¡Holaaa! Bueno, pues aquí está el tercer capítulo... que es el que menos me gusta de todos, todo hay que decirlo...

En fin, me he estado informando sobre lo que dijo ludejong en su review de las Mary Sues y he llegado a la profunda conclusión de que, en el corto espacio de tiempo en que he empezado a leer fics, no he leído nada más que Mary Sues prácticamente... xD (oh, sí, leo basura, ¡yujuu!). Así que nada, yo creyendo (estúpid de mí) que todo eso normal y claro... así ha salido este bicho de prota...

Bueno, lo que quiero decir es que puede que la pobre prota tenga algún rasgo de las odiosas bichas estas, pero que, en su justa medida, intentaré quitarle todos los ragos ''Mary Sueros'' que pueda... aunque algunos se los tendré que dejar a la fuerza, porque sino se me cae todo el argumento del fic y la hemos liado... pero todo el mundo ha tenido errores (garrafales o no) en su primer fics, ¿no? ^^' (Pues yo sí, estoy gestando un monstruo de cinco cabezas, ¿vale? XD)

A lo que iba, que me enrollo como las persianas...

Advertencias: Ninguna. Fijaros lo aburrido que tiene que ser el capi que ni una tiene... ¬¬ (y luego quiero que lo leáis, soy un torturador horrible... xD)

PD.: Es algo más largo que los otros... ¡lo intenté, nishi!

Capítulo 3: ¿Un error?

Llueve. Gotas gruesas y amorfas se escurren por el cristal frío y empañado. A lo lejos, destacando a duras penas contra el cielo oscuro cargado de cúmulos negros, el castillo se alza inexpugnable, tétrico y solitario, aunque algo borroso. Las colinas circundantes parecen olas verdes que quieren hundir el edificio en el fondo de las aguas de un lago bravo, inmenso y fantasmal. Situado en las cercanías del lago, un árbol ancestral, decrépito y rugoso mueve sus ramas furiosamente, luchando contra las inclemencias del tiempo.

No siempre hace tan mal tiempo – ruge alegremente en inglés una voz grave y alegre. - ¿Quieres un poco de té?

Chris sale de su ensimismamiento y gira su cabeza hacia el semigigante.

Sí, por favor. – contesta la muchacha también en inglés.

Mientras Hagrid coloca una tetera del tamaño de un conejo adulto a calentar, la chica no puede evitar volver a evadirse de la realidad.

Está en alguna parte de Gran Bretaña, un país frío y sin sol, más concretamente en los terrenos del colegio de Albus Dumbledore, y más concretamente en la cabaña del guardabosques del colegio, un hombre colosal, en cualquier sentido de la palabra. Si hace unas semanas alguien me hubiera asegurado que yo saldría del manicomio porque el doble de Raphel me iba a confesar que soy una bruja piruja... piensa divertida. Bueno, seguramente le habría tirado un jarrón a la cabeza...

¿Azúcar? – oye que el guardabosques le pregunta a lo lejos.

Dos terrones. – murmura meditabunda.

Dos tazas semejantes a sendas cacerolas son colocadas en la mesa de roble. Durante un tiempo, ninguno de los ocupantes de la mesa dice nada. El silencio parece que les agrada. Sólo se oye la lluvia que repiquetea contra la ventana, creando ritmos nuevos cada vez que una gota cae desde las nubes.

¿Te gustaría que fuéramos mañana a comprar al Callejón Diagon? – rompe el silencio el guardabosques.

¿Cómo? – dice Chris enarcando una ceja.

Ya sabes, comprar. Cosas del colegio: los libros, la varita, el caldero....

¡Ah! ¡Vale! – se sonroja Chris un poco. No entiende muy bien el inglés. Nunca lo ha estudiado. En sus primeros años en orfanatos italianos estudió latín e italiano y luego en España aprendió español y francés. Incluso Isabel le enseñó un poco de griego antiguo. En fin, chapurreaba de allí y de allá. Pero de inglés... nada de nada.

El director fue muy amable hablándome en español cuando vino a visitarme, se dijo. Pero no va a ser sencillo estudiar aquí... No creo que todos los profesores sean tan amables de hablarme en otro idioma diferente del suyo... Yo no haría el esfuerzo, desde luego...

Chris...

¿Eh?

Te estaba preguntando si ya sabes los libros que necesitas. ¿Te has quedado dormida?

No, no... – se sonroja aún más la chica. – Yo... eh... creo que tengo la lista por aquí...

