Encuentros

Por Lovely Flower


Hola a todos y todas. Hace mucho no pasaba por este fic y he querido retomarlo porque me siento en deuda con todos ustedes por sus reviews y su apoyo ante los difíciles momentos que me ha tocado pasar. A modo de agradecimiento, junto con las otras nuevas historias publicadas, les subo un capitulo mas de este fan fic.

Ya se nos acabó FMA y me dejó con gusto a poco con respecto al Royai, asi que no queda otra que saciar mis ansias de romance con un fan fic lemon que espero les guste. Ya veremos que sale ;)

Bueno, los dejo para que lean tranquilos. Más notas al final del capítulo.


Encuentro cuatro: Gracias

Fueron seis días de arduo trabajo pero habían tenido su recompensa. Roy Mustang había logrado descifrar todos los secretos de la alquimia de fuego que le había dejado su maestro grabado en la espalda de su única hija.

Riza dormía plácidamente sobre la cama del moreno cuando lo anterior sucedió y el joven oficial no encontró nada mejor que despertarla de manera un tanto sorpresiva. Buscó silente entre sus cosas un poco de hilo rojo y un par de guantes blancos y se puso a bordar en ellos el círculo de transmutación que acababa de aprender a usar. Finalmente, se los colocó y luego de concentrarse un poco crispó los dedos y logró encender en medio de la habitación un haz de fuego que, visto desde lejos, tenía una forma bastante particular.

La rubia despertó ante el chasquido y observó atenta del espectáculo ante sus ojos. Vio a Roy con los ojos cerrados, profundamente concentrado y en medio de la pequeña habitación flameaba mágicamente la palabra "Gracias" escrita en puro fuego. Sonrió como hace mucho no lo hacía y se quedó observando al moreno hasta que sus miradas se cruzaron.

-Lo logré –él espetó bajito, en un hilo de voz –Lo logré, lo logré, lo logré…-

Ella se levantó de la cama sin cubrirse el torso desnudo y caminó hasta Roy. Le acarició el rostro y se puso de puntillas para besarlo.

-Sabía que lo harías, Roy. Lo sabía-

Mustang aprovechó la cercanía y la alzó de la cintura en un abrazo. –Gracias por esto, Riza… Gracias por confiar en mí, por apoyarme… no sé cómo compensártelo-

-Aprobando el examen de alquimista y convirtiéndote en un gran y sabio militar. Cambiando la milicia y sus estúpidas ambiciones-

-Trato hecho –él le sonrió antes de besarla por última vez –Pero antes… creo que necesito comer algo. Y de seguro tu también-

Era cierto. Llevaban varios días encerrados casi sin probar bocado.

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Había llegado el día.

El examen de alquimista nacional se llevaba a cabo a las 10 de la mañana en los cuarteles generales de Central City.

Riza Hawkeye permanecía en la ciudad ya que le había prometido a Roy esperar a saber sus resultados. Luego de eso, partiría de regreso a East City con su abuelo y seguiría con su vida normal.

Durante sus días en Central se había hospedado en el hogar de Madame Christmas junto a Roy, ayudándolo a practicar alquimia y esperando que, pese al corto tiempo de aprendizaje, este fuese suficiente para que aprobara el examen. Aunque debía reconocer que el moreno era increíblemente hábil, casi más que su propio padre. Y eso ya era mucho decir.

A eso de las nueve de la mañana salieron rumbo al cuartel y un silencio incomodo se apoderó de los dos.

-¿Estás nervioso, Roy? –la rubia preguntó sin mirarlo mientras seguían caminando

-La verdad es que no. Es otra cosa la que me preocupa –Mustang reconoció mientras detenía su andar. Riza lo miró confusa y él prosiguió. -¿Qué pasará con nosotros ahora? ¿Volverás a East City?-

Habían evitado conversar sobre ellos durante todos los días que estuvieron juntos, pero había llegado el momento. –Debo volver con mi abuelo, Roy. Hoy mismo si es posible.-

Aquella frase le había dolido al hombre, aunque se la esperaba. Retomó su andar sin mirar a la rubia. –Me gustaría que te quedaras, pero no tengo nada que ofrecerte… Tal vez algún día…-

No pudo seguir hablando porque Riza lo besó en los labios. –No hablemos de esto ahora, sólo ve a dar tu examen. Te estaré esperando aquí cerca-

Cuando reparó en el lugar se dio cuenta de que ya habían llegado hasta el cuartel general. Sin despedirse, Roy se dirigió hasta el lugar en donde serían las pruebas para los postulantes. Riza buscó un lugar en el cual sentarse y esperarlo. Ya tendrían tiempo de hablar después. La rubia lo vio alejarse lentamente, deseando con todo su corazón que Mustang pasara el examen.

