Me levante temprano por la mañana, había muchas cosas que debía hacer. Primero que nada y lo más importante era comprar el boleto de avión que me llevaría lejos de aquel lugar. Maneje rápidamente por la autopista hasta llegar al aeropuerto, había estado evitando pensar en ella, era lo único que me detendría.
Caminé lentamente por al aeropuerto, esperando quizá que alguien me detuviera, quizá solo era que yo no quería irme, pero era preciso alejarme de todo, de ella.
Al llegar a la ventanilla una señorita de cabello café me atendió amablemente.
-Buenas tardes, ¿en que puedo ayudarle?
-¿Podría darme, por favor, un boleto para Londres para esta tarde?
-Tengo boletos para Londres a las 6 de la tarde y a las 8 de la noche, ¿Cuál le apetece?
-El último, por favor.
-¿De ida y vuelta?
-Solo de ida…
La chica hizo algunas operaciones en el ordenador, después me pidió mi tarjeta de crédito y la deslizo, al terminar me la devolvió y solo tuve que esperar a que me entregara el boleto.
-Tenga usted un buen viaje.-dijo entregándome el boleto.
Trate de sonreír pero en su lugar se dibujo una mueca en mi rostro.
Llegue al departamento algo molesto por toda esa situación, al llegar a mi habitación me dispuse a sacar toda mi ropa del closet, la avente toda a mi cama e hice lo mismo con los cajones y el ropero, hasta dejarlos completamente vacíos, no quería dejar nada que me hiciera volver.
Saque algunas maletas del cuarto trasero y las lleve a la habitación para comenzar a empacar, y fui llenando las maletas hasta no dejar ni una prenda sin empacar, y entonces mire mi habitación vacía, sin nada que me representara y un se me hizo un nudo en el estómago. Realmente dejaría ese lugar para siempre.
Mire el reloj y marcaban las dos de la tarde, el hambre se noto, por lo que decidí salir a comprar algo.
Mientras comía una hamburguesa que había comprado para no perder tiempo me preguntaba en como le diría a Zafiro que me largaría de Tokio, como le diría a Serena que me iría por que me partía el corazón seguir aquí.
Mi reloj marco las cuatro.
Llegue a casa y Zafiro me esperaba sentado en el sofá, su mirada se perdía en el suelo, había mucho silencio.
-¿Zafiro?
-¿Qué sucede, hermano?
-No entiendo.
-¿Qué quiere decir que estén todas tus cosas empacadas?
-Zafiro, debemos hablar.-dije sentándome junto a el.
Zafiro me miro desorientado, sin saber que decir o hacer.
-Me iré dentro de un rato, a las 8.
-¿Te irás?...es decir, volverás, ¿cierto?
El cuarto se lleno de silencio nuevamente, sin saber que decir, agache mi mirada.
-Lo dudo mucho.
Zafiro se altero, se puso de pie y comenzó a dar vueltas por todo el cuarto.
-No es por Serena, ¿o si?
Lo mire directo a los ojos.
-¡Diamante!, no puedes hacer esto solo por que Serena sale con tu mejor amigo, ¡no puedes huir!
-No entiendes nada, Zafiro, debo hacerlo, ¡no cambiare de opinión!
Las palabras de Zafiro me habían dolido de cierta manera, pero en el fondo me sentía mal de dejarlo ahí, salí del cuarto y grité desde la entrada.
-¡Debo ir a la universidad!
Debía ir a arreglar lo de mi carrera, debía anunciar que ya no seguiría estudiando ahí, di vuelta alrededor del campus por tanto tiempo pensando en lo que haría que ni siquiera me di cuenta de que el reloj marcaba las 6:30, así que decidí hacer algo más importante.
Llegue a casa de Serena decidido de decirle todo, de decirle que me iría por que no soportaba verla con otro hombre, al tocar su madre me abrió y pareció contenta de verme y me hizo pasar.
-Diamante, hace tiempo que no venías por aquí, toma asiento por favor.
Me senté en la salita a esperar.
-Serena no se encuentra por el momento, pero estoy segura de que vendrá en cualquier momento.
La señora Tsukino se sentó frente a mí, mirándome fijamente. Algunos minutos pasaron, pero el tiempo me pareció eterno y los nervios comenzaban a apoderarse de mí.
-Señora…yo creo que es mejor que me vaya.-dije poniéndome de pie.
-Diamante, ¿Cuándo se lo dirás?
-¿Disculpe?-respondí confundido.
-Sabes a lo que me refiero, te conozco desde hace seis años ya, y supe desde el primer momento en que viniste a esta casa que estabas enamorado de mi hija, pensé que con el tiempo todo se daría, pero tú lo dejaste pasar, ¿Cuándo piensas decirle que la amas?
En nudo se me hizo en la garganta, la señora Tsukino sabía que yo amaba a Serena, y no pude decir nada, las palabras se escaparon de mi boca.
-Señora yo…no puedo…no ahora que Serena esta con Darien, ellos se quieren y yo…no podría separarlos.
La señora Tsukino me miro severamente.
-Solo vine a despedirme, señora, ¿podría decirle a Serena que…la extrañaré?
-¿A que te refieres, Diamante?
-Señora…me iré en un rato para Londres, solo venía a despedirme de Serena.
-Pero Diamante…no puedes hacer eso.
-Solo dígale eso…-dije girándome.
Camine hasta el carro evitando encontrar mi mirada con la señora Tsukino, y entonces me dirigí al departamento para recoger mis maletas y dirigirme al aeropuerto.
Mientras manejaba hasta el departamento me di cuenta de que Serena caminaba por la acera rumbo a su casa tomada de la mano de Darien, quise detenerme y decirle que me iría, pero mi orgullo pudo mas, y no pude mas que acelerar y aguantar el dolor de verla por última vez.
