El Príncipe de la Dulce Pena

Capítulo 6: Techo del Mundo

Summary: Sasuke es un diestro cazador de vampiros destinado a proteger al portador del Kyuubi. Naruto es obligado a cargar con un destino del que apenas comprende su grandeza. ¿Ambos podrán lidiar con sus sentimientos encontrados? ¿Podrá Sasuke contener su sed de sangre cerca de Naruto?... SasuNaru. Varias.

Advertencia: Éste fic contiene Shone-ai/Yaoi (relación hombre/hombre), en caso de que no sea de tu agrado o seas una persona sensible, te recomiendo NO leerlo Ya están adevertidos NO se quejen después!

Disclaimer: Naruto no es mío, todo es obra del maestro Masashi Kishimoto-sama. Los derechos de Naruto pertenecen a Shonen Jump, Pierrot y TV Tokio. Nada de lucro.

Agradecimientos: Mis estimados lectores, considero que este sexto capítulo fue uno de los más dificiles de lidiar para mi (En verdad espero que el ritmo de este capítulo no los ahuyente u_u); sin embargo el apoyo que todos los lectores me han brindado ha sido suficiente para continuar con esta historia. ¡Muchas gracias por todo su apoyo moral! n_n

También agradezco a uno de mis autores favoritos: El Maestro Gary Jennings! Sus libros son una fuerte influencia para mi, este capítulo no hubiese sido posible de escribir sin la ayuda de su espléndida voz narrativa en su libro 'El Viajero' (Si alguien ha leído este libro podrá notar que he tomado prestado el término 'Techo del Mundo').

Por último a Viri-kun! (como siempre) quien siempre me llama la atención, sobretodo, de que debo ser constante con esta historia.

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Techo del Mundo era un complejo sistema de kilométricas cumbres, montañas y precipicios desparramados a lo largo de todo el horizonte. No eras capaz de ver el principio ni el final de aquella interminable cadena de cimas tan pronunciadas y continuas que asemejaban una hilera infinita de filosos y amenazantes colmillos cuyas puntas eran tan blancas que cuando los brillantes rayos de sol se reflejaban sobre la impecable nieve que bañaba las cumbres, estos se reflejaban de una forma tremendamente cegadora.

El cuarteto a caballo, con el sol de otoño quemando sus espaldas, tuvo el tiempo de sobra para contemplar y dejarse intimidar de frente por aquellas majestuosas montañas mientras se trasladaban hacia las faldas de un puñado de aquellas inquebrantables cimas.

- Ahí lo tienes, Naru – canturreaba Suigetsu cabalgando al lado de Uzumaki, al mismo tiempo que sus caballos mantenía un buen trote. – El único enemigo que el Eterno Soberano Madara nunca pudo aplacar, El Techo del Mundo

Naruto imaginó entonces a las miles de tropas alzando orgullosas el ancestral y honorable emblema de Madara, mismo que consistía en dos dragones dorados enfrentándose y en el centro un crisantemo del mismo color oro, todo sobre fondo escarlata. Todos aquellos soldados liderados por el temible Eterno Soberano. El pensar que aquel ejército tan famoso, emblemático y temible sucumbiera ante aquellas cordilleras le erizó la piel y un profundo sentimiento de respeto y temor hacia aquel lugar nació dentro de Naruto.


- Aún más angustiante que las hueste de almas ambiciosas que nos persiguen , es aún más alarmante el manto del invierno que nos pisa los talones – habló Juugo al fin, después de un imperturbable episodio de silencio que duró horas, quizá días.

Sasuke depositó un par de brillantes monedas de oro en la mano del comerciante con quien acababa de cerrar trato.

Habían arribado al último pueblo que existía antes de adentrarse en las temibles fauces de aquel inacabable sistema de montañas. El lugar, como era de esperarse, estaba lleno de actividad debido al importante paso comercial que representaba. Al otro lado después de aquel infernal paso, existía lo que se conocía como el Mundo Occidental. Una parte del mundo sobre la que Naruto sabía muy poco.

Dentro del concurrido mercado debían conseguir absolutamente todo lo necesario para su viaje, pues no existía ni un resquicio de civilización dentro de aquella cordillera.

