Al día siguiente llego el amo y señor de Akatsuki; Pein.
-Konan – murmuro lo suficientemente alto como para que lo escuchara. Un minuto después llega la nombrada.
-Pein, ¿Cómo te fue?
-Descuida, todo arreglado, esa alimaña no volverá a hablar nunca. Ahora mantenme al tanto, ¿Qué ha sucedido en mi ausencia?
-Pues...Veras – la peliazul duda mucho en como decirle al pelinaranjo el "trágico" incidente con el albino.- No se como explicártelo, así que mejor te lo muestro. ¡Hidan, ven aquí!
Se escuchan las ligeras pisadas de alguien por el pasillo, poco a poco va saliendo la figura de alguien muy pequeño.
-Bien, ya estoy aquí, joder – el albino mira con mala cara a la peliazul.
-¿Y este niño? – encara una ceja al verlo…No puede ser ¿O si?
-Joder líder, ¿No me reconoce? Soy Hidan – el poseedor del Rinnegan no lo puede creer, abre ambos ojos por la impresión.
-¿Qué le paso?
-Peleo contra un AMBU y le lanzo un brazalete – el albino muestra su brazalete.- Llego muy cansado y se hecho a dormir un rato, cuando despertó se encontró con que se convirtió en un niño pequeño.
-Y creen que ese brazalete tiene algo que ver, me supongo.
-¿Qué comes que adivinas, genio?
-Por cierto Hidan, ¿Qué hacías cuando te llame? – pregunto llena de intriga.
-Lo que mejor hago, joderle a Kakuzu, pero me regaño y me quito mi pelota.
-¿Qué le hiciste? – la voz de Pein sonaba un poco aburrida, si Hidan ya grande jodía mucho a Kakuzu, ahora como un niño…Pobre Kakuzu.
-Solo estaba botando la pelota.
-Ese no es motivo para quitártela, ¿Qué mas paso?
-Botaba la pelota contra su avariciosa cabeza – sonríe al recordar la expresión de fastidio del moreno.
-Mocoso – la mujer lo carga en brazos y deja que Pein lo observe bien; los mismos gestos, las mismas groserías, el mismo aspecto. Sin duda es Hidan.
-Ven aquí – lo toma en sus brazos y lo lleva de regreso a la habitación del tesorero.- Kakuzu, aquí esta tu tortura.
-Mierda, gracias líder – la puerta se cierra y el inmortalito solo camina a la enorme cama del mayor, para subir tiene que agarrarse fuerte de las sabanas y trepar.
-Joder, tu cama esta muy alta Kakuzu – se sienta de piernas cruzadas.
-Oh tu eres muy pequeño – el tesorero sigue contando su dinero.- ¿Cómo te quedo la ropa?
-Un poco grande pero me quedo bien – mira su nueva vestimenta, un short negro y una camiseta roja que le queda larga.
-Bien – le sigue un silencio que el albino no se atreve a romper hasta que.
-Quiero mi pelota – hace un leve puchero.- Dámela.
-¿Está? – Saca la pelota roja con la que jugaba.- No, luego te pones a joder como mosca.
-Que me la des Kakuzu – Se pone en pie encima de la cama y estruja la parte inferior de su ropa en un berrinche.
-Dije que no – lo mira desinteresadamente y prosigue con su trabajo.- Como odio cuando me toca cuidarlo.
-Joder Kakuzu – comienza a saltar en la cama y por ende, a subir cada vez más.- Oye, que divertido – ahora brinca por toda la cama, dejando un desastre de por medio.- Boing, boing, boing – sonríe inconscientemente, eso le divierte.
-Bien, ya te divertiste, ahora deja de brincar en mi cama.
-No quiero – al estar en lo alto hace algunas vueltas.- Mírame.
-Hidan, deja de hacer eso quieres, te vas a lastimar.
-No es cierto, mira que bien lo hago.
-Cinco…Cuatro…Tres…Dos…Uno – un gran estruendo de algo que se golpeo contra el suelo se escucha por todo el cuarto.- Lo sabía.
-Buuahh – el grito del menor no se hizo esperar. El mayor suspiro, clásico de Hidan, dice una cosa y a la siguiente le pasa.
-A ver, no llores – lo sienta en el borde de la cama, su brazo tiene un raspón.- No es nada grave comparado con las heridas que recibíamos.
