El Príncipe de la Dulce Pena

Capítulo 5: Híbrido

Summary: Sasuke es un diestro cazador de vampiros destinado a proteger al portador del Kyuubi. Naruto es obligado a cargar con un destino del que apenas comprende su grandeza. ¿Ambos podrán lidiar con sus sentimientos encontrados? ¿Podrá Sasuke contener su sed de sangre cerca de Naruto?... SasuNaru. Varias.

Advertencia: Éste fic contiene Shone-ai/Yaoi (relación hombre/hombre), en caso de que no sea de tu agrado o seas una persona sensible, te recomiendo NO leerlo Ya están adevertidos NO se quejen después!

Disclaimer: Naruto no es mío, todo es obra del maestro Masashi Kishimoto-sama. Los derechos de Naruto pertenecen a Shonen Jump, Pierrot y TV Tokio. Nada de lucro.


¿Cómo había terminado envuelto en ese caos? Había ocasiones en que deseaba olvidarlo.

Él era el portador del Kyuubi, una deidad con poderes incomprensibles y una trascendencia tremenda en la historia de la humanidad. De ahora en adelante caía un peligro inminente sobre él a causa de las ambiciones de los hombres, ¿Vampiros? ¿Híbridos? ¿Hombres lobo? y una decena de raras bestias más cuyo nombre desconocía todavía.

Sasuke había sido herido a muerte en una batalla contra su hermano mayor mientras lo protegía. Itachi, antes de escapar a causa de la repentina aparición de Jiraiya, arremetió una horrible maldición en contra de Sasuke que lo mataba lenta y dolorosamente. Jiraiya era uno de los Sannin Legendarios entrenados por el Legendario Rey Sarutobi de Konohagakure.

No podían volver al Palacio, pues él atraía el peligro con su simple presencia y no deseaban destruir la armoniosa paz que se vivía ahí. Desde ahora tenían que huir de futuros y desconocidos enemigos trasladándose de un lugar a otro sin descanso con Sasuke a cuestas en un estado agonizante, pues la cura no existía.

Las emociones de Naruto eran un remolino sin principio ni fin. Sentía odio y cólera por su inevitable destino como Jincuuriki; sentía desasosiego por los horrores que apenas comenzaban; sentía resentimiento por el mundo entero que no podía comprenderlo; se sentía un perfecto inútil por sentarse y esperar que lo protegieran y esto le causaba aún más ira e impotencia; se sentía tremendamente culpable por el estado mortal en el cual se encontraba Sasuke y, finalmente, sentía un profundo dolor agudo y punzante dentro de su pecho con el simple pensamiento de que Sasuke muriera y lo dejara solo en esta peligrosa travesía.


- ¡Odio a ese viejo engreído y pervertido! ¿Por qué no vino con nosotros? – Naruto no paraba de quejarse indignado.

Suigetsu conducía una pequeña comitiva jalada por brioso caballos que al militar le costaba controlar en un camino tan angosto a orillas de un pronunciado precipicio. Habían dispuesto cuidadosamente a Sasuke recostado dentro del amplio carruaje al cuidado de una amable señorita que se ofreció a vigilarlo. Ambos, Naruto y Suigetsu, eran los encargados de llevar la comitiva a salvo a la capital del País del Sonido.

- Jiraiya-sama ya ha hecho mucho por nosotros – zanjó Suigetsu. – Además no es muy bien recibido en este país –

Naruto resopló molesto y permaneció en silencio a un lado de su guardián. Miró sus propias ropas y deseó cambiarlas con apremio. Aún vestía su habitual yukata azul marino a juego con sus brillantes ojos cielo. Era el único que estaba ataviado de esa manera en toda la comitiva, llamando mucho la atención.

- ¿Por qué tenemos que traer a Sasuke precisamente aquí? – preguntó de repente Uzumaki.

- Es muy simple. Sasuke pertenecía a un sabio y pacífico clan, el único en todo el mundo hecho por y para híbridos: El Clan Kaguya. Tenemos la esperanza de que sus ex-camaradas no se pongan muy roñosos y nos ayuden –

¿Pertenecía? ¿Eso quería decir que ya no pertenecía? ¿Híbrido? Quería saber de una maldita vez que significaba exactamente eso. ¿La esperanza? ¿Suigetsu y Jiraiya no estaban seguros de ello? ¡Como podían jugarse la vida de Sasuke así de fácil?


