Cuando llegue a casa el dolor había invadido todo mi cuerpo, y recordar lo que había sucedido minutos atrás era como torturarme, había probado los labios de Serena, lo único que había deseado toda mi vida, por fin había comprobado lo mucho que la amaba, y yo le había entregado mi amor completo con ese beso, pero ella lo había tomado a juego, no había significado nada para ella, y eso destrozaba completamente mi alma.
El coraje me carcomía por dentro, la ira, la impotencia, no sabía como drenarlas de mi cuerpo, me mire al espejo y tenía los ojos inyectados en sangre, mi rostro no reflejaba otra cosa que no fuera dolor y coraje, pero tenía que acabar con aquello, debía olvidar a Serena Tsukino cuanto antes.
Ya no me importaría, me concentraría solo en borrarla de mi mente, de mi corazón, no dejaría que me hiciera daño mas, no dejaría que acabara con mi amor tan vilmente.
No deje que las lágrimas salieran, respire profundamente y me dirigí a la cocina por una cerveza, necesitaba olvidarme de aquello aunque fuera por un rato, cuando la termine tome otra, y otra y otra, hasta olvidarme de lo que sucedía.
Algunas horas pasaron y escuche que alguien abría la puerta, supuse que sería Zafiro, y así era, al verme tirado en el suelo de la cocina me levanto con su fuerza y me coloco en el sofá de la estancia, después se sentó junto a mi y me quito la cerveza que tenía en la mano, yo no estaba completamente conciente para protestar.
-¿Qué sucede contigo, Diamante?, nunca en toda tu vida habías actuado de esta manera.
-Yo la amo, hermano, no puedo vivir sin ella pero ella no siente igual por mí, Darien me la quito…
-Todo esto es por Serena, debí suponerlo, debes dejar de beber y enfrentar lo que te sucede.
-No quiero hacerlo, tengo que olvidarla…pero ella…ella me beso… ¡la bese!
-¿De que hablas?, creo que ya estas muy pasado de copas.
-No…no, si la bese, ella me beso, sentí sus labios, ella dijo que…quería enseñarme a besar y lo hizo…
-¿Ella hizo eso?
Asentí con la cabeza.
-Escucha Diamante, mejor vete a recostar, te ayudare.
Zafiro me ayudo a caminar hasta mi habitación y me recostó en la cama, sentí como me quitaba mis zapatos y salía de la habitación.
Mi último pensamiento antes de caer dormido fue como siempre, Serena.
Al despertar la cabeza me dolía mucho, así me quede recostado un tiempo mas, cuando el dolor paso tuve la fortaleza de pararme y darme un baño. Mientras sentía el agua resbalar sobre mi piel no podía dejar en la dulce sensación que había sentido mientras besaba a Serena.
No podía olvidar lo suaves que eran, no podía olvidar como una extraña sensación había recorrido toda mi espina dorsal, no podía olvidar su dulce sabor. Fue como haber besado a un ángel, fue mía por los segundos que duró, nada existía en el mundo mas que ella y yo, todo había desaparecido. Estaba tan cerca de mí que había podido oler su aliento, lo pude sentir sobre mi piel.
Pero de pronto aparte ese pensamientos de mi cabeza, no quería seguirme torturando, debía salir a la calle y olvidarla, olvidarme de su existencia.
Cuando estuve listo me fui en coche hacía la facultad, estaba dispuesto a evitar a Serena todo lo que me fuera posible. Lo estacione donde siempre y al bajarme pude divisar a Esmeralda a lo lejos, llevaba un vestido negro, se veía muy bien, pero no tuve idea del por que no me satisfacía completamente. Camine hasta ella, a pasos lentos, no quería lucir muy apresurado.
Mientras nuestra distancia se acortaba pude notar que Serena se acercaba a mí por la izquierda, los latidos de mi corazón se aceleraron, no tenía fuerzas para hablar con ella, así que fingí no haberla escuchado y seguí caminando hasta Esmeralda.
-Hola Esmeralda.
-¡Diamante!, que gusto verte, justo pensaba en ti.-dijo acercándose mas a mi.-Oh, pero ahí viene tu amiga…
Gire mi rostro para ver como Serena se acercaba hasta nosotros, lucía molesta.
-¿Diamante?
-Hola Serena…
-¿Por qué no me saludaste?-dijo lanzándole una mirada inquisitiva a Esmeralda.
