Encuentros

Por Lovely Flower


Hola de nuevo!! Pues… no me gustó el anterior :( . Tenía reparos en publicarlo, y pues… aún me arrepiento. Aunque igual me dejaron reviews, no quedé del todo feliz. No me gusta escribir cosas tan sórdidas y fuertes, así que de vuelta a lo suavecito.

Al paso que voy, este fic terminará sin nada de lemon (cosa que a más de alguien le molestará… otros felices). Pero bueno, no se puede complacer a todos tampoco.

De todas formas, creo que nunca más escribiré un capítulo como el anterior. Lo borraría; pero lo hecho, hecho está. Y no tengo ganas de rehacerlo todo.

Este capítulo es mucho más suave… Como verán, el énfasis se está yendo cada vez más a la historia y no solo en los "encuentros" por si mismos. Ojalá les agrade esto también ^^

Ahora si pueden seguir… recordar que FMA no es mío, si no de la genial Hiromu Arakawa.


Encuentro tres: Revelación

-Eh, Roy… -

-¿Qué sucede, Maes?-

Dos militares, ambos pelinegros, conversaban animadamente mientras bebían un par de whiskys en uno de los tantos bares de Central City. El primero era Maes Hughes, de unos 25 años. Tenía los ojos verdes, levemente escondidos tras sus anteojos.

-El examen de alquimistas de este semestre es en dos semanas más. Supongo que esta vez si te inscribirás, ¿o no?-

-No lo sé, Maes…- el otro muchacho, Roy Mustang, confesó un tanto cabizbajo. –La visita que le hice a mi maestro fue un tanto… pues… caótica-

-Ya me lo contaste, Roy. Empezaste discutiendo con él y terminaste encargándote de su funeral y de su hija… menuda suertecita la tuya-

-Aún no domino bien algunas teorías alquímicas. Hawkeye apenas me instruyó en lo básico y ahora no tengo como conseguir más información -Mustang suspiró pesadamente y se bebió el resto de whisky que le quedaba –¡El maestro no dejo nada! ¡Ni un libro, ni un rastro de su investigación!. Lo único que me dijo fue "te dejo a mi hija, ella te ayudará"-

-¿Entonces porque diablos no le pediste ayuda a ella?- Hughes se rascó la cabeza confuso

-No es tan fácil, Maes… -añadió Roy –No puedo forzarla…- la palabra 'de nuevo' resonó de inmediato en su mente –Está en su derecho de no contarme nada…-

-Pues conquístala –sentenció el ojiverde ante la mirada incrédula de su amigo -¿Cómo no, hombre? Eso se te da fácil…-

Roy sonrió antes de pedirle otra ronda al barman. No le había contado a Maes el tipo de relación que sostenía con la rubia hija de su maestro. Siendo sincero, ni siquiera él podía definir el lazo que lo unía a Riza.
Sí Hughes supiera que había desflorado a Riza cuando era tan sólo una adolescente y que la última vez que la había visitado prácticamente la había forzado a estar con él en la biblioteca de su hogar, de seguro no le volvería a hablar.

-¡Estoy acabado! –bufó el moreno dejándose caer su cabeza sobre la barra. -¿Porqué no hablamos de otra cosa y me alegras el día?-

Maes sonrió ampliamente. Al parecer estaba esperando la oportunidad de hablar. –Me caso en tres semanas-

Roy abrió los ojos como platos. -¿Con esa tal Gracia?- Hughes asintió -¿Por qué tanta prisa?... ¡No me vayas a decir que la embarazaste!-

-Claro que no, idiota –se apresuró a aclarar el mayor –Es sólo que estoy enamorado y quiero pasar el resto de mi vida con ella-

-Te has jodido… pero felicidades –optó por decir el de ojos azabache, mientras le daba un abrazo a su amigo

-Tú también deberías buscarte una esposa-

Mustang soltó una carcajada divertido. En ese entonces no lo sabía, pero sería la primera de muchas veces en que escucharía aquellas palabras. –Ni de coña me caso tan joven…-

Ambos disfrutaban riendo cuando Maes observó su reloj -Eh, Roy, mira la hora que es… se nos hizo tarde. Volvamos antes que descubran que no estamos en los dormitorios-

Roy se apresuró a pagar la cuenta y seguir a su compañero que se había levantado y se apresuraba a salir del lugar.

