Iba uno.
Y otro.
Y otro más.
Independientemente de su voluntad, Hinata no podía dejar de ver eso.
No tenía nombre o, más bien, no podía llamarse de otra forma.
Eso.
Ella mantenía una cara estoicamente imparcial porque, después de todo, era su culpa. Hinata mantenía las manitas debajo de la mesa y de vez en cuando se atrevía a bajar la vista una milésima de segundo. Aquello no podía durar mucho.
Itachi estaba en la mesa de un restaurante olvidado de la mano de Jashin-sama (por lo tanto de la ley) Bebiendo una tras otra copita de sake. Inclusive había desdeñando la tradición de no servirse solo. Él hacía, personalmente, todo el complejo proceso:
A) Encontrar, a tientas temblorosas, la botella de sake en la mesa que, siguiendo la ley de Murphy, se localizaba en el último lugar donde colocaba la mano.
B) Vaciar meticulosamente el contenido hasta que el vaso se desbordaba.
C) Echar el contenido en la boca, sin pasar por los labios, haciendo la cabeza hacia atrás.
D) Poner de un golpe el vaso en la mesa.
E) Repetir el proceso.
Esto ocasionalmente se interrumpía cuando Itachi caía en cuenta de que la botella no se llenaba solita. Debía pedir más. En realidad, Hinata debía pedir más.
Hinata sabía que debía interferir, pero esa sonrisa insensata en el Uchiha le hacía desear nunca haber nacido. Sólo podía limitarse a mirar.
Cerca del anochecer, Itachi asechó a Hinata. La observó, distante. Ocasionalmente moviendo la vista en la mesa. Ella se sentía avergonzada. Hasta que descubrió el motivo de tan incómoda escena: la botella estaba al lado de su muñeca. Itachi no podía alcanzarla. Entonces desmanteló el mensaje de las pupilas del Uchiha: "Pásamela"
El cómo la botella apareció ahí, era un misterio que Hinata quería ignorar.
Cuando la dueña del local comenzó a insinuar el cierre de éste, ella sabía que debía sacar a Itachi de ahí. Aunque lo más probable era que muriera en el intento.
—I-Itachi-san, Pienso que sería mejor irnos.
—Calla.—contestó en un tono sencillamente ebrio. Parecía que se estaba dirigiendo al sake. En un gesto inquebrantable bondad le extendió su vasito.—bebe.
—N-No, gracias.
Itachi pareció herido ante su negativa por un par de minutos, luego se encogió de hombros y continuó tomando.
I
El cómo salieron era ambiguo para Hinata. Tenía dos hipótesis: los habían corrido y alguien más grande y fuerte que Itachi (aclaración: más fuerte que un Itachi en sus menos cinco sentidos) se había encargado de dejarles en medio del camino y la segunda opción, simplemente los habían corrido y su voluntad logró poner pies en polvorosa.
Como fuera, ahora estaban en algún lugar; en medio de algún camino; en alguna hora de la noche.
—Aún es temprano. Continuemos la marcha.
A partir de las doce era un nuevo día y seguramente ya eran las tres. Era exageradamente temprano.
—¿No deberíamos buscar un lugar para pasar lo que queda de la madrugada?
—No. Hemos perdido demasiado tiempo. Debemos continuar.
Continuar quedó suspendido como una promesa ajena. Hinata miró a Itachi delante de ella.
—Generalmente, Itachi-san, tienes que comenzar a caminar para reanudar la marcha.
Itachi agachó la vista y vio sus pies, como si fuesen criminales. Negó con un tonito de "Ya habíamos hablado de esto" luego giró hacía Hinata y le sonrió complacido. Después de dar el primero paso.
—Tienes razón. Gracias.
—No hay de qué.
Hinata notó los pasitos irregulares de Itachi. Arrastraba los pies y pasaba por alto soniditos entre los matorrales que podrían pasar como tentativas de homicidio.
—Estaba pensando…. —dijo Itachi después de una hora de camino.
— ¿eh?
— ¿Cómo cruzaremos esos pinos? La niebla es muy densa.
Hinata se asomó e intentó vislumbrar lo que Itachi estaba describiendo; pero lo único que estaba delante de ellos era un camino largo, serpenteando entre las montañas.
¿Pinos?
¿Niebla?
¿Cruzar?
No, Hinata no pensaba contestar eso.
Lamentablemente, Itachi la miraba muy esperanzado e ignorar su pregunta sería terriblemente irrespetuoso, por no decir suicida.
Hinata miró el paso y luego a Itachi.
— ¿…Bordeando?
