¡Hola a todos! Perdonen que tardara en actualizar, pero me temo que estoy de vacaciones en casa de mi mamá, donde el Internet, lamentablemente, no ha sido descubierto T.T jeje
En fin, mil gracias a: SillyKnight12, Ichiru95 y The Hawk Eye por sus encantadores reviews y a quienes añadieron esta historia a su alertas/favoritas.
'Buenos Presagios' y todo lo relacionado a ello es propiedad de Terry Pratchett y Neil Gaiman.
Capitulo 3
Regalo
Le habían lavado y aquello había mejorado considerablemente su aspecto. Al menos, las heridas lucían menos aparatosas sin los coágulos de sangre alrededor. Por supuesto, le habían golpeado un poco más antes de terminar con él y las burlas no habían cesado. Sin embargo, Azirafel consideraba que podía haber sido peor. Mucho peor.
La habitación en la que se encontraba tenía paredes de aspecto rocoso, con techo y suelo de igual material. La puerta era de hierro y estaba pensada para alguien muy esbelto. El cuarto carecía de muebles, salvo por una pequeña cama de aspecto confortable, con sabanas aparentemente de seda, en un color gris pálido y una suave almohada de plumas de ganso. La decoración era prácticamente inexistente, salvo por unas pocas plantas muy bien cuidadas y florecientes repartidas en una repisa.
Austera, pero extrañamente acogedora. Azirafel aun no sabía que pensar de su ocupante. No podía tratarse de un sujeto muy agradable, si se consideraba que estaban a punto de nombrarle duque; sin embargo, juzgando por el orden reinante en la habitación, tampoco podía tratarse de alguien netamente repulsivo.
La puerta se abrió de pronto y el ángel busco refugio contra la pared, tratando de fundirse con las sombras. No tuvo éxito, naturalmente y el recién llegado lo notó de inmediato. –Tienen que estar bromeando…- murmuró el demonio, pasando una mano por su negro cabello, luciendo ligeramente frustrado y se dio la media vuelta, dispuesto a salir al pasillo y gritarle a alguien para que su 'regalo' fuera removido de su habitación.
-¡¿Crowley?!- su corazón* dio un brinco, la alegría evidente en su rostro y en su tono. ¡Era él! ¡De verdad era él! ¡Finalmente, después de tanto tiempo, de tantas batallas, de tanta destrucción, ahí estaba! ¡Lo había encontrado, en la peor circunstancia posible, pero lo había encontrado, a fin de cuentas!
El demonio se frenó en seco y volvió a entrar al cuarto, mirándole sorprendido. Cerró la puerta de golpe y se acerco a él, aun incapaz de pronunciar palabra y sujeto su rostro entre sus manos. -¿Azirafel?
El ángel sentía tanta dicha en su interior que le era imposible contenerla, así que le arrojo los brazos al cuello** y lo estrecho contra si, sintiendo las lagrimas a punto de escapar de sus ojos, de pura felicidad. –Oh, Crowley- murmuró, aspirando el aroma de su amigo, complacido en comprobar que era exactamente tal y como lo recordaba. El otro le dio una palmadita en la espalda, inseguro de cómo reaccionar o que decir.
-¿Qué haces aquí?- pregunto finalmente el demonio, separándose un poco pero manteniéndose aun entre los brazos del Principado- Espera, esa es una pregunta tonta- agregó, tras unos segundos de reflexión- Pero, ¿cómo…?
-He salido a hacer un reconocimiento y me han atacado entre varios. Uno me clavo una daga en el hombro y fue cuando no pude pelear más- explicó el ángel, sin dejar de sonreír a pesar de lo amargo del recuerdo.
-¿Q-que te han hecho?- pregunto Crowley, observándolo con atención y reparando por primera vez en las viciosas heridas y las magulladuras de su amigo. Azirafel bajo la mirada, los recuerdos del día anterior flotando vívidamente en su mente y haciéndolo estremecerse internamente de dolor.
-N-no tiene importancia- masculló, tratando de contener las lágrimas. No quería preocupar más al otro- ¡Oh, te he extrañado tanto!- agregó, volviéndole a abrazar- ¡No ha pasado ni un día sin que pensara en ti! ¡Estaba tan preocupado!
Se sonrojo ante la honestidad de sus palabras y capto de reojo la sonrisa medio sarcástica, medio sincera del demonio. Entonces Crowley le acomodo un mechón de su rubio cabello detrás de la oreja y susurró. –Yo también te he extrañado, ángel.
Un nuevo escalofrío recorrió su espalda, pero no era de temor. Era una sensación completamente nueva aunque sabía perfectamente de que se trataba. Había leído suficientes novelas rosas*** como para darse cuenta de ello y el pensamiento logro arrancarle otro sonrojo.
Se le ocurrió entonces hacer algo que, en otra circunstancia y en otro contexto, se le hubiera antojado absurdo, irreverente y demás. Mas, en aquel instante, parecía lo más lógico y lo más normal del mundo.
Dejo que sus labios rozaran los de Crowley por un segundo. Un segundo, no más, pero la sensación fue mágica. O incluso, si Azirafel fuera un poco más metafórico, se habría atrevido a llamarle celestial.
-Eso fue… interesante- le informo su compañero demoniaco, sonriéndole sarcásticamente y logrando que las mejillas del otro adquirieran un tono rojizo propio de un jitomate. Con delicadeza y sumo cuidado, el demonio acarició su mejilla, antes de volver a presionar sus labios juntos; esta vez por un par de segundos. -¿Y bien? ¿Te apetece algo de comer?- pregunto en tono casual, como si nada acabara de ocurrir, separándose de él.
-Eh… umm… yo…
-Zira… lamento mucho lo que te ocurrió. Y desearía que no hubieras tenido que pasar por ello. Pero me alegro de que estés aquí.
El ángel le sonrió con dulzura. –Ojala hubieran sido otras las circunstancias, pero también me alegro de verte, querido.
*O el equivalente angelical de dicho órgano.
**Una tarea considerablemente difícil, a causa de las cadenas que cargaba.
***Aunque claro, ninguna se contaba entre sus libros favoritos. Habían llegado a sus manos por puros azares del destino, a decir verdad.
¿Qué les pareció? ¿Habían sospechado ya quien sería el duque? Probablemente si… y tal vez es un tanto cursi, probablemente… Jeje. Y se pondrá un poco más cursi, quizás, con algo de drama y un poquitín de humor por aquí y por allá. Jeje.
En fin, ¡gracias por leer y no olviden dejar su opinión!
