Chapter four

In the deepest, darkest night

Una mano se perdió entre las deliciosas frutas que llenaban aquella vasija de porcelana, tomando una mora con extrema delicadeza e incomparable elegancia, acercándole lentamente a unos labios que le esperaban con impaciencia. La gran y jugosa fruta lucía lustrosa, con pequeñas gotas de agua prendidas en su piel purpurea, abrió su boca saboreando de antemano la deliciosa fruta por medio de su olor.

¡CRASH!

Un estruendo desgarró el silencio, su mano se abrió de repente dejando caer la preciada fruta que rebotó levemente y rodó por el suelo del gran salón; mientras que a los oídos le llegaba el sonido que más intentaba ignorar.

-… ¡Imposible! ¡Es inaceptable! ¡Si dije rosas, son rosas no claveles, maldita sea! ¿Acaso no sabes la diferencia entre un clavel y una rosa, inútil, o necesitas que te dé un incentivo para que te motive? ¿Qué tal suena: Termina en dos lunas o te sentencio a muerte?-

-P-pero su alteza, su luz, su gracia….etto…no fue mi culpa, las recientes andanzas de los gemelos han provocado un retraso, las tormentas, ¿usted entiende?... no es que el jardín lucirá así es que no tiene las terminaciones….si su grandeza me permitiera….unas cuantas lunas mas…podría culminar el trabajo como era previst…-

-Su alteza la reina de corazones no permite tales gastos, simplemente no tiene el tiempo…- Fue interrumpido. Unas orejas blancas se asomaban detrás de un pequeño libro titulado "La reina de corazones y su grandeza". Un hombre alto con un gran reloj colgando de sus ropas, cerró el libro con un ruido seco y lo escondió dentro de su chaleco, revelando entonces su rostro cubierto por tela negra, solo dejando sus ojos diferidos y traviesos al descubierto, que ahora brillaban con malicia.

-Entonces…La sentencia... ¿Sugerencias Mr. Brown Hare?-

-Trabajo por dos lunas y media sin descanso; hasta culminar su tarea y luego el exilio.-

Dijo severamente un mancebo trigueño que lucía unas largas orejas de liebre, mirando al pobre jardinero quien temblaba desde la punta de su plumaje y cabellera marrón, hasta sus pies. Volteando su cara hacia el jardinero, pero sin darle la espalda a la reina, ya que no era permitido, Brown Hare le guiñó un ojo al jardinero y siguió a la reina de manera obediente. Caminaron en silencio por unos instantes, luego de que la reina aprobara el castigo el silencio fue roto por un leve estrepito y susurro de los miles de papeles que la liebre siempre llevaba consigo en una alforja de cuero.

- ¡Recógelos jardinero! ¿Qué esperas?- inquirió la liebre con un coraje forzado.

El conejo blanco se inclinó, su cabeza hacia arriba, mirando al pobre jardinero con una sonrisa que se veía tan clara a través de la venda en su rostro como en sus ojos.

-No querrás importunar a la reina, ¿verdad?...recógelos Chesnut Feather….por tu bien…- dijo con voz lenta y amenazadora el malicioso Ferai.

El ave recogió los papeles temblando y luego de varios intentos fallidos subió la mirada para encontrarse con el enorme pasillo vacio. Con un suspiro de alivio se puso en pie, para entonces seguir su camino. Pero fue interrumpido antes de dar el primer paso.

-¿Adonde crees que vas Chesnut?... ¿Mis papeles?- La liebre estaba de pie enfrente del ave en un instante y haciendo ademanes con su mano como para indicar que le diera sus pertenencias. AAAIIIIIEEEEE! El susto le erizó las plumas que crecían entre su cabello y casi se le caen los espejuelos al ave castaña, mientras que los papeles volaban por los aires una vez más. Con un suspiro resignado Brown Hare se inclinó junto a Chesnut y le ayudó, ignorando los tímidos tartamudeos del ave quien ahora tenía sus espejuelos ladeados sobre su nariz.