Al llegar a la desolada capital un solo sentimiento embargó a ambos. Era lástima por el destino de aquella pobre gente. El centro y las casas a sus alrededores estaban vacías, deprimentemente deplorables y llenas de suciedad, lo único que no parecía viejo y corroído eran los carteles de recompensas sobre los cuales estaban plasmados los rostros de los enemigos públicos. También había muchos carteles de propaganda política y dictatorial. La poca gente que se hallaban en las polvorientas calles grises parecía estar en constante alerta y miraban a ambos con suma desconfianza. Aquel era un pueblo fantasma azotado por la constante guerra civil.

Suigetsu averiguó rápidamente, con ayuda de su infalible y agresivo poder de convencimiento, la localización de un tal pueblo llamado 'St. Reeves'.

Viajaron durante dos días en una pequeña carreta jalada por una obediente mula a través del accidentado relieve abundantemente boscoso de aquel país, introduciéndose cada vez más dentro de un desolado valle que parecía infinito ladeado por verdísimas montañas. Aquella magnífica depresión geográfica abundante de vegetación albergaba, en algún lugar, un pueblo oculto y protegido por el valle, sus montes y montañas exuberantemente llenas de bosque. Naruto sentía que el aire que respiraba en esos inmaculados lugares, infestado con el olor fresco de millones de pinos, era el aire más puro y ligero que jamás hubiese respirado. Finalmente dieron con aquel pueblo oculto y protegido en medio de aquel mar de verdor. El lugar no guardaba parecido alguno con la asolada capital, no absolutamente, el poblado tenía un aspecto campirano, colorido, acogedor y próspero.

- Es ahí – señaló el militar, dirigiéndose hacia una majestuosa y soberbia mansión que gobernaba al pueblo en la cima de un monte. – Creo que llegamos a tiempo – observó, echando un vistazo a la carreta donde Sasuke gemía incansablemente de dolor.

Subieron a través del hospitalario pueblo hasta la espléndida mansión que coronaba al monte. El caserón estaba hecho con las mejores maderas de la región, lijadas, talladas y barnizadas exquisitamente. La mansión contaba con tres estructuras principales y sus dimensiones eran tan grandes como las de una fortaleza. Algunas de sus decenas de ventanas se encontraban abiertas de par en par dejando mecer sus finas cortinas de lino. A pesar de todo su esplendor, la residencia parecía acoger un aire hogareño.

Los recién llegados cruzaron la verja principal de madera que recibía a los visitantes abierta, atravesaron unos largos y alegres jardines perfectamente arreglados atestados de coloridas flores y árboles que comenzaban a cambiar el color de sus hojas debido a que se avecinaba el otoño.

Naruto y Suigetsu ayudaron al agonizante Sasuke a salir de la carreta donde permanecía recostado entre paja para después caminar sosteniéndolo de la cintura y pasando un brazo al rededor de sus hombros, el Uchiha ardía en fiebre.

La imponente puerta principal ubérrimamente tallada y decorada con impecables vitrales los recibió. Tocaron tres veces una de las alabas de plata con forma de serpiente enroscada, enseguida una sirvienta uniformada tiernamente les abrió con una sonrisa.

- ¿Qué desean? – les habló dulcemente.

- Tenemos que hablar con Kaguya Kimimaro ahora – exigió sin tacto Suigetsu. – Uno de los líderes del Clan, Uchiha Sasuke, morirá si no lo tratan enseguida –

La sirvienta lanzó un grito ahogado al reconocer que en efecto allí estaba el pelinegro moribundo. Entró disparada a la casa y en un par de segundos una decena de impecables sirvientas aparecieron alrededor de ellos. Apartaron al Uchiha de Naruto celosamente para después colocarlo sobre una mullida camilla que tenían preparada, ignorando a Suigetsu y a Uzumaki olímpicamente. Una de ellas ordenó a otra:

- Llama a Kimimaro-sama de inmediato y dile que Sasuke-sama ha vuelto –


Suigetsu y Naruto fueron llevados a una amplia y cómoda sala a esperar. Los sillones y cojines impecablemente blancos eran suaves y mullidos, así que después de que una mucama le sirviera al militar un buen ginebra, éste cayó dormido confianzudamente; sin embargo el rubio se hallaba extremadamente inquieto y el tiempo le pareció la tortura más cruel de toda su corta vida ¿Habían pasado tres? ¿Cinco horas? Después se enteraría de que sólo habían transcurrido dos horas, pero ¡Maldita sea, la vida de Sasuke pendía de un hilo!

La única distracción de Uzumaki era mirar afuera de los enormes ventanales que enseñaban un colorido paisaje montañés cuya exuberante hermosura en aquellos momentos carecía de relevancia para él. Repentinamente, una varonil y autoritaria voz lo sacó de su sopor.

