¡¡Volví!! Después de un poco más de un mes... ¡Mil disculpas! Acabo de salir de vacaciones y lo primero que hice fue tratar de continuar con la historia. De ahora en más tengo tres meses libres para seguir escribiendo :)
Por cierto, ¡gracias por lo reviews! Los dejo con el tercer capítulo :P



Al otro día en el Gran Salón se encontraban todos desayunando casi-congelados. Las lechuzas llegaban y por poco tenían sus alas congeladas con nieve. Bueno, quizás no sea tan así, pero el día sí que estaba alrededor de veinte grados bajo cero –y todos sabemos que esa temperatura no es nada agradable–. No obstante, la acumulación de alumnos en las mesas hacía que el frío se exterminara del ambiente, dejando un clima un tanto cálido y acogedor.

Pfazame la zal –dijo Marine con la boca completamente llena de pollo asado, con restos alrededor de la boca. Era común que la castaña comiera de esa forma un tanto desaforada y lo que la hacía parecer una obesa que había comenzado la dieta el día anterior y ya no podía soportar la idea de abandonar la comida.

Marine –regañó Terry mirándola con desaprobación y negó con la cabeza llevándose delicadamente un bocado de cereal a la boca.

Dizculpha, zhico pefecto –respondió la aludida rodando los ojos y con lo que parecía ser un enorme esfuerzo, tragó finalmente toda la comida–. ¡Ahora pásame la sal!

–Toma –dijo Rose interviniendo y arrastrando la sal al frente.

–Dije Terry –miró hacia un lado, ofendida por lo ocurrido hace una semana, pero su indignación no le impidió coger la sal.

–No, no lo has hecho –rebatió el aludido recibiendo la mirada de enojo de Marine.

–Por favor, Marine, no se han besado. Sabes que Scorpius carece de materia gris y le gusta lanzarse encima de cualquiera –dijo Chloris en un intento de solucionar la "pelea" entre las gryffindors.

–Gracias, Chlo, por decirme "cualquiera" en otras palabras –contestó en voz monótona la pelirroja y bebió un sorbo de su jugo de calabaza–. Por cierto, Marine, sabes que tengo mejor gusto y si lo hubiera besado, estaría envenenada.

–Yo… lo pensaré –murmuró la castaña antes de tomar sus libros y marcharse de la mesa con una tostada colgando de su boca y abrazada a los libros de Defensa Contra las Artes Oscuras.

–Te perdonará para Navidad –comenzó Terry y bebió de su cuenco de cereales–. Cree que será un buen regalo.

–Lo será… supongo. No creo que haya mejor regalo que el que estoy teniendo todos los días: ¡Malfoy se aleja de mí! Es como si yo fuera repelente. Tan sólo es… perfecto. Perfecto que se aleje de mí, claro –dijo una Rose risueña y Terry sonrió de lado mientras Chloris rodaba los ojos riendo a carcajadas.

–¿Y eso a qué se debe? –preguntó Chloris más para sí misma. Sabía que el slytherin debía tener alguna razón después de todo; era un hecho prácticamente imposible que de un día para otro –exactamente desde el encuentro que tuvieron en los jardines–, él no se hubiera acercado a Rose. Hasta parecía que le temiera. Al cruzarla por los pasillos, espanto era lo que denotaba su rostro al igual que su manera apresurada de caminar tratando de encontrar alguna forma de huir.

–No lo sé, y mucho menos me interesa –contestó Rose indiferente y se encogió de hombros, al momento que dos slytherins ingresaban al gran salón.

–Por Merlín, Scor, pareces un mapache con esas ojeras.

–Gracias, Albus, tú también luces muy bien –ironizó el slytherin tomando asiento en la alargada mesa de las serpientes, seguido por su amigo.

En verdad Scorpius lucía fatal en esa mañana. Como para no estarlo luego de no pegar un ojo en ninguna noche durante casi dos semanas. Muchas cosas rondaban en su cabeza desde la lucha en la nieve con Rose. No sabía si se estaba volviendo loco, era demasiado idiota o acababa de descubrir algo que dudaba entre revelarlo o conservarlo como secreto. Albus había notado su rotundo cambio hace unas semanas y realmente no soportaba más verlo tan asustado a su amigo. Una vez ingresó a su habitación a la madrugada, y Scorpius saltó de su cama protegiéndose con un collar de ajo y un crucifijo.

–Mejor que tú luciría hasta el mismísimo Hagrid.

–De acuerdo, Albus, te acepto que me digas que tengo ojeras de mapache pero… ¡¿Hagrid?! Vamos, no creo lucir tan mal –comentó tomando un sorbo de su jugo de naranja y luego vaciló unos segundos–. ¿O sí?

