El Príncipe de la Dulce Pena

Capítulo 7: Santuario de Fuego

Summary: Sasuke es un diestro cazador de vampiros destinado a proteger al portador del Kyuubi. Naruto es obligado a cargar con un destino del que apenas comprende su grandeza. ¿Ambos podrán lidiar con sus sentimientos encontrados?¿Podrá Sasuke contener su sed de sangre cerca de Naruto?... SasuNaru. Varias.

Advertencia: Éste fic contiene Shone-ai/Yaoi (relación hombre/hombre), en caso de que no sea de tu agrado o seas una persona sensible, te recomiendo NO leerlo Ya están adevertidos NO se quejen después!

Disclaimer: Naruto no es mío, todo es obra del maestro Masashi Kishimoto-sama. Los derechos de Naruto pertenecen a Shonen Jump, Pierrot y TV Tokio. Nada de lucro.

Nota: RE-SUBIDO! Disculpen a los lectores que se confundieron en la parte final de este relato debido a la falta de líneas que hicieran nota el cambio de espacio-tiempo (TODO es culpa del endemoniado editor de y a que no revisé inmediatamente la historia luego de subirla) MIL DISCULPAS A TODOS!


Uzumaki Kushina era la rosa roja más elegante, fragante y la más abundante en beldad en medio del jardín que contenía las flores más hermosas del planeta. Pero así como las despiadadas y abundantes espinas impiden a una mano desnuda ultrajar la hermosura de una rosa, el corazón de Kushina era igualmente severo. Esta muchacha tan exquisita fue elegida como la sacerdotisa principal eternamente virgen del extinto País del Remolino.

Namikaze Minato, el Legendario Rayo Amarillo. Un héroe que se ganó el título de 'Príncipe de los Demonios' en la época en la que vivió debido a todas las hazañas heroicas de las que fue protagonista. Como si esto fuera poca cosa, Minato también fue honrado con el título de Cuarto Hokage de Konohagakure, la tierra que lo vio nacer. Minato fue un hombre brillante, un genio guerrero como pocos lo han sido en la historia.

La arrebatadora historia de amor entre estos dos personajes en medio de la guerra siempre estuvo condenada a la tragedia; sin embargo ambos murieron con una sonrisa en sus labios, asegurando que era mejor morir a causas de las desgracias que desencadenaba el amor que haber perecido sin haber conocido tan sublime sentimiento.

Pocos supieron que este amor cosechó un dulce fruto que seguía vivo junto con la esencia de ambos. Kusina y Minato dejaron este mundo sin la preocupación de dejar a su hijo en las garras de un futuro incierto pues tenían la certeza de que su retoño era y sería amado por diferentes personalidades que aseguraban la prosperidad de su existencia.

"- Espero que seas un gran amigo de mi hijo ¿Sabes? Incluso sería fantástico que te convirtieras en su amigo más cercano –

Minato lucía una túnica blanca inmaculada. Su apuesto rostro se hallaba radiante, sus magníficos ojos azules desbordantes de felicidad invitaban a compartir su sentimiento de total algarabía. Un bello dije resaltaba en medio de su pecho, estaba hecho con oro blanco y una perfecta huella de zorro grabada con ónix negro se encontraba en el centro de la joya.

Sasuke miró al culpable de la felicidad del rubio. Se hallaba durmiendo en un moisés envuelto con impecables mantas de lino. La criatura recién nacida tan indefensa y adorable provocó un agradable sentimiento de ternura dentro de su pecho. El pelinegro vestía elegantes túnicas azul marino del mismo estilo que su superior y poseía un dije idéntico al de Minato, la única diferencia era que el suyo estaba fabricado con oro rojo.

- Yondaime-sama, no sólo le brindaré mi amistad eterna a su hijo, sino que también lo protegeré con mi vida –

El rostro de Minato se iluminó colmado de confianza y gratitud."

Aquella promesa no dejaba de resonar una y otra vez dentro de la mente de Sasuke. Había dirigido aquellas palabras a una de las personalidades que más había admirado, Minato fue una de las personas que más influyó en su vida y este juramento le causaba un conflicto tremendo.


El Santuario de Fuego había sido el hogar de Naruto por un año y seguiría siendo así hasta que el rubio consiguiera un rango Shinobi que le permitiese cuidarse solo en medio de aquel indómito mundo.

¿Qué había sido de sus otros dos compañeros durante aquel tiempo? Suigetsu sólo fue capaz de esperar durante los tres meses de invierno para bajar de Techo del Mundo, esta vez rumbo al lado occidental, alegando que su naturaleza no era la de permanecer quieto en un solo sitio por mucho tiempo. Juugo había partido un par de días atrás junto con un grupo shinobi que tenía misiones que atender en el oriente, el pelinaranja había optado por meditar en medio de aquel sitio tan paradisiaco y sagrado por un buen rato hasta sentir la necesidad de volver a casa. Sasuke enseguida de haber pisado el Santuario se retiró durante seis meses a realizar un extenuante entrenamiento especial, después había regresado al corazón del Santuario de Fuego más repuesto que nunca.

¿Pero qué hacía tan estupefaciente a aquel mítico sitio? Las leyendas más antiguas hablaban de un lugar que fue bendecido completamente por los Dioses Ancestrales, eso explicaba el inaudito fenómeno de que en medio de la despiadada cordillera de Techo del Mundo a mitad de sus eternas tormentas de nieve existiese un oasis de tales descripciones. El Santuario ocupaba un territorio tan grande como el espacio que ocuparía una villa de dimensiones vastas y sus alrededores, circundado por un pequeño bosque de exuberante verdor y agraciado con un clima de ensueño: inviernos frescos y cálidos veranos. Aquel sitio era el hogar de los Shinobis de Fuego, guerreros poseedores de una fama intachable cuyo símbolo era la hoja; sin embargo los Shinobis eran una mínima parte de la población de aquel sitio, pues abundaban habitantes ordinarios, y no tan ordinarios, que hacían próspero el lugar y que el Santuario de Fuego fuese llamado sin duda alguna uno de los sitios más acogedores para vivir.

Santuario de Fuego había formado a grandes personajes históricos desde la antigüedad más memorable. Había visto desarrollarse a magníficas leyendas como Hashirama Senju, el Emperador Unificador; el Antiguo Eterno Soberano Uchiha Madara; a todo el linaje Hokage de Konohakagure; al Viejo Rey Sarutobi y al Legendario Rayo Amarillo, por mencionar unos pocos.

La disciplina para los aprendices shinobi era impecablemente severa, tanto como lo eran también sus exhaustivos entrenamientos. En aquel Santuario se entrenaban arduamente los cinco sentidos, la mente, el cuerpo y el espíritu. Los humanos eran la raza predominante que habitaba el lugar; no obstante los maestros del Arte Shinobi se hallaban tan en sintonía con este mundo y el otro que eran irrazonablemente longevos sin necesidad de transformar su esencia humana por otra esencia sobrenatural, así de extraordinarias y nobilísimas eran las Artes Shinobi.

Pero no todo en Santuario de Fuego era entrenamiento y perfección. Sus habitantes gozaban de las delicias de la vida de vez en cuando pues también es sano.

La primavera se hallaba tocando la puerta del Santuario y, como cada año, todos los habitantes preparaban un muy esperado, magnífico, alegre, colorido y jubiloso festival de primavera. Mucha buena comida, teatro, música, bailes y un extraordinario entusiasmo eran los ingredientes principales de aquella fiesta.

