¡Hola! Aqui esta un nuevo capitulo; estamos por llegar al final del fic, asi que ¡espero que les guste!
Gracias a SillyKnight12 por su review.
'Buenos Presagios' y todo lo relacionado a ello es propiedad de Terry Pratchett y Neil Gaiman.
Capitulo 17
Adán Young.
El agua se sentía deliciosa, relajando sus extremadamente tensos músculos. Había dado con aquel estanque un par de días antes y desde entonces, en cualquier rato libre que encontrara, se escabullía hasta ahí y pasaba horas sumergido.
La guerra había acabado.
Se había firmado una tregua y todos se sentían más relajados. Claro, ahora había mucho más trabajo que hacer: la reconstrucción de la tierra entera debería iniciarse de inmediato y como era de suponerse, los demonios no ayudarían. Eso era trabajo del Cielo.
Algunas pequeñas 'colonias' humanas habían sobrevivido. Pero, ¿civilización como tal? No ciertamente. Había que encontrar a los aterrorizados humanos, convencerlos de reconstruir y luego… bueno, solo él tiempo diría que pasaría después.
-Azirafel.
Se giró, muy lentamente y contempló al Arcángel de pie a la orilla de la laguna. Éste lucía una mueca de preocupación, que siempre usaba en presencia del ángel. Después del asunto acerca de las negativas noticias del estado de Crowley, Azirafel había exigido ser reintegrado al ejército celestial. Luchar era su única manera de no pensar en el demonio y la única forma honesta y digna de buscar la muerte. No podía arrebatarse asimismo la vida pero si la perdía en una confrontación…
Sus Superiores habían cedido, si bien de mala gana. Rafael había intentado disuadirlo, sin éxito. Miguel había opinado que era una buena forma de llevar su duelo, ganándose una irritada mirada del otro Arcángel.
Pero bueno, eso no era importante.
-¿Si?- preguntó, sin particular interés, comenzando a avanzar hacia la orilla. El agua le escurría del cabello y del cuerpo; una vez que se encontró fuera, el ángel hizo aparecer una túnica sobre su cuerpo, sin molestarse en secarse.
-Tienes una visita.
-No estoy de humor- replicó, consiente que no era una respuesta propia de un ángel pero incapaz de preocuparse por ello. Rafael frunció el ceño.
-Creo que deberías hablar con él- al notar la mirada de incredulidad del otro, agregó- se trata de Adán.
Ese fue todo el incentivo que necesitaba. Sin dirigirle una palabra más a su compañero, el rubio se alejo corriendo hacia el campamento.
Se saludaron con una breve inclinación de cabeza. El joven Anticristo lucía apenado y apesumbrado, pero lograba aparentar cierta cordura. Azirafel noto las largas cortadas, los moretones y las diversas heridas, pero se encontró incapaz de sentir pena por el chico. Sabía que debería; sabía que no era culpa de Adán lo que le había ocurrido a Crowley, pero…
-Lo lamento mucho- murmuró el adolescente, sin mirarlo a los ojos- no debí… es decir, Crowley no tenía porque…
Y la disculpa era tan sincera y el muchacho lucía tan abatido que todos los instintos angelicales de Azirafel le indicaron que debía consolarlo y es justo lo que hizo. Lo abrazó, un poco por el bien de Adán, un poco por su propio bien. El contacto era cálido y se sintió tan relajado como cuando estaba en el estanque. No era culpa del chico. En realidad, no era culpa de nadie.
Hicieron lo que se tenía que hacer.
Pero el conocimiento no hacía menor su pena.
