Muy bien, aquí tenemos el último capitulo de este fic, en donde Harima tendrá que lidiar para salir de todo el embrollo en que se ha metido. esperemos que por fin encuentre lo que tanto ha buscado, adelante y disfrutenlo.
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CAPITULO V. CONFESION FINAL
Poco antes del medio día, el cuarteto de jóvenes llegaban al centro comercial más cercano al hotel, ni siquiera habían tenido tiempo de tomar un desayuno decente, y eso sumado a lo poco que había conseguido dormir, Harima parecía un tanto decaído, sin mencionar que parecía que tenía guardaespaldas, pues tanto Eri como Yakumo se habían colocado una a cada flanco suyo siguiéndolo como un par de sombras todo el camino, mientras se lanzaban miradas de descontento la una a la otra, de hecho eso era lo más cerca que Yakumo hubiera estado de parecer molesta en su vida. Y con Eri el ceño fruncido ya era cosa de todos los días.
Una vez en las tiendas la cosa no mejoró, Harima cometió el gravísimo error de pedir la opinión de las chicas y estas no pararon de sugerirle uno u otro traje, cada chica intentando imponer su gusto.
-Mire Harima San, creo que este traje le quedaría bien- Señaló la pelinegra mostrándole un pantalón y saco de tono azul fuerte.
-De eso nada, éste es más adecuado para una fiesta de buena clase- Interrumpió Eri presentándole un conjunto de color blanco.
-Este calzado combina con el saco azul- Volvió a hablar Yakumo esta vez con un par de mocasines negros.
-Hige, los zapatos sin agujetas son más prácticos- Agregó la otra chica con un zapato café en la mano.
-¿Cuál le gusta más Harima san?-
-Si Hige ¿Cuál escogerás?-
Ambas chicas arrinconaron al pobre mangaka contra un escaparate, quien simplemente no se creía capaz de tomar una decisión bajo tanta presión, y peor aún tener que decepcionar a una de las dos. Y pensar que solo se trata de ropa.
-¿Qué les parece si dejamos que Harima se pruebe la ropa y nosotras decidimos cual le queda mejor?- Sugirió Mikoto intentando poner en calma las cosas.
Pero justo cuando Harima creyó que saldría del aprieto, se encontró teniendo que modelar cuanto traje había en la tienda. Parecía que las chicas se habían puesto de acuerdo, y es que aunque ahora fueran rivales eso no les impedía hacer una tregua para detenerse a admirar al chico que les robaba el sueño haciendo una pasarela de modas para ellas, que de alguna manera con esa ropa elegante, sin sus conocidas gafas de sol y con su bien trabajado cuerpo daba un aire más masculino que lograba atraer la atención de incluso las dependientas de la tienda que a más de una se le ocurrió sugerir que se probase también algunos trajes de baño.
-Puff, nunca pensé que esto fuera tan agotador- Gruñó Harima dejándose caer en una de las bancas.
Habían recorrido todas las tiendas y continuaban con las manos vacías, pero el hambre ya reclamaba a todos un descanso, así que hicieron un receso en el área de comedores de la plaza, por suerte no hubo más discusiones por elegir la comida pues el voto unánime fue arroz con curry.
Pese al descanso Harima no parecía más aliviado, lanzaba algunas miradas de preocupación tanto a la chica rubia como a la pelinegra, pero más a esta última, situación que notó Sawachika y no se sentía muy complacida al respecto.
-Shht, Eri ¿Por qué esa cara? ¿Acaso las cosas no te están saliendo como querías?- Susurró Mikoto a su amiga al notarla incomoda.
-Tengo que hacer algo Mikoto, o si no…-
-¿Qué es lo que planeas?-
-Sólo cúbreme, no le quites los ojos de encima a esos dos y espera a que vuelva- Sawachika se levantó de su asiento y se alejó un poco del grupo -Necesito ir al tocador, espérenme por favor- Harima la miró extrañado por un momento pero se limitó a asentir con la cabeza, pues aún estaba muy concentrado en su platillo como para sospechar algo.
