Hola!!!

Lamento no haber actualizado el 25, pero es que tuve que viajar para pasar la fecha con mi familia.

Pss espero que hayan pasado una feliz navidad y que hayan comido muchas cosas dulces y recibido muchos besos y abrazos...

En fin… ya no les entretengo más y les dejo con el ultimo capítulo, el cual va dedicado con mucho cariño para tods ustedes y en especial para esmeralda-chan, hiika y mayi cullen, que siempre me alegran los días con sus lindos comentarios… muchas gracias por seguir apoyándome en mis locuras xD

Gravitation no me pertenece…


El mejor regalo

- ¡¡¡Hiro!!! – grito emocionado al ver a su amigo esperándolo en el mismo sitio en el que lo había dejado, así que sin más se abalanzó sobre él, ocasionando que ambos cayeran ostentosamente en la húmeda hierba.

- ¡Bienvenido a casa Shu! – saludo feliz, sin darle importancia al fuerte golpe que se dio al caer, ya que había extrañado mucho a su mejor amigo y estaba muy alegre de tenerlo cerca, pues casi nunca se separaban y mucho menos en víspera de navidad.

- ¿Hiro… me extrañaste? – pregunto al tiempo que lo miraba expectante, mientras esperaba la respuesta y se sentaba de frente, sobre las piernas del pelirrojo.

- No… para nada. – mintió con malicia.

- ............. – no hizo ningún comentario, solo un tierno gesto aniñado se contemplo en su rostro, al tiempo que sus bellos orbes amatistas se volvían acuosos.

- Jeje… no seas tonto Shu, ¿quién no podría extrañarte? – respondió al tiempo que abrazaba al pequeño y depositaba un tierno beso en su frente. - ¿Cómo podría no extrañarte, si siempre me haces mucha falta? – termino de decir al tiempo que revolvía cariñosamente, el rosado cabello del menor y lo levantaba en sus brazos.

Shuichi se sonrojo al ver como su amigo lo cargaba con facilidad y lo dirigía a través de aquel hermoso jardín y el estrecho camino, hasta llegar frente a una enorme puerta de madera color blanco con hermosos decorados en oro, en dónde nuevamente se reunirían con los siete hermosos seres alados… los cuales esperaban su regreso y que al verlos entrar se levantaron e hicieron una leve inclinación en muestra de respeto, para luego tomar asiento en sus respectivos lugares e invitarlos a que ocuparan los suyos.

- Shu… nunca dudé de tu capacidad para realizar esta misión… y me complace mucho, tener que anunciar que ha sido todo un éxito… - comento sonriente y orgulloso, el arcángel Gabriel.

- Es verdad, has estado espectacular… el Señor, esta muy complacido por tu logro. – comento alegre, el arcángel Rafael, al tiempo que bebía un poco de la copa que mantenía en sus manos.

- ¿Ehh? Mmm… jeje, pero si no fue nada… yo solo le mostré lo que hizo falta para ablandar su corazón, pero en realidad el crédito es de él, fue Yuki quien decidió cambiar… - respondió sonriente al recordar lo que vivió al lado de rubio.

Todos los presentes lo miraron sorprendidos, sabían de antemano que Shuichi era tan humilde que jamás admitiría que era su mérito, pero no fue eso lo que llamo su atención, sino la intensa mirada del pequeño, esa mirada con un brillo diferente, la cual estaban seguros no haber visto antes en él.

- Bueno, supongo que es como dices… - comento sin ganas de discutir con el pequeño, ya que sabía perfectamente que a Shuichi no le gustaba perder y que era terriblemente obstinado. – Pero lo importante es que todo termino satisfactoriamente, así que demos por terminada esta reunión y dispongamos del tiempo que queda para las celebración de navidad… - dijo el arcángel, mientras que en su rostro se dibujaba una grande y sincera sonrisa.

Todos apoyaron la decisión y se relajaron por un buen rato… ya que aún era de día y esa noche debería de ser especial, todos ellos en coordinación con varios ángeles más, participarían en ese importante evento, pero por ahora podrían tomarse un tiempo para descansar.


Era demasiado temprano para su gusto, pero ese día tendría muchas cosas que hacer, así que se dio un rápido baño, tomó una taza de café acompañada de su indispensable cigarro, se vistió, realizo un par de llamadas y se dirigió al centro comercial, llevándose una grata sorpresa al descubrir que casi todas las tiendas se encontraban abiertas a pesar de la hora.

Hizo todas las compras necesarias y se dirigió a su compañía.

- Bu… buenos días señor. – saludo un nervioso moreno, ya que no esperaba a su jefe tan temprano.

- ¿Qué tienen de buenos? – respondió como de costumbre, pero con una sutil sonrisa en los labios, detalle que paso desapercibido para su empleado.

- Lo… lo siento señor… - se disculpo apenado.

– Cuando llegue Kanna mándala a mi oficina, necesito verla cuanto antes… - ordeno al tiempo en que entraba a esta.

- Co… como usted ordene señor… - respondió, haciendo una exagerada reverencia.

Una vez en su oficina, se sentó en el cómodo asiento, encendió un nuevo cigarrillo y cerro los ojos con cansancio, no podía sacarse de la cabeza a ese hermoso ángel que le había visitado en aquella noche, recordaba claramente su rostro, su bien formado y delicado cuerpo, al igual que el dulce y exquisito aroma que desprendía, pero lo que mas recordaba, eran esos hermosos ojos violetas y esos suaves labios que le hicieron sentir una extraña calidez al besarlos…

Se encontraba tan absorto en sus pensamientos, hasta que escucho que alguien llamaba en la puerta.

- Adelante… -

Frente a él se encontraba su editora, la cual se acercaba con preocupación, ya que no esperaba que su jefe llegara antes que ella, así que estaba segura que recibiría un castigo por haber llegado tarde.

- Con permiso… lo siento profesor, pero es que… -

- No te pregunte nada, solo te quería decir que ya no necesito de tu presencia en… - no pudo terminar de decir al ser interrumpido por la mujer.

- Profesor… por favor no me despida, necesito mucho este trabajo, además le prometo que no volverá a suceder y… -

El escritor sonrió divertido, lo que causo que un escalofrío recorriera el cuerpo de la mujer.

- Lo que quiero decir es que no es necesario que te quedes a trabajar… tienes el día libre hasta pasando el nuevo año y no te preocupes que no pienso despedirte, además de que no te descontare esos días, todo lo contrario, te aumentaré el sueldo… y necesito que vayas ha este sitio con tu esposo. – dijo al tiempo que le entregaba una nota con un sobre. – El contenido de ese sobre, es un regalo de navidad para ti y tú familia.

Kanna no comprendía absolutamente nada, pero se sintió tan feliz y con unas inmensas ganas llorar, que se abalanzo sobre el rubio para darle un efusivo abrazo mientras que gruesas lagrimas resbalaban por su rostro.

- ¿Ehh… otra vez llorando? Si todo esto es precisamente para qué ya no volvieras a llorar. – se descubrió ante la castaña.

- ¿Pero… cuando me ha visto llorar? – pregunto entre el llanto, mientras lo soltaba.

- No me hagas caso olvídalo… -

En ese momento volvieron a llamar a la puerta.

- Señor… hay unos hombres que traen muchas bolsas y regalos y dicen que tienen que hablar con usted… - decía el moreno, al borde de un colapso nervioso.

- Esta bien Sakano, déjalos pasar… - pidió el rubio.

Sakano se hizo a un lado para permitir el paso a dos hombres que cargaban una gran cantidad de bolsas y de cajas envueltas en papel decorado y con grandes moños de distintos colores.

Ambos empleados miraban con asombro, todo lo que se encontraba en la oficina de su jefe, pero no comentaron absolutamente nada, solo se quedaron observando hasta que aquellos hombres anunciaron su retirada.

- Bueno, como te decía… - dijo refiriéndose a su editora. – el contenido del sobre es un regalo y esa dirección en la que quiero que asistas con tu esposo, es de uno de los mejores médicos del país… quizás aún no sea tarde para ayudar a tu esposo, así que espero no lo dejen pasar… además, todo esto es para ti... – comento sonriente, mientras le indicaba a la mujer, que cosas eran suyas, la cual solo lloraba de felicidad y revisaba con alegría varias bolsas de compras que contenían fruta, despensa y un pavo, además tres enormes regalos, uno para cada integrante de su familia.

- Sakano… esas cosas de ahí son para ti y esto también… - dijo al tiempo que le entregaba un sobre. - Tampoco es necesario que te presentes en estos días hasta pasando las fiestas, al igual que Kanna te aumentaré el sueldo, pero antes de que te vayas quiero pedirte un favor… -

- Di… dígame… señor… - respondió incrédulo al no terminar de comprender lo que ocurría.