Un par de caravanas grandes salieron desde el Santuario hacia tierras orientales con el objetivo principal de provisionarse para el festival de primavera. Naruto acompañaba expectante a la comitiva. El muchacho se encontraba irremediablemente inquieto debido a que bajaría de Techo del Mundo después de un año sin siquiera pensarlo. Así partieron las caravanas con Uzumaki abordo, momento que aprovecharon los superiores de Sasuke para debatir el destino de su protegido.

Cuatro de los principales Maestros Jounin Shinobi habían citado a Sasuke en su pequeño cuarto de juntas. Finalmente Kakashi arribó tarde a la habitación, escena que no sorprendió a nadie en absoluto, y dieron comienzo al asunto por discutir.

- Me temo que Akatsuki ha localizado el paradero de Naruto al fin – habló el respetable Maestro Asuma sentado cómodamente sobre una silla de madrea al mismo tiempo que encendía su delgado pero oloroso tabaco.

- Me sorprende que hayan tardado tanto, esos sujetos no suelen perder el tiempo – comentó con seriedad Kurenai a su lado.

- Y que lo digas, los muy desgraciados controlan técnicamente el occidente entero – discrepó la siempre inquieta Anko.

Kakashi suspiró y miró de frente a su alumno con su único ojo descubierto.

- El único objetivo de esta reunión es informarte que Naruto debe moverse de aquí, Sasuke – soltó su maestro con rotundidad.

En medio de aquel acogedor cuarto perfectamente iluminado por sus seis grandes ventanas, sentado con los cuatro maestros acomodados alrededor de una gran mesa circular, Sasuke meditaba inexpresivo todas aquellas cuestiones.

- Naruto no ha alcanzado ni la mitad de su entrenamiento – habló Sasuke con firmeza.

- Es verdad, son necesarios tres años para un pleno desarrollo de habilidades básicas Shinobi, pero me parece que no tenemos opción Sasuke – planteó Asuma quien impregnó el cuarto con el fuerte olor amaderado del tabaco que exhalaba por su boca.

- Todas nuestras fuentes han confirmado que el siguiente blanco de Akatsuki es Naruto quien habita en el Santuario de Fuego, no podemos arriesgarnos – expuso la melodiosa voz de Kurenai.

- En efecto mocoso, no podemos darnos el lujo de afrontar un ataque abierto de esos fenómenos de circo. Tenemos muchos civiles, niños y aprendices habitando el Santuario y pocos Shinobis para protegerlos a todos, no podemos arriesgarnos. ¿Puedes comprenderlo? – argumentó la belicosa Anko.

- Además de que el entrenamiento de Naruto se aceleraría a una velocidad vertiginosa si comienza a vivir la práctica en carne viva – mencionó Kakashi.

- ¿Entonces, cuál es su punto? Mejor dicho: ¿Cuál es mi siguiente misión y cuál es la orden? – respondió el Uchiha a todas aquella declaraciones.

- Como siempre al grano, Sasuke. Tú y Naruto deberán partir inmediatamente del Santuario a entrenar por el mundo cumpliendo misiones al mismo tiempo que evaden a Akatsuki al menos hasta que Naruto sea lo suficientemente capaz de ahuyentarlos y poner en alto el nombre de los Shinobi de Fuego – dijo Asuma.

- Insisto, Naruto no tiene aún el nivel para cumplir satisfactoriamente una misión promedio para un Shinobi – disintió el pelinegro.

Sarutobi Asuma, quien era descendiente directo del Viejo Rey Sarutobi, fumó pacientemente de su tabaco para contestar con apacibilidad los contraargumentos del Uchiha.

- Si tu deseo es desistir de protegerlo, sólo tienes que decirlo. Apuesto que habrá algún candidato para esta tarea tan especial –

Sasuke golpeó la mesa con aire ofendido y miró con frialdad al Maestro Shinobi, se pudo escuchar el suspiro cansado de Kakashi a su lado.

- ¿Cuál es nuestra fecha de salida? – cuestionó con severa acritud.

- A más tardar dos días después del Festival de Primavera. Deben cumplir con una misión, por lo tanto serán acompañados por un escuadrón de tres hombres: Lee, Shikamaru y Kiba –

El pelinegro arqueó una ceja con desconfianza. Reconocía que esos tres hombres poseían un alto nivel de pelea. ¿Qué clase de misión entonces sería aquella?

- Su destino es el Castillo de Cerezos en el País Haru. En ese lugar tienen serios problemas con los Lobos del Infierno últimamente y además la Reina Tsunade ha solicitado la presencia de representantes del Santuario de Fuego inmediatamente –

- ¿Significa que tendremos que liarnos con la Corte de Tsunade? – preguntó el Uchiha con sequedad.

- En efecto – confirmó Asuma.

-Eso no será problema para ti – habló Kakashi con desfachatez – No es secreto que tú y la Princesa Sakura se conocen muy muy a fondo ¿No, Sasuke?-


Diez siluetas se movían con ligereza en medio de aquel suntuoso salón de espléndidas dimensiones, todos tardaron varios minutos en acomodarse sobre sus respectivas sillas acomodas en círculo. Aquellos asientos estaban fabricados con los huesos de un gran mamífero tallados por un genio artesano que les brindó formas caprichosas exquisitamente estéticas.

La selecta concurrencia de diez personalidades estaba impecablemente uniformada: Capas de garboso terciopelo negro cuya superficie se hallaba estampada con singulares nubes rojas bordadas con grácil esmero. Uno a uno fue desprendiéndose de la capucha que los mantenía en el anonimato.

El suelo y techo de aquel fastuoso salón eran de mármol negro impecablemente pulido, las imponentes y admirables columnas de diez metros de altura que sostenían tan ostentosa habitación también estaban fabricadas con el mismo material, pero en color blanco. No existía ventana alguna dentro de la pomposa habitación, por lo tanto la única fuente de iluminación eran dos estrafalarios y enormes candelabros de acero negro que bajaban desde el techo sostenidos por gruesas y resistentes cadenas negras, alumbrando el lugar de manera irregular, creando un psicodélico juego de sombras de variables tamaños sobre aquellas paredes hechas por millones de diminutas teselas blancas y negras.

- ¿Y bien? ¿Cuál es el motivo de esta encantadora reunión? ¿Tomaremos el té con unas sabrosas galletitas de naranja? - habló sarcástica una de aquellas imponentes figuras. El propietario de aquella voz sería seguramente un hombre joven bastante desafiante y también muy atractivo.

- ¡No seas impertinente! ¡Cierra la puta boca, Hidan! – replicó una agresiva voz ronca a su lado.

- ¡No te atrevas a callarme, miserable! ¡Vuelve a intentarlo! – siseó el primero con violencia.

- Ambos, Hidan y Kakuzu, compórtense como es debido – intervino un tercer individuo desde un punto del círculo. Aquel ser poseía una voz acogedoramente espectral, era intimidante a la par de autoritaria. El resultado fue el silencio de Hidan y Kakuzu.

- El motivo de haberles hecho moverse desde sus respectivas casas hasta esta Primera Mansión es la fase final de nuestra primera prioridad: La captura de los Nueve Bijuu, como bien lo saben – repuso aquella sobrenatural voz.

