¡Hola! Aquí esta un nuevo capitulo, espero que les guste.

Gracias a: The Hawk Eye, SillyKnight12 e Ichiru95.

'Buenos Presagios' y todo lo relacionado a ello es propiedad de Terry Pratchett y Neil Gaiman.


Capitulo 10

¿Calma al fin?

-¿Qué estabas pensando?- siseó la chiquilla sanadora, repasando las heridas con la mirada y preguntándose cual era la más urgente. En su experta opinión, todas tenían la misma relevancia y debían ser consideradas como una prioridad.

-Bueno, no esperabas que dejará las cosas así. Nadie se mete con mis pertenencias y sigue por el mundo tan campante.

-Oh, Crowley, no debiste…

-Silencio ángel- protestó el demonio, mirando a su amante de reojo. El Principado no dejaba de pasearse por la habitación, retorciendo su ropa con aprehensión- no pasé por ese infierno para oírte quejarte al respecto.

-¡Pero Crowley! Si algo malo te hubiera ocurrido…- la curandera resopló, irónica y Azirafel decidió replantear su oración- es decir, si hubieras muerto...

-No me mataran, angel. Ahora, más que nunca, necesitan todos los agentes de los puedan disponer- hizo una breve pausa para dejar escapar un bajo gruñido, a causa del ardor que el ungüento reparador le estaba produciendo- Están molestos por lo de Hastur, naturalmente; pero no perderán a otro duque por una tonta venganza. Nos necesitan a todos para el Golpe Maestro.

-¿El Golpe Maestro?

-Di una sola palabra al respecto y Duque o no, te mataran- murmuró la niña-demonio, sin levantar la vista de la herida que estaba limpiando- me vendría bien un poco de tu ayuda, angel- agregó.

-¡Claro!- exclamo el rubio, arrodillándose a su lado, ávido por ayudar- ¿Qué debo hacer?

La muchacha le paso un paño, junto con un pequeño recipiente lleno de agua hirviendo. –Ayúdame a limpiar las heridas. Tus poderes celestiales no me serán de ninguna ayuda, pero…

-De acuerdo- asintió el Principado, procediendo a realizar la tarea encomendada. Crowley lo miró, sonriendo sarcástico. –Siempre tan servicial, Azirafel.

-Oh, calla- alegó el angel, sonrojándose ligeramente- está en mi naturaleza.

-Ah, así que no lo haces por mi.

-No quise decir…

-No, déjalo. No intentes explicarte. Ahora lo entiendo todo perfectamente.

-¡Crowley! ¡Sabes perfectamente que…!- no pudo concluir la frase, ya que el demonio lo tomó del frente de la camisa y lo jalo hacia si, besándolo. El angel soltó una risita nerviosa.

-Ugk- masculló la curandera, volteando los ojos -Tortolitos, ¿podrían esperar que terminará con mi trabajo? De verdad que no es algo que quisiera presenciar.

Crowley se rió, mientras su compañero adquiría un tono rojizo imposible para un humano. –Sugiero que te apresures, entonces.

La chica volteó los ojos de nuevo pero acelero su trabajo. Azirafel sacudió la cabeza, en actitud de reproche, causando que el otro riera de nuevo.

Dicen que al final de la tormenta siempre hay un arcoíris. El angel estaba convencido de que había encontrado el suyo. O, si quería ser un poco más poético, diría que había encontrado su Cielo en las entrañas del propio Infierno.

Pero, ¿cuánto duraría?


Soy malvada. Y me gusta complicar las historias, ¿a que si? Jeje

¡Nos 'vemos' pronto!