- Uchiha Sasuke ha salido del peligro mortal –

Suiegtsu despertó dando un respingo de sorpresa para después limpiar toda la saliva que se le había escurrido durante su sueño. Naruto sintió entonces como una inexplicable sensación de alivio llenó toda su espina, ensanchando su pecho con calidez y relajando su estómago, liberándose de aquel calambre rígido que lo siguió por todos esos días.

- ¿Cómo está? – se apresuró Naruto con voz ronca debido al nudo en su garganta que acaba de desbaratarse.

- Extrajimos el veneno que llenó la maldición en su corazón. Fue un proceso tremendamente doloroso y él ha quedado mucho más débil y delicado, pero le hemos salvado la vida. Si hubiesen llegado un par de horas más tarde seguramente habría muerto –

Aquel sujeto transmitía una potestad y altivez inmensas, no hacía falta preguntar que representaba una importante autoridad, él había nacido para liderar. Era impresionante como los intensos ojos verdes de aquel líder innato lograban sublevar a Naruto.

- No puedo creer que Sasuke haya resistido tanto, un híbrido normal hubiera muerto hace días – concluyó pacientemente el líder sin dejar de mirar penetrantemente al rubio quien, sin más remedio, desvió su mirada aturdido.

- Te lo agradezco, Kaguya-dono – Suigetsu se levantó para tenderle la mano al recién llegado, pero él no podía apartar los ojos de Uzumaki. El militar carraspeó para llamar su atención.

- ¿Capitán Houzuki, verdad? – dijo al fin el líder. – Tengo que hablar con el chico. Eres un invitado honorable de Sasuke, por lo tanto esta es tu casa – Suigetsu resopló molesto por el modo tan diplomático como acaban de echarlo.


- Mi nombre es Kaguya Kimimaro – se presentó el ojiverde a Naruto mientras un mayordomo servía el té de una manera muy diferente a la que el rubio estaba acostumbrado en su país natal. El ojiazul sentía extrañeza pues en aquel lugar acostumbraban tomar las infusiones con crema y azúcar. – Soy el protector y autoridad del Clan Kaguya y St. Reeves –

- Yo soy Uzumaki Naruto – contestó para después probar aquel sabroso té de frutas.

- Vas a disculpar mi atrevimiento, Uzumaki-kun, pero tengo que hacerte algunas preguntas ya que el Capitán es una persona de muchas palabras pero de poco entendimiento – Naruto no pudo evitar reír, le agradaba la forma de hablar del líder.

El rubio terminó contando toda la historia a Kimimaro, modificando únicamente el detalle de que lo protegían a él, substituyéndolo con 'un valioso tesoro de mi país'. Al terminar, Kimimaro suspiró hondamente para después cerrar sus verdes ojos cuyos contornos se hallaban delineados con color rojo intenso, del mismo color con que estaban pintados dos puntos simétricos y paralelos sobre la frente de Kaguya.

- Ya veo, Sasuke se ha metido en líos con Konohagakure y Akatsuki – Kimimaro meditó por algunos minutos. – Ya que has sido tan honesto conmigo puedes preguntarme también, Naruto-kun –

El rubio se sintió terriblemente culpable por no haber sido del todo sincero con Kaguya y aunque docenas de preguntas giraban en toda su mente como un vórtex, solamente una llegó a sus labios.

- ¿Qué son los híbridos, Kaguya-san? –

Aquella pregunta le llegó de sorpresa a Kimimaro, pues era la última que esperaba; sin embargo bebió calmadamente un sorbo de su té humeante para después comenzar su relato.

- Sasuke y yo somos híbridos originales, de los pocos que sobrevivimos desde el fatídico día en que surgió nuestra raza. ¿Cómo describir a nuestra especie y nuestro origen? Somos experimentos fallidos, esas son las palabras más apropiadas. La mayoría de las personas cree que somos mitad vampiros y mitad hombres lobo, pero esa es sólo la verdad a medias. Nuestro origen se remonta hace muchísimos años atrás en medio de las desoladas tierras polares del País de Hierro donde existió un ambicioso dictador quien se obsesionó con la idea de llegar a ser el comandante del 'Ejército Perfecto' el cual fuese ciegamente leal como si se tratase de simples autómatas, que fuese cien veces más efectivo que los ejércitos comunes y, la mejor parte, un ejército capaz de alimentarse de su propio trabajo. Soldados que pudieran destruir a cien hombres a uno; soldados capaces de de sustituir el agua por la sangre, el pan por la carne humana y el placer por la destrucción; soldados que obtuvieran el poder de los legendarios vampiros, la fiereza e inmortal resistencia de los hombres lobo y la cruel perversidad sin escrúpulos de los demonios. Todo eso somos los híbridos –

Kimimaro se tomó unos segundos de descanso mientras Naruto permanecía impávido, incrédulo de todo lo que acababa de escuchar.