El mangaka se apresuró a terminar su comida y esperó a que Yakumo también acabase su plato, necesitaba urgentemente hablar con ella, y la momentánea ausencia de Eri parecía la oportunidad adecuada.
-¡Ah, la comida estuvo deliciosa!- Exclamó el moreno con fingido entusiasmo. -Pero ahora me apetece algo dulce ¿Me acompañas a por un helado Imouto san? Tu también quieres uno ¿verdad Suo? En seguida te lo traemos, espera aquí por si vuelve la Ojou-
Casi a rastras Harima llevó a Yakumo lejos de la vista de una confundida peliazul, buscando un lugar donde poder charlar, para su buena suerte había una heladería al otro lado del pasillo.
-Harima san, creí que no le gustaban las cosas dulces-
-Olvida eso Imouto san… En realidad hay algo que debo decirte… Verás yo…-
-Hey Harima, así que aquí estás- el chico de la barba prácticamente saltó del susto cuando Mikoto lo llamó desde su espalda.
-¿Qué pasa Suo? ¿Por qué no te quedaste donde te dije?-
-Es que no me preguntaste de que sabor quería el helado- Explicó haciéndose la inocente -¿acaso interrumpí algo?-
-¡No, para nada!- Negó el muchacho bastante exaltado. -¿Etto… que sabor prefieres?-
-Supongo que de moras estará bien-
-De acuerdo. Deme cuatro de moras por favor-
El empleado le preparó los barquillos y Harima se los pasó a Mikoto mientras simulaba sacar su cartera.
-Sabes Suo, de hecho si interrumpiste algo- Esta vez sin dar tiempo a reaccionar, Harima cargó a Yakumo y salió disparado por el pasillo, dejando a la peliazul intentando equilibrar todos los helados. -¡Discúlpame, pero por favor paga la cuenta!-
El mangaka corrió hasta que estuvo seguro que Suo no los perseguía. Harima se detuvo entre jadeos y depositó suavemente a Yakumo en el suelo. Aún sin poder controlar su respiración, colocó su mano en el hombro de la chica y la miró a los ojos.
-Escúchame por favor imouto san…-
Harima sabía que debía decirle a Yakumo lo que estuvo pensando toda la noche, era mejor zanjar ese asunto de una vez por todas o las cosas podrían complicarse más. El moreno estaba a punto de hablar de nuevo cuando lo siguiente que supo fue que un par de pies le impactaron justo en el rostro, cortesía de una malhumorada rubia cuya patada opacaría a cualquier campeón de karate.
-¡¿Se puede saber que intentas corriendo de esa manera por el centro comercial?- Eri cogió a Harima por el cuello de la camisa y lo zarandeó intentando hacerlo reaccionar.
-¡Para ya Ojou!- Exclamó Harima intentando alejarse un poco. -¿Por qué me golpeas de esa manera y… Por qué estás vestida así?-
Harima olvidó todo su disgusto y no pudo evitar detenerse a observar la peculiar manera en que la rubia estaba vestida. Ella se había cambiado su ropa por una yukata rosada con motivos florales estampados en dorado, incluso su cabello había sido recogido a la usanza tradicional.
-Bueno, como es verano pensé que sería una buena ocasión para usar una yukata- Respondió Eri un tanto avergonzada al notar que el moreno no le quitaba los ojos de encima. Por lo menos su plan parecía funcionar. Si a Harima le gustaban las cosas japonesas entonces demostraría que podía ser tan japonesa como Yakumo o cualquier otra.
-En realidad es muy bella, digo, la yukata es muy bella y pues…- Definitivamente los cables de Harima ya habían hecho corto y no lograba articular un comentario adecuado, incomodado por un curioso calor que subía por sus mejillas.
¿Desde cuándo la Ojou olía tan bien? La nariz del moreno le indicó del sutil perfume que emanaba de la chica, esta vez no era solo la vestimenta ¿Cómo decirlo? Aquella chica parecía tan brillante, llena de vida y le miraba de una manera que lo hacía sentir extrañamente bien. Repentinamente recordó el efímero beso de la noche antepasada… Y sintió que no le molestaría repetirlo.