-Me duele…buh.
-Eso es por demás obvio, espera aquí – camina al cuarto de baño y saca una gasa, una venda corta y alcohol.- Listo, pon el brazo.
-Me va a arder.
-No seas llorón, pon el brazo – con algo de miedo, el ojilila obedeció y el mayor limpio con el mayor cuidado posible la zona afectada.
-Ay, despacio… me arde.
-Creo que se te olvido que eres un sadomasoquista, tu amas el dolor, idiota – siguió desinfectando.- Vaya, que golpe te diste – vendo con cuidado la herida.- Listo.
-Buh…Kakuzu…eres un idiota.
-Y tú un bebito llorón – el de cabellera blanca lo mira mal.- Ya, ven aquí – le carga en brazos y sale de la habitación, directo a la sala, pronto seria la hora de comer.
-No nos traigas a la pulga con patas, Kakuzu, estamos viendo la tele – reclamo el rubio al ver llegar al dúo inmortal, con el mas joven en brazos del otro.
-¿Qué te paso en el brazo, Hidan? – pregunto el ojimiel con curiosidad viendo la pequeña venda.
-Me caí de la cama.
-Que idiota.
-Cállate la boca Deidara.
-¿Cómo te caíste genio?
-Estaba saltando en la cama de Kakuzu, no vi bien donde pise y me caí – bajo ágilmente de los brazos de su cuidador y fue a dar al suelo como todo buen ninja.
Camino como si nada a la cocina, todo se veía tan alto, que subir al fregadero por un vaso con agua parecía una proeza.
-Kah – se decidió por lo fácil, ir al refrigerador por un jugo, menos mal que estaba en la parte baja del mismo. Miro con interés todo lo que tenían ahí, sodas, jugos, dangos.
-¿Un pedazo de pastel? Genial – toma una soda de uva y la abre como si nada.
-Hidan – le llama la peliazul sorprendiéndolo.
-Ah, ¿Qué, joder?
-Ni se te ocurra comer dulces antes de cenar.
-Tsk, no eres mi madre.
-Piensa que si lo soy y hazme caso – lo llevo de nuevo a la sala y lo sentó sobre el regazo del ojiazul.- Cuídalo Deidara, ya te toca.
-Mierda – por el momento el pequeño solo se quedo tranquilo sobre su regazo, mirando la televisión como todos…pero con el cuerpo lleno de azúcar…Menos mal que solo le tocan dos horas como a todos.
-A cenar – informo la maestra del origami. Todos se levantaron y fueron al comedor.
-¿Qué ay de cenar, uhn?
-Veamos, carne, puré de papas, arroz y verduras.
-Bien, eso esta bueno, excepto por las verduras – digamos que Kisame no es fanático de las verduras y todo lo verde.
-Pues ni modo, se comen todo les guste o no – un aura maligna aparece detrás de la única mujer en Akatsuki. No por nada se molesto en cocinar para ellos y eso que cocina cuando quiere.
-¡O se comen todo o verán como les cabe un palo de escoba por atrás!
-Si señora, digo señorita – todos se sientan a la mesa. Konan si que da miedo cuando se lo propone.
-Bien – sonríe y todo vuelve a la normalidad.
Todo continuo como normalmente debería…Bueno casi, Hidan le lanzaba sus verduras a Deidara en cada oportunidad que tenia, este se las devolvía de la misma manera, iniciando una guerrilla de verduras.
-¡Deidara, Hidan! – Grito el líder.- ¡Ya quédense quietos y terminen de comer!
-Uhn
-Hmm – el ojilila mira aburrido su plato, no quiere comer el brócoli que esta inmóvil en su plato, el resto de las verduras o se las comió para bien estar de su pequeña persona o están en el cabello del rubio.
-¿Seré lo suficientemente pequeño como para irme sin que se den cuenta? – se cuestiona, es pequeño y tal vez pueda salvarse de comer verduras. Baja de a poco de su silla y aterriza en el suelo –Buena suerte la mía de que mi lugar estuviera entre los últimos. – Gatea por el piso, llega a la sala y de ahí a la puerta de entrada.
