- Prepararemos mi estudio como para el parto de Bella. Madeleine sube con Alice a cambiarte de ropa y que te vuelva a explicar como procederemos.
Capítulo octavo
Las escaleras a mi habitación se me tornaron eternas, la valentía se había esfumado y ahora sólo me abrumaba la consciencia del dolor ¿Sería tan doloroso como imaginaba? Había dejado en claro que por mi lista de adicciones prefería no utilizar ningún tipo de anestesia, pero… ¿Y si no podía soportar el dolor?¿Alice lo hubiese predicho cierto? Tendría suerte si se me partía la columna, así ya no sentiría más nada. Aunque eso no les daría tiempo suficiente a salvarme si no podía avisarles. Debía confiar en que todo sucedería como estaba planeado.
- Madeleine - Su voz cantarina me sacó de mi ensimismamiento.- levanta los brazos por favor.
- Sí.- me quedé pensativa mientras ella comenzaba a cambiarme.- Alice… ¿Tu crees que soportaré sin morfina?
- Si dudas no puedo ver nada, pero estoy segura de que todo estará bien. Estas con nosotros.
Cuando terminó de cambiarme, notó las lágrimas rodando por mis mejillas. No estaba triste, simplemente no podía controlarlas, fluían a su antojo.
- No, no te preocupes. Todo estará bien.
- No es eso… Es que estoy tan feliz. Mi hijo estará en buenas manos mientras dure mi transformación. Tendremos una familia maravillosa.
- Gracias por confiar así en nosotros.
- No tienes nada que agradecer. Yo tengo que agradecerles a ustedes. Soy una extraña que irrumpió en sus vidas de un día para el otro.- Sequé mis lágrimas y suspiré.- Bueno, a lo hecho pecho.
Comencé a caminar lentamente hacia la puerta y ella me siguió de cerca. El pasillo estaba vacío, o al menos eso era lo que yo veía con mis ojos humanos, Alice me ayudaba a esquivar obstáculos invisibles seguidos por ráfagas de viento. Me dirigí al estudio con las piernas temblando de pánico, pensando en el dolor y sólo en él. Aún dudaba sobre la anestesia, pero le temía a pesar de que después ya no podría depender de las drogas, ya no dependería ni del aire que en este momento ingresaba a mis pulmones, ni siquiera del sueño o del agua. Lo único sería mi bebé, la sangre quizás y protegerme de aquel que perseguía a Will.
Ya en el centro de la habitación me recosté en la camilla y respiré profundo como por doceava vez. Visualicé lo siguiente como algo que daría lugar a algo hermoso, y sólo mío. Marcaría el comienzo de la mejor etapa de mi existencia, había tenido que acostumbrarme a ese término ahora que "vida" no sería lo suficientemente correcto.
Un rostro nervioso me sacó de mis pensamientos.
- Quiero que te relajes.- Dijo Carlisle acercándose, con Edward detrás que sería su apoyo.
- Lo intentaré.
- En cuanto comience el procedimiento quiero que me informes de cada molestia que te surja. Si en algún momento no toleras más el dolor avísame de la forma que puedas. ¿De acuerdo?
Asentí, sintiendo el nudo en mi garganta y la pesadez en mi estómago. Esta última sensación fue convirtiéndose en dolor a medida que mi bebé comenzaba a abrirse paso desde dentro, desgarrándome. Intenté disipar el dolor, dispersarlo por mi cuerpo para poder tolerarlo, pero la sensación fría del bisturí comenzando su trabajo me distraía y no lograba nada.
El fría pasó a una sensación cálida desde la altura de la boca de mi estómago hasta el comienzo de mi cadera, la sentía escurrirse por mis costados y parte de mis piernas, era claro que era mi sangra, pero la sensación era como de salsa de tomate, así de espesa. Y el dolor se dobló en intensidad, reprimía los gritos, o al menos eso creía yo, cuando intenté respirar noté las burbujas en mi garganta, me estaba ahogando con mi propia sangre. Moví el brazo izquierdo, ya mis ojos se estaban volteando así que no podía casi ver, y toqué algo frío y suave. Dos segundos después alguien me hacía respiración boca a boca, tosí e hizo mi cabeza a un costado, para que pudiera escupir o tragar, ya ni recuerdo cual escogí. Y así me quedé para ya no volver a ahogarme, además de que si me movía medio milímetro comenzaría a peder el control sobre el dolor que intentaba ignorar.
Escuché un lejano "Terminé", un llanto y de repente un dolor en el corazón, una inyección supuse, y luego varios más en diferentes zonas de mi cuerpo. Ya había terminado, pero comenzaba a sentir como el fuego avanzaba por mis venas. Estaba llegando la peor parte.
Continuará…