-¿De verdad?, supongo que no te escuche, perdona Serena, justo íbamos a desayunar, si nos disculpas…
Tome a Esmeralda del brazo y caminos hacía la cafetería, no me atreví a mirar hacía atrás, sabía que Serena estaría muy enojada.
-¿Qué fue todo eso?-me pregunto Esmeralda al sentarnos en la cafetería.
-Descuida, no es nada.
-Me dio la impresión de que no querías hablar con Serena.
-No es eso, es solo que…ahora quiero prestarte atención a ti.-mentí.
Esmeralda dibujo una sonrisa de oreja a oreja y seguimos platicando, pero a decir verdad no le preste mucha atención, pues pensaba en lo mal que me había portado con Serena.
Al terminar las clases que me tocaban le ofrecí a Esmeralda llevarla a su casa, al parecer ella se encontraba muy contenta de mis atenciones, y si eso funcionaba seguiría haciéndolo con tal de tenerla cerca, debía olvidar a Serena.
Al regresar a casa me tumbe sobre el sofá a ver televisión, mientras escogía un canal para ver note que Zafiro entraba al departamento y se metía a la cocina para preparase algo de cenar.
-¿Cómo te fue hoy?-gritó desde la cocina.
-Se podría decir que bien.
Después de algunos minutos se sentó junto a mí y me dio un tazón de cereal y mientras veíamos un documental sobre la Segunda Guerra Mundial lo comimos.
De pronto el teléfono timbro y Zafiro contesto.
-¿Qué tal Serena?, claro, enseguida te lo comunico.
Zafiro extendió el teléfono hasta mí y lo tome sin ganas.
-¿Diga?
-Diamante, debo hablar contigo, hoy ni siquiera me diste tiempo de…
-Serena, lo siento mucho, de verdad, pero estoy ocupado.
Colgué el teléfono sin siquiera darle tiempo a Serena de responder o despedirse, lo deje en la mesita de junto y note la mirada penetrante de Zafiro sobre mi.
-¿Qué sucede contigo?, ayer en la noche me dijiste que la amabas y hoy le cuelgas el teléfono sin ninguna razón aparente.
-No quiero seguir sintiendo esto, es demasiado para mi.
-¿Crees que esa es la solución?
Asentí con la cabeza y luego lo ignore, y seguí viendo el documental.
Al día siguiente, por la tarde, no tenía mucho que hacer, y necesitaba un café urgentemente si quería calmar mis nervios. Por lo que llegue al café en donde trabajaba Serena, muy a mi pesar.
En cuanto entre Serena me miró y sonrió un poco. Al acercarme al mostrador sonrió aun mas, yo por dentro me moría de felicidad, amaba verla sonreír de aquella manera.
-¡Diamante!, sabría que vendrías a buscarme y arreglaríamos todo.
-¿Arreglar que?, disculpa la pregunta, en realidad, solo venía por un café, ¿podrías darme lo de siempre?
Serena sirvió el café mientras me miraba extrañada, como si no supiera lo que sucedía. Al dármelo me miró como rogándome que hablara con ella, pero no le preste atención.
Le pague y luego trate de despedirme de ella.
-Bueno, gracias, Serena, ahora debo irme.
Le di la espalda y camine hasta la puerta, al doblar la esquina escucha la voz de Serena a mis espaldas.
-¡Diamante!
Me detuve, pero no me gire, temía lo que me pudiera decir, así que debía ser mas duro.
-No te iras hasta que me digas que sucede contigo, ¿de que se trata tu actitud y todo eso de Esmeralda?
Me gire, la mire de frente, lucía enfadada.
-No tengo nada que decirte, Serena, además ¿Qué importa lo de Esmeralda?, ¿acaso crees que eres la única chica sobre la tierra?, no todo gira en torno a ti, debes dejar de pensar en ti misma, de ser tan egoísta, ¿Por qué no le dices a Darien que sea el quien te ayude o escuche?, por favor, ahora debo irme.
-Tú no eres el Diamante que yo conozco.
-Entonces quizá no me conoces muy bien, como lo creías.
-Dime solo algo, ¿hay algo que te moleste de mi?
-Ahora que lo mencionas…en realidad si, hay muchas cosas que me molestan de ti, ya te he dicho algunas, ¿Por qué no le dices a Darien que te ayude o escuche?, quizá el lo haga mejor que yo, mejor regresa a trabajar, yo debo irme.-dije dándole la espalda.
Camine rápido hasta mi carro evitando mirarla, no había notado que mi pulso se había acelerado.
