Disclaimer: Mahou Shoujo Lyrical Nanoha y sus personajes no forman parte de mi propiedad. Así que no me denunciéis a mí por escribir, sino al fandom por consumir, ea XP (aunque legalmente la culpable en realidad sería yo...U Er... No he dicho nada xDD).
EYES ON ME
Pista IV: I will know that you are no dreamer
-¡Vas ir a cantar como cada noche, holgazana!
-¡No, por favor!
Precia Testarossa escupía veneno con cada palabra que le dirigía a su hija. Mientras la agarraba de un brazo, tiraba de ella hacia su cuarto, donde pretendía que se pusiera la ropa para salir. Le había arrancado el pijama que había usado todo el día después de precipitarla al suelo sin miramientos.
En un intento desesperado por evitar llevar a cabo las exigencias de su madre, Fate clavó las uñas en la mesita de café dispuesta en el centro del comedor. Después cerró la mano con fuerza en torno a una de sus patas. Al escuchar el chirriar del cristal sobre el suelo cuando la mesita comenzó a ser arrastrada, Precia se detuvo. Se giró para mirar directamente a la chica, se arrodilló frente a ella y agarró el otro brazo de la rubia.
-¿¡Es que no me has oído!?
-¡Te lo estoy pidiendo por favor!
La mujer frunció el ceño más, si cabía. Profundizó el agarre en ambos brazos y su hija dio un pequeño respingo al sentir las largas y duras uñas clavándose en su piel. Precia pareció no percatarse, absorta en sus propios pensamientos.
-¿¡Pero no te das cuenta de que necesitamos el dinero!? –bramó, furiosa, mientras zarandeaba sin cuidado alguno el cuerpo que tenía debajo- ¿¡No es suficiente con que te lo diga tu madre!?
Los ojos borgoñas se cerraron con fuerza unos instantes para contener las lágrimas que luchaban por hacer acto de presencia. Cuando volvió a mirar a su madre, la joven sólo pudo hablar en un hilo de voz.
-Yo… No puedo, por favor…
Sabía que las súplicas no iban a funcionar. No obstante, ¿qué podía hacer? ¿Decirle que se había enamorado estúpidamente de alguien y que ahora no podía subir al escenario porque eso significaría tener que verla allí, de pie, observándola con fijeza?
De nada serviría tratar de explicarle que su hija era una estúpida que se había hecho ilusiones a la más mínima oportunidad.
De nada serviría tratar de hacerle entender que había querido morirse al conocer al novio de la que era algo más que su única amiga.
-¿¡Por qué no puedes!? ¡Tienes la voz perfectamente! ¡No estás enferma! ¿¡Te estás riendo de mí!?
-¡No! –contestó la rubia cuando por fin cesó el zarandeo- Pero… no puedo, de verdad, no puedo…
-¿¡Te estás riendo de mí!? –repitió Precia, con la rabia en aumento- ¿¡Piensas que puedes quedar por encima!? ¿¡Intentas insultarme!?
-¡No puedo!
Nunca antes le había alzado la voz a su madre.
-¡¡¡Maldita sea, Fate!!!
Mientras gritaba su nombre por primera vez en años, la mujer empujó a la rubia hacia atrás con frenesí.
En lo que le parecieron largos segundos, Fate ahogó una exclamación mientras apretaba los ojos con fuerza. Había caído con tal fortuna que su cogote encontró de forma directa el pico de la mesita de cristal.
Respiró de forma entrecortada unos instantes a causa del dolor, pero en cuanto se supo capaz se obligó a sí misma a respirar profundamente.
Cuando abrió los ojos de nuevo, se encontraba sola en la habitación.
Se puso en pie dificultosamente. Notó algo caliente cayendo por su nuca; probablemente se trataba de un hilo de sangre. Así que se dirigió al cuarto de baño, en busca de algo con lo que curarse la herida.
El teléfono comenzó a sonar y, de repente, se percató de que todos sus esfuerzos por no llorar habían sido en vano.
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Nanoha esperó pacientemente a que una voz robótica le confirmara por segunda vez consecutiva que el propietario del teléfono no atendía a la llamada. Colgó el auricular con frustración y suspiró. Hacía tres días que no sabía nada de Fate, y no habría por qué preocuparse de no ser porque trabajaban en el mismo local. Había preguntado por ella en el Galbadia, pero ni siquiera el dueño sabía el motivo de su desaparición.
Cuando estaba a punto de finalizar la cuarta jornada de trabajo sin saber nada de la cantante, un compañero le comunicó que al parecer Precia Testarossa había llamado al dueño para disculparse. Por lo visto, su hija había pescado algún tipo de enfermedad de la que se había terminado contagiando ella misma. Probablemente un catarro, cualquier cosa sin mucha importancia, añadió el chico al presenciar la cara de preocupación de la castaña.