Sin embargo la realidad lo golpeó apenas sintió la mirada carmesí de Yakumo, era con ella con quien debía hablar, ella era su mano derecha, a quien había que agradecerle por todo el apoyo brindado, y más importante aún, era ella quien le había confesado su sentimiento, por eso no podía distraerse.
Harima bajó la vista para romper el contacto con Eri y se giró hacia la pelinegra.
-Imouto san, será mejor que continuemos, aún no hemos decidido que comprar y también tenemos que encontrar ropa para ti- El chico tomó a Yakumo por la muñeca y la guió dentro de la tienda de ropa más próxima.
Suo llegó en ese justo momento sosteniendo una charola con los helados, bien dispuesta a reclamarle a Harima por la treta recibida, más se quedó cayada al encontrarse con la expresión de derrota de su mejor amiga.
-Volvamos al hotel Mikoto- Articuló antes de dar media vuelta y alejarse con lento andar.
Sawachika y Mikoto permanecieron cayadas todo el camino de regreso, la peliazul no estaba muy segura de lo ocurrido, sabía que lo peor que podía haber pasado era que Harima rechazara a Eri y eligiera a Yakumo, pero eso era poco probable por el poco tiempo transcurrido desde que Harima intentó huir hasta que volvió a encontrar a Sawachika, sin mencionar que las reacciones de todos habrían sido distintas. Lo más probable es que hubiera otro malentendido y que su amiga estuviera dramatizando las cosas. Sin embargo, era justo esa actitud la que le impedía estar con quien quería, simplemente así era ella, pero esperaba que por su bien tomase la decisión correcta si es que quería encontrar la felicidad. Como su amiga solo le quedaba esperar a que Eri quisiera contarle lo sucedido.
Pero no lo hizo, ellas volvieron al cuarto del hotel y Sawachika simplemente se recostó en uno de los sofás mirando el paisaje a través del ventanal y dándole la espalda a la puerta de la estancia, de tal manera que ignoró por completo a Harima y Yakumo cuando estos volvieron una hora después.
El par de jóvenes apuró las actividades para asearse y prepararse para la fiesta de la editorial, siendo que al final de cuentas Harima había optado por un traje gris que no figuraba entre las sugerencias de ninguna de las dos chicas, mientras que la pelinegra lucía un hermoso vestido violeta satinado de escote en la espalda.
Cuando por fin estuvieron listos Harima se acercó a Mikoto para indicarle que ya se marchaban. Su rostro denotaba un poco de incertidumbre, y al notar que Eri había permanecido de esa manera todo ese tiempo vistiendo aún la yukata rosa, intentó dar un paso hacia ella y decirle algo, pero simplemente no sabía qué.
-Harima san, debemos apresurarnos- Indicó Yakumo desde el umbral de la puerta.
-Sí, ya voy Imouto san- Sin más remedio Harima se dio la vuelta y siguió a la pelinegra fuera del cuarto, cerrando con cuidado la puerta tras de sí.
Mikoto dio un suspiro y se levantó rumbo a la cocineta, volviendo unos momentos después con un par de tazas de té.
-¿Eso es todo? ¿Lo vas a dejar ir?- Cuestionó entregándole una de las tazas y sentándose a su lado.
-¿Y que se supone que deba hacer?-
-Para empezar no perder las esperanzas, él aún no te ha rechazado-
-Supongo que sería una cobarde si me doy por vencido antes de que me rechace… Pero me da tanto miedo-
-Lo dices como si fuera un hecho-
-Pero él y Yakumo…- Eri parecía estar a punto de soltar el llanto pero Suo la interrumpió.
