El resultado
Al día siguiente la noticia de que un grupo de alumnos fuera de lugar habían atacado el despacho de Filch corrió como pólvora. Fue como si ellos hubieran prendido la mecha a algo grandioso, porque los rumores, inventos y especulaciones a causa de quienes habían sido y por qué, o las cosas que habian hecho no se hicieron esperar (aunque más de uno los miró con sospecha) y fue genial escuchar durante toda la mañana las versiones de lo acontecido. El broche de oro se lo puso el hecho de que el primer ruido de la mañana fuera la gigantesca explosión que provocaron los Detonadores Amanecer apenas salió el sol; y la densa humareda púrpura que se elevó hacia los pisos superiores desde el pasillo de Filch. Gracias a esos prácticos artilugios las últimas sospechas de la razón del ataque desaparecieron, y la mayoría terminó por adjudicarlo al simple hecho de ir hasta allí para colocar esos chascos, y arruinarle la mañana a Filch. Y punto.
__ Cinco, cuatro, tres, dos, uno... __ los tres Merodeadores estaban a punto de cruzar por el pasillo del primer piso, rumbo al Salón, y por supuesto iban a detenerse a ver su obra-. ¡Guau! Mira eso.
__ No creí que sería tan genial.
__ A que no se la esperaba después de lo de anoche.
El pasillo, de una punta a otra, estaba sellado por unas gruesas cuerdas doradas que impedían el paso. Y una intensa nube púrpura-violácea seguía flotante en el lugar, como recordando que por fin un par de alumnos habían tenido las agallas de hacerle frente a Filch.
Y todos parecían pensar que era grandioso. Incluso se había filtrado la información de la posible participación de Peeves, y desde entonces el fantasma había desaparecido misteriosamente.
Los distrajeron las risas de unas chicas que pasaron en grupo por su lado.
__ ¿Lo oíste? Parece que alguien puso Detonadores Amanecer bajo la cama de Filch, y Mary Donald dice que oyó a unos chicos decir que vieron a Filch huyendo del despacho en medio del humo violeta; y que salió echando maldiciones hacia el despacho del profesor Dumbledore. Han rastreado a Peeves por todo el castillo en tan sólo unas horas, pero nadie ha logrado encontrarlo, y Filch tampoco pudo identificar a sus atacantes. ¿No es grandioso? Yo creo que se lo merece.
Y las otras dos asintieron entre risitas. James, Remus y Sirius estallaron en risas apenas las vieron marchar.
__ Supongo que salió mejor de lo que planeamos __ susurró.
__ Si, definitivamente. Pero ¿que tú no tienes que ir a ver a Liz? Recuerda que hoy supuestamente iba a volver a casa por su madre.
__ ¡Oh, no! ¡Lo olvidé! __ exclamó Sirius golpéandose la frente, y salió huyendo hacia el Gran Salón.
James y Remus se quedaron mirándolo.
__ ¿Qué crees que sucederá? __ preguntó el segundo con tranquilidad.
__ ¿Crées que me quedaré a esperar que me cuente? __ respondió James con ironía-, ¡vamos tras él!
Sirius entró al Salón a paso apresurado. La túnica le ondeaba por detrás y su cabello se sacudió de forma atractiva cuando giró impacientemente a un lado y a otro la cabeza buscando con la vista a la chica de mirada triste y cabello castaño que había visto por última vez la mañana anterior. Pero no estaba. Liz simplemente no estaba por ninguna parte.
Hasta que...
__ ¡Auch! __ alguien chocó contra su espalda, y el fuerte golpe del empujón lo hizo trastablillar. Se dio vuelta para ver quien había sido, y cual no fue su sorpresa al toparse con nada menos que ella.
__ Liz __ susurró.
__ ¿Sirius? __ dijo la chica, y levantó la vista aún frotándose la cabeza-. Lo siento no te vi.
__ No, fue mi culpa __ replicó él con rapidez, y se tocó el pelo-. En realidad estaba buscándote.
__ ¿A mi?__ preguntó ella confusa.
__ Si. Es urgente, tengo que mostrarte algo. ¡Ya no tienes que irte!
__ ¿De que hablas?
__ Ven __ dijo él, y tomándola de la muñeca la llevó fuera del salón.
Liz se dejó arrastrar sin oponer resistencia, pero con el semblante lleno de confusión. Al final, se detuvieron en una salita que estaba vacía y Sirius la soltó, volteándose para quedar frente a ella.
__ ¿Para que me trajiste aquí?__ preguntó Liz.
__ Por esto __ dijo Sirius, y se quitó de debajo de la túnica el fichero.
"Lizbeth Black Turner"
Liz se quedó mirando la carpeta con los ojos como platos, estática como una estatua. Por un momento no fue capaz de articular palabra. Sirius sonrió.
__ Es tuyo __ dijo-. Ya no puede acusarte. No tienes que irte, ni tu madre se enfadará. Ya no tienes de que preocuparte.
__ ¿Có...? ¿Cómo...? __ balbuceó Liz; y entonces su cabeza empezó a atar cabos. Sacudió la cabeza y lo miró con asombro-. ¿Fueron ustedes? ¿Anoche?
Sirius sólo se limitó a sonreír, pero no respondió nada en específico.
__ ¡No puedo creerlo! ¡Oh, Sirius! __ chilló Liz de pura alegría, y le echó los brazos al cuello. Sirius abrió los ojos muy sorprendido, y un rápido rubor rojizo se extendió por sus mejillas mientras la sostenía. Liz se empezó a reir de pura felicidad, sin poder creerlo.
__ Me alegra que vuelvas a sonreír __ comentó Sirius con calma, y Liz dio un respingo. Se separó de él con las mejillas coloradas, y miró hacia otra lado, acomodándose los rizos.
__ Yo...yo... __ suspiró tratando de ordenar su mente-. ¿Cómo podré agradecerte por esto, Sirius?
El muchacho sonrió.
__ Podrías darme otro de esos, para empezar __ bromeó.
Pero para Liz no fue ninguna broma. Antes de que él pudiera decir nada, se acercó, lo tomó con la mano libre por la pechera y sin darle tiempo a decir nada le plantó un beso en los labios.
Sirius se quedó duro. Primero se puso blanco, y después, bailando de euforia por dentro, la tomó por el rostro y profundizó el beso.
Cuando por fin despegó sus labios de los de ella, a Liz le ardían las mejillas.
__ ¿Eso quiere decir que aceptarás salir conmigo? __ preguntó el chico sonriendo seductoramente.
__ Creo que si __ susurró ella, y volvió a besarlo.
Lo que no sabían era que justo detrás de ellos dos cabezas se asomaban por la puerta, y miraban con satisfacción la escena que se desarrollaba ante sus ojos.
__ Bien hecho, Canuto __ vivó James por la bajo, y le palmeó el hombro a Remus.
__ ¿Vas a torturarlo, verdad? __ preguntó el chico sonriendo con paciencia.
James alzó las cejas maliciosamente, pero por dentro estaba feliz por Sirius. Liz era el amor de su vida, y ahora por fin era suya.
Los Merodeadores habían ganado.