- No podrías imaginar la depravada cantidad de vidas humanas que fueron sacrificada por esta vil ambición. Finalmente lo que obtuvieron después de miles de experimentos a lo largo de años dentro de aquellos inmundos campos de concentración fueron seres como Sasuke y como yo. Sufrimos una sarta de experimentos, atrocidades, inmundicias y pruebas llenas de dolor y desesperación sobre nuestros cuerpos una y otra vez hasta que logramos sobrevivir y resurgir como 'Híbridos'. Nuestros cuerpos continuaban con vida, pero obtuvimos asombrosos poderes vampíricos y licantrópicos. Nuestra humanidad y racionalidad no murieron nunca, pero recibimos fuerzas sobrenaturales y demoniacas; sin embargos todo este inmensurable poderío traía consigo una sed insaciable que nos escocía hasta matarnos de locura. Sin importar las cantidades de humanos que consumiéramos, la horrísona insatisfacción no nos abandonaba nunca. Esta sed infernal mató a la mayoría de nuestros hermanos recién creados. Como era de esperarse los verdaderos vampiros y hombres lobo no lo toleraron y destruyeron todo, hundiendo al País de Hierro en un mar de sangre y fuego. Muy pocos híbridos logramos salir con vida y la única manera de extender nuestra penitente existencia y terminar de una buena vez con aquella sed inapagable fue gracias a una maldición llamada 'Sello Maldito' –

Kimimaro desabrochó su gabardina oscura, para después hacerlo con su camisa negra con el objetivo de mostrar a Naruto un pequeño tatuaje de tres trazos simples y delgados en medio de sus bien trabajados pectorales.

- Puedes entender que si selló la sed de estas tres bestias encerradas dentro de nuestros cuerpos, también selló la gran mayoría de nuestros poderes –

Naruto permaneció boquiabierto, sin poder digerir toda aquella información. Un sentimiento de incomodidad comenzó a albergar su mente, toda aquella repentina inyección de información le había aturdido. Su cerebro aún no asimilaba totalmente el verdadero significado de aquel sobrecogedor relato. No sabía que decir, miró a Kimimaro angustiado, pero Kaguya asintió comprensivamente.

- ¿Alguna otra pregunta que desees hacerme? –

- Si – asintió el rubio. - ¿Puedo ver a Sasuke? –


Kimimaro lo condujo a través de la magnífica mansión hacia los aposentos donde Sasuke se recuperaba.

- Estás son las habitaciones de Sasuke, pueden quedarse todo el tiempo que deseen en la mansión – mencionó Kaguya al llegar a una puerta en el fondo de un largo pasillo alfombrado con tapetes de lana roja entretejida con hilos negros. El líder abrió la puerta y un amplísimo salón les dio la bienvenida. Caminaron al final de este para llegar a otra puerta y cruzarla, llegando a una cómoda sala. Finalmente arribaron a la elegante habitación de Sasuke. Naruto corrió hacia la mullida cama con dosel donde descansaba Sasuke detrás de una delgada cortina blanca, rodeado de mullidos cojines azul marino a juego con la gruesa colcha del lecho.

La respiración de Sasuke había regresado a la normalidad, su piel recuperaba paulatinamente su resplandeciente belleza y ya no mantenía esa impasible mueca de dolor sobre su rostro. El Uchiha por fin descansaba plácidamente y al observarlo en aquel estado tan sereno Uzumaki sintió un incómodo cosquilleo en medio de su estómago. ¿Era acaso bienestar lo que sentía? Si, lo más seguro era que fuese eso. Naruto se giró hacia Kimimaro y, embargado de agradecimiento, no pudo evitar lanzarse hacia él y abrazarlo con fuerza. El líder soltó un respingo de sorpresa, pero no apartó al chico de su lado.

- Gracias, Gracias, Gracias…- murmuraba sobre su pecho. Kaguya se limitó a acariciar su rubia cabeza y asentir suavemente


"… - ¿Qué es un híbrido? – preguntó con suma curiosidad el rubio, recordando como lo había llamado la bestia. El pelinegro sonrió de lado.