- Quiero que todos los empleados de NG se vayan a descansar por estos días, pero antes me gustaría que les entregues las despensas que dejaron en un tráiler que se encuentra en el estacionamiento, que ningún empleado se quede sin una… - pidió con una enorme sonrisa en su rostro. – Bueno, como ya no tengo nada que hacer aquí, me retiro… pero espero verlos el próximo año. – termino de decir mientras caminaba en dirección a la salida. – Ahh… por cierto… – dijo al tiempo que se detenía en el marco de la puerta para después girar de frente a sus dos incrédulos empleados. - ¡Feliz navidad!!! – expreso sonriente y sincero.

- ¡¡¡Feliz navidad jefe!!! – respondieron al mismo tiempo.

Una vez que se hubo marchado, ambos amigos se abrazaron llorosos y entusiasmados.

- ¿Qué le habrá pasado? – pregunto el moreno desasiéndose del abrazo.

- Mmm… lo ignoro, pero lo que haya sido debió de ser muy bueno… me alegro tanto por él, y también por que podre pasar estos días en casa con mi familia… ya quiero ver la cara que pone mi hija cuando se levante y me vea con todas estas cosas para preparar la cena. – comento animada.

- Es verdad… me alegro mucho por ti, aunque yo también podre llegar temprano con k y disfrutar de la cena. –

- Jajaja… ya lo creo, sobre todo podrás disfrutar de la compañía de Noriko… pero bueno, deberíamos de anunciarles a todos, lo que mandó el jefe y organizarlos para entregarles sus despensas.

- Si tienes razón… – asintió tratando de disimular el sonrojo por el anterior comentario de su amiga.

- Bueno, vayamos de una vez… -

- Si, ya quiero ver la expresión en sus rostros cuando les informemos las órdenes del jefe…-


- Vaya… Shu esta estupendo… hasta podría decirse que canta como los mismísimos ángeles… -

- Ja ja, ¿eso fue un chiste Rafael? Por que si no te has dado cuenta, Shu es un ángel… - comento sarcástico el arcángel Gabriel.

- Jajajajajajaja… - reían todos los ángeles y arcángeles que se encontraban presentes.

- Si que eres amargado Gabriel… - respondía con un tierno puchero, parecido a los que hace Shu.

El aludido ignoro olímpicamente aquel reclamo por parte de su amigo y dirigió su atención a un apuesto pelirrojo que se encontraba sentado en una cómoda nube, un poco más retirado de ellos, se acerco a él y le hablo, sacándolo de sus pensamientos.

- ¿A que se debe que no estas tocando el arpa para acompañar a Shu en sus canticos? – pregunto con preocupación, ya que Hiro no desaprovechaba ninguna oportunidad para tocar con su amigo.

- Tú también lo notaste… ¿verdad Gabriel? –

- ¿Te refieres a Shuichi? -

- Si… cuando estábamos solos, le pregunte si había algo que le preocupara o de lo que quisiera hablar, pero dijo que no era nada de que preocuparse, aunque estoy seguro que… -

- Que tiene que ver con ese humano. – se adelanto a responder.

- Si… cada vez que habla de ese tal Yuki, sus ojos brillan con más intensidad. Es gracioso… nunca pensé que esto sucedería… -

- Entonces… ¿es por eso que pediste una audiencia con el Señor? –

- Así es… pero ¿como lo sabes? -

- Eso no tiene importancia, solo respóndeme algo… ¿Serías capaz de sacrificarte por él? –

- Seria capaz de ir hasta él mismo infierno por él… -

- Entonces cuenta conmigo… - comento sonriente, mientras acariciaba con cariño el suave y rojizo cabello de su amigo, caricia que fue bien recibida por el ángel.

A lo lejos, una hermosa voz deleitaba a todos los ahí reunidos en la gran fiesta de noche buena.


- Welcome… - saludaba el americano. – en realidad nunca imagine que vendrías. –

- Pues no pensaba hacerlo, pero me dije; ¿Que demonios? ¡¡¡Es navidad…!!! – bromeo el escritor. – Aunque solo estaré por poco tiempo… es que tengo una cena familiar a la cual asistir. –

- Ok… con tu visita me doy por bien servido, aunque no era necesario que gastarás en todo eso… - dijo refiriéndose a un par de tráiler llenos de alimentos, ropa, juguetes y mantas, que se encontraban frente aquel edificio.

- Pues supongo que de algo servirán, además quería pedirte que me dejes ayudar a alguna de tus fundaciones… después de todo, tengo mucho dinero y ni con la ayuda del mocoso de Tatsuha me lo podría acabar. –

- ¡¡¡Jajajajaja… me parece bien!!! – respondió contento. – Pero lo que más me alegra es que vayas a visitar a Tatsuha, dale saludos de mi parte y las gracias por invitarme, pero no podré ir hoy, aunque quizás me de una vuelta mañana a primera hora. -

- Muy bien Claude… yo le daré tus saludos y le informaré sobre tu visita. – dijo al tiempo que subía en su auto y se llevaba un cigarrillo a la boca.

- Ok… y… ¡¡¡¡Merry Christmas Eiri!!! – se despidió.

- Merry Christmas K… -

El americano se quedo con una enorme sonrisa en su rostro, mientras veía alejarse a su amigo, hasta perderlo de vista entre las transitadas calles de la ciudad…


- Ahh… bienvenido Suguru, nos alegra mucho que hayas venido… – saludaba un apuesto hombre castaño y de hermosos ojos azules, mientras sostenía en sus brazos a un pequeño conejo rosado.

- Muchas gracias Ryuichi… - respondió alegre.

- Y lo mismo por ti, Sadako… - refiriéndose a la compañera del menor.

- Gracias Ryu. – agradeció la chica, para luego entrar detrás de ambos jóvenes y sentarse en la sala a lado de su novio, mientras esperaban que Tatsuha saliera de la cocina, ya que este fue el encargado de la cena, por que Ryu era un desastre para realizar esas labores.

Después de algún tiempo, todos reían y platicaban amenamente… a excepción del menor de los Uesugi, el cual solo los observaba con melancolía…

- Ahh… ya faltan veinte minutos para navidad, deberíamos empezar a poner la mesa… - comento animado al tiempo que se abrazaba posesivamente a su adorado conejo.

- Si, my honey… vamos te ayudaré a ponerla. -

Una vez que terminaron, todos ocuparon un asiento en el amplio comedor… por algunos instantes todos quedaron en silencio al contemplar un lugar de más en la mesa.


Estaba cansado, aunque después de manejar por un par de horas era razonable, pero sin duda ese pequeño viaje valdría la pena… de eso estaba seguro.

Se estaciono frente a un amplio jardín, el cual estaba cubierto de nieve al igual que un par de columpios… bajó del auto y se recargo en este por algunos instantes, no podía creer que nuevamente se encontraba en aquel lugar que le traía tantos recuerdos… en el lugar dónde paso gran parte de su vida y al cual pensó que nunca volvería.

En ese momento era como un chiquillo emocionado… anhelaba tanto correr y aporrear la puerta hasta que saliera su hermano, para abrazarlo necesitadamente, pero los nervios lo traicionaban y no le permitían actuar, después de todo, ya casi cumplía tres años de no verlo y no estaba muy convencido de la reacción que tendría este, al verlo en la puerta sin previo aviso…

Suspiro con resignación y miró al cielo… las estrellas brillaban con tal intensidad que le recordó a cierto ángel que aún no lograba alejar de sus pensamientos… * - Mi deber es custodiar la luz y las estrellas, así que me tendrás a tu lado siempre que mires el cielo y veas una… * - aquellas palabras le hicieron sonreír un poco más confiado… por alguna extraña razón, ya no se sentía tan solo, así que fijo su vista en aquel sitio que tanto le inquietaba.

Todo estaba tal como lo recordaba… aunque la casa ya no se veía tan descuidada como la ultima vez que estuvo en ella, pues la pintura que la cubría se veía reciente, al igual que los bellos adornos navideños… y una enorme y hermosa corona decoraba la puerta, así que sin pensarlo más, se acerco a esta y la toco con sutileza.


En el cielo, la mayoría de los ángeles cantaban y bailaban, otros más comían y bebían mientras platicaban entre ellos y los restantes se dedicaban a cumplir con sus deberes… pero en general todos se encontraban felices a causa de la navidad.

Un poco retirado de los demás se encontraban tres arcángeles, los cuales hablaban en voz baja para nos ser escuchados.

