Otras cosas, también…
Después de nuestro primer beso, nuestro primer "momento de amor", se sucedieron otros.
Muchos otros.
Era él, Iruka, mi amigo de toda la vida, la persona que me había vuelto loco durante más de diez años, poseedor de aquellos cabellos castaños, esa mirada brillante y esa dulce sonrisa.
Sí.
Él me amaba.
No cabía en mí. Las palabras que salieron de su boca aquél lluvioso día, jamás se borraron de mi memoria.
Nos volvimos a ver… Como cuando éramos chicos. Tardes enteras juntos, susurrándonos palabras de amor al oído.
La pérdida de Obito me había impactado mucho realmente. Pero el hecho de saber que estaba conmigo era… No lo sé. ¿Maravilloso?
Sí. Esa es la palabra.
La felicidad que sentía al estar a su lado era mayor que cualquier sentimiento.
Algunos meses pasaron.
Todo volvió a ser como era antes. Pero con una diferencia: esta vez nosotros éramos novios.
No había notado en todo ese tiempo, cuánto añoraba el pasado.
Felizmente aquellos tiempos volvieron…
Los tiempos en los que yo era de Iruka.
Los tiempos en los que Iruka era sólo mío.
-x-
Empezamos la universidad juntos.
A pesar de cursar materias diferentes, podíamos juntarnos en los recesos o al finalizar la jornada.
Podía ver su dulce sonrisa todos los días. Podía darle un suave beso. Podía abrazarlo fuertemente.
Sólo con eso, yo era feliz.
Por supuesto Iruka, una persona muy abierta, ya durante nuestro primer día había entablado conversación con todos. Era tan amable y extrovertido que todo el mundo lo consideraba como "una de las personas más simpáticas que había conocido…"
Y era cierto, él, a diferencia de mí, si sabía expresarse.
Iruka me presentó muchos de sus amigos. A pesar de conocerme y saber que no era una persona muy "comunicativa", siempre intentó insertarme en alguno de sus grupos…
He de decir que los compañeros de la universidad me eran bastante simpáticos, por lo que acepté su compañía casi de inmediato. Algunas personas me parecieron exactamente una verdadera "pérdida de tiempo". Pero hubo una persona en particular que me desagradó por completo: un tal Mizuki.
¿Cómo puedo explicarme?
El bastardo era un chico alto, de cabellos blancos y negros ojos.
La primera vez que lo escuché hablar me cabreé tanto que casi le salté encima, dispuesto totalmente a matarlo. Al parecer Iruka se percató a tiempo de mi "futura" reacción, por lo que me tranquilizó con algunas de sus dulces palabras.
¿Qué había dicho aquél gilipollas?
Pues nada. Sólo un: "Hola, Iru-chan."
¿Quién diablos se creía que era ese "Mizuki"?
¿Iru-chan? ¿Aquél desgraciado le había dicho "Iru-chan" a MI IRUKA?
Son incontables las veces que tuve que tuve que tranquilizarme y auto-controlarme para no estrangular a ese chico…
Simplemente no lo soportaba.
Noté que el inútil de "Mizuki" tomaba la mano de Iruka…
¡Y el descarado no intentaba ocultarse! Lo hacía delante de mí. Pero no era sólo eso… Lo abrazaba, tocaba, y muchas cosas más. Lo pesqué más de una vez observándole el culo, a él, A MI NOVIO.
La única razón por la cual no le había tocado un cabello a ese desgraciado era por Iruka. Me había pedido que no le hiciera caso que "Mizuki" no lo hacía a propósito… Esas "demostraciones de cariño" eran comunes en su país, y que lamentablemente el "pobre chico" no estaba acostumbrado a nuestras tradiciones…
¡Podía apostar mi vida a que no era así!
¡El maldito deseaba a Iruka!
Pero yo no iba a permitir aquello. No. Bajo ningún punto.
Pasé más tiempo con Iruka. No lo dejaba solo ni un momento. Encontraba problemas para impedir el acoso de "Mizuki" durante las horas de clases, ya que él e Iruka cursaban la misma carrera.
Durante esos momentos mi mente se encontraba intranquila… ¿Qué coño le estaría haciendo "Mizuki" en esos momentos?
