DOS SABUESOS DESPISTADOS

DISCLAIMER:Casi todo es de Rowling. Lo de siempre, vamos.

CAPÍTULO 9

Cartas sobre la mesa

Quedaron el viernes por la noche. Durante el viaje de vuelta a Londres no habían tenido ocasión de hablar sobre el tema de Penny, pero Audrey sabía perfectamente que Percy lo estaba pasando mal y se negaba rotundamente a dejarle pasar solo por todo aquello.

Audrey se miró al espejo. Se había arreglado lo suficiente para sentirse guapa, pero no tanto como para que la gente pensara que tenía una cita romántica con Percy o algo así. Era su amigo y nada más. Por mucho que Stan y Cillian la miraran como si pensaran que Percy le gustaba, para ella sólo era eso. Un amigo.

Debía reconocer, no obstante, que no se sentía del todo segura de sus sentimientos al respecto. Eso de alegrarse de la ruptura sentimental de un amigo no podía considerarse como un signo de lealtad ni nada que se le pareciera. Pero se había alegrado. Audrey no había querido pensarlo mucho durante aquellos cinco días, pero la idea de que Penny ya no fuera nada en la vida de Percy la llenaba de tranquilidad. Era como cuando estuvo con David y él le prometía que dejaría a su mujer para siempre. La misma sensación de alivio y felicidad, como si viera las puertas de su futuro abiertas de par en par.

Audrey también sabía que esos sentimientos no eran tan fuertes como con David. Porque de David había estado muy enamorada y Percy sólo estaba empezando a gustarle un poco. No era ni tan guapo ni tan simpático como David, pero a Audrey le gustaba esa forma de andar y de moverse, como si tuviera que controlar cada uno de sus gestos. Nunca antes le había gustado nadie así y no terminaba de entenderlo. Era como el antihéroe de los tíos buenos: demasiado alto, delgado, pelirrojo, pecoso y estirado para formar parte de las fantasías eróticas –o de cualquier otra clase- de una mujer. Y sin embargo, Audrey había comprendido que le gustaba.

Cuando el miércoles por la tarde la llamó a casa para confirmar la cita del viernes, Audrey casi se puso a saltar por el salón. No lo hizo porque Cillian y Stan estaban pendientes de todos sus movimientos y no quería darles pie para que pensaran cosas estúpidas. Audrey podía admitir internamente que Percy empezaba a gustarle, pero no quería que ellos insistieran con el tema de las citas románticas. Era perturbador escuchar a Stan darle consejos y Cillian le ponía de mal humor. En momentos como ese se arrepentía de vivir rodeada de hombres, así que hablar con Helen la hizo sentirse mucho mejor.

Era jueves y Audrey se sentía un poco nerviosa. Habían tenido un día ajetreado por culpa de un accidente en cadena en la autopista y habían pasado casi todo el tiempo yendo de un quirófano a otro. Audrey debía decir que también estaba bastante cansada, pero no rechazó la invitación de Helen cuando ésta sugirió ir a tomar algo antes de irse a casa. El mes de diciembre ya había echo acto de presencia, hacía frío y empezaba a lloviznar, pero el ambiente en el pub era agradable y Audrey se alegraba de poder estar allí con una amiga.

Se sentaron en la barra. El local estaba repleto de trabajadores del hospital. Era como una tradición que todos fueran allí después del trabajo y Audrey saludó a unos cuantos compañeros antes de acomodarse. Reconoció a David justo al otro lado de pub. Audrey retiró la mirada cuando él le sonrió y por un instante se olvidó de Percy. Cualquiera lo haría ante la sonrisa de un hombre como aquel.

-Míralo. Vendría aquí arrastrándose si le guiñaras un ojo.

Helen habló con suavidad, colocándole su pinta de cerveza entre las manos y refiriéndose claramente a David.

-Creo que en este momento eso sería lo último que haría.

-Mejor, porque es un cabrón. Guapísimo, sí, pero un cabrón.

Audrey alzó la vista y miró a David. Era mucho más que guapo. Era perfecto en muchos sentidos, pero tenía un pequeño defecto en forma de mujer y dos hijas que ella no volvería a obviar jamás.

-Ya no estoy enamorada de él.

Helen la miró con asombro, como si no terminara de creerla. Y a decir verdad, Audrey también estaba un poco sorprendida porque sabía que estaba siendo totalmente sincera. Le parecía imposible que alguien pudiera pasar del amor al desamor en cuestión de semanas porque, aunque aún sentía deseo por David, ya no necesitaba tenerlo cerca todo el rato.