Se levanta apresuradamente y rebusca en los cajones de una gran cómoda que comparte con el semigigante. Aunque, la verdad, tampoco tenga demasiados objetos personales que guardar – algo de ropa y un diccionario de inglés – le está agradecida a Hagrid por haberle permitido algo de espacio en su cabaña, por haberle permitido vivir con él. Rememora las palabras de Hagrid: Dumbledore me pidió que te acogiera. Es un gran hombre. No era bueno que volvieras a España otra vez hasta que empezaras el curso en Hogwarts y creo que alquilar una habitación en el Caldero Chorreante no habría sido buena idea... Corren tiempos peligrosos, ¿sabes? Sí, creo que con Fang y conmigo estarás bien...

Al fin encuentra la lista entre dos camisetas. Es una carta de la subdirectora, una mujer cuyo nombre le recuerda a un restaurante de comida rápida. Alarga la mano y le pasa la carta a Hagrid. Él abre el sobre y saca tres pergaminos que ella apenas ha mirado

Humm... – recapacita Hagrid algo ceñudo con la vista en uno de los pergaminos. - ¿Estás segura de que es esta la lista correcta?

S-sí.. – susurra Chris preocupada. – Bu-bueno.. fue la que me mandó... ehm... la profesora Mc.. Mac...

Mcgonagall – termina Hagrid.

Sí – se sonroja otra vez la muchacha. ¿Pero por qué los ingleses tienen nombres tan raros?

Es extraño...

¿El qué? ¿Qué problema hay, Hagrid?

Tus libros...

¿Son muy caros? Yo... bueno, tal vez con un trabajo extra pueda...

Por el precio no te preocupes. Dumbledore me dijo que podría proporcionarte una especie de beca.

Ah, vale.. Entonces, ¿cuál es el problema?

¿Le has echado un vistazo a la lista, Chris?

La verdad es que no mucho... me daba un poco de miedo saber todas las cosas que necesitaría... y... bueno, ya sabes que no sé mucho inglés...

Entonces creo que es mejor que la mires. – y con una mirada significativa, Hagrid le devuelve la carta. – No vas a necesitar conocer mucho el inglés para saber a que me refiero.

Tragando saliva, Chris baja la mirada y lee el pergamino donde figuran las cosas que necesita:

COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA Y HECHICERÍA

UNIFORME: Los alumnos necesitarán:

Tres Túnicas sencillas de trabajo (negras).

Un sombrero negro puntiagudo para uso diario.

Un par de guantes protectores (piel de dragón o semejante).

Una capa de invierno (negra, con broches plateados).

(Todas las prendas de los alumnos deben llevar etiquetas con su nombre)

LIBROS: Todos los alumnos deben tener un ejemplar de los siguientes libros:

El Libro Reglamentario de Hechizos (Clase 2) Miranda Goshawk

Una Historia de la Magia, (Clase 1) Bathilda Bagshot

Teoría Mágica, (Clase 3) Adalbert Waffling

Guía de Transformaciones para principiantes, (Clase 4)Emeric Switch

Mil Hierbas y hongos mágicos, (Clase 2) Phyllida Spore

Filtros y Pociones Mágicas, (Clase 6) Arsenius Jigger

Animales fantásticos y dónde encontrarlos, (Clase 4) Newt Scamander

Las Fuerzas Oscuras. Una guía para la autoprotección, (Clase 6) Quentim Trimble

El Ojo Interior. Manual avanzado. (Clase 6) Shidart Smiles

RESTO DEL EQUIPO:

- 1 varita.

- 1 caldero (peltre, medida 2).

- 1 juego de redomas de vidrio o cristal.

- 1 balanza de latón.

Los alumnos también podrán traer una lechuza, un gato, una rata (ratón) o una serpiente.

SE RECUERDA A LOS PADRES QUE A LOS ALUMNOS DE PRIMER AÑO NO SE LES PERMITE TENER ESCOBAS PROPIAS.

Chris nota como sus ojos se abren hasta tal punto que parecen querer caerse de sus órbitas y zambullirse en el té. Con la boca abierta mira a Hagrid como atontada y pregunta:

Ha-Hagdrid... ¿qué curso se supone que voy a empezar?

Eso mismo iba a preguntarte – repone amablemente el gigante.

¿Y qué narices se supone qué es eso de la serpiente? ¡¿Cómo permiten tener a una serpiente como mascota?!

