¡Un nuevo capitulo! Espero que les guste, aunque realmente no sucede mucho en este capi…

En fin, ¡gracias a SillyKnight12 por su review!

'Buenos Presagios' y todo lo relacionado a ello es propiedad de Terry Pratchett y Neil Gaiman.


Capitulo 2

Cautiverio.

Cuando ángeles y demonios luchaban, los primeros decían ser más misericordiosos porque los destruían en el acto. No tomaban rehenes, prisioneros o cosa semejante. Simplemente eliminaban al enemigo.

No obstante, los demonios eran otra historia. Entre los soldados celestiales, se contaban horribles historias de la desesperación y tortura que aguardaba a aquellos que caían prisioneros de los guerreros infernales. Solo unos pocos lograban escapar y, en su mayoría, no volvían a ser los mismos.

Azirafel tenía que admitir que ninguna de las historias habían sido exageraciones. Trató de moverse, solo para comprobar que las cadenas que lo sujetaban se lo impedían y que, aun cuando éstas no hubiera estado ahí, el dolor habría sido demasiado para intentar huir.

El piso entero estaba cubierto de sangre coagulada, haciéndolo resbaloso y pegajoso. Su cuerpo entero estaba lleno de marcas, cortaduras, moretones y llagas de las cuales la mayoría jamás sanarían por completo. Tenía varios huesos rotos y la blancura de sus alas estaba ocultada debajo de una capa de sangre y porquería, además de que habían sido rotas en tantos lugares que sería un autentico milagro si algún día volvía a volar.

Sus propios poderes de sanación estaban en acción y algunas de las heridas menores habían comenzado a curarse, aunque no podía garantizar que no se infectarían. Le preocupaban varios huesos que soldarían, pero no lo harían de la manera correcta, de tal suerte que quizás el dolor sería insoportable. Suspiró. Tal vez lo mejor sería dejarse morir…

A pesar de ello, lo peor, sin duda, no eran las heridas físicas. Los golpes tendían a curarse, aunque tardaran. Pero su espíritu… se sentía fatal. No quería ni siquiera recordar todo lo que le había ocurrido y su mente trabajaba afanosamente para enterrar los recuerdos en lo más profundo de su subconsciente, sin demasiado éxito. Trató de encontrar una posición más cómoda, descubriendo casi de inmediato que ésta no existía. Suspiró. La muerte parecía una opción tan tentadora…

La puerta del calabozo se abrió, revelando la sombra de un demonio. En contra de su voluntad, un escalofrío recorrió su cuerpo e instintivamente trato de ocultarse. Obviamente, no lo logro y su carcelero soltó una carcajada malévola, al tiempo que avanzaba hacia él.

Se trataba de un sujeto de aspecto masculino, alto y considerablemente delgado. Le miraba con sorna y franco desagrado, pero había un brillo maligno en el fondo de sus ojos que prometía una eternidad de tormento. Azirafel pasó saliva. Como si las cosas no estuviera ya lo suficientemente mal.

-Así que es cierto- murmuró el demonio, acercándose con aire de cazador- esos incompetentes se las han ingeniado para atrapar a un Principado.

Otra carcajada malévola y otro escalofrío recorriendo su espalda. Si Azirafel no hubiera sido tan observador de las reglas, probablemente habría maldecido lo vulnerable que era en ese momento. El demonio le escupió. –Me parece- continuó, dirigiéndose a alguien detrás de él, un diablo más pequeño y de menor rango- que hará un bonito regalo para el nuevo duque, ¿a que si?- agregó en tono burlón, pellizcando la nariz del rubio, haciéndolo bufar indignado.

-Por supuesto, Duque Hastur- alegó el otro, inclinándose hasta el suelo- haré que lo preparen.

Azirafel observo al duque con detenimiento. Hastur. El nombre le sonaba conocido, pero no lograba ubicarlo. ¿De donde…?

Y de pronto lo supo. Hastur era el demonio que había sido enviado a capturar a Crowley después del fiasco que había resultado dejar al Anticristo en sus manos. Y luego Crowley se había escapado, dejándolo encerrado en la maquina contestadora. Jamás se habían visto frente a frente, pero le bastaba la palabra de su 'amigo' para formarse una opinión del Duque del Infierno. Y es que, de acuerdo con Crowley, era un verdadero desgraciado.

Oh, de verdad que estaba en serios problemas.

Hastur lucía particularmente complacido consigo mismo y antes de irse se aseguro de propinarle un fuerte golpe en el vientre. Azirafel logro contener un gemido, pero sus ojos se llenaron de lágrimas y eso pareció satisfacer al duque, quien salió de la prisión sin mirarle de nuevo.

Bueno, viéndolo por el lado amable, al menos Hastur pensaba 'regalarlo' a alguien más. Claro está, hubiera sido tonto suponer que ese alguien más significase que Azirafel estaba en menos problemas.


Cortito, ya lo sé. Pero no se preocupen demasiado, el que sigue será mejor, lo prometo.

¡Gracias por leer!