-¿Estás segura de eso? No tienes que engañarte a ti misma. Debes sentirte un poco rara al verlo todos los días y, bueno, habéis tenido una historia muy larga y no será fácil olvidarlo.

-No, Helen. Hablo muy en serio. No estoy enamorada de él.

-Vale. Eso es genial. Creo.

Audrey sonrió. Entendía a Helen, era normal que pensara aquello. Para Audrey nunca había sido una confidente, pero se había enterado de lo de David poco después de que empezaran a verse y siempre la había apoyado y nunca la juzgó. Audrey no solía buscar su consejo, pero Helen siempre se lo daba, así que esa noche consideró que había llegado el momento de ser sincera con ella. Y necesitaba hablar con una mujer, era lo natural.

-He conocido a otra persona y creo que está empezando a gustarme de verdad.

-¿En serio? –Helen se giró hacia ella, claramente interesada- ¿Le conozco?

-En realidad sí que lo conoces. ¿Te acuerdas de Percy?

-¿Percy? ¿El pelirrojo?

-El mismo.

-¿Te gusta?

-Creo que sí –Audrey sonrió y miró nuevamente a David- Y sé puede parecer un poco raro porque no se parece en nada a los chicos con los que he salido antes, pero es un buen tipo. Te caerá bien cuando lo conozcas un poco más, ya verás.

-Bueno, no puedo decir que no me sorprenda, pero supongo que está bien.

-Pero…

-¿Pero, qué?

-Vamos, Helen, que nos conocemos.

-Vale- La joven suspiró y le dio un largo trago a su cerveza- ¿No es un poco aburrido y pedante?

Audrey alzó una ceja y rompió a reír. Pues sí, la verdad era que Percy pecaba un poco de las dos cosas y, sin embargo, no le importaba.

-Y Cillian añadiría que es muy raro, pero aún así me gusta. De hecho, creo que me gusta precisamente por eso. Me parece que es muy… -y tardó un par de segundos en encontrar la palabra que necesitaba- Íntegro.

-¿Íntegro?

-Ha sido capaz de remover cielo y tierra para encontrar a la persona que quiere. No creo que sea de esa clase de hombres que van engañando a los demás y eso es algo que valoro mucho ahora mismo.

Helen pensó un poco en lo que la otra chica había dicho mientras Audrey esperaba con ansia su veredicto.

-¿Te das cuenta de que ese chico está enamorado de otra persona?

-Sí. Pero creo que han roto y tampoco es como si yo pretendiera tener una historia con Percy mañana mismo. Es sólo que ahora me gusta alguien adecuado y quiero poder disfrutarlo.

-¿Incluso si te dan calabazas?

-No me van a dar calabazas porque no le voy a entrar a nadie. Quiero conocerle mejor. Ir despacio.

Helen volvió a quedarse callada y finalmente sonrió y le dio una palmadita a Audrey.

-Me parece perfecto. Pero de verdad tienes que tomártelo con calma.

-Hemos quedado mañana.

-Eso no es ir despacio precisamente.

-Sí. Pero acaba de romper con su novia y necesita amigos.

-¡Claro! –Helen resopló y torció el gesto- ¡Amigos!

-Hablo en serio. No sabes la carita que se le quedó al pobre después de hablar con esa chica. ¿Te puedes creer que lo dejara por teléfono?

-Es una putada, sí, pero estoy segura de que tiene un montón de hombros sobre los que llorar.

-Pero si yo no quiero que llore sobre mi hombro. Quiero que se divierta.

Audrey sonrió con cierta malicia y Helen, que estaba bastante acostumbrada a ir de copas con ella, supo que no dejaría que Percy tuviera ni un solo segundo para pensar en su reciente ruptura sentimental. Ni para aburrirse tampoco.

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Aún en contra de su voluntad, Percy debía reconocer que durante aquella semana apenas había rendido en su trabajo. Había estado demasiado ocupado auto compadeciéndose para prestarle atención a las docenas de expedientes que había tenido que cerrar y apenas había adelantado nada de las tareas de la semana siguiente. Si bien nadie le había llamado la atención por ello, Percy no se sentía del todo a gusto y se dijo a sí mismo que iba a olvidarse de Penny a partir del lunes siguiente. Nunca era agradable perder a alguien a quién quieres, pero eso no debía influir en el carácter ni en los deberes de uno mismo. Percy lo tenía bien claro y consideraba que una semana era un plazo de tiempo más que considerable para reponerse y volver a ser el mismo de siempre.

