Hielo y agua

Caminaba por las calles del primer distrito del Rukongai, tranquilamente, ya sin miedo.

Nada parecía haber cambiado en aquél lugar. Después de tanto tiempo…

De pronto, unos niños corrían escapando de un tendero, con una manzana en las manos.

Imágenes volvieron a su mente.

Ella corría, esquivando a la gente, intentando evadirse. Unas voces por detrás se acercaban peligrosamente. La niña se apretó un bulto contra sí y continuó callejeando. Se había memorizado el camino de vuelta, pero con los nervios ya no lo recordaba. Izquierda, derecha, izquierda, recto, callejón sin salida. Mierda.

Las voces se acercaban cada vez más. Ella se giró y vió las sombras que se agrandaban. No tardarían en encontrarla. Esta vez la matarían. Observó rápidamente a su alrededor. Unas tuberías viejas subían por las paredes. Se colocó el bulto en el pecho, y sin mirar atrás, cogió carrerilla. De un salto se agarró a una tubería. Pataleó para poder impulsarse con las piernas y agarrarse mejor, pero algo la cogió del tobillo.

-Maldita cría. ¡Ven aquí!- gritó el mercader.

-¡Suéltame!

-¡Baja ahora mismo!

-¡Ladrona! ¿Piensas que vas a escapar?- dijo su acompañante.

-¡Suéltame!- la niña pegó patadas y una le dio en la barbilla al hombre, que la soltó en acto reflejo. La tubería comenzó a ceder por el movimiento y el peso de la chica. Rápidamente, y con algo de esfuerzo, empezó a trepar por la pared, intentando no perder el equilibrio en aquella fina barra de metal. Se apoyó en el marco de una ventana y se agarró a las tejas.

-Niña del demonio. ¡Me las vas a pagar!- dijo el tendero, frotándose la dolorida barbilla. Cogió un palo grueso que yacía en el suelo y lo lanzó directo hacia ella. Chocó contra su espalda, haciéndole gritar y escurrirse de las tejas. La niña apretó los dientes e hizo un último esfuerzo para subir, pero no tenía fuerzas. Su estómago rugía y la espalda le dolía a horrores. Apoyó los pies en la pared e intentó subirse. Sus manos se escurrían de las tejas, tocó algo con el pie y se impulsó en él para subir de una vez.

Intentaba relajar la respiración. Se sentó en el tejado y observó al hombre que cogía de nuevo el palo de madera. Se levantó rápidamente, y comprobando que el bulto no se le había caído, comenzó de nuevo a correr, saltando de tejado en tejado. Las voces se escuchaban de nuevo, amenazándole de todas las formas posibles. Pero ella no escuchaba. Intentaba orientarse y decidir cuál era el mejor camino para escapar. Observó que más adelante, los tejados se acababan. Tras esto, una pequeña explanada y el río. Su mejor aliado. Aprender a nadar le había salvado muchas veces de sus atacantes. Sentía una gran adoración por el agua, además de que desde hace algunos años era capaz de controlarla, así que, ¿por qué no aprovecharla a su favor?

Saltó al último tejado y de éste al suelo. Siguió corriendo hasta llegar a la orilla del río. Sin dudarlo, se metió en el agua. Los hombres llegaron y uno de ellos cogió una piedra, el otro, al verlo, le sujetó el brazo.

-Espera, es sólo una niña.

-Me ha robado mi mercancía. Merece un castigo.

-Venga, hombre, no es para tanto. Déjala que se vaya. Ya la cogeremos la próxima vez.

-¿Y que me vuelva a robar? ¡No dejaré que se salga con la suya!

Su acompañante miró apenado y horrorizado el río, esperando que la niña no emergiera la cabeza. Pero desafortunadamente, lo hizo. La chica tomó aire y al instante volvió a sumergirse, sin darle tiempo al tendero de lanzar siquiera la piedra. El hombre gruñó y tiró la piedra al suelo, furioso. La pequeña llegó al fin a la orilla y se sentó en ella, comprobando que sus perseguidores se encontraban al otro lado.

-¡Que no te vuelva a ver por aquí! ¿Me has oído? ¡Si lo haces, te arrepentirás!-gritó el tendero. La chica frunció el ceño y observó cómo se marchaban. El río era muy profundo en esa parte, y al parecer, no todo el mundo sabía nadar.