- Pero Gabriel… ¿estas seguro que esa fue la decisión del Señor? –

- Estoy seguro Rafael, no hay ningún error… el Señor en persona, fue quien me encomendó esta misión… –

- Eso… eso significa que… pero va a ser muy difícil para nosotros y… -

- Lo sé Miguel… pero esos son sus deseos y nosotros no somos nadie para cuestionar sus decisiones… -

- Si es así como debe de ser… yo seré quien se adelante para preparar el camino… – respondió con determinación.

- Bien, entonces debemos actuar rápido… -

- Solo… solo permíteme disfrutar por un tiempo más de sus hermosos canticos… y después… después haremos lo acordado. -

- Qué así sea… - término de decir el arcángel Gabriel, al tiempo que se alejaba de sus compañeros y se integraba al festejo.


- Parece que alguien llama a la puerta. –

- ¿Ehh? Es cierto Suguru, pero ya no esperamos a nadie ¿o si? – preguntaba el castaño.

- Pues… podría ser… no, no me hagan caso… eso seria imposible… - respondía ausente, el moreno.

- Tat… mejor deja de preguntarte si es posible o no, y anda a abrir… -

- Ryu tiene razón, lo mejor seria que acabes con la incertidumbre de una buena vez… -

- Si, claro… solo lo dicen por no querer levantarse a abrir, pero no importa, de todos modos tenia pensado salir por un momento a observar el cielo… - respondió irónico, mientras se levantaba y se dirigía a la puerta.


- Vaya Shu, ¿entonces eso fue lo que ocurrió? -

- Si Hiro, nunca me imaginé que pidiera verme, pero me alegra bastante que confiara en mí para esta nueva misión… ¿sabes? Hasta acaricio mi cabello y me sonrió con cariño… en ese momento me sentí tan feliz y tan afortunado, que no cambiaria ese momento por nada del mundo… - relataba un animado pelirosa.

- ¿Ni por ese tal Yuki? – pregunto el pelirrojo, con un semblante de tristeza reflejado en su bello rostro.

- ¿Ehh? La verdad es que antes de estar ante su presencia, pensé en que daría lo que fuera por volver a ver a Yuki, aunque sea por algún momento, pero después comprendí que no seria capaz de cambiar lo que tengo por nada ni por nadie… aunque ahora que lo pienso… - comento al tiempo que observaba directamente a los hermosos ojos azules de su amigo. – Ahora que lo pienso, lo cambiaria todo solo por una sola persona… solo por ti Hiro, por saber que es lo que te aflige y solucionarlo, para nunca más verte así… solo por no volver a contemplar la inmensa tristeza que reflejan tus ojos… - comento al tiempo que envolvía al mayor en un cálido abrazo.

- Shu… - susurro, mientras correspondía el abrazo y ocultaba su rostro en el sedoso cabello del menor, la realidad es que gruesas lágrimas empezaban a recorrer sus mejillas y no quería que su amigo se diera cuenta.

Después de todo, ese momento sería el ultimo que compartieran juntos y no quería que Shuichi se contagiara de su tristeza, así que disimuladamente subió su mano acariciando el rosado cabello y secó sus lagrimas con el dorso de su mano, para luego tomar el rostro de Shuichi con ambas manos y depositar un delicado beso en su frente.

- Gracias Shuichi, esas palabras me han hecho muy feliz… -

- Hiro… no estés triste, ya veras que sea cual sea el problema lo solucionaremos juntos. – dijo al tiempo que le dedicaba una linda y sincera sonrisa.


No podía creer lo que veía, frente a él se encontraba una de las personas más importantes de su vida… su hermano mayor, que era el único familiar que tenía y el único capaz de complementar su felicidad.

- A… aniki… - murmuro al tiempo que se abalanzaba sobre el mayor y lloraba desconsoladamente.

- Shhh… tranquilo, no pasa nada Tatsuha, ya todo va ha estar bien, te lo prometo… – le consoló con ternura, así como lo hizo en tantas ocasiones cuando eran niños, mientras correspondía el abrazo y dejaba que esa sensación de calidez lo envolviera.

Era una sensación extraña pero agradable, la realidad es que estaba disfrutando de ese gesto de cariño por parte del menor.

Nunca pensó que una simple muestra de afecto le haría sentir tan feliz y afortunado… ahora la pregunta que rondaba su mente era: "¿Por qué había tardado tanto en darse cuenta? "


- Shu… Hiro, es hora de irnos… - anunciaba el arcángel Gabriel.

- ¿Yo también voy? – pregunto el pelirrojo.

- Claro Hiro… tu nos acompañaras y luego te encontraras con Miguel, mientras yo le indico a Shu de que se va a tratar su misión. –

- De… de acuerdo. – respondió el pelirrojo.

- Entonces Miguel ¿ya se fue? –

- Así es Shu… - respondió el arcángel al tiempo que expandía sus enormes alas y esperaba a que sus compañeros hicieran lo mismo.


Poco a poco se fue separando de su hermano, la verdad es que no quería soltarlo y es que tenía tanto miedo de que este se alejara nuevamente y desapareciera de su vida, no quería volver a perderlo…

- Vengo a verte y te pones a llorar como un chiquillo. - dijo con fingida molestia, una vez que se encontró libre de los brazos del moreno. – Si vas a seguir así, tendré que regresar a casa por varios cambios de ropa… - comento mientras simulaba que secaba su costoso abrigo con un pañuelo y caminaba en dirección a los columpios.

- Aniki… no será necesario que te vayas, ya dejaré de llorar. – respondió siguiendo al mayor hasta quedar a su lado y ocupar el otro columpio. – Lo que pasa es que me alegra mucho que estés aquí… -

Encendió un cigarrillo y le dio una extensa calada, para luego expulsar lentamente el adictivo humo… mientras empezaba a columpiarse al mismo ritmo que su pequeño hermano.

Tatsuha se sentía tan feliz que tuvo que contenerse para no volver a romper en llanto, mientras venían a su mente varios recuerdos de su infancia, los cuales compartió con el mayor… creando así, un buen ambiente en donde ambos relataban sus anécdotas y reían despreocupados, como en los viejos tiempos…


Una brisa entro por la puerta principal, pero nadie le dio la más mínima importancia, debido a que en esta se encontraba Tatsuha, así que siguieron platicando como si nada…

De repente se quedaron inmóviles, mientras unos polvos dorados caían sobre ellos... obra realizada por el arcángel Miguel.

Una vez que hubo terminado su labor… soplo suavemente, envolviéndolos en una espesa y cálida niebla, provocando que todos volvieran a la normalidad, sin percatarse de lo ocurrido.

- Hey… acabo de recordar algo. - dijo el menor.

- ¿De que se trata, Suguro? – pregunto el castaño. – Es que Kuma chan y yo queremos saber… - termino de decir mientras lo miraba suplicante.

- Es que recordé que invite a unos amigos del instituto a pasar la navidad con nosotros y quede de pasar por ellos después de la cena.

- ¡¡¡Siiii… que bien, tendremos más invitados!!! – exclamo emocionado al tiempo que corría hacia la entrada para contarle a su novio.


Se encontraban frente a una pequeña, pero visiblemente acogedora casa.

- ¿Y que tenemos que hacer aquí Gabriel? – pregunto con curiosidad el menor.

- Pues debemos entrar Shu, ya te explicare adentro de que se tratara tu misión, pero antes deberías de despedirte de Hiro, por que él, ya no podrá venir con nosotros… -

En ese momento Shuichi se acerca hasta su amigo y besa su mejilla con cariño.

- Nos vemos pronto Hiro… - comento al tiempo que sonreía y lo miraba directo a los ojos.

- Hasta pronto Shu… - respondió el mayor para luego abrazarlo posesivamente y besar con dulzura el suave cabello rosado… luego se separo lentamente y se dio vuelta, alejándose poco a poco, pero sin perderse de la vista del pequeño.

Shuichi sintió un intenso dolor en el pecho, mientras veía a su mejor amigo alejarse, pero trato de no darle importancia y se apresuro en seguir al arcángel que ya se había adelantado.

- Hasta siempre Shu... – murmuro al tiempo que un sin fin de lagrimas recorrían sus mejillas y sus ojos se ocultaban entre sus largos cabellos rojizos.


- ¡¡¡Taaaat!!! – grito el castaño al ver que su pareja no se encontraba en la puerta, así que salió y lo vio platicando con su cuñado, lo que causo que ambos chicos fijaran su mirada en él.

- ¿Que sucede my honey? – pregunto el moreno a su novio que se encontraba paralizado de la impresión.

- Jeje… lo siento, no pensé que Eiri se encontrara aquí… - respondió con nerviosismo.

- No importa… si no te agrada me puedo ir… -

- No… no es necesario, nos alegra mucho que se encuentre con nosotros… además dijo Suguru que tendremos más invitados… - termino de decir con una enorme sonrisa en los labios.