-Yakumo se le declaró a Harima- E hizo una pausa antes de continuar, permitiéndole a su amiga asimilarlo un poco. -Ella ya lo ha hecho, y aún así nada parece haber cambiado entre ellos, es posible que Harima aún esté decidiendo si aceptarla o no. Yo creo que lo hará, pues no tiene otra elección, él cree que tú estás enamorada de alguien más, pues aunque lo besaste no has sido capaz de declararte, así que sería mejor si se fuera a lo seguro, aunque aún lo duda. ¿Y bien? Te lo pregunto una vez más ¿Piensas dejarlo así?-
-No, por supuesto que no- Respondió decidida tras un momento de silencio, entonces la rubia se incorporó tomando sus cosas y corrió a la puerta de la habitación. -Gracias Mikoto- Dijo antes de salir a toda prisa.
Sawachika bajó a la calle y tomó un taxi rumbo a la tienda de ropa más cercana pues necesitaba conseguir un vestido si es que quería llegar a la fiesta. En el camino llamó por teléfono a Nakamura y en menos de treinta minutos ya tenía uno de los exclusivos pases de entrada para la celebración de Dankosha. A veces pertenecer a una familia rica tenía sus beneficios.
Harima se sentía en verdad nervioso, había demasiada gente y el lugar parecía más lujoso de lo que imaginó, con cámaras y reporteros entrevistando a personas famosas ¿desde cuándo el manga tenía tanto glamur? Le recordaba mucho a esas cenas de gala que se podía ver por televisión y que tanto le aburrían, solo que ahora era él quien estaba metido en la farándula.
Estaba sentado en una de las mesas cercanas al estrado donde un grupo de artistas amenizaban la cena. Recordó su previo encuentro con su jefe de ediciones, quien le había explicado la sencilla mecánica a seguir: cuando fuera el momento de las premiaciones, el maestro de ceremonias le presentaría a él y a su obra, después los reflectores lo iluminarían y tendría que subir a recibir el reconocimiento y podría decir unas cuantas palabras de agradecimiento, incluso invitar a su ayudante, ósea Yakumo, al estrado y tras los aplausos retirarse para dar lugar al siguiente premiado. Sencillo y aún así sentía que los nervios lo traicionarían en cualquier momento.
Una gota de sudor resbaló por la frente del joven mangaka al ver al maestro de ceremonias tomar el micrófono. En la pantalla apareció una reseña de su obra "School Rumble" mientras el hombre hablaba, por un momento sintió que sería incapaz de pararse, pero entonces la delicada mano de Yakumo se posó en la suya y con una silenciosa mirada le dio ánimos. Fue el turno de los reflectores y Harima subió entre aplausos casi con andar robótico. No estuvo muy seguro de lo que ocurría hasta que dejó de escuchar las palmas y se encontró a sí mismo frente al micrófono con todo el mundo a la espera de sus palabras.
-Bien… antes que nada me gustaría agradecer a todos ustedes por estar aquí esta noche- Habló intentando recordar los discursos que había visto en la tv. -También quiero darle las gracias a todos por quienes ha sido posible que yo esté aquí, al presidente de la compañía y a mi jefe de edición por haberme dado la oportunidad. También a mi asistente sin quien todo mi trabajo hubiera sido un completo desastre- Harima señaló a Yakumo y las luces cayeron sobre ella.
De un momento a otro los poco interesados espectadores y reporteros posaron su vista en la bella joven de misteriosos ojos escarlatas. Ya desde que habían llegado más de un caballero se había prendado de la belleza de la chica, pero ahora subiendo hacia el escenario y bañada por las lámparas era imposible que no fuera el centro de atracción.
Cuando todos los invitados parecieron contener la respiración, Yakumo y Harima se quedaron paralizados, pues no estaban muy seguros de que hacer a continuación, pues se suponía que debían esperar hasta que el maestro de ceremonias les entregase el reconocimiento, pero incluso este estaba embelesado contemplando a Yakumo y esta pudo leer claramente los pensamientos que tenía hacia ella.