-Así llaman a los de mi clase. Un regalo que algún día devolveré.- agregó siniestramente.- Eres muy despierto. ¿Cuántos años tienes? – el tono de su voz cambió abruptamente … "

Aquel incesante recuerdo que había causado en su infancia tanto impacto y tanta ternura lo comenzaba a agobiar irremediablemente. Naruto se forzaba a hacer memoria detalladamente sobre el aspecto físico de Raikiri, su idolatrado salvador. Venía a su mente, con muchos esfuerzos, la clara imagen de un joven de unos veniti pocos años, de complexión atlética envuelta en capas oscuras, cabellera negra, cejas elegantemente delgadas y facciones amables pero despiadadas si Raikiri así lo deseaba. Recordaba nítidamente aquellas feroces iris tan rojas como la sangre que lo hipnotizaron sin remedio; sin embargo al evocar aquellos singulares ojos una nueva imagen comenzaba a causar una inevitable opresión sobre su pecho. Sasuke, en el punto más crítico de la batalla contra Itachi, comenzó a evocar grandes poderes y, en medio de esta catálisis, los ojos de su guardián fueron tan provocativos, hermosos y rojos como los de su salvador.

"… - Si no despiertas tus poderes te mataré ahora. En estos momentos no eres mejor que un débil mortal - manifestó con prepotencia el hermano mayor. El menor se limitaba a apretar los dientes hasta hacerlos rechinar. Comenzó a respirar dificultosamente y apretaba el rostro soportando el dolor el silencio. La espada de Itachi se hallaba enterrada en la mitad de su torso, sentía un dolor atroz que lo partía en dos, pero aún así jamás le daría el placer al mayor de escucharlo doblegarse ante él.

- ¡Vamos, Sasuke! ¡Eres un híbrido, el experimento perfecto! ¿Así lo llamaron tus creadores, no es así? - …"

La situación no podía ser más clara. Raikiri era un híbrido y Sasuke también lo era. Las características físicas coincidían con las características físicas de Sasuke, a excepción de los ojos; sin embargo…

"… - No podrías imaginar la depravada cantidad de vidas humanas que fueron sacrificada por esta vil ambición. Finalmente lo que obtuvieron después de miles de experimentos a lo largo de años dentro de aquellos inmundos campos de concentración fueron seres como Sasuke y como yo… - "

¡No podía ser cierto! ¡No! ¡No era verdad! Debía de existir alguna clase de explicación muy lógica de todo aquello. Quizá Raikiri y Sasuke eran hermanos, como lo eran Sasuke e Itachi. La imagen de Raikiri dentro de su mente y de su corazón era la de un joven encantador y caballeroso que lo había conquistado, a un lado de la figura prepotente e insoportable de su guardián… era simplemente…

- Debes pensar con calma y sin espejismos creados por los subjetivismos. El corazón nunca debe distorsionar a la mente si deseas ser racional –

Una voz lo sacó repentinamente de sus profundos pensamientos. Naruto miró a su alrededor y recordó el lugar donde se ubicaba: yacía recostado despreocupadamente bajo la sombra de un frondoso y aromático naranjo que se hallaba en medio de los amplísimos y fastuosos jardines de la mansión Kaguya. Uzumaki buscó con vehemencia al dueño de aquella grave voz que desbordaba calma, finalmente lo encontró.

Era un joven muy alto, era fornido y su abundante cabellera rebelde era de un llamativo color naranja, del mismo color que sus ojos. Las facciones de aquel joven hombre eran increíblemente amables. Un par de pajarillos se posaban tranquilamente sobre sus hombros, aumentado aquella apariencia tan serena. Vestía ropas ligeras y un tanto desgarbadas. Un viejo pantalón crema a juego con una holgada camisa del mismo color.

- ¿Cómo dices?

Naruto se incorporó de su lugar y su voz provocó que los pájaros echasen a volar. El recién llegado se acercó a él con una mirada indescifrable.

- Discúlpame si te importuné, no pude evitar el murmurar una elocuente reflexión a un alma que parece inmersa en una atosigante confusión. Mi nombre es Juugo, soy un híbrido que habita en la mansión –


Un par de semanas como huéspedes del Clan Kaguya habían ayudado seriamente a Naruto y a Suigetsu a relajarse enteramente. Ninguno de los dos había vuelto a ver a Kimimaro de nuevo. La magnífica mansión era el hogar de espléndidas y fascinantes personas que hacían sentir a Uzumaki una confianza increíble. Casi todos los habitantes del caserón pertenecían a la estirpe de los híbridos a excepción de las alegres y encantadoras mucamas, de los serviciales y sonrientes mayordomos, de las regordetas y bonachonas cocineras y de los vivarachos y bromistas jardineros, por mencionar a algunos. Toda la servidumbre y trabajadores de la mansión pertenecían a la raza humana y eran habitantes del pueblo de St. Reeves, cuyos pobladores mostraban un auténtico y genuino sentimiento de respeto, admiración y cariño por todos los residentes de aquella mansión.