- Vaya, con que seremos más… que gusto, la familia crece. – comento el menor, igual de sonriente.

- Entonces será mejor que entremos antes de que los gorrones no nos dejen nada de cenar… - bromeo el rubio, al tiempo que se levantaba y caminaba en dirección al castaño, seguido por su hermano.


Shuichi recorrió con la mirada todo a su alrededor… la casa era realmente hermosa y se respirada un rico olor a pino y ponche de frutas… contemplo con curiosidad todos aquellos muebles y adornos que se encontraban frente a él, pero lo que más llamo su atención fue una hermosa mujer que se encontraba acomodando regalos bajo el enorme árbol navideño.

Era alta, delgada y de largo cabello castaño, pero lo que le sorprendió fue ver sus bellos y expresivos ojos violetas…

- Esa mujer... se… se me hace conocida… - comento en voz baja, pero lo suficientemente audible para que el arcángel lo escuchara.

- Es comprensible Shuichi, ella y su familia son parte de tu misión… - dijo al tiempo que subía unas escaleras, seguido por un confundido pelirosa.

Entraron en una pequeña y acogedora habitación… en donde había gran cantidad de peluches en repisas que colgaban de la pared, una visiblemente suave, cama individual con un edredón de conejos con varios almohadones del mismo decorado, un centro de computo pegado a una esquina y a lado de un mueble con varios aparatos como reproductores de música y video, al igual que una pantalla de televisión, cerca de la cama en un pequeño buro se encontraba un teléfono y del otro lado un sintetizador junto a un pequeño armario…

Shuichi miraba con asombro y curiosidad todas esa cosas…

- Pero… no comprendo, si es que la misión es esta familia, ¿por qué no estamos con ellos en vez de estar aquí? –

- Es que es aquí, en dónde todo comienza… - dijo al tiempo que caminaba hasta él, para luego sujetarlo por los hombros y acercarse aún más hasta quedar a escasos centímetros de sus labios.

Shuichi sentía su rostro arder ante la cercanía del mayor, pero sin poder reaccionar dejo que los labios del arcángel se posaran en los suyos…

Su cuerpo se fue relajando al simple contacto con el mayor… se sentía tan pesado, que el sueño se apodero rápidamente de él, quedando inconsciente cuando el beso concluyo…

El arcángel lo aprisiono en sus brazos pero sin separar del todo sus labios… dejando un pequeño espacio en dónde claramente se apreciaba una intensa luz que pasaba de la boca del mayor a la del pequeño ángel… ocasionando que el delicado cuerpo, empezara a resplandecer para luego volver a su normalidad.

Una vez que la luz empezó a disiparse, lo cargo con sumo cuidado y lo recostó en la cama, luego se sentó a un lado y empezó a acariciar las suaves hebras rosadas que cubrían gran parte del bello rostro del menor.

- Te contaré algo Shu… hace mucho tiempo vine a buscar a dos pequeños niños, eran tan humildes y tan buenos que no les importaba la miseria en la que vivían… lo único que querían era permanecer juntos… en ese entonces, sufrieron demasiado… hubo mucha gente que les hizo daño y como consecuencia perdieron a sus seres queridos, pero ellos no se dejaron vencer y siguieron juntos… siempre juntos, hasta el ultimo instante de sus vidas… esos pequeños niños se convirtieron en unos obedientes y hermosos ángeles…

Yo me atreví a robar esos recuerdos, que supongo ya no será necesario seguir guardando… - dijo al tiempo que aparecía entre sus manos una pequeña esfera morada, la cual arrojo hacia arriba, provocando que esta se rompiera y se esparcieran sus fragmentos por todo el lugar. – Me preguntaste ¿por qué, si la misión era esta familia, estábamos aquí, en vez de estar con ellos? Pues te diré que esas personas, serán tu familia a partir de ahora… además ya no sabrás más de que alguna vez fuiste un ángel… aunque estoy seguro que seguirás brillando y esparciendo felicidad… así que brilla Shuichi, brilla para todos aquellos que te rodeen… pero también sé feliz… tan feliz como no pudiste ser en tu otra vida…

Esta será tu misión… la misión más importante de tu vida, es ser feliz… - comento el arcángel, para luego depositar un tierno beso en su frente y después colocar un pequeño dije tallado en madera en el cuello del menor, poco después se puso de pie y se alejó en dirección al pequeño balcón que había al otro extremo de la habitación, pero antes de salir se detuvo por unos instantes en el marco de la puerta. – Yo mismo me encargaré de que así sea, hasta el momento en que volvamos a vernos… - dijo al tiempo que salía y expandía sus enormes alas, para alejarse y perderse en el azul del cielo, mientras que de sus ojos brotaban gruesas lagrimas… sentía una enorme tristeza… y es que muchas veces es muy difícil decir adiós a tus seres queridos…


- Eiri-san… - dijo sorprendido el menor al ver al recién llegado.

- Hola Suguru… ¿y? –

- Ahh… ella es Sadako. –

- Mucho gusto. – saludo la muchacha al tiempo que hacía una leve reverencia.

- Es muy bueno que estemos todos juntos… ¡¡¡hasta Kuma-chan esta feliz!!! – gritaba alegre, el mayor.

- Pero mejor dinos ¿quienes son los invitados? – pregunto el moreno, refiriéndose al menor.

- Ellos son compañeros del instituto, aunque se gradúan en el año que viene, pero los tres formamos una banda y es por eso que somos amigos… Por cierto, supongo que tendremos que recogerlos en un par de horas… es que siempre pasan la cena con sus familias. – respondió.

- Bueno entonces será mejor que cenemos… ya faltan pocos minutos para navidad. –

- Siii… tú y Eiri vayan a servir, mientras Suguru, Sadako, Kuma-chan y yo, ponemos los regalos en el árbol. –

- Entonces traeré del auto algunos obsequios que traje. – dijo el rubio, dejándolos aún más sorprendidos.


No podía contener los espasmos de su cuerpo, ocasionados por el incontenible llanto del cual era objeto… se sentía tan triste que ni siquiera noto la presencia de uno de sus amigos, hasta que sintió unos cálidos brazos que lo aprisionaban por detrás, pero no se inmuto, solo se permitió sentir esa calidez que emanaba del cuerpo del otro… de alguna manera lo hacia sentirse seguro.

- Miguel… no creo poder soportar el no volver a tenerlo cerca… -

- No te preocupes Hiro, este dolor pasará… te lo prometo. – respondió al tiempo que lo giraba lentamente… una vez lo tuvo de frente, tomó su rostro con ambas manos y se acerco poco a poco, para depositar un dulce y tierno beso en sus labios.

Hiro no alcanzaba a comprender lo que sucedía, pero no hizo nada por detener ese contacto.

El beso termino dejando al pelirrojo en la misma situación en la que se encontraba su mejor amigo… su cuerpo se relajo hasta quedar inconsciente en los brazos del arcángel, el cual lo cargo con facilidad para luego desaparecer y reaparecer en una amplia habitación, la cual era muy similar a la de Shuichi, solo que en vez de tener repisas en las paredes, estaba decorada con grandes pósters de bandas de rock y una hermosa guitarra de color negro y vino, pendía de uno de los extremos de la habitación, al igual que una cómoda cama al centro, un enorme closet en un costado a lado de un centro de computo y un mueble con diversos aparatos… en los cuales destacaba un estéreo con grandes bocinas, un Dvd, un teléfono y una televisión de plasma.

El arcángel se acerco hasta la cama y recostó con cuidado al menor, para después acercarse y volver a rozar sus labios, al instante una intensa luz paso de la boca del mayor hasta la del pelirrojo… la luz causo que el cuerpo de Hiro resplandeciera por algunos momentos para después regresar a la normalidad.

- Ahora yo me encargare de no vuelvas a sufrir… y si en alguna ocasión llegas a sentir tristeza, no te preocupes ese sentimiento es normal cuando sé es humano, pero lo que si te prometo, es que no permitiré que alguien vuelva a hacerte daño… nunca más volverán a tocarte para herirte de algún modo, de eso puedes estar seguro… - dijo con decisión y una intensa tristeza reflejada en su rostro, al tiempo que empezaba a desaparecer. – Cuídate Hiro… y se muy feliz… - murmuro antes de desaparecer por completo.


- ¡¡¡Shuuuuuuuu!!! – gritaba a todo pulmón una chica castaña, mientras brincaba encima del pelirosa.

- ¿Mmm…? Solo cinco minutos más… - decía un adormilado Shuichi.

- Anda Shu… que ya faltan cinco minutos para navidad. –

- ¿¡¡Qué!!? ¿Y por que no me hablaron antes? – pregunto, al tiempo que se reincorporaba de un solo brinco.