-Joven Harima, podría posar con su acompañante para una fotografía- Uno de los reporteros elevó su cámara más que nada con la intención de obtener una buena toma de aquella chica, no interesándole tanto el premiado. Lamentablemente media docena de fotógrafos y reporteros más tuvieron la misma idea y pronto la premiación se convirtió en una sesión de modelaje.
-¿Se inspiró en su asistente para la creación de su manga?-
-¿La eligió a ella como asistente por lo guapa que es?-
-¿Mantiene una relación con su asistente?-
-¿Hace cuanto que salen juntos?
-¿Es su novia alguna modelo además de ayudarlo a dibujar?-
Aquella ráfaga de preguntas se volvía cada vez más indiscreta y sofocante, Harima inmediatamente pensó que aquello de la fama definitivamente no era para él, por lo que ya un poco harto se apresuró a mandarlos todos mucho al diablo.
-¡Se equivocan! ¡Si esta chica es mi novia o no, no debería de importarles!- Harima alzó tanto la voz que por un momento pareció lograr apaciguar a aquellos buitres, sin embargo lo siguiente que supo fue que algo de gran velocidad le golpeó directo en la cara con una precisión impresionante.
Harima estaba bien dispuesto a ajusticiar a quien fuere que le hubiera arrojado eso, pero su expresión cambió completamente cuando todas las miradas se posaron en la responsable. Al fondo del salón, una tambaleante rubia en un despampanante vestido rojo se acercaba con una copa de champagne en la mano y la zapatilla que le quedaba en la otra.
Eri se acercó lentamente hasta el estrado, captando todas las miradas de los presentes que le abrían paso, no solo por su "heroica" llegada, sino porque nadie podía negar que se veía fabulosa en ese vestido, ni siquiera Harima, quien de inmediato bajó del escenario, en parte aliviado por librarse de aquellos paparazi.
-Ojou ¿Qué haces aquí? ¿Cómo pudiste entrar?-
-Soy una niña rica ¿recuerdas? ¡Yo puedo tener o hacer lo que yo quiera!- En cuanto Eri habló Harima sintió el olor a alcohol que emanaba de ella.
-¿De qué rayos hablas Ojou? Espera un momento ¿estás ebria?-
-¡Si loestoy! Me he bebido…- Eri intentó usar sus dedos para contar de manera más bien torpe, pero parecía no conseguir recordar. -¡Como media botella!- Declaró orgullosa, aunque Harima se preguntaba cómo era posible que alguien se embriagara con tan poco, y más aún como pudo atinarle con la zapatilla en su estado.
-Escucha Ojou, creo que deberías volver a descansar…-
-¡Claro que no! ¡He venido hasta acá porque tengo algo importante que decirte y no pienso irme hasta zanjar esto! ¡Incluso tuve que emborracharme para poder decir esto!- Le gritó golpeándole el pecho con su dedo.
-De… ¿De qué se trata?- Preguntó nervioso, pero en ese momento Sawachika fijó su vista en Yakumo quien también había bajado del estrado y que se mantenía a una distancia prudente, de hecho parecía no querer involucrarse demasiado en la discusión. Pero la rubia decidió echar toda la carne al asador.
-Veoque te llevas muy bien con Yákumo chan, no te culpo, ella es bella y muy talentosa, sabe cocinar y hacer las tareas domesticas. Es buena en los estudios y en los deportes. Ella es el ideal de la belleza japonesa ¡ja! ¡Justo como te gusta! Y lo más importante, tú le gustas, seguro que harán una bonita pareja…-
-¡Basta ya Ojou!- Harima sujetó con fuerza a Eri por los hombros y la obligó a verlo directo a los ojos, encontrándose con una mirada llena de dolor y rencor. -¿Por qué haces esto? ¿Por qué actúas como… como si estuvieras… celosa?- Harima titubeó un momento no estando muy seguro de que esa fuera la palabra adecuada para la situación, mas grande fue su sorpresa al escuchar, y sentir, la respuesta de la rubia.
