El Príncipe de la Dulce Pena

Capítulo 2: Los Nueve Bijuu

Summary: Sasuke es un diestro cazador de vampiros destinado a proteger al portador del Kyuubi. Naruto es obligado a cargar con un destino del que apenas comprende su grandeza. ¿Ambos podrán lidiar con sus sentimientos encontrados?¿Podrá Sasuke contener su sed de sangre cerca de Naruto?... SasuNaru. Varias.

Advertencia: Éste fic contiene Shone-ai/Yaoi (relación hombre/hombre), en caso de que no sea de tu agrado o seas una persona sensible, te recomiendo NO leerlo Ya están adevertidos NO se quejen después!

Disclaimer: Naruto no es mío, todo es obra del maestro Masashi Kishimoto-sama. Los derechos de Naruto pertenecen a Shonen Jump, Pierrot y TV Tokio. Nada de lucro.


Naruto sólo alcanzó a sentir una gentil y rápida fuerza que lo apartó de aquellos huesudos dedos en un segundo. Sasuke se interpuso entre Orochimaru y él protectoramente, tocaba su elegante espada envainada con la intención de sacarla en cualquier momento.

-Orochimaru…- su voz era un murmullo ronco que incluso hizo estremecer al rubio.- No nos precipitemos, déjame cerciorarme primero…- exigió con su tranquila e imperturbable mirada azabache. Su maestro suavizó lentamente sus aterradoras facciones de serpiente sin dejar de apretar y rechinar aquellos afilados dientes.

-Retírate- le ordenó la varonil voz del Uchiha al ojiazul con severidad. Naruto no estaba dispuesto a oponérsele, pues se encontraba sumamente contrariado por lo recién sucedido. Se levantó pasmosamente y repentinamente sintió el fuerte brazo de Sasuke detenerlo y en un ágil movimiento de mano aflojó el nudo de su obi. Naruto soltó un gruñido de sobresalto, pero el nudo permaneció firme y finalmente sus pulmones respiraron con facilidad mientras el dolor que le causó aquel endemoniado obi cesaba. El rubio quedó boquiabierto

- ¿Cómo…?-

-Cuestión de práctica, dobe. ¡No vuelvas a ponerte ese kimono! –

El ojiazul se retiró entonces bastante turbado antes de que Orochimaru volviera a desquiciarse. Lo último que escuchó antes de cruzar la puerta de la sala de té, fue el comienzo de una acalorada discusión.


Corría. Corría desesperadamente por su vida en aquella helada noche de invierno, rompiendo la tranquilidad de aquel oscuro bosque. Sus débiles piernitas entumecidas por la nieve luchaban desesperadamente por escapar. Hacía un esfuerzo sobrehumano para respirar, cada bocanada de aire helado que aspiraba le quemaban la garganta y los pulmones dolorosamente. Entre sus delgados bracitos infantiles sostenía protectoramente un paquete

El sentimiento por aferrarse a la vida era lo único que invadía a su mente. Una espesa nube cubrió a la luna y las tinieblas absolutas cayeron sobre él y con esta oscuridad un horroroso y lastimero rugido resonó con eco ensordecedor por todo el bosque. Naruto sintió el corazón en la garganta.

-Déjame destrozar tu frágil cuerpo…- gruñó terriblemente cerca una diabólica voz.- Quiero oírte gritar mientras te desangras…- tenía sobre él a ese horrendo ser, sentía su aliento desagradable rozar su oído. Enseguida sintió un certero y doloroso golpe por la espalda que lo derribó violentamente sobre la fría y espesa nieve. Contempló sobre su cuerpo a aquella espeluznante criatura relamiéndose por su triunfo. Naruto se encontraba mudo por el terror.

-Nadie va a salvarte- musitó complacida la bestia- Dios se ha olvidado de ti.- el rubio respiraba aceleradamente y sintió que su corazón se le iba a salir del pecho debido al miedo. Cerró sus párpados con fuerza esperando el golpe fatal, pero en su lugar se escuchó el atronador sonido de un disparo y aquel monstruo comenzó a chillar escandalosamente de dolor. Naruto abrió los ojos.

Un rayo de luz lunar se asomó por entre las nubes e iliminó el perfil de su salvador. Era un hombre joven de cuerpo atlético y facciones duras pero atrayentes. Sus ojos eran rojos como la sangre y brillaban con ferocidad, intimidantes y calculadores. En su mano izquierda sostenía una extraña arma de fuego que aún humeaba por el reciente disparo

- ¡Pero Lucifer no se va a olvidar de tu cuando te mande al infierno! – bramó la imperiosa voz de aquel pelinegro de ojos rojos.

