Disclaimer: Obviamente, los personajes no son míos, yo sólo me divierto con ellos y los muevo a mi manera... Pertenecen A Stephenie Meyer.
Summary: ¿Cómo cambiría la historia de Edward y Bella si Bree hubiera sobrevivido? ¿Bree hara cambiar la opinión de Bella acerca de su conversión? ¿Podrá ser todo como era antes de los neófitos y de Bree? ¿Qué pasó realmente con Diego? SPOILERS!
The second Opportunity
El camino a Vancouver se me hizo eterno. Constantemente le lanzaba miradas a Edward. Suponía que al leer mi mente sabría las miles de preguntas que rondaban por esta. Pero se limito a correr a mi lado, en silencio. Casi parecía que no se encontraba ahí.
Llegamos a la plaza donde Fred dijo que iba a estar. Y no fue difícil de ubicarlo. Sobresalía entre el montón de humanos que lo rodeaban.
Edward me había dado unos lentes de sol. No quería llamar la atención con mis ojos rojos sangre.
Nos acercamos lentamente. Fred se sorprendió de verme junto a Edward. Le di una sonrisa tranquilizadora.
- Fred… Él es Edward Cullen –Dije señalándolo con mi pulgar-. Edward, el es Fred.
Ambos sonrieron.
Edward frunció el ceño, pensativo.
- Oigo tus pensamientos, Fred. Pero no logro verte –Su ceño se frunció aún más.
Fred sonrió. Inmediatamente, mi amigo de ojos dorados lo ubico y abrió los ojos con sorpresa. Lo examinó durante un rato.
- Bien, regresemos.
El neófito nos miro sin entender.
- Hay mucho que explicar, Fred, pero por ahora, síguenos a Forks –Musité, intentando dispersar sus dudas.
Partimos en silencio.
Aún no se me olvida lo de Bella, Edward, pensé.
Seguimos el camino. Fred me lanzaba miradas de ansiedad.
- ¿Qué ocurre, Fred? –Le pregunte, apoyando mi mano sobre su hombro, mientras nos deteníamos.
Le dirigí una rápida mirada al señor lector de mentes en busca de una respuesta. El sonrió comprensivamente y se acerco más a Fred.
- Nosotros, los Cullen… Tenemos otro estilo de vida, Fred –Torcí el gesto. Sí que era diferente. Fred lo miro, confundido. Al igual que yo, y que todos los demás, no sabía que había otra forma de alimentarse-. Nos alimentamos de animales.
Mi amigo neófito abrió los ojos con incredulidad y me miro como me preguntándome si era cierto. Asentí vagamente. La verdad es que yo estaba también sedienta.
- Entonces no se diga más… -Suspiró, Edward-. Vámonos de cacería.
Nos dio indicaciones para cazar. Sólo animales, nada más.
Nos separamos y quedamos de encontrarnos en ese mismo lugar cuando estuviéramos satisfechos. Corrí en una dirección diferente. Intenté no apagar esta vez mi cerebro, no quería decepcionar a Edward y, peor aún, a Carlisle, matando a una persona inocente. Percibí el olor peculiar de un puma. Era lo más parecido al aroma de un humano. Este ya había percibido mi presencia. Apresure el paso corriendo en círculos alrededor de este para cerrarle el paso. Sentí su miedo. Y cuando menos se lo espero, me lancé contra su cuello.
Un rugido animal se escapo de entre mis labios. Mis dientes le cortaron la cabeza separándola del cuerpo, haciendo que la sangre brotara a montones. Rápidamente bebí todo, hasta que en el animal no quedo nada más. Pero aún así no estaba satisfecha.
Cerré mis ojos y me deje llevar. Había una cascada cerca, pues oía como caía a borbotones. Inhale profundamente y corrí a la izquierda. Un aroma peculiar, pero aún así ni la mitad de apetitosos que los pumas, llegaba de esa dirección. Y al parecer, eran varios.
Salté a un árbol y observe. Unos alces frente a mí. Cinco… Máximo siete.
Me lance contra ellos, uno por uno. Y me los acabe más rápido de lo pensado. Todavía estaba el molesto ardor, pero recordé que entre más te alimentarás, más rápido sentirías el ardor de la ponzoña quemarte la garganta.
