DOS SABUESOS DESPISTADOS

DISCLAIMER: Casi todo es de Rowling. Lo de siempre, vamos.

CAPÍTULO 10

Némesis

-Lo siento, tío. No está.

Acurrucada en el sofá, Audrey vio como Cillian colgaba el teléfono y ponía los ojos en blanco. Después, se dejó caer a su lado y la miró de reojo, esperando una explicación que ella no quería tener que darle. Sabía que tarde o temprano tendría que hacerlo, puesto que llevaba una semana rehuyendo a Percy.

-¿Y bien?

Al parecer, sería temprano. Cillian había tenido mucha paciencia, tenía que reconocerlo, y le había seguido el juego sin hacer muchas preguntas, pero ya se había cansado de ser discreto y Audrey casi se lo agradecía porque necesitaba hablar con alguien.

-¿Vas a decirme por qué he vuelto a mentirle?

Audrey se mordió el labio inferior. No era fácil reconocer que había vuelto a cometer el mismo error que con David. La primera vez Cillian había sido bastante comprensivo, pero ahora Audrey no tenía ni idea de cómo iba a reaccionar. Quizá por eso no podía hablar como le hubiera gustado hacerlo.

-¿Te he hecho algo, Audrey?

Había algo feroz en los ojos de Cillian al hacer esa última pregunta. Audrey casi se sintió alarmada y dio un respingo para, a continuación, aferrarse a él y reposar la cabeza en su hombro.

-En realidad, he sido yo la que le ha hecho algo.

Habló casi en un hilo de voz. Sabía que su amigo había girado la cara para mirarla y no se atrevía a enfrentarlo. Cerró los ojos y se sujetó a su brazo con fuerza, sintiéndose totalmente estúpida una vez más. En momentos como ese, Audrey dudaba que existiera en la faz de la tierra una criatura más idiota que ella.

-¿Vas a decirme que has hecho o tenemos que pasarnos toda la tarde jugando a las adivinanzas?

-Le he besado.

Audrey contuvo la respiración. En realidad, Cillian también lo estaba haciendo, porque al cabo de unos segundos resopló e intentó separarse de ella. La chica no se lo permitió.

-Joder, Audrey.

-No lo digas, por favor. Ya lo sé.

Sintió el abrazo de Cillian y se sintió muy reconfortada. Tonta, sí, pero un poco mejor. Afortunadamente no se puso a llorar como una imbécil.

Al cabo de un rato, Audrey aceptó que el abrazo terminara y se encontró con los ojos de Cillian clavados en los suyos. Parecía preocupado, como si temiera que la historia de David volviera a repetirse y él, una vez más, fuera a ser el responsable de recoger los trocitos de Audrey que quedara por ahí desparramados.

-¿Sigue estando con esa chica, Penny? –Audrey negó suavemente con la cabeza, pensando que eso al menos era una diferencia considerable respecto a su última y fracasada experiencia sentimental- Supongo que eso está bien, si ese Weasley te gusta. Porque te gusta. ¿Verdad?

-Sí. Me gusta mucho.

-Vale –Cillian volvió a resoplar y le apartó el pelo de la cara- No entiendo cómo puedes sentirte atraída por semejante gilipollas, pero no es tan malo.

-No es un gilipollas. No hables así de él.

El chico alzó una ceja y sonrió con ironía. Audrey sabía que era porque había salido en defensa de Percy como si fuera una damisela en apuros, lo cual significaba que estaba verdaderamente colada por aquel imbécil. Y ni siquiera había sido consciente de lo mucho que le gustaba hasta que lo besó.

-No entiendo por qué estás así, Audrey. Para una vez que te gusta alguien con quién tienes posibilidades, decides huir. Deberías contestar sus llamadas.

-No tengo posibilidades. Percy sigue enamorado de Penny y yo he metido la pata hasta el fondo con él. Ni siquiera sé por qué me llama. No lo entiendo.

-Tal vez porque el beso le gustó.

Audrey lo meditó un instante. Percy no había parecido asqueado ni nada parecido. Es más, había respondido al beso con cierta efusividad, como si no le importara en absoluto que Audrey hubiese tomado la iniciativa y lo hubiera atacado sin molestarse en avisar. Eso debía ser algo positivo. ¿Verdad? Tal vez Cillian tuviera razón y su comportamiento estuviera siendo totalmente inadecuado. O quizá Percy era un caballero y quería despedirse de ella para no volver a verla jamás.

-Necesito tiempo para pensar. Sé que actué impulsivamente y ahora me arrepiento, pero…

-Escucha, Audrey. He estado observando a Percy. ¿Sabes? Y no puedo decir que esté locamente enamorado de ti, pero sé que te aprecia de verdad. Y sé que mis consejos sueles ignorarlos olímpicamente, pero si Percy te gusta tanto deberíais hablar de lo que ha pasado. Quizá a día de hoy no tengas posibilidades de estar con él, pero Weasley no estará eternamente enamorado de esa chica y, entonces, podrías… Ya sabes.