Se sentó pulcramente erguida y con las piernas juntas, dispuesta a leer un libro mientras esperaba el regreso de Roy. Intentó concentrarse en la lectura pero le fue imposible: el área de entrenamientos, que era en donde se realizaría el examen práctico de alquimia, estaba relativamente cerca por lo que podía ver y oír un sin número de trasmutaciones. Suspiró pesadamente y se revolvió el cabello, justo antes de un militar apareciera a su lado.

-¿Te molesta si me siento? –el recién aparecido pidió. Riza negó con la cabeza y el joven se sentó a su lado -¿Faltará mucho para que terminen con el examen?-

-Espero que no. Ya han pasado casi dos horas –bufó la mujer, ansiosa-

El militar escuchó atento y quiso seguir la conversación -He venido a esperar a un amigo, ¿y tú? ¿A tu novio tal vez? –al ver el sonrojo de Riza siguió hablando con una sonrisa picara –Creo que acerté. Por cierto, no me he presentado: soy el oficial Maes Hughes, mucho gusto.-

El de lentes le tendió la mano a la rubia, quien la aceptó con timidez -Riza Hawkeye, es un gusto también-

Ninguno supo que mas decir en ese momento. A esas alturas, no eran los únicos expectantes en el lugar. Varias decenas de personas se habían agolpado a esperar a sus seres queridos.

Se cumplían las dos horas desde el inicio del examen cuando los postulantes empezaron a salir. La primera en ponerse de pie y apresurar el paso hasta la entrada principal fue Riza. Maes le habló antes de que se alejara.

-Ey, Riza –le dijo, ella volteo a verlo –Espero a tu novio le haya ido bien… salúdalo de mi parte-

Ella se sonrojo por completo y ondeó la mano en señal de despedida antes de retomar su caminar–Lo mismo digo, espero tu amigo haya aprobado el examen-

La mayoría de los presentes se encontraba con sus conocidos, los abrazos de felicitaciones y de condolencias abundaban mientras Riza intentaba abrirse paso entre la gente y encontrar a Roy.

El moreno salió de los últimos, acompañado de unos militares. En tanto cruzó su mirada con Riza se despidió de ellos y se apresuró a su encuentro. Se observaron por unos segundos hasta que el hombre la abrazó por la cintura y la besó.

Ella respondió la caricia con los ojos abiertos, intentando descubrir en el semblante de Roy que había sucedido. Le sujetó el rostro con ambas manos y lo obligo a mirarla. -¿Y? ¿Cómo te fue?-

Roy la observó con una sonrisa en el rostro –Aprobé. Soy alquimista estatal. Y fue gracias a ti, Riza.-

Se volvieron a besar, entre risas, mientras a lo lejos un joven militar de lentes sonreía divertido. –Vaya, yo que pensé que nadie estaría al pendiente de Roy –murmuró antes de alejarse, ya llegaría el momento de felicitarlo.

-oooo-oooo-oooo-oooo-oooo-

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Caminaron de regreso hasta el hogar de Mustang, tomados de la mano sin hablar. Ambos sabían que les quedaban sólo un par de horas juntos y no querían desperdiciarlas.

Al llegar, Madame Christmas los recibió expectante y le bastó encontrarse con las amplias sonrisas de ambos para saber que a su hijastro le había ido bien.