Suspiré y me senté.
No estaba cansada, eso nunca pasaría, pero sentía la molesta necesidad de dormirme o lo que fuera. Debía ser que la sangre animal me hacía sentirme de esta manera, no encontraba otra explicación.
Tal vez la vida de Bella como vampiro iba a ser como la de ellos. Me preguntaba cuanto tiempo tardarían mis ojos en ponerse dorados. Suspiré.
Oí el crujir de una rama. Salté en menos de un segundo y mire a mí alrededor. Todo había vuelto a ponerse silencioso.
- ¿Quién anda ahí? –Pregunté.
No quería que me tomara por sorpresa un ataque. Observe a mí alrededor cuando percibí de nuevo movimiento.
Me moví rápidamente estampando al intruso contra un árbol –haciendo que este se ladeara un poco- y mis dientes se fueron directo a la garganta.
Un vampiro.
Bella POV
Sabía que Jacob había pedido tiempo… Pero eso era lo que no había, tiempo.
Corrí en dirección a su casa y lo vi saliendo. Y me vi… Me vi en mis días de zombi, cuando Edward me había dejado. Un claro reflejo en el rostro de Jacob.
Corrí aún más rápido, intentando no caerme. Quién sabe en cuanto tiempo lo vería de nuevo. Llegué frente a él. Pasé mis brazos alrededor de su cintura y enterré mi cara en su pecho. Comencé a llorar y a decir 'no te vayas' cuando era yo la que se iba a ir.
Se me hacía injusto para Jacob sufrir. Sufrir como yo lo había hecho, algo que no se lo desearía a nadie.
El paso sus musculosos brazos por mi espalda, pegándome más a él.
- Lo siento… No quiero hacerte sufrir –Musité.
Estaba triste. Los dos estábamos tristes.
- No te preocupes... Siempre lo haces –Rió amargamente-. Sólo promete no hacerlo de nuevo…
Sonreí.
- Te ibas…
Lo miré. Su mirada estaba triste, vacía. Sin duda alguna esto nos hacía mal a los dos.
- Es necesario, Bella –Sus ojos me devolvieron la mirada-. Si seguimos así ninguno de los dos podrá ser feliz…
- No me importa –Rezongué-. ¡Quiero quedarme contigo, Jacob Black! ¡Quiero hacerlo, quiero quedarme a tu lado!
- ¿Crees que yo no, Bella?
Fue cuando me di cuenta. No podía vivir son Jacob Black. Él se había convertido en una parte fundamental de mi vida. Independientemente de que Edward fuera el amor de mi existencia. Jake era más como el amor que nunca sería, pero que desearía que fuera. Y no jugaría con fuego, porque eso era lo que hacía, saldría quemada, muy quemada.
Hacía unos cuantos días que no lo veía y ya me daba cuenta de la falta que me hacía. Sin Edward y sin Jacob, mis días se habían pasado aburridos. Lo más cercano que tenía era a mi amigo lobo. No lo utilizaba como remplazo. No. Nunca lo vería así. Pero me sentía sola. Alice era mi mejor amiga, pero yo estaba enamorada de Jake.
No era lo mismo.
No sé porque Edward tardaba tanto. Sólo era de ir y recoger a un vampiro. Punto. Sencillo para su velocidad. Entonces, ¿dónde diablos se había metido?
Me separe de mi mejor amigo.
- ¿Qué haremos? –Pregunte, nerviosa- Te quiero, no tanto como la forma de la que tú me quieres, pero sí muy cercano a eso…
Sonrió.
- Deja al chupasangre.
Hice una mueca y negué. Eso nunca pasaría. No era una alternativa.
- Jacob –Dije con tono reprobatorio-. Sabes que no puedo hacerlo.
Suspiró. Después de un largo momento, sonrió pícaro.
- ¿Sabes? No hay problema –Comenzó. Yo lo mire confundida-. No me importa compartir a mi chica.
Su chica. Sonreí. Me gustaba como sonaba.