-Dime algo que no sepa, Pein – discrepó un presente unos asientos cerca del líder. Aún en las penumbras sus refulgentes ojos color azul intenso resplandecieron con ferocidad. – Di cual es el trabajo sucio y a quién le tocará sacar la basura esta vez –

- El tesoro Ichibi del Desierto; El demonio gato Niibi de la Nube, El toro Hachibi del trueno y el Kyuubi depositado en un humano –

Unas fuertes risotadas interrumpieron a Pein descortésmente, todos los presentes esperaron pacientemente su silencio. Finalmente el aludido expuso el motivo de su gracia.

- ¿Un humano has dicho? ¿Itachi, no has podido capturar algo tan insignificante? ¿No será que te has ablandando o será que lo dejaste escapar a propósito? – inquirió para continuar riendo abiertamente.

Los infames ojos color rojo sangre de Itachi miraron fijamente a Hidan en silencio.

- ¿Y bien, Hidan? ¿Te sientes capaz de capturar vivo al Jinchuuriki del Kyuubi quien está bajo la protección de Uchiha Sasuke? – expuso la sobrecogedora voz del líder.

- ¿Uchiha? … - repitió en voz baja Hidan - ¡Uchiha! Con que el humanito escurridizo tiene algo que ver con algún pariente tuyo ¡Eh, Itachi! – insinuó aquel personaje. – ¡Por supuesto que capturaré a ese Jinchuuriki, será tan fácil como lo sería cazar un conejo! –

- Felicitaciones, tu solicitud acaba de ser aceptada – concedió Pein inescrutable.

- ¡Bien, caballeros! – exclamó Hidan frotándose las manos con impaciencia. – Díganme todo lo que sepan acerca de este humanito y el tal Uchiha Sasuke –


"- Supongo que esta es la mejor salida ¿No, temee? Meterme a entrenar para cuidarme yo solo y ahorrarte las molestias de ensuciarte las manos conmigo. ¡Pues que buena idea! Adoro ser un Shinobi de Fuego te lo aseguro, pero me fascina muchísimo más la idea de no volver a ver tu maldita cara amargada nunca más! – "

Naruto y él había vuelto a pelear como era tan cotidiano durante aquellas últimas semanas, en esta ocasión el rubio llevaba unas ideas muy raras que últimamente Kiba le estaba inculcando enardecidamente y Sasuke no contaba con la paciencia necesaria para sobrellevar al rubio. La auténtica verdad era que Uzumaki despertaba dentro de él una serie de problemáticos sentimientos encontrados que le disgustaban absolutamente al pelinegro y más aún el enfrentarlos.

"– Yondaime-sama, no sólo le brindaré mi amistad eterna a su hijo, sino que también lo protegeré con mi vida –"

Ninguna de las dos promesas era capaz de cumplir y aquello golpeaba brutalmente su honor.

- Raikiri – susurró Sasuke sombríamente - ¿Cómo es que has aprendido a quererlo tanto? –


El Festival de Primavera del Santuario de Fuego era sin duda uno de los más grandiosos y divertidos festejos que Naruto había vivido. Al atardecer de aquel cálido día de principios de primavera, dio inicio la tan esperada celebración. Todos disfrutaban plenamente de la fiesta y el enorme entusiasmo altamente contagioso de los habitantes.

Todo el festival se había levantado a afueras de la zona habitacional del Santuario en un claro de bosque que usualmente utilizaban como campo de entrenamiento. Era un sitio amplio y espacioso iluminado bellamente por centenas de artesanales lámparas de papel de arroz que se hallaban distribuidas abundantemente a largo de todo el perímetro. Los vapores provenientes de la zona exclusiva de alimentos era el espectáculo más tentador de todos, había alimentos para todos los paladares y exigencias. Un par de medianos escenarios habían sido dispuestos un poco alejados de los alimentos, ahí se interpretaban ingeniosas presentaciones teatrales que entretenían a fervorosos espectadores de todas las edades y también se reproducían primorosas y espléndidas danzas que habían sido ensayadas con ardua dedicación. Además se había levantado una zona exclusiva para los adultos, todas aquellas personas mayores de dieciocho años, donde se ofrecía sake, licores, aguardientes y demás bebidas embriagantes que pudiesen gustar. Finalmente había una zona extensa cuya iluminación era más tenue, en cuyo fondo se encontraban diversos músicos que interpretaban con maestría diversos ritmos para todos los gustos, el resto de aquel espacio era utilizado como pista de baile.

Naruto se sentía dichoso de vestir al fin una fresca, cómoda y colorida yukata como las que usaba todos los días de su vida hasta hace un año. Era de color naranja tenue y el kaku-obi (1) era azul marino, Uzumaki había comprado con emoción su vestimenta unos días atrás cuando pisó tierras orientales.

-Esa yukata es de un color muy bonito – comentó Kiba mientras comía una deliciosa brocheta de pollo con salsa agridulce. – Quiero decir, si fuese de un color más discreto todos se darían cuenta de las manchas de comida con las cuales seguro ensuciarás tu yukata en un santiamén. Ese color naranja es tan escandaloso que la gente se deslumbrará y ya no se fijará en tus manchas –

Naruto y Kiba comenzaron una pelea verbal sumamente escandalosa y ofensiva que únicamente el inextinguible espíritu entusiasta de Lee pudo detener.

- Pues yo en verdad creo que la yukata de Naruto-kun es bonita en verdad, combina encantadoramente con sus ojos azules y hace que la llama de juventud se encienda con más fuerza en su rostro – exclamó Lee con su típica pose de chico cool.

- ¡Miren, las chicas Tengu cantarán en unos minutos! – dijo Kiba evadiendo los rollos de Lee con ímpetu.

- ¿En verdad? Todas esas pelirrojas son lindas en verdad, no me las perdería por nada – expuso Naruto con vehemencia, imaginando expectante aquellas bellas caritas de muñequitas cantando angelicalmente.

- ¿Pues a qué esperamos? – declamó Lee adelantándose hacia el escenario.


"Ser un Shinobi de Fuego te garantiza buenas chicas y te da una ventaja espectacular por sobre los demás hombres"

A Nartuo le fascinaba aquella frase que a Kiba le gustaba tanto repetir porque era verdad.

Los ojos de Uzumaki no habían dejado de seguir expectantes a una preciosa chica pelirroja cuyos ojos eran de un intenso color verde oliva. Al finalizar la presentación coral de todas aquellas atractivas jovencitas, aquella muchacha que dejó al rubio anonado por su belleza y melodiosa voz le guiñó un ojo y en un santiamén el ojiazul se hallaba bailando con ella.

Ambos reían alegremente y se tomaban de la mano mientras seguían el ritmo de aquella vivida música festiva junto con el resto de todos los presentes en la jubilosa pista de baile. Finalmente después de un par de horas, los dos se habían retirado del Festival adentrándose en el bosque. La pareja se tumbó en un claro que era bastante famoso en el Santuario por las elegantes luciérnagas que inundaban el lugar románticamente. La muchacha, cuyo nombre era Juliete, le regaló a Naruto una placentera sesión de besos y caricias hasta que Juliete tuvo un repentino ataque de pudor y se despidió precipitadamente con un encantador sonrojo encendiendo sus pálidas mejillas.