Iruka notó un cambio en mi actitud y me preguntó que me sucedía.
Nada.
No sucedía nada.
¿Eran celos?
Probablemente. Aunque no podía soportar que aquél desgraciado lo tocara.
-x-
Una fresca tarde de otoño me acerqué al famoso Mizuki para hablar.
Ya no podía soportarlo.
Nos sentamos en una banqueta del parque que estaba frente a la universidad. Un fuerte y frío viento soplaba, levantando hojas marrones y doradas.
Lo observé fijamente durante unos segundos.
-Mizuki, yo…
-Ya lo sé… Quieres hablar sobre Iruka.
-Sí… Sabes…
-Quieres que me aleje de Iruka ¿verdad? Bueno…-dijo después de un breve silencio.- Aquí está mi respuesta: No.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Que yo soy mejor pareja que tú para él. No me separaré de Iruka.
-No. Él es mi novio. Quiero que dejes de "demostrarle tu afecto" y te alejes de él.
-Ya te he dicho que no lo haré… ¿Para qué? ¿Para que siga perdiendo el tiempo con un introvertido bueno para nada como tú?
-¿Qué has dicho, desgraciado?
-Lo que oíste. Ahora escúchame bien… Tú no eres nadie para decidir sobre la vida de Iruka. Obviamente él prefiere mi compañía a la tuya… Como dije, tú eres una persona completamente antipática y cerrada, totalmente lo opuesto a él. ¿Crees que te ama? Yo no.
Cerré mi boca con fuerza. Mis dientes rechinaron.
Debía controlarme. Iruka no me perdonaría si golpeaba a ese maldito.
-¿Por qué crees que Iruka estuvo huyéndote toda esta semana? Se hartó de ti. Estuvo saliendo conmigo, ya no te soportaba…
Abrí los ojos, sorprendido. Era cierto.
No me había juntado con él desde hacía varias semanas. Pocas veces nos podíamos ver. Siempre ponía alguna tonta excusa.
"Tengo que presentar algunos trabajos, Kakashi. Lo siento"
¿Podía ser que Mizuki tuviera razón?
Cerré los ojos fuertemente.
No. Ese desgraciado mentía. Iruka aún me quería.
Pero… ¿Era eso cierto?
Tenía que hablar urgente con él.
-Mizuki… Sólo aléjate de él, bastardo…
Me fui rápidamente de allí. Sólo cuando giré la cabeza, pude ver una sonrisa de satisfacción en su asqueroso rostro.
-x-
Llamé a Iruka inmediatamente…
"¿Dónde estás, Iruka? ¡Dios! ¡Necesito hablar contigo!"
Estaba ansioso y bastante furioso… Ese desgraciado… Ese idiota de Mizuki me había dicho que…
"¡NO! Kakashi Hatake, contrólate. Ese desgraciado te mintió…"
Mi ángel de castaños cabellos todavía me amaba. O por lo menos eso era lo que yo quería creer…
Sin embargo, Iruka no me respondió ninguna de las llamadas que realicé esa tarde. Era tanta mi desesperación que algunas lágrimas cobardes se resbalaban por mis mejillas.
Lo odiaba.
Odiaba a Mizuki.
Aquél desgraciado me había quitado al único amor de mi vida…
-x-
Al otro día me encontré con Iruka en la cafetería. Hablaba animosamente con un chico y el otro reía estridentemente.
"¡Dios! Que no sea Mizuki… Que no sea Mizuki…"
Me acerqué lentamente y pude verlo.
Lamentablemente el que estaba sentado al lado de MI Iruka era él. Era el inútil de Mizuki.
¿Es que el destino me era tan adverso?
Iruka me saludó efusivamente desde la banqueta. Pero yo no respondí su saludo. Estaba tan enfrascado en mis pensamientos que el tiempo se detuvo…
"Quizás Mizuki tenga razón. No soy nadie para impedir que Iruka sea feliz. Probablemente estar a mi lado sea aburrido y difícil… Sí, es posible que Iruka ya no me quiera. Una persona como Mizuki es mejor para él… ¡DIABLOS! ¡COMO LO AMO! ¿Por qué yo…?"
