¡Hola! Aquí esta el ultimo capitulo de este fic… espero que no lo odien demasiado.

'Buenos Presagios' y todo lo relacionado a ello es propiedad de Terry Pratchett y Neil Gaiman.


Capitulo 19

Un nuevo inicio.

Era un día esplendido.

Solo que en realidad no lo era. No para él, al menos. El sol brillaba alto en el cielo, no había nubes a la vista y todo parecía estar envuelto por la calma y la tranquilidad. Sin duda, no una típica mañana londinense.

No debería haber vuelto a Londres. Cierto, lo necesitaban ahí, había mucho por reconstruir y los humanos sobrevivientes estaban ansiosos de recuperar su antigua ciudad. Además, después de haber estado con Adán en Tadfield, se había convencido a si mismo de que hacer trabajo de reconstrucción era bueno para su sique.

Pero…

Se encontraba en lo que ahora era las ruinas de la Biblioteca Británica. Pocos libros habían sobrevivido a la guerra, mas en aquel increíble edificio de antaño podían encontrarse los suficientes para hacer sentir a Azirafel cómodo.

Había entrado a descansar un poco, mientras los cansados ciudadanos regresaban a sus hogares para la hora de la comida. Todos se afanaban en la construcción y muy pronto, la ciudad comenzaba a recuperar su antigua vida y su antiguo aspecto. Claro, eran pocas personas así que no necesitaban ni la mitad de los edificios y casas que habían existido antes, aun así…

Abrió unos planos y los estudio con detenimiento. El señor McCain, uno de los sobrevivientes, arquitecto de profesión, se los había entregado unas semanas atrás. Los planos rescataban lo que había sido el centro de Londres, con algunas pequeñas modificaciones adaptadas a las nuevas necesidades. Aunque Azirafel no entendía mucho, le gustaba contemplarlos. Lo llenaban de una sensación calida, transportándolo a los días antes de la guerra, cuando él y Crowley salían a cenar al Ritz y luego caminaban por St. James…

Cerró los ojos, mientras los recuerdos se agolpaban en su mente. En aquellos tiempos, su relación con el demonio había sido meramente… amistosa. Y sin embargo, habían sido tiempos tan maravillosos… ¡ah, lo que daría por volver atrás!

Escuchó la puerta abrirse, pero no se volvió. Supuso que se trataría de algún amable ciudadano, llevándole algo de comida. A veces se turnaban para llevarle alimentos, aunque el ángel insistía en que no era necesario. Aun así, le conmovía la generosidad de aquellas personas; sin duda, el Apocalipsis había contribuido a crear un mundo mejor.

Alguien estaba ahora detrás de él y un leve escalofrío recorrió su espalda. El Principado estaba a punto de girarse, cuando el recién llegado envolvió sus brazos alrededor de su cintura y recargo su barbilla contra su hombro, antes de susurrar a su oído. –Hola, ángel.

Tras el brevísimo saludo, el recién llegado comenzó a plantar besos a lo largo del cuello del ángel, haciendo que éste sintiera sus rodillas flaquear y soltara una brevísima exclamación de placer. Una risita baja y algo sarcástica, seguida de más tentadores besos y Azirafel no pudo contenerse más: gimió el nombre de su demonio y se volvió.

-Es bueno verte, Azirafel.

No, no podía ser. Su imaginación le estaba jugando una mala pasada y si se dejaba llevar por aquella fantasía, solo acabaría con el corazón más destrozado. No, tenía que aguantar. No sucumbiría ante la imagen proyectada por su mente. Eso no era Crowley. Crowley no podía estar ahí. Crowley estaba muerto. Solo que…

Solo que en realidad no lo sabía, ¿cierto? Es decir, Adán jamás había visto el cadáver del demonio, ni tampoco la demonio sanadora. Aun así, todo parecía apuntar…

-Sin palabras, veo- murmuró el demonio, sonriendo sarcásticamente y volviéndole a abrazar, antes de besarlo en los labios- bueno, entonces dejemos que sean nuestras acciones las que hablen por nosotros, ¿eh?

Sintió las manos de Crowley jugueteando con los botones de su camisa, antes de comenzar a desabotonarla. Todo era un sueño, sin duda, una alucinación muy vivida pero indiscutiblemente irreal. Empujo al demonio con toda la fuerza que le fue posible reunir y éste lo observo, medio confundido, medio herido. – ¿Zira…?