Cillian le guiñó un ojo y chasqueó la lengua, arrancándole una carcajada. Audrey sabía que su amigo tenía razón. A pesar de todas las veces que había actuado erróneamente, Cillian siempre había sido el más sensato de los dos. Sin perder la sonrisa, Audrey le besó la mejilla y se mostró dispuesta a hablar con Percy, pero antes tenía que estar segura de que, tal vez, algún día, tendría posibilidades con él. No quería esforzarse por iniciar una relación con alguien que podría cambiar de idea en el futuro.

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Percy estampó su firma en el último pergamino del día y estiró los brazos hacia arriba. Los huesos de su espalda crujieron y sentía la cabeza un poco embotada, pero se encontraba muy satisfecho consigo mismo. El estado de deprimente aletargamiento en que se había sumido después de su conversación con Penny parecía haber desaparecido y había tenido una semana bastante eficiente en el trabajo. Y ni siquiera tuvo que echar horas extras.

Inconscientemente sabía que su dedicación casi enfermiza a sus obligaciones laborales no sólo se debía a que fuera un tipo responsable y un poco obsesivo. No. La verdad era que trabajar con tanto ahínco le permitía no pensar en Audrey y en lo que había pasado la última vez que se habían visto.

¡Merlín! ¡Le había besado! Bueno, en realidad se habían besado. Los dos. Porque Audrey fuera la que inició aquella extraña locura, pero él le había correspondido encantado. Posiblemente por culpa del alcohol. Percy no estaba ni remotamente acostumbrado a beber, no recordaba haberse emborrachado más que un par de veces en toda su vida y ahora era obvio por qué no le gustaba hacerlo.

Percy era un hombre acostumbrado a pensarlo todo unas cuantas veces antes de actuar. No se consideraba un tipo impulsivo ni nada parecido, pero el estar ebrio, unido al temperamento Weasley, le había llevado a actuar de aquella manera y a no sopesar las consecuencias de sus acciones. Podría haberle resultado muy fácil cargar a Audrey con toda la responsabilidad, pero hubiera sido injusto. En primer lugar porque ella no tenía nada que perder y en segundo porque no le había obligado. En absoluto.

Lo que sí le resultaba raro era que Audrey no quisiera hablar con él. No se tragaba el rollo de que estuviera todo el rato ocupada. Si había llamado a su casa veinte veces, se había encontrado con veinte excusas diferentes. Que si estaba trabajando, haciendo la compra, en el gimnasio, de compras, en la biblioteca, haciendo papeleo y cosas así. Percy no era estúpido y no se creía nada. Las cuatro o cinco primeras veces sí podría haberse hecho el sueco, pero después no. Le hubiera gustado decirle a Cillian que ya estaba harto de tantas mentiras, pero suponía que Audrey necesitaba tiempo para aclarar su mente y decidió esperar. Después de todo ya había hecho lo mismo por Penny durante un montón de meses y tal vez el resultado no fue el mejor, pero Percy estaba bastante tranquilo consigo mismo.

Recordando a Penny, Percy llegó a la conclusión de que Audrey se comportaba así precisamente por su antigua novia. Sabía que su amigo estaba muy enamorado de ella y debería estar pensando que no era justo interponerse en su relación, lo que no dejaba de ser una soberana estupidez porque ya no existía ninguna pareja que romper. Seguía siendo duro admitirlo y Percy aún quería a aquella chica, pero ya había asumido su ruptura y estaba dispuesto a seguir adelante. Sabía que algún día sus sentimientos por Penny desaparecerían y que encontraría a alguien con quien rehacer su vida. Quizá no hoy ni mañana, pero sí algún día.

De todas formas, Percy no pensaba en Audrey como en una futura pareja. La encontraba simpática, inteligente y bastante mona, pero de momento la quería como amiga. No la conocía desde hacía mucho tiempo, pero le resultaba doloroso imaginar que no volvería a verla. Porque Audrey podía ponerlo nervioso algunas veces, pero era un encanto y le estaba ayudando –aún sin saberlo- a sobrellevar una etapa de su vida que no era precisamente fácil.

En cuanto a lo del beso, Percy reconocía que le había gustado, pero no quería nada más. Solamente deseaba aclarar las cosas con Audrey, decirle que lo mejor que podían hacer era olvidarse de todo y seguir siendo amigos como antes. Seguro que ella lo comprendería.

En todo eso iba pensando mientras salía de su oficina y se dirigía a Sortilegios Weasley. Se dijo a sí mismo que esa misma noche intentaría ponerse nuevamente en contacto con Audrey y que si no lo conseguía iría a su casa, al trabajo o donde hiciera falta para verla.