Botas gruesas y muy resistentes hechas con la peluda piel de un animal montañez; largas y pesadas capas de caliente piel color dorado; herraduras anti-derrapantes para los caballos; cantimploras hechas con vejigas de camellos; una gran cantidad de provisiones de viaje, principalmente carnes y frutos secos; cuchillos, navajas, bisturís y algunas armas raras que Sasuke y Suigetsu compraron para ellos mismos. Todo esto por mencionar algunos de todos los aditamentos que compraron para el viaje.

- ¿De dónde sacas todo ese dinero, temee? ¿El Viejo Rey Sarutobi te lo dio? – cuestionó con curiosidad el rubio. Sasuke giró su rostro para mirarlo de frente y dedicarle una mirada de poca paciencia.

- Eso, Naruto, sería tan insultante para mí como para el Rey Saurotobi. Mi deber de proteger al Jinchuuriki del Kyuubi es total, así como las nimiedades necesarias para su protección, como en este caso es el dinero –

- ¿Ósea que eres rico, Sasuke? – preguntó Naruto inquieto. Suigetsu soltó una risa burlona.

- No, no soy tal cosa. Durante las noches hago uso de mis habilidades de exorcismo y cacería para que mis servicios sean bien pagados –

- ¡No te lleves todo el crédito, Uchiha! Yo también ayudo… Una que otra vez – replicó Suigetsu con una sonrisa satisfecha.

- ¿Y en qué momento duermes, temee? – objetó el rubio.

- Los híbridos no tienen el mismo sistema de corto rendimiento que los humanos. Yo no duermo – concluyó ya sin paciencia el pelinegro, girándose grácilmente. – Hay que seguir –

Juugo colocó una de sus grandes y cálidas manos sobre el hombro de Naruto.

- No te dejes sorprender, Naruto. Los híbridos si dormimos, sólo que con mucha menos frecuencia que los seres humanos – le aclaró con su amable tono de voz, para inmediatamente después seguir a Sasuke quien ya había reiniciado la marcha.

- ¿Suigetsu, tú eres tan raro? – preguntó el rubio a su guardián. Sabía que Suiegstu no era un híbrido en definitiva; no obstante, así como aquella afirmación era verídica, también era cierto el hecho de que Suigetsu no era humano.

- ¡Qué va! – rió el peliblanco con soltura. – No soy un bicho tan raro, afortunadamente si puedo dormir cuando se me dé la gana –

- ¿Entonces que eres tú, Suigetsu? – la verdad era que al ojiazul aquella pregunta le comenzó a intrigar desde hacía poco tiempo.

- ¿Yo, Naru? – el militar sonrió digno al mismo tiempo que sus dos afilados colmillos superiores sobresalían entre sus labios traviesamente. – Orgullosamente pertenezco a Los Servidores de Selene, soy un Hombre Lobo –


Inmediatamente estuvieron listos, se adentraron en la despiadada cordillera. Se habían unido a una caravana mediana, aquellos viajeros compartía el mismo camino que ellos hasta la mitad.

Primero cruzaron un fértil valle lleno de verdor que era alimentado por un caudaloso río, mismo que nacía en la cima de alguna de todas las montañas cercanas. Al cruzarlo y después de acampar ahí, penetraron entre las montañas y comenzaron su largo ascenso.

Seguían el caudal del aquel gran río, pero cuidaban no estar demasiado cerca de la orilla pues sus aguas estaban heladas y salpicarían las patas de sus caballos, lastimándolos.

Por el momento Suigetsu y Juugo mantenían una discusión sobre si Techo del Mundo era en verdad la Cima absoluta del Mundo. Por un lado, los argumentos existencialistas de Juugo sobre la pequeña perspectiva de la civilización sobre el mundo y por otro lado la postura más pragmática de Suigetsu.

- A todo esto, hay algo que no entiendo. ¿Alcanzaremos la cima verdadera? – preguntó Naruto dubitativo. Suigetsu abrió la boca para contestar, pero Sasuke le robó la palabra.

- Eso sería lo más fácil, Uzumaki – le informó la gélida voz del Uchiha. – Tendremos que encontrar la cima adecuada en medio de un desierto de nieve y precipicios. Dime una cosa: ¿Sabes lo que es el Santuario de Fuego? –

Naruto negó con la cabeza como respuesta.

- ¿Qué es? – se intrigó. – ¿Un templo?

- Mucho más que eso. Es un lugar sagrado. Si pudiese explicarse con palabras sería descrito como un magnífico e inmenso oasis en medio de un mortal desierto de nieve – contestó el Uchiha.