-¡Ya está!- se levantó la liebre con una expresión satisfactoria. –Ahora ve y termina el encomendado de la reina ¿Qué esperas?- Su falsa expresión de autoridad se deshizo revelando una sonrisa bondadosa y paternal mientras dejaba al Ghaia inmóvil al dejarle unos cuantos papeles en sus manos. Le guiñó el ojo una vez más antes de dar media vuelta y desaparecer dentro una de las muchas entradas en el enorme pasillo. Las paredes iluminadas por la infinidad de estatuas, tallados y cristales Djinn; brillaban rojo, purpura, gris y negro, con sus arcos enormes e intricados diseños que dejaban ver la paciencia con la cual se había edificado aquel palacio de ensueño, con la paciencia que solo tiene aquel quien tiene todo el tiempo del mundo.

En medio de aquella majestuosidad estaba una pequeña pero sabia ave, cuyo rostro sorprendido solo podía causar risa. Enderezó sus espejuelos ante sus ojos ambarinos y emprendió su camino de regreso, cada vez más sorprendido ante lo que leía.

Caminando entre los pasillos, cada vez mas y mas internado en sus pensamientos y menos consciente de sus alrededores. Un dedo frio y suave se posó suavemente sobre la cicatriz que recorría su rostro, sorprendiéndolo hasta el punto en que se le zafó un gritito y sus orejas se irguieron temblando. En un instante su rostro se volvió uno de escepticismo y fastidio, al ver como la mano pálida tocaba el rostro de su dueño, quien sonreía de manera engreída.

-No sabía que fueras tan noble Iruka…Quien te ve diría que te estás volviendo… ¿Cuál es la palabra?... ¿Blandito?-

Dio una risa por lo bajo mientras atraía la liebre hacia sí, cuan cazador a su presa, atrapándole por su fina cintura. Le corrompió con las sombras, halándolo hasta estar ambos cubiertos bajo la sombra de un gran arco de metal negro. Con su mano libre haló de manera juguetona una de las orejas suaves de la liebre, quien ahora se tensaba, intentando apartarse, sin muchas ganas al parecer.

-White Rabbit…este no es lugar.- decía la liebre castaña mientras el conejo se quitaba su máscara con una expresión de aburrimiento. Brown Hare hablaba de manera firme y enojada, pero las orejitas blancas del otro se estremecían con placer ante su formalidad. Así que le haló la oreja una vez más aprovechando la leve distracción para robarle un tierno y rápido beso al otro. Se alejó con una sonrisa amplia, para apreciar como la piel alrededor de aquella característica cicatriz se sonrojaba deliciosamente. Iruka le miró por entre sus grandes pestañas, bajando su rostro y mirando hacia arriba; era el retrato perfecto de lo adorable. Aceptando una invitación que solo él entendía White se acercó rápidamente para otro beso, cerrando sus ojos con sinceridad.

Su cara chocó con algo duro y que olía a viejo, sus labios se pegaron a algo frio y picudo: el broche de la alforja de Iruka…No hace falta decir…sabia a diablos. Manteniendo una compostura que podría ser considerada heroica, Iruka confrontó a su 'atacante', tomando su pálida mano y quitándola de su cintura.

-¿En qué idioma te digo: Este-no-es-el-lugar? Así que te aguantas- Dio media vuelta y sonrió para sí mismo, hace unos meses no hubiera podido decirle que 'no' a su compañero. ¡Qué bien se sentía estar en control! Volviendo su rostro por encima de su hombro le dirigió una mirada sensual al conejo que se quedó pasmado y sonrojado. Estaba que si la liebre le pidiera que saltara por la ventana, ni lo pensaría dos veces.

-Oh, Kakashi…La próxima vez busca un mejor lugar donde esconder tus libritos…- Con una voz tentadora y burlona Iruka movía de lado a lado un libro: "La reina de corazones y su grandeza". La cubierta cayó de la portada revelando el título: "Makeout Paradise, the saga". Con un movimiento fluido Iruka lanzó el libro a una de las antorchas, la cual extendió unas hileras llameantes y tomo el libro dentro de sí. Con un movimiento leve de su mano, la liebre se despidió y emprendió rápida carrera, en un instante ya ni se escuchaban sus suaves pasos.

Un gran suspiro, mitad ensimismado y mitad cansado salió de Kakashi mientras extendía su mano abierta hacia el lado. El libro cayó intacto sobre su mano, al mirarlo se dio cuenta de que estaba humeando; entonces lo sacudió vigorosa y graciosamente, mientras una figura tomaba forma de entre las llamas que se extendían hasta tocar el suelo. Ajustándose unos lentes oscuros que ocultaban sus ojos por completo, el Djinn pelinegro se dejó caer cerrando las pocas pulgadas de distancia entre él y el suelo.