La bestia lanzó un aullido de furia y se lanzó en contra del recién llegado. El joven lo esquivó raudo y en un segundo estaba detrás del monstruo con el cañón del arma sobre su amorfo y peludo cráneo atestándole un segundo disparo. El monstruo emitió un colérico alarido. Naruto se tapó los oídos debido a ese insoportable y estentóreo sonido.

-¡¿Con qué me has dado?!. ¡¿Con que me has dado, bastardo!?-

-Viuda Negra, cabrón.- respondió con gelidez y cierto regocijo. El joven enfundó el arma en su cintura. La bestia al escuchar aquello volvió a chillar de una forma lastimera y horrísona, como si le hubieran atestado otro tiro.

-¡Maldito hijo de perra!- gimoteaba la criatura.- ¿Quién eres?-

El joven sonrió retorcidamente al escuchar la pregunta desenvainando una elegante y lisa espada que descansaba en su cintura.

-Que no se te olvide, cabrón. Recuérdalo en el infierno. El nombre del que te asesinó es Raikiri.- y de un solo tajo, cortó limpiamente la cabeza del monstruo.

-Híbrido…- fue el último aliento de la bestia antes de morir decapitado.

La cabeza rodó hasta donde se encontraba el rubio titiritando de frío y miedo. La luna se despejó por completo e iluminó aquella amorfa masa marrón con grandes colmillos irregulares y amarrillos con ojos pequeños negros y vidriosos.

El joven limpió su larga espada en la nieve para volver a enfundarla con gracia. Con pasos livianos se dirigió hacia el pequeño ojiazul tirado en el suelo. Miró la cabeza delante del niño y la pateó despectivamente con sus grandes botas cafés de cuero. Se inclinó a la altura de Naruto y le sonrió con ternura infinita, el brillo de sus ardientes ojos rojos se suavizó notablemente. El rubio se encogió por reflejo.

-Tranquilo…- lo apaciguó con una gentil voz. - Ya estás bien, pequeño, vámonos de aquí.- el ojiazul sintió que aquella voz lo llenaba de una inexplicable sensación de bienestar. ¿Cómo era posible aquello si hacía unos momentos ese tal sujeto había blasfemado tan groseramente al monstruo, asustándolo? Todo eso carecía ya de sentido porque segundos después se encontraba entre sus brazos camino a casa.

Su salvador era tibio y sus brazos firmes le hacían sentir totalmente seguro. Su aroma le acurrucaba deliciosamente y su respiración acompasada con la suya le traía una paz inexplicable. El miedo y el frío habían desaparecido desde hace mucho tiempo. Ahora estaba fascinado de ese tal Raikiri y aquella poderosa mirada sangre, tan adictiva como los atardeceres que tanto le gustaban.

-¿Qué hacías tan tarde en el bosque en una noche tan terrible como esta? - quiso saber su salvador. Naruto se sobresaltó pues se estaba quedando dormido envuelto en esa agradable calidez.

-El amo me ha mandado por un encargo al pueblo de la montaña y se me hizo tarde.- contestó soñoliento mostrándole orgulloso el paquete que siempre protegió. Su salvador se conmovió.

-¿Y cuál es tu nombre, pequeño? –

-¡Naruto! Y gracias por salvarme.-

-Era mi trabajo. Estuvimos en el tiempo y lugar indicados, eso es todo.- el niño le sonrió mientras seguían avanzando por la nieve.

-¿Qué es un híbrido? – preguntó con suma curiosidad el rubio, recordando como lo había llamado la bestia. El pelinegro sonrió de lado.

-Así llaman a los de mi clase. Un regalo que algún día devolveré.- agregó siniestramente.- Eres muy despierto. ¿Cuántos años tienes? – el tono de su voz cambió abruptamente.

-¡Siete! - exclamó con orgullo Naruto.- Casi ocho… ¿Y tú?- preguntó como si estuviera haciendo un nuevo amigo.

-¿Y si te digo que tengo doscientos treinta nueve años me creerás? -

-¡Claro que no! Un humano no puede vivir tanto…- el joven de ojos sangre se echó a reír.

