N/A: ¡¡….Hace. Frío..!!

Hacía mucho que no escribía por aquí (o.o en lo personal, a mi me pareció bastante largo) En fin, continuaré esto antes de que se me congelen las manos.

¡¡MUCHISIMAS GRACIAS POR SUS REVIEWS!!

taia himura-chan (XDDD "pégame pero no me dejes" suele pasar…nee, adigatou!) Envy-Hikari-chan (no es tan malo o.o … oxo aunque no metería las manos al fuego por él. Gracias ) magda black-chan (Todos pasamos alguna vez por el Jashinismo XD yo acabo de salir… o.o o eso creo. XD Jashin-sama lo dirá. Gracias!!) naoko uchida-chan (Me alegro mucho que te guste. Muchas gracias!!) omtatelo-chan (O-O nos volvemos a ver! Nee, nee! Muchas gracias por tu review, no sabes como me subió el ánimo! Domo Adigatou!) sarai-chan (me llegó tu review cuando estaba terminando este capítulo. Muchísimas gracias )

Si a alguien le disgusta el "chan" que agrego al final de su nombrecito, por favor, háganmelo saber.

o.o En cuanto a Chikusho… tal vez la mayoría ya lo sabe. Es una palabrita que usa mucho Naruto y cualquier personaje (generalmente) de anime cuando las cosas no están saliendo como él quiere…

IV: Okane, Menesteres de Limosna

—Hinata-kun, no debí forzarte tanto.

Sintió como la levantaban. Delante de ella estaba Itachi, quien le quitaba cuidadosamente el lodo de sus mejillas y de su frente. Su visión era austera, casi nula. Se veían los destellos del día huyendo hacía el horizonte. Mecánicamente se llevó la mano a la boca. Y además de tragarse tierra mojada, saliva y ramitas, también sintió sangre en el paladar.

—No soy médico.—confesó, tomándola del mentón.—pero eso si fue un gran mordisco.—tomó delicadamente su labio inferior, deslizando el pulgar; dejando ver la herida.—Sin embargo….

Hinata alzó la vista tímidamente. Detectó un brillo extraño en los ojos del Uchiha.

—No es necesario maldecir, Hinata-kun.—dicho esto, limpió superficialmente la sangre. Hinata sintió una quemazón y miró, impactada, el deleite que el hilillo rojo provocaba en él.—Descansa un poco.—sugirió, mientras le ayudaba a recargarse en el tronco de un árbol.—No tardaré.

El agotamiento le cortaba la respiración, llegó un momento en que solo escuchaba su forzada respiración, sintiendo gotitas frías deslizándose por su piel, humedeciendo su cabello y franqueando su ropa.

Oía el golpeteo de la lluvia muriendo en la tierra… no había peligro. Era una extraña calma que se fortalecía conforme se adentraba la noche. Y aunque estaba aturdida, no podía pasar inadvertida la curiosidad que sentía por la tercera persona que estaba lo suficientemente cerca para ver su silueta.

Kisame escudriñó la mueca de Itachi.

—Sabía que seguías vivo.—aseguró, manteniendo una distancia prudente.

Itachi insinuó la dirección en la que se encontraba Hinata. Kisame asintió. Así, Itachi obtenía discreción.

—¿Qué quiere el líder?—preguntó pasivamente.

—Tu anillo.

Kisame detestaba su suerte.

Él le tuvo que dar la noticia a Pein de la probable muerte de su… querido compañero. Toda lógica estaba de acuerdo en que él no tenía la culpa de eso pero al parecer, eso estaba más allá de la divina compresión del líder, quien aventó rocas, papeles, escritorios y cualquier objeto material que pudiese servir para infligir dolor al ente llamado Kisame. Más que triste, el líder había actuado como alguien a quien se le negó la continuación de un contrato.

Y si no usaba las palabras correctas para explicar muy bien la situación al Uchiha, seguramente acabaría empanizado y empalado para ser servido como kushiage… con lo que odiaba la salsa de soya.

Miró como Itachi fruncía el entrecejo, como el inicio de un gran berrinche. Por supuesto, muy al estilo Uchiha.

—Él piensa que estás muerto.—se apresuró a decir. Aclarando: él líder, no Kisame. Kisame era implícitamente inocente.

Itachi no bajaba la guardia. Seguía carcomiendo el alma de Kisame con aquella implacable mirada negra. Era suficiente con eso. No estaba bajo amenaza, aún, del Sharingan… caer en una enfermiza ilusión de Itachi no era uno de sus propósitos.

Kisame recuperó el aliento cuando Itachi le quitó la vista de encima y abrió la boca ligeramente para hablar.

—Kisame.—comenzó, con su típico tonito de iniciar una plática-monologa con otra persona.—Pide al líder que me de dos meses para volver a Akatsuki.