-¿Cómo es posible?- pregunto el ángel, temblando de anticipación y de rabia. Anticipación por lo ocurriría si resultaba no ser todo producto de su imaginación; rabia por si su mente le estaba jugando una mala pasada o bien, rabia contra el demonio por haber demorado tanto en hacer su reaparición.

-Oh, eso- replicó el otro, restándole importancia- en realidad, nunca me descubrieron. Cuando iban a atraparnos, logre esconderme en un pequeño recoveco, pero no fui capaz de ayudar a Adán. Me figure que sería más útil si…

Se interrumpió, justo a tiempo para esquivar el libro que paso zumbando a su lado. Azirafel lucía lívido, al tiempo que rebuscaba entre los papeles sobre la recepción, tratando de encontrar algo más que arrojarle. – ¿Pero que…?

-¡Me tenías muerto de la angustia!- chilló el ángel, encontrando un bolígrafo y lanzándolo con fuerza- ¡¿Y ahora vienes y me dices que todo el tiempo estuviste bien?! ¡¿Por qué no apareciste antes?!

Considerando que lo mejor sería acercarse a su compañero y sujetarle las manos, Crowley procedió a hacer justo eso, antes de intentar explicarse. El ángel se resistió pero, afortunadamente, en su estado de estrés y desesperación, era relativamente sencillo de contener. –No ha sido mi culpa; después de aquel incidente mantuve un perfil bajo por lo que resto de la guerra y permanecí mucho tiempo tratando de ocultar mi presencia. Es decir, fue mi plan el que falló y eso no me colocaba en la lista de las personas favoritas del Infierno, ¿sabes?

-¡Pero…!

-Después me enteré de que Adán había enviado a alguien a comunicar las noticias de su captura, pero me imagine que quien quiera que fuera el mensajero no estaría dispuesto a jugarse el pellejo de nuevo, así que…

-¡Pero la ultima vez que vi a Adán, él aun creía…!

-Bueno, no lo culpo por creerme muerto. No supo que logre escabullirme y supongo que pensó que me habrían matado. Y no era como si hubiera podido ir a visitarlo a las mazmorras; hubiera sido sospechoso y hubieran podido descubrirme. Yo…

-¿Y donde has estado todo este tiempo?

-Ah… eso. Bien, cuando la guerra termino, había mucho papeleo por hacer y…

-¡¿ESTAS DICIENDOME QUE LA RAZON POR LA QUE NO VINISTE A BUSCARME ANTES FUE PORQUE ESTABAS HACIENDO PAPELEO?!

-Bueno, cuando lo pones así…

Un gruñido y el ángel se libero de su amigo. El demonio retrocedió, sintiéndose levemente aterrorizado y convencido de que moriría pronto. No obstante, tras unos segundos, Azirafel pareció calmarse. –Supongo que debería perdonarte.

-Eso sería apropiado. Es decir, pasaste años lamentando mi muerte y ahora que descubres que estoy vivo no querrás matarme, ¿verdad?

-No tientes tu suerte- alegó el Principado, cruzando sus brazos sobre el pecho. Crowley le sonrió, volviéndolo a abrazar.

-De verdad lo siento, ángel.

-Hmph.

El otro se rió, antes de besarlo de nuevo en los labios. Segundos después, todo el enojo parecía haberse esfumado. –Así que, ¿necesitas ayuda con la reconstrucción?

-Creí que el Infierno no se involucraría.

-No… pero en el marco de nuestro Acuerdo…

-Ah… así que solo lo haces por el Acuerdo.

-Ángel…- el tono era bajo; el tipo de tono que la gente utiliza para decir que dejes de estar jugando. Azirafel se rió y descubrió que era un sonido que había extrañado. Aunque, ciertamente, no tanto como la voz de su demonio.

-Es bueno tenerte de vuelta, querido.

Crowley sonrió y asintió con la cabeza. –Es bueno estar de vuelta. Confío en que esta estancia en la Tierra será más placentera que la anterior, ¿huh?

Otro beso, largo y profundo. –Puedes apostarlo, querido. Puedes apostarlo.


Y… ¿Qué tal? ¿Horrible? Probablemente. Súper cursi, cuando menos… oh, en fin. Se los advertí, ¿no es verdad?

De todos modos, ¡Gracias por leer!