Todos los híbridos con los que entablaban una conversación, siempre agradable, preguntaban amablemente sobre el estado de salud de 'Sasuke-sama'. En cuanto al Uchiha, él continuaba recuperándose vigorosamente a pesar del estado inconsciente del que seguían sin salir. Algunas veces despertaba por segundos para volver a su descanso enseguida.

- ¡Es hora del baño de Sasuke-sama! – anunció alegremente una mucama irrumpiendo educadamente en la habitación. Naruto comenzaba a odiar aquel momento del día. Diariamente a las doce en punto las jóvenes sirvientas se encargaban de darle un refrescante baño al Uchiha. Últimamente se mostraban exageradamente entusiastas en esta tarea para el gusto el rubio.

- No – exigió el ojiazul repentinamente. Las mucamas le miraron intrigadas. – Yo lo haré esta vez – soltó sin más.


Se sentía como un completo idiota, esa era la palabra precisa para describirlo. Se encontraba en ese amplio y solitario baño cuya única compañía era el borboteante sonido del agua caer del grifo de cobre y el sonido de la esponja frotarse contra la brillante piel de Sasuke además del eco que seguramente provocaba el loco latir de su propio corazón al que no perdonaba por ponerse en aquel estado tan alterado por el simple hecho de estar bañando al cuerpo del Uchiha quien se hallaba totalmente desnudo en un estado semiinconsciente. Todo aquello producto de su irreverente ataque de celos hacia las mucamas, se odiaba a si mismo profundamente por meterse en ese lío.

Nunca creyó poder tener a Sasuke tan vulnerable y desprotegido delante de él. Aquel pensamiento le hizo sentir un incómodo cosquilleo en su estómago.

Notó como la blanca piel de Sasuke estaba llena de profundas cicatrices de todo tipo. Todas ellas seguramente poseían una larga historia por contar y de repente Uzumaki sintió el deseo de saberlas todas. Sus ojos llegaron a la herida más fresca de todas cicatrizándose justo sobre la piel que cubría su corazón, involuntariamente sus dedos tocaron tímidamente aquel lugar, sintiendo bajo sus yemas un par de puntadas sobre la protuberante piel. Un terrible sentimiento de culpabilidad embargó sus emociones. Se dio cuenta de la sobrenatural velocidad con la cual se curaba aquella herida. "… - Híbridos como Sasuke y como yo … No podrías imaginar la depravada cantidad de vidas humanas que fueron sacrificada por esta vil ambición. Finalmente lo que obtuvieron después de miles de experimentos a lo largo de años dentro de aquellos inmundos campos de concentración…" aquellas palabras se habían quedado grabadas como fuego en su memoria. Naruto sintió entonces un infinito e inexplicable dolor clavándose en su pecho. No sabía nada, absolutamente nada, sobre Sasuke porque no había necesidad de saberlo. De repente el darse cuenta de aquello lo lastimó injustificablemente. Levantó su mirada azul, desbordante de vida, y se propuso a sí mismo el conocer algún día al temee incluso mejor de lo que se conocía a sí mismo.


El enérgico y agitado aleteo de una poderosa ave irritó a Kakashi notoriamente. El Jounin descansaba cómodamente dentro de aquella torre de control. Un corroído libro de cuero rojo con páginas amarillentas se encontraba abierto y colocado boca abajo sobre su rostro.

- ¡Kakashi! –

Una mujer de profundos ojos color sepia sacó al Jounin soñoliento de su plácida siesta. El hombre carraspeó y quitó el libro de su rostro enseguida. Se puso de pie de un salto e inspeccionó la situación con su único ojo descubierto de aspecto haragán, miró entonces de frente a la mismísima Mitarashi Anko viéndole con reproche.

- ¡Ahora entiendo porque te encanta proponerte para vigilar de la torre de mensajería! – dijo Anko con acidez, tenía una mano sobre la cintura.

- ¿Qué esperabas? Nunca hay nada nuevo – se justificó Kakashi con desfachatez.

Mitarashi señaló hacia el gran halcón negro que había arribado a la torre con un mensaje atado a su pata. Hatake se hundió de hombros y suspiró. Caminó hacia la majestuosa ave y le quitó el mensaje de la pata. Enseguida el Jounin lo abrió para leerlo.

- ¿Y bien? – quiso saber la mujer.

El Jounin levantó la mirada expectante.