Pedir…

¿Pedir?

Kisame odió aún más su suerte. "El viento y el mar pelean y la barca es la que se voltea"

—Y si…

—Si no, devolveré mi anillo y me retiraré de Akatsuki.

Kisame sabía por qué Itachi podía hablar así.

Que el líder sacara a Itachi de Akatsuki era tan absurdo como apostar en contra de un nuevo día: simplemente no pasaba. Itachi podía hacer lo que quisiera (en el rango del Uchiha) y no le correría.

Adelantándose a los hechos, Kisame sacó ropa para el Uchiha, quien internamente agradecía a Jashin-sama haberle dado un compañero con complejo de sirviente (No, Itachi no quería pensar que, sencillamente, Kisame era una buena persona)

—Bien. Te traje esto… y esto.

Le extendió armas, además de la tan necesaria ropa. También le extendió una capa, término medio entre Akatsuki, Hebi y las que usan los ninja de Konoha en caso de lluvia. Itachi estaba feliz.

—No pude traerte la de Akatsuki por que el líder dice que los asuntos personales no deben hacerse en nombre de la organización.—recitó como un niño de tres años a quien le dijo su papá que no debe hablar con extraños, mientras, Itachi se cambiaba de ropa.

Itachi miró su nueva capa como una extensión un tanto singular de su ser. Kisame la había elegido bien: No tan igual como para delatarlo, pero no tan distinta como para sentirse incómodo.

—Buen trabajo, Kisame.

Antes siquiera de asentir, Kisame se disipó e Itachi dio media vuelta.

.-.-.

A Hinata le dolía el cuello… y la espalda.

A primera hora de la mañana, ella intentó estirarse cuan larga era, pero cuando hizo gesto de alcanzar el cielo con los dedos, escuchó un tronido que le desilusionó.

El bosque, por la mañana, era más pequeño y menos escabroso que por la noche. Tenía un vago recuerdo de los arbustos que la rodeaban y, más bien, tenía apenas un pincelazo del recuerdo de donde estaba.

Sentía que sus músculos se habían encogido para el mínimo esfuerzo. Su movilidad era limitada.

Estaba mojada, sucia y con sangre seca atascada en su boca. Definitivamente no era de sus mejores días.

No se percató de la ausencia de Itachi hasta que le vio llegar frente suyo. ¿De dónde había sacado lo que tenía puesto?

—Buenos días, Hinata-kun. ¿Dormiste bien?

Hinata se ayudó del árbol para ponerse de pie.

—Discúlpame. Debí levantarme temprano para continuar.

—No te preocupes... Ya es medio día. Creo que no quieres volver a dormir como anoche.

A Hinata le avergonzaba decirlo.

—No… yo…

—Si eres masoquista es otra cosa. Pero necesitamos dinero, al menos en lo que nos recuperamos y podemos subsistir por nuestra cuenta.

Hinata asintió débilmente.

—Hacia el norte hay una villa independiente. Iremos ahí y conseguiremos algo de dinero, en la noche buscaremos un Ryokan.

Hinata tenía miedo de preguntar.

—¿Cómo obtendremos dinero?

._._.

Itachi buscó una esquina y se sentó. Hinata se arrodilló a su lado.

—¿Qué…?

—Tú te ofrecerás a hacer cualquier trabajo respetable.—enfatizó la última palabra; mirando el aspecto vagabundo de Hinata.—Por ningún motivo intentes mejorar tu aspecto.

—Y…

—Yo…—Itachi le miró incómodo.—…Nos veremos aquí en cuanto anochezca. No vayas muy lejos.

Itachi se acurrucó en la pared y ocultó su rostro. Hinata empezó a caminar sin mirar atrás.

Probó suerte en los puestos ambulantes. Trabajaba cinco minutos por bastante dinero y es que los rastros de lodo en sus mejillas opacaban su saludable sonrojo y le hacía ver pálida y enfermiza. Sumado a sus ojitos llorosos, Hinata rozaba la palabra lástima y subrayaba la ternura.

Cuando terminó con los puestos, pasó frente a una construcción y los trabajadores le invitaron a comer. El sol se ocultó en la primera casa, Hinata sabía que tenía que regresar. Antes de eso, sus nuevos amigos se cooperaron y juntaron una suma nada despreciable de dinero. Le dieron monedas en el regreso al lugar acordado, y otros transeúntes, unos notablemente borrachos y otros tantos con buenas intenciones, le extendían billetes junto con el cliché: "guarda el cambio."

Itachi estaba donde lo había dejado, solo que esta vez de pie y con treinta monedas amontonadas en la mano izquierda.

Hinata le miró curiosa, a él y a los ryu de procedencia dudosa.

—…Es fácil sobrevivir por aquí.—Se justificó. Aunque… ninguna explicación racionalmente lógica podría justificar eso.

