas lo que sucede, ¿Por qué no ahora?-dijo con cierto tono de tristeza.-Escucha, Diamante, de verdad te extraño y te has alejado de mi estas últimas semanas.
El corazón me dio un vuelco, ¿de verdad se sentía así?, quizá, pero estaba mas entretenida con Darien ahora, y no le importaba tanto como decía.
-Esta bien, te veré el lunes.-respondí cortante.
Serena colgó y yo me quede un rato mas escuchando el sonido del teléfono, no quería ver a Serena, pues sabía que me sentiría muy mal, pero no podía decirle que no, su influencia sobre mi aun era mucha. ¿Qué pasaría ahora?, ¿tendría que dejar de ser amigo de Serena para poder olvidarla?, debía hacerlo, no quería seguir sufriendo, no quería perder a mis dos mejores amigos.
El domingo me desperté temprano, me cambie y decidí ir a dar una vuelta por el parque, quería sentir el aire fresco chocar contra mi rostro, quería sentir como agitaba mi cabello gris reluciente, quería distraerme.
Me senté en una banca junto a la fuente, y me dedique a estudiar a la gente que caminaba, vi pasar a algunas chicas charlando entre ellas, todas ellas eran lindas, pero, ¿por qué ninguna me parecía lo suficientemente bonita?, ninguna de ellas tenía lo que Serena tenía, nadie tenía ese brillo en sus ojos, ese lindo y espeso cabello que le caía como cascada sobre la espalda con reflejos dorados, nadie tenía una sonrisa perfecta.
-¿Diamante?
Esa voz interrumpió mis pensamientos e hizo que volviera en mi mismo, me gire para ver quien me hablaba y vi a Esmeralda parada frente a mi.
-Hola Esmeralda, ¿Qué haces por aquí?-dije dándole un espacio en la banca.
-Me dirigía a casa de mi madre.-sonrió.-No espere encontrarte aquí, ya casi no te veo por la facultad.
-Es por que cambie algunas horas, no me había percatado.
Esmeralda sonreía demasiado, lo cual era extraño en ella, pues siempre había sido huraña, aunque después recordé aquella vez en la que Serena se había burlado de mi con respecto a ello, le gustaba a Esmeralda, siempre me lo había hecho notar, pero a mi nunca me había interesado, era por eso que Esmeralda odiaba a Serena, la mire por unos segundos, ¿era posible?, con una mano lanzó su cabello verde hacía atrás, y entonces la idea se me vino a la cabeza.
Chicas. Esa era la solución para olvidarla, debía olvidarla con otras chicas, quizá con Esmeralda funcionaría, debía intentarlo por mi bien. Trate de sonreír, no se si me salió bien, pero eso pareció agradarle.
-De hecho, que bueno que te veo Esmeralda…hace algún tiempo quería encontrarte, me preguntaba si… ¿querrías salir conmigo?-dije nervioso.
Esmeralda sonrió de oreja a oreja, sus ojos brillaron, no se veía tan mala cuando sonreía, y me sentí bien por hacer que alguien se sintiera feliz, aunque me sentía mal conmigo mismo por utilizarla de aquella manera, pero no tenía otra salida.
-¡Por supuesto que acepto!-dijo poniéndose de pie.-Lo siento, debo irme por ahora pero… ¿te parece si nos vemos el próximo miércoles?
-Por mi esta bien.
La vi alejarse a grandes zancadas, ¿estaba bien lo que iba a hacer?, debía olvidar a Serena como fuera.
Espere nervioso el siguiente día, debía enfrentarme al mayor de mis sufrimientos, debía enfrentarme a la perdida de lo que mas amaba en todo el mundo.
Nos encontramos en el parque del lago, nuestro lugar favorito, aun no me sentía lo suficientemente bien, pero cuando la vi de pie junto al roble mis nervios se calmaron, se veía tan hermosa como siempre, tan inalcanzable.
Al estar frente a ella me dio un abrazo fuerte, yo se lo correspondí, después nos sentamos en el pasto para charlar.
-¿Qué sucede, Diamante?, ayer que te di la noticia…reaccionaste de una manera extraña, ¿acaso no te gusta la idea?
-No…no es eso, es solo que he tenido algunos problemas en la facultad.-mentí.-Y me sentí fastidiado, te pido disculpas.
-Descuida, solo pensé que algo te había molestado, y temí que estuvieras enojado conmigo. Ahora dime por que te has alejado de mí, por que te has portado tan reacio.
