¡Un nuevo capitulo! Este es un poquitín más corto que los anteriores, espero que les guste.

Gracias a mis reviewers: The Hawk Eye y SillyKnight12.

'Buenos Presagios' y todo lo relacionado a ello es propiedad de Terry Pratchett y Neil Gaiman.


Capitulo 6

Cielo y/o Infierno

En efecto, Crowley regresó un par de horas después, luciendo cansado. Azirafel se apresuro a hacerle lugar en la cama, invitándolo a sentarse junto a él.

Sin decir nada, el demonio acomodo su cabeza en el hombro de su amigo y suspiró. Azirafel le colocó un brazo alrededor de los hombros, en lo que esperaba fuera un ademan reconfortante. Crowley volvió a suspirar, antes de serenarse y sentarse derecho, luciendo tan orgulloso y decidido como siempre.

-¿Qué tal ha ido tu reunión?- pregunto el ángel, por mera cortesía.

-Bien. ¿Y tu curación?

-Ah, así que tú la mandaste. Bastante bien, de hecho. No sabía que tenían sanadores Aquí Abajo también.

-No son muchos- explicó el otro, encogiéndose de hombros- y no son nada apreciados. La mayoría de los demonios los odian, en realidad. Por eso he conseguido que te curaran; digamos que me deben un par de favores.

-¿Qué? ¿Por qué?

-Bueno, siempre que curan a alguien, le están 'salvando la vida' al enemigo de alguien más. Tú sabes como somos; estamos todos contra todos.

-Oh. Ya veo.

Crowley se encogió de hombros. –Pero son mejores que los sanadores de tu gente, ¿a que si?

El rubio asintió brevemente con la cabeza, sintiéndose un poco como un traidor. Sin embargo, era cierto. En unas pocas horas se sentía muchísimo mejor de lo que habría cabido esperar si lo hubiera atendido un ángel sanador. Crowley se rió, así que el ángel decidió cambiar de tema.

-¿Y cuando será tu ascenso? Me imagino que habrá toda una ceremonia y cosas así.

-Muy pronto- replicó el otro, frunciendo el ceño levemente- la idea no me ilusiona del todo.

-¿Por qué? Es decir, es algo bueno para ti, querido. Es un… umm… premio a tu buen trabajo.

Crowley se rió, incapaz de determinar que era lo que le parecía tan gracioso. Pero, inequívocamente, algo de lo que acababa de decir el rubio era de lo más chistoso. –Ciertamente te extrañaba, ángel.

-Oh, así que ahora resulta que soy tu bufón…- protestó, cruzándose de brazos, aunque por su sonrisa era evidente que no estaba molesto.

-No. Eres mucho más que eso- el Principado se sintió sonrojar, al tiempo que los brazos de su amigo se enredaban alrededor de su cintura y lo jalaban hacia él. –Eh… ¿Crowley? ¿Qué crees que haces?

-No estoy seguro- confeso el otro, procediendo ahora a empujarlo contra el colchón, colocándose encima de él- veamos a donde nos lleva la corriente, ¿de acuerdo?

Aquella era una tentación que Azirafel estaba seguro de no poder resistir.


En realidad, no habían hecho mucho. Claro, se habían besuqueado y eh… umm… cough… manoseado un poquitín, pero realmente, nada demasiado grave. Estaba demasiado herido, cansado y adolorido para algo más. Además, estaban los recuerdos. Los recuerdos que entre más se esforzaba por borrar, volvían con mayor insistencia.

Crowley estaba dormido, murmurando incoherencias entre sueños. Azirafel soltó una risita baja, que el otro pareció percibir porque lo abrazo con fuerza. Sonrió. Era una noche* maravillosa. Aunque claro, era de suponerse que las noches entre los brazos de quien amas sean así…

Esperen un segundo. ¿De quien amas? Oh, así que finalmente lo había admitido. Por lo menos a si mismo. Oh, bueno, ¿Qué más daba? De todos modos ya estaba en el Infierno. Pero tenía que admitir que ni el propio Cielo resultaba tan acogedor y reconfortante como los brazos de su demonio…

Sacudió la cabeza, tratando de aclarar sus pensamientos. Aquello sin duda contaba como blasfemia. Uno no compara el Cielo con un demonio. No importa cuan encantador, adorable y sexy sea el demonio en cuestión; ¡hay cosas que simplemente no se hacen!

-¿Sabes cual es tu problema?- una voz lo sacó de sus cavilaciones, forzándolo de vuelta a la realidad. Crowley le dirigía una mirada sarcástica, con una sonrisa igual- Piensas demasiado. Deberías dejarte llevar más por tus instintos.

-Soy un ángel, querido. Mis instintos suelen perder contra la razón.

Crowley le sacó la lengua, en un gesto meramente infantil pero que hizo reír al otro. Con algo de indecisión, se inclino para besarle en la mejilla, sonriendo débilmente.

-¿Un beso en la mejilla? Honestamente ángel; después de lo que estuvimos haciendo no te queda hacerte el puritano.

-¡CROWLEY!

El aludido se rió, antes de besarle en los labios, suave pero decididamente. –Sabes que solo te lo digo de broma- agregó, entre risas- te quiero, ángel.

Azirafel se sintió sonrojar de inmediato y observo con atención los ojos de su compañero, tratando de encontrar la más mínima señal que le indicara que estaba mintiendo o siendo sarcástico o algo por el estilo. No la encontró. –Yo también te quiero, Crowley.

Volvieron a besarse, esta vez mucho más lenta y apasionadamente. Justo en ese momento, la puerta se abrió de golpe, destruyendo la atmosfera y paralizándolos momentáneamente. Una carcajada larga, estridente y ciertamente malévola lleno la habitación.

-Oh, Crawly, Crawly. Ya decía yo que eras demasiado suave…


*O día. Su sentido del tiempo había desaparecido por completo.


Así que, ¿Qué les ha parecido? Espero que les haya gustado.

¡Gracias por leer!