- Es un mensaje de Jiraiya-sama. Las cosas en el Santuario de Fuego se pondrán más interesantes que nunca. Tendremos largas visitas. El descendiente del Príncipe de los Demonios, mi maestro –

- ¿¡Qué quieres decir?! ¿¡El hijo del Rayo Amarillo al fin ha aparecido?! – exclamó Anko atónita.

- Y no sólo él. Con él viene nuestra eterna oveja negra, Uchiha Sasuke –


¡El también era un hombre, maldita sea! Así que ver y tocar otro hombre no era el endemoniado problema. Siempre se bañaba con sus congéneres en el Palacio del Rey Sarutobi y era algo sumamente irrelevante. La única diferencia era que con Sasuke los nervios le traicionaban y enjabonar la húmeda piel blanca del Uchiha le causaba pensamientos ridículos.

- ¡Hmphh! – exclamó quedo Naruto al admirar el atractivo principal entre las piernas de Sasuke por el cual las jóvenes mucamas se apresuraban tanto en bañar al susodicho. No culpaba a las muchachas, es decir, ellas vivían la plena edad en que sus hormonas pedían desesperadas auxilio a gritos. Claro que lo comprendía totalmente, él también se encontraba en aquella etapa en su plenitud.

- Te quedarás visco, usuratonkachi - la voz ronca de Sasuke lo devolvió a la realidad y enseguida el rubio alejó la esponja y sus manos del cuerpo de su guardián como acto reflejo. El Uchiha soltó un par de bufidos secos ante tal acto. Naruto, muy a su pesar, se sentía abochornado. Se limitó a mirar receloso al pelinegro.

- No, no las quites – pidió Sasuke para el asombro del ojiazul. – Me gustan tus manos – declaró con franqueza.

- ¿Qué dices? – cuestionó Naruto turbado, pero el Uchiha había regresado a la inconsciencia.

Uzumaki se sintió como un perfecto estúpido y se enfadó consigo mismo.


- Quiero ver a Kimimaro ahora mismo – aquella firme orden fueron las primeras palabras que pronunció Sasuke después de haber permanecido dos semanas inconsciente.

- ¡Quédate quieto, temee! – comenzó a discutir acaloradamente Naruto con su guardián recién recuperado, evitaba que el pelinegro se levantara de la cama.

- ¿Ni siquiera un buenos días o un besito de agradecimiento, Uchiha? – comentó Sugetsu burlón recargado en una de las columnas del dosel de la cama; sin embargo fue ignorado completamente por ambos quienes estaban enfrascados en una olímpica discusión.

- Parecen un perfecto matrimonio – rió Suigetsu.

- ¡Cállate! – replicaron los dos al unísono.

La espera por Kimimaro duró cerca de una hora. Kaguya apareció finalmente después de dos semanas sin saber de él. Sasuke no cambió su actitud por ningún motivo, ni siquiera ante aquel que le había salvado la vida.

- Sasuke, me alegro por Naruto-kun que te encuentres bien. Sabes que esta es tu casa y eres bienvenido, pero no entiendo el motivo de haberme llamado tan apresuradamente – habló el líder con rectitud, Kimimaro continuaba transmitiendo aquella impresionante aura de autoridad.

- Te agradezco el haber cuidado de Naruto, pero es necesario que partamos de inmediato. Perdimos muchísimo tiempo por mi culpa. Voy a pedirte un favor Kimimaro. –

Kaguya no contestó enseguida y sus penetrantes ojos verde oliva miraron severamente al Uchiha.

-Adelante – concedió.

- Necesito a Juugo conmigo por un tiempo –

- ¡¿Se te aflojó un tornillo de tanto dormir o qué, Uchiha?! – protestó Suigetsu sorpresivamente severamente alterado. - ¿¡Quieres a ese maldito psicópata con nosotros?! ¿¡Es que quieres matar a Naruto?! –

- Suigetsu…- discrepó el pelinegro inalterable. – Sé lo que hago –

- El Capitán Houzuki tiene razón, Sasuke. Dejar ir a Juugo contigo es un riesgo que no estoy dispuesto a afrontar –

- ¿Me dices eso a mí, Kimimaro? ¿A una de las cabezas principales del Clan Kaguya? Ahórrate responsabilidades, maldita sea. ¿No crees que se lo que hago? – el ojiverde le miró ofendido.

- Un verdadero líder es aquel que cuida a los suyos sobre su vida. ¿Eres en verdad un líder del Clan Kaguya? –

Sasuke soltó un bufido altanero.