-¡Porque lo estoy! ¡Idiota!- Eri acompañó esa declaración con una sonora bofetada que logró hacer que el chico la soltase. -¡Estoy celosa! ¡Celosa de que hayas venido con ella a Okinawa! ¡Celosa que pasen tanto tiempo juntos! ¡Celosa que confíes tanto en ella! Y estoy celosa de que ella pudiera declararte sus sentimientos cuando yo no he podido hacerlo- Eri no pudo contener más sus lágrimas y soltó el llanto antes de continuar. -Mirame, atravesé la mitad del país para seguirte, casi hago que nos maten, soborné a media editorial para entrar a esta fiesta, me embriagué y ofendí a Yakumo. Y aún así no soy capaz de decirte cuanto te quiero. Debo ser patética-
-¿De verdad… de verdad me quieres?- Cuestionó Harima sin poder creer lo sus oídos escuchaban. -Pero. Tú me dijiste que estabas enamorada de otro chico-
-¡Ese chico eres tú! Traté de decírtelo pero eres tan cabezota que no me entendiste. No existe otro hombre para mí… Pero parece que llegué demasiado tarde, tú ya tienes a Yakumo, espero que la puedas querer como ella se merece-
Dicho esto Eri se dio media vuelta y se apresuró hacia la salida, perdiéndose entre la multitud que estaba impresionada por lo que acababa de acontecer.
Cuando la vio marcharse Harima solo atinó a levantar su mano en la dirección en la que se había ido, pero no dijo nada ni la siguió, en cambio se giró hacia Yakumo, y con una silenciosa mirada le pidió que salieran de allí rumbo a los jardines, despedidos por los destellos de los flashes de las cámaras.
Sawachika mojó su rostro una vez más y suspiró un poco más calmada. Ella estaba en los baños del salón de fiestas, se había ocultado allí para no ver a nadie y darse tiempo de calmarse ¿Cuánto tiempo fue? ¿10, 20, 30 minutos o más? La verdad no importaba, por lo menos sabía que ya no estaba llorando así que podría salir un poco más tranquila sin que nadie viera sus lágrimas, ese era el poco orgullo que le quedaba.
Le parecía confuso, por un lado se sentía liberada de un gran peso al saber que por fin pudo declararse, pero por el otro su espíritu le decía que tal vez debía haber luchado más, decir más, pero al mismo tiempo su conciencia le decía que era mejor dejarlo así para no seguir haciéndose más daño.
Dejó atrás la puerta del baño y se escabulló hasta una salida de servicio para evitar la entrada principal y toda la multitud. Su peinado estaba desecho y se sentía bastante cansada, por suerte su anterior embriaguez ya había disminuido. Al salir llegó a un jardín que estaba continuo al edificio, no era tan lujoso como el suyo pero si un poco más grande, caminó un poco observando los árboles y se sentó en una banquita para escribir un mensaje a Mikoto pidiéndole que fuera por ella en un taxi. Dejó su teléfono y cerró un momento los ojos queriendo escuchar solo el viento sobre las hojas de los árboles y a lo lejos el sonido del mar.
Pero su momentánea tranquilidad fue interrumpida por unos pasos que se detuvieron cerca de ella. Por un momento pensó en ignorar a quien quiera que fuese, no tenía ganas de hablar con nadie, hasta que aquella persona le habló.
-Sawachika sempai- De inmediato reconoció la voz de Yakumo y no le quedó de otra que abrir los ojos. La rubia no estaba muy contenta al suponer que la chica estaría allí solo para restregarle su derrota.
-¿Qué se te ofrece Tsukamoto? ¿No debería estar con… - Pero sus palabras fueron cortadas cuando entre las penumbras pudo notar que corrían lagrimas por las mejillas de la chica frente a ella.
-Harima san… me rechazó…-
-¿Nani? ¿Pero por que hizo eso?- cuestionó sin dar crédito a sus palabras.