Naruto suspiró hondamente aún percibiendo fuertemente el dulzón olor a duraznos con el que Juliete había impregnado su cuerpo y se dedicó a admirar el espectacular firmamento regado por miles de estrellas el cual nunca se cansaba de observar en el Santuario debido a que desde Techo del Mundo sentía que casi podía tocar el cielo nocturno.

- Ha pasado mucho tiempo, Naruto – El rubio no fue capaz de sentir la presencia de aquella persona y mucho menos el momento de su llegada. El asunto más desconcertante era que conocía perfectamente esa voz; sin embargo no era el usual dueño de aquella voz quien recién acababa de llegar a su lado.

Sobre el suelo y rodeado por luciérnagas, el rubio buscó al aludido y sus ojos chocaron con un par de iris rojo carmesí que lo miraban empapados de afecto. Era una mirada tan profunda que Naruto podía sentir la calidez que transmitían atravesando su pecho. Perplejo, Naruto se incorporó en el suelo, sentándose, para contemplar enteramente aquella figura.

Uzumaki se hallaba atónito y mudo por la sorpresa. Sus orbes azules estaban abiertas como platos e instintivamente se llevó una mano hacia su inseparable dije de oro rojo.

- ¿Pero… cómo? – Balbuceó Naruto turbado.

El recién llegado ya se había incado a su lado dedicándole todavía aquella tersa y tibia mirada llena de color carmesí.

- Has crecido tanto… ¡Madre mía!... Ustedes los humanos cambian tan rápido… Ayer eras un chiquillo tan encantador y hoy eres un atractivo joven que gusta de bellas jóvenes – habló con dulzura el pelinegro.

- ¡No! – censuró el rubio con apremio. Naruto se encontraba avergonzado y no era que aquello fuera mentira… le disgustaba y aturdía el hecho de que esa persona hubiese presenciado su gozo hacia el sexo bello, pero… ¡¿Por qué, maldita sea?!

La respuesta de su acompañante fue una sedosa risa fraternal. Los perturbados ojos azules miraron a los cálidos ojos escarlatas y el rubio aparto enseguida la mirada incómodo.

- Raikiri – llamó Naruto con profunda solemnidad casi como una plegaria. –… ¿Por qué tú y Sasuke…? –

- Uchiha Sasuke y yo somos exactamente la misma persona, Naruto –

- ¿¡Pero por qué?! –

Uzumaki se sobresaltó alarmantemente. Raikiri se había inclinado hacia él acortando tremendamente sus respectivos espacios íntimos. El pelinegro tomó la maravillosa joya roja entre sus blancos dedos y sonrió con deleite.

- Raikiri – El rubio tragó saliva sintiéndose tremendamente estúpido ante tal situación. – ¿Cuántas personalidades tienen Sasuke y tú o tú o Sasuke… o como sea? –

- ¿Personalidades? – dijo dubitativo. Su voz había cambiado por completo, ahora emitía un ronroneo seductor desde sus perfectos labios varoniles. – Sasuke Uchiha posee tantas "personalidades" como esencias naturales existentes dentro de su ser – contestó acortando la distancia de sus rostros

- Detente – ordenó Naruto sin la suficiente autoridad en su voz. – ¿¡Estás sordo o qué?! ¿Eh? ¡Basta! – exclamó el rubio logrando alejar su cara de aquella zona tan peligrosa con mucha fuerza de voluntad. – Lo lamento pero no soy de ese tipo. No me interesan los hombres ni siquiera tú – zanjó el rubio con un poco más de firmeza.

Nuevamente aquella sedosa y blanda risa cómplice brotó desde la boca de Raikiri. Con un movimiento suave pero veloz se posicionó sobre Naruto, obligándolo a recostarse sobre el césped y a ser momentáneamente su prisionero.

- Nunca haría nada que tú no quisieras hacer, Naruto. Esto te lo juro – recitó su captor tiernamente.

- ¿Y qué te hace pensar que quiero esto, maldito bastardo engreído? – respondió con enérgica agresividad el ojiazul.

Raikiri suspiró hondamente y en un segundo sus curvos y blandos labios rozaban la oreja izquierda de Naruto provocándole un estremecedor escalofrío de placer y el helado aliento del pelinegro erizó todos los vellos en la nuca del rubio.

- ¿Ya olvidaste, Naruto, que puedo leer las mentes? –

Uzumaki quedó paralizado al instante. La vergüenza, la confusión y la contrariedad invadieron su ser como un sorpresivo balde de agua fría bajando desde su cabeza hasta las puntas de sus dedos. Un repentino bochorno comenzó a sofocarlo y deseó escapar inmediatamente de ahí o ser tragado por la tierra; sin embargo todas estas sensaciones fueron pulverizadas en un instante por una caricia placentera que se originaba a lo largo de sus sensibles labios. Raikiri lo besaba con la mayor delicadez posible, pero el arrebato que el pelinegro deseaba contener evidente. Varios hermosos labios femeninos habían danzado con los de Naruto deliciosamente, pero ninguno ser acercaba a aquella sublime sensación provocada por los hambrientos labios del pelinegro. La resistencia era inútil porque su cuerpo demandaba más de aquella gozosa boca. Irremediablemente cedió a la tentación, cerró los ojos y contestó a aquella impetuosa muestra de cariño. El aliento del ojirojo entremezclándose con el suyo encendía todos sus sentidos, los traviesos dientes del pelinegro mordisqueaban sus labios con arrobo… la boca de Raikiri demandaba la suya con desasosiego y naturalmente el rubio ansió ceder a ella y fundirse entre los firmes brazos del pelinegro intoxicándose con su fragancia varonil y su aliento delirante. Naruto comenzó a abrir sus labios tímidamente y la vehemente lengua de Raikiri comenzó a explorarla ceremoniosamente, deseando recordar cada rincón de ella y también lograr que cada fibra de aquella cavidad no olvidara su tacto… Naruto sólo era capaz de contener su gozo apretando con fuerza entre sus manos la tierra y el césped que se hallaban debajo de ellos…


Naruto sintió que dejar Santuario de Fuego era como dejar atrás una parte importante de él.

Sasuke, Lee, Kiba y Naruto habían partido del Santuario dos días después del Festival de Primavera. Fueron acompañados por Kakashi hasta la mitad del camino y luego los cuatro siguieron por su cuenta. La misión del cuarteto era la de presentarse ante la Reina Tsunade del País Haru y resolver las hostilidades de su País con los Lobos del Infierno.

- ¡Arriba ese ánimo, Naruto! Todos sentimos lo mismo cuando dejamos por primera vez el Santuario. Ya verás que volveremos a ver a todos nuestros amigos pronto – exclamó Kiba alentando a su rubio amigo.

Los cuatro iban montados a caballo. Esa especie de equinos era más baja y peluda que las usuales ya que eran usados para tiro o para bajar aquellos tipo de terreno tan accidentado.

- ¡Kiba tiene razón, Naruto-kun, el espíritu de fuego arde en cada uno de nosotros! – secundó Lee con entusiasmo.

Uzumaki sonrió alentado y compartió un par de fervorosas bromas con sus compañeros, después miró hacia delante y contempló la recta espalda de Sasuke saltando al ritmo del trote de su caballo.

Desde el Festival Sasuke no se había atrevido a dirigirle la palabra, ni siquiera a mirarlo. Aquella noche Raikiri lo llenó de apasionados besos y tiernas caricias dejándolo ebrio de placer. En medio de su sopor Naruto nunca notó el momento en que el híbrido lo había abandonado.