-Kakashi-sama, Iruka-sensei tiene razón. Muy pronto nuestra ayuda no será suficiente para encubrirles…la reina ya tiene sus sospechas. Aquí en el palacio, hay poco que un Djinn no sepa.-

-Si…lo sé…-pareció entristecerse por un instante efímero- Pero que importa, la vida continua y yo me hago cada vez más viejo…no hay tiempo que perder, ven Clover…Eres más rápido que yo ¿no?-

Con un suspiro Clover se incineró en un instante, su forma cambiando hasta convertirse en un hermoso tigre blanco que brillaba como la plata. Kakashi, muy vago, subió a sus espaldas mientras que el tigre bajaba su cabeza en fastidio. - ¡Ya casi llega! No puedo esperar a que este aquí…- En un instante desaparecieron, tan veloces como el viento, tan veloz que ni la voz del conejo se oyó al gritar:

-… ¡The DAAAAARK!-

-Oi Shino- musito Kakashi en un susurro que solo el tigre pudo oír mientras el viento rugía a sus alrededores- Deberías comprarme una silla de montar, para que no se me raspe el trasero, je,je… ¡oomph!-

Un rugido ensordecedor rompió el silencio en el palacio mientras que Shino saltaba con la mínima esperanza de que el conejo perdiera su agarre y cayera, pero no fue así; solamente su rugido quedó tras de él, mientras se perdían en la espesura de los jardines de rosas. Su único testigo miraba sus figuras desvanecerse desde un alto ventanal, sus ojos centelleando misteriosamente sobre dos triángulos rojos que marcaban sus mejillas. Una mirada más y se desvaneció en un remolino de llamas, hastiado de su, ahora doble, responsabilidad, dirigiese a su puesto cansado y malhumorado, patrullando su área y la de su compañero por igual. Maldiciendo por afuera y rezando para sus adentros…con la esperanza de que su amigo regresaría con vida.

Una vez el ave castaña fue sentenciada la reina continuó su marcha por el palacio seguida de lejos por su asesor, White Rabbit, quien luego la escoltó hasta su vestíbulo en donde Heart, su otra guardia le acompañó hasta su habitación. Se dejó caer pesadamente sobre su cama y pidió a su sirvienta que le desnudara. Heart mascullaba insultos internamente pero mantenía un semblante serio y sus pensamientos ocultos de la reina. Le ayudó a buscar una capa larga para cubrirse del frio y le escoltó hasta los jardines, en donde las enormes paredes de rosas creaban un laberinto inmenso que parecía no tener fin.

Hastiada Heart dejó el palacio una vez que estaba fuera de la vista de la reina, triplicando así el trabajo de sus otros dos compañeros, pero era solo por un momento, para poder aunque fuera por un instante escapar del tedio que parecían irradiar las paredes que le rodeaban. Una flauta centelleó por un instante en sus dedos cubiertos de joyas, la reina subió el artesanal instrumento tallado por sus propias manos de la madera más fina y lo coloco en sus labios rojos. El palacio se llenó de una melodía etérea y por ese único instante todo mundo que le oía amó profundamente a su reina, la única capaz de evocar tal belleza, casi les hacia olvidar su mal humor, sus palabras soeces y su mal habito de sentenciar a todos a muerte…casi.

Heart removió el yelmo que llevaba sobre su cabeza y liberó su cabello castaño de los apretados moños que lo sostenían a los lados de su cabeza. Sintió su dolor de cabeza disminuir y se dejó extasiarse por la melodía y la comodidad que sentía al despojarse de su armadura. Vistiendo un simple vestido gris huyó en la oscuridad, en busca de un lugar en donde pudiera refugiarse y huir de sus propios pensamientos y responsabilidades…aunque fuera por unas horas. Así que corría y corría sin detenerse, hasta llegar a un claro hermoso, rodeado de joyas, piedras y arboles blancos …con una piedra plana en el centro que reflejaba la luz de la luna.