Cuando llegó a la tienda de su hermano, ya estaba cerrado. George debía estar por ahí dentro, porque había luz y Percy podía distinguir un par de sombras en la trastienda. Quizá Verity y él estuvieran haciendo inventario, así que golpeó la puerta con suavidad y observó el interior con los ojos entornados. Estaba empezando a cansarse de esperar cuando George le abrió. Tenía el pelo alborotado, la túnica mal colocada y estaba bastante rojo y sudoroso.

-¿Te pasa algo?

Pero George no pudo responder. Angelina Johnson irrumpió en la habitación luciendo igual de desastrosa y pasó a su lado musitando unas palabras que parecían de disculpa. Percy se quedó boquiabierto y no supo qué decir. No hacía falta ser muy listo para saber lo que esos dos habían estado haciendo.

-No me lo puedo creer –Musitó en voz muy baja, demasiado conmocionado aún para decir algo más sensato- ¿Angelina y tú…? –George se apoyó en el mostrador principal e hizo un gesto afirmativo- ¿Aquí? ¿En la tienda?

Percy estaba dispuesto a soltarle un discurso sobre lo inadecuado que era mantener relaciones íntimas en un lugar público –más o menos- como aquel, donde cualquiera podría verlos, pero se abstuvo de hacerlo cuando se dio cuenta de que algo no iba del todo bien. George no se había reído de él por ser tan conservador y aburrido como siempre. En vez de eso, parecía avergonzado.

-Ha sido algo bastante inesperado –Masculló el joven, pasándose una mano por la cabeza- Y en realidad no quiero hablar de ello ahora.

-Pero. ¿Angelina y tú?

George suspiró y agachó la mirada. Percy no recordaba haberlo visto en ese estado jamás. George simplemente no era así. No era la clase de personas que bajaba la cabeza y se avergonzaba.

-¿Estáis juntos? –Preguntó Percy al cabo de unos segundos. No se le ocurría nada mejor que decir.

-No. Y te agradecería que no comentaras esto con nadie.

Percy asintió. Tenía una extraña sensación que no podía clasificar muy bien. Seguramente sólo era desconcierto porque se acababa de dar cuenta de que George era más que risas y bromas. Eso ni siquiera le había pasado después de la muerte de Fred.

Fred.

Así que era eso. Tenía que serlo. La vergüenza y la incomodidad eran por Fred. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? George debía pensar que sentirse atraído por Angelina era como traicionar a su hermano. Por eso estaba abochornado, no porque alguien lo hubiera descubierto prácticamente en plena faena.

-Está muerto –Dijo con suavidad, atreviéndose a ponerle una mano en el hombro. George lo miró con sorpresa y pareció sentirse muchísimo peor que antes- Si te gusta Angelina –Se interrumpió sin saber muy bien cómo continuar. Nunca se le había dado bien dar consejos- Sé que es complicado, pero si…

-Déjalo, anda –George recuperó la sonrisa y se agarró a su brazo- Eres un desastre como asesor sentimental.

¡Cuánta razón tenía! Percy le agradeció enormemente el comentario porque tenía la sensación de estar metiéndose en un callejón sin salida. Sonrió, aceptó que su hermano le diera un par de palmaditas de apoyo y decidió que se olvidaría del tema aquel hasta que George quisiera hablar o, en su defecto, hasta el día de su futura boda con Angelina. Lo que sí le resultó curioso fue que George y él fueran por ahí dando besos inoportunos al mismo tiempo.

-¿Me esperas un momento? Estamos organizando la campaña de Navidad y tengo que ordenar un par de cosas.

Percy supuso que lo que tenía que hacer era recoger el desastre que Angelina y él debían de haber organizado, pero se limitó a asentir y a dar una vueltecita por la tienda mientras George terminaba su trabajo. Para ser viernes había muy poco ambiente en el Callejón Diagón. El frío no animaba precisamente a la gente para que saliera de compras y los primeros días del mes de diciembre habían llegado acompañados de copiosas nevadas. Los niños debían estar encantados y los adultos hartos de los problemas que la nieve ocasionaba.

Al cabo de media hora, los dos hermanos Weasley se disponían a desaparecerse para ir a cenar a La Madriguera. Su madre los recibió entre regañinas y malos humos porque se habían retrasado y la comida estuvo tan rica como siempre. Para Percy era agradable comprobar que a pesar de todos los problemas, la vida en casa siempre era la misma.

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Penelope Clearwater estaba sentada junto a una de las ventanas del pub, taza de café hirviente entre los dedos y ojos fijos en los dos guardaespaldas que su padre se había empeñado en encasquetarle cada vez que salía a la calle. Según él, todos los hijos de políticos del país debían llevar seguridad por si algún chiflado quería pagar sus frustraciones con ellos, pero Penny sabía que lo que le daba miedo a su progenitor no eran los muggles, sino la gente que la había enviado a Azkaban y que la había estado torturando durante tantos y tan espantosos meses.