- ¡Jacob Black! –Ok. No quería regañarlo, pero tampoco quería que se ilusionara como lo estaba haciendo yo en esos momentos-. Edward y yo estamos comprometidos, ¿entiendes lo que eso significa? ¡Que el trece de agosto nos vamos a casar!
- Ajá, ¿y? –Una sonrisa burlona se apareció en su rostro. Recordé aquellos tiempos cuando Edward no estaba y Jake me evitaba por haberse unido a la manada. La sonrisa que no era la de mi Jacob-. Él siempre querrá lo mejor para ti, Bella. Si esto te hace feliz, él no se va a molestar por compartirte. Además de que no me importa que te vayas a casar… Las mujeres casadas son más deseadas –Soltó una risotada que resonó a nuestro alrededor.
Lo mire furibunda.
- Estoy hablando enserio, Jacob.
Parpadeó confundido. Y la sonrisa altanera regresó.
- Igual yo.
Mi paciencia se estaba yendo al caño. ¿Es qué no se podía tomar nada enserio?
Repasé los pros y contras de su oferta. Resulto que tenía más contras que pros. Peor aún, yo nunca le sería infiel a Edward… Bueno, con otro que no fuera Jacob, lo cual era mucho, mucho peor que el hecho que lo engañara con otro.
A mi mente vino una conversación que no supe si habría sido cierta o producto de mi retorcida mente. Después de tanto cavilar había llegado a la conclusión de que había sucedido. Mi mente –como anteriormente había dicho- no daba para tanto. Me refería a aquella amena conversación que había tenido Edward y Jacob en la tienda de dormir antes de que empezaran a pelear contra los neófitos. Donde me había encontrado en un estado de ''escucho pero no hablo''. Y que había descubierto que ambos podían llevarse magníficamente.
El problema era que no sería lo mismo saludarse todos los días, y decirse ''bueno, como que ahora te toca a ti, ¿no?''. Sería muy incomodo para los tres.
- Mira, nunca… Repito, nunca estaría de acuerdo con mantener esa… Esa… ¡Esa extraña relación! –Expresé-. Y se podría decir lo mismo de Edward. No. Jacob eres extraño.
Con ese fin de frase, rió. No importaba que no me tome enserio, era mi manera de pensar y se lo estaba planteando de la manera más seria posible. Una sonrisa se escapo de mis labios.
- Me haces sentir tonta, Jake –Musité-. Yo hablándote enserio y tú riéndote de mí –Negué frenéticamente con la cabeza-. ¡Vaya amigo!
Hizo una mueca ante la palabra 'amigo'.
- ¿Qué te parece, mejor, ''amigos con derechos''? –Inquirió levantando una ceja, pícaro,
Reí y le di un manotazo en el brazo. Se quejo con un 'auch'. Y reí aún más.
- Tengo que irme –Dije cuando vi que el cielo se coloreaba de un tono azul/morado.
Jacob suspiró derrotado. Su mirada me decía que no deseaba que me fuera, pero tenía que marcharme. Alice se preocuparía si no veía regresar.
Había planeado visitar a Jacob sin el consentimiento de Alice. Lo cual seguramente me acarrearía muchos problemas con Edward. Fue mi turno de suspirar. No quería irme, no aún. Todavía tenía tantas cosas que decirle a Jake, tantas cosas que contar… Y no tenía idea de cuándo regresaría.
- Sólo recuerda de decirle a Edward de nuestro trato –Me guiño un ojo. Reí.
- Sí, claro, Jacob –Dije llena de sarcasmo.
Me despedí con un abrazo y un fugaz beso en los labios de no más de tres segundos. Obviamente me sonroje y él se rió de mí.
Continúe mi camino hacia la casa Cullen.
Cuando llegue, seguía pensando en Jacob y en el ''trato'' ¿sería conveniente? ¿Cuáles serían los riesgos? ¿Esto lastimaría a Edward?
Suspiré y baje del auto.
Toqué la puerta y me recibió una Alice no muy feliz.
- ¿Cómo está eso del ''trato de compartimiento'', Isabella Marie Swan? –Siseó, enojada.
