Los personajes de Bleach no me pertenecen, solo a Tite Kubo-sama.
Siento el retraso, pero me había sido imposible continuarla. Gracias a los que la siguen y la leen.
Sin más dilación, el esperado capítulo.
Heridas abiertas
Apoyado en el marco de la puerta, Toushiro la contemplaba absorto en sus pensamientos. Su mente no paraba de proyectar la misma imagen una y otra vez.
Ella lo apartaba y recibía el golpe, ella lo apartaba y recibía el golpe, ella lo apartaba y…
Y él seguía igual de estático. No se movía, no reaccionaba.
-Imbécil.- se dijo a sí mismo.
-No sea tan duro consigo mismo, capitán.
Toushiro se giró y ante él apareció Matsumoto, sonriente.
-¿Qué haces aquí? ¿No se suponía que deberías de estar en la cama?
-No sea tan frío, capitán. He oído que ha vuelto de la misión y que estaba en la enfermería, así que he venido a verle. Aunque, es su compañera la que ha salido herida, y no usted.
Hitsugaya bajó la vista y su mirada se tornó triste.
-Fue culpa mía. No debí dejar que… ¿Matsumoto?
La subcapitana de la décima se había adentrado en la habitación y se acercaba a la cama donde reposaba Tsuki.
-Matsumoto, déjala descansar.
-Acérquese, capitán. Está despierta.
Toushiro observó a la chica en la cama, y decidió ir a verla más de cerca. Tsuki se incorporó y miró a Rangiku un poco sorprendida. Observó a su alrededor y vio un chico de pelo blanco acercársele y mirarla con… ¿Culpa? ¿Arrepentimiento? ¿Pena?
-¡Tsuki! ¿Estás bien?- preguntó Matsumoto.
-¿Os conocéis?- dijo el joven, mientras se acercaba.
-¡Sí, capitán! La invité el otro día a una ronda de sake.
-Cosa que yo no acepté.- Tsuki se llevó una mano a la cabeza. -¿Estoy en la enfermería?
-Sí.- respondió Toushiro.- No te esfuerces y descansa, Niwa.
-Estoy bien, no se preocupe. – Se quedó pensativa-¿Qué… qué ocurrió después de que nos atacara el arrancar?
-Pues…- Toushiro hizo memoria, y al instante, sus ojos se abrieron y un pequeño tono rojizo apareció en sus mejillas.- Nada… importante.
-Oh…
-Tsuki… ¿Por qué lo hiciste?
-¿Eh?- intervino Matsumoto- La ha llamado por su nombre. Vaya, capitán…
Toushiro le dirigió una mirada furtiva a la mujer. Niwa entristeció la mirada y varias imágenes se apoderaron de su mente.
Una joven, desangrándose y muriendo en sus brazos.
-Fue… un acto reflejo. – Respondió ella.- Lo hice sin pensar.
-Como casi todo lo que haces. – se oyó una voz por detrás. Los tres shinigamis se giraron y observaron al comandante junto a la puerta.
-¡Capitán Yamamoto!- dijeron al unísono.
El comandante se acercó a la cama y ambos de la décima se apartaron para dejarle paso.
-Una de mis oficiales herida en una simple misión de inspección. – La joven agachó la cabeza- ¿Qué ocurrió exactamente?
-Nos atacó un arrancar, señor. Se llamaba Hone Tetsu. Parece que conocía a aquél hombre que vimos en la cueva.- respondió Tsuki.
-¿Os dijo su nombre?- preguntó el comandante.
-Sí, señor. Same Kazuo. Dijo… que yo también lo conocía, pero, no recuerdo bien…
-Lo importante es que habéis regresado vivos y con algo de información.- dijo Yamamoto.- Buscaré en los registros, quizás encuentre a algún shinigami con ese nombre. ¿Algo más?
-Mmm… la luz desapareció de la cueva, y no sentimos ningún reiatsu excepto el del arrancar.
-Bien. ¡Ah! Una cosa más.- añadió el capitán general.- Raion ha hablado.