-Jejeje, que fácil – sale al exterior, afuera hay una pequeña llovizna, la cual moja la tierra, lo cual al combinarse forma el:
-¡Lodo! – corre y se ensucia de una barrida, su cabello platinado ahora esta café, su carita tiene manchas y todo su cuerpo esta húmedo y sucio.
-ADENTRO DE LA CUEVA-
-Oigan, esperen… ¿Y Hidan? – el Uchiha mira directamente el lugar donde se supone estaba el menor.
-¿A que horas se escapo? – el castaño se levanta de su lugar y va donde la sala de estar; mira la puerta abierta de par en par.
-Hijo de su madre…Cuando lo agarre se acordara de mi – sale de la cueva y con la mirada busca a su hiperactivo compañero. Lo encuentra dándose un baño en el lodo y recibiendo gustoso la lluvia que cae.
-Hidan, ven aquí, ahora – la voz autoritaria del mayor lo hace estremecer, sabe que se metió en problemas y quizás le castiguen.
Con paso inseguro camina donde el moreno, agacha la cabeza y espera el veredicto y la sentencia.
-Adentro – lo toma como a un costal de papas, bajo el brazo y procede a entrar.
En la sala de estar están todos los hombres de Akatsuki, a excepción de Pein, hoy tocaba película XXX para adultos.
-Joder, llegaste hecho un asco, albinito – el hombre planta se burla del pequeño.
-Cállate, lechuga parlante.
-Silencio.
-Oye Kakuzu, recuerda lo que toca hoy…además creo que sería bueno darle un baño al mocoso – señala a Hidan.- Pero no te tardes, que luego no dejamos nada.
-Hai – camina directo al cuarto de baño.- Desvístete y báñate.
-Oe, la tina es demasiado grande para mi – el albino ya esta como Jashin lo trajo al mundo, solo que como es un niño no tiene mucho que mostrar.
-No me importa, sabes que los jueves a la noche vemos esas películas. Además, no soy tu niñera, no te voy a bañar.
-Oh vamos… ¿O que, quieres que le grite a Konan que venga? Tú sabes lo celoso que es el líder.
-Maldito mocoso malcriado – regresa sobre sus pasos y llena la tina con agua templada.- A ver si no te resfrías. Bien – toma al niño en brazos y lo mete en la tina, comienza a remojar el joven cuerpo de su compañero.
-¿Cuál es tu necesidad de que te bañe, eh Hidan?
-Ahora estoy bastante pequeño y algunas cosas no las puedo hacer por mi mismo.
-Bañarte no sería una de esas, yo te noto lo bastante grandecito como para que lo hagas solo – el shampoo llega.- cierra los ojos pero no los aprietes.
-Bueno ya, es solo un capricho.
-Tu eres caprichoso por naturaleza – deja caer agua sobre su ahora limpia cabellera.- Listo – quita el tapón que mantiene el agua adentro y busca una toalla.
-Bien, ya te bañe, ¿Ahora que?
-Me tengo que vestir y…quiero ver esa película con ustedes.
-Olvida lo de la película, te vistes y a dormir.
-No es justo – hace un puchero.
-Tienes cinco años ahora, aun estas pequeño para esas cosas – irónicamente dice lo mismo que el albino minutos atrás en la ducha.
-Quiero ver la película, Kakuzu.
-Que no – lo lleva a la habitación correspondiente, el mismo Kakuzu es quien lo viste y lo acuesta a dormir, por si las dudas al salir cierra la puerta por fuera.
-¿Qué me perdí?
-Nada importante, apenas están desvistiendo a la chica – todos los hombres presentes están embobados con las imágenes en la televisión.
-Bien – toma su lugar en el sillón y hace lo mismo que los demás.
Algunas horas después de la gran función, todos se largaban a dormir.
-Oe, Kakuzu, ¿Cómo te fue con la pequeña bestia albina? – el Hoshigaki esta interesado.
-Relativamente bien, solo que sigue de caprichoso, como siempre.
-¿Lograste hacerlo dormir temprano?
-Mas bien lo obligue, cerré su puerta por fuera con seguro.
-Jaja – ambos ríen por el acto del mayor y se disponen a entrar a su respectivo cuarto.
Bueno, veamos, este capitulo pareció mas relleno que nada, pero ¿Que se le va a hacer? Después llegara lo bueno….creo XD.
En fin, dejen un review y alimenten la locura de esta joven amante del Yaoi x3
Bye.