- Oye Shu, te quedaste dormido con tu disfraz de la pastorela… - decía la chica mientras señalaba la pequeña túnica blanca que solo cubría la parte baja de su hermano.

- ¿Ehh? Waaaaa… ¡¡¡No mires Maiko!!! –

- Jajajajajaja… esta bien, te esperamos para cenar, antes de que lleguen por ti. – respondió, mientras salía de la habitación, para que su hermano se vistiera.

Shuichi sintió una extraña sensación en el pecho… era como si hubiese olvidado algo importante, pero sacudió enérgicamente su cabeza y sonrió… si lo olvidó, seguramente no era tan importante, así que se apresuro en vestirse y bajar a convivir con sus padres y hermana.


La cena paso entre risas y anécdotas que contaban Ryuichi y Tatsuha, ya que los demás solo reían de los relatos y las ocurrencias de ambos chicos.

Ya que hubieron terminado, levantaron la mesa y fueron a preparar el auto del rubio, para ir a recoger a los invitados del menor.

Todos estaban muy felices… después de todo, era la primera vez en mucho tiempo que pasaban ese día juntos.


- Hijo… - llamaba una mujer del otro lado de la puerta.

- Adelante. – respondió el menor, mientras se sentaba en el borde de la cama.

- Hijo, la cena esta servida… anda que te estamos esperando. – decía una hermosa mujer pelirroja, mientras entraba a la habitación. –

- Si mamá ya voy… - respondió el menor al tiempo que se disponía a salir detrás de ella.

- Pero antes vístete o pescaras una neumonía. – decía la mujer, señalando la pequeña prenda que cubría el cuerpo de su hijo.

- Pero si estoy… ¿ehh? Jeje, lo siento… ahora mismo me visto. – comento extrañado, mientras veía la "ropa" que traía puesta.

La realidad es que se sentía extraño, era como si hubiera dormido por mucho tiempo y sus recuerdos fuesen confusos.

*Quizás solo fue un sueño, de esos que son muy reales…* - se dijo, mientras observaba la puerta, por la que había salido su madre, para después darse prisa en vestirse… una vez listo se dirigió a disfrutar de una deliciosa cena en compañía de su madre y hermano.


- Huy, si que son muchos regalos… hasta hay para los invitados. – decía un alegre Kuma-chan, sostenido de la mano del mayor.

- ¿Vamos a ir o no? – preguntaba molesto desde la puerta de entrada, era verdad que había cambiado su manera de ver las cosas, pero su carácter era un poco difícil de cambiar y si a eso le agregamos que Ryuichi es capaz de volver loco a cualquiera, pues con más razón al rubio, que ya tenia unas enormes ganas de asesinar a su cuñado y de paso descuartizar al conejo rosa. - *Quizás seria buena idea arrojarlo a media calle y arrollarlo con el auto.* - pensó mientras en sus labios se dibujaba una escalofriante sonrisa.

Lo que llamo la atención de los demás, que inmediatamente arrastraron Ryuichi hasta subirlo al auto, mientras este pataleaba y gritaba que Kuma-chan ya quería abrir los regalos.


Hiro, disfruto de la deliciosa cena que había cocinado su madre… platico durante este tiempo con su hermano mayor y abrieron los regalos mientras su mamá los retrataba y luego arrullaban al pequeño niño que estaba en la representación del nacimiento, hasta que llamaron a la puerta y se apresuro en despedirse de su familia, para luego salir con una mochila al hombro.


Shuichi se divirtió de lo lindo con su familia… comió como si nunca hubiera comido algo tan delicioso y abrió los regalos a lado de su hermana y de su mamá, mientras que su papá los filmaba.

Luego arrullaron al pequeño niño que reposaba en un humilde pesebre, que representaba el nacimiento del hijo de Dios.

Tiempo después escucho que alguien llamaba a la puerta y escucho a Maiko gritar que habían llegado por él.


El trascurso a la casa del pelirrojo fue rápido, Suguru se bajo a preguntar por Hiro mientras los demás los esperaban en el auto.

- Hola… - saludó el recién llegado mientras se subía a la parte trasera del auto.

- ¡¡¡Hola!!! – respondieron los demás a excepción del rubio que estaba a punto de bajar a todos e irse solo de regreso a Tokio.

- Ahora que lo pienso… todavía falta Shuichi y ya no hay lugar. –

- Pues yo paso por él y los demás se van caminando. – comento con sarcasmo, el escritor.

La realidad era que no había suficiente espacio… adelante estaba Tatsuha a lado de su hermano, ocupando el lugar del copiloto, mientras que Ryu, Sadako, Suguru y Hiro iban en la parte de atrás.

- ¡¡¡Pero Kuma-chan y yo queremos ir con Tatsuha!!! – lloriqueaba el mayor.

- Y yo quiero ir con Suguru… - decía la chica, mientras sus mejillas enrojecían sutilmente, al igual que el rostro de su novio.

Todos se burlaban de Suguru, reían, gritaban y hacían tanto ruido que Yuki agradeció cuando de repente el pelirrojo grito…

- ¡¡¡Aquí es!!! –

Se bajo del auto y se apresuro en ir por su amigo, el cual salió tan rápido como pudo, después de despedirse de su padres, tomar una enorme bolsa y darle un rápido beso a su hermana, que le grito un par de groserías mientras lo correteaba hasta la puerta de la casa, ya que no le gustaba que su hermano la tratara como a una niña pequeña y sobre todo porque este la molestaba cada vez que tenía oportunidad, así que el pelirrojo resignado a esas constantes peleas de hermanos, mejor se regreso y ocupo su lugar en el auto.

Yuki, ya había regresado a su hermano a la parte trasera, ya que no soportaba los berridos de su cuñado, que no paraba de gritar que su conejo y él querían ir con Tat.

Así que Ryu quedo en las piernas de su amado Tatsuha, Suguru a lado de su novia y Hiro solito viendo por la ventana, mientras que en la parte de adelante quedaba vacio el lugar del copiloto, siendo el lugar que ocuparía Shuichi una vez que escapara de los jaloneos de su hermana.

El escritor empezaba a desesperarse, pero ni siquiera dirigió su mirada al "otro" invitado que corría desesperado hacia ellos, así que sin más encendió un cigarrillo mientras esperaba.

- ¡¡¡Hi!!! – saludo la dulce voz del pelirosa al tiempo que subía al auto y cerraba la puerta apresuradamente.

Eiri sintió una descarga recorrer su cuerpo, y es que esa voz y el dulce aroma que inundo el auto, a pesar del olor a tabaco, le causo una fuerte impresión.

Lentamente fijó su vista en la persona que estaba a su lado y quedó sin habla al contemplar al hermoso chiquillo de cabello rosado y enormes ojos violetas que lo veía perplejo.

El tiempo parecía haberse detenido cuando Shuichi se encontró con la penetrante mirada del rubio…

- ¡¡¡Hola!!! – saludaban los demás, que no se habían percatado de la situación.

El rostro de Shuichi enrojeció con violencia… ese rubio era muy guapo y lo miraba de una manera tan especial que se sintió avergonzado.

Una vez recuperado de la impresión, el rubio emprendió el camino de vuelta a casa, mientras el pelirosa iba muy callado y lo miraba de reojo.

- ¿Qué… te gusto? – se burlo.

- No, para nada… es solo que me molesta el humo del cigarro. ¿Qué nunca te han dicho te hace daño? – pregunto indignado, a lo que el escritor sonrió, ya que recordaba a un lindo y entrometido ángel que le había dicho algo parecido.

- Pues si… me lo dijo un ángel. – respondió al tiempo que aventaba el cigarro a través de la ventanilla.

- Pues debieron haberte dicho que tampoco debes de tirar basura en la calle, que contaminas el ambiente. – dijo en un gesto aniñado y molesto, mientras los demás reían y gritaban de tonterías, sin tomar importancia de lo que sucedía delante de ellos.

Eiri no dijo más, solo se divertía al ver que el pelirosa no paraba de reprocharle, como es que la gente contaminaba deliberadamente el maravilloso mundo que Dios había creado para ellos.

En un tiempo más, llegaron hasta la casa de los Uesugi, bajaron y entraron en ella, para luego sentarse frente a la chimenea y empezar a abrir sus regalos, contando los que habían llevado Shuichi y Hiro. (Por obra y arte de los arcángeles)

- ¡¡¡Waaaaaaa!!! Miren tengo muchos regalos. – gritaba un emocionado Shuichi.

- Buaaaaaaaa… ¿Por qué Shu, tiene más regalos que kuma-chan y yo? – lloriqueaba el mayor.

- Es que Hiro y Suguru, trajeron regalos para él… además de que Eiri le dio la mayoría de los que trajo. – lo consolaba la chica.