–No lo sé, Scorpius, sólo te digo que luces mal. Ni te creas que voy a halagarte por tu aspecto, todavía me gustan las mujeres –contestó Albus con una ceja alzada y una sonrisa socarrona mientras tomaba un trozo de budín.

–Potter, sólo te pido tu opinión. Tampoco te creas que te correspondería.

–¿Podemos hablar de un tema no-gay, Malfoy? –preguntó Albus mirando hacia ambos lados de la mesa como si estuviera a punto de cruzar la calle, y se inclinó hacia el rubio para murmurar:– A veces creo que la gente realmente piensa que somos eso.

–Disculpa, Potter, no creí que dudaras sobre tu sexualidad –murmuró Scorpius con esa sonrisa traviesa –una de sus herramientas para seducir chicas, por cierto–, que le producía un pocito en su pálida mejilla izquierda.

Albus lo fulminó con la mirada y continuó desayunando. No le hablaría por el resto de la mañana a su "amigo".

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Rose odiaba las clases de Defensas Contra las Artes Oscuras, pero no sólo por el hecho de que detestaba todo lo referido a la magia negra, sino porque el salón donde se llevaba a cabo la asignatura era en las mazmorras, y para su desgracia, la clase que compartía con los slytherins.

–¡Rose! –llamó una voz masculina a la pelirroja. La aludida se volteó sorprendida y sonrió amigablemente.

–Albus –saludó dándole un sonoro beso en la mejilla de su primo–. Qué raro que no estás con la lámpara-prendida andante de tu amigo, ¿lo pisó un camión?

–No, no lo pisó un camión, Rose.

–Oh… Lo imaginaba. Eso sería una noticia demasiado buena –se encogió de hombros y ladeó su cabeza a un lado para observar a su primo curiosamente–. ¿A qué se debe tu saludo? Quiero decir, la mayoría de las veces que lo haces es porque deseas saber algo o necesitas mi ayuda.

–No digas eso, Rose, sabes que no es así… O puede que sí, pero aún así te quiero, ¿lo sabías cierto? –preguntó tomándole una de las mejillas.

–Ouch, sí, lo sé –contestó la pelirroja acariciándose la mejilla–. Yo también te quiero Albus, pero sigo sin entender cómo puedes llamar a esa cosa "amigo".

–Eso no importa. Lo que te quería preguntar era si quisieras acompañarme al baile, ya sabes, el de navidad.

–¿Acompañarte? Sabes que no me gustan los bailes, nunca he ido a ninguno, ¿por qué lo haría ahora?

–Porque necesito que me acompañes. Scorpius me ha hecho algo muy feo –mintió mirando hacia un costado con fingido odio.

–¿Te ha violado? ¡Si yo sabía que era gay! ¿No le has avisado a tía Gi…?

–¡Por las bragas de Morgana, Rose, no! –interrumpió rápidamente el otro, tapándole la boca a su prima–. Sólo que él querrá que lo acompañe al baile, para buscar chicas, tú sabes.

–Ajá –murmuró la otra y alzó una ceja–. ¿Y sólo por eso quieres que te acompañe? ¿Porque no quieres acompañarlo por algo "feo" que te hizo? ¿Estás seguro?

–¿Te he mentido alguna vez, Rose?

–Sí –respondió su prima cruzándose de brazos–. Me has dicho que me regalarías la colección de escobas que tienes en tu casa, y nunca lo has hecho.

–Vamos, Rose, te lo dije para que me dejaras acompañarte con Marine a hacer las compras, éramos pequeños y sabes que papá nunca me dejaría regalarte sus escobas.

–De acuerdo, lo sabía, pero mentiste.

Albus bufó exasperado y su prima continuó:

–Está bien, está bien –accedió rodando los ojos–. Te acompañaré, con una condición –apuntó y su primo asintió–: que Scorpius no se nos acerque en toda la noche, porque te juro que…

–Entendido –interrumpió sonriendo y la estrechó entre sus brazos–. Gracias, Rose –susurró en el oído de la pelirroja y sacudió el cabello de esta para luego adentrarse en la clase de DCAO junto a ella.

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–Háblame –repitió por décimo quinta vez el rubio platinado.

Albus siguió escribiendo en su pergamino, haciendo oídos sordos a su amigo, dando lugar al sonido que producía el rasgar de su pluma contra la amarillenta hoja.

–¿Qué debo hacer para que dejes de hacerte el ofendido? –preguntó en un murmuro, inclinándose hacia delante para no tener que levantar demasiado el volumen de voz para hablar con el castaño que se encontraba enfrente de él.