Ahora, más de medio año después de aquellos terribles acontecimientos, Penny había aprendido a sentirse tranquila. Aún se asustaba cuando escuchaba un ruido más fuerte de lo normal y no estaba nada dispuesta a volver a coger una varita por el momento, pero sabía que su estado físico y anímico había mejorado muchísimo. De hecho, seis meses antes no se hubiera emocionado ante la idea de viajar al extranjero, pero ahora que su padre le había comunicado que el Primer Ministro en persona le había ofrecido el puesto de embajador en Sudáfrica, Penny no veía el momento de coger sus cosas y marcharse a aquel país. Sabía que un cambio de aires le ayudaría a recuperarse por completo mucho antes.

Viendo las cosas con perspectiva, no le había ido tan mal desde su puesta en libertad. Estaba disfrutando de los cuidados de sus padres, de las comodidades que se había perdido en su adolescencia e incluso estaba haciendo nuevas amistades. Se sentía a gusto viviendo entre muggles y dudaba que algo pudiera perturbar la paz en su vida.

Hasta que Percy la llamó.

Tal vez no debió pillarla por sorpresa. Sabía que Percy Weasley era un chico cabezota y que la quería mucho, así que era lógico pensar que insistiría en volver a verla. Y no era que Penny lo culpara de lo que le había pasado, porque sabía que él no era responsable de nada y que no podría haber hecho gran cosa por ayudarla, pero no quería verlo como no quería ver a ningún mago. Nada de varitas mágicas, calderos de peltre o escobas voladoras en mucho tiempo.

Debía reconocer, eso sí, que una parte de sí misma se alegró de escucharle de nuevo. Lamentó mucho la muerte de su hermano y no le deseaba ningún mal a su familia. Lo había querido demasiado para pensar lo contrario, pero al tiempo que se alegró supo que no sería capaz de enfrentarse a él y lo que su presencia podía suponer en su vida. Penny había decidido empezar desde cero y eso excluía por completo a Percy de sus planes de futuro. Al principio fue duro alejarse de él, pero ya no lo extrañaba tanto. Estaba preparada para olvidarlo.

O eso era lo que ella había creído hasta que recibió la llamada telefónica de esa chica. Fue la tarde anterior. Penny le había colgado un par de veces, pero finalmente se había visto obligada a aceptar aquella cita.

-Perdona. ¿Eres Penny?

Alzó la vista y vio a una joven morena y de cara aniñada que tenía toda la pinta de ser muggle. ¿Acaso había esperado otra cosa? Los magos no eran famosos por su apego a la tecnología y hubieran preferido contactar con ella por lechuza. Aunque, claro, eso no era muy efectivo si el destinatario de los mensajes no tenía intención de contestar. La cuestión era que esa chica fue muy insistente. Quería hablar sobre Percy. Penny no podía imaginar exactamente sobre qué. Percy nunca había sido muy dado a relacionarse con gente no mágica, así que era casi imposible que conociera a esa chica.

En cualquier caso, Penny recordó sus modales y, poniéndose en pie, estrechó la mano que la desconocida le tendía. Por el rabillo del ojo vio como los guardaespaldas se ponían en guardia y los tranquilizó con un gesto. Esa chica no suponía un peligro absolutamente para nadie.

-Yo soy Audrey.

Después de las presentaciones, ambas tomaron asiento, la recién llegada se pidió un café bien cargado y pasaron un breve periodo de tiempo calladas, observándose tentativamente. Finalmente fue la tal Audrey la que habló.

-Siento muchísimo haberte molestado. Soy consciente de que no tengo ningún derecho a entrometerme en tu vida o en la de Percy, pero él es mi amigo y estoy preocupada por él.

-¿Percy es tu amigo? –Penny no podría haber expresado mayor perplejidad ni queriendo. Audrey se mostró descolocada un instante, pero luego afirmó efusivamente con la cabeza.

-No nos conocemos desde hace mucho, pero nos llevamos bien. Es un chico muy agradable.

-Supongo que sí.

-Seguramente se enfadará un poco conmigo cuando sepa que te he llamado, pero es que me pareció muy importante quedar contigo. ¿Sabes? A Percy le cuesta mucho expresar sus emociones, pero me he dado cuenta de que te quiere mucho y te echa de menos.

Penny entornó los ojos. No podía creerse que esa chica la hubiera citado para eso. Era absolutamente surrealista. Y Audrey debía pensar lo mismo, porque hablaba como si le costara un gran esfuerzo pronunciar cada una de sus palabras.

-Yo no hago esto muy a menudo y no es fácil para mí –Audrey se mordió el labio inferior y se agitó con nerviosismo- De hecho, creo que estoy empezando a arrepentirme un poco. Espero que no te moleste lo que te voy a preguntar.

-¿Qué me vas a preguntar? –Inquirió Penny entre paciente y divertida. No era una situación cómoda, pero en lugar de estar molesta se encontraba embargada por toda aquella rareza.

-¿Todavía quieres a Percy?