Se metió la mano en la camiseta y sacó su trofeo. Una linda manzana roja. La observó con admiración y orgullo. Al fin, su estómago la dejaría en paz. Al menos, por unas horas.

-Eh, ¿de dónde has sacado eso?

La chica se giró y vio un grupo de chicos más grandes que ella, que la miraban de forma poco amigable. La niña clavó sus ojos ambarinos en el que parecía el líder, cuya sonrisa le recordaba al de una serpiente.

-¿Quieres jugar, pequeña?- le dijo.

La joven no contestó. Frunció el ceño y se guardó su manzana, poniéndose en pie.

-Venga, si me das tu manzana, te enseñaré una cosa muy chula.

-Déjame en paz.- dijo ella. Tenía un nudo en la garganta y había intentado que no le temblara la voz.

El joven rió ante aquella respuesta.

-¿Eso es todo lo que vas a decirme, mocosa?

-¿Por qué no jugamos un rato con ella?

-Será divertido.

Los chicos se acercaron peligrosamente a la niña, que no podía retroceder, puesto que el río estaba a sus espaldas. Estaban a punto de rodearla completamente cuando alguien habló por detrás.

-Eh, dejadla en paz.

Todos se rodearon y vieron a un niño poco más grande que ella. Tenía el pelo blanco y unos destacados ojos turquesa. Los demás no pudieron contener la risa tras el estado de asombro.

-¿Qué has dicho, enano?

Un ligero tic salió de la ceja del pequeño, mostrando su enfado.

-¿Cómo me has llamado?

-Enano.

-Tú lo has querido.

El líder se abalanzó sobre el pequeño peliblanco, que corrió hacia él, dispuesto a propinarle un buen puñetazo. El niño cayó hacia atrás, con la nariz sangrando.

-¿Eso es todo lo que sabes hacer…enano?- le dijo el líder. El chico lo miró con odio y desprecio. De pronto, un chorro de agua tumbó al joven y lo lanzó a varios metros. El peliblanco miró incrédulo a la chica, que tenía la respiración agitada, con varios rasguños y una mano en alto. El agua del río estaba algo agitada y los compañeros del líder estaban tirados en el suelo, a varios metros de la chica.

-¿Cómo has hecho eso?-le preguntó el peliblanco. La chica no pudo responder. Tras una pequeña sonrisa, se desplomó en el suelo, aún sujetándose su manzana en el pecho.

Abrió los ojos y todo estaba borroso. Unas voces jóvenes llegaron a sus oídos, aunque no pudo distinguir ninguna. Volvió a cerrar los ojos. Cuando los abrió de nuevo, una cara arrugada apareció enfrente. La chica se incorporó inmediatamente.

-¿Cómo te encuentras, pequeña?- dijo la anciana.

-Yo…esto…bien…-contestó, con la cabeza gacha.

-Me alegro.-cogió un paño que tenía al lado y lo metió en un cuenco con agua, que estaba algo teñida de rojo.

-¿Dónde estoy?

-En mi casa, joven.

-¿Y dónde está su casa?

-Cerca de donde te desmayaste, genio.- dijo una voz. La chica alzó la mirada y observó al peliblanco que aparecía en la estancia.

-¡Tú eres aquél chico! ¿Por qué me ayudaste?

-Pff… porque quise y punto.

-Toushiro, no seas tan frío. Lo hiciste porque te pareció injusto.- intervino la anciana. El niño gruñó. Se oyó una voz juvenil que anunciaba su llegada en la casa.

-¡Ya estoy aquí!-dijo una chica de dos pequeñas coletitas y con cara amigable. Todo lo contrario al joven peliblanco.

-Momo, qué poco has tardado.- sonrió la anciana.- ¿Lo has traído?

-Sí. Toma, Shiro. Te he comprado una sandía.

-Ya te he dicho que no me llames así.-respondió, en un tono borde.

El chico volvió a gruñir y le dedicó un "gracias" entre dientes, tras esto salió de la habitación y se sentó en el pequeño porche a comer la sandía. Momo sonrió y se giró hacia la chica.

-¿Ya te has despertado?-le dijo gentilmente.- Estabas herida y parecías muy agotada. Mi nombre es Momo Hinamori. ¿Cómo te llamas?

-…Tsuki Niwa. Pero yo…-se tocó el pecho, y al notar que no llevaba nada se alarmó.- ¿Dónde está…?

