¡Nuevo capitulo! Gracias a SillyKnight12 y a The Hawk Eye por sus reviews.
'Buenos Presagios' y todo lo relacionado a ello es propiedad de Terry Pratchett y Neil Gaiman.
Capitulo 14
La vida fuera del Infierno.
Temblaba, pero no de frío o de miedo. Un ángel sanador lo había revisado rápidamente, para asegurarse de que estaba bien y luego lo había dejado, al comprobar que sus heridas estaban plenamente cicatrizadas y que no parecía haber nada fuera de lugar. Si acaso, lucía más saludable que la ultima que lo habían visto.
Era cierto, Azirafel irradiaba una energía que antes no tenía. Pero, en aquellos momentos, sus ojos azules estaban helados, fijos en la nada y terriblemente vacios.
Otro escalofrío. Cerró los ojos y los abrió de inmediato, horrorizado por las imágenes que proyectaba su ojo interior. Había sacado a los dos ángeles de los calabozos, mas la visión seguía ahí: nítida y maquiavélica, asechándole.
Casi había olvidado que se encontraba en el Infierno. Por poco había olvidado lo que había pasado en aquellas mazmorras. Pero ahora lo recordaba perfectamente. Se estremeció. Oh, los horrores que esperaban a los que caían victimas de los demonios…
Se puso de pie y caminó por el improvisado campamento. Varios ángeles lo observaron pasar, con cierta admiración. Murmuraban entre ellos acerca de la increíble la compostura que guardaba, pese a haber estado prisionero por tanto tiempo. Los otros no habían estado ahí tanto y ninguno mostraba señales de conservar la cordura.
Azirafel se mordió el interior de las mejillas. Si supieran…
Se detuvo frente a una de las tiendas y contemplo a los dos ángeles que había rescatado. Los habían limpiado y curado lo mejor posible, pero no había claras señales de mejoría. Echo un rápido vistazo a su alrededor y entro, cerrando la 'puerta' tras de si. Luego, extrajo su pequeño frasco de ungüento y coloco un poco sobre las heridas más viciosas del primer ángel. Tal y como había ocurrido con él, las heridas comenzaron a cicatrizar. Repitió el procedimiento con el otro.
-¿Qué haces aquí?
Se volvió y se encontró cara a cara con el líder de los Sanadores. El Principado inclino la cabeza humildemente. –He venido a ver si podía ser de alguna ayuda- murmuró- lamento si te he importunado, Rafael.
El Arcángel sacudió la cabeza y se acercó a él. -¿Qué es eso?- pregunto, señalando el frasco de ungüento que el ángel aun sujetaba en las manos.
-No estoy seguro- confesó el otro, algo nervioso- Los demonios lo usan para curar sus heridas. Fue lo que la sanadora uso en mí cuando… umm… bueno…
Rafael asintió con la cabeza, sin parecer horrorizado por la revelación. Azirafel sonrió, aliviado. Sin duda, era una suerte que fuera el Arcángel quien lo descubriera, pues éste era conocido por ser muy comprensivo. –No sabía que tenían sanadores Ahí Abajo- analizó las heridas de los ángeles inconscientes- son bastante buenos.
Azirafel asintió y Rafael lo miro con interés. – ¿Que ha pasado contigo exactamente, Azirafel? Tus heridas físicas están curadas y me pareces bastante cuerdo.
-Digamos que... me encontré un Ángel Guardián Allá Abajo- notó lo ofensiva que aquella afirmación podía sonar y se sonrojó un poco pero el otro solo le sonrió y le coloco una mano en el hombro, a manera de consuelo.
-Me alegro por ti. Aunque yo lo expresaría de otra manera, frente a los demás.
Ambos sonrieron.
Las cosas no estaban tan mal, ¿verdad?