- ¿Y cómo lo vamos a encontrar? – replicó Suigetsu, ya harto de repetirle a Sasuke que aquella misión era un acto estúpidamente suicida. – ¿Sabes cómo regresar ahí, Uchiha? –

- Ya te lo he explicado muchas veces, Suigetsu. No eres capaz de encontrar un lugar perdido en el mapa sino perdiéndote tú también –

Suigetsu se limitó a contestar a aquella respuesta con su habitual mueca de desagrado hacia la idea.

- ¿Para qué vamos ahí, Sasuke? ¿Para escondernos? – Naruto, entre más conocía sobre su destino, su curiosidad aumentaba también.

- ¡Yo no me escondo de nadie, Naruto! ¡Y menos de Akatsuki! – gruñó el pelinegro. – Vamos ahí por dos cosas: Tiempo y entrenamiento. Quiero que aprendas a cuidarte tú solo. ¿Has escuchado hablar sobre los Shinobis de Fuego? –

Uzumaki frunció el ceño algo ofendido. ¿Qué clase de idiota desadaptado que viviese en el mundo civilizado no había escuchado hablar de aquellos legendarios guerreros?

- ¡Por supuesto! Ninjas valientes e invencibles. Uno solo de ellos es capaz de destruir a un pelotón de hombres en cuestión de minutos. ¡Incluso los más temibles demonios y vampiros los respetan, son insuperables y desde que era niño los admiraba! –

- Felicidades – dijo el Uchiha con la ironía inundando sus burlones labios. – Acabas de conocer a uno – Sasuke sacó del interior de su gabardina negra el inconfundible emblema de los Shinobis de Fuego. A pesar de su estado viejo y desgastado aún brillaba con orgullo, pues representaba un rango honorable. Era un protector de frente con cinta de cuero azul marino en cuyo centro radicaba una placa hecha de plata trabajada artesanalmente y en el corazón de esta brillante placa lucía orgulloso, bellamente cincelado, el inconfundible emblema de la hoja.


Si Naruto pudiese describir Techo del Mundo primero tendría que imaginar un mundo hecho de montañas, entonces Techo del Mundo sería las montañas de aquel mundo.

El ascenso se alargaba día a día, habían alcanzado las tres semanas de viaje y seguían sin llegar a ningún lugar diferente. Lo más fastidioso de aquella travesía era, sin duda, el fenómeno de que entre más subían resultaba más difícil el respirar; el fuego que encendían con excremento de caballo o diversos combustibles era cada vez más débil y menos caliente; también debían de calentar el agua que bebían del río pues se encontraba tan fría que les produciría convulsiones. Estos minúsculos detalles eran una mínima parte de todas las incomodidades de aquella travesía.

La comitiva se detuvo en un lugar adecuado para acampar y todos comenzaron a cooperar para levantar el campamento rápidamente antes de que la noche los alcanzara. Finalmente encendieron una gran fogata que, a pesar de su tamaño y la gran cantidad de combustible que utilizaron para encenderla, calentaba moderadamente y su llama era azul y débil.

Suigetsu regresó triunfal, como todas las noches, de la cacería habitual en la que colaboraba con los cazadores de la caravana.

Asaron alrededor de cuatro grandes cabras de montaña que tardaron en cocinarse el doble de lo que habrían tardado sobre las brasas de un fuego normal.

Al terminar de comer, Naruto permaneció admirando el increíble y magnánimo cielo estrellado que aquella noche le regaló el despejado firmamento. Jamás había admirado tal espectáculo, pues en ningún otro lugar miró tantas estrellas regadas y, sobre todo, la bellísima franja blancuzca que algunos llamaban 'Vía Láctea' jamás había estado tan nítida frente a sus ojos.

Repentinamente, un estremecedor sonido interrumpió abruptamente su embelesamiento. Toda la comitiva tembló llena de terror al escuchar aquel perturbarte sonido en medio la obscuridad absoluta. Era como si las montañas rugieran desde el fondo de sus entrañas, un rugido sin igual en este mundo: una avalancha llevándose a cabo en la lejanía y los inacabables ecos entre las montañas que no paraban de transmitirla.

- Nadie está exento, ni siquiera nosotros podemos saber si una avalancha nos caerá encima en cualquiera momento.

- Sasuke… - Naruto observó a su guardián, quien acababa de pronunciar aquellas palabras. Una espada mediana descansaba sobre el regazo del Uchiha. Como todas las noches, el pelinegro se disponía para hacer guardia.