-Tienes razón, entonces ¿Cuántos años crees que tengo, Naruto? – por primera vez Raikiri pronunció su nombre y lo hizo con suma ternura.

-Pues…- dudó el rubio.- Como la edad del joven amo… Veinticuatro.-

-Entonces tengo veinticuatro años.- asintió suavemente.

Pasaron unos minutos de silencio tranquilizador. Naruto observó entonces una hermosa reliquia que colgaba del cuello del pelinegro. Era rojo y con una huella grabada soberbiamente en ónix negro. Aquello llamó muchísimo la atención del pequeño. El joven lo notó de inmediato.

-¿Te gusta? – Preguntó al ojiazul quien asintió embobado por la belleza de aquella exótica joya.- Es el símbolo de mi Clan. El poderoso Kyuubi, el Rey de los Nueve Bijuu. La representación del fuego eterno.- el rubio quedó boquiabierto.- Puedes tocarlo, si quieres.- concedió con suavidad y Naruto no tardó en hacerle caso.

Avanzaron por el silencioso y tremebundo bosque por algunos minutos más hasta llegar a la pequeña aldea de estilo oriental iluminada débilmente por lámparas de aceite colocadas a los largo de las estrechas calles cubiertas por la nieve. Ahora que el rubio lo notaba, aquel joven iba ataviado de una manera muy rara en comparación a las yukata, haobi y kimonos a los que estaba acostumbrado, dejó de cuestionarse aquello cuando se percató de que caminaban en la dirección indicada hacia el hogar al que servía. El pequeño hizo memoria y no recordaba haberle dicho al pelinegro el camino correcto.

-¿A dónde vamos? – preguntó Naruto sorprendido.

-A tu casa por supuesto. ¿Vamos mal?- respondió Raikiri con naturalidad.

-¿Cómo sabes por dónde es?. –El niño continuaba incrédulo.

-Te contaré mi secreto. Puedo leer tus pensamientos, Naruto.- y se echó a reír de su propia broma, pero el pequeño permaneció con el ceño fruncido, se estaba tomando en serio la broma.

Se divisó una gran mansión al fondo de una solitaria callejuela. El casón estaba iluminado con lámparas de madera tallada y el guardián de la entrada permanecía atento. Naruto sentía la gran necesidad de permanecer entre aquellos deliciosos brazos por mucho tiempo más, pero con un movimiento delicado el pelinegro lo bajó al suelo. Esto le pareció muy cruel al ojiazul quien lo miró con reproche.

-Este es un hasta luego, Naruto.- le susurró con una voz tremendamente apacible.- Naciste bajo la protección del Kyuubi.- el joven se desprendió de el dije que colgaba de su cuello y se lo colocó al rubio.- Así como este amuleto te pertenece ahora, mi vida y mi cuerpo también son tuyos. Sólo existo para servirte y protegerte.- Naruto sintió como un violento sonrojo adornó su rostro repentinamente a pesar de no haber comprendido del todo aquellas palabras; sin embargo el simple tono de voz del mayor lograron que a su pequeño e inocente cuerpo lo recorriera un acelerado escalofrío.- Volveré cuando seas mayor…-

-¿Qué?. ¡Espera, todavía no te va…!.-

-¡Naru-chan!. ¡Naru-chan!. ¡Los amos están muy preocupados por ti!.- vociferó emocionado el viejo guardia. El rubio se volteó por un segundo a mirar al guardia y al otro aquel joven de mirada carmesí desapareció sin dejar rastro alguno, ni siquiera huellas sobre la espesa nieve.


Naruto descansaba en su pequeña pero cómoda cama en las mazmorras del Palacio, cerca de las cocinas, en un amplio cuarto que compartía con otros sirvientes.

Ten Ten roncaba afable en una cama cerca de la suya. La habitación era supuestamente iluminada por una pequeñísima vela con languidez. El rubio no podía dormir y sostenía con fuerza su dije contra su pecho al mismo tiempo que recordaba aquella noche cuando lo había recibido como regalo. Se dio cuenta al fin de aquello que siempre se negaba a aceptar. Y algo en su interior se rompió como si fuera cristal.

Era patético. Odiaba ser patético. Siempre esperó y seguía esperando aquella promesa que el joven de mirada carmesí le había hecho. Y no sabía nada de él más que tenía veinticuatro años en aquel entonces… ¿O eran doscientos treinta y tantos…?