El viernes por la tarde dejó su oficina bien organizada, hizo un par de anotaciones sobre encargos urgentes que tenía que llevar a cabo el próximo lunes y un día más fue hasta el Callejón Diagon para visitar a George. En las últimas semanas apenas se habían visto un par de veces y, aunque Percy tenía muy en cuenta su próxima cita con Audrey, no quería dejar de echarle un vistazo a su hermano. Sabía que George lo estaba pasando muy mal y se sentía responsable de su bienestar. Posiblemente para el resto de la familia sonaría ridículo y patético, pero después de no haber podido hacer nada por Fred, no iba a permitir que George se hundiera.

El ambiente estaba bastante animado. La gente parecía querer aprovechar la tarde para hacer sus compras semanales y Percy pronto se vio rodeado por magos y brujas de toda condición. Sortilegios Weasley era perfectamente visible desde el otro lado de la calle y Percy no se extrañó de verlo abierto a pesar de la hora. Cuando entró, el joven comprendió que ningún negociante en sus cabales cerraría con la tienda a rebosar de gente y se dijo a sí mismo que sólo saludaría y luego volvería a casa.

George estaba atendiendo a un par de chicas que tenían toda la pinta de ser estudiantes de Hogwarts. Percy debía reconocer que había echado un poco de menos hablar con él y mientras iba en su dirección supo que estaba allí por algo más que por sentirse responsable. No le había contado a nadie lo de Penny y por algún extraño motivo le parecía que George –precisamente George- era el más adecuado para hacerlo. Quizá en otro momento.

-Veo que estás muy liado. ¿Necesitas ayuda?

George pareció un poco sorprendido por verlo allí, pero inmediatamente sonrió y agitó alegremente la cabeza.

-No te preocupes. Verity se las apaña bastante bien con la caja y Angelina nos está echando una mano. Llegó hace un rato.

Percy giró la cabeza y, efectivamente, allí estaba Angelina Johnson, que salía de la trastienda cargada con un par de cajas que emitían unos extraños humos de colores. La verdad era que su presencia allí era un tanto inusual, aunque no le pareció extraña. George y Angelina pasaban mucho tiempo juntos y era bastante normal dadas las circunstancias.

-¿Vas a La Madriguera? –George hablaba y se movía entre los estantes al mismo tiempo- Tenemos mucho lío y creo que vamos a cerrar a las tantas, así que me voy a llevar a las chicas a cenar por ahí. ¿Podrías decírselo a mamá?

-En realidad he quedado –Percy se rascó la nuca, sintiéndose repentinamente avergonzado.

-¿Has quedado? –George entornó los ojos y le pasó un brazo por los hombros- No me digas que al fin te has decidido y has visto a Penny.

Percy retuvo el aire en los pulmones y sintió un dolor casi físico en el pecho. Supuso que también debía haber palidecido, pues George pareció todo lo preocupado que él podía estar.

-En realidad se trata de otra persona.

Y no pensaba contarle nada más. Podía tener la necesidad de hablarle sobre lo ocurrido con Penny, pero Audrey todavía era suya y no deseaba compartirla con nadie.

-¿Asunto oficial, entonces?

-Algo así –Percy miró el reloj, repentinamente incómodo, y se revolvió con nerviosismo- Será mejor que me vaya o llegaré tarde.

Percy pensaba que la conversación ya había terminado, pero entonces escuchó a George de nuevo. Y casi agradeció lo que quería decirle.

-¿Qué hay de Penny? ¿La has visto?

-Más o menos.

-¿Y?

-No salió muy bien. ¿Vale? Ya hablaremos luego.

George ya no sonreía. Lo vio mover afirmativamente la cabeza y salió de la tienda sin mirar atrás. Nunca se le había dado bien eso de hablar con los demás, ni siquiera cuando lo necesitaba de verdad. Tal vez por eso le parecía tan curioso lo fácil que era tratar con Audrey.

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-Ni se te ocurra mirar atrás. Tenemos que irnos pitando.

-¿Qué?