-No esperaba menos de ti, Roy-boy –anunció sin perder su semblante serio, mientras le daba una calada a su cigarrillo –Hoy no abriré el local. Tendremos una cena para celebrar-

-No es necesario, Madame. La verdad es que… -

-No me vengas con patrañas. Ya envié a las chicas a comprar las cosas, no tienes excusa. –Roy suspiró, no había forma de contrariar a Madame cuando tenía una idea en mente. La mujer le dio una mirada a Riza que se había quedado en silencio. –Y tu no me vayas a decir que regresaras donde tu abuelo. Ya he hablado con él y mandó a decir que celebres por él también-

-Ya entendimos, Madame. Ahora, ¿puedo subir a mi cuarto? Riza debe empacar sus cosas de todas formas-

La mujer levantó los hombros y siguió en lo suyo. Roy volvió a coger de la mano a Riza y la guió hasta su habitación.

-¿Te molesta si te dejo sola un poco? –le preguntó el militar al entrar a la habitación. La rubia lo miró extrañada –Necesito pensar un poco, volveré-

A la joven no le quedó más opción que aceptar. –Arreglaré mi maleta por mientras, no te preocupes por mí-

La observó por última vez antes de cerrar la puerta y salir del lugar sin darle más explicaciones a nadie. No volvió hasta la hora de la cena, dejando a Riza sumida en la tristeza.

-ooooooo-oooooo-ooooooo-

Luego de cenar inmersos en un terrible silencio, y justo antes de que Riza tuviera que partir a la estación, Madame Mustang subió a la habitación a hablar con ella.

-Debería ser uno de los días más felices para Roy, y no fue así. No creo equivocarme al pensar que es por tu causa-

La rubia bajó la cabeza apenada. No se había esperado un reclamo de parte de la madre de Roy.

La mujer siguió hablando. –Sé que no es tu culpa, pero mi hijo está sufriendo. ¿Por qué no te quedas en Central un tiempo? Tu abuelo estaría de acuerdo, además no estarías tan sola como en el Este-

-No quiero ser una carga para nadie –ella se apresuró a justificarse, sin estar del todo convencida -Sólo quiero lo mejor para Roy… él ha sido muy bueno conmigo y me siento en deuda con él.-

La morena sonrió con tristeza –Es una lástima que pienses así. Un amor como el de ustedes no se deja pasar… espero no se arrepientan después-

Quiso tirarse sobre la cama a llorar hasta que no le quedasen lágrimas, pero ya era hora de partir a la estación.

-ooooooo-ooooooo-ooooooo-ooooooo-

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El tren a Ciudad del Este partía a las 21 horas. Eran las 20:30 cuando Roy y Riza llegaron a la estación, por lo que tenían un tiempo para hablar, para decirse todo lo que quisieran antes de la despedida.

El tren ya se encontraba en el andén, por lo que Riza acomodó su equipaje y volvió hasta el lado de Mustang, que estaba sentado en una de las tantas bancas del lugar, siempre cerca del tren que debía abordar la rubia.

Se quedaron en silencio, sin saber que decir. Fue Roy quién rompió el silencio.

-Perdón por lo de esta tarde –dijo sin mirarla –Necesitaba pensar y encontrar una razón de peso para pedirte que te quedaras. Y lo único que puedo decir es que te amo y quiero que te quedes conmigo. Puede que sea una petición egoísta, pero es el único argumento que encontré. Soy un idiota.-

Sintió como el corazón se le desgarraba un poco con las palabras del militar. –Tu madre me pidió que me quedara un tiempo en Central –Roy abrió los ojos asombrado –Pero, lo mejor que puedo hacer es alejarme de ti y no volver a vernos. Ya eres un alquimista, estoy segura de que te irá bien en la vida, Roy. Si me quedara aquí, sólo sería una carga para ti… -

-¿En serio piensas eso? No lo puedo creer. ¿Te dije que te amaba y es lo mejor que tienes para decir?-

No pudo retener más las lágrimas que amenazaban con caer desde que había salido del bar de Madame Christmas. Salió corriendo a encerrarse en el baño de la estación y estaba dispuesta a esperar allí hasta la hora en que saliera el tren. No soportaba tener que mirar a Roy a la cara y tener que romperle el corazón. Y ver como se rompía el suyo también.

Pero Roy no iba a quedarse así. Si iba a perder definitivamente a Riza, al menos tenía que tener una despedida decente. La siguió hasta el baño, esperó a que no hubiera nadie para ingresar y cerrar con llave desde dentro.

Se guió por los sollozos de Riza y la encontró dentro de uno de los cubículos. Abrió la puerta sin ceremonia.