Si hubiera estado comiendo algo, posiblemente Penny hubiera sufrido una espantosa muerte por atragantamiento. Por fortuna, lo único que hizo fue estar a punto de escupir el café y alucinar un poco. No esperaba algo así.

-¿Perdona?

-No es asunto mío, pero creo que deberías hablar con él.

-¿En serio?

-No sé muy bien qué ha pasado entre vosotros y no espero que me cuentes nada, claro, pero sí sé que Percy ha invertido mucho tiempo en buscarte y que sería injusto que vuestra última conversación fuera por teléfono.

Penny carraspeó, se agitó con incomodidad y notó como el sentimiento de irrealidad mutaba hasta transformarse en enfado. No le gustaba que nadie se entrometiera en su vida, mucho menos absolutos desconocidos que no tenían ni idea de todo por lo que había tenido que pasar. Por un momento pensó que fue Percy quién envió a esa chica a hablar con ella, pero no tardó en comprender que no era su estilo. Percy podía ser un poco imbécil a veces, pero era todo un Gryffindor y afrontaba sus problemas directamente, sin intermediarios. Además, la tal Audrey no debía tener ni idea de que existía un mundo mágico.

-Creo que deberías hablar con él en persona. Aclarar las cosas.

-Mira, Audrey. Tú misma lo has dicho antes. No tienes ningún derecho a entrometerte en mi vida o en la de Percy.

Penny se puso en pie, dispuesta a acabar con esa charla lo antes posible. Sin embargo, la otra chica estiró una mano y le asió con suavidad la manga de su chaqueta. La mirada que le dirigió era casi suplicante.

-Por favor.

Y el tono de voz también. Penny contuvo el impulso de poner los ojos en blanco y se detuvo.

-No estoy aquí sólo por él. ¿Sabes? También he venido por mí.

Audrey consiguió captar de nuevo su atención y Penny volvió a sentarse con la sensación de saber lo que ella iba a decirle. Después de todo esa chica no era precisamente una experta disimulando emociones.

-Él… Seguramente tampoco te interese, pero Percy me gusta un poco y yo… Me gustaría estar segura de que no… De que tú y él no…

Penny sintió una extraña calidez subirle por el pecho. No sabían si eran celos, ternura o una mezcla de ambas cosas, pero acertó a sonreír.

-Percy no me ha contado mucho, pero sé que te quiere. Él no cree que volváis a estar juntos otra vez, pero necesito estar segura.

Después de decir aquello, la tal Audrey la observó con aprensión, esperando una respuesta que tardaba en llegar. Finalmente Penny suspiró y la miró fijamente a los ojos, tan segura de sí misma como no lo había estado jamás.

-Sí quiero a Percy. Es una buena persona y estuve muy a gusto a su lado, pero no quiero volver con él. Ni hoy, ni mañana, ni nunca. De hecho, me marcho del país dentro de unos días y no creo que regrese en mucho tiempo. Lo nuestro se ha terminado.

Vio como la chica se mordía el labio inferior y afirmaba quedamente con la cabeza.

-De todas formas creo que deberías verlo –Dijo Audrey. Penny tuvo la impresión de que acababa de quitarle un gran peso de encima.

-Me lo pensaré. ¿De acuerdo?

Audrey le sonrió, apuró su café y se dispuso a irse.

-Si le llamas, no le digas que nos hemos visto. ¿Quieres? No me gustaría que pensara que soy una entrometida.

-Claro. Seré una tumba.

Audrey se despidió dándole las gracias y se marchó apresuradamente. Mientras la veía salir, Penny consideró sus palabras. Tal vez Percy merecía una explicación después de todo.

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-No pienso irme hasta que no hable con ella, así que si no me dejas pasar la esperaré en el portal.

Cillian entornó los ojos, lo miró como si quisiera asesinarlo y se hizo a un lado para permitirle la entrada. Lo último que le apetecía era compartir tiempo y espacio con ese mequetrefe, pero consideraba que era necesario que Audrey y él hablaran y estaba dispuesto a sacrificarse por el bien de su amiga. Además, después de la última reunión en Escocia, Percy Weasley no le caía tan mal como antes. Debía reconocer que le había echado una mano sin tener obligación de hacerlo y eso era algo que debería agradecerle.

Por fortuna, Percy no se paseó por la casa como si fuera suya. Esperó a que Cillian lo invitara a tomar asiento y se mantuvo bastante silencioso, aunque dispuesto a iniciar una conversación si su anfitrión así lo deseaba. Cillian supuso que ese era un momento como para cualquier otro para poner las cartas sobre la mesa y se encogió de hombros con resignación antes de sentarse frente a él y mirarle escrutadoramente. La pobre Audrey no tenía ni padres ni hermanos y alguien debía asegurarse de que nadie le hacía daño. No es que Cillian hubiera sido muy útil en el pasado, especialmente con todo el asunto de David, pero al menos nadie podría acusarlo de no intentarlo.