¿Sasuke tendría el recuerdo de aquella noche? ¿Le habrían indignado tantos los sucesos ocurridos? Quería decir… a veces Sasuke daba la impresión de aborrecerlo excepto en la ocasión en que intentó hacerlo su cena. ¿Acaso Naruto era tan malo para besar que el Uchiha ni se molestaba en prestarle atención? De repente el ojiazul cesó de pensar alarmado. Raikiri tenía el don de leer los pensamientos eso significaba que: ¿Sasuke era capaz de leer las mentes también? No hasta donde él sabía.

- ¡Naruto! … - reprendió Kiba harto, arrebatándolo de sus pensamientos. Al parecer Inuzuka ya había insistido en llamarlo bastantes veces.

- ¿Qué quieres, Kiba? – respondió desconcertado el rubio.

- ¿En qué tanto piensas que no me haces caso? – recriminó el muchacho a su amigo. - ¿Acaso recuerdas todas las travesuras que hiciste la noche del Festival con la pelirroja? – acusó Kiba utilizando una voz secuaz.

- ¡Claro que no, idiota! ¡Cállate! –

Naruto sintió un súbito bochorno subiendo desde su rostro hasta sus orejas para luego mirar de reojo la espalda del Uchiha. Kiba soltó una risa burlona al notar el ávido sonrojo del rubio.

- ¿Y qué me querías decir, Kiba? – preguntó Uzumaki cambiando apresuradamente de tema.

- Es cierto… ¿Por qué diablos estás en una misión tan pronto, demonios? Yo tuve mi primera misión a partir de mi tercer año de entrenamiento, no al primero – reprochó.

- Debe ser porque soy más especial que tú, atarantado –

- ¿Qué? ¡Repítelo, pequeño bribón…!


- Sakura – llamó con autoridad una firme voz femenina. Enseguida una esbelta figura salió al balcón posicionándose a su lado.

- A sus servicios, Tsunade-sama – respondió a su llamado una cantarina y armoniosa voz.

Aquel gran balcón cuyo suelo era de brillantes mosaicos impecablemente pulidos blancos y negros, albergaba en su centro un elegante desayunador de muebles blancos. Una majestuosa mujer se hallaba sentada plácidamente en una silla frente a un brillante juego de té hecho de plata. La vista del balcón no podía ser más a espectacular, un horizonte lleno de verdor y prosperidad y a muchos cientos de kilómetros más allá se podían ver las lejanas cordilleras de Techo del Mundo.

- Siéntate, Sakura – ofreció socarronamente Tsunade, la muchacha obedeció al instante

La joven vestía primorosamente, un vestido color verde limón hacía un juego espectacular con sus ojos verde intenso. El corpiño era ligero y bordado con modestas formas estéticas, la falda ceñida a su cintura era sencilla y con volantes de encaje. Calzaba unas botas altas igualmente verdes hechas de cabritilla ajustadas por largos lazos de cuero. Su largo cabello rosado era sostenido delicadamente por un elaborado peinado.

- He escuchado que la operación que hiciste al hijo del herrero real ha sido un éxito; sin embargo ha sido muy arriesgada para tu inexperiencia – habló la Reina quien vestía de la misma forma aristocrática que la muchacha, sólo que su escote era significativamente pronunciado, dejando al mundo admirar sus enormes encantos, además de que sus vestimentas eran rojo manzana igual que el color de sus labios y uñas. Una singular joya sobresalía especialmente en medio de sus pechos.

- Disculpe mi impertinencia, Tsunade-sama –

La Reina suspiró con desgana haciendo ademanes con las manos a su discípula para que olvidara el tema mientras bebía una taza de té.

- Al menos todo salió bien y has ganado experiencia en operaciones que involucran balas incrustadas en alguna víscera – concluyó la despampanante rubia. – Cambiando de tema, escuché que has rechazado al joven Kohaku. ¿Por qué no eliges a un esposo de una maldita vez? –

Sakura sonrió con sutileza. Levantó su pequeña mano izquierda y en el dedo anular resplandecía un brillante anillo plateado.

- Yo ya tengo un prometido. Lo veré pronto –

Tsunade volteó los ojos con impaciencia y optó por continuar con su desayuno en silencio.


"¿Por qué la pregunta? – repuso Suigetsu intrigado.

- Tú mencionaste que había Hombes Lobo que si comían humanos – argumentó el rubio con decisión.

Suigetsu suspiró rendido.

- Muy bien, muy bien. Si tanto te interesa te lo contaré. – El militar se aclaró la garganta y comenzó a narrar con solemnidad. – Se dice que todos los Hombres Lobo tenemos un mismo origen en común: Todos fuimos bendecidos por la gloria de la benevolente Selene, la Luna, quien nos concedió muchos de sus dones. Desde entonces existen dos bandos de Licántropos: Los que la veneran y, agradecidos por todas sus bendiciones, le juraron lealtad eterna y siguen gustosos todas sus reglas y los que no la veneran y escupen sobre sus mandatos. Estos últimos chicos malos crearon sus propias leyes y se hicieron llamar 'Los Lobos de Infierno' –

-¿Y qué hay con ellos? Si tienen un mismo origen supongo que no son tan diferentes –

- Casi, pero hay unas cuantas diferencias. La piadosa Selene prohibió rotundamente alimentarnos de seres humanos, pero ellos asesinan y comen humanos en algunos de sus sanguinarios rituales. El precio a pagar por ello es alto pues tres noches durante el año cuando la blanca e inmaculada Selene se posa en el cielo en todo su esplendor, todo aquel quien haya manchado sus colmillos con sangre humana sufrirá una metamorfosis espeluznante y es convertido en una bestia caníbal cuyo apetito es saciado únicamente por más bestias como él. Te lo aseguro, Naru, he estado presente en algunas de esas tres noches de luna llena y el espectáculo es una carnicería repulsiva – "

Los Lobos del Infierno… Después de cinco días de viaje Naruto comenzó a reflexionar acerca de ello. Acababa de rememorar una de las últimas charlas que tuvo con su entrañable guardián Suigetsu antes que partiera rumbo al occidente.

Supuestamente en aquella primera misión suya tendría que tratar de frente con aquellas criaturas. No podía disipar de su mente la imagen de un Lobo del Infierno como una bestia amorfa y peluda comiendo y asesinando a los suyos y a seres humanos.

- Alto – habló la imperturbable voz de Sasuke. Los cuatro hombres se detuvieron con precaución comenzando a inspeccionar el lugar con sus sentidos desarrollados.

- No creía que nuestro encuentro hubiera sido tan apresurado – habló Lee impaciente.

- ¡Que insolencia! – habló una prepotente voz ajena.

- No venimos con intención alguna de iniciar una batalla. Pueden mostrarse si así lo desean – habló con rigidez el Uchiha.

La respuesta fue una risa déspota resonando sobre las copas de los arboles circundantes.

- Kankuro. Ellos no son lo que buscamos – le interrumpió una severa voz femenina también proveniente del anonimato en el bosque.

- ¡JA! Es verdad, Temari. Sólo son tres humanos insignificantes y una clase de mutante inútil – respondió altanero su interlocutor.