El híbrido examinó al rubio y notó que entre todas las pieles que lo protegían del frío aún se asomaba el mayor tesoro de Uzumaki: Aquella bella joya de oro rojo con una huella grabada en ónix negro.

- ¿Por qué no te quitas eso? Seguramente está helado, si te toca la piel te quemarás – le riñó.

Narutó tomo el álgido dije entre su sus dedos con la mano enguantada.

- Este collar es tan parte de mi como lo es cualquier parte de mi cuerpo, temee. Si me arrancaran un dedo sería lo mismo si me separaran de este collar –

Sasuke arqueó la ceja izquierda incrédulo y luego soltó un bufido burlón.

- Haz lo que quieras –

Ambos permanecieron en silencio contemplando el lánguido fuego azul frente a ellos con el murmullo del campamento detrás de ellos.

- ¿Conoces a Raikiri? – soltó repentinamente el rubio, cuestionando al Uchiha con tono natural.

- Si, lo conozco – respondió el pelinegro sin apartar la vista de la fogata.

- ¿Sigue vivo? –

- Es posible. Quizás aparezca en cualquier momento –

Naruto asintió agradecido. Una alegre sonrisa se tatuó encantadoramente sobre su rostro, pues se hallaba profundamente aliviado de que la respuesta del temee no hubiera sido: 'Si, yo soy Raikiri'


Todo el campamento se había retirado a dormir. La madrugada se encontraba de lleno en aquellos momentos, caía despiadadamente sobre Techo del Mundo. Llenaba con crueles sentimientos de infinito obsoluto y abismal soledad a las almas de quienes la recibían de frente.

- Sasuke – Juugo llegó a un lado de su compañero. Ambos hacían guardia en aquel lado del campamento.

El pelinegro miró inexpresivo a su camarada, esperando que el pelinaranja hablara.

- ¿Sasuke, has bebido desde que extrajeron la maldición de tu corazón?

El pelinegro retiró su impasible mirada de Juugo y la devolvió al lejano horizonte lleno de precipicios nevados.

- No es necesario –

- Sasuke, es preciso que repongas tus energías. Es muy probable que ocurra un percance debido a la sed que estás sufriendo –

- No me siento sediento en lo más mínimo –

Juugo guardó silencio, no insistió más. Sabía que discutir contra una terquedad tan inmensa era inútil.

- Hace unas noches acompañe a los cazadores. Permíteme hacerte saber que el sabor de los borregos de altas montañas es moderadamente satisfactorio –


Finalmente llegó el momento de despedirse de la amable caravana que los había acompañado. Toda aquella comitiva los acogió tan hospitalariamente que sintieron un poco de pesar al separarse de ellos y, además, todo indicó que la suerte que disfrutaron durante su travesía también partió con aquellos compañeros de viaje.

Últimamente las cacerías que Suigetsu realizaba, algunas veces acompañado de Sasuke, no tenía buenos resultados; el clima empeoraba caprichosamente y perdieron muchas veces el camino correcto, dando vueltas en círculos decenas de ocasiones y todo esto aunado al pésimo humor con el que Sasuke comenzaba a cargar.

Una noche todos se hallaban agotados y la moral en el grupo no era la mejor debido a las innumerables señales que indicaban que se habían perdido definitivamente. Ninguno de los cuatro deseaba cruzar palabras con nadie aquella noche.

Suigetsu se limitó a encender un poco de fuego y a masticar de mala gana saladas tiras de carne seca. Sasuke prefirió permanecer a un lado de los exhaustos caballos limpiando las cuchillas de algunas de sus afiladas armas. Naruto se encontraba fatigado y titiritando de frío, envuelto en pieles buscando calentarse de alguna manera. Juugo se hallaba a su lado con un aire tremendamente extraño, sus ojos naranjas no se habían apartado de un punto específico desde hacía varios minutos atrás.

Abruptamente, Juugo comenzó a temblar violentamente. Uzumaki posó sus ojos sobre él, sobresaltado.

- ¿Juugo, estás bien? –

Inmediatamente el pelinaranja lo empujó con una fuerza brutal, tirándolo a un par de metro de distancia.

Suigetsu y Sasuke reaccionaron tan rápido como un parpadeo, posicionándose frente a Juugo blandiendo sus espadas defensivamente.

- ¿¡Qué te sucede, Juugo?! – gritó Naruto adolorido mientras se levantaba del suelo.