-Audrey me ha dicho que el otro día os enrollasteis.

-¿Disculpa?

Al menos aquella afirmación lo pilló desprevenido y se le vio bastante desconcertado durante un par de segundos. El tiempo exacto que tardó en ajustarse el nudo de la corbata y poner cara de circunstancias.

-Espero por tu bien que seas sincero con ella.

-¿Me estás amenazando?

-Exactamente.

Percy frunció el ceño y se cruzó de brazos adquiriendo una postura entre defensiva y arrogante. Cillian supuso que no se dejaría intimidar con facilidad y él mismo decidió demostrarle que le plantaría cara en cualquier circunstancia.

-No creo que sea asunto tuyo si me he enrollado o no con Audrey. Y tampoco si soy sincero o no con ella.

-Ya. Pero es que como le digas una cosa y luego hagas la contraria, te voy a partir la cara. ¿Entiendes?

-Claro. Pero sigue sin ser asunto tuyo.

Cillian entornó los ojos, se preparó para el segundo asalto y la puerta de la calle se abrió.

Audrey, que volvía sintiéndose bastante satisfecha después de su reunión con Penny, los miró a los dos con cara rara y luego se dio cuenta de que verdaderamente Percy estaba allí. Obviamente no pensaba dejar de insistir y la chica supo que debía enfrentar el asunto del beso ya mismo. No le apetecía mucho, pero imaginó que no daría muy buena impresión salir por patas después de que tanto Cillian como Percy la hubieran visto volver a casa.

-Me voy.

Efectivamente, Cillian cogió su cazadora y se fue. No se le veía muy contento y Audrey quiso pedirle que se quedara un rato, pero era mejor así. Cuando la puerta se cerró otra vez, Percy estaba de pie a unos pocos pasos de ella y la miraba fijamente. Audrey suspiró, se tomó su tiempo para quitarse el abrigo y se dio media vuelta. No era una cobarde. O al menos eso empezó a repetirse una y otra vez mientras buscaba una manera de dar comienzo a la inminente conversación.

-¿Hace mucho que has llegado?

-No.

-¿Te apetece tomar algo?

-No, gracias.

-¿Ni siquiera una Coca-Cola?

No sonaba mal, pero Percy negó con la cabeza y la chica le sonrió. Había algo tenso en ella, a pesar de que pretendía ser amable, y su sonrisa no era para nada sincera.

-Me alegro de haberte encontrado. Estaba semana no nos hemos visto ni una vez.

Aunque Percy no habló con reproche, sí que había cierta acusación en su voz. No era algo que pretendiera esconder y se alegró al comprobar que Audrey no estaba muy orgullosa de su comportamiento huidizo.

-He estado muy ocupada en el hospital. Estamos en medio de una auténtica epidemia de gripe y el servicio de urgencias está hasta los topes.

-Debes estar cansada.

-En realidad, todos los años es igual –Audrey se sentó y Percy no tardó en imitarla- ¿Qué tal estás?

-Bien. Yo también he tenido una semana complicada en el trabajo.

Audrey asintió, suspiró y se recostó en el sofá. Por primera vez desde que se conocían, la chica no tomaba las riendas de la conversación. Percy, sentado de medio lado y sintiéndose un tanto incómodo, la miró de soslayo y supuso que él tendría que dar el primer paso si querían comentarle algo del beso.

-Sobre lo que pasó el sábado…

Audrey dio un respingo y se puso totalmente roja. A Percy le pareció graciosa su actitud, puesto que nunca habría imaginado que esa chica pudiera ser tan lanzada para unas cosas y vergonzosa para otras.

-Creo que…

-Fue una estupidez –Audrey lo interrumpió repentinamente- Tú estabas mal por lo de Penny y yo… No sé que me pasó. Seguramente fue por todo lo que bebimos. Y sé que suena a excusa estúpida, pero no quería que te sintieras incómodo ni nada. Te agradezco mucho que hayas venido para hablar y espero que sigamos siendo amigos.

Percy parpadeó, abrumado por tanta palabrería. Audrey esperaba con ansiedad que él dijera algo, que la disculpara o lo que tuviera que hacer por lo ocurrido.

-Bueno. No fue del todo adecuado, pero tampoco es para tanto. Fue sólo un beso.

-Sí, claro. Sólo un beso.

Percy cabeceó, satisfecho porque todo estaba claro. A Audrey no se la veía ni muy contenta, pero al menos ambos estaban más o menos seguros de que podían olvidarse de ese tema y seguir con sus vidas como si nada hubiera ocurrido. Era lo mejor si querían seguir siendo amigos.

-¿Por qué no te invito a tomar algo?

Audrey aceptó con una sonrisa un poco más real que la anterior. Mientras salían al exterior, Percy pensó en que estaba muy bien que las cosas volvieran a su sitio. Después de todo, el orden era lo que más le gustaba del mundo.