- ¡Cierren la boca! – apremió una tercera voz temible. Acto automático los otros dos callaron al instante. Un aire atemorizante inundó el lugar.

Los cuatro hombres se posicionaron defensivamente. Percibiendo que aquella tercera y soberanamente poderosa presencia se dirigía hacia ellos desde algún punto del bosque velozmente. Finalmente se apareció con una densa brisa que los golpeó de frente. Un hombre joven con un aura tremendamente obscura se posó delante de ellos. Sus ojos eran de un intenso verde esmeralda cuya belleza no tenía rival, estaban enmarcados por pronunciadas y casi irreales ojeras de un negro profundo; su cabello rebelde era de color rojo marrón en perfecta sincronía con el color de sus iris.

- Mis disculpas por ese par de insolentes – habló con frialdad. – Mi nombre es Gaara – el pelirrojo vestía ropas de batalla color marrón haciendo un juego espectacular con su piel blanca como la leche. – Ellos son Kankuro – enseguida de haber escuchado su nombre un hombre vestido de negro con tatuajes extraños de color violeta pintados en su rostro se materializó a su lado. – Y Temari – igualmente una muchacha rubia se apareció en su otro costado.

Entonces cada uno de los cuatros Shinobi de Fuego se presentó respectivamente.

- ¿Qué trae a cuatro shinobis a estas tierras? – cuestionó Kankuro con desconfianza.

- Un asunto igual de importante que el que trae aquí a tres Lobos del Infierno de tierras mucho más lejanas – repuso Kiba con ironía.

¿Lobos del Infierno? Naruto no pudo ocultar su sorpresa y observó a los tres sujetos delante de él. ¡No eran en lo absoluto como los imaginó! Gaara lo miró de repente. Sus ojos esmeraldas tan fríos como el hielo escrutaron los suyos penetrantemente, el rubio sintió escalofríos. ¡Qué mirada más obscura!

- Manténganse alertas – habló con frialdad Gaara al mismo tiempo que se daba la media vuelta y caminaba de regreso al espesor del bosque. Su voz y sus movimientos eran infinitamente elegantes como si el pelirrojo hubiese pertenecido a la realeza desde que estaba en el vientre de su madre. – Nos encontramos cazando a un Demonio Degolla Sueños. Lo más probable es que se topen con él un día de estos – finalmente desapareció en un segundo.

- Y si se meten en nuestro camino no dudaremos en aniquilarlos – advirtió finalmente con suspicacia Kankuro para después seguir a su superior acompañado de Temari.

El cuarteto continuó su camino y después de unos minutos Lee rompió el silencio.

- ¡¿Un Demonio Degolla Sueños?! – exclamó como si aquello fuese algo insólito. – Tsunade-sama tiene muchas explicaciones que darnos –


El País Haru. Un esplendoroso país que se encontraba en su época de dorada. Uno de los pocos países occidentales que gozaba de soberanía propia y de un progreso brillante. Haru significa primavera y tomaba este nombre debido a la fama mundial de sus deliciosos frutos paradisiacos; de sus exquisitos vinos sin par; de sus deliciosos y exóticos quesos, mantequillas, leches y dulces; de sus lugares turísticos de edén y de sus incomparables flores endémicas. Por estas y muchas más razones era llamado el País de la Eterna Primavera. Era gobernado por una Reina de linaje real y un parlamento elegido por el pueblo. El cuarteto de Shinobis había arribado a la capital de este esplendoroso país, su destino era el Palacio que gobernaba el paisaje del lugar.

El Palacio, como era de esperarse, era una extraordinaria construcción. Era difícil definir si era un castillo, una fortaleza o simplemente un palacio. Fue construido con lujoso granito de color blanco. Poseía vistosas torres de vigilancia, primorosas terrazas y miradores como fachada. Los tejados cónicos de todas sus torres eran de color azul marino. Lo rodeaba una profunda fosa que se podía cruzar con ayuda de los pesados puentes de madera que bajaban solamente en algunos puntos del palacio. El cuarteto entró por el porche principal quien los recibió de frente con cuatro grandes arcos triangulares, los cuales cruzaron. Dejaron a sus peludos equinos con un guardia quien se encargaría de llevarlos, según dijo, al establo real y atravesaron el vistoso patio principal lleno de fuentes de mármol, mosaicos blancos y azules como piso, arbustos podados con formas artísticas y vitrales fastuosos como ventanas. Al final de este, frente a la vistosa entrada principal, se hallaba la despampanante Reina Tsunade vestida de rosa pastel con un escote terriblemente pronunciado. Una modesta tiara de platino adornaba su rubia cabeza señalando su rango real. La acompañaban una docena de guardias reales, un muchacho de cabellos negros y una bella joven de cabellera rosada.

Los cuatro hicieron su respectivo saludo reverencial a la reina. Sorpresivamente al terminar sus respetuosas presentaciones, la bella chica pelirosa vestida de azul rey se lanzó hacia Sasuke con lágrimas en los ojos mientras exclamaba llena de felicidad.

- ¡Sabía que volverías, Sasuke-kun! – decía la muchacha extasiada abrazando al híbrido con efusividad. – ¡Lo hiciste! ¡Volviste para casarte conmigo al fin! –

Lee se sonrojó. Kiba no pudo contener su risa malévola. Tsunade se llevó una mano a la frente mientras rodaba sus ojos color miel con hastío. El joven pelinegro al lado de la reina sonrió de manera insoportable y Naruto… bueno no se esperaba algo así… Y esperaba que todos se hallaran conmovidos o al menos distraídos con la tierna escenita para que se no preocuparan por mirar su rostro.


La conclusión del suceso entre Sakura y Sasuke había sido desafortunado, al menos para la chica. El pelinegro jamás correspondió al saludo ni al abrazo, había permanecido inmóvil esperando a que la muchacha se separara de él mirándolo dubitativa.

- No sé de qué rayos me estás hablando, Sakura – se limitó a contestar.

Aquel desenlace les había parecido bastante cruel a todos los presentes. Después de transcurrido el día y que los cuatro Shinobi se hubiesen instalado en sus respectivos cuartos, la Reina Tsunade los invitó a cenar para dar el informe general. Así que ahora se hallaban en la mesa real, no cabía que mencionar que el lugar desbordaba lujo, frente a un apetitoso banquete.

- Deseo que colaboren en la cacería de un Degolla Sueños para que esos repulsivos perros rabiosos dejen de intimidar a los habitantes de la capital – soltó sin más la soberna mujer.

- Nos hemos enterado de algunas cosas. Por favor, Tsunade-sama, explíquenos el motivo del interés de los Lobos del Infierno en este demonio – preguntó con solemnidad Lee.

- Ellos exigen una clase de venganza territorial con este sujeto y han decidido deliberadamente que su campo de batalla sea este País. ¡Patéenles el trasero a cualquiera de los dos o a los dos si es posible! – clamó la reina con ferocidad mientras golpeaba la mesa efusivamente.

Naruto rió amistosamente junto con todos los presentes al mismo tiempo que levantaba su copa llena de bebida en señal de apoyo rotundo hacia Tsunade-sama.

- Espero que el Santuario de Fuego no me falle y dudo que lo haga. Nunca lo ha hecho – continuó la soberana consiguiendo que se repitiera nuevamente un brindis jubiloso de entusiasmo.