Toushiro y Tsuki se sorprendieron de la noticia.
-¿Y qué ha dicho, señor?- preguntó Hitsugaya.
-Ha dicho que lo último que recuerda antes de desmayarse, fue un agudo pitido.
-¡No puede ser!- dijo Niwa.
-¿Qué ocurre?
-El arrancar al que nos enfrentamos, su zampakutô emitió un agudo pitido al activar su poder.- contestó el joven peliblanco.
-¿Es posible que se haya encontrado con él?
-Más bien…- dijo Tsuki.-Verá, señor, el poder de su zampakutô era la hipnosis, quizás por eso no recuerde nada. Yo también fui hipnotizada y lo único que recuerdo es haber entrado en una especie de trance.
El comandante se mantuvo en silencio durante un momento.
-Aún no podemos concretar nada.-dijo finalmente, caminando hacia la puerta. –Descansa y recupérate, Niwa. Quizás te necesite pronto para una nueva misión.
Tsuki lo miró sorprendida.
-Sí, señor.-respondió, con un leve temblor en la voz. Al fin… la había reconocido. Toushiro mostró una leve sonrisa. Ella era, de nuevo, feliz.
Cuando Yamamoto se marchó, la joven suspiró, tranquila.
-Ya te dije que te tenía aprecio.-dijo Hitsugaya.- Solo te tenías que ganar su confianza de nuevo.
-¡Oye!- dijo de pronto Matsumoto.- ¿Por qué no lo celebramos?
-Ya estamos otra vez con las celebraciones…- murmuró el peliblanco, poniendo mala cara.
-Esto no es algo que ocurre todos los días.-sentenció Matsumoto- ¿Y qué más hay que festejar?
-Hinamori quería celebrar que nos hemos reencontrado con Tsuki.-el capitán continuó con la explicación, al ver que Matsumoto no entendía ni una palabra de lo que decía.- Niwa era una amiga que conocimos en el Rukongai y que por ciertas razones dejamos de vernos…
-¡Vaya, capitán, nunca me dijo que tenía una novia! Y más desde tan pequeño…
Un ligero tic apareció en la ceja de Toushiro, mientras Tsuki se reía.
-¡Que no es mi novia!
-Venga, no lo intente esconder, capitán.- insistió ella, con una gran sonrisa.
-Pero… pero… ¡Bah! No puedo contigo.- concluyó él, marchándose de la estancia. Matsumoto se giró hacia la joven de pelo violeta.
-Bien Tsuki, en cuanto te recuperes, haremos una gran fiesta.
-Te lo agradezco, Ranyiku, pero el capitán Hitsugaya no parece de humor para fiestas.
-Oh, no te preocupes, el nunca está de humor.-contestó con toda naturalidad. Tsuki sonrió, para después mostrar una mueca de dolor.- Pero prométeme que descansarás para entonces. Seguro que si Hinamori quería hacer una fiesta, el capitán Hitsugaya irá también.
-¿Por qué?
-Bueno, ellos dos se llevan bien. Y se criaron juntos en el Rukongai, contigo, ¿no?
-Esto… yo no estuve demasiado tiempo con ellos.
-No importa, aún así, estoy segura de que acabará por aparecer en la fiesta.- Matsumoto parecía realmente entusiasmada por la idea, así que la joven terminó accediendo con una sonrisa en los labios. Adoraba aquella forma despreocupada y alegre de la teniente, siempre intentando ayudar a los demás… a su manera.
Salió a tomar el aire y a dar un paseo. No se torturaría toda su vida por haber cometido un error y haber dejado que su compañera resultara herida. Ahora que sabía que se encontraba bien, era el momento de pasar página. Jamás se habría sentido tan mal por otra persona, pero entonces, ¿por qué sí por ella?
Recordó por un momento su beso. Recordó el tacto de sus labios, de su sabor, su sensación… quiso sentir todo eso de nuevo, con ella.