Creía que te gustaban...

¡¡Esa no es la cuestión!!

La mesa de roble comienza a moverse sin que Chris pueda evitarlo. Con un estallido, una de sus patas desaparece y vuelve a aparecer.

Chris...

¡Lo-lo siento! – escupe la chica y maldice por lo bajini. La pata vuelve a aparecer y reina la calma – Pero es que voy a ingresar en una especie de colegio donde hay cursos... mixtos, por llamarlo de alguna forma... y con un nivel mágico importante, según me contaste, y... y sigo sin ser capaz de controlarme. – dice con un tono de amargura en la voz mientras mira hacia el fregadero, donde residen dos jarrones despedazados por su mal genio.

Tranquila – murmura Hagrid apaciguador. – Muy pronto empezarás el curso y todo se solucionará. Allí aprenderás a dominar la magia.

Pero Chris todavía está nerviosa. Mira de nuevo el pergamino y murmura:

Tal vez haya algún error...

Mucho me temo que no... – pronuncia en español una voz cercana a la puerta de la cabaña.

La lluvia en el exterior es copiosa todavía y algunas gotas mojan el suelo de la cabaña, pues la puerta está abierta de par en par. En el umbral, Albus Dumbledore sonríe envuelto en una capa de viaje morada. Fang se acerca a él y le lame las manos mientras el director sonríe y pregunta:

¿Puedo pasar, Hagrid? Hace algo de frío...

El aludido está sorprendido y tiene la boca abierta, pero rápidamente invita al profesor a pasar y cierra la puerta con brusquedad. El calor vuelve a inundar la estancia, tan fría antes por unos segundos.

Pro-profesor... ¿a qué se debe su visita? – pregunta entrecortadamente el guardabosques. – Eh... ¿Quiere una taza de té? ¿Tal vez Brandy?

No, Hagrid, muchas gracias. – contesta afablemente el director. – En realidad he venido a ver a nuestra nueva alumna... ya que ella parece que ha decidido no venir a verme a mí... – guiña un ojo, añadiendo esto último en español.

¿Cómo dice...? – repone la muchacha enarcando una ceja.

¿No ha llegado aún mi carta? – se extraña Dumbledore, mirando al guardabosques.

Hagrid reflexiona.

Hace unos días llegó una lechuza con la carta de la subdirectora McGonagall, director. Eran dos pergaminos: uno con la lista de los libros y otro advirtiendo de que las clases comienzan el 1 de septiembre. Ningún correo más.

No eran dos pergaminos, eran tres. – interrumpe en inglés Chris y ambos la miran estupefactos. – Puede que no sepa mucho inglés, pero sé contar.

El guardabosques coge la carta a medio abrir que ha dejado en la mesa de roble y observa los papelajos: la lista de los libros, la carta de McGonagall y...

Creo que esto es tuyo... – repone el guardabosques cuando se encuentra con un pergamino escrito en un idioma extraño para él. Chris alarga la mano y toma el pergamino que le tiende Hagrid.

Señorita Chris:

No sé si habrá leído ya la lista de tus libros, pero, de todas maneras, tal vez le resulte algo confusa. Quisiera explicarle el por qué. Por favor, venga a mi despacho el día 30 de agosto a eso de las ocho de la tarde. También me gustaría comentarle algún dato que he averiguado acerca de sus padres biológicos, si es que quieres conocer algo de ellos.

Atentamente.,

Director Albus Dumbledore,

Orden de Merlín, 1ª clase

Miembro del Tribunal Wizengamot

PD.: Me gustan las meigas fritas.

Hoy... hoy es día 30 de agosto, ¿verdad? – susurra la chica con un hilo de voz.

Ambos hombres asienten a la vez.

Y ya son más de las ocho de la tarde, ¿verdad? – continua la chica.

Ambos hombres asienten a la vez.

Un silencio brutal se extiende por la cabaña. Hagrid piensa asustado que de un momento a otro Chris perderá el control otra vez y entonces él mismo tendrá una pierna intermitentemente invisible. Huelga decir que, a pesar de sus muchos años de sabiduría paciente, Albus Dumbledore también está pensando algo parecido.

Y entonces, cuando parecía que Fang no iba a poder más con tanta tensión en el ambiente ni en su vejiga canina, Chris se golpea la cabeza con la mano y murmura:

Merde...

Sin poder evitarlo, ambos hombres suspiran de alivio.

(¿Continuará?)