- !Mmmghf! MMMM! Arigatou Black Cat.-

El humano engullía con gran apetito unas frutas y pedazos de pescado atravesados por un palillo de madera. Le ofreció a su acompañante con un gesto, quien le miró con aprehensión, pero al final tomó un mordisquito a un pedazo de pescado, a la vez que ajustaba la capa que cubría la rubia cabeza del mortal. Desde otro estante en donde vendían cristales Djinn y pedrería, Gaara les miraba de lejos. En los cientos de años que había protegido a los miembros de la familia Uchiha nunca había visto a uno de ellos comportarse de esa manera...por lo menos en público.

Lee haló su manga negra para llamar su atención e inmediatamente el asunto quedó olvidado. Solo que no podía dejar de examinar las mentes de todo cuan tuviera a su alrededor, buscando entre ellos alguno que notara la presencia del mortal en su comarca. Uno que otro Djinn, de los pocos que había, advirtió tanto su presencia como la del humano, pero elegían, como era esperado, evitar alguna confrontación y meramente les miraban curiosos a una distancia prudente. Con cada comentario, cada sonrisa y roce de sus manos, se le hacía cada vez más difícil concentrarse en sus alrededores. Pensamientos, recuerdos constantes invadían su mente, no estaba seguro si aquellos recuerdos eran retazos del pensamiento del Lylith…o si peor aun eran los suyos. Gaara permaneció con la mirada ausente sin poder evitar los leves movimientos en las comisuras de sus labios que delataban cada sonrisa que intentaba ocultar.

Halando la capucha más ajustada sobre la cabeza del otro, Sasuke miraba a su alrededor con aprehensión, a la vez que el humano hablaba sin parar, señalando cuan chiquillo todos los malabaristas, bailarines, mercaderes y otras cosas a las que no estaba acostumbrado. A pesar de que se lo había advertido, Naruto seguía haciendo referencias indirectas a su origen. Sasuke lo miraba serio cada vez que se le zafaba algún comentario, pero estaba muy seguro de que aunque el humano aguantara durante el festival, al llegar al refugio le contaría todo lo que le había pasado por su mente. Naruto lo tomó por el antebrazo de su yukata y lo haló, no pudo más que sonreír con la cabeza gacha para que nadie lo viera.

Naruto se detuvo de repente, ante un escenario pequeño cubierto en muchas telas y adornos dorados. En él un cuerpo de bamboleaba de lado y lado al ritmo de las cuerdas que otro Ferai tocaba con maestría. Una Arelie danzaba, su fino cuerpo oscilando cual melodía viviente con gracia y fiereza serpentina. Las joyas en sus pies y manos sonaban con el ritmo, las cadenas sobre su estomago desnudo tintineando. Saltaba, giraba con sus manos incitaba a todos a moverse cada vez más cerca, sus uñas doradas como su atavío casi transparente que se movía por una brisa invisible.

Naruto dejó caer su comida al suelo cuando la criatura se le acercó suntuosamente, acariciando su rostro, haciendo que el chico ladeara la cabeza en dirección al contacto, ensimismado. Onduló su estomago con la música y sacó dos castañas manteniendo el ritmos de la canción que se hacía cada vez más apasionado y acelerado. Pronto había una pequeña audiencia que se bamboleaba con el ritmo, tocándose entre sí en la emoción del ritmo. Sasuke bufó de repente, alejando a las Ferai que intentaban acariciarle en el frenesí que se estaba formando. La bailarina danzaba dando vueltas y saltos hermosos, contoneando sus caderas y muy pronto tenía una gran multitud siguiendo el ritmo que marcaba.

De repente todo era un remolino de imágenes y olores, todo se volvió confuso. El bazaar giraba de un lado a otro los sentidos eran obsoletos. Los olores de las especias se mezclaban inextricablemente con los aromas de los sudores y pieles de los inmortales que se volvían cada vez más y más acalorados. Jadeos y roces, todo era confusión, en la tarima la bailarina tocaba una flauta dorada con una sonrisa lasciva en sus labios finos. La gente llenaba de una u otra manera la tela a sus pies con sus pertenencias, eran pocas, solo el pago por su interpretación; nada más. Pero la mente del gato se volvía cada vez más y más nublada mientras que manos de extraños lo rozaban y acariciaban.