- ¡Maldita sea, Uchiha! ¡Se te advirtió! ¡Maldita sea, por qué ahora! – bramó Suigetsu más encolerizado con Sasuke que con Juugo.

Naruto miró al pelinaranja a los ojos y lo que miró le desconcertó. La amable e imperturbable faz en el rostro de su amigo había sido demolida y aplastada por aquel rostro bestial con ojos asesinos y sonrisa diabólica.

- ¡Asesinar! ¡¿A quién voy a destazar primero?! – comenzó a vociferar aquel monstruo desde la boca de Juugo con voz gruesa y ronca. – ¿Será al perrito? –

Medio segundo después de pronunciar estas palabras, el pelinaranja se hallaba detrás de Suigetsu y le propinó un dañino y certero golpe en la nuca, provocando que el Hombro Lobo perdiera el equilibrio.

- ¡Uchiha! – exclamó aquella bestia asesina que se movía tan rápido como el viento, pues ya estaba frente al pelinegro retándolo abiertamente. – Esta vez definitivamente te mataré ¡Me debes muchas, maldito hijo de puta! –

Juugo azotó su brazo contra la larga espada de Sasuke. El sonido que provocó dicho choque sonó como si el sable hubiese chocado contra un firme mazo, asimismo el fuerte brazo del pelinaranja se hallaba intacto.

- Pero primero debo reponer energías, Uchiha – los labios de su oponente sonrieron infames. – No hay mejor opción que aquel joven que nos acompaña – los ojos azabache de Sasuke, más opacos que nunca, miraron intimidantes a su adversario quien en otro parpadeo se materializó frente a Naruto.

El rubio miró a aquella bestia con aborrecimiento, no le perdonaría que tomara el cuerpo de Juugo para lastimar a sus amigos. Como respuesta a esos desafiantes ojos azules, el pelinaraja soltó una abominable risa.

- Uchiha, debo reconocerte el buen gusto. La sangre de este niño sabrá a gloria, lamento no poder compartirla contigo. ¡Buen provecho! –

Naruto intentó defenderse, pero fue en vano. Juugo lo sostenía por el cuello dolorosamente, levantándolo del suelo. No obstante, el pelinaranja no era el único que podía moverse tan rápido, en un pestañeo Suigetsu y Sasuke atravesaron los pulmones de aquel demonio con sus respectivas espadas.

El asesino comenzó a aullar de dolor, los bramidos de su boca eran devueltos espeluznantemente por los ecos de las montañas.

- ¡Me las pagarán, malditos hijos de perra! ¡Los destazaré lentamente! ¡Me las pagarán, malnacidos! – comenzó a exclamar el homicida cegado por el dolor, al mismo tiempo que arrojó a Naruto al suelo con una fuerza tremenda.

El rubio comenzó a toser por el dolor provocado a su garganta y deseó levantarse enseguida, pero se encontraba aturdido. Alzó la cabeza y se sobó el rostro debido a que había aterrizado sobre él durante su caída. Un ardiente dolor se apoderó de su nariz.

Suigetsu olfateó la sangre de Naruto en el aire y su reacción fue increíblemente más rápida que la de Sasuke, quien percibió este aroma un segundo después.

El militar se hallaba en cuclillas frente al rubio quien sangraba abundantemente por la nariz. Uchiha se posicionó de pie detrás del Hombre Lobo con el sable en mano. La mirada, tan negra como el carbón, de Sasuke se hallaba clavada sobre los ojos de Naruto, mirándolo inescrutablemente. El rubio notó que el pelinegro apretaba los puños hasta el punto de hacerlos temblar a causa de la tensión.

- Naru, Naru… - llamaba Suigetsu con cariño al ojiazul, cuyo propósito era hacer que Uzumaki apartase la vista de aquellos ojos hambrientos. – ¡Que desastre eres! – jugueteó el militar al mismo tiempo que arrancaba un pedazo delgado de tela de sus propias ropas, usándolo para comenzar a limpiar la sangre y detener la hemorragia lo más rápido posible.

- Suigetsu – la voz de Sasuke semejaba el gruñido una bestia que recién acababa de despertar. – Llévate a Naruto de aquí –

Detrás de Sasuke, la estentórea risa de Juugo estalló en toda su plenitud. El asesino pelinaranja se había recuperado.


Suigetsu arrastró a Naruto lejos de aquel punto. El Hombre Lobo se movía ágilmente en medio de la obscuridad. El rubio debía correr con todas su fuerzas para alcanzar el paso del militar.

