Nota: Este capítulo contiene una ''insinuación de spoiler'' (sé, defino genial...) sobre el sétpimo libro. No sé da ningún nombre ni dato importante, pero atando cabos... (bueno, paro, que al final digo aquí el spoiler... perdón... la insinuación de spoiler... xD)
Muchas gracias por lo comentarios :D.
PD.: No sé ni qué tipo de personaje estoy creando, pero os aseguro que será una basura muy bonita.
PD2.: Ni caso.
CAPÍTULO II: LA DECISIÓN.
- ¿Un caramelito de limón? - pregunta el anciano con una sonrisa tendiéndole el dulce envuelto en un papel translúcido y chillón.
- N-n-no, gr-gracias - tartamudea Chris algo cohibida. Juraría que ha oído las palabras ''magia y ''hechicería'' de la boca de ese hombre cuando éste se ha presentado. ¿Hasta qué punto llegará su locura?
- Este lugar no parece demasiado... ¿cómo expresarlo...? - reflexiona Dumbledore mientras saborea el caramelo que antes le ha ofrecido a Chris. - ¿Hogareño?
Chris repasa las cuatro paredes blanquecinas acolchadas del cuarto, el minúsculo ventanal por el que entran los rayos del sol y la cama abombada de sábanas blancas y correas gruesas.
- No es muy recomendable que tenga muebles o adornos a mi alrededor, ¿sabe? - repone algo triste al mismo tiempo que invita al director a sentarse en la cama con ella. - Creo que me ponen demasiado nerviosa.
- ¿Nerviosa? - pregunta el anciano cuando se acomoda con elegancia en la cama.
- Sí. Así que me temo que, mientras usted esté aquí, no le dejarán traer muchos objetos personales... - explica la chica, contenta. Ese hombre le cae bien, parece inteligente y simpático y no está teniendo grandes complicaciones en hablar con él, cosa poco inusual.
- ¿Mientras yo esté aquí? Señorita, sólo serán unos minutos, hasta que le comente su... situación - responde algo incómodo. - Una situación algo complicada, si me permite añadir. Pero no se preocupe. En cuanto usted esté al tanto de dicha situación, podré irme y dejarla disfrutar de sus... eh... amabilísimas cuidadoras.
- ¿Significa eso que... que no va a quedarse? - expresa Chris desolada con un hilo de voz.
- Me temo que no...
- Pero... pero usted... yo pensé que usted... es decir, si usted no está... si no es como yo... ¿para qué ha venido? ¿Qué quiere de mí? ¿Y por qué dice que es de mi familia? ¿Y por qué..? - explota Chris soltando las palabras a borbotones mientras siente como una sensación de estar siendo traicionada le revuelve las tripas.
- Más despacio, tranquilícese... - le recomienda Albus Dumbledore. - Resolveré todas sus dudas, no se altere. Pero antes, creo que podríamos... sí, ¿por qué no?
Y con una gran sonrisa, aquel viejecito extrae una ramita algo afilada y bastante corta de su estrafalario abrigo y apunta a la puerta de los diez cerrojos con ella. Esta puerta, la cual estaba anteriormente abierta (Qué raro, creía que estaba cerrada... ¿le habrá pedido la llave azul a las arpías?, piensa Chris.) se mueve sobre sus pesados goznes y queda entornada, dándoles a ambos algo de intimidad.
La muchacha está tan pálida que se mimetiza a la perfección con su entorno. Mira a Dumbledore con ojos desorbitados y balbucea:
- P-pe-pero, ¿cómo, cómo...?
Él le sonríe y, a pesar de que la sonrisa es cálida y amable, Chris comienza a sentir miedo. Tranquila, se dice, habrá sido una casualidad, un golpe de aire o... o... quizá sea parte de la broma, sí, seguro que es eso... porque esto es INDUDABLEMENTE una broma, no puede caber otra posibilidad....
- Me temo que no es ninguna broma – dice amablemente el director. – Siento decepcionarla.
- Entonces.. – Chris traga saliva. - ¿Cómo.. cómo ha hecho...?
- ¿Se refiere a la puerta?
La chica asiente asustada.
- Por eso es por lo que estoy aquí. – explica el hombre de repente muy serio.
- ¿Está aquí para cerrar puertas con un palito?