Intentaba alejarse, había algo…algo importante que ahora no podía recordar. Se sofocaba y estos malditos no los dejaban… ¿Qué estoy haciendo?... ¿Dónde estoy?... Lo tenían tan sofocado que no podía ni pensar. Se enojó, se intento enfocar en solo ese sentimiento de coraje y fastidio, el no quería esto, no era el tipo de Ferai que se dejaba manosear por alguien que le pareciera simplemente atractivo…siempre pensó…..que debía de haber algo más que eso….. ¡NARUTO! Recordó de repente. ¿Dónde estaba el humano? Se volteó, para encontrarse de frente una ave quien lo miraba con lujuria e intentó enredar sus delgados brazos alrededor de su cuello. Dio tal sonido salvaje que en vez de un gato parecía un león; varias personas a su alrededor parecieron salirse del trance por un segundo menos uno que tomó un interés particular en su trasero. Antes de que lo tocara, le dio un golpe con un movimiento de su cola.

Su rabo se meneaba de lado y lado rápidamente; sus orejas bajadas contra su cabeza y sus colmillos expuestos. Su cara contorsionada con fiereza y con la boca apretada por el coraje masculló un gruñido casi incomprensible.

- Fuera…. de mi camino….-

La multitud le dio paso sin pensarlo, algunos despertando por unos segundos y viendo con sorpresa la situación en que se encontraban enredados con cuerpos de otros que ni siquiera conocían. Confundidos dejaron pasar al felino para luego comenzar a perderse, cuando una mirada atrás les reveló la bailarina y su banda había desaparecido, dejando en la tarima una pluma negra y una vasija llena de vino. Esa era una de las muchas bailarinas, bandas, magos, malabaristas y otras rarezas del festival. Hasta en un lugar como este el festival era algo considerado verdaderamente mágico. Más que nada por el simple hecho que era capaz de unificar las cuatro razas, aunque solo fuera una vez cada cinco años. Sasuke se perdió en la oscura noche sin lunas, buscando en vano su más preciado… ¿qué? ¿Amigo?

/ ¿Que soy yo para Naruto?... ¿qué importancia tiene?...no entiendo…pero…sé, no importa lo que pase yo… te voy a encontrar... lo prometo…../ Solo porque, aunque no lo supiera, le era intolerable dejar que esa luz se extinguiera…no podía permitir que su luz se perdiera….

Presionó su cuerpo contra el tronco de un árbol. Lo besaba suavemente, con la mano en su cuello mientras la otra se escabullía por su hombro hasta llegar al cuello de su camisa. Acarició con suavidad esa piel tan suave, la música acelerada vibrando en sus orejas blancas y ahogando sus sentidos, embriagando su razón. De repente sintió un cambio en sus adentros, la música pareció perderse en el silencio. La realidad era que la melodía aun tocaba pero él ya no la podía oír. En su interior solo existía el latido de aquel corazón…que era suyo aunque no estuviera en su cuerpo. Sus movimiento se volvieron más lentos, unos roces cariñosos de sus dedos que trazaban líneas al azar en su ser amado. Bajó las manos acariciando su pecho y al llegar al estomago le acarició hacia el lado hasta enroscar su brazo derecho alrededor del torso del otro. Lo sostuvo simplemente apreciando el hecho de que podía hacerlo. Sabiendo que siempre lo podría seguirlo haciendo…y sobrecogido ante la simplicidad de algo que era tan inmenso. Se separó de sus labios y solo le sostuvo…ya no existía ninguna otra cosa en el mundo…era tan….feliz.

-….Kakashi ¿estás bien?... ¿Por qué te detuviste?... ¿Hice algo mal—

-Heh…nada es que yo… no quiero manchar estos pantalones tan pronto….hehe…-

Mintió mientras que su pareja le daba un sopetón por la cabeza. Dejó la cabeza gacha y se rió, escondiendo así en las sombras sus lágrimas que rápidamente se perdieron en la hierba. Al acercar su mano para halarlo donde sí, Iruka sintió que algo cálido caía en su mano…no podía ser lluvia porque no olía a ello… enternecido intentó acercar su pareja pero en vez de ello sacó una daga de su alforja. Kakashi también se tensó, poniéndose frente a Iruka para protegerle. Algo se acercaba no muy rápido pero haciendo demasiado ruido, tenía que estar herido o ser un chiquillo corriendo; nada más que eso jadeaba así o hacia tal alboroto.

