Capítulo V: Ella o Nada.
Tres días. Sólo faltan tres día, pequeña. Tres malditos días y vendrás al mundo. No sabes cuánto me gustaría verlo. Pero existen pocas probabilidades de ello. No quisiera ponerme sentimental, pero seguramente yo ya no estaré cuando tú vengas. Y me apena mucho que sea así. Tú yo podríamos ser una buena familia, aunque "él" ya no esté aquí y nos haya dejado tiradas.
Me gustaría verte, aunque sólo fuera por un momento, mientras lees esto. Quisiera saber cómo eres... o, mejor dicho, cómo serás. Desearía averiguar si tendrás mis mismos ojos verdes, si alguna vez durante tu vida te preguntarás el porqué de mi ausencia, si te gustará la magia que estudiarás en Hogwarts... Porque, como bien sabrás, eres una bruja, como tu madre, y no puedo imaginar siquiera que no lo seas.
Confío en que el profesor Dumbledore te trate bien. No estoy segura de que pueda hacerse cargo de ti, pero podrás estudiar en su escuela cuando llegue el momento: en la cuenta 3021 del Banco de Gringotts te dejo lo poco que poseo. Hubiese preferido que fuese más, pero tu" padre" decidió desentenderse y desheredarte. Aunque sea un sangre pura, su corazón está sucio de celos y desconfianza.
¡Pero dejemos de hablar de cosas tristes! Ahora sólo eres una criatura delicada que patalea en mi vientre, ¡pero cuando leas esto serás toda una brujita de once años! Mientras tanto, te quedarás aquí, en Santa Croce, esperando a que la magia nazca en ti tú nacerás de mí... dentro de tres días...
Te quiere, aunque aún no te conozca, y te desea lo mejor,
Tu madre.
Post-scriptum: Disculpa mi cobardía al ni siquiera revelarte mi verdadero nombre.
***
Ya ha perdido la cuenta de las veces que ha leído cada una de las palabras esgrimidas con letras picudas y esmeradas que contiene el papel que sujeta. En la tranquilidad de la noche, Chris, incapaz de conciliar el sueño, se dedica a pensar semitumbada junto a la cama de Hagrid, el cual produce fuertes ronquidos que rompen el silencio de la noche estrellada.
La luna ilumina apenas la estancia en penumbra y sus rayos fríos acarician las últimas palabras de la madre de Christiana… o de la que podría ser su madre, como dijo el director.
Ni siquiera de eso podemos estar seguros, rememora la voz del director la muchacha Sólo podemos hacer… conjeturas.
¿Y qué clase de conjeturas son esas? Nada más y nada menos que la semejanza de caligrafía de los trabajos escolares de su madre con aquella carta, así como ciertas posibles partidas de nacimiento. Pero no hay nada seguro…
Nada seguro. Es hija de un interrogante. Tener una madre muerta y desconocida o no tener nada: no sabe que es peor. Las lágrimas acuden a sus ojos cansados por forzar la vista entre la oscuridad.
Tu madre era una mujer maravillosa, como ya te dije...
La voz del director, con el que ha estado hablando horas antes durante largo tiempo, resuena en su cabeza.
Nunca la conocí, pero ella sabía de mí. Yo era bastante estimado por aquel entonces entre la sociedad mágica. De hecho, hoy creo que me siguen teniendo cierta estima… El caso es que un día recibí una lechuza de ella. En su carta me exponía su problema: su marido – tu padre – la había dejado embarazada de ti y había desaparecido de la faz de la tierra. Muchos dicen que Lord Voldemort y los suyos acabaron con él: ¡era común en esa época, créeme! Aunque las malas lenguas decían que aquel hombre era un cobarde huidizo que era incapaz de enfrentarse a su paternidad…
Chris apoya la cabeza contra la pared de madera. Se inclina más hacia la hipótesis de su madre: su padre tuvo que ser un auténtico canalla… ¿Por qué, sino, su madre decía aquello de "su corazón está sucio de celos y desconfianza"?