Por suerte al día siguiente, ninguno de los dos tenía guardia hasta tarde.

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Al día siguiente Roy despertó a eso del medio día con una leve resaca y muy inquieto. Había estado pensando en el maldito examen de alquimista y en el hecho de que otra vez no podría presentarse. Maldijo por lo bajo mientras se desnudaba para meterse a la ducha.

Cuando terminaba de bañarse sintió que alguien golpeaba la puerta de su dormitorio. Se colocó una camisa y pantalón antes de atender.

-Oficial Mustang, alguien lo busca en la entrada- otro joven militar le dio el aviso

El aludido alzó una ceja - ¿A mí? ¿Seguro? –

El joven asintió –Lo están esperando afuera del cuartel-

-Ok… bajo enseguida…-

Volvió hasta el baño a terminar de vestirse, preso de la curiosidad. ¿Quién podría estar esperándolo? Conocía a muy poca gente en Central y casi todos eran de la milicia.

Bajó con prisas hasta el lugar que le había señalado su compañero y buscó con la mirada algún rostro conocido que no encontró.

Fue un aroma lo qué llamó su atención. Un aroma demasiado familiar caló lo más profundo de su ser causándole un escalofrío justo antes de voltear y encontrarse de frente con la persona que lo aguardaba.

-Hola Roy… te estaba esperando-

-Riza…-

Apenas logró pronunciar su nombre con calma. La rubia estaba allí a su lado, vestida con un traje sastre negro muy ajustado a su figura y con una maleta en una mano. No pudo articular ninguna otra palabra ya que su mente se perdió entre los recuerdos de su último encuentro. Sintió el impulso de abrazarla pero sabía que no tenía derecho a hacerlo.

Ella lo observaba atentamente, esperando su reacción. Al ver que Mustang no decía nada, ella tomó la palabra.

-Necesito que hablemos de algo importante –un montón de ideas cruzaron la mente de Roy, desde que ella había ido a mandarlo al demonio por lo sucedido la última vez hasta que iba a jurarle amor eterno pese a todo lo sucedido. Lo último que pensó fue que ella quisiera hablarle de alquimia.

-Vamos a almorzar a algún lado en donde podamos hablar tranquilos –ofreció el hombre

-Está bien, pero… ¿podría dejar mi maleta en algún lado?. Pesa bastante-

Apenas había reparado en el detalle. De seguro Riza apenas había llegado a la ciudad.

-¿Tienes donde quedarte? –la rubia negó con la cabeza, Roy le sonrió suavemente –No quiero que te quedes en cualquier hotel tu sola. Te llevaré a un lugar seguro-

Mustang tomó la maleta de la joven y comenzó a caminar sin prisa. Ella se apresuró a su lado casi sin intercambiar miradas ni palabras. Llegaron hasta el centro de la ciudad y pronto el hombre se adelantó a un gran local que tenía aspecto festivo. Riza observaba la escena atónita.

-¿Dónde crees que me llevas, Roy? –reclamó en un hilo de voz-

-Tranquila. No es lo que estás pensando- el moreno intentó aclarar de inmediato pero Riza siguió hablando.

-¡Pero es…!-

-Sé muy bien lo que es, Riza –anunció mientras metía la llave en la cerradura. Abrió la puerta con sigilo antes de volver a hablar -¿Hay alguien?-

Pronto apareció una mujer morena, de unos treinta años que, al ver a Roy, hizo un puchero antes de lanzarse a sus brazos. -¡Eres un ingrato, Roy-kun! No sabes cuánto te hemos extrañado… en especial yo y Madame. Eres nuestro favorito-

-Lo siento, Vanessa. Sabes que soy un hombre ocupado –el hombre ni se inmutó ante la reacción de la mujer pero al ver a Riza notó lo incómoda que estaba -¿Podrías soltarme ya? No vengo solo-

Al instante la morena se alejó de Roy y observó a la pequeña rubia que esperaba en el umbral de la puerta. Riza estaba notoriamente sonrojada y se revolvía nerviosa y la mirada de la fémina no la ayudó.