-¿Tu manzana?-terminó la anciana.- Toushiro la envolvió en un papel para que no se estropease. Está en esa mesita.

La chica se levantó de un salto y cogió el objeto señalado. Lo desenvolvió con impaciencia y observó la fruta. Perfectamente limpia, tal y como la había dejado. Enseguida se percato del dolor que sentía su cuerpo. Se agachó del dolor y Momo fue a ayudarla.

-No te esfuerces demasiado. Descansa un poco. Aún no te has recuperado.

La niña la miró incrédula. ¿Por qué esa gente se preocupaba tanto por ella?

Se incorporó enseguida y sujetó su manzana.

-Siento mucho las molestias y les agradezco todo lo que han hecho por mí, pero… yo… no puedo pagarles.

-¿Pero qué cosas dices?-preguntó Hinamori. Tsuki la miró sorprendida.- ¡No vamos a cobrarte!

-Entonces… ¿por qué me habéis ayudado?

Hitsugaya miró de reojo a la chica mientras masticaba. Él estaba de espaldas, pero se encontraba junto a la puerta y podía oír perfectamente la conversación.

-Toushiro te ayudó con esos abusones.- dijo la anciana.- Pero parece que pudiste con ellos tú solita. Momo y yo curamos tus heridas porque no te íbamos a dejar tirada. El chico te trajo a casa y nosotras cuidamos de ti. No necesitamos un motivo ni conocerte para hacer eso. Pereces buena persona.

Sin su permiso, los ojos de Tsuki se empañaron. Quiso decir algo, pero de su boca no salió ni el más mínimo sonido. Jamás nadie le había tendido una mano para ayudarla, sólo para pegarle, ni se había preocupado por ella, sólo para saber dónde se encontraba y poder darle una buena bofetada o algo peor.

-Gracias…-dijo al fin, con un ridículo hilo de voz.

-Pequeña, considera esta tu casa.

Tsuki se secó las lágrimas que amenazaban con salir.

-Yo… no quiero ser una molestia.- ¿Pero… qué narices? ¡Claro que deseaba quedarse!

De nuevo el dolor regresó a su espalda, haciéndole caer de rodillas.

-No te muevas o se te abrirán las heridas.-dijo la anciana. Momo le levantó la camiseta y observó las vendas que le había puesto horas atrás. Estaban manchadas de sangre.

-Pero, ¿quién querría hacerte esto?-preguntó ella.

Tsuki no contestó. Se apresuró a bajarse la camiseta. No quería que supiesen que era una pobre ladrona. Aunque lo más probable era que ya se lo imaginaran. Seguro que por eso la habían ayudado. Por pena. Ellos no estaban en mejores condiciones. Pero sí tenían una casa. Y comida. No quería que nadie se ocupara de ella por pena.

-Yo… he de irme. Lo siento.- se disculpó.

-¿Eh? ¿Irte? ¿A dónde?-preguntó Hinamori.

-¡Gracias por todo!-se despidió, saliendo de la habitación con prisa.

-¡Espera!-dijo Momo. Pero ella no se detuvo.

-¡Gracias, Shiro!- Hitsugaya la miró con un leve tic en la ceja.

-¡Que no me llaméis así!- se quejó. Pudo observar, durante una leve fracción de segundo, que ella sonreía y sus lágrimas habían salido sin querer.

*

Había comenzado a llover y ya sólo le quedaba el hueso de la manzana. No podía apurarlo más. Se apoyó en el tronco del árbol en el que se refugiaba, para luego soltar un leve quejido al rozar su herida con la dura corteza. Abrazó sus piernas y apoyó la barbilla en las rodillas, mirando desconfiada de un lado a otro. Los ojos comenzaban a pesarles. Ese sitio no era seguro para dormir, pero el sueño le vencía. Poco a poco, fue relajando el cuerpo hasta caer dormida.

Apenas habían pasado unos minutos desde que se dejó vencer por los brazos de Morfeo, cuando sintió la presencia de alguien cerca. Abrió despacio los ojos para encontrarse con la sonrisa de una serpiente.

*

Caminaba por la explanada en la que años atrás había conocido a una chica de pelo corto y violeta y ojos ambarinos. Le resultaba tan familiar… ¿Era posible… que fuera ella?