Sacudió en seguida la cabeza. ¿En qué demonios estaba pensando? Era una amiga perdida de su infancia y su compañera, nada más. Pero la había besado, y ella no parecía acordarse… quizás era mejor así, sin cambios ni quebraderos de cabeza. Él también se olvidaría de todo y punto.
Pero es que fue tan dulce…
Sacudió la cabeza de nuevo, avergonzado.
-¡Espabila, joder!- se dijo.
-¡Capitán Hitsugaya!- dijo un shinigami. El chico lo miró y reconoció que pertenecía a su escuadrón.- Le he dejado los informes en su escritorio, me han pedido que los rellene cuanto antes.
Toushiro suspiró y, tras asentir, se dirigió a su oficina para comenzar con el trabajo.
Al día siguiente, Tsuki se despertó sobresaltada en la camilla.
-¿Tsuki, ya te has despertado?- una voz la sacaba poco a poco del sueño.- ¿Estás bien?
La chica miró a su alrededor y observó que seguía en la enfermería. No contestó en seguida, intentando tranquilizarse y calmando su respiración. Unohana se encontraba a su lado, con cara de preocupación.
-Unohana… yo…
-Tranquila, sólo ha sido una pesadilla. Pero, chica…- la mujer se sentó a su lado y acarició una mejilla con su mano, quitándole el agua salada que había resbalado de sus ojos.- ¿Estabas llorando? ¿Qué soñabas?
-Ayaka…
-¿Otra vez? Cielo, debes de tratar de olvidarlo.
-Lo intento, pero ese maldito recuerdo me persigue… Unohana, creo que no seré capaz de perdonármelo nunca…
La capitana frunció el ceño y se levantó, dándole a continuación un fuerte golpe en la cabeza.
-¡AU! Pero, ¡¿por qué me has golpeado? – dijo la chica, tocándose la zona herida.
Unohana no contestó, simplemente le dedicó una sonrisa. Tsuki la miró incrédula, sabía que ella lo hacía por su bien…
-De acuerdo, espabilaré. Si he sido capaz de recuperar la confianza del comandante Yamamoto, sin duda podré superar mi error.
-Muy bien, pues ya puedes empezar.
-¿Eh?
-No sé por qué aún sigues aquí: tus heridas ya han sanado.
Tsuki se miró el costado y vio que no tenía ni una sola cicatriz. Inmediatamente, saltó de la camilla mientras miraba a su doctora con una sonrisa.
-Gracias, Unohana, eres increíble.
La mujer sonrió y observó a la chica ir hacia una mesita, en donde se encontraba su zampakutô.
-Hola, pequeña, ya estoy de vuelta.- le dijo. La desenfundó y vio que estaba perfecta. La espada le reflejó su rostro, a modo de saludo. Sonrió.
-Tengo entendido que Matsumoto va a hacer una fiesta para ti esta noche. Será mejor que te prepares, ¿no?
-Sí, estaba muy ilusionada, así que no faltaré. Estoy contenta de haber recuperado a mis amigos.
-Me alegro por ti, Tsuki. Anda, venga. O sino llegarás tarde.
La joven asintió y se marchó de la habitación, dejando sola a la capitana con una dulce sonrisa en los labios.
-¿La has visto, Ayaka? Es feliz de nuevo…- dijo, mirando por la ventana hacia el cielo.
La joven pelivioleta corría hacia su habitación, esquivando a sus compañeros por los pasillos del primer escuadrón. De pronto, paró en seco. Se percató de que no tenía ningún vestido que ponerse. Apoyó un hombro en la pared y se quedó allí, en mitad del pasillo, pensativa. Una voz familiar y joven sonó a sus espaldas.
-¿Tsuki?- la chica se rodeó y observó a Hinamori que la miraba sonriente.- ¡Ya has salido de la enfermaría! ¿Cómo te encuentras? No había podido ir a verte.
-¡Hinamori! No pasa nada, estoy estupendamente. ¿Qué haces aquí?