Itachi volteó hacía sus pies y después hacía el frente.
—Tienes razón. Gracias.
En el fondo del inconsciente sobrio de Itachi, él se sentía más que bien. Por azares del destino, cuando el Uchiha estaba ebrio podía ver a la perfección. Su vista, inclusive, era más aguda. No sólo ganaba ver, sino que veía mejor que antes.
Claro que Itachi, dentro de todo, sabía que no podía pasar el resto de su vida bebiendo para no quedarse completamente ciego.
Minutos más tarde, Itachi se detuvo y miró fijamente al horizonte. Abrió la boca para pronunciar algo.
—Tengo sueño.
—Busquemos un lugar.
Hinata lo jaló de su manga, conduciéndolo hacía las profundidades del bosque.
—Tengo sueño. —repitió, dejándose llevar.
—Ya casi llegamos. Espera un momento, por favor.
Al principio Hinata respondió a todos los "Tengo sueño" de Itachi amablemente, pero conforme se iban adentrando, ella se iba desesperando.
—Tengo….
— ¡Ya lo sé!
Se hizo un silencio tenso, interrumpido por el propio ambiente. Se miraron. Hinata iba a arrepentirse.
—Me gritaste. —profirió Itachi, sumándole importancia.
—Yo… l-l-lo lo sient-
Itachi se rió y jaló a Hinata hacía un lugar que, al parecer, Itachi ya tenía planeado llegar.
Llegaron a las raíces abiertas de un árbol. Ambos se sentaron y sintieron la noche fría. El Uchiha observaba distraídamente a la Hyuuga. Ella se estaba acomodando en un rincón, del lado opuesto del de Itachi.
Él se acercó a gatas hasta ella. Hinata no esperaba encontrarse junto a él por segunda ocasión.
—¿Tienes frío?—preguntó lentamente, invadiendo el espacio personal de ella.
—Un poco… la verdad sólo me da la impresión de que debería tenerlo.
Deslizó ruidosamente el sierre de su ropa, la tomó de los hombros y la acostó delicadamente en el suelo. Ella respiraba afanosamente.
—I-Itachi-san… ¿Qué estas…?
Era el alcohol. Ya sea por la embriaguez y el presentimiento de la resaca, conjugado con instintos reprimidos durante casi una década. Lo importante es que él estaba dispuesto a continuar y ni siquiera Hinata podía evitar lo que iba a hacer. Nadie ni nada.
Al fin podía percibir su carita sonrojada, los ojitos dolorosamente entrecerrados, observándole desde abajo, esperando lo impensable.
Comenzó a besar su cuello. Teóricamente sabía qué pasos seguir. No era la primera vez que lo hacía. Sencillamente había pasado mucho tiempo desde que la última vez.
Hinata lo tomó por el cuello de su capa. Itachi tomó su mano bruscamente, manteniéndola en el mismo lugar.
— ¿Quieres que me detenga?—preguntó por mera educación básica, porque no tenía la mínima intención de resistirse a las circunstancias.
Hinata dudó por momentos, luego hizo algo parecido a una afirmación, según las interpretaciones del Uchiha.
—Bien. Ábrela. —ordenó, guiando su manos hacía el artefacto quimérico que mantenía unida su capita. Respiró hondo y ella empezó a desabotonar lo que le indicaba, mientras él llegaba a la intimidad de la piel, tibia bajo la ropa que sobraba.
Ella se dejó desvestir como a una muñequita; alzó los brazos, recorriendo las piernas y mecánicamente cooperaba con la situación.
—Estás tensa. —señaló Itachi, recorriendo con sus nudillos sus mejillas.
—E-Es que… nu-ca antes... y-yo...n-no sé… q-qué hacer…
—No te preocupes. —Respondió maliciosamente. —Yo sí.
II
Inmersa en un sentimiento ambiguo, Hinata caminaba delante de Itachi. Le temía a cada paso que daba, sabía exactamente donde quedaba Kumogakure pero por razones evidentes no quería llegar, y mucho menos después de lo que había pasado esa noche.
Itachi caminaba a regaña dientes, intentando pensar en la inmortalidad de Hidan.
"Tienes resaca y de nuevo no puedes ver. Esto está más obscuro que tu conciencia, lo cual es mucho decir." Escuchó como un eco lejano en el interior de su cabeza.
"….para ser yo, eres bastante molesto."
"Lo sé, lo sé. Ayer nos divertimos mucho, ¿no?"
"…Sí, lo admito".
"¿Y aún así la dejaras ir?"
"Tengo mis planes."
"¿Alguien te ha dicho que eres demasiado Itachi?"