Percy ignoró la orden y giró la cabeza. Únicamente vio la puerta cerrada del edificio de Audrey y por eso encontró tan extraña su actitud. La chica se había agarrado a su brazo y lo arrastraba calle abajo. Percy escuchó perfectamente el ruido de sus tacones al golpetear el suelo. Fue raro comprobar que ese simple sonido era tan reconfortante.

-No quiero que Stan te vea. ¿Vale? Insiste en invitarte a cenar.

-Realmente no me importaría aceptar su invitación.

Porque su comida estaba deliciosa y la compañía era agradable. Audrey se alejó un poco de él y le miró con el gesto torcido, como preguntándose algo. La escuchó chasquear la lengua y apretarse un poco más contra su cuerpo. Quizá porque hacía frío, o simplemente porque le gustaba estar así. En cualquier caso, era bueno para Percy darse cuenta de que su cercanía ya no le incomodaba.

-Tengo otros planes para nosotros. Y ya sé que te gustaría pasarte horas hablando de política con él, pero no voy a permitirlo.

-No recuerdo haber hablado jamás sobre política con Stan.

-Ya. Más vale prevenir.

Audrey resopló y aceleró el paso hasta que llegaron a la parada de autobús más cercana. Sólo entonces Percy tuvo oportunidad de fijarse en ella y comprobó que se había puesto muy guapa. Y Audrey también lo miró a él, echando un vistazo debajo de su abrigo gris.

-¡Oh, Dios mío! ¡No te has puesto corbata!

-Recuerdo que dijiste algo sobre vestir de forma informal. Lo que no significa que haya renunciado por completo al traje.

Audrey le miró los pantalones y, efectivamente, allí estaban la caída elegante, la raya diplomática y el sempiterno gris Weasley. A veces Audrey se preguntaba si Percy era capaz de utilizar colores que no fueran tan serios y aburridos.

-¿Puedo hacerte una pregunta? –Inquirió ella muy seria, aún abrazada a su brazo, mientras esperaban la llegada del transporte público.

-Por supuesto.

-En el armario de casa. ¿Tienes alguna clase de ropa que no sean trajes, camisas y corbatas?

A Percy la pregunta le pareció muy graciosa. Era evidente que Audrey se esforzaba por distender el ambiente entre ellos desde el principio de la noche. Se lo agradeció y decidió que no estaría del todo mal seguirle un poco el juego.

-Claro que sí. ¿Qué te piensas? –Dijo con absoluta solemnidad- Tengo un montón de pijamas.

Audrey alzó una ceja, se quedó muy seria un momento y luego soltó una risotada. Percy la acompañó inevitablemente.

-Te prometo que algún día te llevaré de compras. Descubrirás el maravilloso mundo de las camisetas, los vaqueros y las zapatillas de deporte.

-¿Qué son todas esas cosas, Audrey?

Fue genial que ella pensara que estaba bromeando. Claro que Percy conocía perfectamente la ropa muggle, pero nunca la había utilizado. Quizá, si salir por ahí con Audrey empezaba a convertirse en una costumbre, podría plantearse la posibilidad de renovar su vestuario. Y no adquiriendo nuevas túnicas precisamente.

-Insisto. Te llevaré de compras. En cuanto empiecen las rebajas de enero, te vas a venir conmigo. No sabes la cantidad de cosas que necesito. Podría sacrificar unos cinco o diez minutos de mi tiempo para ayudarte a buscar algo adecuado. Los hombres sois bastante rápidos comprando ropa.

Percy cabeceó. La verdad era que esa afirmación era perfectamente discutible, pero Audrey se había agarrado a su brazo con más fuerza que antes y temblaba un poco por culpa del frío.

-¿Dónde vamos a ir?

Hizo la pregunta justo cuando llegó el autobús. Audrey lo instó a subir y se sentaron justo al final. No había mucha gente, algo extraño a esa hora, pero muy afortunado. Audrey odiaba viajar de pie.

-Había pensado en ir a patinar, pero no estaba muy segura de que tu supieras hacerlo, así que vamos a cenar algo ligero y luego iremos a un pub donde tocan grupos en directo. Conozco a uno de los músicos de esta noche y me invitaron hace un par de semanas. Te va a gustar, ya verás.