-He venido a entregarle mi informe de una misión al Comandante Yamamoto.-respondió.- ¿Vendrás a la fiesta?
-Sí. Ahora iba a mi habitación a cambiarme, pero me acabo de acordar de que no tengo nada que ponerme…
Su amiga agachó la cabeza, colocándose un dedo índice en la barbilla, pensativa. Al instante, alzó la cabeza, mostrando una sonrisa.
-¡No te preocupes! Yo tengo un vestido que seguro que te quedará muy bien.
-¿En serio? Gracias, Hina.
-No hay de qué. Ven a mi cuarto, te prepararé yo misma.
Hinamori cogió a Tsuki de la mano y se la llevó corriendo. Al principio, Tsuki se sorprendió por este cambio de actitud en su amiga. Ella era siempre una chica tímida y algo insegura, pero realmente se veía diferente. Sonrió. Había madurado, pero seguía siendo la misma Momo de siempre. Se notaba que estaba emocionada por la fiesta y por su reencuentro. Sí, ella también parecía muy feliz.
Llegaron a la habitación de la chica, alegres. La felicidad de Momo era extrañamente contagiosa. Tsuki observó su alrededor: era una habitación sencilla, que conectaba con las otras salas de la casa.
-En seguida de traigo el vestido.- sentenció Hinamori. Niwa asintió con la cabeza. Supuso que sería uno de esos kimonos que llevaban las jóvenes doncellas en las fiestas. Ella nunca había tenido uno, básicamente, porque nunca lo había necesitado. Al momento, Momo volvió de su cuarto, con la prenda en las manos. Tsuki la observó con la boca abierta. Sus ojos se abrieron enormemente.
-No esperarás a que me ponga eso, ¿o sí?
Hinamori la miró sin comprender.
-¿Qué pasa? ¿No te gusta?
-¿Que si me gusta?- Tsuki se acercó al vestido para tocar su tela y admirarlo mejor.- ¡Es precioso! ¡Me encanta!
Su amiga sonrió aliviada.
-Pues, venga, pruébatelo.
-Pero… es demasiado para mí.
-No digas tonterías, tu talla es la misma que la mía… o eso creo. Por probar no va a pasa nada. – replicó, entregándole el vestido a Tsuki.
La chica suspiró, sin objetar nada más. Ya quedaba menos para la fiesta y no debía de entretenerse. Hinamori esperó a que se desvistiera y le ayudó a ponérselo. Le quedaba perfecto.
-¡Estás increíble, Tsuki!
-Pero… ¿se puede saber de dónde lo has sacado? Nunca había visto nada igual…
-Hace un tiempo, Rangiku y yo tuvimos que ir al mundo humano y… bueno, ella de paso va de tiendas. El caso es que en la escuela de Kurosaki hicieron una fiesta y nos invitaron.
-¿Kurosaki?
-Es un amigo que nos salvó de…- de pronto, su mirada se entristeció.- Del caos en la Sociedad de Almas… y…
-Hinamori, ¿estás bien?
-Sí, sí, no pasa nada. Es solo que… -la chica cerró fuertemente los ojos, esperando que se le pasara aquella profunda sensación de tristeza que comenzaba a envolverla. De pronto, sintió la mano de su amiga en el hombro. Abrió los ojos y vio el rostro de Tsuki, que la miraba con preocupación. Respiró hondo y sonrió.- El capitán Aizen, es decir, mi ex-capitán, traicionó a la Sociedad de Almas, y ese chico, Kurosaki, salvó a Kuchiki y evitó que el capitán Aizen nos matara a todos… al menos, eso es lo que me dijeron, yo estaba inconsciente. Mi propio capitán casi me parte en dos.
-Aizen… ¿era tu capitán?
-Así es. Realmente no sé cómo no pude darme cuenta. Era todo tan… perfecto. Quiero decir, nunca mostró ningún signo de querer hacer daño a nadie. –Dibujó rápidamente una sonrisa en su cara.- Pero no pasa nada, estoy bien, y todos estamos bien. Y… ¿por qué he acabado contándote todo esto?
