- Yo mismo, soy un vampiro. Y mi nieta es como tu bebé.
Me sonrió en la oscuridad, completamente tranquilo, y refulgieron sus colmillos en las sombras.
Capítulo segundo
-¿Qué… qué puedo hacer? ¡No puedo tenerlo aquí! ¡No puedo volver a Chicago tampoco!
- Tranquila, tranquila. Puedes venir conmigo, en mi casa, podremos cuidarte, no falta mucho para que tu bebé salga, para que nazca.
Me estaba dando la única opción válida para mi pequeño, nacer en una casa de vampiros, con gente que sabría que hacer conmigo, con gente que ya lo había vivido.
- Pero… Aún soy humana… ¿No corro peligro? ¿No lo corre mi bebé?
- No, ya todos somos maduros, la sed no es un problema para nosotros.
- ¿Cuánto…- Susurré.- ¿Cuánto estaré embarazada?
- Alrededor de un mes.
- Supongo que no me queda otra alternativa que ir contigo, a pesar de cualquier peligro. Soy un bicho raro, tal vez un experimento de un sádico desgraciado, pero aun soy humana y no puedo encargarme sola de esto.
Suspiró sonoramente, asintiendo.
- Su nombre, dígamelo.
- Soy Carlisle Cullen.
- Madeleine Stevens. Supongo que… vas a encargarte de nosotros a partir de ahora.- Usar el plural me valió una sonrisa.
Sentí un patadita, más bien un fuerte puñetazo, una inesperada respuesta desde mi vientre, y por primera vez en dos días, toqué realmente a mi bebé. Sentí como crecía de a poco el gran bulto en mi barriga, frío y duro. Jadeé sorprendida y él sofocó una carcajada.
- Supongo que la vida quiere que avance de una maldita vez.
- ¿Te la has pasado de fiesta mucho tiempo?
- Creo que tengo un mes o más para contarte todo lo que quieras saber de mi vida, pero para salir de aquí no nos queda tanto.
Miró la puerta de la sala y suspiró otra vez.
- Mi auto nos supondrá un problema.
- No, no. Yo me encargo de eso, te iras en tu auto.
Salió disparado de allí antes de que pudiera preguntar otra cosa y al momento regresó con unos papeles que debía firmar. Me costó mover mis extremidades agarrotadas, pero debía moverme sola o corría peligro de que nos descubrieran. Ya en una parte alejada de la playa de estacionamiento me tomó en brazos, sin darle importancia a otro sonrojo de mi parte, y me subió al asiento de acompañante de mi auto. En un suspiro apareció una joven a su lado, cabello castaño largo, el rostro con forma de corazón, los ojos dorados y la piel blanca, dos aspectos que compartía con el doctor.
- Bella.- La nombró y uní su nombre con su imagen.- Llévala a casa.
- ¿Qué es lo que sucede con exactitud?- Preguntó sin intentar, aparentemente, que no me diera cuenta de que me observaba.
- Otro medio vampiro en camino.
Ella volteó hacia mi con admiración impregnada en la mirada, como si entendiera mi estado, como si supiera todo lo que yo estaba sintiendo. Se subió a mi lado, y al instante estábamos en la calle.
- No lo entiendo…- Suspiré y mi bebé se movió, despacio, como si supiera que me hacía daño.
- ¿Qué?- Contestó Bella.
- Son… Demasiado amables.
- Es su naturaleza… Bueno, de todos. No te preocupes, eres bien recibida en nuestra casa.
- No es eso. En realidad, nunca nadie tuvo atenciones para conmigo, al menos no en los últimos años.
- Te entiendo, a mi también me costó acostumbrarme a su desmedida generosidad. Es de familia, yo estoy casada con Edward, su hijo, y él es igual al respecto.
- No creo que tarde mucho en acostumbrarme. Me quedan al menos 20 días apara eso.
-¿Llevas tan poco de embarazo? Estas… pequeña.