Percy dio por supuesto que ella estaba en lo cierto y no hizo ningún comentario. La verdad era que nunca había sido un gran aficionado a la música y, por tanto, nunca había asistido a un concierto en directo. Recordaba que sus hermanos mayores solían ser grandes admiradores de The Weird Sisters, pero a él siempre le habían parecido excesivamente ruidosos y un poco vulgares. De cualquier forma, Audrey parecía muy ilusionada con su plan y él tampoco sabía mucho sobre música muggle. Había escuchado un montón de canciones desde que conocía a Audrey. Unas le gustaban y otras no, así que merecería la pena darle una oportunidad a su amigo.

-Suena bien.

-Ray y sus chicos hacen música muy tranquila. Ya sé que a ti el rock no te entusiasma precisamente.

Percy se encogió de hombros y no supo que decir. Audrey sonrió. Era una lástima no poder cogerse a su brazo en el autobús. Podría haberlo hecho, pero eso suponía prácticamente tener que sentarse sobre él y no le pareció una buena idea.

-Y después de eso vas a emborracharte.

Percy dio un respingo. No se esperaba esa última revelación, pero la mirada feroz de la chica daba a entender que no había discusión posible.

-Odio beber –Espetó con no mucha seguridad.

-Eso ya lo suponía, Percy. Pero vas a emborracharte igualmente.

-No sé por qué debería hacerlo.

-Pues porque todo el mundo debería ahogar sus penas en alcohol alguna vez. Por eso.

Y Percy no supo si fue por la forma que ella tuvo de decirlo, pero le pareció perfectamente lógico lo que decía. Después de todo, Percy siempre había presumido de no haberse emborrachado ni una sola vez en su vida. Quizá ese era el mejor momento para hacerlo por primera vez, después de su ruptura con Penny, como si fuera una forma de empezar desde cero.

El autobús hizo un par de paradas antes de que Audrey lo instara a bajar. Percy reconocía perfectamente esa parte de la ciudad. El Caldero Chorreante estaba relativamente cerca y durante un instante tuvo la terrible certeza de que Audrey lo llevaría hasta casi su puerta, poniendo en evidencia su secreto. Pero no fue así. Ella lo guió hasta un local repletoº de gente y buscó con eficacia una mesa cerca de la ventana.

-¿Te gustan las hamburguesas?

A Audrey le había costado un poco decidirse a llevarlo allí. Dudaba mucho que llevar a tu cita del viernes por la noche a un sitio como ese causara la mejor impresión del mundo, pero es que ella había estado buscando el lugar menos romántico que conocía y sólo se le ocurrió ese. Estarían rodeados de adolescentes ruidosos, niños llorones y padres histéricos y, la verdad, Percy desentonaba un poco allí. Y por algo más que por el aspecto lustroso de su traje recién planchado.

-Creo que sí –Dijo él. La verdad era que las hamburguesas no formaban parte de su dieta habitual y no le apasionaban, pero esa noche no pensaba ponerse exigente.

-Échale un vistazo al menú si quieres. Yo siempre me pido una ensalada y un poco de pollo. Y patatas. Tenemos que pedir patatas.

Percy le echó un vistazo a la carta y optó por lo primero que vio. En realidad le daba igual comer una cosa u otra y no quería pedir consejo a Audrey. Ella podía admitir que era un chico un poco raro, pero seguramente que le parecería bastante alucinante que alguien no se hubiera comido una hamburguesa en su vida.

Cuando una hora después culminaban la supuesta cena ligera con un helado de chocolate, y tras una conversación banal acerca de la molesta climatología británica y lo incómodo que era todo cuando nevaba, Audrey lo volvió a sacar a la calle y comenzaron a caminar a buen paso. Oficialmente la noche estaba siendo la más fría del año. La chica había vuelto a agarrarse a su brazo y se planteó la posibilidad de pedir un taxi, pero finalmente apretó el paso. Si iban casi corriendo, el frío dejaría de ser un problema.

Por fortuna, el local donde tocaban el tal Ray y su banda no estaba tan lejos como Percy había creído. Los recibió un portero de tamaña considerable y modales muy poco amables. Luego, la calidad del local los hizo sentirse mucho mejor a ambos.

Audrey se sentó muy cerca del escenario. Percy le echó un vistazo a su alrededor. El sitio era acogedor, con sus pilares forrados de madera y sus colores ocres, y no había tanto ruido como en la hamburguesería. De hecho, la gente vestía de una forma bastante elegante. Allí, el traje de Percy no desentonaba. Audrey le comentó que el concierto empezaría en diez minutos, pidió un par de bebidas –y Percy no se quejó porque fueran con alcohol- y le explicó que había conocido a Ray en la universidad. Él había querido ser médico, pero su pasión por la música y su absoluta intolerancia a la sangre –se desmayaba cada vez que la veía- le hicieron seguir un camino muy distinto. Estaba estudiando algo relacionado con la economía por si lo de la música no salía bien.