-Me estabas hablando de cómo conseguiste el vestido y…
-¡Ah! Claro, claro. Pues eso, Rangiku me arrastró por todas las tiendas de la ciudad contra mi voluntad. Yo sólo fui al mundo humano para cumplir mi misión… pero ella es así, si ve una fiesta, acabará metiéndose en ella… y borracha.- suspiró con resignación. Tsuki dejó escapar una risita para tratar de aliviar la tensión de hace un momento.- Nunca pensé que me compraría un vestido así… pero es genial, ¿verdad?
Tsuki se miró a sí misma, dio un par de vueltas, como si bailara, y asintió enérgicamente con la cabeza. Era un vestido negro sencillo, ajustado al cuerpo, le llegaba por las rodillas, donde se soltaba y se mecía al ritmo de sus pasos.
-Hinamori… nunca te había visto así.- se calló un momento y trató de buscar las palabras adecuadas para que no sonara mal.- Quiero decir… siempre habías sido una chica tímida.
La aludida la miró sorprendida. Un tono rosado apareció en sus mejillas.
-¿Tu crees? Es que… Me siento inmensamente feliz de volverte a ver. Hacía mucho que no me sentía así. Gracias, Tsuki.
-¿Por qué?
-Por aparecer, por volver de nuevo a nosotros.- fue hacia ella y la abrazó. Tsuki le correspondió confundida al principio, pero enseguida sonrió sinceramente.
-Yo también me alegro de haberos encontrado. Espero que no volvamos a separarnos nunca más.
-Yo tampoco.
Estuvieron así un momento más, hasta que Tsuki se dio cuenta de que se estaban entreteniendo demasiado.
-Hinamori… llegamos tarde.
-¿¡Ehh! ¡Es cierto! Date prisa y dúchate. Yo tengo que buscar mi ropa.
-Pero… ¿qué vas a ponerte tú si yo tengo tu vestido?
-Verás… Rangiku me regaló otro para mi cumpleaños, así que no pasa nada.- añadió, sonriente.
Tsuki no preguntó nada más y se metió en la ducha, saliendo del baño ya vestida. Vio a Hinamori meterse cuando observó su vestido. Era algo más elegante que el suyo, menos escotado y de un azul eléctrico precioso.
-Oye, Hina…
-¿Si?
-Rangiku me dijo que Hitsugaya nunca estaba de humor para fiestas…
Hinamori rió desde la ducha.
-Sí, eso es verdad.
-Pero me dijo que si tú ibas, él iría…
Hubo un momento de silencio.
-¿En serio dijo eso? Bueno, quizás hoy venga porque estás tú. ¿Por qué lo dices?
-Oh, por nada.
Ninguna de las dos dijo nada más. Tsuki peinó su cabello y se lo dejó suelto. Momo salió al instante del baño, se puso el vestido y se arregló el pelo. Al momento, llamaron a la puerta. Hinamori fue a abrir, sonriente.
-¡Subcapitán Abarai! ¡Subcapitán Kira! ¿Qué hacen aquí?
-Deja lo de subcapitanes por esta noche, Hinamori. Hoy estamos de fiesta, ¿no?-dijo el pelirrojo. La chica sonrió.- Rangiku nos dijo que viniéramos a recoger a dos señoritas.
-Pero, ¿cómo supo ella que…? Bueno, nosotras ya estamos listas. Tsuki, ¿vamos?
La joven fue hacia la puerta, un poco extrañada de que dos chicos la acompañaran.
-Tsuki, ellos son Renji Abarai, teniente de la sexta división, e Izuru Kira, teniente de la tercera división. Chicos, ella es Tsuki Niwa, oficial de la primera división.
-Encantado.- dijeron ambos subcapitanes, con una sonrisa el los labios.
-Gracias.- contestó ella, amablemente.
-Bueno, mejor irse, o sino, Rangiku nos matará.