En definitiva, tu madre se había dedicado a viajar por Europa para, seguramente, darte en adopción de una forma algo… clandestina. No lo consiguió. Si quieres mi opinión, nunca logré entender el porqué de tal acción. ¿No podría haberte adoptado una familia inglesa? Sin embargo, ella hacía hincapié en su carta respecto a que nunca la buscaras. Creo que se consideraba una mala madre sin motivo alguno y por eso te alejó de ella... ¡Pobre mujer! Era buena persona. Simplemente estaba sola. Sola, desesperada… y perdida.
Ella era como ella. Cobarde. Asustadiza. Una niña en un cuerpo de mujer.
Su carta estaba colmada de alabanzas hacia mi persona. Escribía sobre su estancia en Hogwarts y sobre lo segura que ella se había sentido bajo mi protección dentro del castillo y, por ello, argumentaba que tú estuvieras bajo mi cuidado. ¡Era una locura, lo sé! ¡Ni siquiera sabía quién era a ciencia cierta! Ella misma confesaba que yo nunca le había llegado a dar clases… Me sentí totalmente alelado. Pero hubo algo que cambió mi parecer.
Chris tragó saliva violentamente. Quiso dormirse ya para así olvidar aquella parte de la conversación, pero la voz del profesor Dumbledore seguía retumbando en su cabeza y no cesaba de sonar.
Me dijo que se moría. La pena la debilitaba por momentos y ni siquiera tu corazoncito latiendo en su vientre le daba fuerzas para hacer sonar el suyo propio.
Sé que te quería, pues, de lo contrario, se habría abandonado a la muerte en Santa Croce, donde se encontraba días antes de darte a luz, y no me habría escrito. Pero te quería y no lo hizo.
Necesitaba que tú comprendieras, llegado el momento, quién eras: una bruja. Necesitaba que crecieras alejada de todo hasta que el dolor que te transmitía durante el embarazado se disipara y la magia quisiera nacer en ti. Entonces yo acudiría a por ti y podrías venir a Hogwarts y ser TÚ.
Pero las cosas se torcieron…
Sí, las cosas se torcieron. Chris no aguantó. La magia estalló demasiado pronto. Y así fue ella por el mundo, de orfanato en orfanato, de convento en convento, de familia en familia. Repudiada por todos esos muggles, ella huía del que era su destino: ser bruja.
Y así, poco a poco, Dumbledore le fue perdiendo la pista. Y así, poco a poco, creció sin familia y sin amor. Y así, poco a poco, ella cayó en manos de la gente menos apropiada. Y así, poco a poco, fueron pasando los años…
Acurrucada entre las sábanas, la muchacha no puede hacer nada más que sollozar. Se siente sola, como su madre. Quiere creer en ella. Quiere creer que alguna vez existió y que nació de ella. Lo prefiere a esa nada horrible y desconsoladora.
En dos días empezarás el curso y serás como ella… Aprenderás lo que ella aprendió. Por eso te he colocado en diferentes cursos según las asignaturas, ¿ves? He tomado como medida las calificaciones de tu madre. No ha sido una elección fácil: no podía colocarte en primeros cursos, ya que tienes mucho potencial mágico, pero tampoco subirte demasiado el nivel si nunca has estudiado magia. ¿Te parece bien?
Con esa voz tan amable aún resonando en sus oídos, Chris evoca una escena en la que ella, bañada en lágrimas, asiente medio sonriendo ante la pregunta del maestro. Después su boca diminuta murmura acerca de la serpiente mencionada en su lista.
Pensé que te gustaría...
Oye su risa y rememora aquel guiño de anciano simpático y viejo loco.
Y allí, evocando las escenas de la tarde, Chris se va quedando plácidamente dormida como si de verdad fuera una niñita de once años – aunque, por desgracia, tenga seis años más de la cuenta - mientras en su mano derecha conserva los restos de su madre aferrados con fuerza y un par de lágrimas se escurren por su mejilla.
En sus sueños, mezcladas con hojas caídas y olor a madera, imágenes de una niña pequeña columpiada en un cerezo rojo por una mujer alegre que ríe y la abraza se intercalan con episodios en un salón italiano del siglo pasado en el que danzantes con trajes suntuosos portan máscaras alegres mientras la señalan y le indican que se cubra la cara.
.To be continued.