- Bueno, para eso y para alguna que otra cosa más – responde un poco divertido. – Verás, Christiana... ¿puedo llamarte por tu nombre de pila, a propósito?
- Mejor llámeme Chris, gracias. No me gusta mi nombre completo. Y puede tutearme, si quiere.
- Comprendo... y comprendo también tu situación... la conozco, créeme – comenta Dumbledore mientras se levanta de la cama y observa el ventanuco. – Sé que eres huérfana, sé que has estado en más orfanatos de los que puedas recordar, sé que nunca has tenido una familia más de un mes seguido... Y todo porque eres distinta. Créeme, sé lo sola que estás. Sé que no tienes a nadie...
- Se equivoca – le discute ella, de pronto, enojada. - Yo tuve una vez una familia.
Dumbledore la mira incrédulo. Nunca creyó que nadie osara interrumpirle así. Sin embargo sonríe más ampliamente y pregunta:
- ¿Te refieres a tu familia biológica?
- No - responde ella alzándose y el director se sorprende aún más. – Me refiero a mi VERDADERA familia.
Dumbledore baja la cabeza, apenado. Tendría que haberse imaginado que ella no echaría de menos a alguien a quien no había visto nunca. Sería como amar a los fantasmas.
- ¿Se encuentra bien? – Dumbledore levanta la cabeza y mira a la chica. Parece francamente preocupada por él.
- Divinamente – repone.
- Me alegro – sonríe Chris, aliviada. Por un momento había pensado que el hombre estaba defraudado, pero tal vez fue producto de su imaginación. – Escuche – vuelve a decir mientras mantiene su sonrisa. – Sé que mi familia ya no está, pero no la he perdido. Algún día la encontraré. Y entonces no volveré a estar sola. Ya sé mi historia, ya sé quién soy... y usted también lo sabe. No me ha contado nada nuevo.
- Verás... – parece que al hombre le cuesta hablar. –¿Nunca te has preguntado...?
- ¿Sí...?
- ¿Nunca te has preguntado quiénes eran tus padres?
Chris medita.
- Algunas veces, al principio, - rememora – cuando estaba en los primeros orfanatos, pensaba en por qué me habían dejado allí, si es que acaso no me querían. Un día decidí que quería saber quiénes eran. Pregunté. Investigué. Pero nada. Con el tiempo, me fui olvidando del tema... me fui olvidando de quién era realmente...
- ¿No me habías dicho que ya sabías tu historia, que sabías quién eras? – le cuestiona con ternura el director. – Yo conozco tu historia, Chris. Es decir, conozco más de lo que tú sabes, pero no la sé entera por completo. Y lo primero que supe de ti, aunque tú no lo sepas, es que, tú eres una bruja.
He debido de oír mal, es lo primero que a Chris se le viene a la cabeza.
- Perdón, ¿una qué?
- Una bruja. Al igual que tus padres. Y al igual que yo.
- ¿Usted...? ¿Usted es brujo? – pregunta Chris sin poder contener apenas la risa. Entonces recuerda el episodio de la puerta y su risa cesa. - Eso... eso que hizo antes con el... el palito ese... lo de la puerta, ya sabe... ¿eso es... MAGIA?
- Pues sí. – dice el anciano completamente feliz, como si se hubiera quitado un peso de encima. – Y pronto tú podrás hacer lo mismo.
- Yo.. ¿qué yo qué?
- Como bien sabes, soy director de la escuela Hogwarts de Magia y Hechicería, una de las mejores, si me permites la falta de modestia. Y tú tienes una plaza reservada allí.
- Pero yo... yo... – tartamudea Chris como una boba. – Yo.. ¡míreme! – exclama furiosa.- ¡¡Yo soy una chalada!! ¡¡Estoy dónde debo estar, en un maldito manicomio y no en ninguna escuela de bichos raros!! ¡¡Porque seré un bicho raro, pero no necesito una escuela especial de ningún tipo!! ¡¡No valgo la pena, ya no intente educarme, no puede!!– toma aire y chilla al ver la mirada divertida del hombre. - ¡¡¡DEJE DE MIRARME ASÍ!!!
- Calma, calma...
- ¡¡YO NO VOY COGIENDO RAMITAS DEL SUELO Y CERRANDO PUERTAS A DISTANCIA!! ¡¡LLÁMEME INÚTIL SI QUIERE, PERO NO SOY CAPAZ!!