Fuera de la aldea, juntaron su dinero. Tenían suficiente para iniciar una vida nueva, inclusive con lujos… o bien, para cinco noche en un Ryokan de alta categoría.

—Buen trabajo, Hinata-kun.

Viajaron a la siguiente villa que parecía improvisada, el vestigio de un país en ruinas. El Ryokan quedaba de salida.

Hinata caminó hacía la entrada, esperando que Itachi le siguiera. Cosa que no sucedió.

—¿O-ocurre algo malo?—preguntó, un poco desconcertada y culpable.

—Vendré por ti en la mañana. Espero que esta vez te levantes temprano.

—P-pero…

Itachi se adelantó lentamente, se acercó desmesuradamente a ella, hablando en susurros cerca de su oído.

—Soy un criminal rango S… aunque el poblado sea insignificante, no quiero levantar sospechas.

Contra su voluntad, Hinata asintió.

._._.

No eran solo las sospechas…

Ni siquiera el dinero.

Era desesperación.

Se adentró en el bosque y aunque aún alcanzaba rastros del día, veía solo sombras, plastas de color sin forma. Tenía que empezar a pagar el precio del Mangekyo Sharingan.

Se sentó cerca de un lago. Intentó calmarse. Y aunque estaba acostumbrado a lanzar kunai en distintas direcciones, inclusive en puntos ciegos, y a dar en el blanco la situación le parecía desesperante.

Una cosa era decidir cuándo ver y cuando no. Ahora se le iría arrancando aquel privilegio.

Suspiró profundamente y espero a que ese gigantesco haz de luz, que para sus ojos no era otra cosa, se difuminara por las montañas. Conservaba la vista al frente. Ahora todo era un extraño vacío, lleno de tachones, matices obscuros y claros…. Nada más.

Cerca de la madrugada comenzó un frío reconfortante. Sentía el invierno asechando por su nuca. No se alcanzaba a percibir nada, más que el reflejo de la luna en el estanque. Itachi parpadeaba de vez en cuando, cada vez sintiendo la realidad más lejos, escabulléndose junto con la noche.

Recargó la cabeza en el tronco y reguló sus emociones.

"Te las puedes arreglar, Uchiha." Se digo, animosamente.

Escuchó los arbustos sacudirse. Ni un conejo ni ningún animal podrían hacer tanto escándalo. Fuese quien fuera no era una amenaza. Aún con las pupilas atrofiadas podía defenderse. Bajo su capa, preparó algo que lanzar.

Pero luego sintió una presencia de ratoncito asustado. Ninguna otra persona le transmitía tanta inseguridad.

—Hinata-kun, Deberías estar dormida.—dijo, con la intención de sonar como reprimenda.

—Es que… no quería que me dejaras.

Itachi sonrió satíricamente.

—No necesito prometerlo para cumplirlo. Me acompañarás hasta Kumogakure. Si te quedas dormida, no tiene importancia. Tenemos dos meses para llegar.

Hinata se acercó torpemente hasta él. Itachi estaba perdiendo conciencia del espacio, así que no podía identificar el lugar exacto en el que Hinata estaba parada.

Solo sus sentidos se enteraron cuando su piel se estremeció con el contacto de la de ella.

—Estas frío…

La abrazó.

Sí, solo desesperación. La tomó bruscamente de los hombros. Parecía que hiciera lo que hiciera no podía tocarla. Y aunque estuviesen tan cerca seguía sintiendo un frío más allá del clima.

—I-Itachi-san…

Se reconfortó. Sonaba lindo. Más en sus labios rotos.

Sonaba deliciosamente lindo.

Aumentó la fuerza con que la abrazaba y escuchó como ella se esforzaba por inhalar. Después buscó su mirada, que para él solo eran dos manchones violeta-blanquecinos. Eran tan lejanos… eran dos perlas bajo el mar.

Olisqueó su cabello, recién lavado, desprendiendo un olor natural. También perdió conciencia de quien era él y de quién era ella. Tocó su carita, sin importar que pensara ella. Se olvidó de todo y complació su capricho. Era cálida y suave.

Hinata no cabía en sí… Lo poco que había estado con Uchiha Itachi siempre le vio distante. Quería formar parte de sus manos, los pocos gestos que mostraba. Una obsesión casi idolátrica por todo lo que lo conformaba.

Rozaron casi narices.

Se miraron. Eran compatibles en más de una forma.

Hinata cerró los ojos y ofreció sus labios, esperando ser correspondida.

._._._._._._._.

O.o por Dios. Este es el capítulo más largo que eh escrito en toda mi vida. En verdad, espero que les guste.

Recuerden: Todo es parte de un plan XD

Dudas, amenazas, sugerencias, comentarios…

P.D.: ¡Faltan unas horas para que Deidara intente ahorcar a Tobi con las piernas!