No paraba de llover. Hacía ya una hora que ella se había marchado. La abuela estaba preocupada y Momo no paraba de mirar por la ventana, como esperando a que volviera. A Toushiro no le importaba demasiado. Si no quería quedarse, a lo mejor es porque no le gustaba ¿no?

-Sabes que no es por eso.- dijo la anciana. Esa mujer parecía siempre saber en qué pensaba.- Parece orgullosa y sabe que no tenemos comida para los cuatro. Es una buena chica. Espero que le vaya bien.

Momo seguía mirando la ventana. A pesar de las palabras de la abuela, no podía dejar de preocuparse. Esa herida en la espalda… si se esforzara demasiado lo pasaría realmente mal…

El peliblanco observó a la abuela limpiar el paño con el que le había curado las heridas. Vio correr la sangre y pintar el agua. Frunció el ceño. De pronto, salió corriendo.

-¡Shiro!- gritó Momo.- ¿A dónde vas?

El chico no contestó. Salió a toda prisa de la casa. Callejeó hasta llegar a la orilla del río. Esperó encontrarla allí. Qué estupidez. Miró a un lado y a otro. Pero todo estaba desierto. Decidió volver, se estaba empapando y cogería un resfriado. De pronto, oyó unas voces. Se giró y vio a un grupo de jóvenes bajo un árbol golpeando a alguien. Agudizó la vista y observó el pelo violeta de una niña. La sangre se le heló y, furioso, se dirigió hacia ellos.

-¿Qué te pasa? Ya no eres tan valiente.- dijo el líder. La chica sangraba por un labio y le costaba trabajo respirar.- ¿Y tu manzana? ¿Ya te la has comido?

-¿Y no la has compartido con nosotros?

-Te enseñaremos a que hay que compartir las cosas.

El agua comenzó a arremolinarse alrededor de la chica, haciendo que el joven la soltara, asustado.

-¿Qué es esto?

El agua le golpeó y lo arrastró varios metros. Todos se alejaron de la niña que los miraba desafiante.

-Tú… eres uno de esos raritos con poderes, ¿no?- dijo él. Se incorporó y la señaló con el dedo.- Tú… no eres más que una pobre ladrona. Jamás llegarás a ser una shinigami. No eres nadie.

Dicho esto, se dirigió hacia Tsuki, aún con un poco de miedo por si le volvía a atacar.

-Ni te acerques a ella.

Todos se giraron y vieron de nuevo al chico de pelo blanco y mirada fría. El joven líder sonrió y soltó una carcajada.

-Otra vez tú, enano. ¿Qué eres, su guardaespaldas?

Los demás chicos rieron mientras Toushiro fruncía el ceño. Todos notaron de pronto cómo la temperatura comenzó a bajar. Tsuki aprovechó la distracción para salir corriendo y colocarse al lado de Hitsugaya.

-Gracias, otra vez.- le dijo, en un susurro. El chico asintió y el líder los miró con odio.

Tsuki comenzó a juntar agua del río, creando una masa considerable. Toushiro, por su parte, había bajado la temperatura y la nieve empezó a caer, desplazando a la lluvia. Los jóvenes los miraban con miedo. El líder estaba indeciso, al ver el poder que presentaban los niños. Tsuki lanzó agua hacia el grupo, mientras que Hitsugaya la convertía en trozos de hielo. Los chicos, viéndose golpeados y sin poder hacer nada contra el hielo y el agua, decidieron huir.

-¡Os acordaréis de esto, enanos!- gritó el líder, mientras se perdía entre las casas.

-Vaya…no sabía que podía usar tanto poder.- comentó Tsuki.

-Ni yo tampoco.- Contestó Hitsugaya, mirándose las manos.

-¿Por qué estás aquí?- preguntó ella. Toushiro no contestó de inmediato.

-No deberías de haber salido con esta lluvia.- se dispuso a marcharse cuando una voz conocida lo detuvo.

-¡Shiro! ¡Tsuki!-dijo Momo, yendo hacia ellos.

-¿Cuántas veces te tengo que decir que no me llames así?

-Parece que ha parado de llover. – Dijo, ignorando el comentario de Hitsugaya.- Chicos, ¿por qué no venís a casa? Estáis empapados.

-Yo…

-Venga, aunque sea sólo para secarte.- dijo Toushiro, en un tono gruñón.