De pronto, las sábanas de la cama comienzan a elevarse en el aire con furia, girando en un remolino hasta que chocan con el techo y se rajan en tiras harapientas que caen hacia abajo como confetis. La respiración de Chris es agitada, pero poco a poco comienza a normalizarse. Sus ojos, cargados de odio, están clavados en los de Dumbledore, que la mira sinceramente entristecido.
- ¿Estás mejor? – pregunta con suavidad el director, apoyando sus manos sobre los hombros de la mucha.
- Déjeme... por favor... – solloza ella dándole la espalda, zafándose de él.
Dumbledore respeta su orden y con un nuevo movimiento de aquella ramita recoge la destrozada sábana y la coloca en un rincón del ventanuco. Chris lo observa por el rabillo del ojo al principio hasta que, lentamente, va torciendo su cuerpo y observa sin tapujos al director. Él mira con congoja por el pequeño ventanuco. Sus manos, juntas tras la espalda, le hacen parecer pensativo. Haces de luces roban destellos plateados de su barba y su pelo mientras sus ojos observan el sol que acaricia su piel arrugada. El ojo derecho permanece abierto aun cuando la luz cegadora da de lleno en él, el ojo izquierdo sigue en sombras.
Chris se enternece. Es la misma estampa, la misma triste estampa que ella representaba hace unas pocas horas. Quisiera pedir disculpas, decirle que ha sido una boba, que lamenta mucho haber ofendido a su escuela y haberle ofendido a él..
- Conocí a alguien que era cómo tú. – susurra de improviso el hombre, su mirada triste aún posada en la ventana. – No aceptó la magia que había en su interior. Se escondía, decía que estaba loca. La quería muchísmo. Y un día la perdí.
Chris no se atreve a abrir la boca porque, sin duda alguna, ese hombre le está abriendo su corazón.
- Fui un tonto. – continúa. – Fui un loco. Tal vez aún lo siga siendo. Tal vez no lo sea ya. Sé que debí protegerla y no lo hice. Y sé que debo protegerte y por eso lo hago ahora... Lo hago por ti... Y lo hago por ella...
Una lágrima, azul, hermosa, acuosa, surca las mejillas hundidas del director. Chris nunca ha visto nada tan hermoso. Nada tan triste. Nada tan parecido o tan cercano a ella.
- Te seré franco, Chris. – dice él apartando la vista de la ventana y mirándola directamente a los ojos. – Tienes dos opciones. La primera: quedarte aquí, fingir que nada de esto ha pasado, pasarte todos y cada uno de tus días frente a la ventana diciendo que estás loca y que los muebles te ponen nerviosa. Y la segunda: puedes venir a mi escuela y dejar España, aprender más sobre cómo romper los muebles y otras cosas, aceptar quién eres... aceptar que eres una bruja, como lo son tus padres, como lo soy yo.
Chris está conmovida, pero es incapaz de hablar. ¿Qué se puede decir en estos casos?
- Tuya es la decisión – añade por último el profesor con los ojos fijos en ella, unos ojos que aguardan una sentencia de muerte.
La chica cierra los ojos. Intenta escuchar qué le dice su corazón, pero sólo hay silencio.... ¿qué debe hacer?
Entonces algo extraño, algo casi mágico, ocurre.
La serpiente de las correas comienza a moverse, ella puede sentirla. Se desliza por su cuello, su cola golpea suavemente su estómago...
Mientras, Albus Dumbledore no puede creer lo que ve. La muchacha tiene ahora los ojos abiertos, ojos verdes como esmeraldas a juego con la serpiente verde y real que está colocada los hombros de la chica. Ambas juntan sus cabezas y se susurran silbidos de amistad. Entonces Chris fija su mirada en la de Dumbledore y pronuncia unas pocas palabras, unas palabras en las que su decisión queda patente:
- Creo que ya he decidido. – dictamina sonriente mientras posa a la serpiente en el suelo y coloca su mano en el hombro del profesor. Con una sonrisa pícara y un guiño, añade: - ¿Dónde decía que estaba ese colegio suyo?
Y entonces, al fin, Albus Dumbledore nota cómo su desasosiego, un desasosiego guardado durante años, se esfuma por el ventanal como las carcajadas de Chris tiempo atrás.
CONTINUARÁ...(o eso espero)