–Tú sabrás –contestó con voz ronca sin parar de hacer sus apuntes para Herbología, hasta que una risa invadió el pasillo e inmediatamente alzó la vista en busca de la dueña de las carcajadas.

Marine, pensó mirando ausentemente a la castaña. Scorpius siguió con la mirada la ubicación en donde ahora se posaban los ojos de Albus. El rubio sonrió maliciosamente y miró a Albus con una mirada un tanto indescifrable, para luego levantarse de su banco y caminar hacia la castaña.

–¿Adónde vas? ¡Scorpius! –musitó el ojiverde alarmado, pero ya era tarde, pues Scorpius se encontraba saludando a Marine quien parecía morirse en ese momento.

La castaña podría derretirse en ese instante. Chloris, quien estaba a su lado, la abandonó cuando vio al slytherin acercarse a su posición: Rose le había prohibido estar a menos de tres metros de distancia de él –y aunque Scorpius nunca le hubiera hecho nada a Chloris, ella prefería no tener que pelearse con su amiga–.

–Scorp-pius –tartamudeó Marine sonriendo estúpidamente –para la opinión de Scorpius–.

–O'connell –saludó el de manera seca, mirándola altivamente–. ¿Quieres ir al baile conmigo? –preguntó yendo al grano. No quería perder tiempo con alguien que ni le interesaba.

–¿Al b-baile? –repitió la gryffindor, sin poder creerse que todo eso le estuviera pasando a ella–. Claro, p-pero, ¿por qué a mí?

–No interesa. Pasaré por la puerta de tu sala común a las 8 en punto, sé puntual, ¿de acuerdo? Y ponte un buen vestido –ordenó serio, casi de manera amenazadora.

–Por sup-puesto –contestó la otra entre risas tontas y Scorpius volvió al lugar donde se encontraba Albus, quien no le había quitado la vista desde que se encontró con Marine.

–¿Intentas que vuelva a hablarte e invitas a la chica que me gusta? –preguntó Albus enfadado, con sus mejillas encendidas.

–Albus, ¿es que no lo entiendes? Ella irá contigo al baile, no conmigo.

–¿Cómo piensas que yo…? Oh, ya lo entiendo. ¿Poción multijugos, cierto?

–Exacto.

No podía ser cierto, ¿por qué éste año debía invitar a Marine y dejarlo hacerse pasar por él por una noche? ¿Por qué en ese maldito baile? Es decir, en todo el transcurso de los años escolares había bailes por doquier y en el baile que él había invitado a Rose, debía hacerse pasar por Scorpius, y su amigo, por ende, debía hacerse pasar por él mismo.

–¿Hola? ¿Albus? Ahora, ¿estoy perdonado o seguirás sin hablarme? –preguntó el rubio sacando del ensimismamiento al castaño.

–¿Tanto te mueres por hablarme? Sólo pasaron unas pocas horas desde que no te dirijo la palabra.

Scorpius se encogió de hombros.

–Eres mi único amigo, él único que me habla sin discriminarme por mi apellido –murmuró sonriendo de lado y cerró el libro de Herbología que leía su amigo–. ¿Qué te parecen unas cervezas de mantequilla en Las Tres Escobas para festejar nuestra reconciliación, eh?

–Scor, es martes, no nos dejan salir a Hogsmeade, ¿recuerdas?

–Tu padre te enseñó un cuadro que nos lleva a Hogsmeade, ¿recuerdas? –repitió la pregunta burlonamente y el castaño rodó los ojos guardando sus materiales escolares.

–Que conste que no festejamos ninguna reconciliación, ni siquiera soy tu pareja o algo así –apuntó Albus y Scorpius sólo río.

No, no era su pareja, pero a Scorpius no le agradaría en absoluto la noticia de que debía acompañar a Rose al baile haciéndose pasar por Albus.

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El baile de navidad se aproximaba; mejor dicho, no se aproximaba, estaba a menos de una semana. Exactamente cinco días. La gryffindor se había rehusado en sus seis años en Hogwarts a participar alguna vez en una "estúpida festividad llena de cursilerías y hormonados besándose en cada rincón del gran salón", excepto este año. Claro, no tendría que acompañar a algún chico desconocido, sería su primo quien estaría con ella, y por supuesto no se besaría con él ni mucho menos.

–Así que irás con Albus –repitió Chloris terminando de hacer su cama y luego se recostó en ella–. Marine quiere que la acompañe a comprar su vestido; Malfoy la ha invitado, ¿puedes creerlo?

–¿Bromeas? Eso es horrible, pobre Marine.

–Huelo celos, Rosie –bromeó Chloris recibiendo un almohadazo como respuesta–. ¡De acuerdo, de acuerdo! –dijo entre risas devolviéndole el almohadón pero no con la fuerza casi bruta de la pelirroja.