-Nos reuniremos con ellos después. ¿Qué te parece? Ray te caerá muy bien. Se parece bastante a ti en algunos aspectos.

-¿En serio?

-El también es de lo más estirado.

Percy supuso que aquello debería haberlo ofendido un poco, pero fue obvio que Audrey sólo le estaba tomando el pelo y, además, un poco de razón sí que tenía, así que sonrió y afirmó quedamente con la cabeza. Tampoco podía ser tan malo si uno de los amigos de Audrey le caía bien.

Con una envidiable puntualidad británica, la banda salió al escenario, se presentó y empezó a tocar. Audrey los escuchó como hipnotizada un rato, pero después se giró para mirarlo. Percy debía reconocer que la música no estaba nada mal y que se sentía a gusto allí sentado sin tener que hacer nada, pero era obvio que la chica estaba con él por algo y no iba a dejar pasar la oportunidad de hablar.

-Entonces. ¿Qué fue lo que pasó con Penny?

Ya debería estar acostumbrado a su falta de tacto, pero la pregunta le sorprendió un poco. No esperaba tener que hablar sobre eso en toda la noche, pero Audrey debía pensar que eran amigos y, por lo tanto, debía preocuparse por él y echarle una mano. Y después de todo tampoco estaba mal tener a alguien con quien desahogarse. Más o menos.

-Se ha ido.

Habló casi sin pensar. Audrey entornó los ojos como si no comprendiera por completo las connotaciones de aquellas palabras. En realidad no tenía forma de saber lo que significaban porque Penny se había ido del mundo de la magia y no quería volver jamás y él podía decirle aquello.

-¿Quieres decir que se ha ido del país?

-No exactamente. De hecho, actualmente creo que está aquí, en Londres.

-¡Oh! Vale.

Por una vez, Audrey se había quedado sin palabras. Percy la miró de reojo, procurando centrar su atención en el grupo de Ray y sintiéndose incómodo por primera vez esa noche. Quizá porque a una parte de sí mismo no le gustaba tener que mentirle a Audrey. Casi no la conocía, pero no se lo merecía.

-Me refiero a que me ha dejado, Audrey –Dijo con gravedad. Reconocer aquello en voz alta dolía bastante- Ni siquiera quiere que nos veamos para hablar. Necesita empezar de cero, pero yo confío en que recapacite en algún momento.

Porque, independientemente de si volvía o no a salir con él, Penny no podía renunciar a la magia. Formaba parte de su vida y más tarde o más temprano tendría que recuperarla.

-Siento que no saliera bien. De verdad.

Percy tuvo la impresión de que no lo lamentaba tanto como quería dar a entender, pero no pensó mucho en ello. Después de todo, Audrey no tenía porqué sentir absolutamente nada. No conocía a Penny, no sabía prácticamente nada de él y no tenía ni idea del daño que la guerra les había hecho a los dos.

-Supongo que me acostumbraré a la idea.

-¿Estás seguro de que se ha terminado del todo? –Audrey se había acercado un poco más a él y le sonreía como si pretendiera darle esperanza- Quizá si os encontráis cara a cara puedas hacerla cambiar de idea.

Sí. Sonaba bien, pero no daría resultado.

-Cuando Penny hace algo es porque está completamente segura de lo que quiere –Y también dolió reconocer aquello- No hay nada que yo pueda hacer para que vuelva conmigo.

-¿No te quiere?

Percy no estaba seguro. Era bastante posible que sí, que aún sintiera algo por él. En el hospital no lo había mirado con rencor, no lo había culpado por no ayudarla y se había alegrado de verlo. Los sentimientos que habían compartido fueron sinceros por parte de ambos y Percy no creía que se hubieran esfumado tan pronto.

-Eso no tiene importancia.

-¡Claro que la tiene! Si te quiere…

-No, Audrey. Da igual si aún me quiere o si no lo hace –Percy sonó vehemente. Tanto que ni siquiera se dio cuenta de que había cogido la mano de la chica- Todo lo que ha pasado entre nosotros ha levantado barreras insalvables. Penny no quiere estar conmigo y dan igual sus sentimientos hacia mí. No se echará atrás.