Después de algunos minutos su guardián se detuvo en un paraje iluminado bellamente por la luz de la luna. Suigetsu levantó sus ojos color lila hacia la menguante dama blanca y suspiró agradecido con ella. Entonces el Hombre Lobo se dedicó a detener completamente el sangrado y limpiar perfectamente cualquier rastro del líquido vital con ayuda de más pedazos de tela y agua de las cantimploras.

- ¿Suigetsu, no hay nadie entre todos ustedes que no me quiera hacer su cena? – reprochaba Naruto frustrado.

El militar rió cantarinamente mientras terminaba de limpiar.

- No generalices, Naru. Te aseguro que no me apeteces en lo más mínimo – garantizó su guardián.

- ¿Ah sí? ¿Entonces que comen los Hombres Lobo? Creí que comían humanos –

- No, no, no. Quizás un Lobo del Infierno si lo haga, pero los Servidores de Selene solo comemos carne de animales medianos, de preferencia asada, y frutas también – aclaró.

- Entonces eres el único en quien puedo confiar – expresó el rubio.

- Naru, no malinterpretes lo que dijo la bestia esa de Juugo – Suigetsu terminó su labor de limpieza y tomó asiento junto al ojiazul. – Dime Naru: ¿Cuál es tu comida favorita? –

- ¡Fideos ramen! – contestó sin pensarlo. – De hecho, daría lo que fuera por comer un tazón ahora mismo –

- ¡Perfecto! Imagina que tuvieras un tazón de ramen junto a ti todo el tiempo. Apuesto a que te volverías loco por comerlo en cualquier momento. Pues así es como se siente Uchiha con respecto a ti –

- Genial, soy un tazón de ramen para Sasuke. De hecho es más de lo que imaginaba – comentó sarcásticamente.

- Ese no es el punto. Te aseguro que tú te comerías el tazón de ramen a la primera oportunidad, pero imagina que eso implica que te comas también algo valioso para ti… digamos tu collar –

- ¿Valioso? Soy tan valioso para el temee como lo es un pepino –

Sasuke llegó enseguida junto a ellos cargando el cuerpo abatido de Juugo sobre su hombro para después tirarlo con desdén sobre el polvoso suelo.

- Dejen de hablar y ayuden a traer los caballos –


Los días de viaje continuaron con la misma aburrida monotonía de antes. Juugo se hallaba terriblemente avergonzado y no paraba de disculparse.

- ¿Qué le pasó a Juugo? – preguntó Naruto al pelinegro en la tercera noche después de sucedido aquel acontecimiento.

- Los híbridos gozan de dos personalidades, repentinamente una puede apoderarse de la otra. No hay más ciencia en ello –

- Entonces tú también tienes otra personalidad –

Sasuke optó por no responder a algo tan evidente. Ambos pasaron la mayor parte de la noche en silencio. Suigetsu dormía plácidamente dentro de la casa de campaña ya que dentro de un par de horas despertaría para relevar a Naruto y Juugo se había ido a meditar a algún lugar cercano.

- Sasuke, tengo entendido que eres un cazador de seres sobrenaturales y esos bichos raros, por lo tanto has conocido a muchos vampiros –

- ¿A qué viene este interrogatorio? – inquirió el híbrido.

- ¿Qué sabor tiene la sangre para los vampiros? Quiero decir, sabe espantoso –

- Imagina que absolutamente todos los sabores de este mundo sean grises e insípidos. Ahora imagina que la sangre es el único sabor capaz de hacer explotar todas las sensaciones placenteras dentro de tu cerebro, además de proporcionarte poderes y energía casi infernales –


Suigetsu relevó a Naruto, hallándose ahora al lado de su camarada con el mismo panorama de todas las noches: una minúscula hoguera frete a ellos.

- A veces creo que deberías contarle tú mismo a Naruto el asunto de tu sed y tu naturaleza. Debe pensar que estás demente –

- No encuentro utilidad alguna en decírselo y no creo que su pensamiento sea el equivocado –

Suigetsu se levantó y suspiró resignado. Se agachó para recoger las cantimploras e irlas a llenar a un lago cercano; sin embargo algo cayó de sus ropas. El militar lo tomó y al reconocer la tela manchada con la sangre seca de Naruto, la lanzó enseguida al fuego mirando de reojo a su compañero quien le devolvió una mirada glaciar.