-Déjame sola, Roy. No hagas esto aún más difícil –murmuró cansada, entre lágrimas-

-No. Si te vas a ir al menos déjame pasar estos últimos minutos a tu lado-

Riza dejó de luchar contra sí misma y le echó los brazos al cuello a Roy. Eran las 20:45. En 15 minutos se alejaría para siempre de él. Quiso decir algo, pero los labios de Roy sobre los suyos se lo impidieron y todo pensamiento cuerdo pasó a segundo plano cuando se dio cuenta de que Mustang estaba temblando.

-Quiero creer que esto no es un adiós, sino un hasta pronto –le murmuró él mientras apoyaba su frente contra la de ella.

-Yo también te amo, Roy. No lo olvides –le susurró antes de volver a besarlo, con más intensidad que antes.

Por un momento olvidaron completamente el lugar donde estaban y las circunstancias en las que se encontraban y las caricias se hicieron más intensas. Las manos de él se perdieron por debajo de la blusa de Riza hasta llegar a sus senos. A ella le ardía la piel por donde el hombre la acariciaba.

El tiempo seguía pasando. Quedaban solo 10 minutos.

La rubia se apresuró a quitarle la chaqueta militar a Roy y desabotonarle la camisa. Volvió a recorrer su torso con ambas manos, intentando memorizar cada parte de su cuerpo. Adentró una de sus manos bajo la ropa interior de él, Roy soltó un gemido cuando las manos de Riza acariciaron su miembro, haciendo aumentar su excitación.

-¿Estás segura? –preguntó Roy con la voz cortada. Riza asintió. Dejó de acariciar los senos la rubia y guió sus manos por las largas piernas hasta las bragas de la mujer. Las quitó con delicadeza para luego acomodar su propio pantalón y ropa interior, dejando al descubierto su sexo. Todo estaba listo. Un último beso antes de que él la alzara por las piernas y entrara en ella con suavidad.

Comenzaron un ritmo, con la certeza de que ambos disfrutaban del encuentro. En esos momentos, en que eran sólo uno no eran necesarias las palabras, sus cuerpos hablaban por si solos.

La sensación que le producía cada vez que Roy entraba y salía de su cuerpo era indescriptible. Esperaba que no fuese la última vez que estaba así con él, aunque su mente le recordaba que era un imposible.

-Quédate, por favor –susurró el moreno sin perder el ritmo. Gotitas de sudor adornaban su rostro, pero al ver con atención Riza pudo ver una lágrima deslizarse por el rostro de Roy.

No le respondió, no era necesario. Estrecho a la cintura del joven con sus piernas, profundizando el contacto. Sintió como llegaba al clímax y como él rápidamente la alcanzaba. Respiró hondamente, tratando de calmarse. Se había acabado el tiempo. Un tren sin retorno la esperaba.

-Te amo, Roy –le repitió.

-Y yo a ti –le respondió el moreno, con su miembro aún dentro de ella. Se retiró despacio y le devolvió la ropa interior a Riza, mientras aprovechaba de acomodarse sus propios ropajes. Le abrió la puerta del cubículo y salió silente siempre tras de ella.

Riza apresuró el paso hasta el tren y se acomodó en su asiento. Al mirar por la ventana distinguió a Roy de pie en el andén, con la mirada fija en ella. Sostuvieron la mirada hasta que la máquina comenzó a alejarse lentamente y se perdió en el horizonte. Mustang tuvo el instinto de correr tras el tren, pero sabía que sólo haría del momento algo aun más triste.

-Hasta pronto, Riza –murmuró mas para sí mismo, intentando convencerse de que no había sido la última vez que la tendría en sus brazos.


Bueno, ese fue el cuarto capítulo, con el lemon sólo al final… no quise que este fic terminara con énfasis solo en el sexo y espero haberlo logrado.

Ojala haya sido de su agrado esta actualización. Cualquier cosa, sus reviews y mensajes son bien recibidos, mientras sean hechos de manera constructiva. Yo por mi parte, desapareceré por unos días ya que tengo el examen final de la universidad… y después volveré a tratar de recompensarlos con hartas actualizaciones :)

Cuídense y recuerden que siempre vuelvo…

Cariños de Lovely Flower

Terminado el 18/agosto/2010