- Creo que es común, llevo sin comer varios días, no va a crecer más mientras no coma.
- A mi me sorbió hasta los huesos a pesar de estar todo el tiempo comiendo.- Puso los ojos en blanco.
- Igual eso es mejor, no sé si me gustaría que absorbiese toda la porquería que tengo en el cuerpo.- Sentirme madre tan de repente no era común, pero allí estaba la sobreprotección.
- Te preocupas tanto por él.- Dijo enternecida.- Seguro que esta sintiéndote con toda claridad.
- Ojala que sí.- Aferré con fuerza mi estómago.
Con tanta charla no presté ojo ni al camino, ni a la velocidad, perola hermosa casa blanca en medio del bosque obtuvo mi atención mientras la rodeábamos para entrar al iluminado y poblado garaje. Quedé asombrada por la sencillez y la elegancia presente todo el tiempo en la casa y sus al rededores. Además de los lujosos autos, bestiales, veloces y costosísimos. Noté había un auto igual al mío, otro volvo plateado, exactamente igual, hasta el más mínimo detalle.
- ¿De quién es el volvo? Alguien aprecia los clásicos por aquí.
- Es de Edward.
No respondí a eso cuando lo vi, supe que él, el joven de cabello cobrizo esperándonos, con una niña de rizos largos en brazos, era Edward. Bajó a la pequeña, que corrió hacia Bella, y él, luego de besarla en bienvenida, vino a por mí. Otro más, que sin preguntarme, me tomó en brazos y me llevó hacia la siguiente estancia. Me depositó en un sofá blanco y al instante todos me rodearon, bueno, casi todos. Una de ellos, se quedó alejada de m, con gesto pensativo y los ojos en blanco.
- Hola…- Alcancé a decir antes de que me apabullaran.
De repente sentí una gran paz, pero comencé despacio, a alejarla de mi. No quería calmarme, quería la sana ansiedad del momento, luche contra la calma, hasta hacerla pedazos de un solo empujón.
- No te preocupes.- Dijo una mujer de rostro amable.- Aquí estas a salvo.
Su expresión maternal me confirmó el sentido de familia que le daban a su unión. Me quede observándolos. Uno por uno fueron presentándose, Emmett, un fortachón enorme, con una sonrisa ancha; Rosalie, claramente su "novia", por no intentar poner en el término todos los detalles morbosos que su expresión le agregaban al término (escuché a Edward reírse de repente y lo miré, pero seguí catalogando a su familia); Jasper, rubio, con incontables ondas en su piel, como medias lunas, y un gesto un tanto sorprendido; Esme, su rostro ancho y su cabello caramelo me enternecieron; Alice, que se había acercado y me miraba el vientre asombrada, fuera de si misma; Jacob, otro tipo grandote, su roce era tan calido como una estufa, sus rasgos eran claramente indígenas, por lo que supuse, vivía en la conocida reserva quileutte de la zona; Edward optó por presentarse él mismo y la pequeña, la hermosa Reneesmée, se arrojó con cuidado a mi lado y puso su manita caliente en mi mejilla, obsequiándome la hermosa imagen de una flor que había visto en el jardín.
- Cómo… puedo ver a su bebé…- Dijo Alice en un susurro apenas audible para mis oídos.
Todos se voltearon hacia ella, todos comprendieron inmediatamente de lo que estaba hablando, todos menos yo, claramente. Estaba atónita. Comenzó un torbellino como explicación, del cual no pude entender nada. ¿Qué sucedía con mi bebé? ¿Tenía algo malo? ¿Qué había visto que tanto la había alterado? Edward clavó sus ojos en mi durante un instante y luego se paró a su lado.
- Explícaselo, la estas poniendo loca.
Alice se detuvo, sus piró, aspiró una gran bocanada de aire y me miró fijo con sus ojos dorados. Me quedé pasmada, ¿tanto se notaba en mi rostro que me estaba poniendo ansiosa, tanto como para que él se diera cuenta?
Continuará…
