¡Hola corazones!

Mil gracias a todos los que están leyendo; aquí esta un nuevo capitulo.

Y como siempre, un millón de gracias a mis reviewers: The Hawk Eye, Ichiru95 y SillyKnight12.

'Buenos Presagios' y todo lo relacionado a ello es propiedad de Terry Pratchett y Neil Gaiman.


Capitulo 5

Heridas

Crowley observo a su amigo dormir durante varias horas. Y es que no todos los días podía ver a un ángel dormitando y se rehusaba a perderse un solo segundo de tan raro y exquisito espectáculo. Sonrió para si, al tiempo que pasaba una mano por el ligeramente largo y rubio cabello. Ah, era tan suave…

Inhalo y de inmediato percibió el suave aroma que siempre acompañaba al ángel. Era una mezcla de chocolate con flores silvestres. Un olor francamente curioso, pero sumamente delicioso y… umm… tentador.

Le preocupaban las heridas; la mayoría estaban sanando pero dudaba que los poderes angelicales de su compañero le ayudasen demasiado. Quizás…

Lentamente y procurando no despertar al otro, se deslizo fuera de la cama. Sigiloso como una sombra, avanzo hasta la puerta y la abrió, sin hacer ruido. Luego, con paso ágil pero silencioso, se alejo por el pasillo.

Encontraría quien ayudara a su ángel, aunque ayudarle fuera un acto suicida.


Cuando Azirafel despertó, no se sorprendió de encontrarse solo en la cama. Se desesperezo lentamente, estirando sus músculos, hasta que éstos comenzaron a protestar de dolor. Evidentemente, aun estaba algo molido.

Se puso de pie y caminó por la habitación, para estirar las piernas. Se sentía marginalmente mejor que el día anterior, todo gracias a los cuidados de su amigo. Sonrió. El demonio parecía verdaderamente consternado por él, así que cabía la esperanza…

No, era estúpido tener semejante esperanza. Crowley era su amigo y por ello se preocupaba por él, pero indiscutiblemente, el demonio no podía albergar sus mismos sentimientos…

Claro, le había besado la tarde anterior. Si es que a eso podía llamársele un beso. Mas bien había sido un roce de labios, así que… Oh, que complicado…

La puerta se abrió y él se volvió de inmediato, esperando encontrarse con la cara conocida de su compañero de los últimos milenios. En cambio, se encontró frente a una chiquilla, de apariencia no mayor a 12 años, quien le miraba con cierta curiosidad.

La muchacha entró y cerró la puerta tras de si. Con un complicado movimiento de su mano, se escucharon varios seguros cerrarse. El ángel paso saliva. El aura de la chica era demoniaca, obviamente, aunque no propiamente malvada. Aun así, en el transcurso de un par de días, había aprendido a temer a los demonios, sin importar su rango o apariencia…

-¿Azirafel?- le pregunto ella, sin moverse de su lugar frente a la puerta. Él asintió con la cabeza, desconfiando de su voz- Desvístete y acuéstate boca abajo.

-¡¿Perdón?!- exclamó él, sonrojándose de inmediato y cruzando sus brazos sobre el pecho en actitud defensiva. Ella no respondió, simplemente le lanzó una mirada que parecía decir '¿Vamos a hacer esto por las buenas… o por las malas?'

Azirafel decidió que prefería hacerlo por las buenas. En su experiencia, ser cooperativo le ahorraba una pequeña dosis de dolor que, cuando se trataba de legiones del inframundo, sin duda era bastante.

Recostado sobre la cama, desnudo, dándole la espalda a la chiquilla, se sentía terriblemente indefenso. Trató de no pensar en ello y la observo de reojo, registrando todos sus movimientos y preparado para intentar huir si las cosas se ponían feas.

La muchacha, mientras tanto, había sacado un pequeño recipiente circular del morral que llevaba consigo. Lo abrió con cuidado y esparció un poco de su contenido entre sus manos, antes de acercarse a él y comenzar a untarlo sobre la pierna derecha.