-Ya veo…- asintió Sasuke con la barbilla recargada sobre sus manos entrelazadas. Su mirada negra y opaca escrutaba abiertamente a Naruto. Se encontraban en la sala de té nuevamente. - ¿Y eso fue todo? –

-Sí, no lo recuerdo muy bien porque tenía siete años. ¡Ya te lo dije! – replicó con recelo el rubio, todo aquello era un interrogatorio que no le estaba gustando nada. El Uchiha le había preguntado la forma en que consiguió el amuleto del Kyuubi y Naruto no tuvo otra opción más que contarle a grandes rasgos y omitiendo absolutamente todo el sentimentalismo que esa historia representaba para él. - ¡Ya hablé mucho!. ¡Ahora te toca a ti, bastardo!.- Sasuke arqueó una ceja con disgusto, pero no se opuso. Naruto entonces continuó.-. ¿Qué diablos pasa aquí?. ¿Qué demonios es eso del Kyuubi?. ¿Qué significan todas estas patrañas?.-

El Uchiha permaneció reflexionando por unos minutos y al final suspiró fastidiado

-Si tanto quieres saber entonces te contaré una historia que esté a tu nivel de comprensión.-

Naruto le miró con desdén, sinceramente no toleraba el trato de Sasuke hacia él, pero estaba empeñado en conocer la verdad de todo aquel asunto y no replicó más que con su intensa mirada azul. Sasuke comenzó su relato con voz monótona.

.-Desde tiempos cuando la humanidad aún comía carne cruda y vagaba por el insólito mundo sobreviviendo al nivel de los animales y todavía muchísimo antes de aquello, vivieron en libertad los Nueve Bijuu. Nueve deidades con incalculable poder ilimitado, cada uno tenía un número de colas y elemento específico. Ocho de ellos fueron encerrados en contenedores inertes, menos el octavo quien después liberaría a todos para enfrentarlos. Después de una larga guerra de cien años el Kyuubi le venció, coronándose como el Rey de los nueve.- Sasuke hizo una pausa para beber un sorbo de té, luego continuó.- La humanidad siempre ha buscado sacar provecho de todo para su beneficio, incluso de aquellas fuerzas incontenibles que ni siquiera podría soñar con controlar algún día. El poder de estos nueve Bijuu ha sido manipulado una impresionante cantidad de veces durante toda la historia creando guerras, accidentes catastróficos y desgracias sin igual. Muchos países no lo toleraron más y decidieron sellar y esconder los Bijuu que tuvieran en su poder en el interior de seres humanos para que fueran capaces de minimizar y contener tal fuerza. No todo el mundo estuvo contento con eso, países y organizaciones buscan desesperadamente estas increíbles fuentes de poder para su propio provecho, así que para cada Jinchuuriki se creó una guardia entrenada con el único propósito de protegerle y servirle. Yo era miembro de una de esas guardias, el Clan del Kyuubi, protectores del Jinchuuriki del nueve colas.-

Naruto esbozó un gesto escandalizado de incredulidad al final de la historia mientras apretaba los puños con fuerza. Sus ojos azules no podían asimilar las palabras de Sasuke. ¡Quería romperle la boca a ese Uchiha! No quería creer en sus palabras. En su mente todo se aclaraba y los cabos suelto de toda su vida se ataban. No era verdad… ¡No, lo era! Tenía que existir otra explicación menos disparatada.

-¡Que horrible historia!.- el labio le tembló a Naruto.- ¿Qué crees? ¿Qué dentro de mi uno de aquellos malditos monstruos está sellado?

-No, no lo creo…- contestó con rotundidad, pero aquel reconfortante alivio que Naruto sintió por un mísero segundo no duró más.- Lo sé.-


¡Al fin subí el segundo capítulo!

Mis disculpas a toda la maravillosa gente que lee mis historias, pero sinceramente estoy cursando el año más pesado de mi bachillerato (¿Alguien me pudiera explicar porqué Área 2 es la más difícil de las 4?).

Mis sinceros agradecimientos a mis lectores! ¡Me hace tan feliz saber que a alguien le parece relevante mi humilde relato! =)

Es increíble como el fandom del vampirismo a crecido tan desmesuradamente! Jeje... Por eso mismo me daba desconfianza publicar este escrito; sin embargo heme aqui actualizando el segundo capítulo! (suspiro)

Abierta a dudas, comentarios constructivos o demás.

¡Saludos y mis mejores deseos a todos ustedes!