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Ya por la mañana, Percy despertó sintiéndose bastante contento. El persistente dolor que sentía cada vez que se acordaba de Penny aún seguía allí, aunque debía reconocer que cada vez era menos fuerte y más soportable. De hecho, pensar en lo bien que Audrey y él se lo habían pasado la noche anterior le ayudaba bastante a sobrellevar su reciente –o no tan reciente- ruptura sentimental.

Después de su escueta y esclarecedora conversación con Audrey, Percy había temido que la chica no se comportara con la misma naturalidad de siempre, pero sus temores se vieron reducidos a la nada cuando se tomaron los dos primeros refrescos –nada de alcohol después de las recientes estupideces- y empezaron a hablar sobre películas. En realidad fue Audrey la que se pasó todo el rato de cháchara, hasta que decidió que lo mejor que podían hacer era ir al cine y Percy se descubrió a sí mismo disfrutando de una película de verdad.

Fue una experiencia interesante. La pantalla enorme, el sonido envolviéndolo todo y la suave risa de Audrey cuando los protagonistas decían algo gracioso. Percy no recordaba el nombre del largometraje, y por supuesto no conocía a los actores, pero estaba dispuesto a repetir la experiencia más pronto que tarde.

Después del cine, estuvieron cenando por ahí y volvieron a casa. Era bastante pronto cuando se despidieron y realmente a Percy le hubiera gustado estar con ella un rato más, pero lo importante era que esa noche se acostó con buen sabor de boca, contento porque no había perdido la inestimable amistad de Audrey.

Esa mañana, mientras se preparaba el desayuno, consideró la idea de ir a buscarla antes del mediodía. Sabía que Audrey tendría el día libre y le atraía la idea de ir a pasear con ella cuando todavía había luz solar. Casi todo el tiempo que pasaban juntos era durante la noche y Percy se preguntaba cómo sería recorrer las abarrotadas y bulliciosas calles del Londres muggle mientras estaban repletas de gente que quería hacer sus compras, que sacaba al perro de paseo o que llevaba al parque a sus hijos. No es que se quejara del ambiente nocturno, pero quería probar otras cosas. Seguramente sería agradable.

Le pareció raro descubrirse a sí mismo tarareando una molesta melodía. No había podido quitársela de la cabeza desde que se levantó y se sentía un poco tonto. Él no era de los que hacían esas cosas. Aún así, le quitó importancia al hecho, se sirvió una buena taza de café y se sobresaltó cuando escuchó un incesante golpeteo en la ventana del salón.

Sus padres no acostumbraban a enviarle lechuzas a casa, y sus hermanos mucho menos. Cuando Percy atendió al animal, supuso que algo habría ocurrido en el Ministerio y se despidió de sus planes de estar junto a Audrey, pero al leer el mensaje de Penny algo se revolvió en su interior.

No se lo esperaba, la verdad. Había perdido la esperanza de volver a verla otra vez. Incluso se había hecho a la idea, así que aquello le pilló desprevenido. Por supuesto que le alegró un montón, pero la felicidad se transformó pronto en un extraño cansancio que no dejaba de perturbarle. Quizá porque había querido pasar la página de esa parte de su vida y le molestaba tener que volver atrás de nuevo.

De cualquier forma, una hora después estaba en el Londres muggle, pero no en compañía de Audrey tal y como había pensado. Penny lo había citado en Hide Park. En cuanto la vio, Percy pensó que estaba guapísima. Atrás habían quedado las túnicas de bruja, dando paso a un abrigo oscuro hasta casi los pies y a un paraguas igual de sobrio. Además, se había estirado el pelo. Percy no recordaba haberla visto tan elegante como ese día y, sin embargo, su corazón no dio el vuelco que él había esperado. Se emocionó al comprobar que estaba bien, pero le descolocó un poco no tener ganas de comérsela a besos.

Mientras caminaba hacia ella, Percy intentaba comprender por qué sus emociones parecían haber cambiado tanto en tan poco tiempo. Quería a Penny, sí, pero una vocecilla en su cabeza no se cansaba de decirle que a esas alturas apreciaba más su amistad que cualquier otra cosa que hubieran tenido en el pasado. Aún así, cuando llegó junto a ella no pudo ni quiso contener las ganas de sonreírle. Penny correspondió con un gesto despreocupado y a Percy le alegró que ella aún quisiera estrecharle en un abrazo más de alivio que de otra cosa.

-Penny –Masculló cuando se separaron, sosteniéndola aún por los codos- ¿Cómo estás?

-Bien. ¿Por qué no nos sentamos?

Ella lo llevó hasta un banco cercano. Hacía frío y estar parado en mitad de la calle no era algo que apeteciera demasiado, pero Percy se encontró a gusto allí, con Penny. Le extrañó, eso sí, la presencia silenciosa y cercana de dos hombres altos y robustos como gigantes, pero la chica lo tranquilizó.

-No te preocupes por ellos, no molestarán. Vienen conmigo. Son mis guardaespaldas.