-Por Dios, Roy-kun… ¡tienes novia!... apuesto a que Madame estará feliz-

Roy se sonrojó levemente. –Vanessa… shhhh….-

En eso hizo aparición otra mujer. –Es cierto, Vanessa. Deja de chillar de una vez y vete a tu cuarto que estás estorbando-

Mustang se volteo hacia la recién llegada. Una maciza mujer de casi cincuenta años, cabello oscuro, vestida y decorada despampanantemente.

-No me vengas con esa sonrisita, niño. ¿Sabes hace cuanto no venías a visitarme?-

-Perdóneme, Madame… de veras lo lamento mucho. No me dan muchos días libres en la milicia-

-Ya veo –murmuró ella no totalmente convencida pero aún así suavizó su expresión –Pero dime, ¿qué te ha traído por aquí? ¿hay algo que quieras contarme? –lo último lo agregó observando a Riza.

Roy tragó saliva antes de hablar –Ella es…-

-Sé quien es, Roy –miró a Mustang de soslayo y luego dirigió su mirada a Riza –Eres igual que tu madre, muchacha-

La rubia pestañeó perpleja -¿Conoció a mi madre?-

-A ella y a tu abuelo, pequeña. También oí hablar mucho de tu padre, aunque no tuve el honor de conocerlo. Por eso envié a Roy con tu padre cuando quiso aprender alquimia-

-Ya veo… -la rubia le sonrió a la mujer, le había simpatizado. Además de que era la primera vez que conocía a alguien de la familia de Roy-

-Madame… -Roy buscó la atención de la mujer –Riza vino a decirme algo importante, creo que voy a ocupar mi cuarto. Supongo que aún es mío, ¿cierto?-

La mujer arrugó la nariz –Claro que sí, hijo. Sabes que nadie ocupará tu lugar en esta casa-. El moreno sonrió y guió a Riza hasta la escalera –Mandaré a Vanessa a buscarlos cuando el almuerzo esté listo-

La pareja siguió rumbo al cuarto del varón en la segunda planta del lugar. Entraron en silencio y Mustang se apresuró a dejar la maleta de Riza en una esquina de la habitación. En seguida se sentó en la cama y le hizo un ademan a la rubia para que se sentara a su lado. Ella accedió con cierta resistencia.

-Ahora podemos hablar tranquilos – él habló, sin evitar tomarle una mano y acariciarla-

La joven se sobresaltó ante el contacto de su piel con la de Roy y lo miró a los ojos –Mi padre… ¿Qué te dijo antes de morir?-

El moreno recordó al instante –"Te dejo a mi hija". Él dijo que tu estabas al tanto de toda su investigación y me darías la información si confiabas en mi-

Riza suspiró -¿Porqué no me pediste que te dijera lo que sé?-

-No quise presionarte, Riza. No puedo obligarte a confiar en mi y lo acepto –el de ojos azabaches soltó en un suspiro sin mirar a la mujer. Le dolía aceptar aquello.

-Mi abuelo me comentó hace unos días que el examen de alquimista estatal será en dos semanas y estoy aquí para ayudarte-

La sorpresa fue mayúscula para el militar. Riza le iba a revelar todos los secretos de su maestro. Eso significaba que confiaba en él. Le apretó las manos con fuerza, incapaz de hacer o decir algo más.