- No, ese es tu trabajo; sin embargo soy uno de los líderes de esta casa por derecho. Quiero a Juugo conmigo. ¿O es qué te angustia tanto que te deje sin aquel que te calienta la cama? –

Negro contra verde. Verde contra negro. Ambos híbridos podrían matarse con la mirada, la atmósfera dentro de la habitación era abrumadora.

- Suigetsu, Naruto, váyanse. – habló el Uchiha.

El militar soltó un silbido de admiración. Así que él y Naruto abandonaron el cuarto de mala gana.

- Esto va a ponerse feo, Naru –


- Sabes que eres el único capaz de hacer que yo desista, Kimimaro –

El líder del Clan Kaguya miraba a través de una ventana abierta de par en par dentro de sus habitaciones. Sostenía su barbilla con una mano, lucía abrumadoramente pensativo.

- No me aflige el demonio que duerme en mi ser, Sasuke es el único además de ti que puede controlarme. Lo único que me acongoja es la distancia que me alejará de ti, Kimimaro –

Kaguya se giró, encaró la gran figura de Juugo quien se había colocado detrás de él. El pelinaranja le miraba con un gesto profundamente embelesado, sus ojos miraban al líder cautivados; sin embargo Juugo se conformó con colocar una mano sobre el hombro de su interlocutor.

- Juugo, sé que tienes una enorme deuda con Sasuke y estás obligado a pagarla con creces. Jamás seré un obstáculo para ti –

Los ojos anaranjados de Juugo brillaron con una inmensa ternura y, sin poder resistirlo más, se atrevió a tomar un mechón del cabello de Kimimaro, acariciándolo con suavidad.

- Y yo jamás sabré como pagarte el permitirme estar a tu lado –

Las facciones de Kaguya se ablandaron notoriamente y, entonces, su compañero inclinó su rostro para alcanzar el de Kimimaro.


- Bien. Nos vamos. – informó Sasuke al mismo tiempo que subía a su hercúleo caballo negro recién adquirido en St. Reeves.

- ¡Gracias por todo, Kimimaro-san! ¡Nos veremos pronto! – se despedía Naruto con entusiasmo montado en su manso caballo pinto. Había cambiado su habitual vestimenta tradicional de Konohagakure por unos atuendos parecidos a los del Uchiha. Al verlo vestido de aquel modo por primera vez Suigetsu soltó un par de cumplidos un poco vulgares al oído de Sasuke, en respuesta el pelinegro había torcido los labios con incordio.

El líder del Clan Kaguya, algunos habitantes de la mansión, todas las alegres mucamas y demás servidumbre habían salido a despedir al cuarteto animadamente. Todos agitaban sus manos sin descanso transmitiendo sus buenas vibras a los que partían.

- Ya en camino, señor misterio, puedes decirnos a donde vamos – preguntó Suigetsu quien cabalgaba un fornido caballo marrón.

- A la cima del Techo del Mundo. Iremos al Santuario de Fuego

Suigetsu comenzó a gesticular una serie de expresiones incrédulas y desconcertadas en su rostro. El militar exageró tantos sus consecutivos gestos que hasta parecían cómicos. Finalmente Houzuki tomó aire para comenzar a gritar a ronco pecho todos sus reproches al respecto de aquella decisión. Uno de los principales era que a Sasuke definitivamente se le había zafado un tornillo y quería suicidarse y llevarse de paso a todos ellos con él.


Quinto capítulo arriba!

Siento que demoré mucho. Disculpen las molestias pero lamentablemente durante estas vacaciones invernales (que en pocos días se me terminan) mi inspiración ha permanecido escaza! Haré todo lo posible para hacerme un espacio en medio de todo el maldito trabajo escolar (Nos tratan como negros últimamente! xP) y continuar actualizando constantemente.

Sé que parezco disco rayado! Pero mi más eterno agradecimiento para todos los lectores de este mi humilde relato! Me hace muy feliz escribirlo y aún más feliz saber que existen personas que lo toman en cuenta!

¡Mi completa gratitud especialmente a las personas que dejan su review! ¡Gracias a: Shanty, cari-kun, sasuke uchiiha, Umi-Reira, Laila-chan OwO, 0.-0.0, Nelira, jinjuriki del Jubi, y luna! ¡Son los mejores! =D

Así que no me queda más que desearles a todos mis lectores un próspero 2010 lleno de logros! Mis mejores deseos para este año! A echarle ganas! ; D

¡Abierta a comentarios, críticas constructivas, puntos de vista, peticiones y observaciones!

"Alguien escribió que la vida es sueño, y los sueños, sueños son" [Ancha es Castilla]