La cena continuó con un ambiente lleno de familiaridad. Todos comieron como si fuese día de fiesta hasta que finalmente la enorme mesa de roble se encontraba ya casi vacía de alimentos pero aún llena de comensales.

- Sasuke, supongo que te han nombrado el líder de esta misión – habló la reina. En respuesta consiguió un breve gesto afirmativo por parte del Uchiha.

- Entonces dejo a tus órdenes a dos de mis mejores hombres para esta misión: Sakura-hime (2) y el Comandante Sai –

Acto instantáneo ambos se pusieron de pie. La antes radiante Sakura ahora estaba golpeada moralmente por la despiadada reacción de Sasuke lo que causó un malestar a Naruto en el pecho y es que era imperdonable para el temee que hubiese rechazado a tan hermosa criatura y más aún si… ¿¡Qué?! ¿Había dicho hime? ¿Sakura era una princesa? ¿Sasuke-temee había rechazado a una princesa tan vilmente?

- Oye, Naruto – susurró Kiba sentado a su lado a modo de secreto - ¿No te parece que ese dichoso Comandante Sai es el clon de Sasuke? – chismorreó el castaño. El rubio dirigió sus azules ojos hacia el comandante quien miraba a todos con una sonrisa que a Naruto le pareció asquerosamente falsa.

- ¡Claro que no! ¡No se parecen en nada! Sasuke es más… Eeeeh… ¡No en absoluto! ¡Cuando mucho sería un clon defectuoso, horrible e inútil! – discrepó Uzumaki con capricho. Kiba sólo atinó a reír indiscretamente.


Llovía. Ya eran altas de la noche y la actividad en el palacio había disminuido considerablemente. Una fresca y reconfortante lluvia primaveral acallaba casi todos los ruidos fuera del cuarto de Naruto. El rubio yacía recostado sobre su mullida y deliciosa cama cubierto por frescas sábanas de algodón. Los párpados le pesaban terriblemente y su cuerpo le exigía descanso, pero sus propios pensamientos no le permitían conciliar el tan añorado sueño. Sakura era una chica preciosa, exquisita y bellísima que le había gustado profundamente; no obstante ni él había podido reprimir la explosión de sentimientos contrariados cuando esta declaró abiertamente un compromiso marital con el temee… La única explicación lógica era que él estaba enardecidamente celoso del bastardo por tener a una prometida tan linda y que incluso con ella fuera tan déspota… si… era eso…. Seguramente….

Y el rubio con la consciencia más limpia al fin fue capaz de conciliar el sueño mientras su mano rodeaba su entrañable dije rojo con afecto.


Los deslumbrantes y cálidos rayos del sol lastimaban a sus brillantes ojos negros. Sasuke entonces apartó su azabache mirada llena de vida de aquel despejado y espléndido cielo azul. Vio su mano derecha y se encontró con una firme mano sosteniendo la suya. Aquel agradable contacto causó una luminosa sonrisa de alegría al pelinegro quien subió su mirada un poco más y contempló a su hermano mayor quien notó que su hermanito lo observaba fascinado, Itachi lo miró y sus ojos se encontraron con entusiasmo.

- ¿No tienes calor, Sasuke? – preguntó el hermano mayor.

- ¡Nop! ¡Para nada! – contestó Sasuke con una expresión serena.

Los ojos negros de Itachi se enternecieron profundamente y era que Sasuke causaba estas sensaciones muy seguido en su querido hermano mayor. Los hermanos Uchiha caminaban por el mercado de una antigua ciudad feudal llena de polvo, estiércol, hedores humanos, ventas de mercancías varias y esclavos varios. Sasuke era un encantador pre-adolescente con apenas doce años encima, la tierna inocencia todavía teñía suavemente sus preciosos ojos negros a pesar de la cruel época donde había nacido pues Itachi la había protegido hasta el final y juró seguir haciéndolo sin importar que. Sasuke vestía una sencillísima yukata color azul celeste la cual ya había ensuciado copiosamente a causa de sus incansables jugueteos desde que habían salido de la Ciudadela Imperial.

- ¡Nii-san, cómprame un dulce de arroz! ¡Anda, nii-san, que se acaban! – exclamó el hermano menor dándose cuenta del lejano puesto de postres echando una veloz carrera hacia él enseguida.

- ¡Espera, Sasuke, con cuida…do! –

Su atolondrado hermanito se había tropezado torpemente con una piedra. Todos los niños que se hallaban cerca no paraban de reírse y de burlarse. Sasuke se levantó sumamente adolorido y avergonzado. Un cálido líquido comenzó a bajar por su pierna desde su rodilla. El Uchiha menor se había lastimado.

- ¡Nii-san, si te burlas yo…!

- Eres un desastre, Sasuke…- rió Itachi divertido.

Finalmente Itachi compró un par de dulces de arroz a su hermano menor y regresaron a casa. El hermano mayor cargó a cuestas a Sasuke con la tibia luz de la puesta de sol quemando sus espaldas.


Sasuke se hallaba estudiando con empeño un corroído pergamino acerca de legendarias técnicas shinobi. Estaba incado sobre mullidos y elegantes cojines morados leyendo su pergamino que se encontraba extendido sobre una mesa baja.

- Sasuke-chan – le llamó una imperiosa voz vigorosa. – ¿Qué tanto estudias? – preguntó aquel ser inundado de potestad y señorío.

- ¡Madara-sama! – nombró el pelinegro y observó al inigualable Eterno Soberano recargado en el marco de la puerta con desgarbo. Aquel augusto y poderoso emperador vestía ceremoniosas túnicas de gala de color rojo escarlata con sublimes bordados dorados a juego con sus feroces ojos rojos vampíricos enmarcados por profundas ojeras violetas. Su cabello largo y rebelde caía sobre su espalda con soltura. La expresión de su rostro era provocativa, casi perversa.

- Estudio para algún día ser un gran shinobi –

- ¿Y por qué quieres ser tal cosa? – repuso Madara juguetón.

- ¡Para algún día poder proteger a mi hermano mayor con todas mis fuerzas! – juró con seriedad. Madara sonrió acrecentando la malicia de su rostro.

- ¡Entonces cuento contigo, Sasuke-chan! – expresó el regio emperador

- ¡Madara-sama! – exclamó la aterciopelada voz varonil de Itachi en el fondo de aquella suntuosa habitación. El hermano mayor salió detrás de un ostentoso biombo dorado de seis paneles pintado ricamente a mano con el frondoso paisaje de un ubérrimo jardín exótico lleno de árboles de cerezo, pavos reales y estanques infestados de peces dorados; no obstante la magnificencia de esta preciada obra de arte palidecía y perdía su valor al lado de Itachi. El Uchiha mayor vestía una larga túnica color amarillo paja con hermosos detalles azul marino, los pliegues de la túnica fueron acomodados cuidadosamente para que la piel de sus atléticas piernas fuese visible discretamente, lo mismo con su fuerte torso. Su largo y sedoso cabello lacio color noche yacía suelto cayendo espectacularmente sobre sus hombros.

Al admirar a su suntuosa propiedad delante, las facciones de Uchiha Madara ahora si fueron perversas.

- Itachi, como siempre me has robado el aliento. Luces espectacular. Todo lo bello pierde su gracia a tu lado – recitó el Soberano extasiado.