- Pero quien iba a pensar que solo nos dio uno a cada quién y todos los demás a él. – comentaba en voz baja el moreno, ya que no quería que lo escuchara su hermano.


Alrededor de las 3:30 am y una vez que todos tenían sus respectivos regalos y habiéndolos contabilizado por petición de un emocionado Shuichi y un lloroso Ryuichi, quedando de esta manera…

- Shuichi: un PSP, un teléfono celular, una enorme caja de pastelillos de fresa con chocolate, dos perfumes, un libro de Yuki Eiri, una camiseta, unas pantuflas en forma de oso en color rosa y una libreta de apuntes, en total nueve. (Los tres primeros cortesía de los tres arcángeles, que aparecieron en el nombre de Hiro y Suguru, los demás de Yuki)

- Hiro: una nueva guitarra en color marrón, un PSP, un teléfono celular, un par de playeras, un libro de Yuki Eiri y una enorme caja de chocolates, en total siete. (Cortesía de los tres arcángeles, que aparecieron en el nombre de Shuichi y Suguru, solo el libro de Yuki)

- Niño Jesús: una caja de galletas de mantequilla, dos caja de chocolates, un pequeño cobertor con decorado de lunas y estrellas, una caja de bombones, un Kumagoro pequeño, un cambio de ropa y un libro de Yuki Eiri, en total ocho. (Cortesía de todos los presentes, solo el libro de Eiri)

- Ryuichi: un disfraz de Kumagoro, un iPod nano, un perfume, un libro de Yuki Eiri, una camiseta, una libreta de apuntes y una enorme caja de galletas con chispas de chocolate, en total siete. (Solo el libro de Yuki, los demás de Tat, Suguru, Sadako y el ultimo de "Shu y Hiro" aparentemente.)

- Kuma-chan: un pequeño suéter, unos zapatitos, un gorrito y una enorme caja de galletas con chispas de chocolate, en total cuatro. (Ninguno de Yuki y el último de "Shu y Hiro")

- Tatsuha: un iPod nano, una pijama de conejitos rosados, un libro de Yuki Eiri, un par de playeras y una enorme caja de galletas de mantequilla, en total seis. (Solo el libro de Yuki, los demás de Ryu, Sadako, Suguru y el último de "Shu y Hiro")

- Yuki: una laptop, un par de camisas, un perfume, una pijama de conejitos rosados, (igual a la de Tat) un reloj y una enorme caja con pastelillos de fresa, en total seis. (Los tres primeros de Tat, los demás de Ryu, Suguru y el último de "Shu")

- Suguru: un reloj, una camisa, un perfume, una gabardina, un libro de Yuki Eiri y una enorme caja de bombones cubiertos de chocolate, en total seis. (Solo el libro de Yuki, lo demás de Sadako, Tat, Ryu y el último de "Shu y Hiro")

- Sadako: una agenda electrónica, una bolsa de mano, una playera, un libro de Yuki Eiri, un estuche de maquillaje y una enorme caja de bombones cubiertos de chocolate, en total seis. (Solo el libro de Yuki, lo demás de Suguru, Ryu, Tat y el último de "Shu y Hiro")

(Nota: "Shu y Hiro" = Los arcángeles.)

Y dejando los regalos pertenecientes a K, que eran seis, cortesía de todos los presentes, se repartieron las tres recamaras y se fueron a descansar.

Ryu, Tat y Kuma-chan quedaron en su propia habitación, Suguru y Sadako compartieron otra, Hiro, Shu y Yuki quedaron en la última, que era la única que contenía dos camas, puesto que pertenecían a Eiri y Tatsuha cuando eran niños.

Para desagrado del rubio, Shu tuvo que compartir la cama con su mejor amigo… ocasionando que cierto escritor celoso, no pudiera conciliar el sueño, así que se levanto y se acerco hasta donde estaba su pequeño "ángel" y lo movió con sutileza, una vez que este despertó y puso cara de confusión a punto de los gritos.

- Hey mocoso… puedes tomar mi cama, yo no tengo sueño y no la voy a ocupar… - comento en voz baja, pero al ver que el menor estaba a punto de negarse. – La verdad no creo que te sientas muy incomodo, pero tu amigo parece que despertara con un fuerte dolor en el cuello. – termino de decir.

En seguida Shuichi descubrió su codo encajado en el cuello de su amigo y vio como este ocupaba solo una pequeña parte de la cama, ya que él era quien ocupaba el resto de ella, así que tratando de no despertar a su amigo, se deslizo de la cama hasta quedar fuera de ella.

Yuki observo cada uno de sus movimientos, hasta que este estaba a unos pasos de él, luego se dispuso a salir de la habitación, sin percatarse de que Shu, lo siguió hasta la chimenea que era el lugar al que se había dirigido.


Se sentó en la alfombra muy cerca de la chimenea… sentía tanto frio, que aunque intentara, no podría dormir, solo pensaba en todo lo que le había sucedido desde la noche previa a noche buena…

Shuichi lo contemplo a distancia… esa noche había sido demasiada extraña para él, pero no podía evitar sentir cierta emoción al estar cerca del rubio.

Después de pensarlo mejor, regreso a la habitación por un cobertor y fue hasta donde estaba el rubio.

- ¿Ehh… que haces aquí? –

- No soy ningún mocoso… - respondió con fingida molestia.

- ¿Viniste hasta aquí solo para reprocharme que te llamará mocoso? – sonrió con sarcasmo. – ¿o es que querías que me quedará en la cama para abrazarte? –

- ............... - su rostro enrojeció para deleite del mayor. – Yo… pues… yo… yo quería agradecerte por los obsequios. – respondió con nerviosismo.

- No es nada… -

- También… pensé que podrías tener frio… – dijo, aún más avergonzado.

- ……………….. – no hizo ningún comentario, sabía que su "ángel" era demasiado noble, pero ese chico que se le parecía tanto, también lo era… eso le hizo sentir una emoción tan intensa que solo deseaba abrazarlo y no dejar que se fuera de su lado, así que sin más, se levanto y fue hasta él, para tomarlo de la mano y llevarlo hasta el lugar que ocupaba momentos antes, se sentó nuevamente dejando entre sus piernas al menor.

Shuichi se dejo llevar y extendió el cobertor envolviéndose junto a él rubio que lo abrazaba por detrás…

Era una sensación agradable para ambos… Yuki se permitió aspirar el dulce aroma que desprendía el delicado cuerpo, al tiempo que lo abrazaba posesivamente… en ese momento no deseaba nada más, era tan feliz…

Shuichi se sentía tan feliz y protegido en los brazos del rubio, que recostó su hermoso rostro en el fuerte pecho del mayor, recibiendo un cálido beso en su frente…

- Yu… Yuki… - susurro con sorpresa.

- Shuichi… ¿te gustaría permanecer así… en mis brazos por siempre? – pregunto inquieto por saber la respuesta.

Shuichi escondió su rostro en el cuello del mayor… jamás imagino esa pregunta.

- Yo… a mi… simegustaria . – dijo rápidamente, debido a la vergüenza que sentía.

El corazón del rubio latió aceleradamente al alcanzar a comprender la respuesta del pequeño.

- Entonces tu serás mi ángel, el hermoso ángel con el que comparta mi vida hasta el fin de los tiempos… y yo, no permitiré que desaparezcas nunca más… te has convertido en el mejor regalo de navidad que he recibido.

- ………………… - no comprendía muy bien esas palabras, pero no le importo… ya que desde que había visto al rubio, sabía que quería estar cerca de él, por siempre… y ahora estaba más convencido de eso.

Pero no pudo responder ya que quizás el rubio también era uno de los mejores regalos que había recibido, pero definitivamente el mejor… pendía de su pecho… era un pequeño dije de madera, en el cual estaba detallado un hermoso ángel… tampoco comprendía muy bien aquel valor que le daba a ese objeto, pero sabía que era demasiado importante para él, así que lo apretó entre su mano y se sintió tan agradecido con Dios por todo lo que tenía…

Siguieron abrazados, en completo silencio… solo observando el movimiento del fuego de la chimenea y escuchando el latido de sus corazones… hasta quedar emergidos en un profundo y agradable sueño.


- ¡¡¡Rafael… has hecho un estupendo trabajo!!! –

- Gracias Gabriel, pero tú y Miguel no se quedaron atrás… la verdad es que yo no hubiese tenido el valor de despedirme de ellos. –

- Eso es cierto, pero tú fuiste el encargado de realizar todo el papeleo y de crear los recuerdos en las personas que estarán a su alrededor… hasta son muy populares en el instituto. – decía el arcángel Miguel.

- Jeje… es que tengo muy buenas influencias… - respondía orgulloso.