Caminé hasta él y casi maquinalmente le dije:
-Tenemos que hablar…
Él asintió levemente, se levantó y me siguió por los estrechos pasillos de la universidad. Mizuki nos siguió con la mirada y esbozó una extraña y repugnante sonrisa.
-Dime Kakashi… ¿Qué sucede?-me preguntó mi ángel con voz preocupada.
-Iruka… Quiero que terminemos.
Se quedó paralizado durante unos segundos, asimilando cada una de las palabras que había pronunciado. Algunas lágrimas aparecieron en sus inocentes ojos y me preguntó quedamente:
-¿Por qué? ¿Por qué, Kakashi?
-Iruka… Quiero que puedas elegir libremente. Se que no soy lo suficientemente bueno para ti… He notado que… Bueno… Quieres distanciarte. Y lo entiendo. Debe ser muy difícil salir conmigo, ya que soy antipático, frío, introvertido y muchas cosas más. No puedo creer que no hayamos terminado antes. Soy un maldito egoísta… Lo siento, Iruka. Prometo no meterme más en tu vida…
También yo estaba mal. Había cerrado mi boca con fuerza y un gran nudo aparecía en mi garganta produciéndome un escozor insoportable. Esto era para mí muy difícil. Pero era algo que tenía que hacer. Tenía que dejar que Iruka fuese feliz…
-Kakashi… Estás semanas yo…
-Ah… Y por eso no te preocupes… Hablé con Mizuki. Ya sé que estuviste saliendo con él. Lo entiendo. No debes explicarme nada… Lamento que hayas tenido que ponerme excusas para estar con él… Yo…
-Espera un segundo… ¿Qué has dicho?-dijo Iruka mirándome a los ojos con una expresión firme en su rostro.
-Que ya hablé con Mizuki y me enteré que estuviste saliendo con él…
-¡Idiota! ¿Él te ha dicho semejante barbaridad?
-S-sí…
-¡Tonto! ¿Cómo has podido creerle? ¡No es así! ¡NO!
-¿Qué quieres decir…?
En ese momento salíamos al patio trasero. Una suave y fresca brisa acariciaba nuestros cabellos. Más allá algunos pájaros cantaban tristes melodías. Nos sentamos en un frío banco de piedra y pude notar que la expresión de Iruka había cambiado. Su rostro mostraba un enojo incontenible.
-¡NO PUEDO CREERLO! ¿¡Ese idiota te ha dicho eso! ¿¡¿Quieres saber realmente que fue lo que estuve haciendo estás malditas últimas semanas?
Lo miré con una ceja alzada. No entendía que era lo que estaba sucediendo. Hacía un rato que estaba contento. Después algunas lágrimas amenazaron con salir. ¿Y ahora estaba furioso? ¿Qué estaba pasando?
-¡Idiota! ¿Sabes que día es hoy?-me preguntó bruscamente.
-Hoy es miércoles…
-¿Sabes al menos que número?
-Sí… Hoy es 3 de junio.
De repente abrí los ojos asombrado.
3 de junio.
Era nuestra fecha de aniversario.
¿Cómo había podido olvidarlo?
-Sí, tonto. Hoy cumplimos cuatro años de novios. ¡Ten! ¡Ábrelo! Es para ti.
Me entregó una pequeña caja envuelta en un brillante papel carmesí. La desenvolví lentamente. Ya cuando tuve la caja en mis manos, la observé durante unos segundos y luego la abrí, ansioso. Dentro había un colgante de plata muy bonito que brillaba intensamente bajo los rayos del sol. Un pequeño dije colgaba de éste, también de plata. Eran una letra resplandeciente, una I.
-Kakashi… Así nunca estaremos solos. Yo te tengo aquí.-dijo Iruka sacando cuidadosamente una letra K de su delgado y moreno cuello.-Te amo, Kakashi. No puedo creer que hayas creído que ya no te quería.
Lo miré a los ojos, a esos ojos castaños que me habían vuelto loco durante tanto tiempo.