El elogiado asintió levemente en señal de agradecimiento, luego caminó hacia su hermano menor para despedirse de él cariñosamente. Mientras lo hacía, el placentero aroma de jazmines que emitía el hermano mayor golpeó agradablemente los sentidos de ambos presentes.

- Has olvidado el emblema de diamantes y oro que te he regalado. Ve a ponértelo, te lo ruego – habló Madara hipnotizado por su adorada pertenencia. Itachi asintió y caminó de regreso a sus aposentos. Ambos, Sasuke y el Emperador miraron anonados el andar del hermano mayor.

- Sasuke-chan ¿No opinas que el color rojo le va mejor a tu hermano? – comentó el Soberano sonriendo retorcidamente.

- Si, si. A Nii-san le van todos los colores –

- ¿Y no crees, Sasuke-chan, que la fragancia a jazmines se saborea mucho mejor si estas flores se encuentran empapadas de sangre?


La lluvia había sido eternamente la compañera de sus desgracias. En una torrencial noche de verano, en medio del acogedor pueblo que había sido su hogar durante aquellos meses tan felices, la desgracia y la calamidad se habían presentado frente Sasuke en su máximo esplendor. Una desdichada tragedia griega no hubiese terminado mejor.

Itachi se había ataviado de rojo bermellón y el olor a jazmines se hallaba entremezclado sólidamente con el amargo olor de la sangre.

Todos habían sido asesinados por un vampiro espeluznante. Todas las personas que pudo considerar como parte de su familia, todos los que habían acogido a dos hermanos que escaparon del incombatible yugo del Eterno Soberano, todos aquellos que les habían dado la mano y mucho más. La tempestuosa lluvia limpiaba rápidamente los ríos de sangre que inundaban al campirano poblado montañés.

- ¿Por qué, Itachi? – gemía el joven Sasuke bañado en lágrimas quien no era capaz de contener su extenuante dolor.

- Porque todos ustedes los humanos son existencias insignificantes y me repugnan. Sólo son ganado para el matadero –

La imponente figura de Itachi se encontraba de pie frente a la lastimera imagen del hermano menor arrastrándose sobre el fango de sangre, incapaz de ponerse de pie a causa del suplicio interno que sufría.

- Mátame con ellos, te lo suplico – imploró Sasuke el desenlace de tan pérfida tortura.

El hermano mayor levantó al menor de manera atroz por el cuello. Sasuke contempló, a través de la cortina de lágrimas que sus ojos no paraban de derramar, los sanguinarios ojos color escarlata de Itachi. Su adorado hermano de ojos negros había muerto mucho tiempo atrás y con él una gran parte del alma de Sasuke también.

- Ni siquiera vales la pena – manifestó el vampiro con rotundidad. Acto seguido arrojó el joven cuerpo de su hermano con fuerza inhumana hacia una construcción de madera provocando que se desplomara aparatosamente.

El deseo de Sasuke no pudo ser realizado para su desgracia, no había muerto. Se había fracturado tantos huesos que era incapaz de decir cuales y cuantos eran los lugares que le provocaban un punzante dolor insoportable. Diversas vigas le habían atravesado varias zonas del cuerpo de manera inclemente y estas lesiones eran las que dominaban el límite de su umbral del dolor. Comenzó a toser sangre copiosamente.

- Curarás tus heridas y te levantarás – el vampiro se había colocado a un lado de aquella construcción ruinosa. Su voz sobrenatural se anteponía a la tempestad. – Después me buscarás y algún día quizás seas capaz de venir a clamar venganza. Hasta entonces sabré si tu existencia vale algo la pena – después de escuchar estas últimas palabras Sasuke fue capaz de hundirse en su tan anhelada inconsciencia.

Y todas las heridas causadas durante aquella noche tan fatídica curaron progresivamente; sin embargo la más profunda y dolorosa, aquella que desgarró su alma de manera bestial jamás lo hizo y nunca lo haría por toda la eternidad.

Sasuke abrió los ojos de golpe. Verificó que se encontraba en el Palacio de Tsunade. El híbrido se había recostado sobre su mullida cama para reposar y aunque intentó luchar contra sus imperiosos deseos de dormir, el sueño le había vencido finalmente. El pelinegro se hallaba bañado en sudor frío y desde sus hermosos ojos azabaches no habían dejado de fluir saladas lágrimas. El Uchiha sintió una impotencia tremenda y se limpió con furia las lágrimas que quedaban en su rostro. Al ser un híbrido sólo era capaz conciliar el sueño una vez a la semana, pero él prefería llevar a su cuerpo al límite y era capaz de soportar hasta cuatro semanas en vela. Kimimaro le había advertido enardecidamente que esto tenía efectos negativos contra su organismo, pero aquello lo tenía sin cuidado y a Kaguya no lo atacaban horribles pesadillas del pasado durante el descanso; no obstante aquella pesadilla reciente había sido diferente a las que tenía de vez en cuando. Esta había sido en concreto muchísimo más vívida y por mucho. También había sido especialmente cruel rememorando en contraste la dulce imagen de su ya fallecido hermano mayor con la sádica y despiadada imagen del vampiro que más deseaba asesinar y que se hacía llamar Uchiha Itachi. Un repentino pensamiento se cruzó por la mente del híbrido y esto se reflejó en su rostro.

- El Demonio Degolla Sueños ha hecho su aparición y se ha presentado debidamente conmigo el muy hijo de perra – susurró sombríamente, nuevamente otra reflexión cruzó su mente como un rayo. – Naruto – nombró el pelinegro y una pizca de alarma inundó su voz. Se puso de pie y salió de su habitación con apremio caminando hacia los aposentos de su protegido.


Las fuertes risotadas de un hombre no paraban de resonar en las enormes paredes de piedra de aquel calabozo iluminado por pesadas antorchas corroídas.

- ¡Los encontré! ¡Los he encontrado! – clamaba alucinado uno de Lores de Akatsuki. Hidan se hallaba frente a un espejo diabólico, la superficie de este espejo era de sangre y vino entremezclados, moviéndose tenuemente como si se tratara de una corriente auténtica. El reflejo de este singular y siniestro objeto mostraba la imagen del rubio durmiendo apaciblemente en sus aposentos dentro del Palacio del País Haru.

- Eres un maldito sádico, Hidan – murmuró Kakuzu con un tinte de molestia a su lado. Y las carcajadas malévolas de Hidan no dejaron de retumbar por algún buen tiempo.


Notas:

(1) Obi = "Faja" del yukata masculino

(2) Hime = Princesa


Hallo! n_n

Saludos a toda la gente bellísima que sigue esta historia! Muchas gracias por todo su apoyo y su interés en este humilde relato! =D

Mis más sinceros y eternos agradecimientos a todos lo que se molestan en escribir y dejar su review ¡Me hacen sonrojar tanto! ;D Gracias a: chetza, Kea Langrey, Ranmen-chan, Laila-chan OwO, Nekomata-Mizu, sol uzumaki, 0.-0.0, NelIra, Lulubell y NaruSasu

Espero que haya sido de su completo agrado y que no se hayan desesperado tanto por la demora! En compensación escribí un capítulo el doble de largo de lo que acostumbro hacer! O_o

Graciar por leer y mucha suerte a todos ustedes!

Y recuerden: Un fic con reviews es un fic feliz! xP... xD

Auf Wiedershen!

"Pensar es más interesante que saber, pero menos interesante que mirar." [Johann Wolfgang Goethe]