-Es por lo mismo Serena…no tiene caso hablar sobre eso, te he pedido disculpas por mi comportamiento.
- Me alegro entonces de que no se trate de mi, por el contrario…estoy tan feliz, Diamante, ya sabes el por que.
-Si, lo se muy bien…
Y entonces decidí que yo también debía atacar.
-Yo también estoy feliz.-dije mirándola a los ojos.-Tendré una cita.
-¿De verdad?, ¡que alegría!, ¿Cuándo sucederá eso?
-El miércoles.
-Realmente me sorprendes, Diamante, en todos los años que llevo conociéndote nunca habías tenido una cita.
-Bueno, siempre hay una primera vez. Aunque…estoy algo preocupado.
-¿Por qué?
-Por lo mismo, nunca he tenido una cita, no se que debo hacer, ni siquiera se como besar…nunca me he besado con nadie.-me sonroje.
Escuche la dulce risa de Serena, nos recostamos en el pasto, pude sentir su piel rozando la mía, la tenía tan cerca, pero tan lejos.
-Diamante, ¿hablas enserio?
Asentí con la cabeza mientras la miraba.
-Debemos arreglar eso, no puede sir a una cita sin saber besar.
-¿A que te refieres?
Note como Serena se acercaba mas a mi, no sabía que esperar, no entendía, me miro tiernamente, coloco su mano sobre mi mejilla, lo cual provoco que me recorriera un escalofrío por todo el cuerpo, después lentamente acerco su rostro al mío y coloco sus suaves labios sobre los míos.
Mi corazón latía tan fuertemente que en cualquier momento saldría de mi pecho, no pude evitar tomar su mano, la apreté y entonces fui yo quien la beso a ella, espere durante seis años por ese momento, que casi me pareció irreal, ¡por fin era mía!, saboree el sabor de sus labios, los recorrí, sentí como me acariciaba el cabello, nuestras bocas se unían por un maravilloso beso que yo jamás borraría de mi mente, aspire su olor, su delicioso olor, ¿cómo era posible que fuera tan perfecta?, no podía olvidarla por que la amaba mas que a mi propia vida, por que ella era toda mi vida, y no quería dejarla ir.
Parecía que todo lo bello de la vida se concentraba en sus labios, no me importo nada más, no me importo saber que a Darien le gustaba y que ahora eran novios, solo me importo ella, era lo mas dulce que había probado nunca. ¿Qué haría ahora que estaba seguro de amarla desde las entrañas?, me torturaba, me mataba por dentro el saber que en cualquier momento se acabaría.
Era como si estuviera soñando, como si no estuviera sucediendo, pero podía sentirla, la tenía bajo mis brazos, era lo mas divino que podría haberme pasado, ¡Cuánto la amaba!, no quería dejarla ir, no quería que nuestras bocas se separaran.
Amé sus finos y carnosos labios rosados, llenos de vida, ¿Cuántas veces imagine besarla y ahora lo hacía?, era el sueño mas maravilloso de mi vida.
Pero de pronto Serena se separo de mi, y me miró, confundida, se incorporo quedándose sentada a mi lado, yo hice lo mismo.
-Serena yo…lo siento mucho.-dije nervioso.
-Diamante, no te disculpes, solo fue…un beso de amigos, somos mejores amigos, lo hice para que supieras como se hace…no es nada.
-Yo…esta bien, muchas gracias.
Me sentía desesperado, quería besarla de nuevo, tenerla entre mis brazos, pero ella solo lo había hecho por ser buena amiga, no había significado gran cosa para ella, y eso me partió el corazón, yo la había amado intensamente mientras sentía sus labios sobre los míos, pero ella no sentía lo mismo.
Trate de no enojarme o mostrarme triste, tan solo mire hacía el horizonte, sin poder olvidar la textura de sus labios.
-¿Quién es la chica?-dijo de pronto.
-Esmeralda.
-¿Esmeralda?, ¿Por qué ella?, no es una buena persona.
-Me agrada.
-No es una buena persona, lo sabemos.
-No la conoces.
-Ni tu tampoco.
-Pues lo haré pronto.
Serena agacho la mirada, como si se sintiera avergonzada por algo, yo me sentía muy mal por haberla tenido así de cerca, por haberle dado por fin mi primer beso a ella, por que había besado a la mujer que amaba.
-Escucha, Serena, debo irme, ¿te molesta si nos vemos después?
Serena negó con la cabeza, yo me puse de pie y me aleje de ella, sin mirar hacía atrás, no me atrevía, pero sentía su mirada clavada en mi espalda.