Jadeaba casi en llanto y se olía a leguas que estaba sangrando, de unas pequeñas cortaduras que parecían provenir de la maleza y no de un Ferai. Pero extrañamente su sangre olía…..rara. No era Ferai, los Arelie no sangraban y la sangre de los Djinn incineraba las cosas… ¿Qué era esta criatura extraña? La criatura fue iluminada por uno de los fuegos artificiales que rugieron a sus espaldas en el centro de la ciudad. La breve luz aclaró sus facciones ante sus ojos que antes solo podían ver su silueta. Tenía unos cabellos dorados que eran más hermosos que el oro más fino, tatuajes en las mejillas y una capucha negra que estaba arrugada y mal puesta sobre su cuerpo juvenil. Lo único que rompió el silencio fue un ruido sordo mientras que la daga de Iruka caía olvidada al suelo. Ambos no podían dejar de mirar esos ojos…

dos gemas brillantes de un azul tan intenso que los dejaba sin palabras.

Hinata se acercó cautelosamente, sabía que Neji no estaba ni siquiera a cinco millas de aquí, ya que ahora tenía que cazar a su presa en vez de atraerla así mismo…pero aun así…después de tantos años de vivir en su sombra y temiéndole era difícil dejar de sentir miedo, miedo de que si lo veía de nuevo nunca podría huir de su presencia y estaría atada a él por el resto de su vida eterna. Aunque en realidad no sabía qué era peor, vivir con su alimento y seguridad garantizada atada a Neji; o vivir sin él y tener que defenderse sola. No importaba, aunque no estuviera aquí sus almas aun estaban conectadas. Todavía se pertenecían mutuamente y sin esa unión ninguno viviría ya que un Arelie no tiene un alma normal… de cualquier forma ella estaba condenada a morir o matar para sobrevivir.

Se alimentaria de las ataduras entre el chakra y el cuerpo, causándole la muerte física a todo cual cruzara su camino; alimentando así su alma inestable y sobreviviendo otro día mas…pero… ¿que mas haría con su vida?... ¿eso era todo para lo que servía? ¿Acaso toda su vida seria matar o dejar de existir? Sacó su flauta de su cinto y al tomarla en sus manos apareció tras ella el gran carrete de hilo que usaba para aislar el chakra de su presa, con una mirada triste llevó la flauta a sus labios y al tocarla el carrete desapareció. A pesar de que su esencia anhelaba una dosis de chakra intentaría permanecer sin…. alimento por el tiempo que le fuera posible. Tocando una melodía triste que solo ella podía escuchar se acercó cada vez más hacia su antiguo hogar.

Al llegar se detuvo antes de entrar al claro, oía algo…una voz murmurando, su pesar y cansancio claramente perceptible a través del aire. Soñaba y murmuraba sobre algo que le agraviaba, Indigo levantó la flauta cuando se encontró arrodillada ante aquel cuerpo y apuntó el filo del instrumento hacia abajo donde de seguro encontraría aquel corazón que latía fuertemente. Murmurando entre sueños la Djinn se volteó despertando de su tediosa pesadilla sobre la reina que hasta en los sueños le mandaba a desnudarla, limpiar el cuarto, patrullar el jardín… ¡BLECH!

Sus cabellos revueltos acojinaban su rostro, sus manos a los lados de su cabeza se movían un poco mientras estaba todavía indecisa sobre intentar dormir o despertarse de una vez. Cuando de momento percibió una presencia…una Arelie, su mente aun registrando en donde se encontraba, comenzó a abrir los ojos mientras que sobre ella las lunas se desalineaban y comenzaban a llenar el cielo con su luz. Sobre ella una figura sostenía una afilada arma, antes de que pudiera reaccionar la gran aguja se clavó con fuerza, haciendo un ruido sordo contra la roca blanca bajo su cuerpo…

El festival estaba llegando a su fin después de tres noches de algarabía, magia, festejo, comida, bebida y lasciva intención. Las lunas brillaron tan intensamente que parecieron un sol en el amanecer. Todas las razas festejaron, y su grito de alegría al terminar el festival se adueñó de la brillante noche roja… pero la confusión de esa noche…

estaba solo comenzando…

To be continued…