"No, nadie sobrevivió." Itachi sonrió maliciosamente.
"Ah.. ya veo. Pues eres demasiado…"
"Ni se te ocurra terminar eso."
"Está bien…Oi, hablando de patos, ¿me vas a explicar eso de la actitud pato?"
"Veras, es cuando…"
—Lo siento, Itachi-san. Debí decirte que ahí había una piedra.
—N-No te preocupes….
—¿Estás bien?
Itachi nunca se puso a meditar en cuánto podría doler el impacto limpio de una piedra contra sus dedos de los pies, los cuales quedaron como acordeón. Dolía, y mucho. Y por alguna extraña razón, el tener los ojitos ocultos tras los párpados, aumentaba la fuerza que la malvada roca tenía en destrozar sus nervios. Itachi maldijo el potencial destructivo de los objetos inanimados y también a Hinata por ser un pésima lazarillo.
—Sí, estoy bien.—musitó, soportando la tentación libertina de saltar en un pie y asistir al soldado dañado.
Eso sería absurdamente lógico para el humano promedio; pero en su caso el sistema no lo permitía. Si Itachi decía que estaba bien, entonces lo estaba. Aunque eso significara mentirse a sí mismo.
—Hinata-kun, ¿cuánto falta para llegar?
—Yo… yo diría que al amanecer estaremos entrando a la aldea.
Itachi acercó cautelosamente la manga (no la mano, eso se vería aún más inapropiado) a la de Hinata, rozando sus nudillos, avanzando sutilmente hasta la punta de sus yemas, apoderándose de su mano, frágil y suave en la suya.
Hinata no pareció percibir siquiera el gesto. Simplemente sonrió ligeramente, sin hacer un escándalo de lo que ya era cotidiano para ella.
—No quiero más accidentes.
III
Al principio, Kumogakure se adivinaba entre el horizonte como la sombra de una ciudad, la sobra de algo que alguna vez existió; pero mientras se acercaban, Hinata se daba cuenta de que era menos que eso: era la capital de la miseria.
El silencio divagaba entre la arena y la hierba, en un gesto burlón de mejorar las cosas. Las pocas personas, o el recuerdo de ellas, estaban sentadas en las esquinas; inmóviles esperando solo lo inevitable de una vida cansada de ser.
—Mira, Itachi-san…
¿Qué parte de "Itachi está ciego" Hinata no comprendió?
—Ah…. Perdón… que no puedes ver.
Itachi dirigió sus pupilas hacia donde se supone debía estar ella, fallando por un par de centímetros. Algo en su cabecita no funcionaba correctamente, ¿o debía atribuir eso al nerviosismo de estar en su presencia? Seguramente era eso.
"…Hinata-kun, ¿Alguna vez alguien te ha dicho que tu silencio es encantadoramente astuto?"
Pero, en lugar de eso…
—¿Qué deseas que mire, Hinata-kun? Haré lo que esté a mi alcance.
—Lo siento… es que… ¿Estás seguro que querías venir… aquí?... quiero decir, aquí no hay nada.
—No tienes idea, Hinata-kun.
Según la excepcional memora del Uchiha, estaban en la entrada. Podía sentirlo en el aire caliente que pasaba en la tierra sin nubes, por insensata que pudiese parecer tal observación en la Aldea Oculta entre las Nubes. Caminó cien pasos contados hacía adelante, aún con la mano de Hinata; arrastrando a la Hyuuga que enterraba los pies en la tierra seca.
—No te distraigas.
—Perdón.
Después, giró a la izquierda; derecha; norte; suroeste… logró perder a su memoria, pero el objetivo seguía fijo. Itachi se detuvo en seco.
¿Qué sería menos vergonzoso? ¿Encontrar la casa que buscaba con la nariz en un pequeño accidente premeditado, o encontrarse con ella al extender la mano como un ciego sin bastón?
—¿Podrías llevarme a la puerta de la casa?
—Pero, Itachi-san, aquí no hay nada.
¿En serio? Itachi habría jurado que delante había algo.
—La única casa esta a tu izquierda y… no parece muy casa.
Eureka.
—¿Me llevas?
—P-Por supuesto.
Después, tanteó terreno guiándose de los pocos sentidos sobrios… ¿Sake?
No, no. Debía dejar el sake. Aún le dolía la cabeza por la noche anterior.
Tocó la puerta tres veces y se paró, abrió los ojos esperanzado, para que un poco de luz alcanzara a hacer nítida una imagen.
Sí, una cara apareció. Una cara familiar.
—Cuánto tiempo sin verte, Uchiha Hideo-sensei.