-Roy… -ella murmuró su nombre con suavidad –No es tan fácil… mi padre dijo que solo alguien muy inteligente podría descifrar el código en el que dejo escrito todo –el pelinegro observaba atentamente a Riza hablar, analizando cada palabra que salía de sus labios –Debes empezar ya mismo si quieres dar el examen a tiempo. Confío en que puedes hacerlo, Roy-

Mustang suspiró pesadamente, pero estaba seguro de sus palabras. –No te defraudaré, Riza. Muéstramelo…-

La rubia se sonrojó. Nada era tan simple como parecía. –Busca lápices y papeles –anunció levantándose de la cama. Roy la imitó y empezó a escudriñar entre sus cosas, dándole la espalda a la joven. Ella no omitió palabra alguna.

-Aquí esta to…do –Roy anunció mientras se volteaba hacia ella. Se sorprendió ante lo que encontró: Riza estaba desnuda de la cintura para arriba, cubriéndose los pechos con un brazo y al borde de las lágrimas.

La excitación inicial de Roy ante la vista desapareció de inmediato al notar el estado de la joven. Dejó olvidados los cuadernos y lápices y se apresuró a abrazarla.

-Tranquila, Riza, tranquila. Estoy aquí, contigo…-

Ella se acurrucó en el masculino pecho y soltó el llanto que tenía reprimido hace días. Roy se quedó en silencio hasta que ella se calmó. De improviso ella se soltó del abrazo y le dio la espalda, dejando al moreno sorprendido ante la vista.

-Por Dios, Riza… -él no pudo evitar exclamar al ver la espalda de la rubia grabada con extraños símbolos y demases –Pero… ¿cómo? ¿Por qué?-

Eran demasiadas las preguntas que rondaban la mente del militar. Nunca creyó que su maestro sería capaz de llegar al extremo de dañar a su hija con tal de resguardar su respiración. ¿Acaso era la alquimia más importante que su propia hija?
El amargo llanto de Riza era respuesta más que suficiente.

-¡Hazlo de una vez, Roy! –ella rogó con amargura en la voz -¡No entiendes lo difícil que es estar así ante ti! –

Aquella frase lo abofeteó. Al parecer Riza creía que sólo le interesaba el secreto de su maestro. Y estaba equivocada, no haría nada que ella no quisiese.

-No, Riza. No lo haré –el moreno se alejó de ella y se apoyó en el ventanal que daba hacia la calle. –Has venido aquí por voluntad propia, si no estás segura puedes irte y no te reclamaré nada. Si el precio de obtener la información es tu odio, no vale la pena-

Instantáneamente, Riza dejó de llorar. Así que esa era la razón por la cual Roy no le había pedido nada… quería que ella se lo ofreciera por su propia voluntad, sin presiones ni manipulación. Ella lo tenía claro: en el primer instante en que Roy le pidiese ayuda, ella se la habría entregado sin reservas. Roy lo sabía y no se había querido aprovechar.
Tal vez si la quería, tal vez para Roy ella era más importante que la alquimia… no como había sido para su padre alguna vez.

-Lo siento –optó por decir la rubia, sin atreverse a mirar a Roy a los ojos –Esto me tiene muy atormentada. Quiero… quiero que seas tú el que conserve el secreto, Roy. Sé que lo utilizarás bien-

El moreno miró de reojo a Riza. Ni siquiera él estaba tan seguro de sí mismo, pero la mirada ambarina de ella le infundió nuevos bríos.
Sería alquimista. Por él y también por ella. No permitiría que todo su sufrimiento fuera en vano.

Se acercaron lentamente y Roy se permitió acariciarle el rostro. -¿Estás segura? –preguntó por última vez y no hubo necesidad de palabras. La rubia se tendió boca abajo sobre la cama de Mustang, dispuesta a permitirle a Roy descifrar cada uno de los secretos allí escondidos.

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No supo cuanto tiempo pasó: se había quedado profundamente dormida. Observó por la ventana y vio el sol empezando a esconderse por el oeste y el único ruido en la habitación era la respiración de Roy y el rasgar de una pluma con una hoja de papel. Se volteó un poco para observarlo y lo encontró completamente absorto concentrado y con el ceño levemente fruncido. De seguro estaba cansado, molesto y hasta decepcionado.
Sus miradas se cruzaron y él sonrió ampliamente.