*

Apenas pasaron unos meses, cuando un día, Tsuki desapareció, sin avisar. Toushiro la buscó desesperadamente, pero nunca llegó a encontrarla. Tras eso, Toushiro se volvió más frío y menos hablador. A veces miraba por la ventana, sobre todo los días de lluvia, pero sólo conseguía quedarse dormido. La abuela y Momo se preocuparon del estado en el que se encontraba. Se irritaba con más facilidad y más que nunca deseaba estar solo.

Cuando había perdido toda esperanza, un día tocaron a la puerta. Toushiro abrió y se quedó estático. Ante él había una persona de su estatura que sostenía a duras penas una gran sandía. El chico miraba con la boca abierta mientras ladeaba la cabeza para poder ver al portador de la sandía.

-Toushiro, ¿quién es?- preguntó la anciana. El peliblanco no contestó. Cogió la sandía de las manos de su portador y la colocaba en el suelo. Al volver sus ojos a la persona no pudo despegarlos de ella.

-Espero que te guste.- Dijo Tsuki. La niña lo miraba sonriente. Toushiro aún no salía de su asombro. Inmediatamente, hizo algo que sólo ella pudo ver. El chico se acercó a ella y la abrazó. Tsuki se sorprendió ante aquél gesto. Eso no era propio de él. -¿Te encuentras bien?

-¡Idiota!- le dijo, sin deshacer el abrazo. Tsuki sonrió mientras le correspondía.

-Toushiro, ¿quién…? ¡Oh!- dijo la abuela, sorprendida de ver al peliblanco abrazando a Tsuki. Inmediatamente, Hitsugaya se separó de ella.- ¡Pequeña! ¿Dónde has estado?

Momo se acercó a la puerta.

-¡Tsuki! ¿Dónde estabas? Te hemos buscado por todas partes. ¡Estábamos preocupadísimos por ti! Sobre todo Shiro. No se ha despegado de la ventana desde que te fuiste.

Al momento, un tono rojizo apareció en las mejillas de Toushiro, que les dio la espalda.

-No exageres, sólo estuve una vez. Además, me daba lo mismo si volvía o no.

Hinamori sonrió.

-Venga, sabes que eso no es verdad. Por cierto, ¿por qué te marchaste, Tsuki?

-Yo…quería recompensaros por todo lo que habéis hecho por mí. Y a Toushiro por haberme salvado dos veces.- dijo la chica.- Así que me puse a trabajar.

-¿A trabajar? ¿En qué?

-Pues… como había un hombre que transportaba su mercancía a este distrito, me ofrecí a ayudarle.

-¿Y qué te daba a cambio?

-Todos los días me daba una manzana. Y me prometió la sandía más grande que consiguiera. Así que no dudé en aceptarlo.

-¡Caray! ¿Hiciste eso todo este tiempo sólo para traerle una sandía a Shiro?- dijo Momo. Tsuki asintió, sonriendo.

-Pues por lo menos podías haber avisado. Nos has tenido muy preocupados estos meses por una tontería.- dijo Hitsugaya. Se metió en la casa, sin decir nada más, pero se quedó junto a la puerta, escuchando.

-Shiro…- dijo Momo.- No te preocupes, no lo dice en serio.

-Tiene razón.- respondió Tsuki.- Tenía que haberos avisado, pero cuando acepté el trabajo no me dejaba volver. Lo siento.

La chica agachó la cabeza.

-Venga, no te lo tomes a mal. Has trabajado duro y has obtenido tu recompensa.

-Sí… he pensado, que como tengo un trabajo y puedo traeros algo de comida, aunque no sea mucho, no necesito quedarme aquí. Es decir… que no seré una carga para nadie. Me sentiré más útil si estoy fuera.

Momo entristeció la mirada.

-Entonces, ¿te vas otra vez?

-Tsuki, hagas lo que hagas, tienes mi apoyo.- dijo la anciana.

-¡Y el mío!- dijo Hinamori. Miró hacia la casa.- Y seguro que el de Shiro también.

El chico frunció el ceño mientras se mordía el labio. Ella se volvería a ir y se sentiría vacío y solo. ¿Pero, por qué tenía que ser tan endemoniadamente orgulloso?

-Bueno, he de irme.- anunció la niña. Abrazó a Momo y a la anciana y miró hacia la puerta. El peliblanco no volvería a salir.- Adiós, Toushiro.

-¡Que te vaya bien, Tsuki!- dijo Momo. La chica decía adiós con la mano mientras se alejaba de la casa.