Después de realizar las llamadas, llegó a la conclusión de que la supuesta enfermedad no era más que una excusa. No tenía sentido que no atendieran a las llamadas telefónicas. A no ser que hubieran enfermado con algo tan grave que no pudieran levantarse de la cama, o que se encontraran ingresadas en el hospital, y Nanoha prefería no pensar en esa posibilidad.
Volvió a sentarse en el sofá junto a Yuuno, quien utilizó el mando a distancia del reproductor de DVD para reanudar el visionado de la película. Pasados unos segundos, miró de reojo a la chica, que parecía ausente.
Volvió a pulsar la pausa.
-¿Ha pasado algo? –inquirió con suavidad.
Ella dio un respingo antes de dirigir su mirada hacia él.
-…¿Te lo puedo contar? –el chico arqueó las cejas al escuchar la pregunta- Qué tontería, siempre termino contándote incluso lo que no debería…
-¿En serio? ¿Y qué no deberías? –quiso saber. Supuso que se refería a las conversaciones íntimas con Hayate, de las cuales de todos modos terminaría enterándose por ésta última. No le molestaba, pero creyó divertido tomarle el pelo a su novia.
Nanoha sonrió de manera forzada.
-Ah, no, nada… Eh…
-Disimulas muy mal –no pudo más que sonreír-. A ver, dime.
-Bueno, ¿sabes Fate? ¿Mi amiga? ¿Esa rubia que…?
-Sí, mujer, sí. La cantante.
La chica asintió con la cabeza.
-Hace varios días que no sé de ella. Ahora llamaba a su casa, aunque no debería porque su madre no le permite tener llamadas…
-¿En serio?
-Ehm, sí, es como una especie de ogro –explicó a modo de inciso-. En el trabajo dicen que está enferma y por eso no viene. No contesta al teléfono. ¿Podría estar en el hospital? En verdad, no lo creo –habló atropellándose-, pero…
-¿No termina de cuadrarte? –Nanoha asintió de nuevo- ¿Quieres que vayamos a buscarla?
Meditó durante unos segundos lo que el chico le proponía. En realidad, había pensado en ir a su casa en diversas ocasiones, pero no sabía si era conveniente. Tal vez su amiga se ganaría una buena reprimenda por su culpa.
En el fondo, sentía que ella había provocado esa situación. Después de la incómoda escena de la última noche en que la había visto, había tenido miedo de que algo así ocurriera.
-Da igual –musitó Nanoha, con el rostro ensombrecido-. Tal vez sea mejor darle algo más de tiempo.
El rubio se sorprendió cuando ella cogió el mando de sus manos y pulsó el botón play.
Yuuno llevaba varios días dándole vueltas a una idea, aunque en el fondo no quería tomarla en serio. Y, al mismo tiempo, no podía evitar sentir la necesidad de ayudar en algo en lo que él podía salir perjudicado.
Mientras volvía a mirar a su novia de reojo, se le hizo imposible evitar pensar en el hervidero de sentimientos que se hallaban dentro de sí.
Esa noche, llamó a Nanoha después del trabajo para decirle que no había ninguna Fate Testarossa en los hospitales de la ciudad. Se había encargado de llamar a todos ellos en cuanto había llegado a casa. La castaña se lo agradeció profundamente con un atisbo de angustia en el pecho. Suspiró mientras colgaba el auricular y meditaba unos instantes delante del teléfono.
La voz de su madre la sacó de sus pensamientos.
-¿Malas noticias, cariño?
-No –negó con la cabeza mientras se giraba para mirarla a la cara-; de hecho, son buenas… -la mujer la observó como intentando descifrar la expresión de su rostro. Nanoha buscó la forma más rápida de huir- Si me necesitáis, estaré en el sótano durante un rato.
Subió las escaleras hacia su cuarto, notando la mirada de su madre detrás de ella. Se hizo con un carrete de fotos gastado que guardaba en el primer cajón de su escritorio y se encaminó hacia el sótano. Allí tenía su pequeño santuario, un cuarto oscuro donde solía revelar las fotografías que hacía con su preciada cámara.
En esa ocasión se había hecho con un carrete al azar. Tan sólo esperaba que no se tratara de uno de los muchos que contenían fotografías de Fate. Si se paraba a pensarlo, realmente había tomado una enorme cantidad de imágenes de su amiga en relación a las veces que habían salido juntas.
Frunció el ceño al observar el contenido del carrete a contraluz. Distinguía claramente la silueta de la rubia en su visita al jardín botánico. Estaba segura de que habían salido unas fotos preciosas, pero consideraba que no se trataba del momento adecuado para comprobarlo. Pese a ello, se obligó a sí misma a continuar con la tarea.