Audrey se mordió los labios. Le hubiera gustado poder animarle, decirle que todo saldría bien, pero ella no conocía a Penny y no sabía qué había pasado para que estuviera tan dolida, así que se calló porque Percy sí la conocía y era obvio que estaba muy seguro de lo que decía.

-En ese caso, lo único que puedes hacer es mirar hacia delante –Dijo, sintiéndose bastante tonta porque no se le ocurrió nada mejor. Percy sonrió y fue bueno que no pareciera nada burlón.

-Eso es lo que estoy haciendo. No te diré que haya pasado la mejor semana de mi vida, pero no me voy a dejar abatir ni nada de eso.

-¿Crees que sólo necesitas una semana para reponerte? –Audrey pareció incrédula y sorprendida a partes iguales- Vaya. A veces, yo aún tengo ganas de llorar cuando pienso en David.

-¿Quién es David?

Audrey recordó que aún no le había hablado de él y notó la vergüenza recorrerle todo el cuerpo. Y fue raro porque supo que eso se debió únicamente al hecho de que estaba segura de que Percy no vería con buenos ojos su relación con David. No le agradaba la idea de que la considerara un monstruo o algo así y se planteó el mentirle, pero desechó la idea tan rápido como llegó. Percy era más o menos sincero con ella. Le debía unas cuantas verdades sobre sí misma.

-David fue un error. Yo sabía que era complicado y que no estaba del todo bien, pero no quise evitar lo que pasó entre nosotros.

-Debo suponer que estabais liados –A Percy le pareció divertido que la chica se pusiera nerviosa de repente. Y de paso agradeció el cambio de tema. No estaba mal hablar un poco sobre Audrey para variar- ¿Por qué dices que fue un error?

-Pues porque David es mucho mayor que yo y porque –Se detuvo un instante y bajó la cabeza. Hasta ese instante Percy no sabía que ella tuviera capacidad para estar abochornada- Porque está casado y tiene dos hijas.

Eso no se lo esperaba, quizá porque nunca había pensado que Audrey fuera capaz de hacer algo incorrecto. Por supuesto que le parecía terrible que una mujer se entrometiera en el matrimonio de un hombre, pero cuando la miró a los ojos y vio que Audrey esperaba con ansias su veredicto, se dio cuenta de que él no era nadie para juzgarla. Después de todo fue el tal David quién se jugó en bienestar de su familia por enredarse con jovencitas. Además, él tampoco se había comportado muy bien en los últimos tiempos, así que se limitó a coger aire y a afirmar quedamente con la cabeza.

-No pienses que lo hice por capricho o algo así –Audrey siguió hablando. Era casi como si pretendiera defenderse de las acusaciones que Percy no había hecho- Yo le quería de verdad. David es un buen tipo.

Percy dudaba mucho que alguien que engañaba a su mujer con otra fuera un buen tipo, pero no dijo nada.

-Lo dejé con él poco antes de conocerte. ¿Sabes? Y no fue fácil, pero me di cuenta de que no quería hacerle daño a su familia. Seguramente encuentre a alguien muchísimo más adecuado que él.

Percy no acertó a decir nada. No sabía muy bien qué responder a aquello. Además, antes de tener tiempo para pensarlo un poco, Audrey dejó de mirarlo y pareció ciertamente abatida.

-Debes pensar que soy una zorra.

-¿Qué? ¡No!

-Vamos, Percy. Puede que no nos conozcamos desde hace mucho tiempo, pero sé que eres un hombre muy recto. Lo que he hecho debe parecerte fatal.

-No. Es sólo que me ha pillado por sorpresa. No creo que seas una zorra.

Audrey alzó los ojos casi con timidez y le sonrió. A Percy le pareció que era un gesto casi coqueto, tal vez porque la música y el ambiente lo acompañaban totalmente.

-Se me ha caído un mito –Bromeó para no tener que pensar en porqué esa mirada le había gustado tanto.

-¡Claro! Porque pensabas que soy un ángel recién caído del cielo. ¿No?

-Más o menos.

Audrey resopló y decidió pedir un par de copas más. Nada como eso para olvidar los momentos tensos.