- No soy tan depravado como crees, Suigetsu –


La verdad era que el Hombre Lobo no se dio cuenta de que en total se habían caído dos pedazo de tela impregnados con aquella costra casi negra debido a su precipitada retirada causada por el aura amenazante que Sasuke comenzó a emitir debido a la actitud acusadora que el peliblanco había tenido contra él.

Ahora el pelinegro sostenía el retazo que no había sucumbido en la llamas y al sostenerlo entre sus dedos se sintió impotentemente estúpido. ¿Qué clase de acto desesperado era aquel? Ni siquiera aquello era sangre ya, pero ahí estaba sosteniéndolo entre sus dedos como si fuera un pequeño tesoro sin igual. Se sintió insultado ¿Pero por quién? No existía otro candidato más que él mismo. Se llevó el pedazo de tela a prisa debajo de la nariz, no quería que nadie lo sorprendiera a mitad de aquel acto tan vergonzoso. Aquella mancha estaba ya tan lejos de la vida y la gloria, pero debajo de aquel sabor seco y exánime su fino olfato, o quizás su desesperada y atormentada mente, percibió minúsculos, casi inexistentes, hilos de gozoso placer carmesí. Tan delgados e insignificantes que eran como delicadas y casi imperceptibles hebras que electrificaban sus sentidos con un placer delicado. Más, deseaba más… inhaló con más fuerza, pero el resultado parecía el mismo; más aún, aquel efecto parecía esfumarse… No, no podía agotarse… ¡Más, deseaba más! …


La abismal negrura de la noche caía encima del campamento con implacable crueldad. En la lejanía de la majestuosa cordillera nevada se podía escuchar el eco de un rugido de magnitudes titánicas, el sonido inquebrantable de una avalancha de nieve que acababa de borrarlo todo a su paso a unos kilómetros lejos de ahí. Naruto cerró los ojos y deseó haber sido alcanzado y eliminado por aquel desastre que no tenía rival en la naturaleza. Deseó ser devorado y asechado por aquel monstruo de nieve a serlo del depredador que se encontraba encima de él, acosándolo con gula arrebatadora.

- Me habías preguntado antes a que sabía la sangre humana para un vampiro, te contesté –

Aquel predador lo había acorralado contra el suelo, hallándose encima del rubio como el cazador triunfal que se sitúa sobre su presa recién capturada, saboreando el momento de glorioso de la victoria irrevocable. Naruto detestaba sentirse tan vulnerable y, sobretodo, derrotado. Evadía cualquier contacto visual con su captor con ahínco, el contemplar aquella mirada de iris rojas rebosante de satisfacción mirándolo desde arriba a través de los ojos de Sasuke provocaba que se le revolviera el estómago de puro enojo.

- Pero no te contesté cual era el sabor de tu sangre, Naruto –

La azul mirada de Naruto se encontró con el cuerpo abatido de Juugo tirado sobre el suelo seco y agrietado, a unos cuantos metros de él. A un lado yacía Suigetsu casi en el mismo estado, la diferencia era que el hombre lobo sufría heridas más graves que no paraban se sangrar en medio de su abdomen y cuello. Todo este desastre fue causado debido a que la bestia dentro de Sasuke había despertado al fin, sedienta de muerte y sobretodo de la presa que no era capaz de escapar de su mente.

- ¡Deja de hablar como si fueras Sasuke, maldito bastardo! – bramó Naruto iracundo, luchando contra su opresor enérgicamente, consiguiendo únicamente hacerse daño pues los brazos y piernas de su captor enredados a los suyos no eran nada diferentes a firmes barras de acero indestructibles.

- ¿Ahm? – exclamó el depredador ligeramente sorprendido. – Pero mi estimado y anhelado dulce sangre, Sasuke y yo somos la misma persona –

- ¡Deja de decir tantas estupideces! ¡ME ENCARGARÉ DE CERRARTE LA MALDITA BOCA! ¡Sasuke jamás les haría daño a sus amigos! –

- Tal vez – reflexionó el cazador. – Pero sí que haría lo que fuese por conseguir aunque sea un dulce sorbo de tu invaluable sangrecita –

El timbre de voz del captor era en extremo pedante y para Naruto merecía que le fundieran la boca con hierro incandescente; sin embargo su boca era la misma boca de Sasuke.

- ¡Tú no sabes nada de Sasuke!

- ¿Y tú sí? –

Aquella respuesta dejó mudo al rubio por unos segundos, su única respuesta fue una mirada llena de ira.

