¿Qué vamos a hacer con tu ex?

Capítulo duodécimo

- Es una pregunta bastante impersonal. ¿Qué parte de la historia conoces?

- La misma que Carlisle. Y la verdad es que no me interesé por tu pasado hasta que me encontré con él. Sabes que no me importa mucho el cómo has llegado a ser el de hoy, pero en cuanto ella se metió conmigo, se volvió algo aún más personal.

- Te prometo que no va a acercarse a nosotros.

- No sólo nosotros tres corremos peligro, también la familia de Carlisle, recuerda que él me refugió y me ayudó a dar a luz a Charles.

Un silencio incómodo se formó entre nosotros, sabíamos que el otro escondía algo, pero yo sí iba a preguntar.

- ¿Cuál es su habilidad? – Pregunté sin rodeos.

- Ella no poseía ninguna, porque no era un vampiro cuando la conocí de eso estoy seguro.

- Todos los que están en la casa poseen una, obviamente la teoría es que es una habilidad que poseían cuando eran humanos y que se potenció con la transformación. Obviamente yo no los tengo, no tenía ninguna habilidad especial cuando era humana. ¿Cuál es la tuya?

- Puedo hacer que los otros me obedezcan.

- Lo usaste en mí cierto. En aquel callejón. – Reproché

- Sí, y lo siento, pero me sorprendí. Siendo usualmente tan obstinada, fue tan fácil doblegarte.

- Eso porque yo también lo quería.

Otro silencio, teníamos que volver al comienzo de la conversación. Él debía contarme la historia completa, para poder defendernos. Comenzó antes de que se lo pidiese.

- Su nombre era Ireth, la conocí, como debe haberte relatado Carlisle, en una feria ambulante y me escapé con ella. Viajamos por el mundo, enamorados como dos niños. Luego nació Miria, estaba enferma claro, y murió. Entonces ella se volvió algo extraña, ya no quería cumplir con su función en la feria, leía las palmas de las manos, ya sabes, el futuro. Hasta que un día pensé que era momento de volver a mis raíces, visitar a mi hermano y a mi padre. Llegamos de noche y ese fue nuestro "fin", en la entrada del pueblo, en el límite con el bosque, nos atacaron dos de ellos. Cuando quise enfrentarlos el más grande me noqueó y después de eso no recuerdo más nada hasta el fuego. Me refugié en el bosque, alimentándome de animales, hasta que asumí lo que era y supe que debía alejarme de las personas. Así he vivido durante siglos, hasta que conocí a tu padre en una callejuela de New York, salía de un concierto de punk rock, nos hicimos amigos al instante y así fue como te conocí luego a ti. Y en verdad siento mucho mi reacción de nuestro primer encuentro, pero tu sangre… El olor, me di cuenta que quería matarte allí, a una pequeña niña. Te odié por la tentación que resultaste ser, luego de tantos años de autocontrol. Me sorprendió y a la vez me enfureció. Quería saber qué tenías de especial para hechizar de esa forma mis sentidos, por eso esperé a q crecieras, y comencé a escribirte. Supongo que usar cartas en la época de los mensajes de texto y los mail te pareció anticuado, pero para mi sigue siendo lo más común. Me fascinaste. No podía evitarlo, el olor en las cartas y tu forma de tratarme, como el extraño que era para ti, me cautivó. Comencé a esforzarme más en cautivarte, pero tus respuestas no me daban ninguna pista y cada vez crecías más y tenías más sueños. Quise sustentarlos a todos, te di todo lo que querías, la mejor educación, la mejor casa, hasta tu trabajo, que creíste haber conseguido por tu cuenta, era obra de mis hilos. Cuando te encontré en el callejón, me di cuenta de que ya no eras la pequeña niña que recordaba, a pesar de tener imágenes actuales. Y no pude resistirme y aproveche el efecto de la droga.

- Ah, sí… La droga…-Dije, sin querer que se ahondara mucho en mi drogadicción.

- Sabía eso. ¿Tanta vigilancia sobre ti y no sabría donde gastabas tu sueldo? Tanta juerga y drogas no pasarían desapercibidas.

- Lo siento.

- No es nada querida, es mi culpa… En parte… Ahora, me explicarás por qué te negaste a ser mi esposa.

- Creo que fui lo bastante clara en la carta.

- Sí, pero quiero oírte decirlo.

- Quería oírte rogar, quería que sufras por mi amor, como yo había sufrido por el tuyo. Era una niña pretenciosa. Los últimos días me han servido para darme cuenta de eso. Lo siento. – Me abracé aún más a su cuerpo, que seguía unido al mío.

- No es nada querida. Convengamos que este anciano del que te enamoraste, tiene la paciencia de varios siglos encima.- Contestó riendo, mientras contestaba mi abrazo.- Ahora… Creo que hay cosas que ocuparnos, para las que necesitamos estar vestidos.

- Lo sé, pero una última cosa. ¿Qué tan en peligro crees que estemos?

Continuará…

Hola! Después de tanto, gomennee!! Gracias Isis por seguirme! Espero que todavía siga gustándote mi historia, modesta, modestísima!
Gracias a tods por todo!