- Jajajajaja… - reían todos a la vez.

- Bueno, de ahora en adelante todo dependerá de ellos… -

- Si, pero tanto trabajo me dio mucha hambre… -

- A mi también, lo mejor será ir a comer algo. –

- Vaya par de glotones, aunque debo de admitir que el banquete navideño se ve delicioso… –


Llevaba manejando un par de horas y por fin había llegado a su destino, estaba cansado, pero era más el intenso frio que sentía, motivo por el cual estaba a punto de tirar la puerta a patadas… como hacía habitualmente, pero lo pensó mejor… después de todo era navidad y la verdad no iba poder persuadir a nadie para que hicieran los reparos necesarios, así que opto por buscar debajo del tapete de bienvenida que había al pie de la puerta, encontrando una llave, es que Ryu era tan descuidado que Tatsuha siempre ocultaba una copia en caso de que su "honey" perdiera su duplicado.

Al entrar en la casa, su vista se fijó en ambos chicos que dormían plácidamente abrazados en la alfombra y cubiertos por un cobertor azul, decorado con ositos en pijama y rodeados de estrellas y lunas…

Su quijada se abrió a más no poder, al descubrir que uno de ellos era el amargado de su amigo… se veían tan lindos que lo primero que hizo fue sacar una pequeña cámara de video, que guardaba en su gabardina y filmar esa escena en distintos ángulos, ya tendría con que fastidiar al rubio…

Luego supuso que los demás dormían en las recamaras y como sabía perfectamente que la única que siempre permanecía desocupada era la que ocupaban Eiri y Tatsuha cuando eran pequeños, se dirigió a ella…

Tal vez pudiese descansar por unas cuantas horas…

Al entrar, pudo observar que alguien descansaba en una de las camas… así que se acerco con curiosidad, hasta quedar frente al bello durmiente…

No podía creer lo que veía… era la visión más hermosa que había contemplado en todo lo que llevaba de vida, frente a el, dormía un hermoso ángel de largo cabello rojizo…

Se quedó contemplándolo por un par de minutos, hasta que nuevamente el intenso frio le hizo reaccionar… tenía la mala intensión de acostarse a lado de aquel hermoso ser… pero luego lo pensó mejor y decidió ocupar la cama de a lado… mientras se preguntaba quien sería aquel hermoso chiquillo, se quedo profundamente dormido…


- ¡¡¡Ta… Ta… Tat!!! – gritaba sorprendido.

- ¿Mmm… que sucede my… - no pudo terminar la pregunta, frente a él, estaba su hermano muy abrazado al pelirosa.

- ¿Por qué tanto ruido? – preguntaba el menor que acababa de llegar a la sala, al tiempo que dirigía su mirada al punto que señalaba el moreno.

- E… Eiri-san y… ¿Shu? –

No podían reaccionar… se quedaron estupefactos hasta que vieron como el pequeño empezaba a removerse entre los brazos del rubio, el cual empezaba a abrir sus dorados ojos.

Desaparecieron al instante, ya que no querían ver el despertar del demonio Uesugi, así que hicieron como si nada y empezaron a calentar el desayuno. (A las dos de la tarde.)


Había dormido tan a gusto, que aún quería permanecer en la cama… pero al recordar que cuando dormía con Shuichi, no tenía tan buen despertar… se dio cuenta de que este no se encontraba a su lado…

*Quizás estaba tan dormido, que ni siquiera me entere en que momento despertó. * - pensó al tiempo que se levantaba y miraba alrededor, encontrándose con un apuesto rubio que dormía en la cama de a lado… - * ¿Quién será? Es tan guapo… * - se dijo, para luego acercarse con la intensión de verlo mejor.

El rubio despertó al sentirse observado, encontrándose con el hermoso ángel que estaba a escasos centímetros de él.

Hiro enrojeció al verse descubierto, pero trato restarle importancia…

- Jeje, lo siento… es que yo… yo estaba buscando a mi amigo… - comento nervioso.

- Ok, no problem… aunque creo que tu amigo ni siquiera se ha acordado de ti… - respondió sonriente, al recordar la escena que había visto cuando llego, posiblemente el chiquillo que estaba con Eiri era el amigo del cual hablaba "su ángel".

- Ehh? –

- No… no es nada, olvídalo. – dijo al tiempo que se ponía en pie. – Por cierto mi nombre es Claude, pero puedes llamarme K. – se presento.

-Hola K… mi nombre es Hiroshi, pero puedes decirme Hiro… - dijo mientras hacía una pequeña reverencia.


Llevaba un par de minutos observando a su pequeño, era tan hermoso y adorable… pero su estomago empezó a reaccionar al llegarle el rico aroma a comida.

Así que trato de levantarse sin despertarlo, pero fue imposible, al sentir que el menor estaba realmente pagado a su cuerpo… provocando que este despertara inmediatamente y que se encontrara nuevamente con esos hermosos ojos violetas, que tanto le encantaban.

- Yu… Yuki… - murmuro sonriente, al tiempo que sus mejillas se pintaban de un rosado un poco más tenue que su cabello.

Yuki también se sonrojo… el simple hecho de oír las primeras palabras que pronuncio su ángel, lo hacía sentirse tan feliz que volvió a abrazarlo fuertemente… el desayuno podía esperar…


Un poco más tarde… ya satisfechos de la deliciosa comida preparada por Tatsuha, se dispusieron a hacer la limpieza de la casa, para luego darse un rápido baño y sentarse en la sala a ver películas… a petición claro esta, de Ryuichi, Shuichi y Sadako que se les había unido en el berrinche.

Suguru y Tatsuha se encargaron de las palomitas… mientras los demás decidían que películas verían…

Primero reían con Santa Cláusula y otras tantas, para terminar llorando a moco tendido con Patch Adams… y Más allá de los sueños…

Todos lo pasaron bien, aunque Shu, Ryu y Sadako terminaron con un fuerte dolor de cabeza, a causa de tanto llorar….


La noche llego y era hora de ir a casa…

Suguru y Sadako se despidieron prometiendo volver para el festejo del nuevo año, siendo ellos los primeros en marcharse en el auto del menor.

Yuki se había ofrecido a llevar a Shu, pero este se negó, alegando que regresaría a casa con su amigo.

Al igual que Shu, Hiro se disculpo con K, alegando que no era necesario y que ya le había prometido a Shuichi que regresarían juntos a casa.

Se despidieron de Tatsuha, Ryu y Kuma… ya que Yuki y K, insistieron en acompañarlos, a la salida.

Una vez afuera… Yuki tomo la mano a Shu, para llevarlo hasta su auto, en donde se recargaron, mientras en rubio encendía un cigarrillo.

- ¿Te gustaría salir conmigo el domingo por la tarde? – pregunto directo.

- M-Me encantaría Yuki… -

- Bien… -

- Bien… - respondía nervioso.

- Sabes… aunque eres muy escandaloso, llorón y en ocasiones muy molesto… quiero que sepas que lo que te dije anoche era cierto… -

- Vaya… tu si que sabes ser romántico… - respondió con sarcasmo, no era que no recordara las bellas palabras que el escritor le había dicho, solo que le molestaba los adjetivos que acababa de usar en su persona.

- ……………. – no había querido herir los sentimientos de su pequeño, es solo que aún le costaba no decir lo que pensaba… pero a pesar de esos pequeños detalles, sabía que ese chiquillo llorón, era el indicado para él y que ya no podría concebir su vida sin estar a su lado… - Lo siento… se me olvido decir que es precisamente eso lo que me encanta de ti… - susurro, al tiempo que se acercaba peligrosamente al menor.

Shuichi sintió su rostro arder ante la repentina cercanía del rubio…

- Yo… bueno… tú también me gustas a pesar de ser un amargado de lo peor… además de que contribuyes a la contaminación del medio ambiente y… -

Los labios del rubio callaron las palabras del pelirosa… en un beso tierno y cálido…

- Yu… Yuki… - murmuro una vez que se hubieron separado. – Yo… yo me mudaré a Tokio dentro de dos meses… - dijo con un semblante de tristeza.

- Me alegro mucho de que así sea, la verdad es que se me iba a dificultar venir a verte los fines de semana… -

- ¿Ehh? –

- Es verdad… aún no te había dicho que resido allá y solo vine a pasar la navidad con mi hermano. –

- ¿En serio? – pregunto incrédulo.

- Así es, si gustas podrías venir a vivir conmigo… - dijo insinuante.

- Jeje… la verdad es que Hiro y yo, pensamos en rentar un departamento… -

- Pues si ese es el problema, en mi edificio hay un par de departamentos que están desocupados. –

- Pero… -

- Tienes dos meses para pensarlo, mientras yo seguiré viniendo… además ya tengo tu número y podremos hablar entre la semana. –

El pequeño sonrió al tiempo que se abrazaba mimosamente al mayor.