-¿Tienes hambre? Puedo pedir que nos suban algo de comer –ofreció el militar al ver a Riza despierta.

Ella negó con la cabeza -¿Cómo vas?-

Mustang resopló cansado mientras movía la cabeza en negación. Se agachó para darle un beso en la mejilla a ella –Creo que necesitaré varios días para descubrir lo que tu padre quería decir… ¿Me darás ese tiempo?-

-Claro. Todo lo que necesites- Tal vez fue la sonrisa de la rubia o la situación en que estaban la que hizo que Roy se atreviera a besar en los labios a la muchacha. Ella lo miró confusa –Ey… ¿Y eso?-

El de oscura mirada le hizo caso omiso al comentario y siguió besándola –Te extrañaba…demasiado –confesó él –No sabes cuánto necesitaba esto-

Riza se acomodó de espaldas sobre la cama y Roy se tendió a su lado. Le acarició la piel del desnudo vientre y ella no pudo evitar estremecerse ante el contacto con su piel con las manos de él. –Roy… no podemos… tu madre…-

-Mi madre sabe que ya no soy un niño y también sabe que no traería a cualquiera a la casa-

La joven deslizó sus manos por el pecho de Roy a medida que desabotonaba la blanca camisa de él. Ella también necesitaba sentirlo cerca.
Sin dejar de acariciarla, Roy se despojó de su camisa y sus pantalones quedando sólo con ropa interior. Tomó a Riza de la cintura y la estrechó contra su cuerpo para hacerla sentir la potente reacción que provocaba en él. La rubia le echó los brazos al cuello y lo besó con ansias.

-Ay, Riza… Riza… -Mustang le murmuró al oído cuando sintió las manos de ella llegar a su entrepierna y apartarle los bóxer. Pronto ella se apartó para quitarse las pantaletas y se sentó a horcajadas sobre el moreno y con sus propias manos guió el miembro de Roy hacia su entrada.

El encaje fue simple, ayudado por la excitación de ambos. La rubia acariciaba el pecho de Roy mientras este la sostenía de las caderas para facilitar el vaivén de sus cuerpos y profundizar el contacto.
Gemían despacio entre cada movimiento, disfrutando las sensaciones producidas y que no experimentaban desde hace meses. Roy sintió cómo ella se contraía en respuesta al placer que la inundaba, el sudor adornaba el cuerpo de ambos y el rubio cabello de ella se movía al compás de sus cuerpos. Ninguno de los dos quería que el momento acabase tan pronto: ella quería seguir sintiendo a Roy en su interior, haciéndola mujer con cada embestida y él disfrutaba del espectáculo de tener a Riza contorneándose sobre él.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de la joven y debió reprimir un grito. Roy la atrajo hacia su cuerpo y la besó con locura, mientras la sostenía de las nalgas y dejaba las últimas huellas en su interior.

Se quedaron tranquilos, disfrutando los últimos estertores de la pasión hasta que sus cuerpos se normalizaron. Mustang le acariciaba el cabello a la rubia mientras ella derramaba besos flojos en su cuello.

-Deberíamos continuar, Roy –murmuró ella con los ojos cerrados.

Roy apenas sonrió antes de responder –Acabamos de terminar, Riza. No estoy listo para continuar… dame unos minutos-

Ella soltó una carcajada –Me refería al estudio, ¿o es que acaso no quieres descifrar el código?-

-Sí, pero también quiero estar contigo-

No se dijeron nada más. Entre caricias se quedaron dormidos y el alba los encontró abrazados y felices.


¿¿Les gustó?? La verdad es que quería terminar luego de que Roy diera el examen, pero me alargué demasiado así que he decidido dejarlo para otro capítulo. Como ven, fue mucho menos lemon, pero me ha gustado el resultado.

Si tienen comentarios me envían mail, MP o review. Traro de tomar en consideración sus sugerencias ^^

Bueno, nos vemos en el siguiente.

Las quiere, Lovely Flower

Terminado el 27/04/2009. Aunque estaba listo hace rato en un cuaderno, pero debía pasarlo al PC.