Estaba ya cerca de la casa del mercader, cuando alguien se le acercó corriendo por detrás. Ella se giró y observó unos ojos turquesa que la miraban indecisos. El chico trató de calmar su respiración, cogió aire y empezó a hablar.

-Yo… quisieraquetequedaras... perosiquierestrabajarpormínohayproblema...

Tsuki rió por lo bajo. Realmente no se había enterado de nada. Pero entendió qué quería decirle.

-Yo también te echaré de menos.

Toushiro curvó levemente sus labios para formar una modesta sonrisa.

-Espero que te guste la sandía. – dijo ella, sonriendo. Se giró y corrió en dirección a la casa del mercader.

-Claro que me gustará… idiota.-contestó él, en apenas un susurro, ampliando su sonrisa.

*

Toushiro divisó el árbol donde se encontró con Tsuki por segunda vez. Se sorprendió al ver que había alguien sentado en su sombra. Se acercó y vio una chica de pelo largo y violeta. ¿Cómo había sido capaz de olvidar siquiera su nombre?

La primera vez que la vio… cuando el comandante la asignó para sustituir a Matsumoto. Y después en la cueva, no le dio demasiada importancia, pero ese control sobre el agua… qué idiota había sido. La había tenido delante y ni se acordó de ella.

-Niwa,- la llamó. La chica se giró y observó al niño que en el pasado la salvó dos veces. Había cambiado ¿Y si no era él? Había pasado tanto tiempo… quizás no la recordaba, por eso no lo había mencionado.- quería preguntarte si tú…- ¿O quizás sí?- de pequeña…-¿trabajaba para un mercader? ¡Oh, sí, sí!

-¡Shiro!- aquella maldita interrupción. Pero, ¿quién diablos…?- Oh, lo siento, pensé que estabas solo.

-¿Qué quieres Hinamori?

Aquellas palabras le martilleaban en la cabeza. ¿Hinamori?

-¿Hinamori…?- pensó ella en voz alta. La aludida se giró hacia ella.

-Perdón, ¿te conozco?

-¿Momo… Hinamori?- esperó no haber metido la pata.

-Sí.

La chica sonrió al conocer la respuesta.

-No puede ser. Momo… ¿no me recuerdas? Soy Tsuki, la niña de la manzana.

Al instante, Hinamori se llevó una mano a la boca, sorprendida.

-¿Tsuki? ¿Eres tú de verdad? ¡Oh, no me lo puedo creer! ¡Shiro, es ella!

Dando saltitos, Momo se abalanzó hacia ella y la abrazó, ignorando el tic del joven capitán.

-¡Tsuki! ¡Esto es genial! ¡Eres tú!- dijo Hinamori.- ¿Por qué no lo celebramos? ¡Los tres juntos!

-No has cambiado nada, Momo.- dijo la chica, riendo.

-Nada de fiestas, Hinamori, nos tenemos que ir a una misión.- dijo Hitsugaya, en un tono serio.

-¡De acuerdo! ¡Pues cuando volváis!- su alegría era tal, que apenas podía pensar siquiera lo que decía.

-¡Prometido!- dijo Tsuki. Las dos chicas miraron al peliblanco esperando su respuesta.

-Sí, sí. Pero primero es el trabajo. Vamos, Niwa, tenemos que irnos.

-Yo también tengo una misión.- dijo Hinamori.- Intentaré no tardar para que nos vayamos los tres. ¡Suerte, chicos!

*

-Así que no me recordabas.- dijo Tsuki, caminando junto a su capitán hacia el portal.

-Tú a mí tampoco.- se defendió Hitsugaya.

-Yo ya tenía mis sospechas… estaba a punto de decírtelo.

-¿Cuándo? ¿Antes o después que yo?- se burló. La chica miró orgullosa hacia otro lado, levantando la cabeza. Sonreía. Estaba feliz. Otra vez.


NA:

Bueno, hasta aquí el cuarto cap n.n

Me hubiese gustado ser más dura con Tsuki, pero no me va eso de meter violaciones...¬¬

Bah... las odio!!!

Mmmm muy tierno T- chan n.n

Puse a los niños con habilidades muy desarrolladas, pero realmente es que las tienen, sólo las entrenan en la escuela XD

Más acción en el siguiente cap. sorry... este no tocaba. n.n'

Nos leemos!!