- Voy a repetirlo de nuevo. Yo soy Sasuke y Sasuke es yo. Y a ambos nos retuerce el ansia de probar tu ambrosía carmesí. ¿A ti no? –

Su captor coló su rostro sobre aquel provocativo hueco en el cuello de Naruto. Aspiró con deleite aquella piel perlada por el salado sudor. El cabello negro de Sasuke provocaba un cosquilleo incómodo a Uzumaki en el rostro, tampoco ayudaba mucho que el frío aliento de su opresor le pusiera la piel de gallina.

- Te juro, maldito bastardo, que cuando me libere de ti te voy a arrancar las… -

Un sonoro grito entremezclado con un gemido de dolor rasgó la quietud de aquella noche en medio de Techo del Mundo.

Naruto sólo alcanzó a percibir un conjunto de brillantes destellos blancos tan rápidos como el rayo clavándose en el cuerpo de su captor, después sintió el cálido correr de su propia sangre bajando desde su cuello causado por la herida poco profunda que los colmillos de su depredador habían alcanzado a producir antes de ser atacado por aquellos haces de luz que le hicieron clamar de dolor.

- Veo que el entrenamiento de abstinencia te lo has pasado por las asentaderas, Sasuke – pronunció una perezosa voz madura.

El ojiazul se incorporó y casi instintivamente sintió la necesidad de verificar en primer lugar el estado en el que se encontraba Sasuke antes de encarar al que le había salvado la vida. El Uchiha temblaba henchido de dolor, apretando los ojos con fuerza.

- Tranquilo, se recuperará. No he hecho más de lo que merecía –

El rubio subió la vista al fin y contempló una alta figura adulta cuya silueta era delineada por la tenue luz de la alborada. El inicio del amanecer yacía como fondo de la figura de su salvador.

- Ka-kashii – farfulló débilmente la auténtica voz del pelinegro

- ¡Sasuke-temee! – exclamó aliviado el rubio de haber recuperado a su guardián.

- Creo que debería sentirme enojado por el hecho de que hayas olvidado el camino a casa, pero sabes, es muy cansado ese asunto –

El Uchiha soltó un bufido imperceptible, su maestro no había cambiado en lo más mínimo durante todos esos años.

- Bueno, levántate que tenemos que llevar a esos dos enseguida al Santuario antes de que las cosas se pongan más feas – manifestó el maestro con bonanza.

Sasuke se irguió premiosamente aún temblando de dolor, sus iris habían recuperado el color azabache de antaño.

- Uzumaki Naruto ¿No? – preguntó el adulto con desfachatez, intrigado por el interés que el rubio mostraba hacia el depredador que hacía unos segundos atrás estuvo a punto de matarlo, vaciándolo de sangre. – Mi nombre es Hatake Kakashi, Un Jounin del Santuario de Fuego


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¡Hallo!

¿Dos meses sin actualizar? u_u. Me disculpo con todos ustedes, se me vinieron encima semanas de evaluación y la locura de la decisión final con respecto a la carrera. Tengo la esperanza de que entiendan u_u.

En fin, estoy feliz de haber terminado la primera etapa de esta historia! ¿Saben algo? Ya me estaba desesperando que siempre tuvieran que salvar a Naruto, lo adoro tanto! (condenado temee, lo envidio! T_T)… Ya veremos quién salva a quien! xP... Prometo también que la fluidez de la relación SasuNaru (Nuestra parte favorita xP) aumentará mucho más (=0), así como la historia en si (Normalmente litigo mucho con las partes introductorias y finales xP)!

Ojalá y la lectura de este sexto capítulo no haya sido un suplicio pues tenía la corazonada de que no era muy brillante, hice mi mejor esfuerzo por redactarlo lo mejor posible (Mi borrador original constaba de tres capítulos =0)

¡Gracias por continuar leyendo esta historia! =)

¡Y mis agradecimientos más profundos a las amables personas que dejan sus comentarios! ¡Agradezco a Himeno Sakura Hamasaki, Darth Sethbek, Laila-chan OwO, , Nekomata-Mizu, Ranmen-chan, Monika Hiwatari, NelIra y Lulubell!

¡Abierta a comentarios, críticas constructivas, puntos de vista, peticiones y observaciones!

" The only way to get rid of a temptation is to yield to it." (La única manera de deshacerte de la tentación es ceder a ella) [Lord Henry, The Picture of Dorian Grey – Oscar Wilde]