¡Un nuevo capitulo! Para aquellos que están 'celebrando' el día de San Valentín, ¡feliz día! Y espero que no quieran matarme por este capitulo, que de romántico no tiene nada… jeje
Gracias a The Hawk Eye por su review.
'Buenos Presagios' y todo lo relacionado a ello es propiedad de Terry Pratchett y Neil Gaiman.
Capitulo 16
Noticias infernales.
Era un día particularmente caluroso y Azirafel comenzaba a desear que hubiese un lugar donde bañarse. Como ángel que era, bastaba desearlo para estar perfectamente limpio, así como para no sentir el espantoso calor de la tarde. Sin embargo, había vivido como humano mucho tiempo y existen hábitos que no pueden romperse…*
Bebió un poco de agua, a escondidas, pues el agua se usaba más que nada para limpiar heridas. La guerra continuaba, inclemente, sin dar señales claras de un vencedor. Aunque Azirafel esperaba que ganaran, lo que más deseaba era volver a ver a Crowley. ¡Oh, si al menos supiera que estaba bien…!
El ruido de una conmoción en la entrada del campamento llegó a sus oídos y se puso de pie de inmediato. La mayoría de los ángeles en el lugar se estaba recuperando de heridas y era su deber, al igual que el de aquellos en mejor estado, proteger el campamento cuando los guerreros sanos se habían marchado a alguna batalla.
Claro, Azirafel alegaría que él estaba sano, pero sus Superiores insistían en no 'presionarlo'.
Se había formado un círculo alrededor de un recién llegado. Azirafel se abrió paso a través de los sorprendidos y confundidos Sanadores, que observaban al recién llegado batallar con un par de guerreros de quienes sus heridas estaban casi curadas.
-¡Suéltenme de una vez! ¡Estoy aquí con un mensaje!
-¡Oh, y ya parece que vamos a creerte, demonio!- chilló uno de los ángeles, mientras su compañero retenía a su oponente- ¡acabaremos contigo de inmediato!
-¡Esperen!- grito Azirafel, apartando a varios Sanadores de su camino y situándose frente a los guerreros- déjenla ir- ordenó, pues había reconocido al demonio. En realidad, se trataba de la niña-demonio que solía encargarse de él y de Crowley si se hacían algún daño.
-¡Pero…!- comenzó a alegar uno de los ángeles.
-¡He dicho…!
-Suéltenla- murmuró una voz a las espaldas del Principado, quien de inmediato reconoció a Rafael- es nuestro deber, como ángeles y enviados del cielo, tener compasión y confianza de aquellos que nos la solicitan.
Los guerreros protestaron, pero se apartaron. Azirafel se acercó entonces a la chiquilla y le ofreció su mano para ayudarla a levantarse, la cual, como era de esperarse, ella rehusó y se puso de pie por si misma. –Ángeles- mascullo de mal humor, sacudiéndose el polvo- ¿Qué paso con todo eso de 'paz', 'buena voluntad' y 'misericordia'?
Hubo un murmulló general de molestia y fue Rafael quien los hizo callar a todos. –Corren tiempos difíciles, hermana- replicó el Arcángel, con calma. La chica arqueo las cejas ante el titulo de 'hermana' pero no dijo nada- ahora, por favor comparte tu mensaje con nosotros.
Ella lo observó un par de segundos, como meditando algo. Luego, se encogió de hombros. – ¿Debo suponer que eres quien esta a cargo?
-Podría decirse- respondió el otro, sonriendo levemente- al menos lo soy cuando Miguel no está.
-Bien- sentenció ella y dio un paso hacia él, antes de proferir una sonora bendición, que, por el tono en el que fue dicha, podría haber sido tomada como una maldición. La chica miró entonces su tobillo derecho, mascullo algo y se sentó en el suelo. Indicó con la mano que le concedieran un segundo y el Arcángel la observo con curiosidad, al igual que el resto de los Sanadores. Finalmente, la demonio procedió a aplicar la misma técnica que utilizara en Azirafel y su tobillo dislocado. Una vez más, bendijo sonoramente. –Listo- murmuró, poniéndose de pie- ahora, ¿dónde estábamos?
-El mensaje- respondió Azirafel, notando que tenía seca la garganta y que temblaba como una hoja. Ella lo miró con atención por primera vez y pronto sus ojos se abrieron como platos. – ¡Eres el ángel de Crowley!- afirmó ella, con una sonrisa medio sarcástica, medio sincera.
Azirafel se sonrojo, al notar los murmullos entre sus compañeros. Por unos segundos, Rafael lo observo con una ceja arqueada y expresión divertida antes de recobrar su acostumbrada serenidad. –Tú mensaje, hermana.
-¿Huh? ¡Oh, eso! Vengo de parte de Adán.
Un asentimiento solemne por parte de los presentes y la muchacha continuó, con renovados bríos. –Se encuentra bien, aunque prisionero. Mucho se teme que ya no podrá ser de ninguna utilidad para el Cielo- sus labios se curvaron en una mueca despectiva, mas pronto recupero el tono neutral- eso es todo.
-¿Qué hay de Crowley?- Azirafel se encontró a si mismo preguntando, incapaz de ocultar el miedo en su voz. La niña lo miró y luego sacudió la cabeza, con cierta tristeza. Haciendo acopio de todas sus fuerzas, el ángel se mantuvo de pie, a pesar de que estaba destrozado por dentro.
-En realidad no lo sé- susurró ella, de pronto de pie a su lado, con una mano sobre su hombro- Adán tampoco. Pero no lo he visto en las mazmorras.
Azirafel se dio cuenta de que no resistiría un segundo más. Así que, colocando sus manos sobre los hombros de la curandera demoniaca, le sonrió una última vez, murmuró un suave 'gracias' y luego salió corriendo sin dirección conocida.
Escucho los gritos de Rafael llamándolo y a varios de sus compañeros hiendo detrás de él, mas no se detuvo. Era suicida salir del campamento así, sin armas y considerando que había una batalla aun sin definirse a pocos metros.
Pero no importaba ya.
Nada importaba ya.
*O que no se desea romperlos