-Porque yo… no soy la chica que él quiere- Yakumo hizo una pausa para secar sus lágrimas y después sonrió levemente con resignación. -Harima san no está enojado con usted, y nunca fue su intención evitarla de esa manera, es solo que estaba confundido, hasta hace poco estaba convencido que usted no sentía nada por él. Después que mi hermana se marchara, no, mucho antes, Harima san creó un vinculo muy especial con usted, incluso más fuerte que conmigo. Por eso le agradezco que haya aclarado sus sentimientos, porque así Harima no sufrirá más, y él también podrá aclarar los suyos-
Cuando la morena concluyó Eri también permaneció en silencio, realmente no conseguía comprender todo lo que Yakumo le había dicho ni le interesaba entenderlo, solo sabía que ese cálido sentimiento volvía a alojarse en su pecho y la esperanza nacía de nuevo. Entonces entre el silencio alcanzó a escuchar lo que parecían ser acordes de guitarra, se incorporó casi automáticamente y trató de localizar la fuente de aquella melodía.
You are my sunshine, my only sunshine
Sawachika dirigió sus pasos casi de forma inconsciente, cada vez más rápido, con la emoción creciendo dentro de ella.
You make me happy when skies are gray
Tras unos arbustos encontró un solar, en el cual se presentaban algunas lámparas y bancas de metal, pudiendo en una de ellas reconocer la silueta del antes premiado mangaka. Se acercó despacio y se sentó cerca, más no estaba segura de que debía decir o hacer, aún así Harima no había volteado a mirarla, por lo que esperó a que dejase de tocar las cuerdas.
You'll never know dear, how much I love you
-Por alguna extraña razón esa canción me gusta más que antes- Sonrió el moreno al voltearse a ver a Eri.
Please don't take my sunshine away
-Hige… yo…- Sawachika quería decir algo, más aún no lograba elegir sus propias palabras cuando Harima la interrumpió.
-¿Sabes Ojou? Odio admitirlo pero tienes razón, el chico que te gusta es un completo insensato, imprudente y tonto ¿No logro entender cómo te pudiste enamorar de él?- Habló recordando las palabras exactas que le dijera la rubia. -Y por lo visto es aún peor en los temas del amor, por mucho tiempo intentó declararse a una chica, pero nunca se preocupó por lo que sucedería si ella u alguien más correspondía a sus sentimientos. Su vista era nublada por algo tan simple como unas gafas de sol… Hasta que una escandalosa princesa llegó a poner su vida de cabeza, y logró quitarle esa venda de los ojos y mostrarle que lo que él en verdad deseaba estaba justo frente a él-
Harima hizo una pausa y tomando a Eri por el mentón acortó la distancia entre ellos y le ofreció un beso en los labios. Sorprendida inicialmente la chica cedió y a lo poco correspondió. Ambos eran torpes, pero la deliciosa sensación casi eléctrica de aquel contacto hizo que ninguno deseara separarse, más la necesidad de tomar aire por fin se impuso.
-No soy alguien que dice "yo también te quiero" o cosas así, pero espero que con esto entiendas que quiero estar junto a ti-
-Pues creo que no me ha quedado del todo claro- Señaló Eri con tono pícaro. -Tal vez si lo repites…-
Una sonrisa se formó en el rostro de Harima y abrazó a aquella chica para regalarle un nuevo beso, deseando que este durase más que el anterior.
Cuando Mikoto llegó fue directo al jardín que Eri la había indicado en el mensaje, pero ahí se encontró con Yakumo que miraba de lejos la curiosa escena.
-Parece que esta historia por fin tocó a su fin- Dijo la peliazul deteniéndose al lado de Yakumo.
-Se equivoca Suo sempai- Corrigió la menor. -"Su" historia apenas ha comenzado-
¿FIN?
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Bien, se que quizá no sea el mejor final que hemos conocido ¿pero quien dijo que era el final? este fic ahora está completo, pero con un poco de suerte y tiempo esto dará lugar a muchos más delirios mios.
De cualquier forma espero hayan disfrutado leerlo tanto como yo al escribirlo. Gracias por eso.
Ya saben, comentarios, reclamos, tomatazos y amenazas de muerte son bien recibidos.