El efecto fue instantáneo. Una punzada de dolor se expandió por toda la extremidad, antes de convertirse en una agradable calidez. Ahí donde había llagas y cortadas se inicio el proceso de cicatrización y los moretones parecían arder, antes de que la sensación de adormecimiento desapareciera por completo. Los dedos de la muchacha se movían delicadamente sobre la pierna, ejerciendo presión aquí y allá, proporcionando un relajante masaje para sus entumedecidos músculos. Poco a poco, el Principado se tranquilizo, hasta quedar reducido a una especie de masa en manos de un experto panadero.

Cuando la chiquilla comenzó a trabajar en la pierna izquierda, Azirafel soltó una pequeña protesta, ya que el tobillo estaba dislocado. Aunque podía caminar, el dolor era casi insoportable pero iba en contra de su naturaleza angelical el quejarse. –El tobillo esta dislocado- le informó ella y él evito voltear los ojos- aguanta un segundo.

Antes de que Azirafel pudiera decir algo, la chica ya había torcido el pie hasta producir un satisfactorio 'crack'. El ángel soltó un gemido de puro dolor y se enderezó, pero ella lo forzó a volver a tumbarse. Segundos después, notó que el dolor en el pie se había ido y que, aparentemente, el hueso ya estaba en su lugar.

Azirafel había visto a los humanos utilizar la misma técnica en los heridos en campos de batalla o en lugares donde no había hospitales en millas a la redonda. Aunque dolorosa, era una técnica efectiva.

Y ahora él acababa de experimentarla en carne propia.

Ignorando sus quejidos, la niña había continuado su tarea y ahora ya estaba ocupándose de los brazos. Ahí las heridas eran pocas y superficiales, la mayoría estaban sanando ya por su propia cuenta. Le indico que se girara y procedió a untar la pomada sobre su pecho, ajena al sonrojo y la vergüenza de su 'paciente'. Luego, le volvió a ordenar que se acostara boca abajo y continuo con la espalda, donde las cortadas eran varias y algunas comenzaban a infectarse.

-Extiende las alas- ordenó, una vez satisfecha con su trabajo en el resto del cuerpo. Azirafel obedeció- un poco más- continuo ella y él las estiro tanto como el dolor se lo permitía. La chica frunció el entrecejo, antes de colocar su mano sobre la base de las alas y presionar con todas sus fuerzas, haciendo que el ángel gritara. Una sonrisa sarcástica se dibujo en su rostro, aunque trató de ocultarla- esto dolerá unos segundos.

¡Y vaya que dolió! Sus alas fueron dobladas y torcidas, siguiendo un procedimiento similar al usado con el tobillo. Los huesos de las alas produjeron varios 'crack' mientras eran reacomodados y luego varias plumas maltratadas fueron arrancadas. Para cuando terminó, Azirafel podía batir sus alas y estaba seguro de que pronto podría volar. ¡Pero vaya que había dolido!

-Listo- anuncio la chiquilla, poniéndose de pie de un salto y encaminándose hacia la puerta- Crowley esta atendiendo unos asuntos en la sala del Concejo, pero estará de vuelta en unas horas- extrajo otro recipiente de su morral, más pequeño que el que había usado para curarle- esto debería cerrar la cortada en tu rostro, sin dejar cicatriz. Después de todo, a Crowley de verdad le importan las apariencias- le miro con desdén, de pies a cabeza y luego suspiró- aunque no cabe duda de que en gustos se rompen géneros…

Encogiéndose de hombros en un ademán despreocupado, la niña abrió la puerta y se dispuso a salir. –Muchas gracias- le dijo Azirafel, sinceramente agradecido. Ella se volvió y arqueó las cejas, sarcástica.

-Ángeles- mascullo, volteando los ojos- de verdad son endemoniadamente correctos- se rió y salió, sin agregar nada más, dejando al Principado de nuevo solo.


Otro capitulo en el que no pasa mucho, ahora que lo re-leo… Peo no hay nada que temer, pronto re-comenzara la acción… o algo así. Lo mío, lo mío no son precisamente la acción, creo que soy demasiado cursi para mi propio bien… jeje

En fin, ¡gracias por leer!