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Ray le caía bien, era oficial. Y no porque en ese momento le estuviera entregando otra copa de lo que fuera aquella cosa, sino porque realmente era la clase de persona con la que podía hablar sin aburrirse durante horas y horas. Cierto que era un muggle y los temas de conversación entre ellos estaban bastante limitados ante esa barrera, pero era un chico inteligente y culto y fue un placer comenzar a hablar sobre protocolo con él. Percy dudaba que Audrey supiera algo sobre ello y estaba seguro al cien por cien de que Cillian, su terrible mejor amigo, supiera siquiera lo que significaba la palabra, así que esa noche prácticamente había monopolizado al tal Ray y no le importaba que la música de la discoteca estuviera muy alta y la gente le diera golpes todo el rato. Se lo estaba pasando bomba.

Y Audrey también. El hecho de que él le estuviera haciendo mucho más caso a ese tipo que a ella no parecía ser problema. Estaba bailando con los chicos de la banda de Ray, riéndose y divirtiéndose aún más que él. De cualquier forma, a Ray tampoco le gustaba nada bailar, así que estaban condenados a entenderse. Aunque fuera a gritos.

Después del concierto –para aquel entonces Percy podía decir que se había tomado un par de copas de más y se sentía bastante desinhibido- Audrey lo había llevado al camerino de Ray y sus chicos. Charlaron un rato y en algún momento decidieron salir de marcha juntos. No era algo que Audrey hubiera planeado, pero estaba saliendo bien. Percy ni siquiera había protestado ante la perspectiva de emborracharse y ya ni le daba importancia a las copas que iban sucediéndose una tras otra. Posiblemente tendría una resaca terrible por la mañana, pero esa noche se sentía bien por primera vez desde que Penny lo dejó y le daba todo absolutamente igual. ¡Cuánta razón tenía Audrey con eso de ahogar las penas en alcohol!

Al cabo de un rato bastante grande, Audrey lo cogió por el cuello de la camisa y comenzó a bailar frente a él. Percy estaba tan borracho que procuró menearse un poco. Lució bastante patético, pero Audrey lo encantó absolutamente encantador y entonces pasó.

No tenía que haber ocurrido, por supuesto. Estaban allí como amigos- buenos amigos- y Audrey sólo había querido echarle una mano. Pero cuando lo vio en pie junto a Ray, con el pelo algo alborotado, sin corbata y sin chaqueta y con esa camisa perfectamente planchada por encima de los pantalones, le pareció que estaba muy atractivo y tuvo que ir hasta él y sacarlo a la pista de baile. Se suponía que sólo para bailar un poco con él. Pero sus movimientos torpes, su mirada enturbiada por el alcohol y su total falta de juicio la llevaron a agarrarlo del cuello y besarlo.

Sí.

Y fue una estupidez. Audrey lo supo mientras lo cogía con fuerza para que no se le escapara. Lo supo cuando lo sintió tenso y queriendo zafarse de sus brazos y después, cuando Percy se rindió y se dejó llevar, cogiéndola por la cintura y apretándola contra su cuerpo con fuerza.

Percy sabía a alcohol y no besaba nada mal para estar borracho y dolido. Era agradable, pero cuando pensó en lo de estar dolido se repitió mentalmente que era una idiota y se separó de él con brusquedad.

Cuando lo miró, el chico tenía los ojos cerrados y se mordía los labios como si lamentara que la falta de contacto hubiera terminado. Audrey suspiró, sabiendo que había metido la pata hasta el fondo, y le dio un abrazo fuerte a modo de disculpa.

Definitivamente, esa no era forma de ayudarlo.

-Será mejor que nos vayamos.

Percy parpadeó. Cuando comprendió lo que acababa de hacer pareció horrorizado y no protestó mientras Audrey lo sacaba de la discoteca y lo llevaba hasta el autobús. Solamente podía pensar en que el beso no había estado tan mal después de todo.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Siento mucho haber tardado tanto tiempo en actualizar, pero el ordenador ha vuelto a estropearse y lo he tenido más de un mes en la enfermería, así que no he podido pasarme por aquí hasta ahora. De todas formas espero que el capítulo os haya gustado un poco y haya servido para compensar un poco por la espera :)

Procuraré colgar el siguiente capi muy pronto. La historia ya anda bastante avanzada y no planeo hacerla excesivamente larga. Además, ya tengo otro Percy/Audrey en mente, aunque tardaré un poco en ponerme a escribir y aún más en publicar. Será bastante diferente a este, más oscuro diría yo, y ya quiero empezarlo para ver cómo me queda. Ya veréis, ya ;)

Nada más. Gracias por la paciencia y perdón otra vez.

Cris Snape