Todos estuvieron de acuerdo y comenzaron su camino hacia el lugar donde se encontraría su amiga sirviendo sake a todo el mundo. Tsuki se quedó callada y pensativa en aquél momento, mientras Hinamori les hablaba de cómo la había conocido.
Renji Abarai, teniente de la sexta división, e Izuru Kira, teniente de la tercera división.
Kira… tercera división.
- El capitán Aizen, es decir, mi ex-capitán, traicionó a la Sociedad de Almas, y ese chico, Kurosaki, salvó a Kuchiki y evitó que el capitán Aizen nos matara a todos… al menos, eso es lo que me dijeron, yo estaba inconsciente. Mi propio capitán casi me parte en dos.
-Aizen… ¿era tu capitán?
-Así es. Realmente no sé cómo no pude darme cuenta. Era todo tan… perfecto. Quiero decir, nunca mostró ningún signo de querer hacer daño a nadie.
Los de la tercera división también habían perdido a su capitán, pero no porque muriese, sino porque también los traicionó. Miró a Kira. Estaba alegre, normal, sin ninguna señal de tristeza. Pensó por un segundo en Yamamoto. Él también adoraba la lealtad, para él, era un requisito fundamental para ingresar en algún escuadrón.
Renji se giró un momento a verla, ya que se había quedado atrás. Se detuvo y dejó a Hinamori y a Kira solos. Esperó a que Tsuki lo alcanzara.
-¿Estás bien?- dijo, al notarla tan pensativa y aislada de todo.
La chica alzó la mirada y observó al pelirrojo. Se sostuvieron la mirada unos instantes, como si bucearan en los ojos del otro. El shinigami fue el primero en apartar la vista.
-Perdona, supongo que no es asunto mío.
La chica sonrió y decidió caminar a su lado.
-No es nada, realmente.- hizo una pausa.- Oye, Abarai…
-Puedes llamarme Renji.- la chica se sorprendió. Miró de reojo a su compañero y prosiguió.
-Renji… ¿Cómo… es tu capitán?
El chico se extrañó ante aquella pregunta.
-¿Qué quieres decir?
-Pues… si tu capitán valora, no sé, por ejemplo, la lealtad.
Renji alzó la vista al cielo. No sabía muy bien por qué querría saber eso, pero trató de pensar.
-Sí, la verdad es que sí. Y mucho. No soporta a los traidores. ¿A qué viene esa pregunta?
-Nada. Era solo curiosidad.
-Niwa, por curiosidad no se preguntan cosas como esa.- Renji la miró y alzó una ceja. Tsuki sonrió de medio lado y asintió levemente.
-Me preguntaba qué se les había pasado por la cabeza exactamente a los capitanes de la tercera y de la quinta.
Renji meditó un momento.
-Espera, esos son… Ichimaru y Aizen, ¿no?
-Sí.
-¿Por qué quieres saber eso?
-Bueno… la verdad es que mi última misión ha sido un poco extraña. Nos topamos con un arrancar que parecía estar sirviendo a alguien, y ese alguien parece conocerme.
-¿Y no sabes quién es?
La chica negó con la cabeza.
-El arrancar tenía el poder de hipnotizar a la gente, y al parecer, la zampakutô de Aizen también tenía ese poder…
-¿Te enfrentaste a él?
-Sí. El capitán Hitsugaya y yo lo derrotamos.
-Entonces no creo que fuese Aizen.
-¿Qué quieres decir?
-Ni todos los capitanes juntos pudieron hacerle frente, así que dudo mucho que una oficial y un capitán pudiesen derrotarlo solos.
-Tienes razón…
-Pero, ¿por qué me preguntas por mi capitán y por la lealtad?
-No pienses mal, no sospecho de nadie. Pero tampoco puedo confiar. El capitán de Kira también es un traidor.
-Y el de la novena.
-Es cierto… me había olvidado. Fueron tres capitanes. Pero, ¿por qué?
-Bueno, el poder corrompe mucho los corazones de las personas. Y según me dijeron, el poder que ellos ansiaban iba más allá de lo que imaginamos.