-Iruka… Gracias… Yo…
-En realidad… Quiero que sepas que no estuve saliendo con Mizuki. No lo he hecho y no lo haría nunca. He estado trabajando en el bar de la Sra. Daizei durante todas estas semanas. Quería darte un regalo especial… Kakashi, no quise decírtelo para que no sospecharas nada… ¡No puedo creer que ese idiota te haya dicho eso…!
Pero Iruka fue interrumpido. Me había acercado rápidamente a él y le había dado un suave y fugaz beso.
-No te preocupes, Iruka. Yo te amo… Pero creí que quizás… No puedo creer que no haya creído en ti… Lo que pasa es que ese inútil me había dicho que… ¡Diablos! ¡Lo mataré!
Iruka me sonrió. Se levantó repentinamente del asiento y con una nueva expresión en su hermoso rostro, me dijo:
-Feliz aniversario, Kakashi… ¿Vienes hoy a mi casa?
Asentí feliz.
-Encantado, iré.
-x-
Al finalizar las clases crucé los pasillos de la universidad rápidamente. Tenía que encontrar al desgraciado y darle su maldito merecido. El colgante tintineaba, alegre, en mi cuello, haciendo que mi furia aumentase con su extraña melodía.
Afuera, los alumnos conversaban animados. El cielo, de un color azul diáfano, entraba por las límpidas ventanas.
Lo encontré finalmente. Estaba todavía con su asquerosa y burlona sonrisa.
-¿Y, Hatake? ¿Ya te has decidido? ¿Has aceptado que Iruka ya no te ama?
Me acerqué a él con pasos rápidos y le encajé un fuerte golpe en la cara, dejándolo casi inconsciente, con la nariz rota y la cara sangrante.
-¡¿Qué…?
-Eres un debilucho, bueno para nada, Mizuki. ¡Maldito! ¡Me has querido hacer creer un montón de mentiras! ¡Agradécele a Iruka que aún estás con vida! ¿¡ME HAS OÏDO, DESGRACIADO! Ni se te ocurra acercarte otra vez a mi novio, o yo personalmente me encargaré de hacer de tu vida un infierno, infeliz…
Un grupo de gente se reunió alrededor nuestro para ver que había sucedido. Una mano se aferró fuertemente a mi brazo y me sacó de la multitud.
Era Iruka. Me sonreía, con su inocente y perfecta sonrisa que iluminaba mis días.
-Ya pasó… Se lo tenía merecido… ¡Vamos a casa, Kakashi!
Algunas miradas curiosas nos siguieron por los pasillos. Pero poco nos importaban. Ya estábamos juntos. Y nadie, ni nada arruinaría nuestra felicidad…
-x-
Llegamos a su casa. El brillante sol del atardecer nos acariciaba con sus suaves y tibios rayos. Éramos felices. En el camino tomé delicadamente la mano de mi amado y entrelacé sus dedos con los míos.
Sacó las llaves de su departamento y las puso nerviosamente en la cerradura. Abrió la puerta. El departamento no había cambiado en nada. La luz entraba cálida a través de las blancas cortinas y una leve corriente de aire llenaba el ambiente.
Dejé mis cosas en la silla más próxima y me senté en un cómodo sofá que había allí. Iruka se disculpo por el "desorden" de la casa, como siempre, con una tierna sonrisa nerviosa y un leve tono carmín en sus mejillas. No sabía a qué se refería con "orden": su casa, en comparación con la mía y creo que con muchas casas más, era un palacio. Ordenada, limpia, tan Iruka…
Mi moreno me sonreía, nervioso, y me preguntaba amablemente qué deseaba comer… La hora de la cena estaba cercana y ya las primeras estrellas habían salido.
La verdad es que este segundo capítulo lo tenía escrito hacía mucho, mucho, mucho, mucho tiempo (casi 2 años). Pero jamás me había animado a publicarlo (estaba esperando hacer un gran lemmon). Pero no pude. No estoy escribiendo de la misma forma, ni sobre las mismas temáticas, ni con el mismo lenguaje. Ni siquiera con los mismos personajes.
Éste es probablemente uno de mis últimos fragmentos de un KakaIru. No es realmente de mi gusto, pero consideré que tenía que "ver la luz".
Simplemente espero que les haya gustado.
Saludos.