- Mira Yuki, que hermoso brillan las estrellas… - dijo al tiempo que se separaba del rubio y miraba el cielo.

-............... – imitó al menor y contemplo el hermoso cielo repleto de estrellas. – Pero ninguna brilla como tu sonrisa… - respondió sincero.


Hiro esperaba a su amigo, mientras este se despedía del escritor.

Se sentía inquieto… la realidad es que estaba en compañía del apuesto rubio y eso lo volvía un manojo de nervios, ya que en el trascurso del día estuvo conviviendo con él y se dio cuenta de lo mucho que le gustaba…

- ¿Entonces… entraras a la universidad de Tokio? –

- Si… Shu y yo, lo decidimos hace poco. –

- Qué bien, así tendré la oportunidad de seguir viéndote… -

- ……………. – estaba tan rojo que parecía que su rostro empezaba a competir con su cabello.

- Hiro… seré honesto contigo, tu me gustas mucho y me encantaría que nos conociéramos más… y quizás con el tiempo tu puedas darme una opor… - no pudo terminar de hablar al ser interrumpido por el menor.

- A mi también me gustaría seguir viéndote… - dijo con nerviosismo, a lo que el rubio sonrió satisfecho.

- ¿Entonces te gustaría que viniera a verte el sábado? Tal vez podamos salir por ahí y… –

- ¿Me… me esta invitando a salir? –

- Así es… -


Poco tiempo después… ambos amigos caminaban de regreso a casa.

- Oye Hiro, lo pase muy bien... –

- Lo sé… todos nos dimos cuenta… - lo molestó.

- Mmm… que malo, pero tu tampoco perdiste el tiempo… - comento con burla.

Siguieron caminando, mientras reían y platicaban de cualquier cosa, hasta que el silencio se hizo presente entre ellos, pero lejos de ser una situación incomoda, era agradable solo caminar en compañía del otro…

La calle estaba muy desierta y oscura, así que inconscientemente Hiro entrelazo su mano a la del menor.

- Hiro… anoche tuve un sueño, fue un poco extraño… pero después de volver a verte ya no le tome importancia… -

- ……………….. –

- Y me acorde de que nunca te agradecí como era debido… por este hermoso dije que me regalaste. – dijo al tiempo que se detenía, para mirar de frente a su amigo y llevaba su mano hasta su pecho en donde descansaba el bello obsequio. - Sabes… eres el mejor amigo que he tenido y no me puedo imaginar lo terrible que sería no tenerte a mi lado… gracias por estar siempre conmigo… - dijo al tiempo que le abrazaba cariñosamente.

- Te entiendo Shu… también para mí, sería terrible no volver a contemplar tu sonrisa… ¿alguna vez te dije que eres como una estrella capaz de iluminar el corazón más oscuro? El hermoso brillo que hay en tus ojos… no se compara con aquel que pende del cielo… - dijo al tiempo que besaba su frente y miraba las hermosas estrellas que se hacían notar en la oscuridad de la noche.

- H-Hiro… ¡¡¡Feliz navidad!!! – comento sonriente al tiempo que se soltaba de los brazos del mayor y le entregaba una grande y visiblemente apetitosa manzana.

- Feliz navidad Shu… -

El pelirrojo correspondió a la sonrisa de su mejor amigo… era extraño pero esperaba con ansias esa manzana.

- Yo también tuve un sueño muy extraño… y por un momento sentí mucho miedo de perderte… - respondió sincero, al tiempo que degustaba de su fruta. – Es curioso… aunque en realidad no recuerdo mucho el día en que te regale ese dije, sé que lo hice pensando en ti, tú siempre solías contarme historias navideñas de ángeles que iluminaban la vida de las personas que más los necesitaban y termine pensando en que tú eres uno de esos hermosos ángeles... – dijo al tiempo que volvía a unir su mano a la del pequeño, para seguir el camino. - Shuichi tú me has dado el mejor regalo de todos los que he recibido... –

- ¿Mmm? –

- Tú… tu amistad es el más bello regalo… -

- ¡¡¡Te quiero mucho Hiro!!! – exclamo, al tiempo que se abrazaba al brazo de su mejor amigo.

- Yo también te quiero Shu… - termino de decir mientras caminaban bajo el oscuro cielo, que empezaba a resplandecer gracias al intenso brillo de las estrellas…


*-Shu… eso es hermoso… pe-pero sabes… no sé realmente… si existe… Dios… pero creo en lo que dices, además… de que empiezo… a creer en los an-angeles… – comento con mucho esfuerzo, ya que empezaba a perder la conciencia.

- Hiro… - musito asombrado, pero con una inmensa tristeza apoderándose de su pecho al percatarse del estado en el que se encontraba su amigo.

- Así es, si los ángeles… existen, estoy seguro… que tu… tu eres uno de ellos… eres, eres esa estrella… capaz de iluminar el corazón más oscuro… el hermoso brillo… que hay en tus ojos… no se com-compara con aquel que pende del cielo… - comento, al tiempo que tomaba la mano del pequeño y le entregaba aquello que había protegido con tanto cariño, miro aquellos radiantes ojos violetas que en ese momento estaban nublados por las lagrimas y sonrió complacido por tener la suerte de contemplarlos por ultima vez, ya no sentía más dolor, solo una inmensa paz, la cual causo que su cuerpo se relajara sobre el del menor. – Fe-feliz… na-navidad… Shu- Shuichi… - termino de decir mientras sus profundos ojos azules se cerraban.

Shuichi ya no pudo contenerse mas… los espasmos lo sacudían violentamente, mientras sollozaba abrazando el cuerpo inerte del que en vida fuese su único y mejor amigo.

Lloro amargamente por quien sabe cuanto tiempo, sin percatarse de que empezaba a nevar y no contaba con un techo que lo cubriese, pero no le importo, lo único que quería era permanecer a lado de su amigo, aunque eso le costara su vida…

- Feliz… feliz navidad Hiro… - susurro entre el llanto, observando aquel obsequio que le entrego su amigo.

Era el regalo más hermoso que hubo recibido… una especie de medalla, tallada en madera… una hermosa obra de arte en la cual podía observar la imagen de un hermoso ser alado… era el ángel más bello que alguien pudo haber creado.

- Gracias Dios… por haberme dado la dicha de tener a Hiro… a mi lado… - agradeció sincero, aferrándose a aquel del cual no se quería apartar.

El tiempo transcurrió… y la nieve cubrió todo a su paso, inclusive al pequeño que en ningún momento se separo del cuerpo de su mejor amigo… quedando sepultados entre la blanca nieve en pleno día de navidad… *


- Ese… ese solo fue un triste, pero bello sueño… - se escucho en la distancia, en donde se encontraba la habitación del pelirosa, por la cual aún se podían apreciar fragmentos de una triste historia… hasta que estas desaparecieron arrastradas por el viento invernal… a través de la puerta de la terraza que aún permanecía abierta…


- Que historia tan linda… - decía el pequeño.

- Si que lo es… –

- Pero ma… esa historia no fue real ¿o siii? – pregunto curioso.

- Esta historia me la conto mi padre, a él se la conto mi abuelo y a él mi bisabuelo… como comprenderás este cuento a pasado por varias generaciones de nuestra familia. – relató, al tiempo que sacaba de su abrigo, una pequeña caja dorada en la cual había un colgante con un dije de madera, que entrego al menor. – Al igual que este obsequio pasara a ser tuyo, para que algún día tú se lo entregues a tu hijo y así sucesivamente. –

- Waaaa… es como la del cuento… - comento asombrado.

- Así es… este cuento se nos a relatado para que nunca dejemos de creer en la magia de la navidad… es por eso que solo tú podrás responder a esa pregunta… pero anda a dormir que ya es muy tarde. – dijo al tiempo que depositaba un tierno beso en la frente de su hijo, para luego arroparlo y salir de la habitación.

El pequeño se revolvió en la cama para destaparse y contemplar una vez más el valioso objeto.

Sonrió y cerró sus hermosos ojos violetas mientras sujetaba fuertemente el mejor regalo que había recibido en su corta vida…


Y llegamos al final de la historia... espero que el fic haya sido de su completo agrado y que no haya decepcionado a nadie.

Yo pss tratare de complacerlos para año nuevo y actualizar "Dos vidas contigo", ya que pretendo subir antes un nuevo capítulo de "La promesa" y más tardar para el seis, les dejare uno de Déjame amarte... (Sé que ya me tarde, pero los capítulos que vienen les prometo que serán más largos e intensos)

Muchas gracias por leer!!!