-¿Un poder inalcanzable?
-Para nosotros, sí. Para ellos… ni idea. Sólo sé que extrajeron una especie de bola del cuerpo de mi amiga y se marcharon al Hueco Mundo.
-¿Al Hueco Mundo? ¿Por qué iría un shinigami hasta allí? Ese lugar está plagado de hollows.
-Los hollows no son un problema para ellos. Comen de la palma de sus manos.
-¿Eso… incluye a los arrancar?
-No lo sé. Creo que nunca he tratado con uno.
-¡Chicos, ya hemos llegado!
Ambos alzaron la mirada, ni se habían percatado de que estaban a pocos metros de la fiesta. Estaban tan metidos en la conversación que no habían escuchado el bullicio.
-¡Tsuki!- dijo Hinamori.- ¡Ven! Vamos a buscar a Rangiku para que sepa que ya estás aquí.
-Vale. Nos vemos luego, Renji.- se despidió, alzando una mano. El chico le correspondió y vio cómo Kira se le acercaba, resoplando.
-¿Cómo te ha ido?- preguntó el pelirrojo.
-Pues… sus conversaciones son muy interesantes y le he rozado sin querer la mano.
Hubo una pequeña pausa.
-Nada, ¿no?- dijo Renji.
-No, nada. ¿Y tú? Parecíais muy animados en vuestra conversación.
-Oye, no pienses mal, acabo de conocerla. Sólo hablábamos de una misión suya…
-Sí, ya. Venga, que he visto cómo le sonreías.
-¿Es que no puedo hacerlo?
-Sí…
Hubo otra pausa.
-¿Vamos a por sake?
-Sí, vamos.
Tsuki y su amiga habían llegado al centro del barullo y cómo no, allí se encontraba Matsumoto, brindando con todo el mundo. Las chicas se miraron y suspiraron, pensando en la vitalidad de su amiga. Matsumoto alzó la vista y las vio, corrió hacia ellas con una sonrisa, apartando a la gente.
-¡Chicas, qué bien que llegaron! ¿Por qué tardasteis tanto?
-No fue para tanto, Rangiku. Además, hemos venido con Renji y Kira.
-¿En serio? Pues si vosotras dos estáis aquí, mi capitán no tardará en aparecer. -Tsuki sonrió tontamente. La verdad es que no se imaginaba a Toushiro en una fiesta. – ¿Mmm?- la mujer echó un vistazo detallado a la vestimenta de las chicas.- Ya veo que le has prestado el vestido que te compraste en Karakura, y tú te has puesto el que te regalé por tu cumpleaños… ¡Ay, que lindas estáis! Seguro que ya habrá algún hombre que se haya fijado en vosotras.- En ese instante, las dos chicas miraron nerviosas a todos lados, rojas como un tomate.- Oye, Tsuki, tienes que celebrar por todo lo alto que te has reencontrado con tus amigos, ¿no? ¡Pues ven conmigo a beber sake! Y no aceptaré un "no" como respuesta.
-Rangiku, yo…
-¡Aceptado!- Matsumoto cogió del brazo a Tsuki y la arrastró por la fiesta, sin darle tiempo a acabar su frase.
-¡Que os divirtáis!- dijo Hinamori, alegremente. –"Al menos no seré yo la que sea arrastrada. Pobre Tsuki…"
Matsumoto cojió una botella de sake y dos tacitas.
-¡Brindemos!- dijo la mujer, alzando su taza.
-Claro…-la imitó.
-Por tu regreso, el reencuentro y…
-Por ser una chica tan linda.- dijo alguien más, colocando su tacita junto a las suyas.
Bueno, hasta aquí el sexto capítulo.
Espero que les haya gustado, ha sido el más largo hasta ahora ( ocho páginas en word), pero espero que guste igualmente.
Si es así, me gustaría que dejaran reviews, porque no sé si realmente merece la pena o no seguirlo.
Nos leemos!
Sayo!