Percy cabeceó y los miró de reojo. Para ser muggles, esos dos elementos se veían de lo más intimidantes.

-¿De verdad estás bien? He estado muy preocupado.

-Estoy perfectamente, Percy. Vivir lejos de la magia me está haciendo mucho bien. Estoy muy tranquila y me siento a salvo. No tienes por qué preocuparte.

-Claro. Me alegro. Es sólo que pensé que volverías.

Penny se mordió el labio inferior y la tristeza se reflejó en sus ojos. Aquel no era un tema fácil de tratar, aunque se alegraba muchísimo de que la conversación con Percy fluyera con tanta naturalidad. Ellos dos nunca habían tenido problemas para comunicarse y ni siquiera el tiempo que llevaban sin verse pudo cambiar eso.

-Como ya te dije, no pienso volver.

-Pero tú perteneces a nuestro mundo.

-No, Percy. Yo pertenezco a un mundo que me haga feliz y, por ahora, el mágico no cumple ese requisito.

-Las cosas han cambiado de verdad. Nadie volverá a hacerte daño.

-Pero es que eso ya no me importa. No siento la necesidad de hacer magia otra vez. Estoy muy bien cómo estoy y me gustaría que lo comprendieras.

Percy apretó los dientes. Le resultaba difícil, casi imposible, entender que un mago renunciara a sus poderes como lo estaba haciendo Penny, pero después de todo lo que la chica había sufrido podía intentar ponerse en su lugar.

-¿Por qué estás aquí, entonces? No esperaba que te pusieras en contacto conmigo después de lo que me dijiste.

-Estoy aquí por ti. Quería despedirme de ti.

-Entonces. ¿No piensas volver?

-No lo sé. Quizá dentro de unos años me sienta con fuerzas para intentarlo. Pero mi despedida no se debe a eso. Me voy de Inglaterra.

-¿Cómo?

-Mi padre será el nuevo embajador en Sudáfrica y nos vamos con él. Yo no podía dejar el país sin decirte adiós. Te mereces al menos una explicación.

-Yo… -Percy retuvo el aire en los pulmones, buscando una forma adecuada de decir lo que quería. Miró a Penny fijamente a los ojos y se atrevió a cogerle las manos –Lo siento.

-¿Qué?

-Sé que te fallé. Ojalá hubiera podido hacer algo más por ti cuando te capturaron. Intenté avisarte, pero…

-No hace falta que digas nada, Percy –Penny lo interrumpió con suavidad y firmeza entremezcladas, dando a entender que ese no era un asunto sobre el que quisiera discutir. Por lo menos de momento- No podías hacer nada. Fuiste uno de los pocos que se portó de forma decente conmigo. No fue tu culpa.

-Pero yo dejé que te apresaran. No hice nada por ti. Me asusté.

-Si hubieras intentado algo, tú también habrías terminado en Azkaban. Al menos luchaste en cuanto tuviste la oportunidad.

-Pero…

-Ya basta, Percy –Penny le acarició una mejilla, gesto más que suficiente para enmudecerle- Quiero olvidarme de todo eso. ¿Entiendes? No hay más que hablar.

-Claro. Perdona.

Permanecieron en silencio unos minutos. Percy aún la tenía agarrada de la mano y ambos se sentían totalmente en paz. El chico sabía que todos los problemas que tanto le habían atormentado en el pasado se habían arreglado en aquellos pocos minutos y supuso que con eso era suficiente. No había esperado retomar su noviazgo con Penny y no se sentía triste por no conseguirlo.

-Entonces. ¿Cuándo te vas?

-En un par de semanas. Mi padre está ultimando todos los detalles del viaje.

-Me gustaría poder escribirte alguna vez.

Penny lo miró de reojo y sonrió con algo semejante a la complicidad.

-Quizá podamos hablar, ahora que has aprendido a usar el teléfono.

-Sí, bueno. No me quedó otro remedio para lograr contactar contigo.

-Por supuesto. ¿Y se puede saber quién te ha enseñado?

Percy resopló y contuvo una risita ahogada.

-Esa es una historia muy larga e interesante que te contaré en la primera carta que te envíe.

Penny rió y le golpeó juguetonamente con el hombro. Estaba claro que no podían volver a ser novios, pero conservar su amistad era casi como ver cumplido su objetivo de los últimos meses.

-Espero que todo te vaya bien, Penny.

-Lo mismo te digo, Percy.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Y hasta aquí puedo leer :) Espero que no os haya disgustado demasiado ;)

Creo que esta historia ya se acerca a su fin. Antes de darles el tiro de gracia a Audrey y Percy, tenía que hacer que nuestro Weasley se despidiera de su antigua chica. ¿Verdad? Ahora sólo queda que él se de cuenta de que la mujer de su vida en una chica muggle y ya está. Ya veremos si es el próximo capítulo :)

Gracias por estar ahí. Besos

Cris Snape.