–Celos, ¡ja! Espera, déjame reírme –pidió antes de fingir una exagerada carcajada y callarse de la nada formando una línea recta con sus labios y mirando incrédula a su amiga–. Chloris, yo estaré celosa de Malfoy cuando Terry confiese que le gustas.

–¡¿Qué?! –exclamó la aludida pálida.

–O cuando tú confieses que te guste Terry, lo que sea –comentó Rose indiferente, quitándole importancia con un gesto de la mano.

–Hazme el favor de dejar de decir… t-tonterías. Sí, tonterías –dijo Chloris caminando hacia la puerta para abandonar la habitación, con su rostro tan rojo que no tendría nada para envidiarle a un tomate.

–¡Espera! –exclamó Rose corriendo hacia su amiga y la tomó del brazo–. ¿A los bailes hay que llevar vestidos?

–¿Me estás tomando el pelo, Rose? –preguntó incrédula.

–Eh… ¿sí? –respondió en lo que debía ser una afirmación.

–Por Morgana, claro que hay que llevar vestido.

–¿No deben ir todos con sus capas y el uniforme escolar?

–Claro que no, es un evento, Rose, debes ir vestida formalmente –contestó negando suavemente con la cabeza–. Ven, vayamos de compras, estoy segura que habrá un vestido que te gustará.

Una Rose resignada accedió y bajó junto a su amiga hacia la sala común, donde estaban reunidos unos cuantos alumnos. La mayoría eran muchachas que formaban rondas y cuchicheaban cosas entre ellas. No hace falta aclarar que el tema de conversación era el "esperado" baile de navidad.

–¡Rose! –llamó Marine escaleras abajo–. ¡A que no sabes quién me ha invitado al bai…!

–Malfoy –contestó antes de que su amiga terminara de formular la pregunta–. Felicitaciones, supongo –dijo encogiéndose de hombros y le sonrió de lado–. Por cierto, no recordaba que tú me hablaras –alzó una ceja y sonrió maliciosamente.

Marine se ruborizó y abrazó a su amiga inmediatamente.

–Lo siento, lo siento –repitió incontables veces, estrujando a la pelirroja entre sus brazos. Rose correspondió el abrazo y se deshizo de sus brazos sonriéndole.

–Terry ha dicho que me perdonarías en navidad, ¿has adelantado el regalo o qué?

–Terry chismoso –musitó mirando recelosa hacia un lado y luego con una despampanante sonrisa volvió la vista a Rose–. ¡Ojalá pudiera adelantar la fecha del baile! Será genial, ya verás.

–Sí… genial –murmuró Rose sin fingir no estar contenta con ello.

Lo que ambas no sabían era que el baile sería mucho peor de lo que esperaban.

O quizás no.


Y hasta ahí llega el capítulo tres. Disculpen el título. ¿Se nota demasiado que soy pésima para los títulos? Sí, ¡bastante!
Sepan disculpar también por el capítulo tan aburrido, ¡son sólo los primeros, lo prometo! El que viene va a estar bueno, me voy a divertir haciéndolo :)
Gracias por los reviews :) Voy a contestarlos porque soy super genialosa (?) *-*

Sapphira Weasley: El secreto justamente lo voy a revelar en el próximo capítulo :) Gracias por tu review 3

jjaacckkyy: Marine es algo tonta, pero sabe perdonar *-* Gracias por tu review :]

MakiMalfoy: Sí, claro, el secreto lo digo en el próximo capítulo *-* Y Marine ya está ubicada, eso seguro ;) Gracias por tu review!

SMagicRose: Creo que yo también adoro a mi Scor *-* Pero lo voy a adorar más en el próximo capítulo, o eso espero! Gracias por tu review!! :D

DuendeDelParque: ¡Gracias por tu review! Son un tanto especiales Terry y Chloris, me alegro de que te hayan gustado! Gracias por tu review *-*

Clamp-girl: Jaja, sí, el secreto para el próximo capítulo recién, en éste di unos indicios de lo que se trata. Gracias por tu review, guapa! :]

Saster: Gracias por tu review! Supongo que es un buen indicio que el fic te provoque curiosidad *-*

Sui: Jaja, prometo hacer el próximo más largo, en serio -aparte de que estoy segura que el próximo es más largo, tengo bastante en mente para escribir-. Gracias por tu review ;D

Kels: Uhm... creo que... ¿te conozco? Jaja, gracias por tu review *-*

Gracias de nuevo, ¡y sigan alimentando a mi fic que está algo desnutrido de reviews! (?)

Saludos :)