En algún momento entre tanto ensueño, me quedé dormida.
Capítulo cuarto
Lo siguiente que recuerdo es la sed, fue como si estuviese deshidratándome. Era un sueño supuse, caminaba por un sendero muy largo, me sentía impaciente, como si al final del camino fuese a encontrar todo por lo que había luchado y algo que prometía saciar el fuego en mi garganta. Cuando le presté atención a este me di cuenta que no me dejaba respirar, que era asfixiante, desperté de repente, ladeándome, vomitando en el piso con fuerza. Al oírme, Carlisle fue en mi ayuda, estaba tendida en un lecho dorado, los muebles estaban vacíos como si acabaran de realizar una mudanza. Mientras yo observaba la habitación, él me examinaba detenidamente, se puso serio y hablo claro para que le prestara atención.
- Querida, tu cuerpo a comenzado a rechazar la comida humana. Es el momento para que empieces a tomar sangre.
- Sangre…- Suspiré.- No es nada que no vaya a hacer luego. Sabes lo que es necesario hacer. No me preguntes, sólo hagámoslo.
Me miró, conociendo mi determinación de hacer lo necesario, sin que nada me importe demasiado para que mi pequeño llegué sano a este mundo. Desapareció durante unos instantes en los que me dediqué a mirar las paredes otra vez, una habitación preparada para dar una buena acústica. Las paredes forradas eran una prueba de ello. El ventanal se volvió hipnótico, no pude dejar de mirar al bosque oscuro, mientras el viento mecía las hojas, hasta que Carlisle volvió a mi lado con un vaso con tapa y pajilla. Me lo alargó y lo tomé. Tengo clara en la lengua y en el cuerpo la sensación del primer trago, como si la vitalidad volviese a gritar y correr por mis venas, que hasta en ese momento estaban secas, duras y vacías. Cuando me sentí del todo lista como para hablar, volteé la mirada hacia él.
- ¿Me quedaré aquí arriba o podré volver abajo?
- Como prefieras, por ahora creo que va a ser mejor que te quedes aquí. Pero en un par de horas podrías volver.
- Por cierto… ¿Dónde estoy exactamente?
- Es la anterior habitación de Edward, pero ahora es tuya y de tu bebé. Supongo que por ahora, y "por ahora" me refiero a las próximas décadas, preferirás quedarte aquí, con nosotros.
- Sí, claro. Muchas gracias.
- No es nada, querida. Sabes que no es nada para nosotros, es más, es un placer darte la bienvenida a nuestras existencias.
- Gracias… Ah y Carlisle, ya que tengo que quedarme aquí… Si no te molesta… ¿Podrías traerme algo que me distraiga?… Un libro quizás y música, por favor.
- Claro. No hay problema.
- Y… quizás un cuaderno y lápices… Tengo una imagen en mi mente que me gustaría dibujar.
- Seguro, por ahora termínate eso mientras te traigo algunas de las cosas.
Salió de la habitación y le pegué unos sorbos más, pero la impaciencia me dominó, como si no pudiera soportar la lentitud de la sangre subiendo por la pajilla. Le quité la tapa y comencé a dar grandes tragos, hasta que terminé el vaso, ahora quería más. Conociendo mi historial de adicciones, me pregunté si tendría algo, la olí pero no sentí nada raro, en ella. Con los minutos, las ansias se esfumaron, como un segundo de éxtasis, como el instante luego de la primera pitada de marihuana de tu vida, seguida de la caída, el debacle. Todo se pasó y sólo quedó la sensación de pesadez en mi estómago, la sensación del peso de mi bebé sobre mi espalda apoyada en la cama.
Entró, dejó las cosas que le había pedido y se llevó el vaso vacío para traerme más. Comencé a dibujar, recordé sus ojos con tanta claridad como la primera vez, sus labios el inferior más lleno, curvado un poco más abajo en el lado izquierdo, el superior con la mitad bien marcada, sus pómulos delicados, enmarcados por su cabello castaño oscuro, sus cejas finas, las pestañas largas, todo su rostro en el papel. Luego pasé a otro, dibujé el pasillo que vi en sueños, con cada sombra, cada pequeña pronunciación en las paredes o en el piso.
Sentí el roce de sus dedos y tomé el vaso que me alargaba. También vi sus dedos blancos sobre el papel, el dibujo del rostro de William y luego el suspiro de sorpresa. Levanté la vista del segundo dibujo por primera vez desde que había entrado a la habitación. Me llevé la pajilla a los labios otra vez, sentí el éxtasis de nuevo, pero esta vez supe amainarlo. Esperaba una explicación ante su reacción. Tenía los ojos fijos sobre mi William, movía los labios como si estuviera contando para sí, como si no le encontrara explicación a la imagen ante sus ojos.
Me desesperé en su silencio, me había tomado por sorpresa, primero no me salieron las palabras, luego, cuando al fin las pronuncié, sonaron fangosas, como si el nudo en mi garganta les impidiese salir.
- ¿Qué sucede Carlisle?
- Es… ¿Acaso es este tu querido William?- Preguntó con el mismo tono que yo.
- Sí, él es.
Y de repente una chispa estalló en mi interior, y sentí también la explosión dentro de él. Como el sonido del switch de la luz en el silencio de la noche. Desapareció de mi lado, como un rayo y sentí la puerta de su estudio, no sentí el ruido como una de sus actitudes normales, pero la había golpeado sonoramente contra el marco en su carrera. Terminé el vaso, para sentir la vitalidad de nuevo en cada parte de mi ser y me puse de pie.
Recorrí el pasillo y me paré en la puerta del estudio, sentí las miradas en mi nuca procedentes del piso inferior, en realidad clavadas en la puerta, atravesándome. Toqué la puerta y al no recibir respuesta, empujé la puerta, tenía que aprovechar mientras durara esa pasajera vitalidad. Me paré frente al escritorio, pero el no me dirigió la mirada mientras comparaba mi dibujo con lo que parecía un pequeño retrato a lápiz, muy antiguo y rasgado.
- ¿Qué sucede Carlisle? Por favor dime.
- Él… ¿Estás segura de que es William, tu William?
- Sí, Carlisle, ya te lo dije. Es lo poco que recuerdo de él, de la última vez que lo vi. ¿Qué ocurre con él? ¿Acaso lo conoces?
- No sólo eso… Madeleine… Hacía siglos que no veía este rostro pero no puedo confundirme… No con él.- Se detuvo y me crispó los nervios.
- ¿Qué sucede? Dímelo, por favor, no puedo soportar la intriga.
- Él… Él es… Mi hermano.
Continuará…