Tragué en seco. Su ceño estaba fruncido, y sus labios entreabiertos mostrando unos peligrosos dientes que podrían desgarrar cualquier extremidad de mi cuerpo. Alice daba miedo.
- Eh, ¿me viste diciéndoselo a Edward? –Pregunte, confundida.
Ella me miro más enojada.
- ¡No solo diciéndoselo, Bella! –Rugió. Me encogí-. ¡Él sufrirá mucho si las cosas no salen bien!
Pensé unos segundos.
- Sentémonos y dime lo que viste, Alice.
Fuimos a su habitación. Debí suponer que Alice no se sentaría. Me senté en la esponjosa cama beige. Ella se recargo contra la puerta y le puso seguro. Puse los ojos en blanco. Como si eso fuero a detener a cualquiera de los que vivían en esta casa.
- Empieza.
Suspiró y movió su cabeza. Los mechones saltaron a distintos lugares.
- Se lo dices… Lo piensas un poco… -Me miro entrecerrando sus ojos-. Y si no interfería se lo dirías mañana.
- ¿Llega hoy? –No pude evita la esperanza en mi voz.
- Ajá –Dijo cortante-. Él como es obvio acepta, pero entonces… Tu futuro desaparece.
Parpadeé confundida. ¿Mi futuro desaparece…? Pensé que al estar atada a su hermano adoptivo, mi futuro sería más claro. ¿Qué significaría entonces que mi futuro desapareciera?
Alice también parecía confundida.
- Creo… -Movió sus ojos a otro extremo de la habitación-. Que si las cosas no salen bien… Edward y tú terminarán muy lastimados… Y ni que se diga del perro.
Mis ojos se abrieron a la par. Esto no podía suceder. Lleve una mano a mis labios, donde anteriormente había sentido los tibios labios de Jacob contra los míos. Claro que a Alice no le paso desapercibido ese movimiento, pero se limitó a entrecerrar los ojos. No quería perder a Jacob, eso dolería más que encajar mil agujas en mi corazón, si tan sólo todo fuera tan fácil como respirar…
Alice chilló y corrió escaleras abajo.
Me apresuré a seguirle los pasos.
La puerta se abrió y reveló a mi Edward. Su cabello estaba un poco más revuelto de lo habitual. Corrí a sus brazos y lo besé. Me devolvió el beso con la misma intensidad. En cuanto nos separamos arrugo la nariz.
- Amor, ¿hoy estuviste con Jacob?
Su pregunta me tomo desprevenida. Asentí torpemente y reí.
- Sí, nos la pasamos muy bien –Dije rápidamente-. Acepto ser nuestro padrino de bodas.
No quería que malinterpretara ese ''nos la pasamos muy bien''. Me apresuré a cambiar de tema.
- ¿Y cómo les fue, cariño? –Respingó al escuchar el sobrenombre cariñoso. Normalmente era él el que los utilizaba-. ¿Encontraron a Fred?
Edward suspiró.
- Encontramos más que eso.
Se giró hacia la puerta. La primera en entrar fue Bree. Junto a ella un chico rubio y alto. Tenía la complexión de Emmett. Era… Guapo, pero no más que todos los Cullen.
- Él es Fred –Anunció Bree.
Miró hacia atrás, nerviosamente. Luego paso su mirada por toda la habitación. Rosalie, Esme y Emmett no estaban. Supuse se habrían ido a cazar. Carlisle estaría trabajando. Así que sólo estábamos, Alice, Edward y yo.
- ¿Qué es esa peste? –Murmuro el nuevo, Fred. Su tono dejaba ver el desagrado.
Me sonrojé.
- Eh, soy yo… -Lo mire apenada-. Lo siento.
Un carraspeó nos hizo voltear a ver atrás.
Otro vampiro. Otro neófito sobreviviente.
Helow!
No sé... ¿Quién creen que pueda ser? ¿Diego?
Já, pues ya verán...
Sí, soy mala.
Gracias por sus R&R que recibió esta historia. No pensé que la fueran a aceptar tan bien, gracias chicas.
Entonces, es todo.
Nos leemos.
Recuerden que sus reviews me inspiran para seguir escribiendo... Si es que a esto se le puede llamar escribir.
AnNe.