El día de la visita al jardín botánico Fate vestía con un sencillo vestido blanco hasta las rodillas, que acentuaba su rostro angelical y su llamativo color de ojos. Podía recordar vagamente la cantidad de chicos que la miraban de reojo cuando pasaban por su lado. A los que se habían girado a mirarla con total descaro, los recordaba con claridad. Aunque la cantante se consideraba a sí misma poca cosa, alguien que pasa desapercibido en cualquier lugar, Nanoha había comprobado que en realidad llamaba bastante la atención de la gente. Se había dicho a sí misma que era por el color de ojos, tan provocador y poco corriente.
Ese día, la castaña había descubierto que su amiga sentía pavor hacia las cucarachas al encontrarse con una más bien pequeñita junto a un ficus exótico. A consecuencia, se había abrazado a ella con tanta fuerza que Nanoha creyó que lo que se alzaba ante ellas era un terrible monstruo… Hasta que dirigió la vista al suelo y casi tuvo que aguantarse la risa por lo ridículo de la situación.
Mientras movía de un lado a otro el tanque que contenía el líquido revelador –así como la primera fotografía–, y tratando de no descontarse de los treinta segundos, sonrió al recordar lo que le había costado que Fate posara con las plantas a su espalda después del susto. Y la cantidad de fotos que había tenido que repetir porque la modelo aparecía con cara de susto, o porque en el momento menos apropiado decía "No puedo", y se giraba para mirar a su espalda. Para comprobar que ningún peligroso monstruo de menos de cinco centímetros de altura fuera a comérsela mientras estaba desprevenida.
-Tranquila, si veo unas enormes fauces abrirse tras de ti, te avisaré –había bromeado Nanoha-. Y si estoy demasiado asustada para avisarte, probablemente podrás verlo en mi cara.
Era el tipo de sarcasmo que se le había pegado de Hayate.
La rubia no había contestado; de hecho, había observado a su amiga con algo de preocupación, tal vez preguntándose si estaría hablando en serio. Y ese era uno de los tantos detalles que habían llevado a pensar a Nanoha que su acompañante nunca había tenido amigas. Que no estaba muy acostumbrada al trato con otras personas. Eso explicaría a grandes rasgos el porqué de su personalidad, crédula e introvertida.
Le temblaron las manos mientras tendía la primera fotografía para que se secara. Le venían a la mente todo tipo de recuerdos con Fate. El verano estaba a punto de llegar a su fin, y ella lo había basado en conocer a la rubia. Prácticamente había volcado toda su atención sobre ella. Habían estrechado sus lazos de tal manera que cada vez que se encontraba con su amiga se sentía… excesivamente cómoda. Tremendamente a gusto. Creía que podía hablar con ella sobre cualquier cosa que pasara por su cabeza.
Y aunque se esforzaba por no rememorar aquel momento, su conciencia estaba siendo traicionera. Insistía en hacerle volver al atardecer en el que sabía perfectamente que había estado a punto de hacer algo de lo que podría haberse arrepentido más tarde.
Podía ver con claridad ante ella a Fate con el cabello suelto y más despeinado que de costumbre, de pie frente a la puerta de su casa. Creía haber cogido frío y tal vez algo de fiebre en el parque de atracciones. Era evidente que le costaba parpadear, y tenía las mejillas sonrosadas. Nanoha se disculpó por haberla llevado allí, ya que su madre probablemente la reprendería; en ese estado, le sería imposible actuar en el Galbadia. La rubia le sonrió con esfuerzo y le dijo que no se preocupara, que no se encontraba tan mal. Nanoha le había puesto la mano en la mejilla y la había notado muy caliente. Para comprobar si tenía fiebre, posó los labios sobre su frente y se mantuvo en esa posición varios segundos.
Después se había alejado escasos centímetros de ella, los suficientes para verse reflejada en los febriles ojos borgoñas.
Le había retirado un mechón rubio de la cara para colocárselo detrás de la oreja.
Y se había sentido peligrosamente cerca de ella.
Y cuando, por primera vez en meses, sentía que se dirigía a un lugar en concreto, al final había sentido miedo. Miedo de encontrarse bien, de estropear algo que la hacía sentir a gusto, de quedarse donde estaba en lugar de avanzar y conseguir algo que podía hacerla feliz, miedo de hacer daño a personas que apreciaba… En definitiva, miedo de todo. De nada. De sí misma, especialmente.
Dio un paso atrás, y sintió que retrocedía en diversos aspectos. Acarició con suavidad la mejilla de Fate y reunió la fuerza suficiente para sonreírle. Le pidió que se cuidara mucho y se despidió de ella. Después puso rumbo a su casa, al lugar que le correspondía, con una arraigada sensación de desasosiego.
Se había prohibido a sí misma describir con palabras lo que había estado a punto de ocurrir aquel día, pero su conciencia estaba aprovechando la falta de defensa para conquistar sus pensamientos.
Si tenía que ser sincera, había estado a punto de besar a Fate.
Trató de alejar esos pensamientos de su cabeza, pero, ¿cómo? Si en ese mismo momento tenía en el líquido revelador otra de las tantas fotografías que había hecho de su amiga en el jardín botánico.
Y si alguna noche reaparecía en el Galbadia, se verían a diario. Incluso aunque no la mirara, su voz se grabaría a fuego en su cerebro.
-I don't mind not knowing what I'm headed for (No me importa no saber hacia dónde voy) –comenzó a cantar muy bajito-. You can take me to the skies… (Puedes llevarme a los cielos…)
Automáticamente, se crearía una imagen de Fate en su mente. Del mismo modo en que al pensar en ella había comenzado a cantar una de sus canciones.
No podía dejarla de lado, hacer como si nada hubiera pasado. Porque por mucho que se preguntara el motivo de la desaparición de la cantante, por mucho que le preocupara que pudiera haber ingresado en un hospital, o que estuviera enferma en su cama… Algo le decía que la culpable de que se hubiera dado esa situación en realidad no era otra que ella misma.
- It's like being lost in heaven (Es como estar perdida en el paraíso) –continuó, con la voz apagada. Esa canción le traía un amargo recuerdo.
Y tal vez, ese algo era la cara que puso Fate al verla con Yuuno fuera del local. Su expresión cuando el chico mencionó que eran pareja.
Nanoha se mordió el labio inferior con fuerza. Estaba pretendiendo ser más inocente de lo que en realidad era, tan sólo por ahorrarse sufrimiento. ¿A qué precio? ¿Valía la pena perder a Fate por sufrir un poco menos?
Sacudió la cabeza. Las cosas eran más complejas. Había terceras personas implicadas. Y debía admitir que ella quería ser cobarde, escoger la solución más rápida y fácil: no pensar, no permitir que pensamientos y sentimientos que se encontraban en lo más profundo salieran a la superficie.
Trató de sonreír mientras continuaba cantando a la vez que sacaba la lámina fotográfica del líquido revelador.
Su sonrisa se convirtió en una mueca. Se había pasado de los treinta segundos, y ahora sostenía con las pinzas una fotografía subexpuesta, excesivamente oscura. Se trataba de la única en la que aparecían las dos amigas juntas.
-...When I'm lost in your eyes (Cuando estoy perdida en tus ojos).
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Notitas varias: Soy una lenta, lo sé y lo siento u_u· . Tuve un problema con este capítulo bastante... serio XD . Hice un capítulo larguísimo pero quedaba suelto, es decir, parecía que le faltara un nudo a la historia y no terminaba de tener sentido. Mi beta (lerda!beta is lerda) me aconsejó que escribiera otro capítulo anterior al que ya tenía escrito, que aprovechara algo de lo que había hecho, pero que necesitaba narrar más acción entre el capítulo tres y lo que inicialmente era el capítulo cuatro.
Y ha resultado en esto, que me parece de lo más soso y aburrido. Y sí, siempre me estoy quejando de lo que escribo, pero entre que de por sí no me gusta y que soy una quisquillosa perfeccionista... XD
Si la escenita del principio entre Fate y Precia os ha parecido de telenovela, el siguiente capítulo será peor ^^U· . Es absolutamente OHTEHDRAMA. Pero viene con una Fate enfadada sobre el escenario, si os sirve de algo~~~
Gracias por leer a pesar del tiempo que tardo en actualizar T_T· . Me sabe mal especialmente porque dudo mucho que os acordéis de la historia... XD (Lo cual es posible que me quite lectores, así que me perjudico a mí misma x_x·) Llevo desde anteayer intentando subir este capítulo, pero por algún motivo extraño no ha funcionado hasta hoy. Me daba error continuamente, primero al logear y después al subir el archivo del capítulo.
En fin, hasta aquí. El próximo capítulo ya está escrito, así que no tardaré mucho en subirlo X3 . Mejor será que empiece a escribir el siguiente UXD . Y ya puedo ver el final no tan a lo lejos... La verdad es que tengo ganas de terminar para poner en marcha un fic algo más oscuro que tengo en mente desde hace varios meses :P . Pero no quiero llevarlos a la vez porque me veo tardando el doble con cada actualización.
De nuevo, muchas gracias =D .
~Tifa
